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Película – Atrápame si puedes (revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Catch me if you can

Año: 2002

Director: Steven Spielberg

Guión: Jeff Nathanson

Música: John Williams

Fotografía: Janusz Kaminski

Reparto

  • Leonardo DiCaprio
  • Tom Hanks
  • Christopher Walken
  • Amy Adams
  • Martin Sheen
  • James Brolin
  • Nathalie Baye

Desde luego que las películas de Leo DiCaprio se están convirtiendo en perfectas para revisionarlas, por el hecho de que es uno de los actores del momento y también porque su carrera los últimos diez años ha estado plagada de aciertos en una gran variedad de géneros. A falta de que me atreva con la suprema “Origen”, de Nolan, ya hablé de la estupenda “Diamante de sangre” en su momento; de su papel de villano en “Django Desencadenado”; del protagonista que hacía en la fulgurante “El Gran Gatsby”, y de la alocada “El lobo de Wall Street”. Precisamente la referencia más directa de esta última puede ser esta “Atrápame si puedes” rodada diez años antes. Por tratarse ambas de comedias (menos ligera, más gamberra y de un humor más grueso la cinta de Scorsese que ésta de Spielberg), por tratarse de eventos basados en hechos reales, y por basarse en las memorias de personajes contemporáneos americanos que decidieron burlar al sistema y enriquecerse mediante el camino fácil y la estafa a niveles mastodónticos. Y de alguna manera estos pillos están tan mitificados en ambas cintas que nos caen simpáticos de alguna manera.

Por otro lado, esta película hizo que me volviera a reconciliar con Spielberg, gran director fundamental en el cine actual; su mayor problema es que con cada sucesiva película siempre ha querido hacer la obra definitiva de cualquier género, pecando de un gran egocentrismo y presuntuosidad. Siempre lo digo, su personaje del arqueólogo más famoso es uno de los mejores del cine, pero después tuvo una época muy aburrida en la que se puso demasiado serio con Schindler, Soldados Ryan y similares. Y es en estos momentos en cuanto peca de excesivo aburrimiento, por muy estupendas y lacrimógenas que resulten estas cintas. Afortunadamente, su filmografía se caracteriza por alternar este cine con el blockbuster más comercial, y de vez en cuando tiene grandes aciertos como éste de 2002, al que luego le siguió la increíble y sorprendente Minority Report, todo un hito de la ciencia ficción que se colocó inmediatamente por debajo de la obra maestra del género, Blade Runner. Pero de ella hablaré otro día.

La historia inverosímil pero real de Frank Abagnale Jr, un timador a gran escala que puso en jaque al departamento de robos y falsificaciones del FBI durante los años sesenta en los USA. El joven Frank era todavía un adolescente cuando el matrimonio de sus padres se fue a pique y a la vez perdieron todos sus ahorros. Obligado a ir a un instituto público, este desorden familiar le incita el primer día de clase a hacerse pasar por profesor y descubrir una gran faceta para adoptar y falsificar otras identidades. Cuando sus padres le hacen saber que piensan divorciarse, decide huir de casa y buscarse la vida por su cuenta. Pronto se le acaba el dinero y empieza a falsificar cheques bancarios y de líneas aéreas. Su capacidad de imitar otras personalidades llega al punto extremo de hacerse pasar por piloto de avión para cobrar cheques y viajar gratis de una punta a la otra del país. En ese momento, un agente del FBI llamado Carl Hanratty que trabaja para la división de fraudes bancarios recibe el encargo de poner fin a sus timos. Tras la pista de Frank, Carl le sigue por todo el país e incluso llegará a estar cara a cara con él, sin saber que realmente están buscando a un joven muchacho menor de edad que no ha acabado ni el instituto. Pero la capacidad camaleónica de Frank supondrá hacerse pasar por médico o abogado para salir adelante, conocer a la que pueda ser la mujer de su vida e impresionar a sus conservadores padres, u organizar una fastuosa huida en un aeropuerto internacional totalmente vigilado por agentes federales mediante el reclutamiento de un gran número de vistosas azafatas. A pesar de su escurridiza capacidad de escabullirse, entre perseguidor y perseguido se establecerá un vínculo especial que versará entre la antipatía y el respeto mutuo; y las disfuncionales carencias afectivas sufridas ante la necesidad de complacer a su padre tendrán su compensación con la relación entre Frank y Carl, plasmada a través de una persecución por varios países.

La verdad es que cuando uno ve los créditos iniciales de “Atrápame si puedes” lo primero que haces es frotarte los ojos y comprobar que realmente es una película de Steven Spielberg. La música de John Williams, excelente y en su tono habitual, pero sobre todo las imágenes estilo vodevil años 60 con muñecos dibujados que representan a los dos protagonistas persiguiéndose mutuamente ya nos preparan para el tono alegre y de comedia que presenciaremos durante casi dos horas y media. De hecho, hasta los Simpson parodiaron esta introducción en uno de sus capítulos. En los dos siguientes videos podemos comparar ambos segmentos:

Enlace a la versión de Los Simpsons:

http://www.boreme.com/posting.php?id=9556#.U7y_n_l_uYI

Lo dicho, una de las mejores secuencias de precréditos jamás rodadas, a la altura de los mejores trabajos del especialista del género Saul Bass (y su “El hombre del brazo de oro” de Otto Preminger, por ejemplo).

Después tenemos la historia narrada en forma de flashback que nos lleva directamente al meollo de la cuestión. De nuevo tenemos el gran foco de inquietud de Spielberg que es su preocupación por la familia y todos los problemas que se puedan derivar por los conflictos paterno-filiales. Solo que aquí no están metidos con calzador, sino que representan parte fundamental de la trama y encajan mucho con las motivaciones del protagonista y esa huida hacia delante que lleva durante toda la película. Sólo así se comprende esa necesidad imperiosa de intentar agradar a su padre o a su futuro suegro (interpretado por Martin Sheen) mediante las distintas profesiones por las que se hace pasar. Y siempre está el vínculo que siente con su perseguidor, ambos seres solitarios, que no tienen a quien llamar en Navidad, y que suponen el perfecto recambio familiar como si el personaje interpretado por Tom Hanks fuera el padre adoptivo de un DiCaprio, carente de afecto que cree que lo puede encontrar a base de saltarse las leyes.

