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Película – Steve Jobs

Steve Jobs Poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Steve Jobs

Año: 2015

Director: Danny Boyle (La Playa, Slumdog Millinonaire, Trance)

Guión: Aaron Sorkin

Música: Daniel Pemberton

Fotografía: Alwin H. Küchler

Reparto

  • Michael Fassbender
  • Kate Winslet
  • Seth Rogen
  • Jeff Daniels
  • Michael Stuhlbarg

Si hay películas en las que la labor del guionista pesa más que la del propio director o actores, desde luego que son las escritas por Aaron Sorkin, como el caso que nos ocupa. El escritor del libreto de “La Red Social” o unos cuantos episodios de la serie de TV “El ala oeste de la Casa Blanca” tiene entidad propia para que cada trabajo nuevo que presenta su guión sea más importante que la elección de otros miembros del equipo. Caracterizado por diálogos rápidos y punzantes, con mucha información en poco tiempo, sus películas exigen el doble de atención y esfuerzo por parte del espectador. De hecho, La Red Social es una gran película que roza el estatus de obra maestra y que precisa de varios visionados para entender el ritmo visual y argumental que proponía David Fincher en aquel biopic del prepotente e incomprendido creador de Facebook. Y lo mismo pretende aquí Danny Boyle con la mente pensante que está detrás del Macintosh, iMac, iPhone, y otros tantos productos que han cambiado el mercado de la informática. De hecho, tras la muerte de Steve Jobs en 2011, ya llevamos dos películas con su vida llevada al cine; la otra era Jobs, de 2013, con Aston Kutcher en el papel principal, y con una estructura más al uso del biopic tradicional de narración cronológica. También es de recordar el telefilme “Piratas de Silicon Valley”, de 1999, con Noah Wyle haciendo de Steve Jobs (sí, el doctor Carter de la serie “Urgencias”). Cinta fundamental si queremos enterarnos de más detalles de la vida de Jobs y sus piques con el fundador de Microsoft, Bill Gates. Y es que, mientras que estas dos películas son más didácticas que artísticas, la que nos ocupa con Michael Fassbender como protagonista exige un esfuerzo previo para enterarnos de detalles que da por supuesto el propio Boyle. Cosas como la relación con su hija, los rifi-rafes con los directivos de su compañía, o las tensiones con sus colaboradores se darán por sobreentendidas y el rápido guión nos inundará de sobreinformación que costará asimilar al espectador poco avezado.

La vida del genio fundador de Apple, Steve Jobs, vista a través de tres momentos puntuales en su vida: los minutos previos a tres de las presentaciones de sus productos más revolucionarios con los que intentó cambiar la industria. El primer Macintosh, en 1984; la computadora NeXT, en 1988, después de que fuera despedido de la compañía e intentara encontrar el éxito por su cuenta; y el iMac en la presentación que hizo de él en 1998, una vez readmitido en Apple. Algunos de estos productos fueron un éxito atronador, otros un rotundo fracaso, pero todos condujeron a que Apple fuese lo que es hoy, una empresa revolucionaria que está más centrada en el cliente y en el producto más que cualquier otra. Y en cada época, junto a él, vemos a sus colaboradores y demás personas de su entorno cercano lidiar con su carismática y difícil personalidad: su mano derecha Joanna Hoffman intentando pulir los detalles derivados de su perfeccionismo crónico; su ex novia Chrisann Brenan reclamando por un poco más de atención para ella y la hija de ambos Lisa; su socio inicial en la construcción del Apple II y cofundador de Apple, Steve Wozniak          , buscando el reconocimiento para su antiguo equipo;  el CEO de la compañía John Scully, del que recibe clases de auténtica gestión empresarial; su propia hija Lisa que va creciendo con el paso de los años y se esfuerza en que la dedique algo del cariño que la ha arrebatado durante tantos años… Todo un grupúsculo humano intentando comprender una de las personalidades más difíciles del mundo de la tecnología. Y es que, según palabras del propio Jobs en la película, “yo no soy perfecto, espero que mis productos sí lo sean”.

