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Dune – Frank Herbert

Reseñado por Bitterblink

Frank Herbert no era un escritor de ciencia ficción que un día decidió inventar un desierto. Antes que nada era un periodista con una curiosidad casi obsesiva por los ecosistemas: pasó años documentándose sobre dunas costeras y proyectos contra la erosión en Oregón, y de ahí nació Arrakis. Herbert construyó primero el planeta —su clima, su ecología, los gusanos de arena y la especia— y después dejó que la política, la religión y la genética se desarrollaran sobre esa base. Esa mirada de ecólogo es una de las claves que distingue a Dune de la space opera de su época: Arrakis no es un decorado, sino un personaje con reglas propias que condiciona todo lo demás.

El resultado fueron siete años de trabajo y un manuscrito rechazado por más de veinte editoriales por su extensión y por lo poco convencional de una space opera construida sobre ecología, religión y política. Finalmente, Chilton Books —conocida sobre todo por sus manuales de automóviles— la publicó en 1965, después de su serialización en Analog. La apuesta salió redonda: Dune ganó el Nebula a la mejor novela en 1965 y compartió el Hugo en 1966, convirtiéndose con el tiempo en una de las obras más vendidas de la ciencia ficción.

Herbert continuó desarrollando ese universo hasta completar, antes de su muerte en 1986, una hexalogía que se aleja progresivamente de la aventura de la primera novela para profundizar en el poder, el mesianismo y la evolución humana a lo largo de milenios. Una saga que —como comento más abajo— he tenido la suerte, y la paciencia, de leer completa.

Sinopsis

El duque Leto Atreides recibe del Emperador el control del planeta Arrakis, el único lugar del universo donde se produce la melange, la especia que hace posible los viajes interestelares y que prolonga la vida y expande la mente de quien la consume. Es un regalo envenenado: los Atreides sustituyen en el feudo a sus enemigos jurados, los Harkonnen, que no piensan renunciar a Arrakis sin pelear. Junto al duque viajan su concubina, la Bene Gesserit Lady Jessica, y su hijo Paul, un adolescente entrenado desde la cuna en el combate, la política y unas disciplinas mentales que lo acercan, sin que él mismo lo sepa del todo, a algo más que humano.

Cuando la traición golpea a los Atreides, Paul y Jessica se ven obligados a huir al desierto y a refugiarse entre los Fremen, el pueblo nativo de Arrakis, curtido por siglos de vivir con el agua racionada y la muerte acechando entre las dunas en forma de pavoroso y gigantesco gusano de arena. Ahí, entre profecías sembradas siglos atrás por la propia Bene Gesserit, la explotación descarnada de la especia y las maniobras del Emperador y sus temidos Sardaukar, Paul empieza una transformación que ya no depende solo de su voluntad, sino de fuerzas históricas, genéticas y religiosas que lo superan.

Opinión personal

Dune es uno de mis libros preferidos, y lo digo siendo consciente de que no es una lectura rápida ni fácil. Lo he leído seis veces —la hexalogía original completa, de hecho, no solo esta primera entrega— y esa insistencia es la que me hace acercarme a escribir esta reseña casi con respeto, con la sensación de que cualquier cosa que diga se queda corta frente a lo que el libro es. Le tengo especial cariño porque llegué a él después de ver la película original, aquella versión «psicodélica» que no es nada fiel a la novela pero que en su momento me pareció lo más molón que había visto en pantalla. Leer el libro después fue descubrir que la fuente era mucho más rica, más árida y más exigente que cualquier imagen que el cine pudiera darme.

Lo que me gusta

Lo que más me fascina de Dune es que enseña y no explica. Herbert deja caer terminología, política, religión y ecología sin manual de instrucciones, y eso hace que casi cada pequeño detalle se convierta en materia de reflexión —o, hoy, en excusa para pararse a consultar internet, algo que antes no existía y que nos obligaba a leer artículos y ensayos sobre el libro solo para terminar de entenderlo—. Ese «dejar cosas sin explicar» es deliberado: la información llega muy poco a poco, casi a regañadientes, y hay pistas del universo Fremen y Sardaukar que solo cobran sentido páginas o capítulos después. Es un libro que confía en que el lector va a sostener la incertidumbre, y esa confianza es rara de encontrar.

Y si hay algo que se beneficia especialmente de ese «enseñar sin explicar» es la ecología de Arrakis. No es un decorado árido más: es una ecología única, distinta, casi alienígena, construida con un rigor que no había visto antes en ninguna otra space opera. En el centro de todo, literal y simbólicamente, está el gusano de arena: no es un monstruo decorativo, sino el eje sobre el que gira absolutamente todo lo demás —la especia, el ciclo del agua, la cultura Fremen, la economía del Imperio—. Cuanto más entiendes cómo encaja cada pieza de ese ecosistema, más se disfruta el libro, y esa es probablemente la mayor demostración de que Herbert hizo primero al planeta y luego a la historia.

Los personajes son otro de sus grandes aciertos, y aquí quiero matizar algo que suelo repetir: para mí, el personaje icónico de la saga, al que Herbert parece tener un cariño especial, es Duncan Idaho: aunque su peso varía, siempre acaba reapareciendo libro tras libro. Tiene hasta nombre de héroe galáctico. Pero no es, sin embargo, el personaje sobre el que resulta más interesante escribir (ese papel evidentemente se lo queda Paul, con toda su ambigüedad). Dama Jessica es otro acierto enorme: una protagonista femenina fuerte y valiente, con una agencia real dentro de la trama, aunque hacia el final del libro pierda algo de ese protagonismo a medida que el foco se cierra sobre Paul. Y luego están personajes consumidos por la devoción como Stilgar, que cumplen una función narrativa preciosa: es precisamente a través de su devoción ciega como el lector mide hasta qué punto Paul se ha transfigurado ya en Paul Muad’Dib.

Los Fremen me parecen maravillosamente misteriosos, y los Sardaukar todavía más: ambos pueblos se definen tanto por lo que Herbert cuenta como por lo que calla. Compro por completo la originalidad de ese universo, la importancia real y tangible de la especia, y el asco que terminan generando los Tleilaxu según se los conoce mejor a medida que avanza la saga (no aparecen en el primer libro). Tardé en entender el libro por completo, y aun así lo considero un imprescindible del género. Es de esos libros que vas a sufrir mientras los lees, pero que cuando por fin encajan las piezas te hacen sentir lo grande que es la obra que tienes entre manos.

Lo que me gusta menos

Hay que asumir que algunos diálogos son tediosos de leer, porque a veces dos palabras intercambiadas llevan detrás media página de descripción de micromovimientos corporales que, en realidad, ya han dejado clara toda la conversación. El ritmo general también es exigente, y hay que superar un inicio especialmente árido antes de que la novela empiece a devolverte el esfuerzo.

Hay algo en la evolución de Paul que siempre me descuadra: su progresiva deshumanización rompe parcialmente la imagen que el lector había construido del personaje y es normal que, de alguna manera, «duela». Se nota en esta primera novela y no solo en las secuelas, aunque sea de forma más sutil. (Aviso de spoiler menor, sin relevancia para la trama principal: hay un momento en que Paul recibe la noticia de la muerte de un hijo con una frialdad absoluta, casi administrativa. Es un detalle que no mueve la historia un ápice, pero que dice mucho de en quién se está convirtiendo el personaje; de hecho, en la película de Villeneuve ese episodio directamente no sucede, es una de las diferencias respecto a la novela.)

Identificarse con el protagonista es más difícil, porque eres muy consciente de cómo va perdiendo su humanidad por el camino. No es un defecto de escritura —está buscado y es parte del propósito de Herbert—, pero sí cambia la experiencia de lectura: empiezas acompañando a un chico que parece un héroe y terminas observando, con una distancia incómoda, a alguien que ya no lo es del todo.

La otra cara de esa misma virtud de «enseñar y no explicar» es que ese estilo deja un worldbuilding con muchos aspectos deliberadamente incompletos, cuestiones que Herbert nunca llegó a desarrollar o cerrar del todo. Las novelas posteriores ambientadas en este universo —sobre todo las de su hijo Brian Herbert— han ido intentando rellenar esos huecos con resultados desiguales, más o menos afortunados según el lector. Es el precio de un libro que prefiere sugerir a explicar: ganas misterio, pero también dejas puertas entreabiertas que otros, con más o menos acierto, acabarán intentando cerrar por ti.

Calificación: Imprescindible

  • Lo mejor: La ecología de Arrakis: única, alienígena y con el gusano de arena como epicentro absoluto de todo lo demás. Un universo político, religioso y ecológico completamente original, sin equivalente real en la ciencia ficción de su tiempo. Personajes como Dama Jessica y Stilgar, que sostienen el libro tanto como el propio Paul.
  • Lo peor: Ritmo exigente. Paul evoluciona pero no tiene por qué gustarte en qué dirección lo hace. Un worldbuilding que deja deliberadamente partes sin desarrollar.
  • ¿Lo releería?: Sin duda, de hecho ya lo he hecho seis veces, hexalogía completa incluida, y no descarto una séptima.
  • ¿Lo recomiendo?: Totalmente, aunque con un aviso: no es una lectura rápida ni cómoda, y hay que llegar dispuesto a sufrir un poco antes de que el libro empiece a dar sus frutos.

Otros libros que podrían gustarte

  • Hellhole, de Kevin J. Anderson y Brian Herbert, hijo de Frank Herbert, si quieres ver cómo otro autor intenta seguir explorando ese mismo tipo de ecología política a gran escala.
  • Justicia auxiliar, de Ann Leckie, por otra space opera que construye un imperio político igual de denso y original.
  • El juego de Ender, de Orson Scott Card, si lo que te atrapó fue ver a un protagonista adolescente cargar con un peso que lo supera.

Nota al pie: Libro vs. películas modernas (Denis Villeneuve)

La adaptación de Villeneuve es fiel en tono y estructura, pero recorta y suaviza algunas cosas: personajes como Piter de Vries o Rabban Harkonnen quedan mucho menos desarrollados que en la novela, el ecólogo Liet-Kynes pasa de hombre a mujer, la escena de la cena en Arrakis pierde buena parte de su tensión cultural, y —como ya comentaba antes— el momento en el que se aprecia la frialdad de Paul ante la muerte de un hijo directamente no aparece en pantalla.

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Herederos de Lovecraft: 5 corrientes del horror cósmico en la literatura actual

Herederos de LovecraftReseñado por Bitterblink

Hay un tipo de horror que no se combate. No se escapa. No se sobrevive. Y, lo que es peor, no le importas lo suficiente a la cosa que te mata como para que se moleste en mirarte. Eso es el horror cósmico tal y como lo concibió Howard Phillips Lovecraft hace casi un siglo desde su Providence natal: el terror ante el que somos completamente impotentes y, más aún, ante el que ni siquiera contamos como adversarios.

Cuando reseñé Los Mitos de Cthulhu lo dejé escrito y no me he movido un milímetro: lo que distingue a Lovecraft de cualquier otro autor de terror es que su obra no es en absoluto antropocéntrica. No es un terror diabólico, no es algo con lo que se pueda luchar. El hombre, en sus relatos, es una nota al pie en la historia de un universo poblado por razas alienígenas, dioses malvados de las profundidades y entidades extrañas que amenazan constantemente nuestra existencia. Y lo más inquietante: ninguna de esas fuerzas arcanas quiere esclavizar al hombre o destruirlo específicamente. Simplemente ocurrirá.