Como ya pasó en las reseñas de X-Men que he hecho últimamente, uno de los logros de la cinta es el gran diseño de producción ambientado en los 60; lo que junto a las interpretaciones de los protagonistas y secundarios, y a un argumento que no da un respiro mientras nos desgrana las desgracias emocionales de los personajes, hace que esta película esté envejeciendo muy bien y se vea con agrado hoy en día. Lo cual supone un gran triunfo de un Spielberg que cuando se lo propone, puede divertir y hacer reflexionar a partes iguales sin necesidad de caer en el tópico lacrimógeno o histórico que tan bien se le da hacer de vez en cuando.

Calificación: Muy buena

Lo Mejor: La reflexión que nos brinda acerca de la familia.

Lo Peor: Que le cueste tanto hacer este tipo de cine.

La vería de nuevo: Sí, sus 140 minutos merecen algún visionado más.

La Recomiendo: Sí, dado que su argumento hace que se nos pase volando.

Películas similares: El lobo de Wall Street, La Terminal

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0264464/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El lobo de Wall Street

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

The Wolf of Wall Street

Año: 2013

Director: Martin Scorsese (Taxi Driver, Malas Calles, Uno de los nuestros, Casino, Gangs of New York, Shutter Island, Infiltrados)

Guión: Terence Winter

Basado en el libro de Jordan Belfort

Música: Howard Shore

Fotografía: Rodrigo Prieto

Reparto

  • Leonardo DiCaprio
  • Jonah Hill
  • Margot Robbie
  • Matthew McConaughey
  • Kyle Chandler
  • Jean Dujardin
  • Jon Favreau

Definitivamente, 2013 ha sido el año de Leonardo DiCaprio, tras ser villano de lujo de Tarantino en Django Desencadenado, y protagonista de la función en El Gran Gatsby.  Y todavía le quedaba pendiente de estreno esta sátira alocada y excesiva sobre el mundo de las altas finanzas, basada en una historia real que llevaba varios años empeñado en adaptarla y con la que ha conseguido sacar del retiro al mismísimo Martin Scorsese, quien ha asegurado que se trata de la última película que rodará. Desde luego que el director de Uno de los nuestros y Casino ha llevado a cabo la evolución lógica de los personajes centrales de su filmografía, la quinta colaboración con DiCaprio y convirtiéndole en su musa en toda regla. Si en otras ocasiones mafiosos y matones eran el hilo conductor de la particular visión de América según Scorsese, ahora tenemos a la misma tipología de personajes en el ámbito de las grandes finanzas pero conservando el hálito perdedor y de degradación moral que implica una vorágine autodestructiva de drogas y dinero fácil. Los mafiosos de los casinos se transmutan ahora en engominados agentes de bolsa, pero el transfondo será el mismo. No hay mucha diferencia entre el Robert de Niro de Casino y este DiCaprio de las altas finanzas, con drogas, dinero y rubias fatales de por medio. La novedad ahora es el tono cómico que le ha dado Scorsese, realmente acertado sin caer en ningún tipo de situación forzada ni sin que nos resulte extraño el género en el que nos propone este viaje lisérgico.

La película está basada en las memorias escritas por Jordan Belfort, un joven y ambicioso broker de los noventa que llegó a Wall Street dispuesto a ganarse la vida en los mercados de valores. Empezando desde cero y sin licencia bursátil en una firma de intermediación, ahí conoce a su mentor Mark Hanna, y pronto le enseña los dos grandes secretos del mundillo: que no importan nada las ganancias de los clientes sino las comisiones que se les cobran, y la cocaína como método para tener la mente lúcida y poder aguantar el frenético ritmo que supone trabajar en la bolsa. Sin embargo, al poco de obtener la licencia los cimientos del sistema temblaron con el crack bursátil de 1987, y se vio en la calle buscando otra empresa donde desarrollar la actividad financiera. Con el apoyo de su esposa empieza en una menos glamorosa sociedad de inversiones de baja capitalización, donde todo es más cutre pero las comisiones son mayores y es entonces cuando es consciente del filón para ganar dinero de verdad. Reúne a un grupo de inadaptados sociales a los que enseña el arte de vender por teléfono instrumentos financieros, incluyendo al que será a partir de entonces su más fiel amigo, Donnie Azoff. Donnie no sólo será el contrapunto cómico que evolucionará con Jordan en su desarrollo profesional y económico; también le acompañará en su descenso a los infiernos (o paraíso, según se mire) de fiestas y bacanales con sexo y drogas por doquier, donde el dinero será despilfarrado sin miramientos conforme vaya prosperando la agencia de valores creada desde cero. Los desaforados discursos motivacionales a sus empleados, la locura en que se convertían las oficinas con cada nueva ocurrencia, las nuevas mujeres que iban llegando a su vida, los grandes cochazos deportivos, las mansiones y los yates, hicieron que la revista FORBES le calificara como “el lobo de Wall Street” y le convirtió en el foco de las investigaciones del FBI. La acusación de estafa financiera a sus clientes y blanqueo de dinero planeará sobre Jordan y desde entonces el tira y afloja entre Belfort y la justicia será patente en ese descenso a los infiernos moral y laboral.

