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Herederos de Lovecraft: 5 corrientes del horror cósmico en la literatura actual

Herederos de LovecraftReseñado por Bitterblink

Hay un tipo de horror que no se combate. No se escapa. No se sobrevive. Y, lo que es peor, no le importas lo suficiente a la cosa que te mata como para que se moleste en mirarte. Eso es el horror cósmico tal y como lo concibió Howard Phillips Lovecraft hace casi un siglo desde su Providence natal: el terror ante el que somos completamente impotentes y, más aún, ante el que ni siquiera contamos como adversarios.

Cuando reseñé Los Mitos de Cthulhu lo dejé escrito y no me he movido un milímetro: lo que distingue a Lovecraft de cualquier otro autor de terror es que su obra no es en absoluto antropocéntrica. No es un terror diabólico, no es algo con lo que se pueda luchar. El hombre, en sus relatos, es una nota al pie en la historia de un universo poblado por razas alienígenas, dioses malvados de las profundidades y entidades extrañas que amenazan constantemente nuestra existencia. Y lo más inquietante: ninguna de esas fuerzas arcanas quiere esclavizar al hombre o destruirlo específicamente. Simplemente ocurrirá.

Esa es la idea fundacional. Y desde entonces no ha dejado de filtrarse, mutar, mezclarse y, muchas veces, banalizarse. Stephen King admite la influencia. Metallica le dedicó una canción. Hay una cantidad absurda de novelistas, guionistas, diseñadores de videojuegos y dibujantes de cómic que cargan con su sombra.

Pero lo interesante no es que haya herederos, sino cómo han respondido a la paradoja que Lovecraft dejó sobre la mesa: si el cosmos es indiferente y el ser humano no cuenta, ¿cómo demonios cuentas una historia protagonizada por humanos?

Cada corriente ha dado una respuesta distinta. Y aquí las tenéis.


1. Herederos directos: la insignificancia como decorado

La respuesta más sencilla y honesta: abrazar la insignificancia, aceptar que el ser humano es una nota al pie, y usar ese universo como decorado para el pulp, la nostalgia y el homenaje.

Empezamos por libros que directamente hacen referencia a los monstruos lovecraftianos sin cortarse, utilizan sus misterios y sus elementos a veces incluso en modo paródico.

Carter & Lovecraft es un caso especial y un guiño nostálgico para mí: Howard es el guionista de Broken Sword, uno de los videojuegos míticos que marcaron mi adolescencia, así que su nombre en una novela en castellano fue una sorpresa muy agradable. La premisa es de las que dan pereza explicar sin sonrojarse: un policía retirado hereda una librería en Providence y descubre que la regenta una joven afroamericana, la última descendiente directa del propio Lovecraft. Sí, un chiste racial: Lovecraft era de un racismo militante, así que la herencia tiene una ironía que mola.

La novela me recordó muy poderosamente a una aventura de Call of Cthulhu Now, el juego de rol al que jugaba con mis amigos. Los personajes funcionan, el humor irónico está bien dosificado y el libro engancha. Lo malo: abusa de Deus Ex Machina y, sobre todo, los héroes no son los investigadores tímidos de Lovecraft. Estos sacan las armas y se lían a tiros.

Lumley es otro caso claro. Ya lo reseñé hace años: El que habla con los muertos. Necroscopio y mantengo lo dicho: es fácil despacharlo como pulp, pero hay que tener una cosa clara antes de subestimarlo. Empezó a escribir durante sus guardias en la policía militar británica, y eso se nota en cada página. El que habla con los muertos. Necroscopio abre las Crónicas Necrománticas, una saga donde Lumley mezcla el ocultismo lovecraftiano con espías de la URSS, vampiros como mutantes y una Rama E de los servicios secretos británicos plagada de gente con poderes telepáticos. Harry Keogh es un niño raro que descubre que puede establecer una conexión mental con los muertos. No es un médium sentado: es que los muertos siguen “trabajando” tras la muerte. Los matemáticos calculan, los militares planifican estrategias, los escritores siguen escribiendo. Mientras tanto, en la URSS, el nigromante Boris Dragosani encuentra a un vampiro encadenado, Thibor Ferenczi, y aprende un arte mucho más siniestro: torturar espíritus para que confiesen.

