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Película – Steve Jobs

Steve Jobs Poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Steve Jobs

Año: 2015

Director: Danny Boyle (La Playa, Slumdog Millinonaire, Trance)

Guión: Aaron Sorkin

Música: Daniel Pemberton

Fotografía: Alwin H. Küchler

Reparto

  • Michael Fassbender
  • Kate Winslet
  • Seth Rogen
  • Jeff Daniels
  • Michael Stuhlbarg

Si hay películas en las que la labor del guionista pesa más que la del propio director o actores, desde luego que son las escritas por Aaron Sorkin, como el caso que nos ocupa. El escritor del libreto de “La Red Social” o unos cuantos episodios de la serie de TV “El ala oeste de la Casa Blanca” tiene entidad propia para que cada trabajo nuevo que presenta su guión sea más importante que la elección de otros miembros del equipo. Caracterizado por diálogos rápidos y punzantes, con mucha información en poco tiempo, sus películas exigen el doble de atención y esfuerzo por parte del espectador. De hecho, La Red Social es una gran película que roza el estatus de obra maestra y que precisa de varios visionados para entender el ritmo visual y argumental que proponía David Fincher en aquel biopic del prepotente e incomprendido creador de Facebook. Y lo mismo pretende aquí Danny Boyle con la mente pensante que está detrás del Macintosh, iMac, iPhone, y otros tantos productos que han cambiado el mercado de la informática. De hecho, tras la muerte de Steve Jobs en 2011, ya llevamos dos películas con su vida llevada al cine; la otra era Jobs, de 2013, con Aston Kutcher en el papel principal, y con una estructura más al uso del biopic tradicional de narración cronológica. También es de recordar el telefilme “Piratas de Silicon Valley”, de 1999, con Noah Wyle haciendo de Steve Jobs (sí, el doctor Carter de la serie “Urgencias”). Cinta fundamental si queremos enterarnos de más detalles de la vida de Jobs y sus piques con el fundador de Microsoft, Bill Gates. Y es que, mientras que estas dos películas son más didácticas que artísticas, la que nos ocupa con Michael Fassbender como protagonista exige un esfuerzo previo para enterarnos de detalles que da por supuesto el propio Boyle. Cosas como la relación con su hija, los rifi-rafes con los directivos de su compañía, o las tensiones con sus colaboradores se darán por sobreentendidas y el rápido guión nos inundará de sobreinformación que costará asimilar al espectador poco avezado.

La vida del genio fundador de Apple, Steve Jobs, vista a través de tres momentos puntuales en su vida: los minutos previos a tres de las presentaciones de sus productos más revolucionarios con los que intentó cambiar la industria. El primer Macintosh, en 1984; la computadora NeXT, en 1988, después de que fuera despedido de la compañía e intentara encontrar el éxito por su cuenta; y el iMac en la presentación que hizo de él en 1998, una vez readmitido en Apple. Algunos de estos productos fueron un éxito atronador, otros un rotundo fracaso, pero todos condujeron a que Apple fuese lo que es hoy, una empresa revolucionaria que está más centrada en el cliente y en el producto más que cualquier otra. Y en cada época, junto a él, vemos a sus colaboradores y demás personas de su entorno cercano lidiar con su carismática y difícil personalidad: su mano derecha Joanna Hoffman intentando pulir los detalles derivados de su perfeccionismo crónico; su ex novia Chrisann Brenan reclamando por un poco más de atención para ella y la hija de ambos Lisa; su socio inicial en la construcción del Apple II y cofundador de Apple, Steve Wozniak          , buscando el reconocimiento para su antiguo equipo;  el CEO de la compañía John Scully, del que recibe clases de auténtica gestión empresarial; su propia hija Lisa que va creciendo con el paso de los años y se esfuerza en que la dedique algo del cariño que la ha arrebatado durante tantos años… Todo un grupúsculo humano intentando comprender una de las personalidades más difíciles del mundo de la tecnología. Y es que, según palabras del propio Jobs en la película, “yo no soy perfecto, espero que mis productos sí lo sean”.

Resulta curioso que esta cinta se desmarque de los otros biopics en no hacer hincapié en el escaso parecido de Fassbender con el propio Steve Jobs. Un corte de pelo que nos diferencia claramente en qué época de su vida estamos, y un vestuario que evoluciona igual que lo hizo el del personaje real, pero poco más. En su lugar, la interpretación de Fassbender se centra en hacer propios los tics y la soberbia que hacía gala Jobs, tildado de déspota por muchos de sus empleados (y que resaltan todas las biografías que he visto de él). Y de hecho esto es una de las cosas que no podremos evitar pensar mientras vemos la película: yo creo que todo el cine musitaba para sus adentros “menudo cabronazo” mientras veíamos a Fassbender tratar mal a su círculo íntimo de colaboradores. Y es que uno de los grandes activos de la cinta es el rubio actor que está en racha al ser uno de los intérpretes del momento. En todo momento se hace con la cinta y lleva el peso de la misma sin ningún problema por su parte, cediendo el testigo a los secundarios que aquí están magistrales, empezando por una irreconocible Kate Winslet (en algunos momentos no sabemos qué ha sido de la protagonista de Titanic, lo cual es una cosa buena). Y a Seth Rogen está siguiendo los pasos de Jeff Daniels para desencasillarse de la comedia y demostrar su vena dramática. En efecto (y a pesar de que los dos hacen un tipo de comedia totalmente distinta), Jeff Daniels lleva unos años hacia una deriva dramática totalmente de agradecer (Marte, Looper); mientras que nadie pensaba que Seth Rogen pudiera tener un papel en esta cinta de marcados tintes dramáticos, haciendo de un digno Steve Wozniak.