Esa es la idea fundacional. Y desde entonces no ha dejado de filtrarse, mutar, mezclarse y, muchas veces, banalizarse. Stephen King admite la influencia. Metallica le dedicó una canción. Hay una cantidad absurda de novelistas, guionistas, diseñadores de videojuegos y dibujantes de cómic que cargan con su sombra.

Pero lo interesante no es que haya herederos, sino cómo han respondido a la paradoja que Lovecraft dejó sobre la mesa: si el cosmos es indiferente y el ser humano no cuenta, ¿cómo demonios cuentas una historia protagonizada por humanos?

Cada corriente ha dado una respuesta distinta. Y aquí las tenéis.


1. Herederos directos: la insignificancia como decorado

La respuesta más sencilla y honesta: abrazar la insignificancia, aceptar que el ser humano es una nota al pie, y usar ese universo como decorado para el pulp, la nostalgia y el homenaje.

Empezamos por libros que directamente hacen referencia a los monstruos lovecraftianos sin cortarse, utilizan sus misterios y sus elementos a veces incluso en modo paródico.

Carter & Lovecraft es un caso especial y un guiño nostálgico para mí: Howard es el guionista de Broken Sword, uno de los videojuegos míticos que marcaron mi adolescencia, así que su nombre en una novela en castellano fue una sorpresa muy agradable. La premisa es de las que dan pereza explicar sin sonrojarse: un policía retirado hereda una librería en Providence y descubre que la regenta una joven afroamericana, la última descendiente directa del propio Lovecraft. Sí, un chiste racial: Lovecraft era de un racismo militante, así que la herencia tiene una ironía que mola.

La novela me recordó muy poderosamente a una aventura de Call of Cthulhu Now, el juego de rol al que jugaba con mis amigos. Los personajes funcionan, el humor irónico está bien dosificado y el libro engancha. Lo malo: abusa de Deus Ex Machina y, sobre todo, los héroes no son los investigadores tímidos de Lovecraft. Estos sacan las armas y se lían a tiros.

Lumley es otro caso claro. Ya lo reseñé hace años: El que habla con los muertos. Necroscopio y mantengo lo dicho: es fácil despacharlo como pulp, pero hay que tener una cosa clara antes de subestimarlo. Empezó a escribir durante sus guardias en la policía militar británica, y eso se nota en cada página. El que habla con los muertos. Necroscopio abre las Crónicas Necrománticas, una saga donde Lumley mezcla el ocultismo lovecraftiano con espías de la URSS, vampiros como mutantes y una Rama E de los servicios secretos británicos plagada de gente con poderes telepáticos. Harry Keogh es un niño raro que descubre que puede establecer una conexión mental con los muertos. No es un médium sentado: es que los muertos siguen “trabajando” tras la muerte. Los matemáticos calculan, los militares planifican estrategias, los escritores siguen escribiendo. Mientras tanto, en la URSS, el nigromante Boris Dragosani encuentra a un vampiro encadenado, Thibor Ferenczi, y aprende un arte mucho más siniestro: torturar espíritus para que confiesen.

Es pulp y se sabe pulp, pero se toma en serio a sí mismo. No hay rastro de parte cutre. Es cierto que a veces la capacidad del héroe de superarse te hace pensar que es invencible, pero siempre las pasa canutas. Si Lumley os atrapa, buscad también Los que acechan desde el abismo, un relato suyo bastante moderno que está entre mis lovecraftianos preferidos.

El eslabón perdido: Matheson

Antes de seguir, un alto obligatorio. Hay un nombre que funciona como bisagra entre el horror clásico de entreguerras y el horror moderno que conocemos hoy: Richard Matheson. Sin él, probablemente no existiría Stephen King tal y como lo conocemos —el propio King lo ha reconocido— y, por extensión, buena parte del cosmic horror moderno le debe una.

Soy leyenda no es cosmic horror en sentido estricto: es una historia de vampiros con base científica, donde Robert Neville es el último hombre vivo en un mundo poblado por criaturas que fueron humanas. Pero hay algo profundamente lovecraftiano en su premisa: Neville no es un héroe, es un hombre acorralado que sobrevive porque no le queda otra. Pasa sus días reforzando su casa, fabricando estacas y bebiendo whisky, sabiendo que está solo y que probablemente morirá solo. El horror aquí es la insignificancia: la humanidad no cayó por un gran mal cósmico, sino por un patógeno. Un microorganismo. Algo que ni siquiera tiene voluntad. Eso es terror materialista del bueno.

Pero donde Matheson realmente coquetea con el horror cósmico es en La casa infernal. La premisa es directa: una casa en Maine donde un millonario excéntrico murió en circunstancias grotescas, y un equipo de investigadores —un físico, una médium, un vidente— es contratado para pasar una semana dentro y demostrar la existencia de vida después de la muerte. La casa de Belasco no es una casa encantada al uso: es un ser vivo, una entidad con voluntad propia que no se limita a asustar. Belasco, su constructor, era un ocultista que invocó algo que se quedó y ahora la casa es la cáscara de esa presencia. No hay redención, no hay cierre. Hay supervivencia. Y la médium, Florence Tanner, acaba destruida no por un demonio, sino por su propia fe en que puede negociar con aquello. El final es de los más amargos que ha dado el género. Matheson entendió —como Lovecraft— que el horror verdadero no negocia.


2. El individuo contra el horror cósmico

Aquí la respuesta a la paradoja es radical: “Vale, el cosmos es indiferente, pero yo no lo soy. Mis amigos, mi familia, lo que amo, lo que odio, existe. Y por eso merece la pena luchar, aunque sea una batalla perdida”.

En esta corriente, el individuo importa. No siempre gana, pero actúa. Y a veces tiene una escopeta.

La incursión española: La piel fría

Antes de seguir con el resto, una parada obligatoria. Mi compañera Malosa tiene una incursión muy notable en el horror cósmico que sería injusto pasar por encima. El libro es La piel fría, del antropólogo catalán Albert Sánchez Piñol, publicado en 2002 y convertido en un éxito excepcional de venta y crítica. Es probablemente la obra de cosmic horror en castellano más reconocida internacionalmente. Le paso el micrófono a Malosa, que la reseñó en 2015:

> “En una isla perdida en medio del océano, dos hombres encerrados en un faro se defienden, noche tras noche, del asedio de unas extrañas criaturas submarinas. La aparente simpleza del argumento esconde una gran complejidad: el libro incluye continuas reflexiones sobre la condición humana, sobre la diferencia y el otro, y hay una clara crítica al antropocentrismo. Las referencias son evidentes: Solaris de Stanisław Lem en el inicio inquietante, El corazón de las tinieblas de Conrad en el planteamiento base, y por supuesto Lovecraft en la concepción de los monstruos. Es una novela claustrofóbica, con multitud de temas controvertidos, bastante original y cuya lectura engancha. Una recomendación en toda regla.” > > — Malosa

Os dejo el guiño que descubrí gracias a su reseña: la criatura submarina con la que el protagonista convive en el faro se llama Aneris, que leída al revés es Sirena. Y los de su especie son los citauca: acuatic al revés. Sánchez Piñol no escribe terror sin saber lo que hace: escribe antropología disfrazada de terror.

El horror pop combatible

El fin de los días es el ejemplo más limpio de esta corriente. A Nevill le llaman “el Stephen King inglés”, aunque yo no creo que la comparación sea acertada: es más de terror de aislamiento en lugares desconocidos que del terror cotidiano del que es experto King. El libro va de Kyle Freeman, un director de documentales contratado para investigar una secta apocalíptica llamada La Última Reunión. La ambientación es claustrofóbica como pocas, con monstruos que aparecen en cualquier lugar en la oscuridad y temen la luz. Consiguió que, leyéndolo a oscuras por la noche, yo no quisiera abrir la puerta del baño sin encender la luz antes. Eso es decir mucho.

Pero entonces llega la última parte y el libro cambia de género. Pasamos de estar acojonados frente a monstruos que solo se controlan con luz a pasar al ataque armado con una Glock y un buen puñado de granadas. Y ahí el libro pierde fuelle. No porque las escenas estén mal, sino porque el horror cósmico no admite escopetas. En cuanto cargas la recámara, lo que tienes delante deja de ser eso que te sobrepasa.

Horrorstör aborda el horror cósmico desde el lado más pop e irreverente. La premisa es brillante en su sencillez: una tienda de muebles idéntica a IKEA empieza a manifestar fenómenos paranormales. Los empleados, atrapados durante un turno de noche, descubren que la tienda fue construida sobre un portal a algo que no debería haber sido despertado. Hendrix escribe terror con una capa de comedia negra que funciona porque nunca pretende ser otra cosa. El libro está maquetado como un catálogo de IKEA, con ilustraciones de productos que van volviéndose más siniestros según avanzas. Sí, es más divertido que aterrador. Sí, el horror es combatible. Pero Hendrix lo sabe y juega con ello.

La sociedad por la preservación de los Kaiju va por una vía similar pero funciona mejor. Scalzi es uno de mis escritores preferidos desde La vieja guardia. La premisa: Jamie Gray es repartidor de comida durante el COVID y un día se encuentra con un conocido que trabaja en una organización que protege animales de otra dimensión. Esos animales son kaiju, criaturas colosales que viven en una realidad paralela y que son algo así como bombas nucleares con patas. El libro no se toma a sí mismo demasiado en serio. Los diálogos son chispeantes, hay juegos de palabras constantes. Scalzi nunca pretendió aterrorizarnos. Sabe que sus kaiju están a kilómetros de Cthulhu y juega con ello.

La rama afroamericana: Ring Shout y Sinners

Ring Shout. Nuestro cántico merece atención aparte dentro de esta corriente. La premisa es de un atrevimiento espectacular: 1915 en Macon, Georgia. Maryse, Chef y Sadie son tres descendientes de los primeros esclavos libertos, cazadoras de monstruos. ¿Qué cazan? A los Klu Klux, que no son hombres con sábanas: son humanos poseídos por espíritus que se alimentan de su odio. Y la invocación se hace a través de El Nacimiento de una Nación de Thomas Dixon Jr. y la película homónima de D. W. Griffith. Cine y literatura como rituales de invocación.

Aquí el individuo contra el horror cósmico adquiere una capa nueva: el monstruo se puede matar con espadas y pistolas, pero el odio racial que lo invoca no. Maryse y las suyas ganan batallas, pero la guerra no termina. Clark entiende que lo combatible y lo inconbatible coexisten.

Los Pecadores (Sinners), la película de Ryan Coogler estrenada en 2025, comparte ADN directo con Ring Shout. Vampiros, racismo del Sur profundo, blues de los años treinta. La conexión es evidente: ambas obras entienden que el horror, en territorio afroamericano, no se puede separar del trauma histórico y de la música como contramagia.

Stranger Things y la deriva mainstream

Stranger Things es el caso de manual de cosmic horror para audiencias masivas. El Mundo del Revés es esencialmente un Área X con estética ochentera. La serie introduce el cosmic horror a una audiencia masiva, pero lo hace dándole armas a los protagonistas: niños con poderes, escopetas, bates de béisbol con clavos. Es horror cósmico para el prime time. Visualmente funciona, pero cuando Once se carga monstruos con la mente, deja de ser cosmic horror.


