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Acerca de Bitterblink

Nacido en 1980, lector incansable, aficionado al género Z y de terror, así como fantasía, ciencia ficción clásica y moderna, comics y libros juveniles así como novela histórica (fundamentalmente militar).

Dune – Frank Herbert

Reseñado por Bitterblink

Frank Herbert no era un escritor de ciencia ficción que un día decidió inventar un desierto. Antes que nada era un periodista con una curiosidad casi obsesiva por los ecosistemas: pasó años documentándose sobre dunas costeras y proyectos contra la erosión en Oregón, y de ahí nació Arrakis. Herbert construyó primero el planeta —su clima, su ecología, los gusanos de arena y la especia— y después dejó que la política, la religión y la genética se desarrollaran sobre esa base. Esa mirada de ecólogo es una de las claves que distingue a Dune de la space opera de su época: Arrakis no es un decorado, sino un personaje con reglas propias que condiciona todo lo demás.

El resultado fueron siete años de trabajo y un manuscrito rechazado por más de veinte editoriales por su extensión y por lo poco convencional de una space opera construida sobre ecología, religión y política. Finalmente, Chilton Books —conocida sobre todo por sus manuales de automóviles— la publicó en 1965, después de su serialización en Analog. La apuesta salió redonda: Dune ganó el Nebula a la mejor novela en 1965 y compartió el Hugo en 1966, convirtiéndose con el tiempo en una de las obras más vendidas de la ciencia ficción.

Herbert continuó desarrollando ese universo hasta completar, antes de su muerte en 1986, una hexalogía que se aleja progresivamente de la aventura de la primera novela para profundizar en el poder, el mesianismo y la evolución humana a lo largo de milenios. Una saga que —como comento más abajo— he tenido la suerte, y la paciencia, de leer completa.

Sinopsis

El duque Leto Atreides recibe del Emperador el control del planeta Arrakis, el único lugar del universo donde se produce la melange, la especia que hace posible los viajes interestelares y que prolonga la vida y expande la mente de quien la consume. Es un regalo envenenado: los Atreides sustituyen en el feudo a sus enemigos jurados, los Harkonnen, que no piensan renunciar a Arrakis sin pelear. Junto al duque viajan su concubina, la Bene Gesserit Lady Jessica, y su hijo Paul, un adolescente entrenado desde la cuna en el combate, la política y unas disciplinas mentales que lo acercan, sin que él mismo lo sepa del todo, a algo más que humano.

Cuando la traición golpea a los Atreides, Paul y Jessica se ven obligados a huir al desierto y a refugiarse entre los Fremen, el pueblo nativo de Arrakis, curtido por siglos de vivir con el agua racionada y la muerte acechando entre las dunas en forma de pavoroso y gigantesco gusano de arena. Ahí, entre profecías sembradas siglos atrás por la propia Bene Gesserit, la explotación descarnada de la especia y las maniobras del Emperador y sus temidos Sardaukar, Paul empieza una transformación que ya no depende solo de su voluntad, sino de fuerzas históricas, genéticas y religiosas que lo superan.

Opinión personal

Dune es uno de mis libros preferidos, y lo digo siendo consciente de que no es una lectura rápida ni fácil. Lo he leído seis veces —la hexalogía original completa, de hecho, no solo esta primera entrega— y esa insistencia es la que me hace acercarme a escribir esta reseña casi con respeto, con la sensación de que cualquier cosa que diga se queda corta frente a lo que el libro es. Le tengo especial cariño porque llegué a él después de ver la película original, aquella versión «psicodélica» que no es nada fiel a la novela pero que en su momento me pareció lo más molón que había visto en pantalla. Leer el libro después fue descubrir que la fuente era mucho más rica, más árida y más exigente que cualquier imagen que el cine pudiera darme.

Lo que me gusta

Lo que más me fascina de Dune es que enseña y no explica. Herbert deja caer terminología, política, religión y ecología sin manual de instrucciones, y eso hace que casi cada pequeño detalle se convierta en materia de reflexión —o, hoy, en excusa para pararse a consultar internet, algo que antes no existía y que nos obligaba a leer artículos y ensayos sobre el libro solo para terminar de entenderlo—. Ese «dejar cosas sin explicar» es deliberado: la información llega muy poco a poco, casi a regañadientes, y hay pistas del universo Fremen y Sardaukar que solo cobran sentido páginas o capítulos después. Es un libro que confía en que el lector va a sostener la incertidumbre, y esa confianza es rara de encontrar.

Y si hay algo que se beneficia especialmente de ese «enseñar sin explicar» es la ecología de Arrakis. No es un decorado árido más: es una ecología única, distinta, casi alienígena, construida con un rigor que no había visto antes en ninguna otra space opera. En el centro de todo, literal y simbólicamente, está el gusano de arena: no es un monstruo decorativo, sino el eje sobre el que gira absolutamente todo lo demás —la especia, el ciclo del agua, la cultura Fremen, la economía del Imperio—. Cuanto más entiendes cómo encaja cada pieza de ese ecosistema, más se disfruta el libro, y esa es probablemente la mayor demostración de que Herbert hizo primero al planeta y luego a la historia.

Los personajes son otro de sus grandes aciertos, y aquí quiero matizar algo que suelo repetir: para mí, el personaje icónico de la saga, al que Herbert parece tener un cariño especial, es Duncan Idaho: aunque su peso varía, siempre acaba reapareciendo libro tras libro. Tiene hasta nombre de héroe galáctico. Pero no es, sin embargo, el personaje sobre el que resulta más interesante escribir (ese papel evidentemente se lo queda Paul, con toda su ambigüedad). Dama Jessica es otro acierto enorme: una protagonista femenina fuerte y valiente, con una agencia real dentro de la trama, aunque hacia el final del libro pierda algo de ese protagonismo a medida que el foco se cierra sobre Paul. Y luego están personajes consumidos por la devoción como Stilgar, que cumplen una función narrativa preciosa: es precisamente a través de su devoción ciega como el lector mide hasta qué punto Paul se ha transfigurado ya en Paul Muad’Dib.

Los Fremen me parecen maravillosamente misteriosos, y los Sardaukar todavía más: ambos pueblos se definen tanto por lo que Herbert cuenta como por lo que calla. Compro por completo la originalidad de ese universo, la importancia real y tangible de la especia, y el asco que terminan generando los Tleilaxu según se los conoce mejor a medida que avanza la saga (no aparecen en el primer libro). Tardé en entender el libro por completo, y aun así lo considero un imprescindible del género. Es de esos libros que vas a sufrir mientras los lees, pero que cuando por fin encajan las piezas te hacen sentir lo grande que es la obra que tienes entre manos.

Lo que me gusta menos

Hay que asumir que algunos diálogos son tediosos de leer, porque a veces dos palabras intercambiadas llevan detrás media página de descripción de micromovimientos corporales que, en realidad, ya han dejado clara toda la conversación. El ritmo general también es exigente, y hay que superar un inicio especialmente árido antes de que la novela empiece a devolverte el esfuerzo.

Hay algo en la evolución de Paul que siempre me descuadra: su progresiva deshumanización rompe parcialmente la imagen que el lector había construido del personaje y es normal que, de alguna manera, «duela». Se nota en esta primera novela y no solo en las secuelas, aunque sea de forma más sutil. (Aviso de spoiler menor, sin relevancia para la trama principal: hay un momento en que Paul recibe la noticia de la muerte de un hijo con una frialdad absoluta, casi administrativa. Es un detalle que no mueve la historia un ápice, pero que dice mucho de en quién se está convirtiendo el personaje; de hecho, en la película de Villeneuve ese episodio directamente no sucede, es una de las diferencias respecto a la novela.)

Identificarse con el protagonista es más difícil, porque eres muy consciente de cómo va perdiendo su humanidad por el camino. No es un defecto de escritura —está buscado y es parte del propósito de Herbert—, pero sí cambia la experiencia de lectura: empiezas acompañando a un chico que parece un héroe y terminas observando, con una distancia incómoda, a alguien que ya no lo es del todo.

La otra cara de esa misma virtud de «enseñar y no explicar» es que ese estilo deja un worldbuilding con muchos aspectos deliberadamente incompletos, cuestiones que Herbert nunca llegó a desarrollar o cerrar del todo. Las novelas posteriores ambientadas en este universo —sobre todo las de su hijo Brian Herbert— han ido intentando rellenar esos huecos con resultados desiguales, más o menos afortunados según el lector. Es el precio de un libro que prefiere sugerir a explicar: ganas misterio, pero también dejas puertas entreabiertas que otros, con más o menos acierto, acabarán intentando cerrar por ti.

Calificación: Imprescindible

  • Lo mejor: La ecología de Arrakis: única, alienígena y con el gusano de arena como epicentro absoluto de todo lo demás. Un universo político, religioso y ecológico completamente original, sin equivalente real en la ciencia ficción de su tiempo. Personajes como Dama Jessica y Stilgar, que sostienen el libro tanto como el propio Paul.
  • Lo peor: Ritmo exigente. Paul evoluciona pero no tiene por qué gustarte en qué dirección lo hace. Un worldbuilding que deja deliberadamente partes sin desarrollar.
  • ¿Lo releería?: Sin duda, de hecho ya lo he hecho seis veces, hexalogía completa incluida, y no descarto una séptima.
  • ¿Lo recomiendo?: Totalmente, aunque con un aviso: no es una lectura rápida ni cómoda, y hay que llegar dispuesto a sufrir un poco antes de que el libro empiece a dar sus frutos.

Otros libros que podrían gustarte

  • Hellhole, de Kevin J. Anderson y Brian Herbert, hijo de Frank Herbert, si quieres ver cómo otro autor intenta seguir explorando ese mismo tipo de ecología política a gran escala.
  • Justicia auxiliar, de Ann Leckie, por otra space opera que construye un imperio político igual de denso y original.
  • El juego de Ender, de Orson Scott Card, si lo que te atrapó fue ver a un protagonista adolescente cargar con un peso que lo supera.

Nota al pie: Libro vs. películas modernas (Denis Villeneuve)

La adaptación de Villeneuve es fiel en tono y estructura, pero recorta y suaviza algunas cosas: personajes como Piter de Vries o Rabban Harkonnen quedan mucho menos desarrollados que en la novela, el ecólogo Liet-Kynes pasa de hombre a mujer, la escena de la cena en Arrakis pierde buena parte de su tensión cultural, y —como ya comentaba antes— el momento en el que se aprecia la frialdad de Paul ante la muerte de un hijo directamente no aparece en pantalla.

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However Many Must Die – Phil Williams

Reseñado por Bitterblink

Aviso antes de nada: esta novela no tiene edición en español, así que esta reseña va dirigida a quienes leáis en inglés sin problema, o a quienes queráis ir haciendo boca por si algún sello se anima a traerla. Y después de leerla, creo que deberían.

Phil Williams no es un autor debutante, aunque puede que no os suene. Lleva años moviéndose en la fantasía contemporánea y la ficción distópica: es el responsable de la serie urbana Ordshaw, de la saga postapocalíptica Estalia y de la serie Faergrowe. Además tiene un perfil curioso, casi de friki de la lengua: dirige English Lessons Brighton y escribe manuales de gramática para estudiantes de inglés. However Many Must Die es su salto a la fantasía militar en toda regla, primer volumen de la serie The Blood Scouts, y por lo que he leído, un cambio de registro que le ha sentado muy bien.

Sinopsis

Wild Wish se entrenó para una sola cosa: matar. Escapó de una vida anodina en un pueblo perdido gracias a una guerra global, y cuando consigue entrar en las Blood Scouts, el único pelotón íntegramente femenino del ejército de Stanclif, siente que por fin ha encontrado el sitio al que pertenece. Comparte tienda con un grupo de leyendas en construcción: cazadoras nocturnas, matagigantes, hundidoras de barcos. El problema es que se van muriendo una tras otra.

Cuando a las Scouts les encargan su misión más peligrosa hasta la fecha, investigar los rumores sobre un arma secreta que el bando enemigo, Drail, está desarrollando combinando magias prohibidas, Wish y sus compañeras se adentran en territorio hostil sabiendo que no todas volverán. Williams monta además una segunda línea narrativa, la de un personaje sin identidad revelada al principio que se mueve entre las intrigas de su propio bando, y que acaba entrelazándose con el viaje de Wish hacia un desenlace jugado, literalmente, sobre un tren lanzado a toda velocidad.