Aparte del guión y del peso de los actores en esta película, otro punto fuerte es la estructura del argumento, dividido en tres actos que representan tres momentos puntuales de la vida de Jobs. Sí, luego están los oportunos flashbacks que explican más cosas, pero la potencia dramática que le imprime la tensión de los momentos previos a un gran acto hace que toda esta comedia humana que se nos presenta sea más trascendental si cabe. Y esta estructura anafórica nos sirve perfectamente para ver la evolución de los personajes en el tiempo, algo fundamental dada la construcción de los mismos. La lástima y el punto negativo de la película, es que el excelente guión de Sorkin en algún momento peca de exceso de detalles y virtuosismo, para pasar a lastrar el ritmo de la cinta. En momentos pasa como con Zodiac o la misma La Red Social, y resultamos apabullados con el exceso de información propiciado por los diálogos ágiles, demasiado en algunos casos. El esfuerzo que exige a los espectadores hace que haya que estar alerta en su visionado, atento a cada detalle o frase que nos va a marcar el devenir de los acontecimientos.

Es por ello que esta revisión de la vida de Steve Jobs no alcanza una nota más alta, quedándose a las puertas del notable raspado. Fracasa allí donde La Red Social triunfaba, aunque la labor de Fassbender nos deja un buen sabor de boca merecedor de la nominación al Óscar de este año. Veremos si lo gana.

Calificación: Buena

Lo Mejor: La original estructura del guión en tres actos, plagados de flashbacks y flashforwards que no hacen de éste un biopic al uso.

Lo Peor: El resultado final queda abigarrado y bastante confuso, fruto de un guión con demasiada información.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí aunque para entender la vida del fundador de Apple hay otras cintas más cercanas a los telefilmes que explican mejor su vida y su personalidad.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2080374/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – The walk (El desafío)

the walk el desafio poster.jpg

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The walk

Año: 2015

Director: Robert Zemeckis (Regreso al futuro, Forrest Gump, Contact, Lo que la verdad esconde, Náufrago, Polar Express, El vuelo)

Guión: Christopher Browne, Robert Zemeckis

Música: Alan Silvestri

Fotografía: Dariusz Wolski

Reparto

  • Joseph Gordon-Levitt
  • Ben Kingsley
  • Charlotee Le Bon
  • James Badge Dale

Antes que nada comentar que esta reseña está dedicada a los cuatro imbéciles que se sentaron detrás de mí en el cine el día que fui a ver esta película, que me arruinaron por completo la experiencia. Francamente no espero que lean esta crítica porque dudo mucho que tengan la suficiente capacidad cerebral para asimilar letras escritas, pero sirva este reproche como revulsivo para todos aquellos payasos que van al cine para no dejar de hablar y hacer chistecillos en voz semialta. Para eso que se queden en casa ahorrándose la pasta del cine y se la gasten en sustancias que aturdan un poco más sus entumecidas neuronas, pero que no fastidien el disfrute a todos los demás que deseen ver una película en pantalla grande sin tener que enterarse de sus desbarros mentales. La verdad es que esta cinta tiene un suspense que te mantiene en vilo durante la última parte (a pesar de la previsibilidad de un argumento basado en una historia real que, poco más o menos, todos nos imaginamos cuál será el resultado); pero para disfrutarlo en su totalidad hay que estar centrado en la trama y evitar a toda costa situaciones externas que se esfuercen en sacarnos continuamente de la película.

Tras el documental “Man on Wire”, que pasó sin pena ni gloria hace pocos meses por las carteleras, la película cuenta la historia real del funambulista francés Philippe Petit, que desde pequeño adquirió la pasión y el entusiasmo de desafiar al peligro andando sobre una cuerda entre dos puntos en las alturas. Es 1974 y las torres gemelas del World Trade Center están a punto de finalizar su construcción, y desde que las ve en fotografía se enamora de ellas a la vez que se obsesiona con la idea de cruzarlas por un finísimo cable desde lo más alto de un edificio a otro. A partir de aquí veremos una crónica del plan que elaboró junto con su mentor Papa Rudy, su novia y un grupo de colaboradores cuyo plan era aprovechar el verano de aquel año antes de que los edificios se terminasen por completo e hicieran casi imposible el acceso a las azoteas. De esta manera seremos testigos de la determinación de un hombre para realizar su pasión y maravillar al mundo con su arrojo y valentía en algo que muchos tildarían de locura sin sentido.

Robert Zemeckis es un director atípico, capaz de crear uno de las mayores Blockbuster de culto de los 80 (Regreso al futuro), contarnos la historia de los USA a través de uno de los personajes más especiales de la gran pantalla (Forrest Gump), adaptar una de las mejores historias de ciencia ficción de los últimos años (Contact), explorar el thriller paranormal y terrorífico (Lo que la verdad esconde), dedicarnos un ejercicio de virtuosismo narrativo (Náufrago) o pasarse a los largometrajes creados completamente de la nada mediante la animación digital (Polar Express, Beowulf). Tras unos años sin dar en el clavo de las grandes producciones exitosas de las que estaba acostumbrado a rodar, “The Walk” es la herencia directa de la experimentación con nuevas técnicas por ordenador que permitan mostrar en pantalla aquello que no existe, ya sean actores o edificios. Y es que esta película es uno de los mejores homenajes más o menos velados a la pareja de edificios que simbolizaban el skyline de Nueva York antes del 11 de septiembre; sin atentados, sin explosiones, esta cinta nos retrotrae a una época más inocente y nos muestra con unos efectos digitales excepcionales como era la panorámica desde lo alto del World Trade Center. En ningún momento nos damos cuenta del truco, no hay ningún fallo que haga que chirrien los efectos informáticos, ni que nos saque de la película. Ni tampoco están supeditados dichos efectos a la historia; es decir, las torres gemelas son los grandes protagonistas que no distraen del verdadero número circense que se nos presenta. Es un caso claro en el que el presupuesto en efectos especiales de una cinta se usa de manera sabia al servicio del argumento.

