Reseñado por Bitterblink
Este es de esos casos raros en los que rompo mi norma de no reseñar libros sin edición en castellano: lo he leído en inglés, así que tomad mis impresiones con ese filtro, porque hay matices de prosa que se me pueden estar escapando o, peor, concediendo generosamente.
Assassin (publicado originalmente en 2018 como Darkblade Assassin y reeditado y ampliado años después) es el primer libro de una saga que ya acumula siete entregas, protagonizada por el Cazador de Voramis, un asesino a sueldo que ejecuta a la élite corrupta de una ciudad portuaria completamente tomada por la mafia. Andy Peloquin es un autor indie con un catálogo considerable dentro de la fantasía oscura, y este es, según parece, uno de sus títulos más leídos, con casi 4.000 valoraciones en Goodreads. Aviso también de que la sinopsis de contraportada no puede ser más esquemática; sospecho que ni el propio marketing editorial sabía muy bien qué estaba vendiendo.
Sinopsis
En Voramis, ciudad portuaria del reino de Einan, corre una leyenda entre criminales y ciudadanos por igual: la del Cazador, un asesino implacable, aparentemente inmortal, que ejecuta con total impunidad a la élite corrupta de la ciudad. Nadie conoce su rostro ni su pasado —ni siquiera él mismo, que carece de memoria previa a cierto punto de su vida—, pero todos temen su nombre. Su arma es Soulhunger, un puñal sentiente que le exige almas a cambio de curación acelerada y fuerza sobrehumana, un pacto cuya verdadera naturaleza el propio Cazador prefiere no examinar demasiado de cerca. Vive en los barrios bajos junto a los mendigos de la ciudad, a los que protege con la misma ferocidad con la que mata a quienes los explotan.
El desencadenante de la trama llega cuando la Mano Sangrienta, el sindicato criminal que controla Voramis de arriba abajo, comete el error de hacer daño a los inocentes bajo la protección del Cazador. Lo que empieza como una misión de venganza personal (contratado, además, para ajusticiar al supuesto violador de la nieta de un noble) se enreda pronto en una trama de identidades falsas y conspiraciones palaciegas que lo obliga a codearse, disfrazado, con la aristocracia de la Voramis alta; ahí es donde conoce a Celicia, dama de la nobleza con la que mantiene varios encontronazos tan tensos como cargados de un humor cortante. Lo que en apariencia es un encargo más se revela como la punta de un hilo mucho más largo, que conecta con los Sacerdotes mendicantes, un culto que rinde devoción al dios de los mendigos, y con una amenaza de naturaleza demoníaca que el Cazador, ateo declarado y desdeñoso de toda religión, se ve forzado a tomarse en serio muy a su pesar.
A medida que la Mano Sangrienta y el propio Cazador escalan su guerra particular, la trama empieza a tirar de los cabos de su identidad perdida: por qué su cuerpo se cura a una velocidad imposible, por qué el hierro es la única sustancia capaz de hacerle verdadero daño, y qué papel juega en todo esto una misteriosa mujer que se le aparece en sueños, cuyo rostro no logra recordar del todo pero cuya presencia siente como una llamada. La novela —dividida en dos partes, «Assassin» y «Avenger»— desemboca en una guerra abierta contra la Mano Sangrienta y contra fuerzas mucho más oscuras que ella, con Voramis ardiendo de fondo, mientras el Cazador se enfrenta por fin a la revelación de lo que realmente es y de hacia dónde debe dirigirse a partir de ahora.
Opinión personal
Lo que más me ha convencido de esta lectura es el propio Cazador. Es un antihéroe con toda la parafernalia esperable del subgénero, pero Peloquin consigue dotarlo de una moral bastante más noble de lo que el propio personaje está dispuesto a reconocer, incluso ante sí mismo. Esa disonancia entre lo que hace y lo que dice ser es el mejor hallazgo del libro. A eso se suma que, según avanza la trama, empieza a asomar su verdadera naturaleza (algo que, entre la curación imposible y esa alergia tan puntual al hierro) cualquier lector de fantasía mínimamente entrenado verá venir de lejos («¿No soy humano?»), pero que Peloquin resuelve con una mitología propia bastante fresca dentro de un género que a menudo recicla los mismos panteones de siempre. Si bien se me hace raro que el personaje no se haya hecho ninguna de estas preguntas hasta ahora, solo le parece muy conveniente para ser un asesino.
Ahora bien, se nota —y mucho— que es una ópera prima. Peloquin escribe con una espontaneidad que tiene su encanto, pero que también es su principal talón de Aquiles: el libro avanza a base de meter al Cazador en un callejón sin salida tras otro, y en demasiadas ocasiones da la sensación de que ni el propio autor sabe cómo sacarlo de ahí. Resulta un poco frustrante que un personaje que se nos vende constantemente como astuto rara vez tenga un plan mínimamente elaborado; lo habitual es que lo acorralen, lo muelan a palos, y que salga adelante a medias por suerte, a medias por pura rabia asesina. Ese mismo problema de planificación se traslada a los cabos sueltos: personajes cuya motivación nunca queda clara, sucesos que solo se sostienen como deus ex machina, hijos todos ellos de una arquitectura narrativa que se escribe más por impulso que por diseño terminando en una barbaridad de páginas.
Si el libro se salva es porque Peloquin tiene talento, porque consigue plasmar con acierto lo que le sale a borbotones del cerebro: Grandísimas escenas de acción, luchas que parecen una coreografía, sangrientas torturas y diálogos a medio camino entre lo violento y lo chistoso que salpican esta novela dandole esa gracia especial de lo nuevo y fresco.
En cuanto a elenco, honestamente no puedo destacar a casi nadie más allá del propio Cazador, que es el único personaje que llega a sentirse completo. El resto son sombras funcionales, y eso incluye a algún que otro personaje con potencial real que Peloquin deja sin desarrollar (Celicia, te estoy mirando a ti).
No es un desastre, ni de lejos: hay talento de base y una voz que, cuando se deja llevar por el instinto, consigue capturar algo genuinamente entretenido. Pero es un libro que funciona a pesar de su falta de planificación, no gracias a ella. Tengo entendido que la saga mejora sensiblemente en cuanto Peloquin empieza a planificar de verdad lo que escribe, en lugar de limitarse a improvisar escenas molonas y dejar que la historia se dirija sola.
En fin un libro entretenidísimo, un poco largo de más (casi 700 páginas), de una saga que merece tener en el radar para ver si algún dia la traducen.
Calificación: Entretenido
Lo Mejor: El Cazador como antihéroe con una moral más noble de la que él mismo admite, y una mitología propia fresca dentro del género
Lo Peor: La falta de planificación: callejones sin salida resueltos a base de suerte y furia, cabos sueltos y personajes secundarios sin desarrollar
Lo Releería: No lo tengo claro, pero sí seguiré con el segundo libro a ver si mejora la planificación
Lo Recomiendo: Sí, con reservas, si te van los antihéroes sangrientos y no te importa que sea indie y en inglés
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