Resulta curioso que esta cinta se desmarque de los otros biopics en no hacer hincapié en el escaso parecido de Fassbender con el propio Steve Jobs. Un corte de pelo que nos diferencia claramente en qué época de su vida estamos, y un vestuario que evoluciona igual que lo hizo el del personaje real, pero poco más. En su lugar, la interpretación de Fassbender se centra en hacer propios los tics y la soberbia que hacía gala Jobs, tildado de déspota por muchos de sus empleados (y que resaltan todas las biografías que he visto de él). Y de hecho esto es una de las cosas que no podremos evitar pensar mientras vemos la película: yo creo que todo el cine musitaba para sus adentros “menudo cabronazo” mientras veíamos a Fassbender tratar mal a su círculo íntimo de colaboradores. Y es que uno de los grandes activos de la cinta es el rubio actor que está en racha al ser uno de los intérpretes del momento. En todo momento se hace con la cinta y lleva el peso de la misma sin ningún problema por su parte, cediendo el testigo a los secundarios que aquí están magistrales, empezando por una irreconocible Kate Winslet (en algunos momentos no sabemos qué ha sido de la protagonista de Titanic, lo cual es una cosa buena). Y a Seth Rogen está siguiendo los pasos de Jeff Daniels para desencasillarse de la comedia y demostrar su vena dramática. En efecto (y a pesar de que los dos hacen un tipo de comedia totalmente distinta), Jeff Daniels lleva unos años hacia una deriva dramática totalmente de agradecer (Marte, Looper); mientras que nadie pensaba que Seth Rogen pudiera tener un papel en esta cinta de marcados tintes dramáticos, haciendo de un digno Steve Wozniak.

Aparte del guión y del peso de los actores en esta película, otro punto fuerte es la estructura del argumento, dividido en tres actos que representan tres momentos puntuales de la vida de Jobs. Sí, luego están los oportunos flashbacks que explican más cosas, pero la potencia dramática que le imprime la tensión de los momentos previos a un gran acto hace que toda esta comedia humana que se nos presenta sea más trascendental si cabe. Y esta estructura anafórica nos sirve perfectamente para ver la evolución de los personajes en el tiempo, algo fundamental dada la construcción de los mismos. La lástima y el punto negativo de la película, es que el excelente guión de Sorkin en algún momento peca de exceso de detalles y virtuosismo, para pasar a lastrar el ritmo de la cinta. En momentos pasa como con Zodiac o la misma La Red Social, y resultamos apabullados con el exceso de información propiciado por los diálogos ágiles, demasiado en algunos casos. El esfuerzo que exige a los espectadores hace que haya que estar alerta en su visionado, atento a cada detalle o frase que nos va a marcar el devenir de los acontecimientos.

Es por ello que esta revisión de la vida de Steve Jobs no alcanza una nota más alta, quedándose a las puertas del notable raspado. Fracasa allí donde La Red Social triunfaba, aunque la labor de Fassbender nos deja un buen sabor de boca merecedor de la nominación al Óscar de este año. Veremos si lo gana.

Calificación: Buena

Lo Mejor: La original estructura del guión en tres actos, plagados de flashbacks y flashforwards que no hacen de éste un biopic al uso.

Lo Peor: El resultado final queda abigarrado y bastante confuso, fruto de un guión con demasiada información.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí aunque para entender la vida del fundador de Apple hay otras cintas más cercanas a los telefilmes que explican mejor su vida y su personalidad.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2080374/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El lobo de Wall Street

El-lobo-de-Wall-Street-poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

The Wolf of Wall Street

Año: 2013

Director: Martin Scorsese (Taxi Driver, Malas Calles, Uno de los nuestros, Casino, Gangs of New York, Shutter Island, Infiltrados)

Guión: Terence Winter

Basado en el libro de Jordan Belfort

Música: Howard Shore

Fotografía: Rodrigo Prieto

Reparto

  • Leonardo DiCaprio
  • Jonah Hill
  • Margot Robbie
  • Matthew McConaughey
  • Kyle Chandler
  • Jean Dujardin
  • Jon Favreau