Lo que ha hecho Scorsese al adaptar esta historia ha sido alejarse de la visión chulesca y cínica que alcanzó Oliver Stone con la obra maestra de las películas bursátiles, Wall Street, estando más cerca de “Entre pillos anda el juego” (“Trading Places”, 1983), con Eddie Murphy y Dan Aykroyd. En este sentido, vemos como una serie de inadaptados sociales convertidos en alto ejecutivos hacen de la picaresca su modo de vida. A base de hacer a los protagonistas simpáticos y para nada estirados, el director se garantiza que el público simpatice con estos gañanes más parecidos a los matones de Casino que a los sofisticados brokers de Wall Street. Resulta hilarante, por ejemplo, que uno de los corredores que forman parte del equipo de DiCaprio sea Ethan Suplee, el hermano grandote, tontorrón y con pocas luces de la serie “Me llamo Earl”, en un papel que no tiene ni una sola frase pero que no hace más que permanecer en segundo plano continuamente y desviando la atención en todo momento.

En general la cinta rinde a unos niveles muy altos de calidad. Es por esto que tiene tres fallos que considero que resalten más. En primer lugar, su excesiva duración. Son tres horas de metraje que para mucha gente pasan rápidamente, pero que a mí me resultaron excesivas. Quizás con media hora ó 40 minutos menos hubiera sido perfecta, quitando algunas escenas que no aportan nada a la resolución del argumento (pero que aportan grandes carcajadas, eso sí).

El segundo defecto que le veo es el exceso de drogas, puteríos e infidelidades que nos brinda la película. Sabemos que Scorsese no se caracteriza por mostrarnos el lado tierno y melindroso de la vida, y que él mismo no ha sido un monje de clausura. Pero llega un momento que ya aburre ver esnifar cocaína encima de mujeres desnudas; así como también cansa la desastrosa vida amorosa del protagonista consecuencia de una falta total de moralidad, que a mí personalmente hace que no sienta lástima por el final al que se enfrenta. Será que yo soy un idealista, pero creo firmemente que se puede llevar una vida exitosa en lo profesional sin traicionar tus principios, ni dejarte vender por el dinero fácil (lo que no quita que se pueda ganar dinero).

Lo que me lleva al tercer defecto principal de la película, algo habitual en el cine de hoy en día en el que la realidad actual se ha visto golpeada por la crisis financiera global en la que nos hemos sumergido. De hecho, la relectura de los “malvados mercados” como causantes de la crisis actual me irrita tremendamente por lo demagógico de la totalidad de las propuestas actuales; desde el subgénero creado con propuestas como “Margin Call”, “Inside Job” o “Wall Street: el dinero nunca duerme”, hasta películas aparentemente ajenas al tema como “Millenium” o “Los juegos del hambre”, donde los malos de la función son financieros o ricachones causantes de la pobreza actual mientras ellos se lucran aún más. Para los entendidos en finanzas, las operaciones y situaciones presentadas en “El lobo de Wall Street” están vagamente descritas y hace uso continuo del recurso fácil del narrador de despachar las explicaciones farragosas aduciendo que el espectador no entenderá nada de OPVs y demás. En ningún momento se explica en qué consisten los fraudes que comenten (aunque el DiCaprio narrador nos deja claro que engañan a los clientes continuamente). Básicamente usa la técnica contraria a Margin Call y el resto de películas arriba mencionadas: la descripción minimalista del ambiente bursátil, frente al exceso de tecnicismos abigarrados que dejan al espectador confundido y perplejo (y que no tiene más intención que confundir al oído experto). En este sentido, Wall Street (1987) sigue siendo la reina en retratar el mundillo con pinceladas fugaces y a la vez certeras y verosímiles.

Pero si obviamos estos tres defectos y vemos a la cinta con la adecuada distancia moral (y no como un dogma de actuación vital, como hay que hacer con el resto de la filmografía de Scorsese) nos encontraremos con una de las mejores películas de los últimos meses, con un DiCaprio inmenso como actor que confirma su plenitud artística (algo de lo que ya hablé en Diamante de Sangre o El Gran Gatsby) y su capacidad para destacar frente a sus rivales en el olimpo actoral (sobre todo frente a Tom Cruise y Brad Pitt, los otros dos grandes divos atractivos con los que se lleva batiendo el cobre las últimas dos décadas de taquillazas). Aquí está mucho más gracioso que en “Atrápame si puedes”, y más físico que nunca: salta, grita, se enfada, da discursos, baila, se arrastra, gatea,… Y todo ello sin perder la compostura ni la dignidad (algo de lo que, por ejemplo, Ben Stiller no podrá hacer jamás, como comenté en mi anterior reseña). Los puntazos cómicos que nos ofrece la película son innumerables; y en el saco también hay que meter a Jonah Hill, auténtico gran descubrimiento de la cinta y sin el que la mitad de las escenas en las que nos tronchamos no tendrían tanta gracia (el momento en que conoce a la rubia Naomi en la fiesta es brutal, y así tenemos una docena de situaciones). Hasta Matthew McConaughey está increíblemente brillante, con su personaje pasado de vueltas que solo sale en los diez primeros minutos; o el otro descubrimiento de la película, Margot Robbie (vista hace poco en un pequeño papel en “Una Cuestión de tiempo”), actriz que está en boca de todo el mundo (y no es de extrañar viendo las sugerentes escenas que nos ofrece).

En definitiva, Scorsese nos presenta una excesiva e hilarante historia que retrata la adicción que produce la mayor de las drogas: el dinero (con el que se pueden comprar otras drogas y el resto de las cosas como coches, yates, sexo y amigos). Es excesiva a todos los niveles, pero lo bueno que tiene es que después de esbozar las triquiñuelas de la bolsa y la degradación moral de sus trabajadores, nos señala que nadie esta exento de caer en las mismas trampas que la codicia sin límite nos impone. Da igual que sean millonarios de buena familia o gente de a pie, todos se ven corrompidos ante la perspectiva de ganar dinero aunque sea a costa del engaño ajeno. Y en este sentido, la escena final con que se cierra “El lobo de Wall Street” es totalmente reveladora de este aspecto, y sintetiza de manera genial todo lo que hemos visto durante los anteriores 178 minutos de la película. Recomiendo verla.

Calificación: Muy buena/Excelente

Lo Mejor: DiCaprio está inmenso en su papel cómico; los puntazos de comedia se cuentan a pares, gracias también a Jonah Hill.

