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Bajos fondos – Daniel Polansky

Reseñado por Bitterblink

Daniel Polansky es un escritor estadounidense nacido en Baltimore en 1984 y licenciado en Filosofía por el Dickinson College. Antes y durante su carrera literaria ha publicado también artículos de temática política y cultural, aunque es conocido sobre todo por sus novelas de fantasía, casi siempre bastante difíciles de encajar en un único género. Entre sus obras están la trilogía Low Town, la bilogía The Empty Throne, A City Dreaming o la novela corta The Builders, que fue finalista del premio Hugo en 2016. Su debut, precisamente Bajos fondos, ganó además el Prix Imaginales francés en 2012.

Bajos fondos fue publicada originalmente en 2011 y ha sido editada en España por Minotauro con traducción de Miguel Antón. El título original también tiene su pequeña historia: en Estados Unidos apareció como Low Town, mientras que en Reino Unido se publicó como The Straight Razor Cure. En España se optó por esta traducción que hace referencia a la «ciudad baja» y a la vez al protagonista.

Estamos ante el debut de un autor que acabaría construyendo una carrera bastante particular dentro de la fantasía moderna, mezclándola con otros géneros en lugar de limitarse a seguir las convenciones de la fantasía épica tradicional y esa mezcla ya esta completamente presente en esta novela.

Sinopsis

Estamos en Rigus, capital de las Trece Tierras, y más concretamente en Bajos Fondos, el peor barrio de la ciudad y el tipo de lugar que nadie visita de noche si puede evitarlo. Allí vive el Guardián, un traficante de drogas con bastante pasado a sus espaldas. Antes fue agente de la Black House, la policía secreta de la Corona, y antes todavía soldado en la guerra contra los dren, un conflicto del que salió traumatizado como muchos otros.

Ahora se gana la vida vendiendo aliento de hada y vid del sueño, moviéndose entre delincuentes, matones y viejos conocidos mientras procura no llamar demasiado la atención. Ese precario equilibrio se rompe cuando desaparece una niña y poco después aparece asesinada en circunstancias que apuntan a algo bastante peor que un crimen corriente. A casi nadie con poder en la ciudad parece importarle demasiado, pero al Guardián sí, y eso acaba arrastrándolo hacia una investigación que lo obliga a volver a relacionarse con la Black House, con su pasado como agente y con recuerdos de la guerra que preferiría mantener enterrados.

Durante la investigación conoce y se hace cargo de Wren, un ladronzuelo huérfano que sobrevive en las calles exactamente como lo hizo él cuando era niño. El Guardián no parece tener demasiado claro por qué lo ha acogido bajo su ala, pero al lector no le cuesta entenderlo: Wren es, básicamente, un reflejo de lo que él fue veinte años atrás.

El guardián tendrá que hacer lo posible por sobrevivir, ya que su cabeza es la que está en juego si no encuentra al verdadero asesino de los niños y consigue desmontar el plan que está detrás.

Opinión personal

Vale, aquí viene la parte polémica. Sí, el Guardián trapichea con drogas, mata cuando hace falta y no tiene ningún problema en mentir, chantajear o mirar para otro lado si eso le conviene. Sí, Rigus es una ciudad sórdida y corrupta de arriba abajo y, con esos ingredientes, es bastante fácil meter Bajos fondos en el mismo saco que el grimdark. No diría que la etiqueta sea absurda, pero leyendo la novela a mí me parece que su ADN narrativo está mucho más cerca del hard-boiled (vulgarmente una novela de detectives): el protagonista cínico que insiste en que ya no cree en nada mientras se juega el cuello por resolver un crimen que a casi nadie más le importa. No es casualidad que la propia editorial la vendiera como una mezcla de Dashiell Hammett, Tolkien y Tarantino, porque por momentos el Guardián parece un Philip Marlowe con espada de trinchera, drogas mágicas y bastantes menos escrúpulos.

Ese tono se nota también en los diálogos, probablemente uno de los mejores elementos del libro. El Guardián no se calla ni debajo de tortura y muchas conversaciones con personajes como Crispin o Brightfellow funcionan casi como duelos, a base de amenazas, sarcasmo y humor negro. El misterio tampoco pretende ser un juego de pistas al estilo Agatha Christie: el Guardián sospecha bastante pronto hacia dónde apunta el asunto y, desde ahí, la cuestión es demostrarlo y detenerlo antes de que vuelva a actuar (aun así el final tiene alguna sorpresa que igual os pilla con el pie cambiado). En general, funciona más como procedimiento policial que como novela de enigma, y a mí ese enfoque me encaja perfectamente con el resto del libro.