Dicho esto, la película orbita al principio entre la historia de los orígenes del protagonista Philippe Petit en su Francia natal (sus motivaciones, su pasión por el espectáculo), para ir desembocando poco a poco en el género de robos estilo Ocean’s Eleven. La temperatura sube en esta parte y nos va tensionando de la misma manera que se estira una cuerda floja de funambulista, con momentos de verdadera emoción que tiene su clímax en el paseo por los dos edificios que coronaban el cielo neoyorquino en los 70. Todo ello transicionado por los comentarios omniscientes del protagonista que nos narra la hazaña desde una posición privilegiada. Interpretado por Joseph Gordon-Levitt en racha profesional, dicen que el acento francés que destila en la versión original es de sus mejores actuaciones (yo me conformé con la versión española doblada, en la que el acento era más bien risible). Con una capacidad de caracterización cada vez más camaleónica, toda la película gira en torno a él con una suerte de secundarios algo desconocidos pero necesarios para el desarrollo de la trama. Algo de importancia tiene Ben Kingsley en su papel de mentor, pero como he dicho los otros grandes protagonistas son los impresionantes edificios recreados por ordenador que nos dan una idea de lo que suponían para la gran manzana, tan deudores de lo aportado por el cine que se quedó huérfano tras su desaparición.

“The Walk” es una película que se deja ver, con un inicio un poco renqueante pero que luego la emoción se va adueñando de la trama. Con una capacidad de sorpresa neutralizada por estar basada en una historia real en la que ya sabemos como acabó (pues no, no se cayó al vacío de los rascacielos), Robert Zemeckis se esfuerza en hacer hincapié en otros aspectos del desafío y el resultado es aceptable; sin salirle un peliculón como estamos acostumbrados por el resto de su filmografía, convierte algo digno de documental en un homenaje a la ciudad de los rascacielos y a sus joyas más emblemáticas.

Calificación: Buena

Lo Mejor: La recreación de las torres por medios digitales es tan creíble como si todavía siguieran allí.

Lo Peor: La grandilocuencia de Philippe Petit queda difuminada por la hazaña que realizó

La vería de nuevo: Puede.

La Recomiendo: Para cinéfilos sin vértigo.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt3488710/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El apartamento (revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Apartment

Año: 1960

Director: Billy Wilder (El crepúsculo de los dioses, Sabrina, La tentación vive arriba, Con faldas y a lo loco, Irma la dulce, En bandeja de plata, Primera plana)

Guión: Billy Wilder, I. A. L. Diamond, Doane Harrison

Música: Adloph Deutsch

Fotografía: Joseph LaShelle

Reparto

  • Jack Lemmon
  • Shirley MacLaine
  • Fred MacMurray
  • Ray Walston
  • Jack Kruschen

Hace poco tuve ocasión de ver en pantalla grande una reposición de esta obra maestra del cine llamada “El Apartamento”. Una ocasión única para sentir la emoción en una sala de cine de ver una de las mejores comedias de la historia, rodada en la plenitud creativa de un genio llamado Billy Wilder, y durante la era dorada de un Hollywood en su madurez creativa como corriente artística, siendo a partes iguales capaz de emocionarnos, y de ser fiel testimonio de su época. Y es que en esta etapa las obras maestras se creaban a velocidad de crucero, y (si obviamos sus grandes dramas como “El crepúcusculo de los dioses”) así es como este maestro llamado Billy Wilder se coronó como rey absoluto de la comedia ligera, con títulos tan famosos como “Con faldas y a lo loco”, “La tentación vive arriba”, o “En bandeja de plata”. Películas que tenían a unos intérpretes en estado de gracia, desarrollaban un guión perfecto sin fisuras que hacía avanzar él solito la trama, y provocaban carcajadas entre el público como pocos realizadores podían lograr; aparte de tener siempre un puntito de ternura que dejaban un regusto dulce en el espectador (sin necesidad de tirar de humor grueso o chabacano como ocurre con el humor actual), pero sobre todo, sin resultar películas ñoñas o demasiado inocentonas. Todos recordamos las vicisitudes de Lemmon travistiéndose mientras a su pareja masculina no le importaba que fuera hombre en “Con faldas y a lo loco”, la profesión de Shirley McClane en “Irma, la dulce”, o la subtrama de esta “El apartamento” con la infidelidad machista típica en los cincuenta, donde era normal que los hombres tuvieran sus queridas para divertirse después del trabajo. Desde luego que las comedias de Wilder son atemporales y han marcado un camino a seguir en el género. Y la relevancia de esta película y ase hizo patente en el momento de su estreno. Ganó cinco Oscar, al mejor director, al mejor montaje, a la mejor película, a la mejor dirección de arte y al mejor guión original. De hecho, su importancia es tal, que la cinta está preservada en el archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