Opinión personal

Destacar primero el worldbuilding. Williams no te lo da masticado: hay un glosario al principio del libro y lo vais a necesitar, porque esto es fantasía que exige atención desde la página uno. En esta versión bastarda de la Primera Guerra Mundial vamos a tener todo tipo de criaturas fantásticas, conoceremos el horror de enfrentarnos a un gigante halcón, de que nos acechen los grekkels y de toparnos con otras razas ambiguas y misteriosas. Hay quien la ha resumido como una mezcla de Salvar al soldado Ryan y El Señor de los Anillos, y entiendo perfectamente la comparación. Si llevamos la analogía un poco más lejos, las Blood Scouts ocuparían casi el lugar de los hobbits.

Lo segundo, y lo que de verdad me ha conquistado, es el grupo. Aquí no he podido dejar de pensar en Doce del patíbulo: ese mismo espíritu de comando condenado, de camaradería forjada a la fuerza (quizá el gran tema de la novela) entre gente que sabe que las bajas van a llegar. Pero con un giro que me ha encantado: cambiad a los criminales curtidos de Aldrich por un grupo de mujeres con ese punto hogareño, casi de aldea, algo cálido y terrenal en medio de tanta sangre, como si a las Blood Scouts las hubieran sacado de la Comarca en vez de una guerra de trincheras. Ese contraste entre lo entrañable de sus vínculos y la crudeza de lo que les toca hacer es lo que le da al libro su peso emocional, y es la razón por la que unas cuantas muertes me han dolido de verdad. La dualidad de Wild Wish, una mujer blandita y entrañable, capaz de matar a un hombre a 400 metros con su rifle de francotirador, la salvaje Newk, la áspera Rue, la médico Fixit, la puntillosa Oksy… todas con personalidad propia. Enseguida eres capaz de distinguirlas casi desde que empiezan a hablar, quizá por eso será tan traumático cuando una de ellas caiga…

Honestamente, una de las mejores y más dramáticas escenas del libro es cuando una pequeña patrulla de las Blood Scouts intenta neutralizar a un gigante para evitar que ataque a la columna principal que se está acercando ignorando el peligro. Aún me vienen imágenes, como si en vez de un libro fuera una película.

Me hizo especial gracia el origen del apodo de las «Blood Scouts». Se llaman así, no por ser feroces en la lucha, sino por la sincronización de sus periodos menstruales, lo que hace que una vez al mes sean una «escuadra sangrante». Este apodo denigrante me da pie a comentar que uno de los temas centrales de esta novela es el menosprecio que sufren por su género, tanto ellas como la antagonista (la inquisidora Constans Marringdale), no por sus capacidades. Siempre las minusvaloran, siempre piensan que no son capaces (llegando a insinuar que son un «batallón de placer») y sin embargo… ahí están tras las líneas enemigas. Su afirmación como mujeres y como soldados es de lo mejor de la novela. De hecho, incluso los pequeños éxitos de la antagonista te van a poner de buen humor, aunque sea una especie de oficial de las SS (por el componente de limpieza étnica y extrema crueldad), pero incluso a ella le costará que reconozcan sus logros por ser mujer.

También me agrada el capitán Braden, una suerte de James Bond tullido (momentáneamente), galante y conocido como el Gentleman incluso por sus adversarios. Al principio te resulta un poco papanatas, pero luego deja ver que si es el mejor espía de Stanclif es por su valor e inteligencia, no solo como espía sino como oficial y líder, ayudando incluso a Wild Wish a evolucionar en lo que a liderazgo se refiere. Es quizá el único (y el primero) que las ve como una unidad militar altamente eficiente (y sí, se aprovecha de ello metiéndolas en un enorme lío).

Me gusta que los personajes, sobre todo Wild Wish, evolucionen. Pasa de ser «un hobbit» cariñoso, hambrienta de una novia que le dé abracitos (literal), a ser un sargento con todas las de la ley y un líder indiscutible entre su escuadra. Esta novela no idealiza la guerra en absoluto, pero sí ensalza la camaradería de la escuadra sometida a la presión de la supervivencia. Wild Wish solo desea volver con vida y cumplir el sueño que han creado juntas (y que sabe imposible): que monten una granja en su pueblo natal al volver a casa. Es una fantasía pueril, pero la usa para que sus compañeras tengan razones para querer seguir viviendo un día más entre los horrores de la guerra.

Me gustan los cambios de ritmo de la novela: la misión va mutando de una colección de batallas y escaramuzas a una carrera contrarreloj para evitar que un arma definitiva alcance a los aliados. El tramo final, el asalto al tren, es de los que te hacen aguantar la respiración capítulo tras capítulo, y para mí ha sido la mejor parte del libro con diferencia, pero creo que todas las escenas son necesarias.

Si tengo que ponerle un pero, diría que la longitud junto con la densidad lo convierten en un reto, casi 500 páginas cuando podría haberse resuelto en bastantes menos. De hecho, es tan denso que hay un momento en que no te crees que con todas las horas que le has echado solo vas por la mitad del libro… Dicho esto lo leí en apenas cuatro días y le robaba horas al sueño para seguir leyendo. Avisados quedáis.

Calificación: Bueno

Lo mejor: el grupo de las Blood Scouts y su camaradería, el worldbuilding denso pero recompensante, el clímax en el tren.

Lo peor: la longitud y densidad del libro pueden resultar excesivas.

Lo releería: Sí, sin duda, y voy a seguir con la serie.

Lo recomiendo: A los fans de Doce del patíbulo, de las hermandades de armas contra todo pronóstico, y de la fantasía militar que no tiene miedo de hacer sangrar a sus personajes favoritos.

Si quieres leer el libro (en inglés)

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Herederos de Lovecraft: 5 corrientes del horror cósmico en la literatura actual

Herederos de LovecraftReseñado por Bitterblink

Hay un tipo de horror que no se combate. No se escapa. No se sobrevive. Y, lo que es peor, no le importas lo suficiente a la cosa que te mata como para que se moleste en mirarte. Eso es el horror cósmico tal y como lo concibió Howard Phillips Lovecraft hace casi un siglo desde su Providence natal: el terror ante el que somos completamente impotentes y, más aún, ante el que ni siquiera contamos como adversarios.

Cuando reseñé Los Mitos de Cthulhu lo dejé escrito y no me he movido un milímetro: lo que distingue a Lovecraft de cualquier otro autor de terror es que su obra no es en absoluto antropocéntrica. No es un terror diabólico, no es algo con lo que se pueda luchar. El hombre, en sus relatos, es una nota al pie en la historia de un universo poblado por razas alienígenas, dioses malvados de las profundidades y entidades extrañas que amenazan constantemente nuestra existencia. Y lo más inquietante: ninguna de esas fuerzas arcanas quiere esclavizar al hombre o destruirlo específicamente. Simplemente ocurrirá.

Esa es la idea fundacional. Y desde entonces no ha dejado de filtrarse, mutar, mezclarse y, muchas veces, banalizarse. Stephen King admite la influencia. Metallica le dedicó una canción. Hay una cantidad absurda de novelistas, guionistas, diseñadores de videojuegos y dibujantes de cómic que cargan con su sombra.

Pero lo interesante no es que haya herederos, sino cómo han respondido a la paradoja que Lovecraft dejó sobre la mesa: si el cosmos es indiferente y el ser humano no cuenta, ¿cómo demonios cuentas una historia protagonizada por humanos?

Cada corriente ha dado una respuesta distinta. Y aquí las tenéis.


1. Herederos directos: la insignificancia como decorado

La respuesta más sencilla y honesta: abrazar la insignificancia, aceptar que el ser humano es una nota al pie, y usar ese universo como decorado para el pulp, la nostalgia y el homenaje.

Empezamos por libros que directamente hacen referencia a los monstruos lovecraftianos sin cortarse, utilizan sus misterios y sus elementos a veces incluso en modo paródico.

Carter & Lovecraft es un caso especial y un guiño nostálgico para mí: Howard es el guionista de Broken Sword, uno de los videojuegos míticos que marcaron mi adolescencia, así que su nombre en una novela en castellano fue una sorpresa muy agradable. La premisa es de las que dan pereza explicar sin sonrojarse: un policía retirado hereda una librería en Providence y descubre que la regenta una joven afroamericana, la última descendiente directa del propio Lovecraft. Sí, un chiste racial: Lovecraft era de un racismo militante, así que la herencia tiene una ironía que mola.

La novela me recordó muy poderosamente a una aventura de Call of Cthulhu Now, el juego de rol al que jugaba con mis amigos. Los personajes funcionan, el humor irónico está bien dosificado y el libro engancha. Lo malo: abusa de Deus Ex Machina y, sobre todo, los héroes no son los investigadores tímidos de Lovecraft. Estos sacan las armas y se lían a tiros.

Lumley es otro caso claro. Ya lo reseñé hace años: El que habla con los muertos. Necroscopio y mantengo lo dicho: es fácil despacharlo como pulp, pero hay que tener una cosa clara antes de subestimarlo. Empezó a escribir durante sus guardias en la policía militar británica, y eso se nota en cada página. El que habla con los muertos. Necroscopio abre las Crónicas Necrománticas, una saga donde Lumley mezcla el ocultismo lovecraftiano con espías de la URSS, vampiros como mutantes y una Rama E de los servicios secretos británicos plagada de gente con poderes telepáticos. Harry Keogh es un niño raro que descubre que puede establecer una conexión mental con los muertos. No es un médium sentado: es que los muertos siguen “trabajando” tras la muerte. Los matemáticos calculan, los militares planifican estrategias, los escritores siguen escribiendo. Mientras tanto, en la URSS, el nigromante Boris Dragosani encuentra a un vampiro encadenado, Thibor Ferenczi, y aprende un arte mucho más siniestro: torturar espíritus para que confiesen.

Es pulp y se sabe pulp, pero se toma en serio a sí mismo. No hay rastro de parte cutre. Es cierto que a veces la capacidad del héroe de superarse te hace pensar que es invencible, pero siempre las pasa canutas. Si Lumley os atrapa, buscad también Los que acechan desde el abismo, un relato suyo bastante moderno que está entre mis lovecraftianos preferidos.

El eslabón perdido: Matheson

Antes de seguir, un alto obligatorio. Hay un nombre que funciona como bisagra entre el horror clásico de entreguerras y el horror moderno que conocemos hoy: Richard Matheson. Sin él, probablemente no existiría Stephen King tal y como lo conocemos —el propio King lo ha reconocido— y, por extensión, buena parte del cosmic horror moderno le debe una.

Soy leyenda no es cosmic horror en sentido estricto: es una historia de vampiros con base científica, donde Robert Neville es el último hombre vivo en un mundo poblado por criaturas que fueron humanas. Pero hay algo profundamente lovecraftiano en su premisa: Neville no es un héroe, es un hombre acorralado que sobrevive porque no le queda otra. Pasa sus días reforzando su casa, fabricando estacas y bebiendo whisky, sabiendo que está solo y que probablemente morirá solo. El horror aquí es la insignificancia: la humanidad no cayó por un gran mal cósmico, sino por un patógeno. Un microorganismo. Algo que ni siquiera tiene voluntad. Eso es terror materialista del bueno.

Pero donde Matheson realmente coquetea con el horror cósmico es en La casa infernal. La premisa es directa: una casa en Maine donde un millonario excéntrico murió en circunstancias grotescas, y un equipo de investigadores —un físico, una médium, un vidente— es contratado para pasar una semana dentro y demostrar la existencia de vida después de la muerte. La casa de Belasco no es una casa encantada al uso: es un ser vivo, una entidad con voluntad propia que no se limita a asustar. Belasco, su constructor, era un ocultista que invocó algo que se quedó y ahora la casa es la cáscara de esa presencia. No hay redención, no hay cierre. Hay supervivencia. Y la médium, Florence Tanner, acaba destruida no por un demonio, sino por su propia fe en que puede negociar con aquello. El final es de los más amargos que ha dado el género. Matheson entendió —como Lovecraft— que el horror verdadero no negocia.


2. El individuo contra el horror cósmico

Aquí la respuesta a la paradoja es radical: “Vale, el cosmos es indiferente, pero yo no lo soy. Mis amigos, mi familia, lo que amo, lo que odio, existe. Y por eso merece la pena luchar, aunque sea una batalla perdida”.

En esta corriente, el individuo importa. No siempre gana, pero actúa. Y a veces tiene una escopeta.