Definitivamente, 2013 ha sido el año de Leonardo DiCaprio, tras ser villano de lujo de Tarantino en Django Desencadenado, y protagonista de la función en El Gran Gatsby.  Y todavía le quedaba pendiente de estreno esta sátira alocada y excesiva sobre el mundo de las altas finanzas, basada en una historia real que llevaba varios años empeñado en adaptarla y con la que ha conseguido sacar del retiro al mismísimo Martin Scorsese, quien ha asegurado que se trata de la última película que rodará. Desde luego que el director de Uno de los nuestros y Casino ha llevado a cabo la evolución lógica de los personajes centrales de su filmografía, la quinta colaboración con DiCaprio y convirtiéndole en su musa en toda regla. Si en otras ocasiones mafiosos y matones eran el hilo conductor de la particular visión de América según Scorsese, ahora tenemos a la misma tipología de personajes en el ámbito de las grandes finanzas pero conservando el hálito perdedor y de degradación moral que implica una vorágine autodestructiva de drogas y dinero fácil. Los mafiosos de los casinos se transmutan ahora en engominados agentes de bolsa, pero el transfondo será el mismo. No hay mucha diferencia entre el Robert de Niro de Casino y este DiCaprio de las altas finanzas, con drogas, dinero y rubias fatales de por medio. La novedad ahora es el tono cómico que le ha dado Scorsese, realmente acertado sin caer en ningún tipo de situación forzada ni sin que nos resulte extraño el género en el que nos propone este viaje lisérgico.

La película está basada en las memorias escritas por Jordan Belfort, un joven y ambicioso broker de los noventa que llegó a Wall Street dispuesto a ganarse la vida en los mercados de valores. Empezando desde cero y sin licencia bursátil en una firma de intermediación, ahí conoce a su mentor Mark Hanna, y pronto le enseña los dos grandes secretos del mundillo: que no importan nada las ganancias de los clientes sino las comisiones que se les cobran, y la cocaína como método para tener la mente lúcida y poder aguantar el frenético ritmo que supone trabajar en la bolsa. Sin embargo, al poco de obtener la licencia los cimientos del sistema temblaron con el crack bursátil de 1987, y se vio en la calle buscando otra empresa donde desarrollar la actividad financiera. Con el apoyo de su esposa empieza en una menos glamorosa sociedad de inversiones de baja capitalización, donde todo es más cutre pero las comisiones son mayores y es entonces cuando es consciente del filón para ganar dinero de verdad. Reúne a un grupo de inadaptados sociales a los que enseña el arte de vender por teléfono instrumentos financieros, incluyendo al que será a partir de entonces su más fiel amigo, Donnie Azoff. Donnie no sólo será el contrapunto cómico que evolucionará con Jordan en su desarrollo profesional y económico; también le acompañará en su descenso a los infiernos (o paraíso, según se mire) de fiestas y bacanales con sexo y drogas por doquier, donde el dinero será despilfarrado sin miramientos conforme vaya prosperando la agencia de valores creada desde cero. Los desaforados discursos motivacionales a sus empleados, la locura en que se convertían las oficinas con cada nueva ocurrencia, las nuevas mujeres que iban llegando a su vida, los grandes cochazos deportivos, las mansiones y los yates, hicieron que la revista FORBES le calificara como “el lobo de Wall Street” y le convirtió en el foco de las investigaciones del FBI. La acusación de estafa financiera a sus clientes y blanqueo de dinero planeará sobre Jordan y desde entonces el tira y afloja entre Belfort y la justicia será patente en ese descenso a los infiernos moral y laboral.

Lo que ha hecho Scorsese al adaptar esta historia ha sido alejarse de la visión chulesca y cínica que alcanzó Oliver Stone con la obra maestra de las películas bursátiles, Wall Street, estando más cerca de “Entre pillos anda el juego” (“Trading Places”, 1983), con Eddie Murphy y Dan Aykroyd. En este sentido, vemos como una serie de inadaptados sociales convertidos en alto ejecutivos hacen de la picaresca su modo de vida. A base de hacer a los protagonistas simpáticos y para nada estirados, el director se garantiza que el público simpatice con estos gañanes más parecidos a los matones de Casino que a los sofisticados brokers de Wall Street. Resulta hilarante, por ejemplo, que uno de los corredores que forman parte del equipo de DiCaprio sea Ethan Suplee, el hermano grandote, tontorrón y con pocas luces de la serie “Me llamo Earl”, en un papel que no tiene ni una sola frase pero que no hace más que permanecer en segundo plano continuamente y desviando la atención en todo momento.

En general la cinta rinde a unos niveles muy altos de calidad. Es por esto que tiene tres fallos que considero que resalten más. En primer lugar, su excesiva duración. Son tres horas de metraje que para mucha gente pasan rápidamente, pero que a mí me resultaron excesivas. Quizás con media hora ó 40 minutos menos hubiera sido perfecta, quitando algunas escenas que no aportan nada a la resolución del argumento (pero que aportan grandes carcajadas, eso sí).