C.C. Baxter es un humilde trabajador de una gran compañía de seguros con sede en el centro de Nueva York. Por las mañanas miles de personas entran y salen de unas oficinas superpobladas con el ánimo de prosperar en su trabajo y conseguir un ascenso. Ése es el propósito de Baxter, y para ello se vale de su reclamado apartamento en el centro de Manhattan. Un preciado pisito de alquiler ni demasiado grande ni demasiado pequeño, del que hacen uso de manera abusiva sus superiores para tener un lugar donde dar rienda suelta a sus prohibidos escarceos amorosos. En efecto, la llave de su piso va de mano en mano por la planta de los ejecutivos y las molestias que esto le causa al pobre Baxter son a menudo tragicómicas, desde tenga que pasar la noche en un parque por no tener acceso a su propia vivienda, hasta que sus vecinos le confundan con un vividor rompecorazones sin escrúpulos. Pero la suerte de C.C. Baxter está a punto de cambiar, y el hecho de que uno de los principales ejecutivos del área de Recursos Humanos se entere de las prácticas poco honrosas de sus empleados puede dar un vuelco a esta situación; y para complicarlo todo, a la vez conoce a una de las jóvenes ascensoristas del edificio. Una chica guapa, agradable y simpática, por la que todas las miserias de la vida se compensan y hace que todo sea más llevadero.

“El apartamento” es una película deliciosa, con grandes momentos para hacer reír al espectador y también con su puntito de drama. En efecto, las situaciones por las que pasa el personaje de Lemmon son en ocasiones para echarse a llorar, puesto que encarna al clásico pobrecillo envuelto en problemas sin merecerlo. Pero todo ello queda tamizado por su interpretación, una de las mejores de su carrera, donde su repertorio cómico es inacabable y que lleva el guión (también co-escrito por el propio Wilder), a límites del género nunca vistos, y que merece situarse a la misma altura de los grandes del cine (Charlot, Buster Keaton). Su cabeza moviéndose a la vez que la máquina de escribir, las infinitas llamadas para cambiar la cita de uno de los usuarios del piso, el baile de Nochevieja en el bar con un ligue, la raqueta de tenis usada como improvisado escurridor de espaguetis,… Hay tantos momentos mágicos en esta película que es difícil quedarse con uno solo. Su contrapunto perfecto es una agradable Shirley MacLaine, nunca tan guapa como aquí y su personaje perfectamente perfilado, con sus preocupaciones y sus motivaciones. La trama da tantas vueltas y hay tantos giros de guión, que cada situación es una pirueta interpretativa más de los protagonistas, diseñadas para tocar en el momento adecuado la fibra en el espectador.

De hecho, la película funciona perfectamente como radiografía de la sociedad del momento, con ese machismo heredado de décadas anteriores donde los hombres tenían vidas paralelas en función de la familia o de las amantes del trabajo. Igual que lo mostrado en la serie Mad Men, pero sin la distancia crítica de la mirada actual (lo cual es más difícil y meritorio). Ya se encarga Wilder de atizar ese reprobable comportamiento infiel mediante las odiosas decisiones del personaje de Fred MacMurray, por ejemplo. Y el retrato costumbrista de la sociedad neoyorkina de los sesenta es certero y punzante, y de hecho vemos sus fiestas, su trabajo, sus casas… La ciudad (y no digamos ya el propio apartamento) es un protagonista más, y es de esas películas (junto con Desayuno con Diamantes, por ejemplo) en las que Nueva York nunca estuvo tan bien dibujada (antes de la era Woody Allen).

Pero si me tengo que quedar con algo, es el final. Rápido, precipitado, con una sombra de drama dibujado segundos antes, para alegrarnos acto seguido el alma con un final feliz nada previsible, con esa partida de cartas inacabada. Unos minutos antes, (por si en algún momento pensábamos que era un trepa sólo interesado en el ascenso), el personaje de Lemmon ya se ha dignificado de manera absoluta con el juego de llaves de su apartamento, jugando con el espectador, y dejando que por un breve leve instante malinterprete la situación. Toda una jugada que muestra una labor de guión perfecta, y el digno final a una película que durante todo el argumento ha captado la atención del espectador, marcando el ritmo sin que le dé tiempo a aburrirse. Una película perfecta de principio a fin por sus actores, su guión, su fotografía en blanco y negro, su música, su mezcla de drama y comedia, su trama y temática subyacente (la del intento de prosperar a toda costa en una sociedad ultra competitiva), su crítica social, los decorados donde está rodada, y la ciudad que sirve de escenario. Una obra maestra de un genio que difícilmente veremos repetir.

Calificación: Obra maestra.

Lo Mejor: Todo, es la confluencia perfecta de circunstancias en una época que daba grandes películas cada poco tiempo.

Lo Peor: Que ya no se hagan películas así.

La vería de nuevo: Siempre

La Recomiendo: Por supuesto.

Películas similares: Cualquiera de las grandes comedias de Billy Wilder.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0053604/

Tráiler en You Tube (español):

 

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Película – La dama de oro

la dama de oro poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original:

Año:

Director: Simon Curtis (PELÍCULAS)

Guión: Alexi Kaye Campbell

Música: Martin Phipps, Hans Zimmer

Fotografía: Ross Emery

Reparto

  • Helen Mirren
  • Ryan Reynolds
  • Daniel Brühl
  • Katie Holmes
  • Tatiana Maslany
  • Jonathan Pryce

La historia basada en hechos reales de Maria Altman, una exiliada austríaca en USA que de joven tuvo que escapar de Austria ante el ascenso del partido nazi y la escalada de violencia y odio frente a la comunidad judía del país, en los momentos previos a la segunda guerra mundial. La familia de Maria pertenecía a la burguesía de Viena, y el gran pintor Gustav Klimt retrató a su tía Adele Bloch-Bauer inmortalizándola en el icónico retrato posteriormente conocido como “La dama de oro”. Pero tras la llegada de los nazis a la ciudad, todos los bienes de la familia Altman son requisados, y entre ellos la fabulosa pintura que, años después, pasa a formar parte del patrimonio del gobierno austríaco. Más de cincuenta años después, Maria Altman se pone en contacto con Randol Schoenberg, un joven abogado hijo de una gran amiga suya, también descendiente de austríacos exiliados, para exponerle el caso de la hipotética reclamación de la pintura a partir de la recién estrenada política de Austria de devolver objetos de arte robados a los judíos. La que se antoja a priori una tarea imposible, por haberse convertido el Retrato de Adele en un símbolo nacional austríaco, se irá convirtiendo en una lucha personal a lo largo de los años para que Maria se enfrente a su pasado a la vez que, mediante oportunos flashbacks, nos sumergimos en los convulsos años previos a la segunda guerra mundial, y al auténtico drama familiar que supuso para Maria la huida de su país de origen.