La incursión española: La piel fría

Antes de seguir con el resto, una parada obligatoria. Mi compañera Malosa tiene una incursión muy notable en el horror cósmico que sería injusto pasar por encima. El libro es La piel fría, del antropólogo catalán Albert Sánchez Piñol, publicado en 2002 y convertido en un éxito excepcional de venta y crítica. Es probablemente la obra de cosmic horror en castellano más reconocida internacionalmente. Le paso el micrófono a Malosa, que la reseñó en 2015:

> “En una isla perdida en medio del océano, dos hombres encerrados en un faro se defienden, noche tras noche, del asedio de unas extrañas criaturas submarinas. La aparente simpleza del argumento esconde una gran complejidad: el libro incluye continuas reflexiones sobre la condición humana, sobre la diferencia y el otro, y hay una clara crítica al antropocentrismo. Las referencias son evidentes: Solaris de Stanisław Lem en el inicio inquietante, El corazón de las tinieblas de Conrad en el planteamiento base, y por supuesto Lovecraft en la concepción de los monstruos. Es una novela claustrofóbica, con multitud de temas controvertidos, bastante original y cuya lectura engancha. Una recomendación en toda regla.” > > — Malosa

Os dejo el guiño que descubrí gracias a su reseña: la criatura submarina con la que el protagonista convive en el faro se llama Aneris, que leída al revés es Sirena. Y los de su especie son los citauca: acuatic al revés. Sánchez Piñol no escribe terror sin saber lo que hace: escribe antropología disfrazada de terror.

El horror pop combatible

El fin de los días es el ejemplo más limpio de esta corriente. A Nevill le llaman “el Stephen King inglés”, aunque yo no creo que la comparación sea acertada: es más de terror de aislamiento en lugares desconocidos que del terror cotidiano del que es experto King. El libro va de Kyle Freeman, un director de documentales contratado para investigar una secta apocalíptica llamada La Última Reunión. La ambientación es claustrofóbica como pocas, con monstruos que aparecen en cualquier lugar en la oscuridad y temen la luz. Consiguió que, leyéndolo a oscuras por la noche, yo no quisiera abrir la puerta del baño sin encender la luz antes. Eso es decir mucho.

Pero entonces llega la última parte y el libro cambia de género. Pasamos de estar acojonados frente a monstruos que solo se controlan con luz a pasar al ataque armado con una Glock y un buen puñado de granadas. Y ahí el libro pierde fuelle. No porque las escenas estén mal, sino porque el horror cósmico no admite escopetas. En cuanto cargas la recámara, lo que tienes delante deja de ser eso que te sobrepasa.

Horrorstör aborda el horror cósmico desde el lado más pop e irreverente. La premisa es brillante en su sencillez: una tienda de muebles idéntica a IKEA empieza a manifestar fenómenos paranormales. Los empleados, atrapados durante un turno de noche, descubren que la tienda fue construida sobre un portal a algo que no debería haber sido despertado. Hendrix escribe terror con una capa de comedia negra que funciona porque nunca pretende ser otra cosa. El libro está maquetado como un catálogo de IKEA, con ilustraciones de productos que van volviéndose más siniestros según avanzas. Sí, es más divertido que aterrador. Sí, el horror es combatible. Pero Hendrix lo sabe y juega con ello.

La sociedad por la preservación de los Kaiju va por una vía similar pero funciona mejor. Scalzi es uno de mis escritores preferidos desde La vieja guardia. La premisa: Jamie Gray es repartidor de comida durante el COVID y un día se encuentra con un conocido que trabaja en una organización que protege animales de otra dimensión. Esos animales son kaiju, criaturas colosales que viven en una realidad paralela y que son algo así como bombas nucleares con patas. El libro no se toma a sí mismo demasiado en serio. Los diálogos son chispeantes, hay juegos de palabras constantes. Scalzi nunca pretendió aterrorizarnos. Sabe que sus kaiju están a kilómetros de Cthulhu y juega con ello.

La rama afroamericana: Ring Shout y Sinners

Ring Shout. Nuestro cántico merece atención aparte dentro de esta corriente. La premisa es de un atrevimiento espectacular: 1915 en Macon, Georgia. Maryse, Chef y Sadie son tres descendientes de los primeros esclavos libertos, cazadoras de monstruos. ¿Qué cazan? A los Klu Klux, que no son hombres con sábanas: son humanos poseídos por espíritus que se alimentan de su odio. Y la invocación se hace a través de El Nacimiento de una Nación de Thomas Dixon Jr. y la película homónima de D. W. Griffith. Cine y literatura como rituales de invocación.

Aquí el individuo contra el horror cósmico adquiere una capa nueva: el monstruo se puede matar con espadas y pistolas, pero el odio racial que lo invoca no. Maryse y las suyas ganan batallas, pero la guerra no termina. Clark entiende que lo combatible y lo inconbatible coexisten.

Los Pecadores (Sinners), la película de Ryan Coogler estrenada en 2025, comparte ADN directo con Ring Shout. Vampiros, racismo del Sur profundo, blues de los años treinta. La conexión es evidente: ambas obras entienden que el horror, en territorio afroamericano, no se puede separar del trauma histórico y de la música como contramagia.

Stranger Things y la deriva mainstream

Stranger Things es el caso de manual de cosmic horror para audiencias masivas. El Mundo del Revés es esencialmente un Área X con estética ochentera. La serie introduce el cosmic horror a una audiencia masiva, pero lo hace dándole armas a los protagonistas: niños con poderes, escopetas, bates de béisbol con clavos. Es horror cósmico para el prime time. Visualmente funciona, pero cuando Once se carga monstruos con la mente, deja de ser cosmic horror.


3. El gobierno contra el horror cósmico

La tercera respuesta a la paradoja es la más ingeniosa: el individuo solo no puede, es cierto. Pero ¿y si creamos una organización? Si la amenaza es tan grande, ¿no debería ser el gobierno con sus ilimitados recursos el que se encargara de la amenaza?

El archivo de atrocidades es la mejor puerta de entrada a esta corriente. Stross es un escritor curioso: farmacéutico de formación, programador y autor de una columna sobre Linux. La Lavandería es una agencia británica paralela al MI6 dedicada a combatir lo oculto. Bob Howard, administrador de sistemas, descubre unas ecuaciones que permiten contactar con otras realidades. Lo reclutan. La mezcla es genial: mitos de Cthulhu, comedia de oficina y libro de espías. Bob Howard no es un héroe arrojado, es un tipo normal tirando a cobardica que es capaz de superar su terror para enfrentarse a horrores sin nombre. Un funcionario asustado con suficiente disciplina puede contener el apocalipsis durante un rato. Esa es la lectura más sana del legado lovecraftiano.

La división de Antimemética no existe es uno de los descubrimientos que más me han emocionado en años. Hughes está vinculado al universo de la Fundación SCP y ganó el Hugo Award al mejor Fan Writer en 2021. La premisa es genial: una división secreta dedicada a combatir amenazas que no solo son peligrosas, sino que además no pueden recordarse. Los antimemes son entidades que atacan la memoria humana, que borran su propia existencia de tu mente. ¿Cómo luchas contra algo que olvidas en el mismo instante en que dejas de mirarlo? La impotencia ya no es física, es cognitiva. Marie Quinn, la protagonista, es la todopoderosa líder que protege el mundo y a la vez una mujer que solo quiere tener una vida normal. Hacía mucho que no leía un libro tan adictivo. Si os gusta la Fundación SCP o los Expedientes X, esto es de lectura obligatoria.

La Torre cierra el bloque. Autor australiano con un máster en historia medieval que trabajó en la Oficina de Seguridad del Transporte Australiana. Myfanwy Thomas despierta en un parque de Londres rodeada de cadáveres, sin memoria, con una carta en el bolsillo que empieza así: “El cuerpo que estás usando fue mío”. Es la agente Torre de The Checquy: el servicio secreto sobrenatural de Su Majestad. Los Men in Black ingleses.

El humor inglés finísimo (mérito de un australiano) y la mezcla de oficina secreta con explosiones de lo fantástico son lo mejor del libro. Myfanwy no es una guerrera. Es una persona con miedo, con poderes peculiares pero limitados, navegando una conspiración que ni siquiera entiende. Lo único malo: 600 páginas, y la parte media se hace larga. Pero el resto es de quitarse el sombrero.


4. Combatir el horror con sus propias reglas

La cuarta respuesta es la más sofisticada: no se combate al horror con ciencia, pistolas ni ministerios. Se aprende su lógica, se aceptan sus reglas y se negocia. O se intenta. A veces funciona. A veces destruye.

Lo que une a los autores de esta corriente es la otredad: entidades con sus propios fines y reglas, ante las cuales los mortales somos vulnerables. Solo siguiendo sus reglas se las puede aplacar. No las entiendes del todo, pero las aceptas. O mueres.

Clive Barker: el cuerpo como portal

Hellraiser es la pieza fundacional de esta corriente. Barker construyó un universo donde los demonios no vienen del infierno sino de una dimensión paralela, y la puerta de entrada es el deseo humano. La Configuración del Lamento no es un puzzle: es una negociación. Los Cenobitas no son ángeles caídos, son exploradores de los límites de la experiencia sensorial. Pinhead no quiere tu alma: quiere experimentar contigo. Ese desinterés por la moral humana es lovecraftiano puro.

Donde Barker se distancia de Lovecraft es en su afirmación del cuerpo. Lovecraft sentía repugnancia por lo físico; Barker lo abraza. Los cuerpos se abren, se transforman, se convierten en paisajes. El laberinto de los Cenobitas es una realidad paralela hecha de carne y ganchos. Lovecraft escribía el horror de lo que no se puede ver; Barker escribe el horror de lo que se ve demasiado bien. Pero en ambos casos hay que aprender las reglas.

Guillermo del Toro: lo antiguo que no es bueno ni malo

Nocturna plantea una invasión vampírica biológica: un parásito antiguo que viene de algún lugar remoto del universo. Los vampiros no son románticos ni seductores. Son hormigas en un hormiguero cósmico.

En Trollhunters (con Daniel Kraus), los trolls son una especie antigua y territorial. Gumm-Gumm, Gunmar, el Rey de la Oscuridad: nombres del Necronomicón. Del Toro entiende que lo monstruoso no es malo por naturaleza, sino porque su escala e intereses son ajenos.

Y en El laberinto del fauno, Ofelia no combate al fauno. Acepta sus pruebas. Sigue sus reglas. El horror no se mata, se negocia. Y el precio puede ser demasiado alto.

Premee Mohamed: el bosque como entidad

El carnicero del bosque es algo distinto y por eso me parece tan valioso. Veris Thorn, mediana edad, sin habilidades especiales, recibe la orden de entrar a un bosque maldito —Elmever, La Olmeda— a rescatar a sus hijos. Sus únicas armas son objetos que parecen cualquier cosa menos mágicos: un cubo de carbón, una castaña, una figurita de jabalí.

La autora sugiere sin enseñar. El primer niño que Veris “salvó” no salió indemne, pero no te lo cuenta. Hay algo siniestro bajo una capucha hecha jirones, pero no te lo cuenta. Tu imaginación crea los monstruos. Y cuando empiezan a revelarse las verdades, igual hubieras preferido no saberlo. Recuerda a El laberinto del fauno: seres mitad carne mitad cosa muerta, algunos buenos, otros malvados, todos con sus propias reglas.

La conexión entre Mohamed y Del Toro es directa. Los dos entienden que el horror cósmico puede tener rostro de cuento de hadas. Lo antiguo, lo que vive en los bosques, no es bueno ni malo. Es otra cosa. Y si entras en su territorio, juegas con sus reglas.


5. Buena idea, ejecución irregular

Y luego están los casos difíciles. Aquellos donde el autor entiende la ambición, intuye la grandeza, pero la narración no la sostiene. Ni el individuo puede, ni el gobierno, ni las reglas del otro bando. Y encima el libro se pierde.

Aniquilación — Jeff VanderMeer

Ya reseñé Aniquilación en su momento y fui claro. VanderMeer ha sido editor de Weird Tales y ha ganado dos World Fantasy Awards. La premisa es un caramelo: el Área X, una zona delimitada por una Frontera misteriosa; cuatro mujeres entrando bajo hipnosis; una torre enterrada con palabras escritas en hongos.

Si la sinopsis suena a Lovecraft mezclado con Lost, es porque así se vendió. Fui víctima del hype. La novela ocurre dentro de la cabeza de la Bióloga, con digresiones hacia su infancia que aburren hasta a las ovejas. Llega un punto en que parece que el personaje se va a despertar cantando en una celda de paredes blanditas. El mayor pecado de un libro es resultar aburrido. La ambientación es genial, la ejecución no está a la altura. Me pareció malo también pero tiene una legión de seguidores más por la película (con la que tiene poco en común) que por el libro en si.