Lo Peor: La duración puede resultar excesiva al divagar en determinados momentos centrales de la cinta. La apología de las drogas y las infidelidades resultan tan excesivas como moralmente reprobables, y en ningún momento nos da una lección sobre lo inadecuado de estas conductas.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sin duda.

Películas similares: Wall Street, El gran farol, Casino, Atrápame si puedes, Entre pillos anda el juego.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0993846/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El Gran Gatsby

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Año: 2013

Director: Baz Luhrmann (Romeo & Julieta de William Shakespeare, Moulin Rouge, Australia)

Guión: Baz Lurhmann, Craig Pearce

Basado en el libro de Francis Scott Fitzgerald

Música: Craig Armstrong

Fotografía: Simon Duggan

Reparto

  • Leonardo DiCaprio
  • Tobey Maguire
  • Carey Mulligan
  • Joel Edgerton
  • Elisabeth Debicki
  • Jason Clarke

Cuando un director como Baz Lurhmann se hace cargo de un proyecto, podemos esperar todo un festival de excesos visuales y artísticos. Si este proyecto se trata de una de las obras magnas de la literatura  norteamericana del siglo XX, sobre los excesos de una clase social y el inicio de una nueva era, podemos pensar si nos hará olvidar todas las versiones cinematográficas anteriores rodadas hasta la fecha. Yo personalmente tenía mis dudas, visto la exageración de musical que hizo en Moulin Rouge. Al final, el resultado ha sido una obra -algo- más reposada que sigue fielmente la novela de Fitzgerald, aunque el sello Lurhmann orbita constantemente por la cinta (como es natural, por otro lado). Y, en el fondo, es bastante normal que se haya hecho cargo de esta historia amor tan similar a sus anteriores filmes.

De El Gran Gatsby me había leído una versión reducida del libro en inglés para estudiantes intermedios, y es de las que más me acuerdo que me hayan influido con el paso de los años. La novela de Fitzgerald siempre me había cautivado no tanto por la historia de amor que cuenta, sino por la estructura novelística en que se desarrolla la trama y por el desencanto que transmite;  una unidad temporal que transcurre a lo largo de un verano, donde las emociones y los sentimientos van incrementándose gradualmente hasta que llega “the hottest day in the summer”, como título del capítulo en el que ocurre el clímax de la trama. También es cautivante el sobrenombre del grupo de escritores al que perteneció el autor, conocidos como la “lost generation”, la generación perdida (denominación usada de nuevo con motivo de la crisis de los últimos tiempos), que tuvieron su esplendor en el periodo de entreguerras siendo fiel reflejo de la felicidad y el consumismo desmedido de aquella época, así como de la desilusión de los años que vinieron después.

 Se habían hecho otras cuatro versiones de la obra, siendo la película de 1974 de Jack Clayton la más conocida por tener a un Robert Redford en su época de mayor esplendor vital, junto a Mia Farrow. Desde luego que es más reposada que la versión que ha rodado ahora Luhrmann, sin caer demasiado en los excesos típicos de los años 70. Es por esto por lo que tanto director como el actor DiCaprio lo tenían difícil para hacer olvidar esta magnífica versión; aunque al final se ha hecho un producto algo diferente que complementa esta versión setentera que no alcanzó tanta notoriedad en su día como hubiera merecido esta obra. He aquí la principal razón para este remake que, a priori, se me antojaba innecesario si no hubiese sido Luhrmann el principal artífice de esta versión.

Un joven llamado Nick Carraway se encuentra en un psiquiátrico intentando curarse de sus adicciones y superando sus problemas vitales cuando el doctor le recomienda que escriba sobre aquello que le angustia. Es entonces cuando reconoce que no le tiene estima a ninguna persona que haya conocido antes excepto a Jay Gatsby, el único tipo íntegro, optimista y con una gran fuerza vital, y se decide a escribir sobre él y sobre cómo le conoció. Es así como empieza la historia del verano de 1922. Nick Carraway, proveniente del medio oeste deseoso de probar fortuna en la ciudad de las oportunidades,  se ha ido a trabajar como agente de bolsa a Nueva York, y alquila una pequeña casa al lado de las mansiones multimillonarias de Long Island. Estamos en los felices veinte, y el dinero corre a espuertas, la gente adinerada sólo quiere pasarlo bien y olvidar los rigores de la última guerra. Las fiestas en estas urbanizaciones son frecuentes aunque las de la casa de al lado de Carraway suelen ser las más famosas de la zona. Nadie conoce a dueño y muy pocos de los asistentes están realmente invitados, pero el nombre de Gatsby resuena en todas las bocas con un halo de misterio mientras el alcohol fluye, la música suena y los rumores se suceden. ¿Quién es el enigmático dueño de la mansión con las fiestas más grandiosas? ¿De dónde ha sacado su fortuna? ¿A qué se dedica? ¿Dónde estudió? ¿Qué hizo durante la guerra? Mientras tanto, la soñadora prima de Nick, Daisy Buchanan y su infiel marido Tom, que viven al otro lado de la bahía, le introducen en este mundo de fiestas despreocupadas y moralidad laxa, y le presentan a Jordan Baker, una joven deportista con el ánimo de que inicien una relación amorosa. Una noche coinciden ambos en una de las grandiosas fiestas de Gastby, y será en ese momento en el que nuestro protagonista conozca a su vecino y anfitrión. Gatsby y Carraway se harán amigos y conocerá de primera mano el origen de este misterioso personaje, de manera que pronto entenderá la razón de todas estas pomposas  y excesivas fiestas: Daisy Buchanan.

Con este punto de partida Fitzgerald hacía una crítica a la sociedad estadounidense y occidental de principios del siglo XX y de la decadencia moral que precedió a la gran depresión, como visionario involuntario de la primera gran crisis capitalista. Dado los tiempos tan revueltos que vivimos, parecería adecuado retomar esta historia para adaptarla a la época que vivimos y hacer una relectura en clave actual.