Agradable de ver y bastante descriptiva en la historia real de la batalla por la recuperación de la pintura que da nombre a la película, no sabemos si realmente el sobrenombre de “La dama de oro” se refiere a la persona retratada o al personaje que vivazmente interpreta Helen Mirren. Protagonista de un biopic a los que la veterana actriz está acostumbrada, Mirren se mueve con fresca desenvoltura para dar vida a una cascarrabias entrañable que esconde un dolor profundo motivado por un pasado triste y convulso. Con semejante fichaje para el papel principal la calidad de la cinta estaba asegurada, y ciertamente le da un empaque interpretativo de altura. Más arriesgado era la selección del guaperas Ryan Reynolds para la contrarréplica masculina, y sin embargo sale airoso de un reto que incluía dar vida a un abogado tímido y algo torpe, sin experiencia y con una carga familiar detrás que le da un extra de presión a la ardua tarea a la que se encomienda la extraña pareja. Y ocurre lo impensable, que era el acabarnos creyendo a su inicialmente inexperto personaje, y ver en su interpretación una cierta evolución moral mientras una fijación por momentos obsesiva se va apoderando conforme va avanzando el caso.

Lo bueno de la cinta es que logra hacer que nos metamos en  la historia conforme avanza la trama, y los oportunos flashbacks que nos retrotraen a la década de los años treinta están tan bien insertados que ayudan a que el ritmo no decaiga en ningún momento, intercalando el empaque dramático de la historia para recuperar un cuadro de tal magnitud (y el enfrentamiento burocrático con un gobierno como el de Austria, altivo y orgulloso), con el drama de tener que huir del país en los albores del desastre totalitario nazi. Y todo sin recrearse en dramatismos explícitos estilo “La lista de Schindler”, con la que se inició el subgénero del holocausto nazi y donde “La vida es bella” o “El pianista” nos mostraron lo que la historia se empeñó en ocultar durante décadas.

Junto con los actores principales encontramos secundarios que sobrellevan la trama con gran calidad. Un Daniel Brühl que cada vez está más integrado en Hollywood, una Katie Holmes que quizás sea lo peor de la cinta (menos mal que su presencia es reducida) e, incluso, un Jonathan Price semi oculto que da gusto descubrir para el espectador avizor. Y, sobre todo, los exteriores rodados en el centro de Viena, ciudad que se convierte en una protagonista más y que hace un escenario inmejorable para el trasfondo de la historia (y que contrasta con la soleada California). Por todo ello, sin ser uno de los grandes biopics de la historia (no es que se a mi género favorito, todo hay que decirlo, por pecar de aburrido la mayoría de las veces), sí que resulta fácil de ver y por ello, recomendable esta “Dama de Oro”, por la lección de historia y de arte que supone.

Calificación: Buena

Lo Mejor: Viena como trasfondo de la historia; el ritmo creado a través de flashbacks.

Lo Peor: Katie Holmes

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2404425/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El maestro del agua

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Water Diviner

Año: 2014

Director: Rusell Crowe

Guión: Andrew Anastasios, Andrew Knight

Música: David Hirschfelder

Fotografía: Andrew Lesnie

Reparto

  • Rusell Crowe
  • Olga Kurylenko
  • Jai Courtney
  • Cem Yilmaz
  • Yilmaz Erdogan

Entre lo poco interesante que encontramos en la cartelera en estas fechas, tenemos la primera incursión de Rusell Crowe en tareas de director, siguiendo el camino que otros grandes actores llevaron en su día para dar un salto en las tareas del mundo cinematográfico. Robert Redford, Clint Eastwood, George Clooney, (o también recientemente Ryan Gosling) son muestras de actores que un día decidieron demostrar que su talento no sólo se circunscribe a figurar delante de las cámaras, dando en algunos casos unos resultados extraordinarios. Sin desmerecer al bueno de Crowe, que con su cara de bruto australiano con un toque de buenazo nos ha dado grandes papeles, me temo que como realizador no logra brillar en esta ocasión, en una cinta que peca de tediosa y algo estirada. La historia de la desastrosa y cruenta participación de Australia y Nueva Zelanda en la Primera Guerra Mundial ya fue contada con mayor dramatismo e intensidad en la cinta de Peter Weir, Galípoli, con un tempranero Mel Gibson y una banda sonora de Jean Michel Jarre que pasó a la historia en los primeros ochenta. Recordando la fuerza e intensidad de dicha cinta, es inevitable no buscar paralelismos entre las dos historias, y sin embargo la incursión de Crowe no sale bien parada. Por lo menos tenemos una lección de historia y una ambientación lograda, que nos hace retroceder a otra época en la que todavía quedaba algo de romanticismo por el entorno socio político en el que nos movíamos.