3. El gobierno contra el horror cósmico

La tercera respuesta a la paradoja es la más ingeniosa: el individuo solo no puede, es cierto. Pero ¿y si creamos una organización? Si la amenaza es tan grande, ¿no debería ser el gobierno con sus ilimitados recursos el que se encargara de la amenaza?

El archivo de atrocidades es la mejor puerta de entrada a esta corriente. Stross es un escritor curioso: farmacéutico de formación, programador y autor de una columna sobre Linux. La Lavandería es una agencia británica paralela al MI6 dedicada a combatir lo oculto. Bob Howard, administrador de sistemas, descubre unas ecuaciones que permiten contactar con otras realidades. Lo reclutan. La mezcla es genial: mitos de Cthulhu, comedia de oficina y libro de espías. Bob Howard no es un héroe arrojado, es un tipo normal tirando a cobardica que es capaz de superar su terror para enfrentarse a horrores sin nombre. Un funcionario asustado con suficiente disciplina puede contener el apocalipsis durante un rato. Esa es la lectura más sana del legado lovecraftiano.

La división de Antimemética no existe es uno de los descubrimientos que más me han emocionado en años. Hughes está vinculado al universo de la Fundación SCP y ganó el Hugo Award al mejor Fan Writer en 2021. La premisa es genial: una división secreta dedicada a combatir amenazas que no solo son peligrosas, sino que además no pueden recordarse. Los antimemes son entidades que atacan la memoria humana, que borran su propia existencia de tu mente. ¿Cómo luchas contra algo que olvidas en el mismo instante en que dejas de mirarlo? La impotencia ya no es física, es cognitiva. Marie Quinn, la protagonista, es la todopoderosa líder que protege el mundo y a la vez una mujer que solo quiere tener una vida normal. Hacía mucho que no leía un libro tan adictivo. Si os gusta la Fundación SCP o los Expedientes X, esto es de lectura obligatoria.

La Torre cierra el bloque. Autor australiano con un máster en historia medieval que trabajó en la Oficina de Seguridad del Transporte Australiana. Myfanwy Thomas despierta en un parque de Londres rodeada de cadáveres, sin memoria, con una carta en el bolsillo que empieza así: “El cuerpo que estás usando fue mío”. Es la agente Torre de The Checquy: el servicio secreto sobrenatural de Su Majestad. Los Men in Black ingleses.

El humor inglés finísimo (mérito de un australiano) y la mezcla de oficina secreta con explosiones de lo fantástico son lo mejor del libro. Myfanwy no es una guerrera. Es una persona con miedo, con poderes peculiares pero limitados, navegando una conspiración que ni siquiera entiende. Lo único malo: 600 páginas, y la parte media se hace larga. Pero el resto es de quitarse el sombrero.


4. Combatir el horror con sus propias reglas

La cuarta respuesta es la más sofisticada: no se combate al horror con ciencia, pistolas ni ministerios. Se aprende su lógica, se aceptan sus reglas y se negocia. O se intenta. A veces funciona. A veces destruye.

Lo que une a los autores de esta corriente es la otredad: entidades con sus propios fines y reglas, ante las cuales los mortales somos vulnerables. Solo siguiendo sus reglas se las puede aplacar. No las entiendes del todo, pero las aceptas. O mueres.

Clive Barker: el cuerpo como portal

Hellraiser es la pieza fundacional de esta corriente. Barker construyó un universo donde los demonios no vienen del infierno sino de una dimensión paralela, y la puerta de entrada es el deseo humano. La Configuración del Lamento no es un puzzle: es una negociación. Los Cenobitas no son ángeles caídos, son exploradores de los límites de la experiencia sensorial. Pinhead no quiere tu alma: quiere experimentar contigo. Ese desinterés por la moral humana es lovecraftiano puro.

Donde Barker se distancia de Lovecraft es en su afirmación del cuerpo. Lovecraft sentía repugnancia por lo físico; Barker lo abraza. Los cuerpos se abren, se transforman, se convierten en paisajes. El laberinto de los Cenobitas es una realidad paralela hecha de carne y ganchos. Lovecraft escribía el horror de lo que no se puede ver; Barker escribe el horror de lo que se ve demasiado bien. Pero en ambos casos hay que aprender las reglas.

Guillermo del Toro: lo antiguo que no es bueno ni malo

Nocturna plantea una invasión vampírica biológica: un parásito antiguo que viene de algún lugar remoto del universo. Los vampiros no son románticos ni seductores. Son hormigas en un hormiguero cósmico.

En Trollhunters (con Daniel Kraus), los trolls son una especie antigua y territorial. Gumm-Gumm, Gunmar, el Rey de la Oscuridad: nombres del Necronomicón. Del Toro entiende que lo monstruoso no es malo por naturaleza, sino porque su escala e intereses son ajenos.

Y en El laberinto del fauno, Ofelia no combate al fauno. Acepta sus pruebas. Sigue sus reglas. El horror no se mata, se negocia. Y el precio puede ser demasiado alto.

Premee Mohamed: el bosque como entidad

El carnicero del bosque es algo distinto y por eso me parece tan valioso. Veris Thorn, mediana edad, sin habilidades especiales, recibe la orden de entrar a un bosque maldito —Elmever, La Olmeda— a rescatar a sus hijos. Sus únicas armas son objetos que parecen cualquier cosa menos mágicos: un cubo de carbón, una castaña, una figurita de jabalí.

La autora sugiere sin enseñar. El primer niño que Veris “salvó” no salió indemne, pero no te lo cuenta. Hay algo siniestro bajo una capucha hecha jirones, pero no te lo cuenta. Tu imaginación crea los monstruos. Y cuando empiezan a revelarse las verdades, igual hubieras preferido no saberlo. Recuerda a El laberinto del fauno: seres mitad carne mitad cosa muerta, algunos buenos, otros malvados, todos con sus propias reglas.

La conexión entre Mohamed y Del Toro es directa. Los dos entienden que el horror cósmico puede tener rostro de cuento de hadas. Lo antiguo, lo que vive en los bosques, no es bueno ni malo. Es otra cosa. Y si entras en su territorio, juegas con sus reglas.


5. Buena idea, ejecución irregular

Y luego están los casos difíciles. Aquellos donde el autor entiende la ambición, intuye la grandeza, pero la narración no la sostiene. Ni el individuo puede, ni el gobierno, ni las reglas del otro bando. Y encima el libro se pierde.

Aniquilación — Jeff VanderMeer

Ya reseñé Aniquilación en su momento y fui claro. VanderMeer ha sido editor de Weird Tales y ha ganado dos World Fantasy Awards. La premisa es un caramelo: el Área X, una zona delimitada por una Frontera misteriosa; cuatro mujeres entrando bajo hipnosis; una torre enterrada con palabras escritas en hongos.

Si la sinopsis suena a Lovecraft mezclado con Lost, es porque así se vendió. Fui víctima del hype. La novela ocurre dentro de la cabeza de la Bióloga, con digresiones hacia su infancia que aburren hasta a las ovejas. Llega un punto en que parece que el personaje se va a despertar cantando en una celda de paredes blanditas. El mayor pecado de un libro es resultar aburrido. La ambientación es genial, la ejecución no está a la altura. Me pareció malo también pero tiene una legión de seguidores más por la película (con la que tiene poco en común) que por el libro en si.

El quinto día — Frank Schätzing

Aquí tengo que confesar algo: Malosa y yo no estamos de acuerdo. Ella reseñó El quinto día en 2011 y lo despachó así:

> “Es una especie de panfleto ecológico sobre la importancia de los ecosistemas marinos. La sensación que me produjo de forma continua es que en la siguiente página iba a pasar algo super interesante, y así llegué a la página 1.000 y seguía sin pasar nada trascendente. Cuando por fin pasa algo, ya estás tan harto que te da igual.”

Su veredicto fue contundente: malo.

Yo lo leí en 2024 y mi opinión es distinta. Los Yrr son una idea bellísima: una especie inteligente en las profundidades, anterior a la humanidad, que decide responder. Usa gusanos, ballenas y cangrejos como armas biológicas. Eso es cosmic horror del bueno. Pero la novela se pierde en sí misma. Demasiadas páginas, demasiadas subtramas. El cosmic horror necesita prosa quirúrgica, y Schätzing usa una maza.


La paradoja del cosmic horror moderno

Y aquí cierro. El género lleva un siglo en crisis con su propio concepto fundacional. Lovecraft inventó una idea radical: el horror absoluto es aquel ante el que no se puede hacer nada. Pero contar historias requiere acción, personajes que decidan, que actúen.

Cada autor que se acerca al cosmic horror tiene que decidir cuánto está dispuesto a banalizar la idea original para que el libro funcione narrativamente. Las cinco corrientes son cinco respuestas a esa misma pregunta:

  • Los herederos directos abrazan el pulp y la nostalgia. No resuelven la paradoja, la usan como decorado.
  • El individuo contra el horror dice: “sé que soy pequeño, pero peleo”. A veces funciona, a veces se diluye.
  • El gobierno contra el horror dice: “solo no puedo, pero organizados aguantamos el tipo”. La respuesta más pragmática.
  • Combatirlo con sus reglas dice: “no lo venzo, lo entiendo. Y negocio”. La respuesta más sabia y más aterradora.
  • Buena idea, ejecución irregular dice: “lo intento, pero la ambición me supera”. Y al menos lo intentaron.

Mi recomendación, dicha sin paliativos: si solo podéis leer dos libros de los que aquí cito, id directos a La división de Antimemética no existe y La Torre. Si tenéis tiempo, sumadle El carnicero del bosque y Ring Shout. Lo demás, según vuestro grado de tolerancia al pulp y al humor friki.

Y si nunca habéis leído a Lovecraft… pues no sé muy bien qué hacéis aquí. Id a empezar por Los Mitos de Cthulhu y volved cuando hayáis comprendido que no sois más que una mota de polvo en el universo. Os espero.

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La Constelación del Perro – Peter Heller

Reseña original publicada en 2015 — Actualizada en agosto de 2026 con motivo del estreno de la película

ACTUALIZACIÓN 2026: Ridley Scott lleva La Constelación del Perro al cine

Han pasado más de diez años desde que publiqué esta reseña y recomendé La Constelación del Perro como una de las mejores novelas postapocalípticas que había leído desde La Carretera, de Cormac McCarthy.

Ahora tengo una buena excusa para recuperarla.

El 26 de agosto de 2026 se estrena en España La Constelación del Perro (The Dog Stars), adaptación cinematográfica dirigida nada menos que por Ridley Scott, responsable de películas como Alien, Blade Runner, Gladiator o Marte (The Martian). Y, sobre el papel, la elección de Scott resulta especialmente interesante porque esta no es realmente una novela sobre el fin del mundo.

O, al menos, no es principalmente eso.

Es una novela sobre qué razones quedan para seguir viviendo cuando sobrevivir ya no es suficiente.

La película cuenta con Jacob Elordi como Hig, Josh Brolin como Bangley y Margaret Qualley como Cima, acompañados por Guy Pearce, Benedict Wong y Allison Janney. El guion corre a cargo de Mark L. Smith.

Resulta curioso releer ahora mi reseña original porque uno de los aspectos que más destacaba entonces era precisamente la esperanza. Escribí que el libro hablaba de:

«La esperanza, la desesperanza, de perder la ilusión y de recuperarla».