Es pulp y se sabe pulp, pero se toma en serio a sí mismo. No hay rastro de parte cutre. Es cierto que a veces la capacidad del héroe de superarse te hace pensar que es invencible, pero siempre las pasa canutas. Si Lumley os atrapa, buscad también Los que acechan desde el abismo, un relato suyo bastante moderno que está entre mis lovecraftianos preferidos.

El eslabón perdido: Matheson

Antes de seguir, un alto obligatorio. Hay un nombre que funciona como bisagra entre el horror clásico de entreguerras y el horror moderno que conocemos hoy: Richard Matheson. Sin él, probablemente no existiría Stephen King tal y como lo conocemos —el propio King lo ha reconocido— y, por extensión, buena parte del cosmic horror moderno le debe una.

Soy leyenda no es cosmic horror en sentido estricto: es una historia de vampiros con base científica, donde Robert Neville es el último hombre vivo en un mundo poblado por criaturas que fueron humanas. Pero hay algo profundamente lovecraftiano en su premisa: Neville no es un héroe, es un hombre acorralado que sobrevive porque no le queda otra. Pasa sus días reforzando su casa, fabricando estacas y bebiendo whisky, sabiendo que está solo y que probablemente morirá solo. El horror aquí es la insignificancia: la humanidad no cayó por un gran mal cósmico, sino por un patógeno. Un microorganismo. Algo que ni siquiera tiene voluntad. Eso es terror materialista del bueno.

Pero donde Matheson realmente coquetea con el horror cósmico es en La casa infernal. La premisa es directa: una casa en Maine donde un millonario excéntrico murió en circunstancias grotescas, y un equipo de investigadores —un físico, una médium, un vidente— es contratado para pasar una semana dentro y demostrar la existencia de vida después de la muerte. La casa de Belasco no es una casa encantada al uso: es un ser vivo, una entidad con voluntad propia que no se limita a asustar. Belasco, su constructor, era un ocultista que invocó algo que se quedó y ahora la casa es la cáscara de esa presencia. No hay redención, no hay cierre. Hay supervivencia. Y la médium, Florence Tanner, acaba destruida no por un demonio, sino por su propia fe en que puede negociar con aquello. El final es de los más amargos que ha dado el género. Matheson entendió —como Lovecraft— que el horror verdadero no negocia.


2. El individuo contra el horror cósmico

Aquí la respuesta a la paradoja es radical: “Vale, el cosmos es indiferente, pero yo no lo soy. Mis amigos, mi familia, lo que amo, lo que odio, existe. Y por eso merece la pena luchar, aunque sea una batalla perdida”.

En esta corriente, el individuo importa. No siempre gana, pero actúa. Y a veces tiene una escopeta.

La incursión española: La piel fría

Antes de seguir con el resto, una parada obligatoria. Mi compañera Malosa tiene una incursión muy notable en el horror cósmico que sería injusto pasar por encima. El libro es La piel fría, del antropólogo catalán Albert Sánchez Piñol, publicado en 2002 y convertido en un éxito excepcional de venta y crítica. Es probablemente la obra de cosmic horror en castellano más reconocida internacionalmente. Le paso el micrófono a Malosa, que la reseñó en 2015:

> “En una isla perdida en medio del océano, dos hombres encerrados en un faro se defienden, noche tras noche, del asedio de unas extrañas criaturas submarinas. La aparente simpleza del argumento esconde una gran complejidad: el libro incluye continuas reflexiones sobre la condición humana, sobre la diferencia y el otro, y hay una clara crítica al antropocentrismo. Las referencias son evidentes: Solaris de Stanisław Lem en el inicio inquietante, El corazón de las tinieblas de Conrad en el planteamiento base, y por supuesto Lovecraft en la concepción de los monstruos. Es una novela claustrofóbica, con multitud de temas controvertidos, bastante original y cuya lectura engancha. Una recomendación en toda regla.” > > — Malosa

Os dejo el guiño que descubrí gracias a su reseña: la criatura submarina con la que el protagonista convive en el faro se llama Aneris, que leída al revés es Sirena. Y los de su especie son los citauca: acuatic al revés. Sánchez Piñol no escribe terror sin saber lo que hace: escribe antropología disfrazada de terror.