Un experto zahorí australiano, ducho en el arte de buscar pozos y corrientes de agua en parajes desérticos, emprende un viaje a Turquía para buscar a sus tres hijos desaparecidos en la batalla de Galípoli. Estamos en 1919, y la primera guerra mundial ha dejado tras de sí un imperio otomano dividido y ocupado por distintas representaciones internacionales, y donde la sangre de los combatientes australianos riega el territorio que fue una vez testigo de una de las batallas más crueles de la guerra. Nuestro protagonista se ve en la necesidad de conocer el destino último de sus tres vástagos, y tras un viaje de miles de kilómetros encontrará la ayuda en quien menos podría esperárselo. La crueldad de la guerra, un país conflictivo y caótico que intenta cerrar sus heridas, y el amor incondicional de una madre y su hijo será lo que encuentre en este periplo donde la intuición para encontrar agua será casi de tanta ayuda como los papeleos burocráticos de la Commonwealth aliada, ganadora de la guerra.

Con un revestimento de época y una puesta en escena correcta, El maestro del agua comienza de manera impecable y a ratos atroz. Un granjero en un desierto inhóspito al otro lado del globo y una guerra incomprensible. Una desgracia familiar y unos ideales entrevelados, nos hacen pensar en idealismo y aventura, hasta que la cinta se adentra en terrenos indefinitorios que nos hablan (buf) de memoria histórica y de alianza de civilizaciones; dejando de lado la historia de la búsqueda de agua que podría haber tenido más interés para el espectador que la de los hijos. Por lo menos, la metáfora del zahorí que busca el líquido elemento está servida y sobrevuela todo el metraje, aunque por momentos Rusell Crowe despliega habilidades sobrenaturales que no sabemos si salen del vínculo paternofilial inherente a todos los padres, o de un poder extrasensorial fuera de todo entendimiento.

El problema es que Crowe se esfuerza en vano en hacer una película trascendente que se muestra vacua a mitad de visionado. No ha sido capaz de rematar el planteamiento de la historia a mitad de cinta y el aburrimiento hace acto de presencia quizás demasiado pronto. La puesta en escena es clásica y profesional, presentando una corrección y una formalidad meritorias para un principiante; Turquía en las primeras décadas del siglo XX está bien retratada y presenta ese aire cosmopolita y de romanticismo convulso que debió de tener en aquellos años. Y él como actor protagonista está bien plantado en la historia dando el pego como granjero australiano con buen trasfondo (¡no podía ser de otra manera!). Y la Kurylenko también está correcta en su papel de esposa extranjera resignada. Pero a pesar de ellos, la película tiene un toque almibarado que no se logra quitar a pesar de las crueles escenas del campo de batalla, y eso se resiente a partir de la media hora. Y entre medias, la ya citada música de la película de Peter Weir -Galípoli- sigue resonando en nuestra cabeza para recordarnos que nos gustó más aquella historia que ésta, que parece un epílogo mal cerrado de la batalla.

Calificación: Entretenida

Lo Mejor: La ambientación

Lo Peor: El torpe resultado a pesar del esfuerzo de Rusell Crowe

La vería de nuevo: No

La Recomiendo: No

Películas similares: Galípoli

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt3007512/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Wall Street (revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Wall Street

Año: 1987

Director: Oliver Stone (Platoon, Nacido el 4 de julio, JFK (caso abierto), Alejandro Magno, World Trade Center)

Guión: Stanley Weiser, Oliver Stone

Basado en el libro de

Música: Stewart Copeland

Fotografía: Robert Richardson

Reparto

  • Charlie Sheen
  • Michael Douglas
  • Martin Sheen
  • Daryl Hannah
  • Sean Young

Ante nosotros tenemos una de las películas más influyentes de los últimos 30 años, probablemente la que mejor ha reflejado el mundo de las finanzas y el de la bolsa. Y es que Oliver Stone dio en el clavo con esta historia que retrataba la codicia de un mundillo fiel reflejo de la cúspide del capitalismo. El propio padre del realizador fue corredor de bolsa en Wall Street, y la película le rinde homenaje en forma de dedicatoria. Oliver Stone venía de dirigir Platoon un año antes, con la que desgranó el declive moral de una guerra y un país de manera bastante acertada. Y lo cierto es que la calidad de su cine cayó rápidamente en picado después de estas obras, sin volver a tener una película tan redonda como estos ejemplos que he puesto aquí. No sabemos si por sus tendencias políticas que dejaron de ser sutiles o porque perdió el carisma para contar historias, el caso es que podríamos que Wall Street fue la cima de su obra, y donde la crítica a un país y a un sistema económico nunca estuvo tan bien explicada.

Bud Fox es un joven y ambicioso broker de Wall Street, que lucha por abrirse camino en la agencia de valores en la que trabaja como gestor de cuentas, buscando clientes y ofreciéndoles oportunidades de inversión. Estamos en 1985, y el centro financiero de Nueva York, en pleno Manhattan, es un hervidero de yuppies tratando de hacer dinero fácil en la década de los 80, en la que los excesos y el buen clima económico marcaban la tónica general. Pero Fox apunta alto, y consigue unirse al genio de las finanzas Gordon Gekko, multimillonario experto en todo tipo de inversiones que carece de escrúpulos a la hora de hacer dinero fácil en el complicado y saturado mundo de la bolsa. Los dilemas éticos y morales que le surgirán a Fox por la manera de enriquecerse, junto con el modo de vida por todo lo alto que supone ser uno de los amos de Wall Street, contrastarán con los principios sobre el trabajo y la honradez que el padre de Bud, Carl Fox, le ha inculcado desde siempre.