Y parece que esa misma idea ocupa un lugar central en la adaptación de Ridley Scott.

Porque La Constelación del Perro tiene aviones, armas, supervivencia, una pandemia que ha exterminado a casi toda la humanidad y un mundo en el que encontrarse con otro ser humano puede significar morir.

Pero también tiene pesca, naturaleza, recuerdos, amor, un perro, soledad y la necesidad casi absurda de creer que puede quedar algo bueno al otro lado del horizonte.

Por eso sigo pensando, más de una década después, que reducirla a «otra novela postapocalíptica» sería un error.

Si habéis llegado hasta aquí después de descubrir la película de Ridley Scott, esta fue mi opinión cuando el libro llegó a mis manos muchos años antes de que Hollywood pusiera sus ojos sobre él.


Reseña original

Reseñado por Bitterblink

Peter Heller es un periodista dedicado sobre todo a actividades al aire libre (caza, pesca, kayak…) y en general a revistas masculinas y de naturaleza tipo ‘Outside Magazine’, ‘Men’s Journal’ o ‘National Geographic Adventure’. Ya tiene cuatro libros en su haber pero siempre de «No Ficción», el penúltimo y más premiado contando una loquísima aventura recorriendo un peligroso cañón en el Tibet ‘Hell or High Water: Surviving Tibet’s Tsangpo River’. Ha sido desde lavaplatos, instructor de kayak, trabajador de la construcción hasta lo que es ahora, escritor y poeta (ha ganado un premio

de poesía), también fue uno de los aventureros que montado en su tabla de surf se atrevió a documentar la terrible matanza de delfines relatada en la película documental «The Cove». Quizá por eso este libro me llamó tanto la atención: Ciencia ficción post-apocalíptica escrita por alguien cuyo primer libro de ficción es este, publicado en 2012 y recientemente en castellano. Los que me conocéis sabéis que soy muy aficionado a este tipo de novelas y que pocas destacan, sin embargo reconozco que desde «La Carretera» de Cormac McCarthy no he leído nada tan bueno de este género.

Como nota añado que leí la versión original en inglés y que no la recomiendo para gente con inglés medio. Está escrita con una mezcla de lenguaje coloquial, prosa poética y vocabulario campestre que la deja fuera del alcance de muchos, de hecho simplemente con la cantidad de peces y aves que va nombrando ya te vuelves loco, sobre todo para alguien que es tan campestre como los semáforos, como es mi caso :-P. Algo parecido pasa con el vocabulario aeronáutico, algo en lo que sin embargo estoy más al día.

Sinopsis

El 99% de la humanidad ha desaparecido debido a un virus derivado de la gripe, eso paso hace más de 8 años. Big Hig, o simplemente Hig, ha conseguido sobrevivir aislado junto a un río en compañía de su vecino ‘Survivalist’ Bangley, fanático de las armas y de su perro Jasper. Juntos ha creado una inestable forma de vida basada en proteger de los extraños un perímetro de varios kilómetros a la redonda en torno a un aeródromo abandonado.

Hig vuela en su vieja Cessna apodada «La Bestia» dando vueltas alrededor del perímetro para poder ver a los merodeadores antes de que consigan llegar al asentamiento protegido por Bangley y sus cientos de armas automáticas y de francotirador.

Es una vida donde no vives, solo existes, con un amigo/enemigo como es Bangley de compañía y el viejo y fiel Jasper a sus pies. Hig sin embargo sigue teniendo alma de poeta y escritor y se pregunta «¿Hay algo más ahí fuera?». Hace 3 años escuchó una transmisión de una torre de control lejana. Eso le atormenta y le hace preguntarse si no debería haber ido hace años, antes de que el combustible se descomponga y sea inútil.

Finalmente tras una serie de situaciones que parece que van a acabar con su esperanza, Hig decide perseguir aquella transmisión que recibió hace tres años iniciando un viaje potencialmente sin retorno en el que aprenderá mucho de si mismo y del significado de la esperanza.

Opinión Personal

Narrado en primera persona vamos conociendo a Hig, un claro alter-ego del escritor, que de hecho comparte en gran parte su trabajo y aficiones. Gracias a este hecho Hig es un personaje muy completo, muy humano, poético y vulgar a la vez. Divino y profano, y tremendamente profundo. Es un alma sensible en un mundo cruel y donde hasta él ha tenido que claudicar y volverse duro y cruel en determinados aspectos (no os adelanto con qué alimentan al perro…).

Reconozco que es lo mejor que he leído en 2014 de este género y uno de los mejores libros que he leído este año. Sin duda está casi a la altura de «La Carretera» que llegó a emocionarme en varios pasajes. Es una aventura un tanto lenta. Hay que tomarlo como un libro muy reflexivo con amplias disgresiones que tendremos que aprender a apreciar. Historias de pesca, historias de caza, historias de pilotaje, historias cotidianas de pareja… todas van saliendo en las paulatinas disgresiones que se permite le personaje que se debate entre vivir en el pasado, en el presente y en la esperanza del futuro.

La historia pese a todo va a avanzando y nos permite ver un poco más al resto de los personajes que van apareciendo. Son personas complejas, también dañadas y dolidas por lo terrible de la plaga que ha acabado con todo, quizá son un poco irreales pero son personajes complejos que realmente llegas a apreciar.

El libro va desde la poesía hasta lo mundano de enseñarte a pescar. Desde la crueldad de asesinar a niños hasta la magia de ver caer la nieve. Habla de hambre, de frío de desesperanza, y habla de sueños y de la maravilla de vivir en una ciudad. Es un libro muy completo y muy adulto y muy profundo. Que no os eche para atrás el tema post-apocalíptico porque es una gran metáfora de la vida, de los que vivimos por vivir sin sueños que alcanzar. De la esperanza, de la desesperanza, de perder la ilusión y de recuperarla.

Me gustó, me ha gustado mucho y lo voy a recomendar y a regalar estas navidades. Me parece un librazo teniendo en cuenta la cantidad de libros que se han publicado este año y que me han dejado frío. Ahora esperaré con paciencia que traduzcan «The painter» el último libro del autor.

Merece mucho la pena, para almas sensibles y para pescadores, cazadores y pilotos que disfrutaréis de este libro a más niveles que el resto de los mortales que lo leemos.

Calificación: Muy Bueno

Lo Mejor: La mezcla de poesía y existencialismo con temas mundanos, capaz de emocionarte, esperanza, el final

Lo Peor: A veces me pareció lento y demasiado reflexivo, pero también es su punto fuerte

Lo Releería: Si

Lo Recomiendo: Si, para cualquier lector sensible, ideal para pescadores/cazadores y para pilotos que disfrutarán de algunos pasajes más que el resto

Otros libros que podrían gustarte

– La Carretera – Cormac McCarthy

Si quieres comprar el libro

La constelación del Perro (BB)

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6 novelas de ciencia ficción y fantasía con humor friki para disfrutar este verano

Post especial by Bitterblink

Hay un prejuicio tonto que arrastra el género desde siempre: que si un libro te hace reír, entonces es menor, ligero, prescindible. Y es justo al revés. Hacer comedia de calidad dentro de la ciencia ficción y la fantasía es dificilísimo, porque el chiste tiene que convivir con el worldbuilding, los personajes y, en los mejores casos, con una idea de fondo que te deje pensando cuando ya has parado de reír. Estas seis novelas lo consiguen. Las he reseñado todas en el blog, y van de la carcajada bestia al humor más elegante, pero comparten algo: debajo de la broma hay sustancia. Lecturas perfectas para desconectar sin que se te apague el cerebro del todo.

1. Carl el Mazmorrero – Matt Dinniman

Empezamos por lo más gamberro. Una invasión alienígena convierte la Tierra en el plató de un sádico reality show intergaláctico, y Carl —veterano de la Guardia Costera— junto a la Princesa Donut —la gata de su ex— tienen que sobrevivir mazmorra abajo mientras toda la galaxia los observa. Dinniman mezcla humor negro, mecánicas de videojuego (es LitRPG puro) y una crítica feroz al entretenimiento moderno y a la deshumanización. Lo definí en su día como la versión adulta y humorística de Ready Player One: un trago de whisky barato frente a un vaso de horchata de la mejor calidad. Es brutal, adictiva y no se parece a nada. Eso sí, el humor es bestia y la cosa se pone sangrienta: no es para almas demasiado sensibles.

👉 Lee mi reseña completa de Carl el Mazmorrero

2. La Sociedad por la Preservación de los Kaiju – John Scalzi

Jamie Gray, repartidor de comida durante la pandemia, acepta un curro en una supuesta «organización de protección animal» que resulta dedicarse a unos kaiju gigantescos que habitan en una dimensión paralela. Lo mejor del libro son los diálogos: chispeantes, irónicos, soltados por personajes que bromean el 100% del día incluso en los momentos más tensos. Scalzi, amante confeso de la cultura popular, construye un mundo con unas cualidades fílmicas buenísimas (yo me moría por ver la película). Una autoconclusiva de lo más agradable en una época en la que la industria solo te alimenta a base de trilogías. La devoré en una tarde.

👉 Lee mi reseña completa de La Sociedad por la Preservación de los Kaiju

3. Redshirts – John Scalzi

Y ya que estamos con Scalzi, su novela más explícitamente cómica, ganadora del Hugo en 2013. La premisa es una genialidad para cualquiera que haya visto alguna vez una serie de ciencia ficción: ¿qué pasaría si los tripulantes de relleno de una nave —esos que siempre mueren en la misión, los «camisetas rojas» de Star Trek— se dieran cuenta de que son carne de cañón narrativa y decidieran rebelarse? Andy Dahl llega a la astronave Intrépido y enseguida nota que algo va rarísimo. Es una bofetada divertidísima a los espectadores complacientes y, de paso, a los malos guionistas. Su humor es más «elegante» que el de Carl: menos vísceras, más inteligencia. Y cierra cada trama que abre, que tiene mérito.

👉 Lee mi reseña completa de Redshirts

4. Villano en Prácticas – John Scalzi

El Scalzi más reciente y más afilado en lo social. Charlie Fitzer, un profesor suplente con problemas de dinero, hereda de un tío excéntrico todo un imperio que resulta ser un negocio de villanismo: isla volcánica secreta, gatas espía hiperinteligentes, delfines sindicalizados en plena disputa laboral y una organización de supervillanos que funciona como una startup más. Es una sátira anticapitalista con momentos brillantes (esa joya de «somos menos malvados que Spotify, al menos nosotros permitimos ganarse la vida a quienes trabajan para nosotros»). Soy sincero: arranca mejor de lo que termina y el protagonista es demasiado pasivo para mi gusto, pero como divertimento veraniego cumple de sobra.

👉 (Reseña próximamente — añadir enlace al publicar)

5. El café de las leyendas – Travis Baldree

Cambio de tercio hacia algo mucho más amable. Esto es Cozy Fantasy, el subgénero de moda: fantasía reconfortante, de bajas apuestas, hecha para abrazarte. Una orca guerrera, harta de aventuras y matanzas, decide retirarse y montar una cafetería en una ciudad que ni siquiera sabe lo que es el café. Y ya está. Esa es la trama. No hay villano que destruya el mundo ni profecía que cumplir, solo el placer de ver a alguien construir algo bonito con sus manos. Fue finalista de los Goodreads Choice 2022 y nominada a los Nebula y Hugo en 2023. Suelo decir como crítica que «no pasa nada» en un libro, pero aquí esa es precisamente la gracia. Si vienes quemado de tanta épica sangrienta, este es tu antídoto: humor suave, calidez y rollitos de canela recién horneados.