El segundo defecto que le veo es el exceso de drogas, puteríos e infidelidades que nos brinda la película. Sabemos que Scorsese no se caracteriza por mostrarnos el lado tierno y melindroso de la vida, y que él mismo no ha sido un monje de clausura. Pero llega un momento que ya aburre ver esnifar cocaína encima de mujeres desnudas; así como también cansa la desastrosa vida amorosa del protagonista consecuencia de una falta total de moralidad, que a mí personalmente hace que no sienta lástima por el final al que se enfrenta. Será que yo soy un idealista, pero creo firmemente que se puede llevar una vida exitosa en lo profesional sin traicionar tus principios, ni dejarte vender por el dinero fácil (lo que no quita que se pueda ganar dinero).

Lo que me lleva al tercer defecto principal de la película, algo habitual en el cine de hoy en día en el que la realidad actual se ha visto golpeada por la crisis financiera global en la que nos hemos sumergido. De hecho, la relectura de los “malvados mercados” como causantes de la crisis actual me irrita tremendamente por lo demagógico de la totalidad de las propuestas actuales; desde el subgénero creado con propuestas como “Margin Call”, “Inside Job” o “Wall Street: el dinero nunca duerme”, hasta películas aparentemente ajenas al tema como “Millenium” o “Los juegos del hambre”, donde los malos de la función son financieros o ricachones causantes de la pobreza actual mientras ellos se lucran aún más. Para los entendidos en finanzas, las operaciones y situaciones presentadas en “El lobo de Wall Street” están vagamente descritas y hace uso continuo del recurso fácil del narrador de despachar las explicaciones farragosas aduciendo que el espectador no entenderá nada de OPVs y demás. En ningún momento se explica en qué consisten los fraudes que comenten (aunque el DiCaprio narrador nos deja claro que engañan a los clientes continuamente). Básicamente usa la técnica contraria a Margin Call y el resto de películas arriba mencionadas: la descripción minimalista del ambiente bursátil, frente al exceso de tecnicismos abigarrados que dejan al espectador confundido y perplejo (y que no tiene más intención que confundir al oído experto). En este sentido, Wall Street (1987) sigue siendo la reina en retratar el mundillo con pinceladas fugaces y a la vez certeras y verosímiles.

Pero si obviamos estos tres defectos y vemos a la cinta con la adecuada distancia moral (y no como un dogma de actuación vital, como hay que hacer con el resto de la filmografía de Scorsese) nos encontraremos con una de las mejores películas de los últimos meses, con un DiCaprio inmenso como actor que confirma su plenitud artística (algo de lo que ya hablé en Diamante de Sangre o El Gran Gatsby) y su capacidad para destacar frente a sus rivales en el olimpo actoral (sobre todo frente a Tom Cruise y Brad Pitt, los otros dos grandes divos atractivos con los que se lleva batiendo el cobre las últimas dos décadas de taquillazas). Aquí está mucho más gracioso que en “Atrápame si puedes”, y más físico que nunca: salta, grita, se enfada, da discursos, baila, se arrastra, gatea,… Y todo ello sin perder la compostura ni la dignidad (algo de lo que, por ejemplo, Ben Stiller no podrá hacer jamás, como comenté en mi anterior reseña). Los puntazos cómicos que nos ofrece la película son innumerables; y en el saco también hay que meter a Jonah Hill, auténtico gran descubrimiento de la cinta y sin el que la mitad de las escenas en las que nos tronchamos no tendrían tanta gracia (el momento en que conoce a la rubia Naomi en la fiesta es brutal, y así tenemos una docena de situaciones). Hasta Matthew McConaughey está increíblemente brillante, con su personaje pasado de vueltas que solo sale en los diez primeros minutos; o el otro descubrimiento de la película, Margot Robbie (vista hace poco en un pequeño papel en “Una Cuestión de tiempo”), actriz que está en boca de todo el mundo (y no es de extrañar viendo las sugerentes escenas que nos ofrece).

En definitiva, Scorsese nos presenta una excesiva e hilarante historia que retrata la adicción que produce la mayor de las drogas: el dinero (con el que se pueden comprar otras drogas y el resto de las cosas como coches, yates, sexo y amigos). Es excesiva a todos los niveles, pero lo bueno que tiene es que después de esbozar las triquiñuelas de la bolsa y la degradación moral de sus trabajadores, nos señala que nadie esta exento de caer en las mismas trampas que la codicia sin límite nos impone. Da igual que sean millonarios de buena familia o gente de a pie, todos se ven corrompidos ante la perspectiva de ganar dinero aunque sea a costa del engaño ajeno. Y en este sentido, la escena final con que se cierra “El lobo de Wall Street” es totalmente reveladora de este aspecto, y sintetiza de manera genial todo lo que hemos visto durante los anteriores 178 minutos de la película. Recomiendo verla.