Sin embargo, Lurhmann va más allá y nos ofrece un relato acerca del optimismo y la integridad del ser humano, donde los oscuros negocios de Gatsby no empañan su empeño por alcanzar esa luz verde que luce al otro lado de la bahía, símbolo de un estatus social que le servirá para llegar a su primer y único amor. Al igual que en Romeo y Julieta, y Moulin Rouge, tenemos otra gran tragedia amorosa condenada de antemano, que intenta ser una puesta al día de los anhelos humanos y sentimentales.

Para ello, el director presenta una versión hipervitaminada en la que opta por el camino de en medio y se toma algunas licencias creativas (mostrarnos al personaje de Carraway como escritor de la historia) que hace que nos dé más mascada la historia explicando de manera explícita algunas vertientes del argumento y de la personalidad de los personajes. Por ello, me gusta cómo nos muestra en planos secuencia aéreos una visión de la ciudad de Nueva York y de las mansiones de Long Island, con el valle de las cenizas entre medias como símil de los distintos estratos de la sociedad neoyorkina. Por el contrario, como si las nuevas generaciones no fueran a entender determinados momentos de la trama, ahí tenemos al autor omnisciente explicándonos que la tristeza que siente Daisy al volver a ver a su gran amor no es por la ropa que tiene, si no por el tiempo desperdiciado que ya no volverá. Quizás son estos momentos en los que le sobra a Lurhmann dar demasiadas explicaciones, igual que las letras sobreimpresas en pantalla de la novela que va escribiendo un Carraway transmutado en Fitzgerald, algo que a mí me sobró del todo por intentar impregnar a la cinta de una poética pretenciosa, totalmente innecesaria dado el excelente material novelístico del que partimos. Es quizá por ello por lo que los últimos momentos de la cinta se hacen demasiado pesados para mi gusto, empañando una película que hasta el momento ha sabido avanzar de manera más o menos rápida.

Con El Gran Gatsby, continua DiCaprio con su buena racha de interpretaciones magistrales, dado que hace que se disipen todas mis dudas iniciales sobre si haría olvidarme de la interpretación que hizo Redford en el 74. Si bien el protagonista de El Golpe todavía sigue en mi imaginario colectivo como el misterioso multimillonario, DiCaprio está a la altura del mismo y hace que elegir entre uno u otro se antoje más difícil que cuando nos preguntan si queremos más a papá o a mamá. Estamos ante la etapa de madurez del actor (ya lo dije en Diamante de Sangre), ante un año que lo ha tenido plagado de estrenos como Django Desencadenado (y todavía pendiente de estreno The Wolf of Wall Street). La elección de Mulligan como Daisy también me parece bastante acertada por el carácter soñador y etéreo que le imprime a un personaje que continuamente está en una nube de algodón, si no fuera por las bofetadas de realidad que le propina su marido a base de infidelidades. Cuando está junto a DiCaprio se produce una química bastante oportuna, y no hay más que ver la escena del primer encuentro entre los amantes para corroborarlo (una vuelta de tuerca estilo Luhrmann, por otro lado, totalmente reminiscente con la de Romeo y Julieta). También es agradable ver a Maguire en pantalla, aunque el papel de Carraway no le ofrecía muchas dificultades puesto se acerca bastante al tipo de personajes que suele interpretar, siempre en medio de todo pero sin tener muy claro que hace ahí. Quizás por eso no pegan demasiado los momentos iniciales donde se le ve en una actitud más cínica de lo normal, y que en la novela inicial no existían.

Por lo tanto, y aunque a ratos sea un espectáculo megalómano y excesivo en su planteamiento visual y artístico, la versión Luhrmann de El Gran Gatsby está a la altura de su referente novelístico y de la versión setentera, con algunas licencias artísticas que funcionan en determinados momentos (en otros no eran necesarias) y que, salvo un clímax-desenlace en el que se detiene demasiado, funciona correctamente como adaptación actual de la gran novela sobre el sueño americano.

Calificación: Buena/muy buena

Lo Mejor: La pareja DiCaprio – Mulligan. El espectáculo visual que nos propone Luhrmann

Lo Peor: Se detiene demasiado en dar explicaciones, como si tuviera miedo de que haya detalles de la trama que no se capten en un primer momento.

La vería de nuevo: Probablemente

La Recomiendo: Sí.

Películas similares: Chicago, Moulin Rouge, El Gran Gatsby (versión de 1974),

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1343092/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Diamante de Sangre (Revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Año: 2006

Director: Edward Zwick (Leyendas de Pasión, El Último Samurai, Resistencia, Amor y Otras Drogas)

Guión: Charles Leavitt

Música: James Newton Howard

Fotografía: Eduardo Serra

Reparto

  • Leonardo DiCaprio
  • Jennifer Connelly
  • Djimon Hounsou
  • Arnold Vosloo
  • Michael Sheen

Diamante de Sangre es una película de 2006 dirigida por Edward Zwick, director de Leyendas de Pasión y El Último Samurai. He querido escogerla como objeto de revisión dado que pasó semi inadvertida en su día y no es considerada por la mayoría de la crítica como una gran obra. Sin embargo, creo que es una pequeña joya del cine de aventuras ambientada en África con mensaje de denuncia humanitaria que no cae en sermones baratos, y que hizo que en su día Leonardo DiCaprio demostrara su carisma como actor para despegarse de la etiqueta de chico guapo que sólo presta su cara bonita en el taquillazo del momento. Fue con esta cinta y con algunos títulos de la época con los que maduró a nivel interpretativo, dándonos títulos de tanta calidad como Atrápame si puedes, Infiltrados, Shutter Island o la sobresaliente Origen.