👉 Lee mi reseña completa de El café de las leyendas

6. Cómo convertirse en el Señor Oscuro y morir en el intento – Django Wexler

Cerramos con fantasía cómica y muy gamberra. Davi lleva 237 vidas atrapada en un bucle temporal: cada vez intenta ser la heroína que derrota al Señor Oscuro, y cada vez acaba torturada o muerta. Hasta que, harta, toma la decisión más lógica del mundo: si no puede vencer al Señor Oscuro, se convertirá ella misma en Señor Oscuro. Wexler tira de humor descarado y autoconsciente, con una protagonista cínica que conoce todas las reglas del juego. Aviso a navegantes: el personaje al principio solo piensa en sexo y hay chistes muy bestias sobre muertes; no es para todos los públicos. Pero debajo del cinismo asoma algo más, un personaje dañado que solo busca no acabar como siempre. Ahí es donde el libro deja de ser un entretenimiento descerebrado.

👉 Lee mi reseña completa de Cómo convertirse en el Señor Oscuro

¿Y tú de qué palo friki eres?

Porque al final estos libros funcionan mejor según tus filias, así que elige por fandom:

  • Si te sabes los rangos de la Flota Estelar y has discutido alguna vez si Picard es mejor que Kirk: Redshirts es tu libro. Es el homenaje (y la puñalada cariñosa) definitivo a Star Trek y a todos esos pobres tripulantes de uniforme rojo que palmaban en el minuto tres.
  • Si tu adolescencia fue de dados de veinte caras, hojas de personaje y mazmorras generadas al azar: Carl el Mazmorrero te va a hacer muy feliz. Es LitRPG en estado puro, con barras de vida, loot y jefes finales, pero con mala leche.
  • Si lo tuyo es la fantasía clásica pero ya estás un poco harto de profecías y elegidos: Cómo convertirse en el Señor Oscuro le da la vuelta al tópico con una protagonista que se sabe todas las reglas del juego de rol y decide hacer trampas.
  • Si te criaste con las pelis de Godzilla, los kaiju y el cine de monstruos gigantes de sobremesa: La Sociedad por la Preservación de los Kaiju es tu parque temático particular.
  • Si eres más de sátira, mala uva y reírte del mundo tech y los billonarios: Villano en Prácticas te va a sacar más de una sonrisa cómplice (con delfines sindicalistas incluidos).
  • Y si simplemente estás quemado de tanto friki intenso y solo quieres un café, una manta y que no te griten: El café de las leyendas. A veces el mayor acto de rebeldía es montar una cafetería y que no pase absolutamente nada.

¿Buscas aventura espacial pura en lugar de risas? Pásate también por mi otra guía de novelas y sagas espaciales para el verano (añadir enlace al artículo de espacio), que es otro viaje completamente distinto.

Feliz verano y felices (y frikis) lecturas.

Firmado Bitterblink

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La Mascarada del Carnicero – Matt Dinniman

Reseñado por Bitterblink

Este es el quinto libro de Carl el Mazmorrero, la estupenda serie de LitRPG que, gracias a su éxito internacional, ha terminado llegando también al castellano. Ya sabéis que no abundan las traducciones de este género y que, desde luego, no hay ninguna saga tan gamberra como esta.

Por recordar un poco quién está detrás de semejante locura: Matt Dinniman es un autor y artista estadounidense de Gig Harbor (Washington). Empezó publicando la trilogía de ópera espacial The Shivered Sky y novelas como The Grinding, pero fue Dungeon Crawler Carl, nacida como serial en Royal Road antes de autopublicarse en 2020, la que lo convirtió en uno de los nombres más importantes del LitRPG actual. A estas alturas ya sabéis que tengo incluso una edición firmada de una de sus novelas independientes, así que sí: sigo siendo un fan declarado de este gamberro.

Sinopsis

Carl y Princess Donut llegan a la sexta planta del calabozo, «los Terrenos de Caza»: una jungla exuberante infestada de dinosaurios que buscan sangre. Pero la amenaza no viene solo del entorno: por primera vez, la producción del «Mundo Mazmorra» permite la entrada de turistas de fuera del calabozo, cazadores profesionales que pagan por participar en la cacería de rastreadores. Entre ellos destaca Vrah, una veterana cazadora dispuesta a cobrarse la pieza más importante de su carrera: Carl. Éste, lejos de esperar a ser cazado, decide golpear primero, lo que pronto convierte la cacería en un enfrentamiento profundamente personal.

Alrededor suyo, Carl podrá interactuar con antiguos y nuevos aliados: Mordecai, Katia, Miriam Dom, Prepotente, Imani, Elle, Florin, Louis y Firas y otros personajes se ven arrastrados a una planta marcada por trampas, emboscadas y alianzas incómodas bajo amenaza de represalia divina si alguien rompe la paz. Mientras tanto, las tramas de bastidores se disparan: Odette revela que alguien del pasado de Carl y Donut, sigue vivo, lo que fuerza un reencuentro televisado cargado de emociones. Los movimientos corporativos también se aceleran. Al mismo tiempo, todo apunta a que la Mascarada del Carnicero, la celebración que da título a la novela, es mucho más que una simple fiesta de fin de planta y esconde una trampa para los mejores rastreadores.

Opinión personal

Honestamente pensaba que para este libro la saga ya habría caído en calidad o en originalidad y tendría que deciros que hasta aquí ha llegado mi particular obsesión con Dinniman. Pero no: si algo tengo que decir sin duda de este volumen es que el giro que da la serie aquí es sobresaliente. Vamos a pasar a una siguiente planta y seguimos viendo las cosas desde la perspectiva de Carl, pero la verdadera protagonista de este libro es Donut. Es un cambio de lo más refrescante, porque por fin Donut demuestra tener su propia personalidad, sus traumas y sus secretos, dejando a Carl completamente boquiabierto cuando le suelta (en español en el original) «Viva la Revolución, Carl», y lo seguirá haciendo en varios momentos álgidos de la trama.

Me sigue fascinando que Dinniman combine los chistes más burdos y zafios con las reflexiones más profundas casi en la misma frase. En una línea está hablando de una gonorrea incendiaria, y en la siguiente hace una reflexión sinceramente dolorosa sobre la maternidad. A partir de ahí explora las distintas caras de esa relación: el sentimiento de pérdida cuando tus padres se divorcian, la familia biológica y la familia elegida, la pérdida de un hijo y la pérdida de una madre, el trauma del abandono… Vaya que el tema subyacente de este libro es la relación entre padres e hijos presentando tanto buenos como malos padres, padres vengativos y padres ausentes etc Y no es un tema que se toque una vez y se abandone: lo vamos a ir viendo repetido desde ángulos distintos y con personajes distintos, cada uno más en carne viva que el anterior, haciendo eso que hacen los buenos libros: no te dan respuestas sino que te dan preguntas para pensar antes de ir a dormir…

También destaco que, igual que ya se apuntaba en la parte final del libro anterior, aquí los rastreadores tienen mucha más interacción entre ellos desde el principio, llegando a organizar y coordinar acciones conjuntas, con diálogos que ya empiezan a sonar más a novela militar que a lo que era esta serie en sus inicios. Es una evolución que demuestra hasta qué punto han madurado como grupo, y que además establece un contraste muy inteligente con los cazadores profesionales que se apuntan voluntariamente a esta cacería: esos mismos que en temporadas anteriores eran el auténtico terror de los rastreadores, aquí quedan reducidos a un puñado de aficionados frente a gente que ya sabe a lo que se enfrenta.

Me gusta también cómo el trauma se va haciendo presente de forma orgánica, con rastreadores que de vez en cuando simplemente se quiebran bajo el peso de todo lo que están viviendo, sin que eso reste ni un ápice de acción a la planta. Quizá esta planta sea la más oscura y sangrienta de todas y donde más sufren todos los rastreadores que acompañan a Carl.

Me han sorprendido los momentos de emoción a tración, de repente un soliloquio de un NPC te deja con una lágrima colgando, un breve diálogo entre Carl y Prepotente te hunde en las más tristes reflexiones sin que te puedas preparar para ello… Mención especial la canción de Donut, momento cúlmen de la trama en el que de repente me ha oprimido el pecho, algo que no me esperaba de una serie que empezó siendo una parodia gamberra de LitRPG.

Evidentemente no es perfecto. Sigue dejando muchos cabos sueltos que probablemente recoja más adelante, hay misterios que se quedan sin aclarar (ya se aclararán, supongo) y en algún momento puntual el humor y el gore son demasiado gruesos hasta para mi gusto. Pero no son defectos nuevos, son los mismos que arrastraba la saga desde el principio, y no alteran mi valoración final.

Una última nota. La música que es una parte importante de la vida del autor se ha hecho cada vez más presente desde el libro anterior. Habrá más gags con canciones que recomiendo escuchar, además del gag recurrente de la obsesión de Donut con Wonderwall. Hila muy fino.

Creía que aquí empezaría el declive de la serie. Si este libro demuestra algo es justamente lo contrario: Dinniman sigue encontrando formas de hacer crecer a sus personajes sin renunciar a la locura que convirtió a Carl el Mazmorrero en una saga tan entretenida. Y, al mismo tiempo, es tan cabrón como para de repente pincharte en el corazón. Solo los libros realmente grandes consiguen hacerte reír y, unas páginas después, dejarte con un nudo en la garganta.

Calificación: Muy bueno

Lo Mejor: El desarrollo de Donut como protagonista real de la planta, la evolución militar/coordinada de los rastreadores frente a los cazadores, los momentos de emoción a traición, la mezcla de humor bruto y reflexión profunda

Lo Peor: Cabos sueltos y misterios que se quedan sin resolver, algún pico de humor y gore excesivamente grueso incluso para los estándares ya elevados de la saga

Lo Releería: Sí

Lo Recomiendo: Si has llegado hasta el quinto libro, no hace falta que te lo recomiende, ya lo tienes comprado

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Las 9 mejores novelas y sagas de ciencia ficción espacial para leer este verano (según Bitterblink)

Post especial by Bitterblink

El verano tiene eso: que llega el calor, el aire acondicionado empieza a sonar como un Renault 5 arrancando a -10 grados, descubres que tienes más tiempo libre del que recordabas y acabas buscando alguna forma de escapar de la realidad.

Para desconectar de verdad, hay pocos destinos mejores que el espacio sideral porque tiene una ventaja enorme sobre cualquier otro escenario de evasión: allí tus problemas cotidianos dejan de importar. La hipoteca, el trabajo y el vecino que ha decidido aprender batería durante vacaciones se vuelven insignificantes cuando estás intentando sobrevivir en Marte, detener el fin del Sol o evitar una guerra interestelar.

Así que he reunido algunas de mis novelas y sagas espaciales favoritas. Hay clásicos imprescindibles, fenómenos recientes, inteligencia artificial con problemas existenciales, exploradores galácticos y algún que otro astronauta que toma decisiones extraordinariamente malas con una confianza admirable.

Todas tienen reseña en el blog. Y todas merecen una oportunidad.