El horror pop combatible

El fin de los días es el ejemplo más limpio de esta corriente. A Nevill le llaman “el Stephen King inglés”, aunque yo no creo que la comparación sea acertada: es más de terror de aislamiento en lugares desconocidos que del terror cotidiano del que es experto King. El libro va de Kyle Freeman, un director de documentales contratado para investigar una secta apocalíptica llamada La Última Reunión. La ambientación es claustrofóbica como pocas, con monstruos que aparecen en cualquier lugar en la oscuridad y temen la luz. Consiguió que, leyéndolo a oscuras por la noche, yo no quisiera abrir la puerta del baño sin encender la luz antes. Eso es decir mucho.

Pero entonces llega la última parte y el libro cambia de género. Pasamos de estar acojonados frente a monstruos que solo se controlan con luz a pasar al ataque armado con una Glock y un buen puñado de granadas. Y ahí el libro pierde fuelle. No porque las escenas estén mal, sino porque el horror cósmico no admite escopetas. En cuanto cargas la recámara, lo que tienes delante deja de ser eso que te sobrepasa.

Horrorstör aborda el horror cósmico desde el lado más pop e irreverente. La premisa es brillante en su sencillez: una tienda de muebles idéntica a IKEA empieza a manifestar fenómenos paranormales. Los empleados, atrapados durante un turno de noche, descubren que la tienda fue construida sobre un portal a algo que no debería haber sido despertado. Hendrix escribe terror con una capa de comedia negra que funciona porque nunca pretende ser otra cosa. El libro está maquetado como un catálogo de IKEA, con ilustraciones de productos que van volviéndose más siniestros según avanzas. Sí, es más divertido que aterrador. Sí, el horror es combatible. Pero Hendrix lo sabe y juega con ello.

La sociedad por la preservación de los Kaiju va por una vía similar pero funciona mejor. Scalzi es uno de mis escritores preferidos desde La vieja guardia. La premisa: Jamie Gray es repartidor de comida durante el COVID y un día se encuentra con un conocido que trabaja en una organización que protege animales de otra dimensión. Esos animales son kaiju, criaturas colosales que viven en una realidad paralela y que son algo así como bombas nucleares con patas. El libro no se toma a sí mismo demasiado en serio. Los diálogos son chispeantes, hay juegos de palabras constantes. Scalzi nunca pretendió aterrorizarnos. Sabe que sus kaiju están a kilómetros de Cthulhu y juega con ello.

La rama afroamericana: Ring Shout y Sinners

Ring Shout. Nuestro cántico merece atención aparte dentro de esta corriente. La premisa es de un atrevimiento espectacular: 1915 en Macon, Georgia. Maryse, Chef y Sadie son tres descendientes de los primeros esclavos libertos, cazadoras de monstruos. ¿Qué cazan? A los Klu Klux, que no son hombres con sábanas: son humanos poseídos por espíritus que se alimentan de su odio. Y la invocación se hace a través de El Nacimiento de una Nación de Thomas Dixon Jr. y la película homónima de D. W. Griffith. Cine y literatura como rituales de invocación.

Aquí el individuo contra el horror cósmico adquiere una capa nueva: el monstruo se puede matar con espadas y pistolas, pero el odio racial que lo invoca no. Maryse y las suyas ganan batallas, pero la guerra no termina. Clark entiende que lo combatible y lo inconbatible coexisten.

Los Pecadores (Sinners), la película de Ryan Coogler estrenada en 2025, comparte ADN directo con Ring Shout. Vampiros, racismo del Sur profundo, blues de los años treinta. La conexión es evidente: ambas obras entienden que el horror, en territorio afroamericano, no se puede separar del trauma histórico y de la música como contramagia.

Stranger Things y la deriva mainstream

Stranger Things es el caso de manual de cosmic horror para audiencias masivas. El Mundo del Revés es esencialmente un Área X con estética ochentera. La serie introduce el cosmic horror a una audiencia masiva, pero lo hace dándole armas a los protagonistas: niños con poderes, escopetas, bates de béisbol con clavos. Es horror cósmico para el prime time. Visualmente funciona, pero cuando Once se carga monstruos con la mente, deja de ser cosmic horror.