El quinto día — Frank Schätzing

Aquí tengo que confesar algo: Malosa y yo no estamos de acuerdo. Ella reseñó El quinto día en 2011 y lo despachó así:

> “Es una especie de panfleto ecológico sobre la importancia de los ecosistemas marinos. La sensación que me produjo de forma continua es que en la siguiente página iba a pasar algo super interesante, y así llegué a la página 1.000 y seguía sin pasar nada trascendente. Cuando por fin pasa algo, ya estás tan harto que te da igual.”

Su veredicto fue contundente: malo.

Yo lo leí en 2024 y mi opinión es distinta. Los Yrr son una idea bellísima: una especie inteligente en las profundidades, anterior a la humanidad, que decide responder. Usa gusanos, ballenas y cangrejos como armas biológicas. Eso es cosmic horror del bueno. Pero la novela se pierde en sí misma. Demasiadas páginas, demasiadas subtramas. El cosmic horror necesita prosa quirúrgica, y Schätzing usa una maza.


La paradoja del cosmic horror moderno

Y aquí cierro. El género lleva un siglo en crisis con su propio concepto fundacional. Lovecraft inventó una idea radical: el horror absoluto es aquel ante el que no se puede hacer nada. Pero contar historias requiere acción, personajes que decidan, que actúen.

Cada autor que se acerca al cosmic horror tiene que decidir cuánto está dispuesto a banalizar la idea original para que el libro funcione narrativamente. Las cinco corrientes son cinco respuestas a esa misma pregunta:

  • Los herederos directos abrazan el pulp y la nostalgia. No resuelven la paradoja, la usan como decorado.
  • El individuo contra el horror dice: “sé que soy pequeño, pero peleo”. A veces funciona, a veces se diluye.
  • El gobierno contra el horror dice: “solo no puedo, pero organizados aguantamos el tipo”. La respuesta más pragmática.
  • Combatirlo con sus reglas dice: “no lo venzo, lo entiendo. Y negocio”. La respuesta más sabia y más aterradora.
  • Buena idea, ejecución irregular dice: “lo intento, pero la ambición me supera”. Y al menos lo intentaron.

Mi recomendación, dicha sin paliativos: si solo podéis leer dos libros de los que aquí cito, id directos a La división de Antimemética no existe y La Torre. Si tenéis tiempo, sumadle El carnicero del bosque y Ring Shout. Lo demás, según vuestro grado de tolerancia al pulp y al humor friki.

Y si nunca habéis leído a Lovecraft… pues no sé muy bien qué hacéis aquí. Id a empezar por Los Mitos de Cthulhu y volved cuando hayáis comprendido que no sois más que una mota de polvo en el universo. Os espero.

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Una ventana a la oscuridad – Rachel Gillig

Reseñado por Bitterblink

Rachel Gillig nació y creció en la costa de California. Además de escritora es profesora y se licenció en Teoría y Crítica Literarias por la UC Davis. Una ventana a la oscuridad (One Dark Window, 2022) es su debut y el primer volumen de una duología, publicado en castellano bajo el sello habitual de romantasy que tan de moda está estos días. No es un nombre que yo conociera antes de que me cayera este libro entre manos, así que vamos a ver qué tal se le da eso de construir un mundo.

Sinopsis

Elspeth Bonetero tiene nueve años cuando la fiebre de la neblina le oscurece las venas, síntoma inequívoco de que ha quedado expuesta a la magia salvaje que impregna el reino de Blunder. Su padre, capitán de los destreros —la guardia de élite encargada precisamente de dar caza a los infectados—, decide no entregarla y la envía a vivir con su tía, lejos de la corte y de las miradas indiscretas. Lo que nadie sabe, ni siquiera la familia que la ha protegido durante once años, es que Elspeth guarda un secreto bastante más gordo que una simple fiebre: de niña tocó por accidente la carta del Tormento, una de las dos únicas cartas de su clase en todo el reino, y desde entonces convive con una voz antigua alojada en su cabeza. Una criatura que la protege, la aconseja, y le pide a cambio una lealtad cuyo precio Elspeth no ha terminado de comprender ni tras más de una década de convivencia.

El reino en el que transcurre la novela lleva generaciones aislado del resto del mundo por una neblina mágica y vengativa, un ánima del bosque despechada que cobra tributo constante a quien se atreve a cruzarla sin protección. La monarquía de turno, los Serbal, ha convertido la persecución de los infectados en política de estado en nombre de un objetivo mayor: reunir las doce cartas de la Providencia —cada una con un poder específico y un precio que pagar por usarlo— para algún día levantar la niebla de una vez por todas.

La trama arranca de verdad cuando Elspeth se topa en el bosque con un misterioso salteador de caminos que resulta ser, ni más ni menos, Ravyn Tejo, capitán de los destreros del rey y sobrino del monarca. A partir de ahí, secretos, traiciones cruzadas y una misión compartida para reunir las cartas antes del solsticio van tejiendo la trama del libro.

Opinión personal

El sistema de «magia» es de largo, lo mejor de la novela: con reglas, consecuencias y una lógica interna que se sostiene sin fisuras, cosa que se agradece en un género donde el «porque sí» campa a sus anchas.

Por lo demás el «mundo» (un país) es un ente desdibujado, ni nos lo describen ni nos lo enseñan, ni nos explican que hay más allá de la neblina (ni interesa quizá). Tampoco nos explican como el rey con 13 destreros es capaz de controlar y amedrentar a todo un país, siempre recurriendo a que al manejar las cartas de la Guadaña pueden «controlar limitadamente la voluntad de la gente» a costa de sentir grandes dolores (no es la forma que yo elegiría para «dominar» al pueblo si fuera un tirano, suelen ser «alérgicos al dolor»). Pero dicho esto tampoco nos pesa mucho no saber nada del mundo ni del pais, ya que no lo podemos identificar con ningún pais del mundo porque la autora mezcla nombres típicos de un montón de regiones / idiomas, es algo que busqué porque se me hacía raro: Elspeth es escocés, Mía y Dimia son nombres rusos, Hauth y Emory son nombres ingleses, Ione es griego, Jespyr es Holandés… un batiburrillo desde luego.

Sin embargo, tiene un agujero central que la novela jamás se molesta en rellenar: un rey desaparece —o más bien es asesinado y usurpado— y el reino entero decide, colectivamente y durante quinientos años, que quemar todos sus archivos es lo normal, que no hay absolutamente nada raro en ese silencio. Ni una crónica, ni una balada, ni un cronista curioso que se pregunte por qué no queda ni rastro de un monarca entero.

Para que ese vacío funcione hace falta sentir el peso de una maquinaria de poder aplastando la memoria colectiva desde arriba con cuidado y método; aquí simplemente se nos pide que lo demos por bueno. La conspiración existe, evidentemente, y tiene que operar al más alto nivel, pero la novela no se curra demasiado convencernos de que sus arquitectos son lo bastante espabilados como para haberla sostenido tanto tiempo sin que nadie ose preguntar. Pero bueno como esto hay un montón de elementos en la novela que no se explican y tira para adelante…

El problema mayor (para mi), sin embargo, es Elspeth. No por mentirosa  (con el secreto que carga a la espalda, sería absurdo que no lo fuera) sino por la gestión, sistemáticamente torpe, de esa mentira. Hay un momento avanzado en el libro en el que su interés romántico ha puesto ya su vida, su cargo y la seguridad de toda su familia en las manos de ella. Y en ese momento, con todo servido en bandeja, Elspeth sigue escogiendo el silencio antes que una conversación de cinco minutos, generando exactamente el desastre evitable que cualquier lector ve venir con varios capítulos de antelación. No es tensión dramática bien administrada, es una protagonista boba durante un porcentaje demasiado alto del libro. A eso hay que sumarle el giro de manual: la muchacha insegura que duda de sí misma sale al mundo y descubre, convenientemente que es asombrosamente poderosa y asombrosamente atractiva a ojos de todo el que la rodea (todo el que la conoce lo comenta y a ella parece sorprenderle). El cliché no está en que gane poder, está en que el despertar llega envuelto en el paquete completo de la autoafirmación adolescente sin que el texto se moleste en ganárselo con algo más fino que la sorpresa ajena.

El recurso de la entidad que habita su mente es, conceptualmente, de lo más interesante del libro: una voz antigua con su propia historia y sus propias motivaciones, que negocia constantemente el precio de su ayuda, es el mejor personaje de la novela de largo, los mejores diálogos son entre Elspeth y el Tormento. La ejecución sensorial, sin embargo, falla: la criatura tiene pelaje que se puede «sentir» mentalmente, garras cuyo chasquido se percibe casi como sonido físico. El resultado es una imagen difícil de sostener, a medio camino entre la metáfora psicológica y el habitante literal con cuerpo dentro del cráneo, y la novela nunca decide cuál de las dos cosas quiere ser.

No hay más personajes como tales. Hay sombras como Ione o malos absurdamente malos como Hauth o el Jefe de los Galenos cuyas motivaciones son cuanto menos extrañas. Y luego está el «misterioso» por callado y «austero» (no se cuantísimas veces repite el mismo puñetero adjetivo) Ravyn Tejo. Guapo y más simple que un ajo, se le ve venir a kilómetros y babea por la protagonista desde el minuto uno y la única que «no se da cuenta» es ella (le pongo otro negativo a la protagonista por boba en lo sentimental también).

En cuanto a la prosa, es correcta y funcional, pero con tics que cansan mucho antes de llegar al final: manos ásperas y encallecidas a cada pocas páginas, comisuras de labios que se curvan hacia arriba con una frecuencia que roza el chiste involuntario. Supongo que son fetiches particulares de la autora y no dudo de que a cierto público le resulten reconfortantes por repetitivas, pero desde el punto de vista estilístico pesan. Hay, eso sí, un capítulo (el del polvo, si es romantasy tiene que haber un capítulo así) que se resiste con elegancia a la tentación de la metáfora florida y opta por la sencillez, dejando el resto a la imaginación del lector; es, uno de los «spicy» más elegantes que he leído en este género.

El final, curiosamente, es donde la novela se redime: un giro que relega a Elspeth a un segundo plano narrativo consigue, liberado de su criterio (o de la falta de él), un cierre genuinamente más interesante y ambicioso que todo lo anterior. Es el único momento del libro en que sentí verdadera curiosidad por lo que vendría después y me dió ciertas ganas de leer el siguiente al librarme de la plasta de Elspeth, pero está claro y meridiano que volverá al protagonismo de alguna manera, así que me tendré que abstener de leer el segundo.

Ah, y por supuesto comentar que si buscáis cualquier otra reseña de este libro y como viene siendo habitual en la romantasy, todos los libros son: un 10/ 10, es el mejor libro leído, lo único malo es no haberlo comprado antes y blah blah blah. A mi no me ha gustado, lo he terminado así que es evidente que no es horroroso y que según gustos puede entretenerte si eres aficionado al género, pero seamos justos y coherentes, hay libros que están escrito en forma cutre, no hay forma de no darse cuenta como lector y me parece abominable justificarlo para justificar mi mal gusto. Es un libro enganchón que seguro que te sirve para un rato.

Calificación: Pasable y soy generoso, me parece que se ha ganado esta nota por salvar con elegancia la escena erótica.

Lo mejor: El espanto, el único personaje decente de la novela, un setting original pero algo difuso y un sistema de magia con reglas claras y consecuencias por su uso.

Lo peor: una protagonista que se comporta como una adolescente boba durante gran parte del libro, el «misterio» del desparecido Rey Pastor, y lo de «descubro que soy poderosa y atractiva» que llega envuelto en cliché sobre cliché, que no haya más personajes desarrollados en la novela, ni siquiera los malos.

Lo releería: No, por Dios.

Lo recomiendo: si te gusta la romantasy, no es de las peores opciones del género, y hay que reconocerle que el capítulo «spicy» está mejor escrito que en otras novelas del nicho.

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Otros libros que podrían gustarte

  • Una corte de rosas y espinas – Sarah J. Maas. Es la referencia obligada del género: protagonista atrapada entre dos mundos, romance con un ser de poder ambiguo, y la misma mezcla de fantasía gótica y tensión romántica que dominan Una ventana a la oscuridad.
  • De sangre y cenizas – Jennifer L. Armentrout. Otro fenómeno de BookTok con la misma fórmula: protagonista con un secreto peligroso, un interés romántico de la élite/guardia real, y un sistema de poder/sangre con normas propias.

Bitterblink

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La Constelación del Perro – Peter Heller

Reseña original publicada en 2015 — Actualizada en agosto de 2026 con motivo del estreno de la película

ACTUALIZACIÓN 2026: Ridley Scott lleva La Constelación del Perro al cine

Han pasado más de diez años desde que publiqué esta reseña y recomendé La Constelación del Perro como una de las mejores novelas postapocalípticas que había leído desde La Carretera, de Cormac McCarthy.