Edward Zwick estaba en estado de gracia cuando rodó esta cinta. Ya había demostrado su capacidad de trabajo con ídolos multitudinarios de Hollywood en Leyendas de Pasión y El Último Samurai. En la primera, teníamos un vehículo para el lucimiento de Brad Pitt, en una película diseñada específicamente para provocar histeria en el público femenino. En la segunda, intentó profundizar en el mensaje y la trama con un Tom Cruise algo más guerrero de lo habitual, pero resultó excesivamente densa en el metraje y no fue difícil que acabara cayendo en el olvido. Sin embargo, dio en la diana cuando se decidió a dirigir y producir Diamante de Sangre. Supo superar los defectos de sus títulos anteriores para realizar una cinta de aventuras eminentemente divertida, ambientada en el peligroso y conflictivo África contemporáneo y con una denuncia social subyacente que hace que se tome en serio más que a otros títulos de evasión que pudieran parecer más mundanos y superficiales. La película optó a cinco premios Óscar en la ceremonia de 2007, incluyendo nominaciones al mejor actor y mejor actor secundario, pero no fructificó en ningún galardón.

La historia está ambientada en 1999, durante la década con el conflicto bélico que asoló Sierra Leona. El protagonista es Salomon, un pescador de una aldea que vive con su mujer y sus tres hijos, hasta que un día las fuerzas rebeldes atacan la aldea y masacran a sus habitantes. Su mujer consigue escapar con sus hijas, él es capturado y forzado a trabajar en las minas de diamantes, y su hijo es reclutado como parte de las terribles milicias infantiles, un ejército de niños soldados a los que les lavan el cerebro para cometer las mayores atrocidades en nombre de la rebelión. Por casualidad, Salomon descubre un diamante gigantesco, uno de esos que se ven raras veces y que le pueden cambiar la vida a su poseedor, y tras esconderlo, consigue escapar de los campos de trabajo forzados. Su camino se cruzará con el de Danny Archer, un buscavidas nacido en Rhodesia y antiguo militar del ejército sudafricano, que se dedica al tráfico de armas y diamantes como medio para salir algún día del continente africano y empezar una nueva vida. Por supuesto, cuando Archer se entere del descubrimiento del diamante de Solomon, intentará por todos los medios asociarse con él y buscarlo en las montañas de Sierra Leona. El caos producido cuando la capital, Freetown, sea tomada por las fuerzas rebeldes, les permitirá emprender la búsqueda; y la ayuda que recibirán de Maddy Bowen, una reportera de guerra americana que busca escribir el artículo definitivo sobre la catástrofe humanitaria en África, será clave para abrirse camino en medio de un país asolado por la guerra y el saqueo de los recursos naturales. Los humanitarios motivos que mueven a Maddy chocarán con la falta de escrúpulos de Archer por enriquecerse y con la obsesión de Solomon de encontrar a su familia. La mezcla de semejante conflicto de intereses desembocará en una búsqueda épica a través de un país desolado y peligroso. Pero incluso en este mundo apartado de Dios, donde la violencia más descarnada campa a sus anchas, todos aprenderán algo del resto, aunque sea la dificultad para dejar un continente donde hasta la tierra es de color rojizo, como metáfora de toda la sangre que se ha derramado a lo largo de su historia.

De esta película me gustan las aspiraciones con las que se mueve. Zwick ha realizado una cinta de aventuras con la acción dosificada y justa, nada de fantasmadas rodadas a golpe de presupuesto. El personaje de DiCaprio está muy bien perfilado, un ex-mercenario del ejército sudafricano que engaña más de lo que al principio parece. Uno puede pensar en un primer momento que interpretará el típico papel de norteamericano sobrado y vacilón, que al final se lleva a la chica y que está por encima del bien y del mal. Pero mientras va avanzando el metraje se nos va desvelando parte de su pasado y de sus motivaciones. Su actitud sigue siendo igual de cínica, sólo que ahora ya sabemos que tiene las mismas razones que el resto de la gente de color para considerarse africano, por haber nacido, crecido y luchado en el continente, mientras era apartado de su familia a temprana edad. Tiene los clichés típicos del anti-héroe egoista, para acabar redimiéndose al final y ser entronizado dentro de la categoría de la épica moderna (su foto en el reportaje de Maddy). Lo que digo, aquí DiCaprio empezaba ya a dar muestras de madurez confirmándose como uno de los grandes del sector, adecuado para cualquier tipo de papel.

La elección de Djimon Hounsou para el papel de Salomon también fue muy acertada puesto que borda el papel de pescador chabolista africano. Sus momentos de desesperación y rabia por todo lo que le han hecho a él y a su familia son totalmente creíbles. Nos transmite el drama diario de millones de familias africanas que se ven abocadas a emigrar por la conflictividad de sus países. El trío protagonista se completa con Jennifer Connelly, una actriz que cada vez que aparece en una cinta eleva la categoría actoral con su sola presencia, demostrando que el Óscar que ganó por Una Mente Maravillosa no fue casualidad. A uno le hace añorar más papeles suyos en el Hollywood actual, dado que la frescura que demuestra aquí como periodista nos hace preguntar porqué no cuentan con ella más directores para otros trabajos.

Como no podía ser de otra manera, estando rodada en África, en ocasiones la dirección de fotografía se centra en los preciosistas y variados paisajes que ofrece el continente, estando al nivel de Memorias de África. Hacía años que no veíamos una película donde pudiéramos decir que  se ha plasmado la belleza de África como en ninguna otra. La naturaleza en su esplendor, como contraposición a los momentos de crueldad que vivimos en las escenas de acción. La banda sonora con toques étnicos ayuda a la inmersión en los escenarios, la historia y la idiosincrasia de aquellos pueblos.