3. El gobierno contra el horror cósmico

La tercera respuesta a la paradoja es la más ingeniosa: el individuo solo no puede, es cierto. Pero ¿y si creamos una organización? Si la amenaza es tan grande, ¿no debería ser el gobierno con sus ilimitados recursos el que se encargara de la amenaza?

El archivo de atrocidades es la mejor puerta de entrada a esta corriente. Stross es un escritor curioso: farmacéutico de formación, programador y autor de una columna sobre Linux. La Lavandería es una agencia británica paralela al MI6 dedicada a combatir lo oculto. Bob Howard, administrador de sistemas, descubre unas ecuaciones que permiten contactar con otras realidades. Lo reclutan. La mezcla es genial: mitos de Cthulhu, comedia de oficina y libro de espías. Bob Howard no es un héroe arrojado, es un tipo normal tirando a cobardica que es capaz de superar su terror para enfrentarse a horrores sin nombre. Un funcionario asustado con suficiente disciplina puede contener el apocalipsis durante un rato. Esa es la lectura más sana del legado lovecraftiano.

La división de Antimemética no existe es uno de los descubrimientos que más me han emocionado en años. Hughes está vinculado al universo de la Fundación SCP y ganó el Hugo Award al mejor Fan Writer en 2021. La premisa es genial: una división secreta dedicada a combatir amenazas que no solo son peligrosas, sino que además no pueden recordarse. Los antimemes son entidades que atacan la memoria humana, que borran su propia existencia de tu mente. ¿Cómo luchas contra algo que olvidas en el mismo instante en que dejas de mirarlo? La impotencia ya no es física, es cognitiva. Marie Quinn, la protagonista, es la todopoderosa líder que protege el mundo y a la vez una mujer que solo quiere tener una vida normal. Hacía mucho que no leía un libro tan adictivo. Si os gusta la Fundación SCP o los Expedientes X, esto es de lectura obligatoria.

La Torre cierra el bloque. Autor australiano con un máster en historia medieval que trabajó en la Oficina de Seguridad del Transporte Australiana. Myfanwy Thomas despierta en un parque de Londres rodeada de cadáveres, sin memoria, con una carta en el bolsillo que empieza así: “El cuerpo que estás usando fue mío”. Es la agente Torre de The Checquy: el servicio secreto sobrenatural de Su Majestad. Los Men in Black ingleses.

El humor inglés finísimo (mérito de un australiano) y la mezcla de oficina secreta con explosiones de lo fantástico son lo mejor del libro. Myfanwy no es una guerrera. Es una persona con miedo, con poderes peculiares pero limitados, navegando una conspiración que ni siquiera entiende. Lo único malo: 600 páginas, y la parte media se hace larga. Pero el resto es de quitarse el sombrero.


4. Combatir el horror con sus propias reglas

La cuarta respuesta es la más sofisticada: no se combate al horror con ciencia, pistolas ni ministerios. Se aprende su lógica, se aceptan sus reglas y se negocia. O se intenta. A veces funciona. A veces destruye.

Lo que une a los autores de esta corriente es la otredad: entidades con sus propios fines y reglas, ante las cuales los mortales somos vulnerables. Solo siguiendo sus reglas se las puede aplacar. No las entiendes del todo, pero las aceptas. O mueres.

Clive Barker: el cuerpo como portal

Hellraiser es la pieza fundacional de esta corriente. Barker construyó un universo donde los demonios no vienen del infierno sino de una dimensión paralela, y la puerta de entrada es el deseo humano. La Configuración del Lamento no es un puzzle: es una negociación. Los Cenobitas no son ángeles caídos, son exploradores de los límites de la experiencia sensorial. Pinhead no quiere tu alma: quiere experimentar contigo. Ese desinterés por la moral humana es lovecraftiano puro.

Donde Barker se distancia de Lovecraft es en su afirmación del cuerpo. Lovecraft sentía repugnancia por lo físico; Barker lo abraza. Los cuerpos se abren, se transforman, se convierten en paisajes. El laberinto de los Cenobitas es una realidad paralela hecha de carne y ganchos. Lovecraft escribía el horror de lo que no se puede ver; Barker escribe el horror de lo que se ve demasiado bien. Pero en ambos casos hay que aprender las reglas.