Ahora tengo una buena excusa para recuperarla.

El 26 de agosto de 2026 se estrena en España La Constelación del Perro (The Dog Stars), adaptación cinematográfica dirigida nada menos que por Ridley Scott, responsable de películas como Alien, Blade Runner, Gladiator o Marte (The Martian). Y, sobre el papel, la elección de Scott resulta especialmente interesante porque esta no es realmente una novela sobre el fin del mundo.

O, al menos, no es principalmente eso.

Es una novela sobre qué razones quedan para seguir viviendo cuando sobrevivir ya no es suficiente.

La película cuenta con Jacob Elordi como Hig, Josh Brolin como Bangley y Margaret Qualley como Cima, acompañados por Guy Pearce, Benedict Wong y Allison Janney. El guion corre a cargo de Mark L. Smith.

Resulta curioso releer ahora mi reseña original porque uno de los aspectos que más destacaba entonces era precisamente la esperanza. Escribí que el libro hablaba de:

«La esperanza, la desesperanza, de perder la ilusión y de recuperarla».

Y parece que esa misma idea ocupa un lugar central en la adaptación de Ridley Scott.

Porque La Constelación del Perro tiene aviones, armas, supervivencia, una pandemia que ha exterminado a casi toda la humanidad y un mundo en el que encontrarse con otro ser humano puede significar morir.

Pero también tiene pesca, naturaleza, recuerdos, amor, un perro, soledad y la necesidad casi absurda de creer que puede quedar algo bueno al otro lado del horizonte.

Por eso sigo pensando, más de una década después, que reducirla a «otra novela postapocalíptica» sería un error.

Si habéis llegado hasta aquí después de descubrir la película de Ridley Scott, esta fue mi opinión cuando el libro llegó a mis manos muchos años antes de que Hollywood pusiera sus ojos sobre él.


Reseña original

Reseñado por Bitterblink

Peter Heller es un periodista dedicado sobre todo a actividades al aire libre (caza, pesca, kayak…) y en general a revistas masculinas y de naturaleza tipo ‘Outside Magazine’, ‘Men’s Journal’ o ‘National Geographic Adventure’. Ya tiene cuatro libros en su haber pero siempre de «No Ficción», el penúltimo y más premiado contando una loquísima aventura recorriendo un peligroso cañón en el Tibet ‘Hell or High Water: Surviving Tibet’s Tsangpo River’. Ha sido desde lavaplatos, instructor de kayak, trabajador de la construcción hasta lo que es ahora, escritor y poeta (ha ganado un premio

de poesía), también fue uno de los aventureros que montado en su tabla de surf se atrevió a documentar la terrible matanza de delfines relatada en la película documental «The Cove». Quizá por eso este libro me llamó tanto la atención: Ciencia ficción post-apocalíptica escrita por alguien cuyo primer libro de ficción es este, publicado en 2012 y recientemente en castellano. Los que me conocéis sabéis que soy muy aficionado a este tipo de novelas y que pocas destacan, sin embargo reconozco que desde «La Carretera» de Cormac McCarthy no he leído nada tan bueno de este género.

Como nota añado que leí la versión original en inglés y que no la recomiendo para gente con inglés medio. Está escrita con una mezcla de lenguaje coloquial, prosa poética y vocabulario campestre que la deja fuera del alcance de muchos, de hecho simplemente con la cantidad de peces y aves que va nombrando ya te vuelves loco, sobre todo para alguien que es tan campestre como los semáforos, como es mi caso :-P. Algo parecido pasa con el vocabulario aeronáutico, algo en lo que sin embargo estoy más al día.

Sinopsis

El 99% de la humanidad ha desaparecido debido a un virus derivado de la gripe, eso paso hace más de 8 años. Big Hig, o simplemente Hig, ha conseguido sobrevivir aislado junto a un río en compañía de su vecino ‘Survivalist’ Bangley, fanático de las armas y de su perro Jasper. Juntos ha creado una inestable forma de vida basada en proteger de los extraños un perímetro de varios kilómetros a la redonda en torno a un aeródromo abandonado.

Hig vuela en su vieja Cessna apodada «La Bestia» dando vueltas alrededor del perímetro para poder ver a los merodeadores antes de que consigan llegar al asentamiento protegido por Bangley y sus cientos de armas automáticas y de francotirador.

Es una vida donde no vives, solo existes, con un amigo/enemigo como es Bangley de compañía y el viejo y fiel Jasper a sus pies. Hig sin embargo sigue teniendo alma de poeta y escritor y se pregunta «¿Hay algo más ahí fuera?». Hace 3 años escuchó una transmisión de una torre de control lejana. Eso le atormenta y le hace preguntarse si no debería haber ido hace años, antes de que el combustible se descomponga y sea inútil.

Finalmente tras una serie de situaciones que parece que van a acabar con su esperanza, Hig decide perseguir aquella transmisión que recibió hace tres años iniciando un viaje potencialmente sin retorno en el que aprenderá mucho de si mismo y del significado de la esperanza.

Opinión Personal

Narrado en primera persona vamos conociendo a Hig, un claro alter-ego del escritor, que de hecho comparte en gran parte su trabajo y aficiones. Gracias a este hecho Hig es un personaje muy completo, muy humano, poético y vulgar a la vez. Divino y profano, y tremendamente profundo. Es un alma sensible en un mundo cruel y donde hasta él ha tenido que claudicar y volverse duro y cruel en determinados aspectos (no os adelanto con qué alimentan al perro…).

Reconozco que es lo mejor que he leído en 2014 de este género y uno de los mejores libros que he leído este año. Sin duda está casi a la altura de «La Carretera» que llegó a emocionarme en varios pasajes. Es una aventura un tanto lenta. Hay que tomarlo como un libro muy reflexivo con amplias disgresiones que tendremos que aprender a apreciar. Historias de pesca, historias de caza, historias de pilotaje, historias cotidianas de pareja… todas van saliendo en las paulatinas disgresiones que se permite le personaje que se debate entre vivir en el pasado, en el presente y en la esperanza del futuro.

La historia pese a todo va a avanzando y nos permite ver un poco más al resto de los personajes que van apareciendo. Son personas complejas, también dañadas y dolidas por lo terrible de la plaga que ha acabado con todo, quizá son un poco irreales pero son personajes complejos que realmente llegas a apreciar.

El libro va desde la poesía hasta lo mundano de enseñarte a pescar. Desde la crueldad de asesinar a niños hasta la magia de ver caer la nieve. Habla de hambre, de frío de desesperanza, y habla de sueños y de la maravilla de vivir en una ciudad. Es un libro muy completo y muy adulto y muy profundo. Que no os eche para atrás el tema post-apocalíptico porque es una gran metáfora de la vida, de los que vivimos por vivir sin sueños que alcanzar. De la esperanza, de la desesperanza, de perder la ilusión y de recuperarla.

Me gustó, me ha gustado mucho y lo voy a recomendar y a regalar estas navidades. Me parece un librazo teniendo en cuenta la cantidad de libros que se han publicado este año y que me han dejado frío. Ahora esperaré con paciencia que traduzcan «The painter» el último libro del autor.

Merece mucho la pena, para almas sensibles y para pescadores, cazadores y pilotos que disfrutaréis de este libro a más niveles que el resto de los mortales que lo leemos.

Calificación: Muy Bueno

Lo Mejor: La mezcla de poesía y existencialismo con temas mundanos, capaz de emocionarte, esperanza, el final

Lo Peor: A veces me pareció lento y demasiado reflexivo, pero también es su punto fuerte

Lo Releería: Si

Lo Recomiendo: Si, para cualquier lector sensible, ideal para pescadores/cazadores y para pilotos que disfrutarán de algunos pasajes más que el resto

Otros libros que podrían gustarte

– La Carretera – Cormac McCarthy

Si quieres comprar el libro

La constelación del Perro (BB)

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6 novelas de ciencia ficción y fantasía con humor friki para disfrutar este verano

Post especial by Bitterblink

Hay un prejuicio tonto que arrastra el género desde siempre: que si un libro te hace reír, entonces es menor, ligero, prescindible. Y es justo al revés. Hacer comedia de calidad dentro de la ciencia ficción y la fantasía es dificilísimo, porque el chiste tiene que convivir con el worldbuilding, los personajes y, en los mejores casos, con una idea de fondo que te deje pensando cuando ya has parado de reír. Estas seis novelas lo consiguen. Las he reseñado todas en el blog, y van de la carcajada bestia al humor más elegante, pero comparten algo: debajo de la broma hay sustancia. Lecturas perfectas para desconectar sin que se te apague el cerebro del todo.

1. Carl el Mazmorrero – Matt Dinniman

Empezamos por lo más gamberro. Una invasión alienígena convierte la Tierra en el plató de un sádico reality show intergaláctico, y Carl —veterano de la Guardia Costera— junto a la Princesa Donut —la gata de su ex— tienen que sobrevivir mazmorra abajo mientras toda la galaxia los observa. Dinniman mezcla humor negro, mecánicas de videojuego (es LitRPG puro) y una crítica feroz al entretenimiento moderno y a la deshumanización. Lo definí en su día como la versión adulta y humorística de Ready Player One: un trago de whisky barato frente a un vaso de horchata de la mejor calidad. Es brutal, adictiva y no se parece a nada. Eso sí, el humor es bestia y la cosa se pone sangrienta: no es para almas demasiado sensibles.

👉 Lee mi reseña completa de Carl el Mazmorrero

2. La Sociedad por la Preservación de los Kaiju – John Scalzi

Jamie Gray, repartidor de comida durante la pandemia, acepta un curro en una supuesta «organización de protección animal» que resulta dedicarse a unos kaiju gigantescos que habitan en una dimensión paralela. Lo mejor del libro son los diálogos: chispeantes, irónicos, soltados por personajes que bromean el 100% del día incluso en los momentos más tensos. Scalzi, amante confeso de la cultura popular, construye un mundo con unas cualidades fílmicas buenísimas (yo me moría por ver la película). Una autoconclusiva de lo más agradable en una época en la que la industria solo te alimenta a base de trilogías. La devoré en una tarde.

👉 Lee mi reseña completa de La Sociedad por la Preservación de los Kaiju

3. Redshirts – John Scalzi

Y ya que estamos con Scalzi, su novela más explícitamente cómica, ganadora del Hugo en 2013. La premisa es una genialidad para cualquiera que haya visto alguna vez una serie de ciencia ficción: ¿qué pasaría si los tripulantes de relleno de una nave —esos que siempre mueren en la misión, los «camisetas rojas» de Star Trek— se dieran cuenta de que son carne de cañón narrativa y decidieran rebelarse? Andy Dahl llega a la astronave Intrépido y enseguida nota que algo va rarísimo. Es una bofetada divertidísima a los espectadores complacientes y, de paso, a los malos guionistas. Su humor es más «elegante» que el de Carl: menos vísceras, más inteligencia. Y cierra cada trama que abre, que tiene mérito.

👉 Lee mi reseña completa de Redshirts

4. Villano en Prácticas – John Scalzi

El Scalzi más reciente y más afilado en lo social. Charlie Fitzer, un profesor suplente con problemas de dinero, hereda de un tío excéntrico todo un imperio que resulta ser un negocio de villanismo: isla volcánica secreta, gatas espía hiperinteligentes, delfines sindicalizados en plena disputa laboral y una organización de supervillanos que funciona como una startup más. Es una sátira anticapitalista con momentos brillantes (esa joya de «somos menos malvados que Spotify, al menos nosotros permitimos ganarse la vida a quienes trabajan para nosotros»). Soy sincero: arranca mejor de lo que termina y el protagonista es demasiado pasivo para mi gusto, pero como divertimento veraniego cumple de sobra.

👉 (Reseña próximamente — añadir enlace al publicar)

5. El café de las leyendas – Travis Baldree

Cambio de tercio hacia algo mucho más amable. Esto es Cozy Fantasy, el subgénero de moda: fantasía reconfortante, de bajas apuestas, hecha para abrazarte. Una orca guerrera, harta de aventuras y matanzas, decide retirarse y montar una cafetería en una ciudad que ni siquiera sabe lo que es el café. Y ya está. Esa es la trama. No hay villano que destruya el mundo ni profecía que cumplir, solo el placer de ver a alguien construir algo bonito con sus manos. Fue finalista de los Goodreads Choice 2022 y nominada a los Nebula y Hugo en 2023. Suelo decir como crítica que «no pasa nada» en un libro, pero aquí esa es precisamente la gracia. Si vienes quemado de tanta épica sangrienta, este es tu antídoto: humor suave, calidez y rollitos de canela recién horneados.