Para los que hemos estudiado o trabajamos en el sector financiero, Wall Street resulta sencillamente perfecta en su descripción de este mundillo, tanto por la manera de mostrar las distintas operaciones, como por la forma en que capta el ambiente mezcla de caos y ambición que pueblan el mercado de valores y las agencias de bolsa. Y aunque en todas las grandes capitales hay mercados financieros, el centro de Nueva York es la meca profesional y financiera de todas las transacciones a nivel mundial. La manera en que se nos muestra la ciudad desde los créditos iniciales es insuperable, de tal manera que ya forma parte del imaginario colectivo del cine junto a otros iconos como Woody Allen o Audrey Hepburn. Ha habido después muchas otras (la segunda parte con la que intentó repetir éxito de manera descarada es infumable), siendo la última muestra de grandeza “El lobo de Wall Street”: Martin Scorsese dio en el clavo con esta descacharrante cinta de un tono menos grave y más ligero, pero tampoco exenta de mala leche. Sin embargo, la grandeza de Wall Street es la crítica al sistema sin caer en la visión maniqueísta de estos últimos años azotados por crisis económicas de distintos tipos, denunciando sobre todo los excesos de la década de los ochenta donde todo valía. Se rodó en 1987, justo el año de uno de los cracks bursátiles más importantes de la época, y también en un momento en que surgió el escándalo del Insider Trading (operar en bolsa con información privilegiada, uno de los ejes del argumento de la película), pero se ambientó en 1985 para evitar que se asociara con hechos reales.

El gran tema de la cinta es la codicia y la ambición, y su contraposición con el trabajo duro y el esfuerzo a la hora de ganar dinero en el país más capitalista del mundo. No es una crítica al sistema en sí, más bien pone en tela de juicio la falta de ética y la moral a la hora de triunfar. Y de hecho, el final tiene una moraleja bien clara en este sentido, al conocer el destino último estilo tragedia griega de los personajes principales (la segunda parte ya se encarga de fastidiar esta situación en la escena del cameo de un ya pasado de tuerca Charlie Sheen, pero yo me quedo con el final de ésta). Cada uno de los diferentes personajes es definitorio en este sentido, y reflejan distintos arquetipos de personalidad que pueden presentar el sistema: tenemos al jefe trepa e hipócrita, al compañero impulsivo pero generoso, al trabajador veterano e íntegro, al padre sindicalista y de grandes principios,… y por supuesto a los grandes protagonistas. Uno, el joven novato y ambicioso, listo y con hambre para prosperar, que se da cuenta que como él hay millones, y que se enfrenta a los grandes dilemas de la cinta. Un papel que podía haber sido para Tom Cruise pero que cazó antes Charlie Sheen (repitiendo con Stone tras Platoon), y que muestra un gran hacer por su parte antes de que se volviera estúpido entero por las drogas y las fiestas (fiel reflejo del personaje de su serie “Dos hombres y medio”). A través de sus ojos vemos la dureza de levantarse cuando todavía no ha amanecido, el que no llegues nunca a final de mes a pesar de ganar un buen sueldo, el creer que tienes un buen traje pero resultar ser barato a ojos de las grandes fortunas… todo lo cual hace más creíble la situación al alcanzar la cima del éxito y empezar a vivir el verdadero lujo. Pero el verdadero protagonista de la función, villano de lujo en esta cinta tan ambivalente, es el tiburón de las finanzas Gordon Gekko, ejemplo de triunfador sin escrúpulos y dueño y señor de Wall Street. Suyos son los mejores discursos de la película, como ése que dice en una junta de accionistas que “la codicia, a falta de una palabra mejor, es buena”. Michael Douglas hizo suyo al personaje y le hizo pasar a la historia de manera instantánea, ganando un Óscar por el camino y diversos premios más. Bordó un personaje tan carismático de tal manera, que muchos brokers desde entonces le ha parado por la calle para decirle que su papel fue una inspiración para trabajar en la bolsa (cuando realmente su personaje es un alegato para lo contrario).

A pesar de lo que puedan decir algunas críticas, Wall Street es una película que ha envejecido muy bien, sin perjuicio de la tecnología de la época. Sí, es posible que los primeros teléfonos móviles gigantes, los ordenadores con monitores de cotizaciones verde monocromo o las camisas con tirantes causen cierta sonrisa en el espectador actual, pero el ambiente y la descripción de personajes han permanecido inalterables desde entonces, así como los conflictos que plantea el filme. Y los recursos narrativos que emplea Oliver Stone encajan perfectamente en la trama sin abusar (momentos en que divide la pantalla en varias más pequeñas mientras hay una fiebre compradora en el mercado, o cuando Gekko toma una decisión y la cámara le enfoca fundiendo su figura a negro y resaltando el escenario de atrás). Que luego haya usado los mismos trucos en la secuela y resulten pueriles y absurdos no hacen sino confirmar que fue aquí cuando alcanzó la madurez creativa de su obra. Por todo ello, es una cinta clave en los 80, fundamental para entender una estética y una manera de pensar que todavía perdura en la actualidad.

 Calificación: Imprescindible.

Lo Mejor: Todo: el ritmo, el ambiente, la ciudad de NY, los personajes, la trama, la temática,…

Lo Peor: Que luego Stone lo estropeara todo con la secuela y su infame tratamiento de los personajes.

La vería de nuevo: Sí, es una película para ver mil veces sin cansarte.

La Recomiendo: Absolutamente, fue la película definitiva acerca del mundo de la bolsa.