El juego de Ender + La sombra de Ender – Orson Scott Card

Si tuviera que recomendar una sola saga de esta lista a alguien que quiere iniciarse en la ciencia ficción espacial, probablemente sería esta. No porque sea la más moderna o la más espectacular, sino porque sigue funcionando igual de bien cuarenta años después de su publicación. Eso no ocurre por casualidad.

En El juego de Ender, la humanidad teme una nueva invasión de los insectores y decide entrenar a los mejores niños del planeta para convertirlos en estrategas militares. Entre todos ellos destaca Ender Wiggin, un genio al que los adultos manipulan sin descanso porque creen que es la única persona capaz de salvar a la especie. Lo brillante de la novela nunca fueron las batallas espaciales, aunque las tiene, sino los dilemas morales que plantea. Card consigue que te preguntes continuamente cuánto estamos dispuestos a sacrificar para sobrevivir y quién paga realmente el precio de la victoria.

Pero si todo el mundo conoce a Ender, mucha menos gente ha leído La sombra de Ender, y eso es una pena porque es una de las mejores reinterpretaciones que he leído jamás. Card vuelve a contar exactamente los mismos acontecimientos desde el punto de vista de Bean, uno de los personajes secundarios del libro original. Lo sorprendente es que no parece una repetición. Bean entiende cosas que Ender desconoce, ve conspiraciones que ocurren fuera de plano y aporta una visión mucho más fría y analítica de toda la historia. Es uno de esos raros casos en los que una novela paralela no vive de la fama del original, sino que consigue engrandecerlo. Si has leído uno y no el otro ¿¿A qué esperas??

Somos Legión (Somos Bob) – Dennis E. Taylor

De todos los libros más recientes que aparecen en esta lista, probablemente ninguno me ha enganchado tanto como Somos Legión (Somos Bob). Es una de esas novelas que empiezas por curiosidad y acabas recomendando a cualquiera que te aguante más de cinco minutos hablando de libros.

Bob Johansson es un ingeniero informático que vende su empresa, se criogeniza por si la inmortalidad acaba llegando y tiene la mala suerte de morir atropellado pocas horas después. Más de un siglo más tarde despierta convertido en una inteligencia artificial integrada en una sonda espacial autorreplicable cuya misión consiste en colonizar la galaxia. Lo que sigue es una mezcla extraordinariamente divertida de exploración espacial, humor geek, inteligencia artificial, filosofía y ciencia ficción hard. Taylor consigue hablar del Barco de Teseo, de colonización interestelar y de los límites de la identidad personal sin que la novela deje de ser una lectura tremendamente entretenida.

Además, hay una peculiaridad importante: actualmente Somos Legión solo se encuentra disponible en español en formato audiolibro. Normalmente eso podría parecer una limitación, pero en verano casi lo veo como una ventaja. Si nunca has probado un audiolibro, esta saga es una forma estupenda de empezar. Hay algo muy agradable en escuchar a Bob mientras paseas por la playa, estás tumbado junto a la piscina o simplemente intentas sobrevivir a una tarde de cuarenta grados. No hay que luchar contra el viento que intenta pasar las páginas por su cuenta ni contra la arena que siempre encuentra la forma de colarse dentro del libro. Simplemente te pones unos auriculares y dejas que una inteligencia artificial obsesionada con colonizar la galaxia te acompañe durante unas horas.

El Marciano + Proyecto Hail Mary – Andy Weir

Andy Weir tiene una habilidad especial que muy pocos escritores poseen: consigue que resolver problemas de ingeniería espacial resulte emocionante. No debería funcionar. Funciona de maravilla.

En El Marciano, Mark Watney es abandonado en Marte después de que su tripulación lo dé por muerto. Está solo, aislado a millones de kilómetros de cualquier ayuda y tendrá que sobrevivir utilizando únicamente sus conocimientos científicos y una capacidad casi sobrenatural para mantener el sentido del humor cuando todo sale mal. Que suele ser bastante a menudo. Es una novela que convierte la ciencia en aventura y que consigue que te preocupes sinceramente por alguien cuyo principal enemigo es una hoja de cálculo llena de malas noticias. Además, tuvo una adaptación cinematográfica estupenda dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Matt Damon, una de esas raras ocasiones en las que libro y película funcionan igual de bien.

Si aquel libro ya era una maravilla, Proyecto Hail Mary consigue ir todavía más lejos. Ryland Grace despierta solo en una nave espacial sin recordar quién es ni por qué está allí. Poco a poco descubre que el Sol se está apagando y que él podría ser la última esperanza de la humanidad. Lo que empieza como un misterio espacial acaba convirtiéndose en una historia de amistad interestelar sorprendentemente emotiva. Y sí, estoy hablando de Rocky. No voy a contar nada más porque descubrirlo forma parte de la experiencia, pero hacía mucho tiempo que un personaje me caía tan bien tan rápido.

Este mismo año además se ha estrenado su adaptación cinematográfica, Proyecto Salvación, que ha conseguido algo nada sencillo: convencer a muchos lectores de que estaba a la altura del material original. Si disfrutaste con El Marciano, esta debería ser tu siguiente parada obligatoria.

Los diarios de Matabot – Martha Wells

Si tuviera que señalar la saga más divertida de esta lista, probablemente elegiría a Matabot. No porque sea una comedia pura, sino porque consigue que un androide antisocial obsesionado con ver series basura termine convirtiéndose en uno de los personajes más entrañables de la ciencia ficción moderna.

La saga comienza con Sistemas críticos, donde conocemos a una unidad de seguridad que ha hackeado su propio sistema de control. Es libre. Lo único que quiere hacer con esa libertad es que los humanos le dejen tranquilo para ver sus telenovelas. Naturalmente, los humanos tienen otros planes. En Condición artificial aparece ART, una inteligencia artificial tan insufrible como brillante, y juntos forman una de las parejas más divertidas que he encontrado en el género. Protocolo rebelde continúa ampliando ese universo y demostrando que Wells entiende perfectamente cómo escribir personajes artificiales que resulten más humanos que muchas personas.

Lo mejor de Matabot es que debajo del humor y de los diálogos brillantes hay una reflexión bastante seria sobre la identidad, la libertad y la dificultad de relacionarse con los demás. Además, son novelas cortas. Peligrosamente cortas. Lees una en una tarde y cuando te das cuenta necesitas la siguiente. Recomiendo también la serie, no puede ser de otra manera, es suficientemente fiel (al espíritu) de los libros.

Serie Imperial Radch — Ann Leckie

Hay novelas que entretienen y luego están las novelas que te obligan a reajustar el cerebro durante las primeras cien páginas. Ann Leckie pertenece claramente al segundo grupo.

Justicia auxiliar tiene una de las premisas más originales de la ciencia ficción moderna. La protagonista es una nave espacial. Literalmente. Una inteligencia artificial que antes controlaba miles de cuerpos auxiliares y que ahora ha quedado reducida a uno solo. Y busca venganza. Lo fascinante no es tanto la trama como el universo que construye Leckie: un imperio galáctico complejo, extraño y diferente a casi cualquier cosa que hayas leído antes.

Espada auxiliar toma todo lo que funcionaba en la primera novela y lo desarrolla todavía más. Más política, más intrigas, más reflexiones sobre identidad, memoria y poder. Es probablemente la recomendación más exigente de esta lista, pero también una de las más originales.

La Vieja Guardia — John Scalzi

No toda la ciencia ficción necesita cambiar tu forma de ver el universo. A veces basta con que te haga pasar un buen rato. Y en eso John Scalzi es un especialista.

La Vieja Guardia parte de una idea fantástica: cuando cumples setenta y cinco años puedes alistarte en las Fuerzas de Defensa Coloniales. A cambio recibes un cuerpo rejuvenecido y una segunda oportunidad. La letra pequeña es que probablemente acabarás luchando en alguno de los lugares más peligrosos de la galaxia. La continuación directa de la aventura, Las Brigadas Fantasma es más ligera e igualmente veraniega.

Scalzi escribe con una facilidad insultante. Los personajes resultan simpáticos desde el primer capítulo, la acción nunca decae y siempre encuentra espacio para el humor. No pretende reinventar el género. Pretende entretener. Y vaya si lo consigue. Es uno de esos libros que se leen con una sonrisa permanente y que recuerdan por qué la ciencia ficción también puede ser pura diversión.

Mickey 7 — Edward Ashton

Termino con una de las premisas más ingeniosas que ha dado la ciencia ficción reciente. En Mickey 7, el protagonista es un Prescindible: un trabajador cuya función consiste básicamente en morir cuando la situación se complica demasiado. Cada vez que eso ocurre, imprimen una nueva copia con todos sus recuerdos.

El problema aparece cuando Mickey 7 sobrevive a una misión que debería haberlo matado y descubre que Mickey 8 ya ha sido creado. Tener dos copias simultáneas de la misma persona es ilegal, así que ambos tendrán que esconderse mientras intentan evitar que los eliminen. Ashton aprovecha esta idea para plantear preguntas bastante interesantes sobre identidad, conciencia y qué significa realmente ser una persona, todo ello acompañado por una buena dosis de humor negro.

La reciente adaptación cinematográfica (Mickey 17, protagonizada por Robert Pattison) ha vuelto a poner el libro en el punto de mira, pero la novela sigue siendo la mejor forma de disfrutar de una idea que mezcla filosofía, clonación y comedia negra con una naturalidad sorprendente.

Y ahora, ¿por dónde empiezo?

Porque ya sé que 9 libros dan vértigo, aquí va mi guía rápida:

  • Si quieres empezar con algo divertido y reciente: Somos Legión, Somos Bob. Engancha desde la primera página y tiene 5 secuelas para todo el verano en formato audiolibro.
  • Si quieres ciencia ficción rigurosa pero emocionante: El bloque de Andy Weir. El Marciano + Proyecto Hail Mary te darán semanas de lectura de primera.
  • Si buscas algo con personalidad y capítulos cortos: Matabot. Es como tener un amigo androide con ansiedad social que te cuenta sus aventuras.
  • Si quieres ciencia ficción literaria que te haga pensar: Ann Leckie. No es lectura fácil, pero es de lo mejor que se ha escrito en el género.
  • Si necesitas un clásico que deberías haber leído ya: El juego de Ender y si lo has leído La sombra de Ender. No hay excusa.
  • Si quieres algo ligero y entretenido: La Vieja Guardia o Mickey 7. Para leer en la piscina sin quemarte las neuronas.

Y ya está. Si con alguno de estos libros no consigues escapar unas cuantas horas del calor veraniego, quizá el problema no sea la ciencia ficción, quizá necesites vacaciones más largas.

El espacio es frío, oscuro y hostil, pero la realidad en la que vivimos es aun más hostil así que aprovechad el verano.

Feliz verano y felices lecturas.

Firmado Bitterblink

 

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El portal de los dioses ferales – Matt Dinniman

Reseñado por Bitterblink

Cuarta entrega del fenómeno literario más improbable de los últimos años: la saga de Carl el Mazmorrero, escrita por Matt Dinniman, ese autor norteamericano autodidacta que empezó autopublicándose en Amazon, fue acumulando lectores en RoyalRoad y Patreon, y terminó siendo recogido por Penguin tras convertirse en uno de los audiolibros más escuchados de toda la historia de Audible. Si no os suena, ya he reseñado el primer libro en este mismo blog y allí podéis encontrar mi opinión sobre el fenómeno y las claves de por qué la saga funciona. Aquí me voy a centrar en este cuarto tomo en concreto.