Wren es otro de los grandes aciertos porque sirve para desmontar la imagen que el Guardián tiene de sí mismo. Puede presentarse como un traficante amoral, pero termina haciéndose cargo de un ladronzuelo huérfano que sobrevive en las mismas calles en las que él creció, y resulta bastante evidente que está viendo una versión de sí mismo veinte años atrás. No diría que debajo de todo siga siendo exactamente «el poli honesto» que fue, porque sería pasarse bastante con alguien que vende drogas y mata cuando lo considera necesario, pero sí conserva una brújula moral mucho más clara de lo que él mismo quiere reconocer.

También me gusta cómo está construida Rigus. Hay kirenos, isleños y otros pueblos con sus propios barrios, lenguas, costumbres y prejuicios, y Polansky integra todo eso sin convertirlo en el centro de la historia. El propio Guardián llama «herejes» a los kirenos con bastante naturalidad y la ciudad está llena de clasismo, xenofobia y desconfianza, pero precisamente esos detalles ayudan a que parezca un lugar vivido y no simplemente un decorado genérico de fantasía oscura.

Lo que sí me ha gustado bastante menos es la relación del Guardián con las drogas. Que estén por todas partes tiene sentido porque es traficante y ese negocio forma parte esencial de su vida, pero no me gustan demasiado los libros donde el consumo termina blanqueado o normalizado. Me chirría especialmente que consuma con tanta naturalidad su propia mercancía, porque un camello listo suele procurar no convertirse en cliente de su propio negocio y el Guardián es cualquier cosa menos tonto.

Tampoco me gusta lo desdibujado que está el mundo. Digamos que el worldbuilding es sumamente esquemático y algunos aspectos que eran interesantes se pasan completamente por alto, aunque entiendo que los desarrolla en las siguientes novelas, en esta solo existe Rigus.

En conjunto, Bajos fondos me ha funcionado bien: tiene suficientes elementos grimdark como para que la etiqueta sea defendible, pero su protagonista, sus diálogos y la estructura de la investigación proceden mucho más claramente de la novela negra. Para mí, más que Abercrombie con detectives, esto es Chandler con hechizos. Dicho esto y aunque es una trilogía no me parece mi estilo de libro y es poco probable que me anime a continuar con los siguientes.

Calificación: Bueno

Lo Mejor: El Guardián como narrador y protagonista, el vínculo con Wren y esa mezcla de hard-boiled, investigación policial y fantasía urbana sucia.

Lo Peor: No me gustan demasiado los libros donde se blanquea o normaliza el consumo de drogas. Entiendo que aquí tenga sentido porque el protagonista es traficante, pero me chirría especialmente que consuma con tanta naturalidad su propia mercancía: un camello inteligente normalmente procura no convertirse en cliente, y el Guardián es cualquier cosa menos tonto.

Lo Releería: Sí, pero no creo que continúe con el resto de la trilogía.

Lo Recomiendo: A quien disfrute de la novela negra clásica y del hard-boiled y no tenga ningún problema en encontrárselos mezclados con magia, drogas y una ciudad de fantasía bastante miserable.

Si te ha gustado esto también te gustará

  • La última sonrisa en Sunder City, de Luke Arnold. Está probablemente en el terreno más cercano a Bajos fondos: un detective privado cínico, con un pasado que no le deja en paz, investigando en una ciudad fantástica bastante poco acogedora. Si el Guardián te ha convencido, Fetch Phillips es casi un primo hermano.
  • Ríos de Londres, de Ben Aaronovitch. Aquí el registro es más ligero y tira más hacia el procedimiento policial con sentido del humor que hacia el noir sórdido, pero comparte la idea de introducir una investigación policial bastante tradicional dentro de un mundo donde la magia forma parte del trabajo cotidiano.
  • Tormenta, de Jim Butcher. Uno de los referentes evidentes del género: un detective-mago que malvive de su oficio en una ciudad que no suele ponérselo fácil. Más fantasía urbana moderna y menos noir medieval, pero comparte sarcasmo, investigación y protagonista problemático.

Bitterblink

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