Todo ello da como resultado una película que se mueve perfectamente entre el género de aventuras y el cine con mensaje. En ningún momento da lecciones de moralidad ni es ingenua con el tema que trata. Sabemos que vivimos en un mundo con desigualdades, y muchas de éstas se sustentan con nuestro modo de vivir. Se denuncia el tema de los diamantes de sangre, aquéllos que financian conflictos  y que hace que se perpetúen los abismos que median entre el primer y el tercer mundo. Pero en ningún momento apela al buenrollismo ingenuo del espectador. Se buscan culpables, y como siempre, hay un malvado y avaricioso empresario occidental al que echarle la culpa. Pero no deja de insistir en que los países africanos tienen muchos culpables africanos en todos los estamentos, siendo el indígena de a pie el que acaba sufriendo todas las desigualdades del sistema. Y por muchos reportajes que se escriban en las revistas más glamorosas y concienciadas de occidente, poco se puede hacer desde la otra parte del mundo para cambiar un sistema que está corrupto desde sus mismos cimientos, si el cambio no empieza desde ellos mismos.

En definitiva, una cinta más que digna que pasó desapercibida en su estreno (o inmediatamente después de él) pero que merece rescatarse para disfrutarla un par de horas. Mucho mejor opción y mejor rodada que la mayoría de películas que inundan la cartelera, su trasfondo le da un aire de seriedad que hace que el espectador tenga motivos para la reflexión. Como dice un personaje: “no hay hombres buenos y malos, son los actos los que los definen”.

Calificación: Muy buena

Lo Mejor: La factura con que está rodada. Es solvente, es ágil, y el ritmo de la cinta no decae en ningún momento. Es la aventura en su estado más puro (con permiso del dr Jones), y la trama está sabiamente distribuida a lo largo de los acontecimientos que se van presentando.

Lo Peor: Que hay otros títulos peores que pasan menos inadvertidos que estas pequeñas maravillas del cine.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí, es una buena mezcla de cine de evasión con denuncia social.

Si quieres comprar el DVD (junto con otras 2 películas: Red de mentiras e Infiltrados)

Red de mentiras + Diamante de sangre + infiltrados [DVD]

Películas similares: La Reina de África, Memorias de África, Hotel Rwuanda, Amar Peligrosamente, El jardinero Fiel, El último Rey de Escocia, Tras el Corazón Verde, La Joya del Nilo

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0450259/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Django Desencadenado

CartelCine Django vBlanca.ai

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Año: 2012

Director: Quentin Tarantino (Reservoir Dogs, Pulp Fiction, Kill Bill, Malditos Bastardos)

Guión: Quentin Tarantino

Reparto

  • Jaimie Foxx
  • Christoph Waltz
  • Leonardo DiCaprio
  • Kerry Washington
  • Samuel L. Jackson
  • Don Johnson

Me temo que a Tarantino no le tengo muchas simpatías. A la hora de hacer reseñas de películas me considero muy condescendiente con la mayoría de títulos, les doy una oportunidad a casi todos porque creo que muchas veces lo merecen. Siempre hay algo positivo en casi todas las películas e intento liberarme de prejuicios. Pero tengo unos pocos realizadores y géneros en mi lista negra, y junto con los hermanos Coen -aburridos y lentos hasta la médula- Tarantino es de aquellos que no recomendaré nunca pagar por ver sus películas. Es más, no suelo estar a favor de la piratería, pero en este caso haré una excepción porque creo que no merece ni mi dinero ni el del resto de la gente.

Creo que Tarantino está excesivamente sobrevalorado, desde Sundance y Reservoir Dogs. Él lo sabe y se lo tiene creído. Es engreído y prepotente en lo personal, y si la industria no le premia lo que hace es sacar a pasear sus deslenguados comentarios y no dejar títere con cabeza, para que por lo menos se lleve la etiqueta de enfant terrible e ir de realizador sobrado tangencial con el mercado.

Es engreído y prepotente en lo fílmico, porque se piensa que cualquiera que se siente en una butaca tiene que aguantar más de dos horas de metraje con diálogos lentos y estirados como un chicle, alargando la tensión de escenas que sabes que van a acabar mal, con sangre y vísceras salpicando las paredes. Si eso no se lo perdono a Kubrick (que éste sí que tiene un pase, y por lo menos tiene el buen gusto de no mostrar gore), menos a él ni a los Coen. El tema de mostrar violencia explícita dando un festival de hemoglobina en pantalla también demuestra lo mediocre que es como director. En vez de sugerir y demostrar delicadeza, que sería lo difícil, se sumerge en lo más bajo de la serie B de todos los tiempos pretendiendo causar emociones en forma de impresión desagradable al espectador con sus tomas explícitas.

Lo peor de todo es que lo disfraza de homenaje a la serie B y a los subgéneros fílmicos (en este caso mezcla el espagueti-western con el cine blaxploitation negro de los 70), y para ello recubre sus películas de una pátina de cutrez y casposidad falsamente lograda, dando una presuntuosa sensación de conocimientos del cine de bajo presupuesto de otras épocas. La diferencia está en que el sentido de hacer una película de serie B es la falta de dinero y medios, mientras que sólo con el presupuesto de sangre falsa que utiliza una cinta de Tarantino se podrían rodar varias películas. Y sin embargo, resulta sonrojantemente estúpido verle realizar un zoom precipitado de primer plano con un falso movimiento de cámara amateur. Mil veces mejor presenciarlo en una cinta de Sergio Leone o -nos ha fastidiado- al George Roy Hill de El Golpe.

Tampoco soporto esa manera de tomar por tontos a los espectadores a base de hacer a los villanos repelentes. Nazis muy malos, terratenientes esclavistas y racistas, asesinos sin escrúpulos… Polariza a sus personajes malvados, lo que carga de razones al protagonista de la función para tomarse la justicia por su mano, haciendo que el público empatice y desee el momento último de violencia gratuita. Me encanta el cine de acción y los protagonistas duros, pero odio esa manera de manipular a la audiencia.