Sinopsis

Para los que no conozcáis la saga, intento explicarlo sin destriparla. La Tierra ha sido convertida en una mazmorra interdimensional por unos alienígenas que la usan como espectáculo de telerrealidad transgaláctica. Cada nivel de la mazmorra es un escenario distinto con sus reglas, monstruos, jefes y trampas; sus moradores (los ratreadores, humanos supervivientes del apocalipsis) tienen que avanzar de nivel en nivel matando, recogiendo botín, ganando suscriptores y subiendo de nivel mientras todo se retransmite a millones de espectadores extraterrestres que apuestan, patrocinan y comentan sus hazañas. Carl, ex guardia costera estadounidense en calzoncillos y la gata Princesa Donut, antigua mascota campeona de concursos de belleza de su exnovia Beatrice, son las dos estrellas más improbables de esta cosa.

En El portal de los dioses salvajes llegamos al cuarto nivel y la cosa cambia de tono respecto a los anteriores. Aquí la mazmorra se transforma en un escenario donde los rastreadores están separados en «burbujas» y donde ayudar a otros rastreadores va a estar tremendamente limitado. En la burbuja de Carl hay un castillo aereo, una cripta patrullada por un fantasma letal, un castillo de arena habitado por un mago loco y un submarino pilotado por una cabeza robótica.

Carl y Donut tienen que reclutar y proteger a un grupo de rastreadores supervivientes mientras navegan alianzas, traiciones y misiones que parecen imposibles. Por el camino, a los habituales, Mordecai, Katia, Elle e Imani se unirán nuevos rastreadores como Louis y Firas, dos mejores amigos borrachos y fumetas que son mejores amigos y que no parecen tener una idea buena entre los dos (me encanta su evolución) y otros como un grupo de vendedores de coches convertidos en arqueros.

En esta planta Carl se enfrentará a otros rastreadores, gigantescos monstruos, todopoderosos Dioses y quizás los monstruos más escalofriates de todos: los abogados. En fin, no será sencillo ganar, es más no será sencillo sobrevivir y mucho menos salvar al resto de compañeros pero, ey hay que intentarlo.

Opinión personal

Llegamos a la cuarta entrega de una saga que ya cuenta con siete libros publicados en inglés y los va sacando en castellano a buen ritmo gracias a la editorial que ha apostado por traerla. Y este, lo digo ya sin ambages, es uno de los mejores libros de la serie. Probablemente el mejor hasta el momento en términos de equilibrio entre lo que la saga ya hacía bien (acción descacharrante, humor políticamente incorrecto, golpes inesperados) y lo que la saga estaba prometiendo en los libros anteriores y aquí entrega por fin: profundidad temática real.

Lo primero que destaca es la planificación. Si en las primeras entregas uno tenía la sensación de estar leyendo un autor brillante pero algo improvisado, capaz de dar bandazos de subtrama en subtrama, aquí Dinniman empieza a recoger versos sueltos sembrados en los libros previos y a darles sentido. Aquellas pistas dispersas que parecían chistes o detalles de relleno resultan ser piezas pensadas. Esa coherencia retroactiva, que reorganiza la lectura mental que uno tenía de los libros anteriores, es un placer raro y demuestra una arquitectura narrativa mucho más sólida de lo que la fachada gamberra de la saga sugería. Bien por el autor, que confirma aquí que sabe muy bien adónde quiere llegar y que todo está pensado de antemano.

Lo segundo es la estructura clásica de Dinniman: empiezas viniendo por los porrazos y te quedas por las reflexiones. Os explico. La primera capa del libro es lo de siempre: humor absurdo, sátira de la cultura de los influencers y de la telebasura, situaciones que ponen los pelos de punta, criaturas grotescas, peleas brutales, equipo absurdo, frases ingeniosas y momentos que harían las delicias de cualquier amante de los videojuegos con la dosis justa de Borderlands en vena. Pero por debajo, y cada libro más, Dinniman está hablando de cosas muy serias. La responsabilidad individual cuando todos los sistemas te incitan a la pasividad. El capitalismo salvaje y cómo el espectáculo se devora a sí mismo y a quienes lo alimentan. La trampa moral de los pequeños héroes y de los grandes monstruos. La empatía como recurso escaso. La capacidad de mantener la dignidad y la decencia cuando todo a tu alrededor está diseñado para empujarte al cinismo y la crueldad. Suena pretencioso si lo cuento así, pero el milagro es que el autor lo cuela todo entre escenas de criaturas que vomitan y duendes que negocian. Es una saga que funciona en dos niveles y os aseguro que el segundo nivel cada vez pesa más.

Lo tercero son las pequeñas victorias de Carl. Carl no es un héroe canónico, no es un protagonista «brillante» en el sentido tradicional. Es un tipo cabreado, tozudo, con un código moral propio y arruinado por la situación, que va resolviendo cada problema con lo que tiene a mano y va acumulando pequeños triunfos en una cadena imparable. No hay un golpe maestro que cierra el libro. Hay decenas de pequeños momentos que se van encadenando con una lógica casi de cosecha. Y el lector va saboreando cada uno, porque Carl se los ha ganado a pulso. Cuando aprietas en el último tercio del libro y empiezan a caer las fichas, uno tiene la sensación de que cada decisión que has visto tomar a Carl 200 páginas atrás está pagando dividendos ahora. Eso es escritura buena.

Y lo cuarto es el final. Los libros de Dinniman siempre terminan con una explosión, en sentido literal y figurado. Hay un crescendo en las últimas páginas que es marca de la casa y aquí está particularmente bien resuelto. El final sorpresa de este cuarto libro me ha pillado a contrapié y me ha dejado con una incomodidad muy productiva: necesito el siguiente. Ya. No me hagas esperar (por si os lo preguntáis acaba de salir y ya lo estoy leyendo)

Si alguien llega aquí sin haber leído los tres anteriores, no va a entender nada y va a pensar que esto es una locura ininteligible. Es una saga, hay que leerla en orden y comprometerse con ella. Tampoco es para gente que no soporte el humor escatológico, las situaciones políticamente incorrectas o la violencia. El propio formato LitRPG (con sus estadísticas, niveles, inventarios y descripciones de habilidades) sigue siendo un obstáculo para algunos lectores tradicionales, aunque Dinniman lo dosifica con criterio y nunca deja que las mecánicas se traguen el ritmo narrativo. Aviso también para los más sensibles: la saga sigue siendo «adulta» en el peor sentido del término (no hablo solamente de palabrotas), hay cosas que se cuentan que duelen y que se quedan contigo.

Calificación: Muy bueno

Lo Mejor: la planificación a largo plazo del autor que aquí queda en evidencia, el final, las reflexiones sobre responsabilidad individual y capitalismo salvaje, las pequeñas victorias acumuladas de Carl, los versos sueltos de los libros anteriores que aquí se resuelven

Lo Peor: necesitas haberte leído los tres anteriores sí o sí, y aún así te quedarás con ganas inmediatas del quinto

Lo releería: probablemente, sobre todo cuando termine la saga entera para releerla con nueva información

Lo recomiendo: rotundamente, a quien ya esté enganchado a Carl. Y a quien no lo esté, le recomiendo que empiece por el primero porque esto solo se disfruta en orden

Si os ha picado la curiosidad, echadle un ojo a mi reseña del primer libro y ya me contáis si conseguís quedaros solo en uno.

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Villano en Prácticas – John Scalzi

Reseñado por Bitterblink

John Scalzi es un viejo conocido en este blog. Es uno de mis escritores preferidos por su capacidad de mezclar humor y ciencia ficción desde ‘La vieja Guardia’ y sus secuelas. Ha ganado varios premios y ha sido candidato a muchos más, aunque es un autor irregular: tiene grandes aciertos y también obras que se quedan a medio gas.

Esta, lamentablemente, pertenece al segundo grupo. Lo cierto es que Villano en Prácticas me ha parecido una «obra menor» dentro de su bibliografía, comparable en ese sentido a El visitante inesperado.

Sinopsis

Charlie Fitzer es un antiguo periodista económico reconvertido en profesor suplente que lleva años buscando un rumbo en la vida. Divorciado y viviendo en la casa familiar que sus hermanos quieren vender, su único sueño realista es comprar un pequeño pub en el centro de la ciudad… si es que el banco le aprueba alguna vez el préstamo. Su única compañía es su gata, Hera.

La rutina mediocre de Charlie salta por los aires cuando muere su tío Jake, un multimillonario y reservado magnado de los aparcamientos con el que apenas tenía relación, y le deja en herencia todo su imperio.Lo que Charlie no sabe es que el negocio de los aparcamientos era solo una tapadera: su tío era, en realidad, un supervillano de manual, con su correspondiente guarida secreta en una isla volcánica. En el funeral, al que acuden matones únicamente para asegurarse de que Jake está realmente muerto, las cosas empiezan a torcerse. Poco después una bomba destruye su casa y Charlie es incriminado por la muerte de un intruso que resulta ser un agente del gobierno. Sin alternativa, acaba refugiándose en la guarida insular de su tío.

Allí descubre la verdadera magnitud de lo que ha heredado: una red de operaciones encubiertas, una fortuna oculta, una eficiente mano derecha (Morrison) y una organización de secuaces no todos ellos humanos. La organización funciona como una empresa más, con su propia lógica corporativa: los villanos no son ni buenos ni malos, sino simples «disruptores» que explotan los sistemas en beneficio propio o de sus clientes, ofreciendo servicios por suscripción y sosteniéndose sobre un equilibrio de destrucción mutua asegurada.

El problema es que los enemigos de Jake son ahora los de Charlie. Frente a él se alza la Asamblea de Lombardía, una coalición de otros multimillonarios villanos (ricos depredadores sin alma, respaldados por corporaciones multinacionales y capital riesgo) que, en un encuentro en el Grand Bellagio del lago Como, le presionan para que se una y pague una abultada cuota de membresía… o atenga a las consecuencias.

Opinión Personal

La novela arranca muy bien, con algunos comentarios refrescantemente mordaces contra el ultracapitalismo, que es exactamente lo que representa la empresa del «Villano» (esa joya de «somos menos malvados que Spotify, al menos nosotros permitimos ganarse la vida a quienes trabajan para nosotros»). Hay además unos cuantos chistes sobre los Bros emprendedores dignos de la serie Entrepreneurs de Disney+. El problema es que, poco a poco, todo eso se va diluyendo.

Entiendo que la razón de un principio tan brillante y un final más flojo tiene que ver con que, a mitad de la escritura (durante la pandemia), Scalzi se contagió de Covid y estuvo muy muy enfermo, llegando a pensar que iba a morir. Eso debió de cambiarle la perspectiva un poco, y se nota en el tono.

Aquí conviene decir que mi lectura va a contracorriente del consenso crítico, que ha sido bastante más entusiasta. Publishers Weekly lo despacha como un thriller ágil que subvierte los clichés del supervillano con humor socarrón y sentido común, y reseñas anglosajonas como las de Library Journal o Booklist lo recomiendan con entusiasmo, insistiendo en el ritmo rápido y los diálogos chispeantes. Entertainment Weekly lo describe como villanos de nivel James Bond metidos en la rutina del mundo corporativo al estilo de The Office. Incluso quien firma la reseña en SFFWorld defiende que el acierto está precisamente en que el libro no se extiende más de la cuenta: con sus apenas 270 páginas, la trama dura lo justo para soltar su mensaje y marcharse antes de sobrecargarse. Lo entiendo, pero a mí esa misma brevedad me dejó la sensación de divertsión que se evapora.