Guillermo del Toro: lo antiguo que no es bueno ni malo

Nocturna plantea una invasión vampírica biológica: un parásito antiguo que viene de algún lugar remoto del universo. Los vampiros no son románticos ni seductores. Son hormigas en un hormiguero cósmico.

En Trollhunters (con Daniel Kraus), los trolls son una especie antigua y territorial. Gumm-Gumm, Gunmar, el Rey de la Oscuridad: nombres del Necronomicón. Del Toro entiende que lo monstruoso no es malo por naturaleza, sino porque su escala e intereses son ajenos.

Y en El laberinto del fauno, Ofelia no combate al fauno. Acepta sus pruebas. Sigue sus reglas. El horror no se mata, se negocia. Y el precio puede ser demasiado alto.

Premee Mohamed: el bosque como entidad

El carnicero del bosque es algo distinto y por eso me parece tan valioso. Veris Thorn, mediana edad, sin habilidades especiales, recibe la orden de entrar a un bosque maldito —Elmever, La Olmeda— a rescatar a sus hijos. Sus únicas armas son objetos que parecen cualquier cosa menos mágicos: un cubo de carbón, una castaña, una figurita de jabalí.

La autora sugiere sin enseñar. El primer niño que Veris “salvó” no salió indemne, pero no te lo cuenta. Hay algo siniestro bajo una capucha hecha jirones, pero no te lo cuenta. Tu imaginación crea los monstruos. Y cuando empiezan a revelarse las verdades, igual hubieras preferido no saberlo. Recuerda a El laberinto del fauno: seres mitad carne mitad cosa muerta, algunos buenos, otros malvados, todos con sus propias reglas.

La conexión entre Mohamed y Del Toro es directa. Los dos entienden que el horror cósmico puede tener rostro de cuento de hadas. Lo antiguo, lo que vive en los bosques, no es bueno ni malo. Es otra cosa. Y si entras en su territorio, juegas con sus reglas.


5. Buena idea, ejecución irregular

Y luego están los casos difíciles. Aquellos donde el autor entiende la ambición, intuye la grandeza, pero la narración no la sostiene. Ni el individuo puede, ni el gobierno, ni las reglas del otro bando. Y encima el libro se pierde.

Aniquilación — Jeff VanderMeer

Ya reseñé Aniquilación en su momento y fui claro. VanderMeer ha sido editor de Weird Tales y ha ganado dos World Fantasy Awards. La premisa es un caramelo: el Área X, una zona delimitada por una Frontera misteriosa; cuatro mujeres entrando bajo hipnosis; una torre enterrada con palabras escritas en hongos.

Si la sinopsis suena a Lovecraft mezclado con Lost, es porque así se vendió. Fui víctima del hype. La novela ocurre dentro de la cabeza de la Bióloga, con digresiones hacia su infancia que aburren hasta a las ovejas. Llega un punto en que parece que el personaje se va a despertar cantando en una celda de paredes blanditas. El mayor pecado de un libro es resultar aburrido. La ambientación es genial, la ejecución no está a la altura. Me pareció malo también pero tiene una legión de seguidores más por la película (con la que tiene poco en común) que por el libro en si.

El quinto día — Frank Schätzing

Aquí tengo que confesar algo: Malosa y yo no estamos de acuerdo. Ella reseñó El quinto día en 2011 y lo despachó así:

> “Es una especie de panfleto ecológico sobre la importancia de los ecosistemas marinos. La sensación que me produjo de forma continua es que en la siguiente página iba a pasar algo super interesante, y así llegué a la página 1.000 y seguía sin pasar nada trascendente. Cuando por fin pasa algo, ya estás tan harto que te da igual.”

Su veredicto fue contundente: malo.

Yo lo leí en 2024 y mi opinión es distinta. Los Yrr son una idea bellísima: una especie inteligente en las profundidades, anterior a la humanidad, que decide responder. Usa gusanos, ballenas y cangrejos como armas biológicas. Eso es cosmic horror del bueno. Pero la novela se pierde en sí misma. Demasiadas páginas, demasiadas subtramas. El cosmic horror necesita prosa quirúrgica, y Schätzing usa una maza.