👉 Lee mi reseña completa de El café de las leyendas

6. Cómo convertirse en el Señor Oscuro y morir en el intento – Django Wexler

Cerramos con fantasía cómica y muy gamberra. Davi lleva 237 vidas atrapada en un bucle temporal: cada vez intenta ser la heroína que derrota al Señor Oscuro, y cada vez acaba torturada o muerta. Hasta que, harta, toma la decisión más lógica del mundo: si no puede vencer al Señor Oscuro, se convertirá ella misma en Señor Oscuro. Wexler tira de humor descarado y autoconsciente, con una protagonista cínica que conoce todas las reglas del juego. Aviso a navegantes: el personaje al principio solo piensa en sexo y hay chistes muy bestias sobre muertes; no es para todos los públicos. Pero debajo del cinismo asoma algo más, un personaje dañado que solo busca no acabar como siempre. Ahí es donde el libro deja de ser un entretenimiento descerebrado.

👉 Lee mi reseña completa de Cómo convertirse en el Señor Oscuro

¿Y tú de qué palo friki eres?

Porque al final estos libros funcionan mejor según tus filias, así que elige por fandom:

  • Si te sabes los rangos de la Flota Estelar y has discutido alguna vez si Picard es mejor que Kirk: Redshirts es tu libro. Es el homenaje (y la puñalada cariñosa) definitivo a Star Trek y a todos esos pobres tripulantes de uniforme rojo que palmaban en el minuto tres.
  • Si tu adolescencia fue de dados de veinte caras, hojas de personaje y mazmorras generadas al azar: Carl el Mazmorrero te va a hacer muy feliz. Es LitRPG en estado puro, con barras de vida, loot y jefes finales, pero con mala leche.
  • Si lo tuyo es la fantasía clásica pero ya estás un poco harto de profecías y elegidos: Cómo convertirse en el Señor Oscuro le da la vuelta al tópico con una protagonista que se sabe todas las reglas del juego de rol y decide hacer trampas.
  • Si te criaste con las pelis de Godzilla, los kaiju y el cine de monstruos gigantes de sobremesa: La Sociedad por la Preservación de los Kaiju es tu parque temático particular.
  • Si eres más de sátira, mala uva y reírte del mundo tech y los billonarios: Villano en Prácticas te va a sacar más de una sonrisa cómplice (con delfines sindicalistas incluidos).
  • Y si simplemente estás quemado de tanto friki intenso y solo quieres un café, una manta y que no te griten: El café de las leyendas. A veces el mayor acto de rebeldía es montar una cafetería y que no pase absolutamente nada.

¿Buscas aventura espacial pura en lugar de risas? Pásate también por mi otra guía de novelas y sagas espaciales para el verano (añadir enlace al artículo de espacio), que es otro viaje completamente distinto.

Feliz verano y felices (y frikis) lecturas.

Firmado Bitterblink

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Salitre y Cenizas – Carlos Di Urarte

Reseñado por Bitterblink

Salitre y cenizas es la novela debut de Carlos di Urarte, primer volumen de la trilogía La Corona del Oráculo, publicada por El Transbordador en abril de 2025. Y conviene presentar bien a su autor, porque no es un recién llegado que se haya lanzado a la piscina sin paracaídas: Di Urarte (Santander, 1980) lleva más de trece años trabajando como asesor editorial y lector profesional para varias editoriales de género, y antes de eso formó parte de la plantilla de la mítica librería Gigamesh de Barcelona, donde el fantástico en España se ha cocido durante décadas.

Es también tutor en la escuela de escritura Phantastica, con cursos específicamente centrados en el grimdark, y una de las voces más conocidas en redes divulgando literatura fantástica, terror y ciencia ficción, con esa mezcla de mordacidad y criterio que dan los años leyendo manuscritos ajenos. Vamos, que si alguien sabe de qué pie cojea el género antes de ponerse a escribir en él, es él. Un debut nacional no es poca cosa, y menos cuando se planta directamente en el terreno de la fantasía ambientada en una versión oscura de algo parecido al norte de España del Renacimiento. Eso ya le da puntos antes de abrir la primera página.

Sinopsis

En el penal de El Cabracho, Leo Vicar aguarda la ejecución de su sentencia a manos de la Inquisición. Antes de morir, dicta su infame biografía a un escriba real, y esa confesión es la que vertebra la novela en dos líneas temporales: el presente en la celda y el pasado en Sancta Andara, un pequeño pueblo costero de una España renacentista desfigurada por lo mítico y lo fantástico.

Leo crece en un entorno asfixiante, marcado por una religión opresiva y una tradición popular que juzga con más dureza que cualquier magistrado: el juicio de los ancianos pesa más que la ley oficial. La aparición de una mujer enigmática, arrastrada por las olas y cubierta de tatuajes de tentáculos, cambia el rumbo de su vida y abre la puerta a los elementos de brujería que recorren la novela. Su familia, salvo un tío que acaba erigiéndose en su principal antagonista, ocupa un papel central en la manera en que Leo intenta encontrar su lugar en un mundo empeñado en doblegarlo. Un primer amor desencadena un descenso al abismo del que Leo no sale indemne, ni física ni moralmente.

En la línea temporal del presente, el relato de Leo lo recoge Afonso, un escriba de origen judío que sirve además para asomarse a otras creencias perseguidas en ese mismo mundo. Como contrapunto casi cómico aparece Paristófeles, un «familiar» con mucha retranca que rompe por momentos el tono sombrío de la narración. Hacia el final entra en escena el inquisidor Theron Leal, una pieza que promete tener peso en las siguientes entregas de la trilogía, cuyo segundo volumen ya tiene título: Hábito y mortaja.

Opinión personal

Antes de entrar en materia, un par de avisos. He echado un vistazo a otras reseñas y a las notas en Goodreads antes de escribir esta, y voy a ir a contracorriente de la mayoría, así que ya me lo perdonaréis, pero os voy a dar mi opinión. Y, segundo, es posible que en lo que sigue toque algo que otras reseñas tratan como spoiler y yo no —alguna habla del «giro del segundo capítulo»—. Pido perdón de antemano si es vuestro caso, pero no comparto ese criterio y, para explicar por qué el libro no me ha funcionado, necesito hablar de ello con franqueza. Sois libres de dejar de leer aquí.

Empiezo por lo bueno, porque hay que decirlo con todas las letras: Di Urarte sabe escribir. Y lo digo con alivio, porque últimamente parece que muchas novelas debut tienen que venir con su estructura fragmentada, su narrador poco fiable de manual y su ración de artificios para parecer «modernas». Aquí no hay nada de eso. Desde mi punto de vista, lo que hay es una prosa limpia y bien construida, que te planta en esa Cantabria renacentista con una autenticidad que se siente en la piel: el peso de la religión, la asfixia cultural, esas tradiciones propias que contradicen cualquier idea de progreso.

Destaca para mí, por ejemplo, el juicio de los ancianos, que pesa más que el de cualquier magistrado oficial: es un hallazgo estupendo, uno de esos detalles que retratan mejor una sociedad opresiva que cualquier discurso explicativo. En la misma línea, aplaudo que Di Urarte tire del folclore cántabro de verdad, con criaturas como el ojancano, los trastolillos o los duendes domésticos, en vez de recurrir al bestiario genérico de fantasía que se repite libro tras libro. Ese anclaje en la mitología propia es uno de los elementos más originales de la novela y se agradece muchísimo. Como retrato de la opresión, funciona, y como carta de presentación de un autor debutante, funciona todavía mejor.

Ahora viene lo que no me ha funcionado, que es más largo, pero os lo resumo: no he conectado con el libro y, lo peor, es que me ha aburrido. Ojo, no tiene por qué ocurrirte eso a ti, pero déjame explicarte qué no me ha gustado.

[Ojo, que aquí viene ese spoiler que nadie quiere contar]

Para mí, la disforia de género de Leonora acaba ocupando un espacio desproporcionado respecto a lo que termina aportando al desarrollo de la historia. La novela insiste una y otra vez en ese conflicto como uno de sus grandes ejes, pero nunca tuve la sensación de que evolucionara lo suficiente como para justificar ese protagonismo.

Mi lectura fue que, más que un deseo de ser un chico, el personaje parecía rechazar el papel social que implica ser mujer en ese contexto: casarse bien, tener muchos hijos, etc. De hecho, muchas de las consecuencias que sufre no derivan directamente de su identidad de género, sino de su rechazo constante a las normas sociales y religiosas del entorno. Esa faceta de rebeldía me pareció bastante más determinante para la trama que la propia disforia. Me recuerda a «El cuento de la criada» de Margaret Atwood, donde sufres por las injusticias y arbitrariedades que le ocurren a un protagonista rebelde.

También me chirría la construcción de los personajes secundarios. La sensación que me dejó es que el reparto de roles morales resulta demasiado uniforme, con la mayoría de los hombres cercanos a Leo ejerciendo de aliados, mientras que buena parte de las mujeres representan el rechazo y la crueldad. Incluso el tío de Leo, el principal antagonista masculino, termina apareciendo como un personaje parcialmente justificable, porque la novela presenta buena parte de su violencia como consecuencia del miedo al pecado, al infierno o de la ignorancia.

Me pareció ridículo que una gran parte de la novela y de su conflicto se apuntalara sobre el contrabando de consoladores. Sinceramente, al principio pensé que buscaba ser un golpe de humor negro o una declaración de intenciones, pero luego vi que no, que iba completamente en serio. A mí me sacó de la lectura.

Tampoco comparto la etiqueta de grimdark, y sé que es un poco osado decirlo cuando el propio Di Urarte imparte cursos sobre el género y sabe de esto más que yo. Digamos que él es un enólogo, pero yo soy un borrachuzo y sé lo que me gusta del vino.

En varios textos que intentan definir el género se llega a la conclusión de que el grimdark exige que la moral sea ambigua y que la esperanza resulte excepcional, y para mí esa combinación forma parte de su esencia. Esta novela tiene una moral bastante clara sobre quién es bueno y quién es malo, y el mundo, por opresivo que sea, no transmite esa desesperanza estructural que para mí define al género. Esto es costumbrismo oscuro con brujas, que no es poco ni es malo, pero es otra cosa.

Y una última nota, menor, pero que no quiero dejar de comentar porque me molestó, quizá sin motivo. Entiendo perfectamente que la novela construya una religión paralela a la católica, más opresiva y violenta, como herramienta narrativa: es un recurso legítimo y hasta necesario para lo que quiere contar. Lo que ya no me parece de tan buen gusto es que, para el himno de esa iglesia imaginaria, se recurra a una canción de misa católica real con la letra ligeramente alterada. No le habría costado nada a Di Urarte inventar un himno propio para su iglesia ficticia, sin necesidad de tocar algo que para muchos lectores tiene un significado real. No es grave, pero me ha parecido de mal gusto.

Con todo esto, no dudo del talento de Di Urarte, y sospecho que la saga puede espabilar en el segundo tomo, cuando la vertiente fantástica gane más peso. Pero yo, por mi parte, me bajo aquí. Esta es mi parada.

Pese a mi opinión, espero que lo que os he contado anime a algunos a leerla, tiene ~400 reseñas muy positivas en amazon así que puede que con vosotros si conecte. Es un libro bien escrito, pero creo que el hype le ha venido regular y la etiqueta de grimdark todavía peor, al atraer a lectores que buscaban otra cosa.

Calificación: Pasable

Lo mejor: la prosa; la ambientación en la Cantabria renacentista; el juicio de los ancianos como retrato de la opresión; y el uso del folclore cántabro auténtico (como el trastolillo) frente al bestiario genérico habitual.

Lo peor: una novela que acaba orbitando en exceso alrededor de la disforia de género de Leo sin otorgarle después un peso argumental equivalente; un reparto de roles morales demasiado uniforme por género (hombres aliados, mujeres antagonistas); lo de los consoladores; y la etiqueta de «grimdark», que no comparto por la falta de verdadera ambigüedad moral.

Lo releería: No.

Lo recomiendo: A quien busque costumbrismo oscuro con brujas en una novela que te hará sufrir por las injusticias; no a quien venga buscando grimdark al uso.

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La Mascarada del Carnicero – Matt Dinniman

Reseñado por Bitterblink

Este es el quinto libro de Carl el Mazmorrero, la estupenda serie de LitRPG que, gracias a su éxito internacional, ha terminado llegando también al castellano. Ya sabéis que no abundan las traducciones de este género y que, desde luego, no hay ninguna saga tan gamberra como esta.