Hasta el momento se habrá comprobado que no he mencionado casi nada en concreto de la película objeto de crítica, ni falta que hace. Todo lo que estoy diciendo se aplica a Django Desencadenado y a toda su filmografía, a priori, dispar. Pulp Fiction se salvó la primera vez que la vi, pero después de ir pasando por otros títulos del director (sobre todo Death Proof) desistí y me prometí no volver a darle ninguna oportunidad. La siguiente revisión que hice de Pulp Fiction, me di cuenta que la gracia de la película eran los segmentos desordenados temporalmente de la historia, y para eso lo hace mil veces mejor Christopher Nolan en Memento, sacando menos sangre en pantalla, yendo más al grano y presuponiendo más inteligencia al espectador. Antes que recomendar Malditos Bastardos, sugiero al espectador la coetánea Valkiria. Y si lo que buscan es un revival del western, es mil veces mejor Sin Perdón, con la misma violencia pero con mejor gusto, y un homenaje en toda regla a todas las películas del género.

El argumento es lo de menos. Django es un esclavo negro de la América sudista previa a la guerra civil. Es liberado por el doctor Schultz, un falso dentista alemán que es en realidad un cazarecompensas. Django decide asociarse con él con el fin de ganar un dinero e ir en busca de su esposa Broomhilda, vendida al dueño esclavista de una plantación llamado Calvin Candie. El papel que representarán los dos asociados, siendo Django un negro en libertad en un mundo donde no se les permite ni montar a caballo, causará revuelo y sorpresa. Lo cual no será óbice para pegar tiros por doquier y hacer reflexiones sobre el racismo pasado y presente en los USA, en el viejo Oeste en general y en el género cinematográfico del western en particular.

Ku Kux Klan, plantaciones de algodón, peleas clandestinas, tiroteos,… hasta el personaje de Samuel L. Jackson es sintomático del tema del racismo que se trata, básicamente por comparación, con el resto de películas de género o temática similar, sin protagonistas de color reseñables en ningún papel (salvo Lo que el viento se llevó). Tarantino se erige en defensor de la causa anti-racista investido con un autoesgrimido rigor histórico (ya lo hizo en Malditos Bastardos) y que, contradictoriamente, le da un look a su protagonista más parecido a Wild Wild West o a Matrix (no digo que no existiesen, pero ¿qué precio tendrían unas gafas de sol en aquella época?).

No es que me esté poniendo a favor del esclavismo, por supuesto. Pero esa manía de ser más blaxploitation que Spike Lee hace que se acerque más a las maneras forzadas de Eddie Murphie por meter gente de raza negra en la temática de películas donde nunca la ha habido (son más realistas películas como “El Sargento Negro”). Y que encima me lo disfracen de verosimilitud, pues como que no trago, oiga.

Algunos de los actores no lo hacen mal, pero si la película es mala no es culpa suya. Chris Waltz es buen actor y hace un buen trabajo; su personaje es agradable y cae muy bien (al contrario que en Malditos Bastardos),  pero a estas alturas no me dan gato con liebre y veo más allá del guión que le han puesto en bandeja. Jaime Foxx realiza una penosa interpretación creyendo que ni el mismísimo Will Smith o Denzel Washington le superarían, pero en la segunda parte del metraje se desprende de la careta de tembloroso pistolero del inicio para pasar a ser un vengador sin escrúpulos bastante inverosímil (ya no te digo nada del personaje de su esposa). Mención especial a uno de los habituales cameos del director, que se me atragantó cuando lo vi. A ver cuando se da cuenta de que no es Hitchcock y que éste, además, tenía la consideración de no tener más afán de protagonismo -ni diálogo- de lo necesario.

Por lo menos nos queda DiCaprio. Actor que me ha demostrado con creces que es capaz de salir del club de los guapos para aprovechar su tirón en pantalla y hacer cosas interesantes. Ya puso en boga su valía en la temprana A quién ama Gilbert Grape. Nos hizo creer que era el eterno ídolo para jovencitas en Titanic. Me hizo reconciliarme con Spielberg en la divertida Atrápame si puedes; pero desde luego que fue en Diamante de Sangre donde me cautivó (y se consagró en mi opinión), haciendo una gran interpretación que desde lejos parecía otro típico papel de chuleras protagonista. Y Origen, confirmó que era capaz de llevar el peso de un thriller de matrícula de honor. Aquí es el villano repelente, sin mérito por lo que ya he dicho antes, pero si leemos entre las líneas de su interpretación, vemos unos ademanes de actor profesional (ese ligero amaneramiento, por ejemplo). Y si además le sumamos el hecho de que no se llevó muy bien con el director durante el rodaje (debieron de llegar a las manos), ya acaba de gustarme del todo.

En definitiva, recomiendo no perder el tiempo ni el dinero. Mucha sangre recubierta de poesía barata; diálogos interminables que llevan la tensión hasta límites insoportables; personajes inverosímiles; relectura del western a su manera; casposidad pretendida -y pretenciosa- de serie B en el montaje, en los planos y en la banda sonora; homenaje a subgéneros que no deberían homenajearse (más bien superarse para intentar hacer mejor cine);… Todo esto da como resultado mi primera reseña con una nota francamente mala.

Calificación: Muy mala.

Lo Mejor: DiCaprio, Chris Waltz y, a ratos, Samuel L. Jackson.

Lo Peor: Todo. Básicamente lo resumo en mi último párrafo.

La vería de nuevo: Ojalá que no vuelva a ver nada de este director, pero sé que no será así.

La Recomiendo: No. Ya he dado otras alternativas a su cine. En este caso en concreto, la excelente Sin Perdón.

Películas similares: Sin Perdón (obra maestra de Eastwood que también tiene de coprotagonista a una persona de raza negra, más verosímil); Grupo Salvaje (Sam Peckhinpack fue pionero con la violencia en el western); La muerte tenía un precio; El bueno, el feo y el malo; El sargento negro (John Ford también era creíble con el tema del racismo en el Oeste en esta cinta); Lo que el viento se llevó (una joya que nos muestra sin tanta parafernalia la situación esclavista de la época); Kill Bill (por la historia de venganza sangrienta que narra Tarantino, también malísima); Wild Wild West (por lo anacrónico de las situaciones y personajes del Oeste)

Ficha en IMDB: http://www.imdb.es/title/tt1853728/

Tráiler en You Tube (español):

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