Calificación: Muy buena/Excelente

Lo Mejor: DiCaprio está inmenso en su papel cómico; los puntazos de comedia se cuentan a pares, gracias también a Jonah Hill.

Lo Peor: La duración puede resultar excesiva al divagar en determinados momentos centrales de la cinta. La apología de las drogas y las infidelidades resultan tan excesivas como moralmente reprobables, y en ningún momento nos da una lección sobre lo inadecuado de estas conductas.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sin duda.

Películas similares: Wall Street, El gran farol, Casino, Atrápame si puedes, Entre pillos anda el juego.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0993846/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Invictus (revisión)

Invictus poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Invictus

Año: 2009

Director: Clint Eastwood (Sin Perdón; Million Dollar Baby; Gran Torino)

Guión: Anthony Peckham

Basado en el libro de John Carlin Playing the enemy (El Factor Humano)

Música: Kyle Eastwood, Michael Stevens

Fotografía: Tom Stern

Reparto

  • Morgan Freeman
  • Matt Damon
  • Tony Kgoroge
  • Patrick Mofokeng
  • Matt Stern

Esta semana, en un alarde de oportunismo mediático, voy a reseñar el biopic más conocido de la vida del ex-presidente sudafricano y premio Nobel de la paz, Nelson Mandela; fallecido hace pocos días y, por lo tanto, de actualidad en estos momentos. Morgan Freeman llevaba años intentando encontrar el guión perfecto para encarnar al político más importante del continente africano, pues su parecido físico le convertía en el candidato más adecuado. Fue entonces cuando la casualidad hizo que se fijara en la novela aún no finalizada de Carlin, El Factor Humano. Que Clint Eastwood se involucrara en la realización del proyecto y Matt Damon aceptara el otro papel protagonista dio el espaldarazo definitivo e internacional a una historia con el material suficiente para desgranar el perfil político y humano de una leyenda comparable a Gandhi mientras busca su lugar en los anales de la épica deportiva moderna.

La cinta se centra en los momentos en que Mandela asumió en 1994 la presidencia de Sudáfrica tras las primeras elecciones democráticas en las que participó la mayoría poblacional negra, y se desterró el Apartheid. Visto como un antiguo terrorista por la minoría blanca, se enfrenta ante una ruptura social aún mayor en el país, agravada por el odio que ambos grupos poblacionales sienten recíprocamente. Buscando elementos de unión patriótica, Mandela pronto se fija en el equipo nacional de Rugby de Sudáfrica, los “Sprinbox”, el cual no atraviesa su mejor momento deportivo. Deporte nacional y casi religión para los blancos, símbolo de la opresión racial para los negros, el presidente logra evitar la abolición del equipo por el nuevo Comité Nacional de Deportes (de mayoría negra). En vista de que al año siguiente tiene previsto celebrarse la Copa Mundial de Rugby en Sudáfrica como país anfitrión, Mandela se reúne con el capitán de los Springbox, François Pienaar, y le induce a hacer todo lo posible para que ganen el mundial como medio para unir e inspirar a su país. En ese momento, y a pesar de que nadie considera que los Springbox puedan hacer un buen papel en la competición, Pienaar se esfuerza por llevar el mensaje de unión y superación transmitido por Mandela, y prepara a su equipo para llevarlo a lo más alto del éxito deportivo. Los sucesivos triunfos del equipo nacional contra todo pronóstico sorprenderán y entusiasmarán a todos los estamentos del país, desde los jugadores de la selección, hasta los guardaespaldas personales de Mandela, mientras se va divulgando un mensaje de cooperación que acabará ayudando al país a salir de la complicada situación social de la que se encontraba mientras vemos la clarividencia de una figura cuyo proyecto político se basó en el perdón y no en el odio y la confrontación.