Por recordar un poco quién está detrás de semejante locura: Matt Dinniman es un autor y artista estadounidense de Gig Harbor (Washington). Empezó publicando la trilogía de ópera espacial The Shivered Sky y novelas como The Grinding, pero fue Dungeon Crawler Carl, nacida como serial en Royal Road antes de autopublicarse en 2020, la que lo convirtió en uno de los nombres más importantes del LitRPG actual. A estas alturas ya sabéis que tengo incluso una edición firmada de una de sus novelas independientes, así que sí: sigo siendo un fan declarado de este gamberro.

Sinopsis

Carl y Princess Donut llegan a la sexta planta del calabozo, «los Terrenos de Caza»: una jungla exuberante infestada de dinosaurios que buscan sangre. Pero la amenaza no viene solo del entorno: por primera vez, la producción del «Mundo Mazmorra» permite la entrada de turistas de fuera del calabozo, cazadores profesionales que pagan por participar en la cacería de rastreadores. Entre ellos destaca Vrah, una veterana cazadora dispuesta a cobrarse la pieza más importante de su carrera: Carl. Éste, lejos de esperar a ser cazado, decide golpear primero, lo que pronto convierte la cacería en un enfrentamiento profundamente personal.

Alrededor suyo, Carl podrá interactuar con antiguos y nuevos aliados: Mordecai, Katia, Miriam Dom, Prepotente, Imani, Elle, Florin, Louis y Firas y otros personajes se ven arrastrados a una planta marcada por trampas, emboscadas y alianzas incómodas bajo amenaza de represalia divina si alguien rompe la paz. Mientras tanto, las tramas de bastidores se disparan: Odette revela que alguien del pasado de Carl y Donut, sigue vivo, lo que fuerza un reencuentro televisado cargado de emociones. Los movimientos corporativos también se aceleran. Al mismo tiempo, todo apunta a que la Mascarada del Carnicero, la celebración que da título a la novela, es mucho más que una simple fiesta de fin de planta y esconde una trampa para los mejores rastreadores.

Opinión personal

Honestamente pensaba que para este libro la saga ya habría caído en calidad o en originalidad y tendría que deciros que hasta aquí ha llegado mi particular obsesión con Dinniman. Pero no: si algo tengo que decir sin duda de este volumen es que el giro que da la serie aquí es sobresaliente. Vamos a pasar a una siguiente planta y seguimos viendo las cosas desde la perspectiva de Carl, pero la verdadera protagonista de este libro es Donut. Es un cambio de lo más refrescante, porque por fin Donut demuestra tener su propia personalidad, sus traumas y sus secretos, dejando a Carl completamente boquiabierto cuando le suelta (en español en el original) «Viva la Revolución, Carl», y lo seguirá haciendo en varios momentos álgidos de la trama.

Me sigue fascinando que Dinniman combine los chistes más burdos y zafios con las reflexiones más profundas casi en la misma frase. En una línea está hablando de una gonorrea incendiaria, y en la siguiente hace una reflexión sinceramente dolorosa sobre la maternidad. A partir de ahí explora las distintas caras de esa relación: el sentimiento de pérdida cuando tus padres se divorcian, la familia biológica y la familia elegida, la pérdida de un hijo y la pérdida de una madre, el trauma del abandono… Vaya que el tema subyacente de este libro es la relación entre padres e hijos presentando tanto buenos como malos padres, padres vengativos y padres ausentes etc Y no es un tema que se toque una vez y se abandone: lo vamos a ir viendo repetido desde ángulos distintos y con personajes distintos, cada uno más en carne viva que el anterior, haciendo eso que hacen los buenos libros: no te dan respuestas sino que te dan preguntas para pensar antes de ir a dormir…

También destaco que, igual que ya se apuntaba en la parte final del libro anterior, aquí los rastreadores tienen mucha más interacción entre ellos desde el principio, llegando a organizar y coordinar acciones conjuntas, con diálogos que ya empiezan a sonar más a novela militar que a lo que era esta serie en sus inicios. Es una evolución que demuestra hasta qué punto han madurado como grupo, y que además establece un contraste muy inteligente con los cazadores profesionales que se apuntan voluntariamente a esta cacería: esos mismos que en temporadas anteriores eran el auténtico terror de los rastreadores, aquí quedan reducidos a un puñado de aficionados frente a gente que ya sabe a lo que se enfrenta.

Me gusta también cómo el trauma se va haciendo presente de forma orgánica, con rastreadores que de vez en cuando simplemente se quiebran bajo el peso de todo lo que están viviendo, sin que eso reste ni un ápice de acción a la planta. Quizá esta planta sea la más oscura y sangrienta de todas y donde más sufren todos los rastreadores que acompañan a Carl.

Me han sorprendido los momentos de emoción a tración, de repente un soliloquio de un NPC te deja con una lágrima colgando, un breve diálogo entre Carl y Prepotente te hunde en las más tristes reflexiones sin que te puedas preparar para ello… Mención especial la canción de Donut, momento cúlmen de la trama en el que de repente me ha oprimido el pecho, algo que no me esperaba de una serie que empezó siendo una parodia gamberra de LitRPG.

Evidentemente no es perfecto. Sigue dejando muchos cabos sueltos que probablemente recoja más adelante, hay misterios que se quedan sin aclarar (ya se aclararán, supongo) y en algún momento puntual el humor y el gore son demasiado gruesos hasta para mi gusto. Pero no son defectos nuevos, son los mismos que arrastraba la saga desde el principio, y no alteran mi valoración final.

Una última nota. La música que es una parte importante de la vida del autor se ha hecho cada vez más presente desde el libro anterior. Habrá más gags con canciones que recomiendo escuchar, además del gag recurrente de la obsesión de Donut con Wonderwall. Hila muy fino.

Creía que aquí empezaría el declive de la serie. Si este libro demuestra algo es justamente lo contrario: Dinniman sigue encontrando formas de hacer crecer a sus personajes sin renunciar a la locura que convirtió a Carl el Mazmorrero en una saga tan entretenida. Y, al mismo tiempo, es tan cabrón como para de repente pincharte en el corazón. Solo los libros realmente grandes consiguen hacerte reír y, unas páginas después, dejarte con un nudo en la garganta.

Calificación: Muy bueno

Lo Mejor: El desarrollo de Donut como protagonista real de la planta, la evolución militar/coordinada de los rastreadores frente a los cazadores, los momentos de emoción a traición, la mezcla de humor bruto y reflexión profunda

Lo Peor: Cabos sueltos y misterios que se quedan sin resolver, algún pico de humor y gore excesivamente grueso incluso para los estándares ya elevados de la saga

Lo Releería: Sí

Lo Recomiendo: Si has llegado hasta el quinto libro, no hace falta que te lo recomiende, ya lo tienes comprado

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El Sauce Oscuro – Mauro Caffaratto

Reseñado por Bitterblink

Como cada año, en la feria del libro de Madrid, que para nosotros es un eventazo literario con tintes fetichistas (ver si tu autor favorito está más viejo o a adelgazado es parte del tema), yo suelo ir por las casetas y comprar libros de ciencia ficción y fantasía de autores españoles. Suelen ser parte de mis lecturas de verano.

Suelo comprar primeras novelas, libros humildes en tapa blanda y desconocidos, pero este Sauce oscuro es la excepción ya que siendo una primera novela viene en tapa durísima y con bastante promoción en las casetas y muchísima en internet.

“¿Cóoooomo? ¿Una primera novela de fantasía escrita originalmente en castellano promocionada?” diréis. Y es que  el segundo apellido de Mauro es Grandes, como su madre, la muy querida, conocida y prematuramente fallecida (2021) escritora Almudena Grandes. Y su padre, Alberto Caffaratto es un conocido editor.  Hasta aquí el salseo. Y sí, ha tenido mucha promoción y notoriedad por ser quién es, pero ya os digo: Mauro no vive de sus apellidos; debo decir que con toda sinceridad creo que esta novela hubiera conseguido la misma notoriedad por sí misma, por su excelente calidad. De hecho yo no sabía nada del autor y ya había recomendado vivamente la novela a mis amigos, ahora que lo sé, solo puedo decir «Hijo de tigre: nació con rayas».

Mauro Caffaratto Grandes (Madrid) es consultor tecnológico de profesión, aficionado a los juegos de rol y lector compulsivo de fantasía y ciencia ficción. También confiesa otras aficiones bastante menos épicas, como la programación, la cocina o los puzles de lógica. El Sauce Oscuro inaugura la saga Los sueños de Elenda y supone su debut como novelista. Resulta evidente que llevaba años construyendo este universo antes de decidirse a publicarlo, porque cuesta creer que un mundo tan amplio y cohesionado haya nacido únicamente para una primera novela.

Sinopsis

Kendarian Molino fue uno de los mejores investigadores del Directorio, pero una serie de errores lo ha convertido en un funcionario relegado a un destino que nadie desea: el remoto valle del Cuervo. Allí debe investigar la desaparición de tres muchachas, un caso que las autoridades mantienen abierto más por protocolo que por verdadero interés.

El regreso a su lugar de origen obliga además a Kendarian a enfrentarse al recuerdo de la muerte de su padre, asesinado por un Invitado, las monstruosas criaturas que nacen de determinadas muertes violentas y que convierten el mundo de Elenda en un lugar donde el horror forma parte de la vida cotidiana. Sobre el valle, además, planea la sombra del Sauce Oscuro, una entidad antigua cuya presencia parece despertar de nuevo.

Lo que comienza como una investigación policial acaba transformándose en una historia de conspiraciones, magia, horrores cósmicos y secretos familiares dentro de un universo de fantasía oscura tan ambicioso como original.

Opinión personal

¿Qué encontrarás en El Sauce Oscuro?

  • Fantasía oscura (Grimdark)
  • Escenas «costumbristas»
  • Horror cósmico
  • Investigación policial
  • Monstruos lovecraftianos
  • Intrigas políticas
  • Magia original
  • Prosa literaria
  • Mundo complejo

Para ser una primera novela me sorprendió mucho y para bien. Merece toda una wiki y con solo esta novela podría rellenarla entera. Leí el primer capítulo, apenas unas páginas y quedé electrizado y eso que en la feria del libro de Madrid ese día hacían 40 grados de temperatura y no invitaba a sentarse a leer bajo un árbol…

Digamos que hay muchas formas de escribir y muchas formas de construir un mundo de fantasía, pero voy a hacer una simplificación horrorosa y decir que hay 2:

  • O bien me baso en lo conocido o (gran O)… me lo invento desde cero
  • O bien uso lenguaje y valores modernos o (grandisimo O)… recurro a casi castellano reacentista y valores acordes.
  • O bien escribo con frases cortas y concisas con palabras fáciles O (enooorme O)… escribo con estilo propio y dejo que el lector aprenda a usar un puñetero diccionario.

Podéis adivinar que Mauro ha huido de todo lo fácil y ha elegido en los tres casos la opción difícil.

Eso quizá no es algo directamente proporcional a lo bueno que es un libro, por ejemplo Brandon Sanderson es todo lo contrario, sacrifica su ambición estilística en aras de la claridad y el ritmo. Mauro, en cambio se la juega con un estilo propio y un ritmo más pausado, más digamos «literario» y a la vez cercano que honestamente agradezco por su originalidad.

El mundo que construye Mauro es muy complejo y vivo, es una mezcla de Castilla renacentista con horrores lovecraftianos, con otras dimensiones y con monstruos y dioses que habitan en los sueños. Os doy algunas pinceladas porque a mí me hubieran ayudado a entender la novela:

  • Primero cuando alguien muere de forma accidental o violenta y no es decapitado se produce una “Invitación” y un horroroso monstruo caníbal surge a partir del cadáver y se pone automáticamente a matar y devorar a todos los humanos de alrededor. Los más poderosos se llaman espantos y el Sauce Oscuro es uno.
  • Luego tenemos una organización llamada el Directorio, formada por “hermanos” criados y entrenados desde niños y provistos de un tipo de hechicería llamada “cramancia”.
  • La vida política y social está gobernada por el Tratado de las Semillas. En cada parto el infante puede (o no) tener una (valiosísima) semilla alojada en el cordón umbilical cerca del ombligo. Las familias que producen semillas más grandes se convierten en nobles y si dejan de producirlas pueden perder su título.

Y podría seguir con más y más detalles y aspectos del mundo que son importantes, pero que creo que es mejor que descubras en el libro.