Sí coincido con un matiz que ha aparecido en alguna crítica más templada: que estamos ante un Scalzi más ligero y tontorrón que de costumbre, con algún apunte sobre gobiernos en connivencia con corporaciones sin escrúpulos, pero entretenido sin más y lejos de sus libros más sólidos.

En general Scalzi no destaca por sus grandes personajes, y aquí sucede lo de siempre. Los únicos con cierta profundidad (además de un delfín sindicalista) son Dobrev, otro villano, y el propio Charlie. El resto, por desgracia, son «solo nombres» sin una personalidad definida. Pero bueno, suele pasarle y no lo veo como una tragedia.

Sin embargo, hay un punto que para mí define la obra como «menor»: el protagonista es sujeto pasivo. Las cosas le ocurren de principio a fin, y no es ni por su genialidad ni por su bondad por lo que todo se resuelve al final. Es como leer una crónica de sucesos con final feliz. Vaya, que no pasa de entretenido, un divertimento menor para el verano.

Ha sido finalista de los premios Hugo y Locus, lo cual nos indica que al menos se basa en grandes ideas y eso no lo puedo negar pero mi bien amado Scalzi tiene mejores libros que ofrecer.

Calificación: Entretenido, una obra menor dentro de Scalzi

Lo Mejor: El arranque mordaz contra el ultracapitalismo, los chistes sobre los Bros emprendedores, el delfín sindicalista

Lo Peor: El protagonista es puro sujeto pasivo, el segundo tramo se desinfla, personajes que son «solo nombres»

Lo releería: No especialmente

Lo recomiendo: A los seguidores de Scalzi que busquen un divertimento ligero de verano, sin esperar lo mejor de su producción

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Valiente (la flota perdida 4) – Jack Campbell

Reseñado por Bitterblink

Jack Campbell (pseudónimo del oficial de la Marina estadounidense John G. Hemry) es un escritor de ciencia ficción militar que lleva varios libros construyendo una de las sagas espaciales más sólidas y adictivas de los últimos años: La Flota Perdida. Valiente es el cuarto volumen, y lo primero que hay que decir es que supera con claridad a Osada, al que calificamos de «Entretenido». Este sube el listón. Si habéis llegado hasta aquí ya sabéis que no hay vuelta atrás.

Sinopsis

El capitán John «Black Jack» Geary sigue al mando de la maltrecha Flota de la Alianza, atrapada en el espacio profundo de los Mundos Síndicos y con muchas ganas de volver a casa. Tras haber escapado por los pelos del sistema estelar Lakota, Geary toma una decisión que a sus propios oficiales les parece una locura: volver exactamente al mismo sitio del que acaban de huir. El razonamiento táctico es brillante, los resultados sorprendentes, y la moral de la tripulación, inexplicablemente, se dispara.

Pero la batalla no es el único frente que tiene abierto. Dentro de su propia flota hay conspiradores dispuestos a relevarle del mando o a convertirle en el dictador que él no quiere ser. La senadora Rione, su amante intermitente y consejera política, desconfía de todo y de todos. Y la capitana Desjani, comandante de su buque insignia el Intrépido, sigue siendo el apoyo más sólido que tiene… y también su problema más complicado, porque entre ellos hay algo que ninguno puede decir en voz alta mientras sigan siendo oficial superior y subordinada.

Opinión Personal

Una de las cosas que Campbell hace muy bien, y que en esta cuarta entrega ya está completamente asentado, es el equilibrio entre la ciencia ficción militar dura y los dilemas personales del protagonista. Las batallas espaciales son detalladas sin volverse incomprensibles, con una lógica táctica que se agradece porque demuestra que el autor sabe de lo que habla (que sea marino de carrera se nota). Pero lo que hace que enganches de verdad no son las lanzas infernales ni los campos de anulación: es Geary.

Geary es un hombre del pasado intentando entender un presente que le resulta extraño. Ha despertado cien años después de su época y lidera a soldados que han crecido adorándole como a un mito. Eso le incomoda profundamente. No quiere ser un héroe legendario, no quiere ser un dictador, y desde luego no quiere quedarse solo con el peso de salvar la Alianza. Esta tensión entre lo que los demás proyectan en él y lo que él sabe que es en realidad es el motor emocional de toda la saga, y en Valiente llega a uno de sus puntos más álgidos.

Lo que más destaca respecto a Osada es la resolución del que allí llamábamos «triángulo amoroso». Ya no hay triángulo. La relación entre Geary y Desjani, que se ha ido cocinando desde el primer volumen, tiene aquí una escena de una sinceridad y contención que le hace a uno desear que aquellos dos personajes ficticios sean felices. No es poca cosa conseguir eso en una novela de naves espaciales disparándose entre sí. Desjani pasa de ser una oficial que en Osada todavía tenía algo de adoradora acrítica a convertirse en un personaje de pleno derecho, con sus propios dilemas, sus pérdidas y su forma de entender el honor. Es la mejor versión de este personaje hasta la fecha.

También avanza con más solidez la subtrama alienígena, que en Osada era apenas un apunte intrigante. Aquí tiene peso real en la trama, con una negociación que revela que el conflicto entre la Alianza y los Síndicos puede ser mucho más grande y más antiguo de lo que nadie sospechaba. Bien llevado.

Dicho todo esto, hay defectos que se repiten de un libro a otro. Las conspiraciones internas dentro de la flota vuelven a girar sobre sí mismas: los mismos oficiales descontentos, los mismos movimientos de tablero, sin desenlace definitivo. A estas alturas ya es un patrón estructural de la saga más que un fallo puntual, y uno se pregunta si Campbell va a resolver esa trama alguna vez o si simplemente la usa como ruido de fondo permanente. Y los marines de la coronel Carabali, cuya falta ya señalé en Osada, siguen siendo los grandes olvidados. Tienen presencia puntual pero Campbell no termina de saber qué hacer con ellos, y es una lástima porque tienen potencial para mucho más.

Calificación: Bueno

Lo Mejor: La madurez del arco Geary-Desjani, las batallas bien resueltas, la amenaza alienígena ganando peso real

Lo Peor: Las conspiraciones internas siguen siendo circulares; los marines de Carabali siguen infrautilizados, como en Osada

Lo Releería: Sí, la saga entera de un tirón

Lo Recomiendo: Imprescindible para los seguidores de la saga, y el mejor libro hasta la fecha. Para los nuevos, empezad por el primero.

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Estrategia de Salida – Martha Wells

Reseñado por Bitterblink

Si habéis llegado hasta aquí es que ya conocéis a Matabot, nuestra SecUnit favorita, ese ser mitad humano mitad máquina que hackea su propio módulo de control para ver telenovelas en paz y que, pese a sus mejores intenciones, siempre acaba salvando a montones de humanos que no ha pedido tener.

Esta es la cuarta entrega de los Diarios de Matabot, y la que cierra el primer arco argumental de la saga. Vaya por delante que si los tres primeros os han gustado, este os va a resultar completamente inevitable.

Ayuda para que hayan traducido este cuarto libro el éxito relativo de la serie de Apple TV que sinceramente a mi también me gustó y recomiendo ampliamente por su humor, sus limitados pero vistosos efectos visuales y su portagonista entrañable.

Sinopsis

Tras los eventos de Protocolo Rebelde, Matabot ha acumulado suficientes pruebas sobre los crímenes de la corporación GrayCris como para hundir su reputación públicamente. El problema es que GrayCris también lo sabe, y ha decidido tomar rehenes: la Dra. Mensah, única propietaria que trató a Matabot como algo más que un equipo de seguridad, ha desaparecido. Los equipos de Preservation están intentando rescatarla, pero Matabot sabe que no van a ser suficientes. GrayCris está desesperada y una corporación sin escrúpulos acorralada es lo más peligroso que existe.

Así que ahí va Matabot otra vez, recorriendo la galaxia para sacar a sus humanos de un lío, intentando aún encontrar un hueco para ver sus series favoritas —tiene una nueva que le está gustando, Aventuras en los Sistemas Libres, y ha empezado a ver algo que llaman «documentales de ficción», aunque no tiene del todo claro qué significa eso.

La misión implica infiltrarse en una estación corporativa, reunirse con algunos conocidos de entregas anteriores —Ratthi, Pin-Lee, y el poco querido Gurathin, con quien el entendimiento sigue siendo mutuamente escaso—, neutralizar otras SecUnits y un Droide de Combate (que es básicamente una SecUnit pero peor), y aprovechar todo el código de camuflaje que ha ido desarrollando en sus aventuras anteriores. Pero más allá del operativo, este libro plantea por primera vez una pregunta directa que la saga llevaba evitando: ¿qué quiere Matabot hacer con su vida ahora que técnicamente puede elegir?

Opinión Personal

Este es el libro más redondo de los cuatro primeros. En los anteriores el riesgo siempre fue que la trama pareciera un pretexto para explorar al personaje, lo cual no es necesariamente malo. Aquí, en cambio, ambas cosas van completamente de la mano. La misión de rescate es genuinamente tensa, con Wells apilando obstáculos con una habilidad que os dejará con el libro pegado a la mano, y al mismo tiempo Matabot llega por fin a un punto de inflexión emocional que la saga lleva construyendo desde la primera página de Sistemas Críticos.

El reencuentro con la Dra. Mensah es el corazón del libro. La relación entre ambas ha evolucionado de forma orgánica y creíble a lo largo de los cuatro volúmenes, y Wells la resuelve con una delicadeza que os puede pillar por sorpresa viniendo de una novela de ciencia ficción de acción. Matabot no se convierte en humana, no tiene un despertar emocional hollywoodiense. Simplemente acepta que hay personas que le importan, que eso no es un fallo de programación, y que probablemente debería hacer algo al respecto.

El humor sigue siendo uno de los grandes activos de la serie. Los monólogos internos de Matabot son una delicia, esa mezcla de sarcasmo feroz, autocrítica devastadora y una sinceridad casi accidental que hace que el personaje resulte tan querible pese a sus esfuerzos por evitarlo. En este libro además, con la reaparición de personajes del primero, tenemos algunos de los mejores intercambios de diálogo de toda la saga.

Si tengo que buscar algún pero, es el mismo de siempre: son novelas cortas, casi relatos largos, y cuando el libro empieza a darte todo lo que querías ya está acabando. La sensación de querer más es permanente en esta saga, lo cual habla bien de la escritora pero puede resultar algo frustrante. Por suerte, como ya sabéis, la saga continúa con novelas de mayor extensión.

Calificación: Muy Bueno

Lo Mejor: El cierre emocional que la saga necesitaba, la relación Matabot/Mensah, el humor intacto

Lo Peor: Demasiado corto, como siempre. Uno acaba el libro y tiene que ir a por el siguiente inmediatamente.

Lo Releería: Sí, de hecho voy a leerme el octavo libro en inglés porque nunca hay suficiente matabot

Lo Recomiendo: Si habéis leído los tres anteriores esto no es opcional. Si no los habéis leído, ¿a qué estáis esperando?

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