Películas similares: Wall Street 2: el dinero nunca duerme; Margin Call; El lobo de Wall Street, El gran farol

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0094291/combined

Tráiler en You Tube (versión original):

 

 

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Película – Predestination

Predestination poster

 

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Predestination

Año: 2014

Director: Michael  Spierig, Peter Spierig (Daybreakers)

Guión: Michael Spierig, Peter Spierig

Basado en el libro de Robert A. Heinlein, “All You Zombies”

Música: Peter Spierig

Fotografía: Ben Nott

Reparto

  • Ethan Hawke
  • Sarah Snook
  • Noah Taylor

Predestination es una película de viajes en el tiempo dirigida en 2014 por Michael y Peter Spierig. Protagonizada por Ethan Hawke, se publicitó como “la respuesta de 2014 a Looper” y, francamente después de ver el tráiler, sentí la misma emoción que cuando descubrí la cinta de Ryan Johnson por primera vez. Es decir, ciencia ficción en estado puro, con acción a raudales y paradojas temporales que dan pie a sesudas reflexiones metafísicas. Una historia de un policía perteneciente a una brigada especial que intenta atrapar a un escurridizo maleante. Y bueno, con Looper tuve mi primera polémica cinematográfica al darle la calificación máxima a una cinta que consideré excelente en aquel momento. La cuestión es que, pasados dos años, sigo pensando que Looper fue una pequeña obra maestra de la ciencia ficción que rompió moldes pese a pasar totalmente inadvertida, que revolucionó  a una pequeña escala el género, y que con el paso de los años se convertirá en una película de culto. Y de hecho a la sombra de Looper aparece Predestination, la cual con las mismas armas conceptuales intenta sobrepasarla en capacidad de sorpresa y vuelta de tuerca, en la línea del cine de Nolan (me viene a la mente El truco final, por ejemplo). Pero Predestination, pese a tener un comienzo prometedor y una parte central un poco desconcertante, acaba siendo de una manera tan singular, que sólo se puede decir tras un tiempo para digerirla, que los hermanos Spierig han creado una de las películas más extrañas del género.

Un agente de policía perteneciente a una brigada especial viaja a través del tiempo para evitar crímenes antes de que se produzcan. El protagonista en concreto está obsesionado con el llamado “terrorista fallido”, un criminal que en 1975 puso una bomba que mató a miles  de personas. Tras varios intentos para atraparle, en un enfrentamiento con su archienemigo llega tarde al desactivar una bomba y tiene un accidente que le dejan secuelas en el rostro. Tras recuperarse, se enfrenta a su última misión antes de retirarse y viaja a 1975 para establecer contacto con un individuo en un bar haciéndose pasar por barman. Mientras está en el bar, el hombre le cuenta al falso camarero una historia totalmente increíble que deja perplejo a cualquiera: la historia de su extraña vida. A pesar de todo, este misterioso hombre decide ayudar al barman y empezará una cadena de acontecimientos que estaban, desde el principio, predestinados a que ocurrieran.

La verdad es que Predestination ha recibido críticas mixtas entre el público. Es una cinta extraña, que parece otra cosa cuando te enfrentas a ella por primera vez. Desde luego que es seguro que a no deja a nadie indiferente cuando la ve. Es tan peculiar, que toda la gracia de la misma está en un argumento que no se puede analizar sin destripar las sorpresas argumentales. El esbozo de la sinopsis que he hecho puede que sea incluso hasta excesivo, puesto que, cuanto menos sepas de la cinta, más sorprendente te dejará. Y, al ser una película de viajes en el tiempo, uno pasará varios días dándole vueltas a lo que ha visto y buscando información en Internet que arroje algo de sentido al argumento, mientras intenta atar todas las paradojas temporales para descubrir las posibles incoherencias (que, de hecho, las hay). ¿Mi opinión? Yo creo que los hermanos Spierig han errado el tiro intentando copiar a Looper y han hecho una cinta que no tiene pies ni cabeza. Han experimentado demasiado con las piruetas argumentales para crear paradojas que dejen boquiabierto al espectador y usarlo como excusa para hablar de la predestinación a la que hace referencia el título. Tras la sorpresa inicial, y a pesar de asumir ciertas licencias narrativas que hacen avanzar la trama, hay que decir que ésta está cogida con pinzas para que nos creamos el argumento. A lo que hay que sumar el segundo problema principal de la película, que es el parón en el ritmo que se sufre en la parte central de la cinta. En efecto, la historia que se nos cuenta en la escena del bar es, desde luego, fundamental para la trama, pero deja perplejo un buen rato al espectador mientras esperamos a ver qué nos quieren contar los realizadores. Es un parón narrativo muy arriesgado (algo parecido ya ocurría en Looper con la trama de amor intimistas de los protagonistas, que ocurría en el segundo tercio de la película, pero de manera más afortunada y mejor narrado), que luego intenta compensar con las sorpresas argumentales citadas. Pero insuficiente, para mi gusto.

A los actores no se les puede negar buena predisposición, desde luego, siendo Ethan Hawke el habitual salva películas de serie B al que nos tiene acostumbrados. Interpretación correcta, del estilo de Gattaca, aportando su presencia cada vez más icónica. De Sarah Snook podemos decir que lo intenta, pero los fallos de credibilidad en su papel no son culpa suya sino más bien del guión. Una pena, pues Predestination podría haber sido una gran película pero que, por miedo a caer en el encasillamiento del género, se decanta más por la ciencia ficción experimental para acabar dejando un regusto amargo que, no es que caiga en la mediocridad, pero no gustará a todos por la extrañeza de sus derroteros.

Calificación: Pasable

Lo Mejor: El planteamiento

Lo Peor: El nudo y el desenlace

La vería de nuevo: No es posible

La Recomiendo: Puede, quizá para los acérrimos del género que les gusten las vueltas de tuerca

Películas similares: Looper

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2397535/combined

Tráiler en You Tube (español):

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