Probablemente al no ser un proyecto tan personal para Eastwood esta película presenta menos claroscuros que otras del mismo realizador. El mensaje, con su final, es claramente optimista; a diferencia de otras cintas, en las que Eastwood no desdeña terribles golpes de efecto que te dejan sin aliento en los compases finales. Lo cual resultó para muchos críticos un defecto en esta cinta, pero para mí resulta un gran acierto, por el buen sabor de boca que te deja después de verla. Es por esto, y por lo extenso de su filmografía, por lo que es uno de nuestros directores favoritos de todos los tiempos. Supo quitarse las etiquetas que como actor de personajes icónicos se le adosaron al inicio de su carrera, y fue capaz de demostrar que también podía hacer cine romántico o drama, o filmar el digno y fabuloso epílogo del género por excelencia del cine americano. Se mueve con pasmosa facilidad por el cine bélico y por el drama contemporáneo. En esta ocasión, se aleja del biopic convencional (no tenemos un relato pormenorizado de la vida de Nelson Mandela, sino más bien un período concreto de su mandato) y lo adereza con un drama deportivo que por momentos derrocha destellos de Carros de Fuego.

Como en otras ocasiones, un partido de fútbol le sirve como excusa para desarrollar una historia que alcanza tintes épicos por suponer algo más que ganar un trofeo; es más bien una lucha por superar las diferencias y el odio interracial, para encontrar algo que sirva como punto de unión e inspiración a toda una nación. No estoy muy al tanto de cuál es la situación actual de Sudáfrica y de cuánto sirvió la labor de Mandela en la unión de su país o de su legado actual; pero desde luego que obviando las posibles licencias cinematográficas o literarias que se puedan haber tomado el bueno de Clint o de Carlin, uno sale del cine con una visión distinta de la vida y de los problemas. La película destila espíritu reconciliador a base del ensalzamiento de la figura de Mandela, y he de reconocer que en determinados momentos llega a poner las emociones a flor de piel. Puede resultar predecible e inverosímil en algunos momentos, pero ver los cambios graduales en el comportamiento inicialmente reticente de los guardaespaldas o del padre de Pienaar, resulta estremecedor. Como ejemplo, que los policías blancos acaben celebrando el triunfo con un niño negro de la calle puede resultar algo forzado, pero yo me quedo con la manera de rodar la escena, a base de sucesivos acercamientos (al principio temerosos, al final descarados). Al final, de lo que habla Invictus es de superación, de esperanza, de pensar más en lo que nos une que en lo que nos separa, de dejar el rencor a un lado y centrarse en construir, no en destruir.

Cualidades todas ellas que se reflejan en Nelson Mandela y al que da fiel reflejo Morgan Freeman, papel para el que había nacido. Su interpretación es magistralmente fidedigna como corresponde a semejante categoría de actor. Atrás quedan papeles suyos como La Hoguera de las Vanidades, Robin Hood, Cadena Perpetua, Sin Perdón, Seven, Batman y un largo etcétera, que nos recuerda la facilidad de cambio de registro que ofrece en cada nuevo papel. Para esta película sonó (y mucho) con fuerza para el Óscar de 2009, aunque finalmente no se lo llevó. Como también ocurrió con Damon, nominado pero no galardonado. En su caso, su interpretación está un escalón por debajo de la de Freeman, pero no creo que se mereciera ser tan denostado por la crítica como resultó. Es cierto que es más plano en sus papeles y no tiene tanta facilidad para cambiar de registro, pero aquí está correcto y el personaje no le exige más que prepararse físicamente y dar la réplica a Freeman. Sobre el resto de secundarios merece la pena rescatar las tensas relaciones entre los guardaespaldas blancos y negros, perfectos en su labor de servir como muestra de la realidad en la población del país.

En definitiva, Invictus es una cinta algo extraña en la carrera de Eastwood por su optimismo desbordante, pero que merece la pena ver por el mensaje que destila a través del personaje que describe, entrando en el terreno de la épica deportiva como medio para superar las diferencias. Con una banda sonora que recuerda por momentos a Sin Perdón, y sin llegar a ser una obra maestra, creo que es merecedora de una nota más alta de la que se le otorgó en su época porque tiene la habilidad de conmover en momentos muy concretos, sobre todo cada vez que se lee las frases del poema de William Henley que da título a la película “Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

Calificación: Muy buena

Lo Mejor: El mensaje de optimismo, superación y perdón que transmite la película. Morgan Freeman está excelente, como siempre.

Lo Peor: Que como toda ficción, se nos nuble la visión de la realidad y pensemos que lo narrado es lo ocurrido realmente.

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí, es un excelente acercamiento a la figura de Mandela, a la vez que deja un buen sabor de boca a la salida del cine.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1057500/combined

Tráiler en You Tube (español):

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