Lo que más me gusta:

  • Para mí, es un 10 la originalidad del mundo. Mitad siglo de oro mitad Lovecraft, con el Tratado de las Semillas como eje político y social. Pronto te das cuenta que encaja mucho con lo que llamamos “fantasía oscura” o Grimdark. Sin embargo dentro de un mundo tan duro también hay sitio para vidas normales y relativamente felices.
  • Kendarian es un gran protagonista que además se nos va desvelando poco a poco, al principio te lo presentan como un putero (literal) disoluto pero luego ves que la persona de la que hablan los rumores no es eso. Esa profundidad en capas es lo que más agradezco de un protagonista, por eso lo amas o lo odias y en este caso me encanta. También la evolución de la relación con Elda Tierra (y el propio personaje de Elda que es un personaje femenino de esos de los que te enamoras sin darte cuenta)
  • Me gusta que siendo un mundo tan complejo procure enseñarte y no explicarte arbitrariamente (este defecto lo tienen muchos primerizos). Eso hace que a veces entendamos el mundo poco a poco, eso es parte de la gracia. Cuando te preguntes ¿Y esto qué tiene que ver? no te preocupes que la explicación llegará…
  • La historia empieza muy muy bien y se sigue con interés
  • Las relaciones entre personajes son más complejas que en otras novelas de fantasía, interesase, cosas ocultas, cosas dichas y sugeridas…
  • Los Diálogos salpicados de palabrotas, racismo, banalidades y chistes de taberna son de lo mejor de la novela
  • El lenguaje es muy rico (insisto en lo de las palabrotas) y vas a aprender más sobre molinos de lo que quisieras saber (Tolva, canaleja, muela, cabria etc…)
  • Un divertido guiño hacia el final respecto de los juegos de rol de lapiz y papel y una pifia en una tirada de Cordura (la famosa regla «Gallina»), me hizo sonreír.

Lo que me gusta menos:

  • Encuentro un poco incoherente la mezcla de nombres castellanos tipo Pedro Higuera con otros claramente fantásticos como Kendarian. Hay algunas justificaciones, pero me parece un poco arbitrario (Kendarian es de padre “extranjero” concretamente Podro).
  • No me convence ser lector omnisciente, conocer a los “malos” y sus prácticas sadomaso casi me molesta, ya que el malvado Julito Perales (sí, es el nombre de uno de los antagonistas) da menos miedo que un culto sin cara.
  • Recurre al «body horror», al «asco», incluyendo el sexo explícito en este saco, que a mí es algo que tampoco me encanta.
  • Otras historias (a veces anteriores y otras posteriores a la historia) mezcladas durante los capítulos como las semillas de los Vuelaplata, me hicieron perder un poco el hilo. Considero que las digresiones aportan al mundo pero no a la historia y a veces se me hizo confuso encajarlas en el hilo de la trama.
  • Empieza muy rápido pero a mitad de la novela el ritmo se pausa mucho. La parte central se hace lenta y parece en algunos capítulos más una novela “costumbrista” que de fantasía. Quizá fue lo que más me ha pesado en esta, por lo demás, muy buena novela, pero si os ocurre os animo a insistir, ya que las escenas costumbristas y las cartas también cumplen una función aunque estés deseando volver a la historia de Kendarian (quizá porque estás deseando volver a la historia de Kendarian).
  • Hacia el final de la novela hay un Deus Ex Machina absurdo que me molesta, pero el autor lo integra en el argumento.

No es un libro perfecto, eso está claro, pero considero que es un Muy buen libro, más incluso teniendo en cuenta que es una primera novela. Sí, tiene algún defecto, sin embargo eso no le resta mérito al enooorme mundo de fantasía que habitaba en su cabeza y que ha sabido plasmar en esta estupenda novela.

En mi opinión, esta novela es un “instant-classic”, que es una lástima lo dificilísimo que va a ser traducirlo a otros idiomas. Ojalá lo hagan, porque creo que a los angloparlantes les va a «explotar la cabeza»  con la prosa de este libro, mucho más arriesgado estilísticamente que la fantasía que últimamente se publica. Apuesto a que dentro de 10 años seguiremos hablando de este libro. Y espero seguir escribiendo en internet para poder deciros «Os lo puto dije».

Calificación: Muy bueno, sorprendentemente bueno para una primera novela.

Lo mejor: Mundo extraordinariamente original, ambientación grimdark con sabor castellano, imaginación desbordante, lenguaje rico y con personalidad, personajes complejos, gran comienzo, lore inmenso, graciosísimo guiño a la «tirada de cordura» de los juegos de rol

Lo peor: Ritmo irregular en la parte central, digresiones que rompen la historia, antagonistas menos inquietantes al mostrarlos demasiado, mezcla de nombres algo arbitraria, el body horror y el sexo como demostración de poder, no me encanta un Deus Ex Machina cerca del final

Lo releería: Sin duda

Lo recomiendo: Vivamente, si te gusta la fantasía es de lo más original que se ha publicado en castellano últimamente.

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Odisea – Javier Negrete

Reseñado por Bitterblink

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Javier Negrete (Madrid, 1964) es un autor fundamental de la fantasía y la ciencia ficción en España. Licenciado en Filología Clásica, ha compaginado su carrera literaria con la docencia como profesor de griego, ejerciendo durante años en el instituto de Navalmoral de la Mata (Cáceres), lo que explica su profundo vínculo con la cultura clásica en sus obras.

Ha ganado en distintas ocasiones el premio Ignotus otorgado por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Asimismo ha ganado otros premios destacados: 2000 – Premio UPC de novela corta por Buscador de sombras, 2006 – Premio Minotauro por Señores del Olimpo y 2008 – Prix Européen Utopiales en Francia por la misma novela, que le consagró también fuera de nuestras fronteras.

No es casualidad que sea precisamente en el terreno grecorromano donde Negrete se mueve mejor: cuando escribe mitología clásica su prosa gana una soltura y una pasión que no siempre encuentro en sus otras novelas.

Este libro entra de lleno en ese terreno, así que ya sabéis que parto con cierta predisposición favorable, aunque como siempre intento no dejar que eso me nuble el juicio.

Sinopsis

Negrete no se conforma con narrar el regreso a Ítaca. La novela arranca con Odiseo todavía niño, mucho antes de que nadie haya oído hablar de Troya, en el momento en que sin saberlo se convierte en objetivo de los dioses. Es Atenea quien se fija en él, fascinada por una inteligencia que se adivina distinta a la de cualquier otro mortal, y decide convertirlo en su campeón, en la herramienta con la que planea hacerse con el poder del Olimpo. Lo que la diosa no sospecha es que la principal virtud de Odiseo no va a ser la fuerza ni el valor, sino la astucia, y que el arte de la manipulación puede jugarse en las dos direcciones.

De ahí la novela nos traslada a la guerra de Troya, donde recorremos junto a Odiseo los episodios más conocidos del ciclo troyano: el trato con Aquiles y Agamenón, el peso del rapto de Helena y la afrenta a Paris y Príamo, y el ingenio final del caballo que decidirá el conflicto. Negrete mezcla con soltura el relato bélico con la maquinaria divina que opera detrás, dejando claro en todo momento cuánto de lo que ocurre en el campo de batalla responde en realidad a los intereses y caprichos de Zeus, Hera, Poseidón y el resto del panteón.

La última gran parte del libro es el regreso propiamente dicho, con Ítaca como horizonte cada vez más lejano. Aquí desfilan los episodios que cualquier lector de la Odisea reconocerá: el cíclope, los cantos de las sirenas, Circe y su isla, el paso entre Escila y Caribdis, el descenso al Hades para consultar a Tiresias, los años de cautiverio en la isla de Calipso y la llegada a la corte de los feacios de la mano de Nausícaa. Al otro lado de ese periplo esperan Ítaca, Penélope, el hijo Telémaco ya crecido y los pretendientes que se han instalado en el palacio dando por muerto al rey, un desenlace que Negrete no se apresura en absoluto a resolver.

Opinión personal

Es un libro largo, muy largo, y se nota especialmente en el tramo central: ahí el ritmo decae y cuesta bastante más avanzar que en el arranque o en el cierre. Dicho esto, el conjunto me ha convencido, y lo que más me ha interesado es cómo resuelve Negrete algo que Homero da por hecho y que a un lector moderno le puede costar sentir: qué significaba de verdad tener un dios encima.

Para los griegos los dioses no eran figuras lejanas ni alegorías bonitas, eran entidades superpoderosas que vivían en un monte y que, cuando les apetecía, entraban en tu cabeza y te hacían hacer cosas que tú jamás habrías hecho por voluntad propia. El ejemplo de manual es Heracles matando a sus propios hijos, poseído por Hera. Negrete recoge exactamente ese guante y lo convierte en el eje emocional de la relación de Odiseo con Atenea: no es una musa protectora, es algo mucho más parecido a un demonio capaz de tomar posesión de tu cuerpo y cometer atrocidades en tu nombre mientras tú, encerrado dentro, no puedes hacer nada. El resultado es un odio y un resentimiento hacia la diosa que la Odisea original jamás se plantea, porque en Homero Atenea es la aliada, el favor divino que todo héroe querría tener. Aquí es la amenaza permanente.

Ese giro cambia el motor de toda la novela. El poema de Homero es, en el fondo, un canto al anhelo de volver a casa, con la hospitalidad hacia el extraño como una de sus grandes lecciones morales de fondo. Negrete conserva ese anhelo pero le añade una condición que Homero nunca pone sobre la mesa: Odiseo no solo quiere volver a Ítaca, no quiere volver a cualquier precio. Quiere volver libre, sin deberle nada a la diosa que lleva media vida usándolo como marioneta. Es un matiz pequeño sobre el papel y enorme en la lectura, porque convierte cada intervención divina, cada golpe de suerte que en el original celebraríamos sin más, en una victoria envenenada. Y os aseguro que Ulíses / Odiseo, tiene un plan y como Annibal Smith, le encanta que los planes salgan bien.

Los dioses en general pese a no ser protagonistas per se de la novela merecen un comentario aparte. Negrete no solo los introduce en la narración: Los reinventa. Me encanta la personificación de Hefesto más como un creador de tecnología super avanzada en vez de un herrero.

Repasando otras reseñas del libro he visto que no soy el único al que le chirría algo el reparto de personajes: varios lectores coinciden en que quedan un poco planos, sobre todo los secundarios, que funcionan más como piezas necesarias para el avance de la trama que como personas con las que uno llegue a encariñarse de verdad. A eso se suma un problema de foco que también he visto señalado en otro sitio y que comparto: Negrete se detiene con muchísimo detalle en pasajes que uno esperaría más breves, como el encuentro con Nausícaa, al que dedica un tiempo que no me esperaba en absoluto, y en cambio despacha con prisa otros que sí son claves para cualquier lector de la Odisea, como la ejecución del caballo de Troya, que queda casi en fuera de campo tras haberle dedicado bastante espacio a su preparación. Es una novela que deja a medias justo donde uno querría que se recreara más.

Por último, una manía personal que ya le noto a Negrete de un libro a otro: su insistencia en las Moiras y las Parcas como recurso narrativo. Entiendo el porqué, encaja con esa idea de un destino que pesa sobre los mortales, pero a mí el efecto que me produce es justo el contrario al que busca, porque cada vez que aparecen terminan haciéndome spoiler de la propia novela que estoy leyendo.

Es un libro acertado, fácil de leer y que sostiene la tensión a lo largo de sus (demasiadas) páginas. Que sí que ahora estoy en una época de mi vida que los libros muy largos se me atoran un poco en la garganta, seré yo. Dicho esto el libro como suele suceder cuando Negrete saca a relucir su oficio con la mitología, me ha gustado mucho, me ha sorprendido siendo una historia mega trillada, y como otras veces felicito al autor por su logro.

Calificación: Bueno

Lo Mejor: el tratamiento de Atenea como una presencia opresiva y no como una simple aliada, el tema de la libertad frente al de solo volver a casa, el plan de Odiseo

Lo Peor: la extensión, especialmente en la parte central, donde el ritmo decae

Lo Releería: probablemente no de una sentada, pero sí volvería a los pasajes de la relación con Atenea

Lo Recomiendo: sí, sobre todo si buscáis una lectura de la mitología griega que se tome en serio lo aterrador de convivir con un dios, y tenéis paciencia para un libro extenso

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Esta novela es una reedición que hemos podido leer gracias a la editorial HarperCollins, que nos la ha hecho llegar sin coste en formato físico, y que como el resto de libros que las editoriales nos hagan llegar vamos a donar a la «biblioteca de pacientes» del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Esta muy meritoria iniciativa que una de las enfermeras ha puesto en marcha por su cuenta, se ha traducido en una pequeña estantería llena de libros en la planta tercera del hospital a la que estamos encantados de poder contribuir. Gracias de nuevo a HarperCollins por su generosidad y a Begoña (nuestro contacto en el Marañón) por su estupenda iniciativa.

Bitterblink

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