La paradoja del cosmic horror moderno

Y aquí cierro. El género lleva un siglo en crisis con su propio concepto fundacional. Lovecraft inventó una idea radical: el horror absoluto es aquel ante el que no se puede hacer nada. Pero contar historias requiere acción, personajes que decidan, que actúen.

Cada autor que se acerca al cosmic horror tiene que decidir cuánto está dispuesto a banalizar la idea original para que el libro funcione narrativamente. Las cinco corrientes son cinco respuestas a esa misma pregunta:

  • Los herederos directos abrazan el pulp y la nostalgia. No resuelven la paradoja, la usan como decorado.
  • El individuo contra el horror dice: “sé que soy pequeño, pero peleo”. A veces funciona, a veces se diluye.
  • El gobierno contra el horror dice: “solo no puedo, pero organizados aguantamos el tipo”. La respuesta más pragmática.
  • Combatirlo con sus reglas dice: “no lo venzo, lo entiendo. Y negocio”. La respuesta más sabia y más aterradora.
  • Buena idea, ejecución irregular dice: “lo intento, pero la ambición me supera”. Y al menos lo intentaron.

Mi recomendación, dicha sin paliativos: si solo podéis leer dos libros de los que aquí cito, id directos a La división de Antimemética no existe y La Torre. Si tenéis tiempo, sumadle El carnicero del bosque y Ring Shout. Lo demás, según vuestro grado de tolerancia al pulp y al humor friki.

Y si nunca habéis leído a Lovecraft… pues no sé muy bien qué hacéis aquí. Id a empezar por Los Mitos de Cthulhu y volved cuando hayáis comprendido que no sois más que una mota de polvo en el universo. Os espero.

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Bestiario de HP Lovecraft – Enrique Alcatena

Reseñado por Bitterblink

Bestiario de HP Lovecraft - Enrique Alcatena

Bestiario de HP Lovecraft – Enrique Alcatena

Enrique Alcatena es un historietista o dibujante de cómics argentino que en su carrera profesional destaca por ser el dibujante que dio vida a Conan el Bárbaro como su serie más longeva pero también ha sido dibujante de distintos cómics de Marvel y de DC (Batman entre ellos). En este caso es el encargado de dar vida a las monstruosas criaturas de las obras de HP Lovecraft, conocidas habitualmente como Los Mitos the Cthulhu.

Este librito editado por la editorial Zorro Rojo es un interesante  y sorprendentemente extenso (sorprendente porque el libro es muy muy finito) donde se recogen los escasos fragmentos en los que Lovecraft describe a sus criaturas.

Sinopsis

No tiene sentido hacer una sinopsis de este libro, es un bestiario, un compendio de monstruos dibujados acompañados por el fragmento de texto en el que lovecraft habla de la criatura / dios primigenio del que se trata.

Opinión Personal

Reconozco que me ha gustado. El estilo nebuloso y vagamente definido de Alcatena le viene como anillo al dedo a las criaturas de los Mitos que normalmente no están totalmente descritos sino solo por detalles o por sugerencias o incluso por adjetivos que no se pueden plasmar en un papel.

Shoggoths - Enrique AlcatenaPero aun así las ilustraciones resultan sorprendentemente detallados para intentar plasmar lo que realmente intenta describir el autor. Sin embargo es cierto que hay pocos detalles en los que realmente basarse.

Quizá eso es lo que hace más impresionante el trabajo del dibujante, que intente interpretar un texto apenas definido y dibujar algo que se parezca de alguna forma.

Es verdad que según entiendo se han basado en algún texto adicional porque en algunos casos la descripción brilla por su ausencia o es tan indefinida que no puedo entender como se saca la criatura y la plasma en lápices.

Las imágenes ya las había visto antes en los pinceles de algún otro dibujante pero este libro es especial por la cantidad de criaturas que recoge pese a lo fino que es, sobre todo porque aparecen criaturas tan improbables como los pingüinos de Leng que salen únicamente en un fragmento de un relato.

Esta capacidad para ser extensivo buscando también dice mucho del editor que propone al dibujante los fragmentos.

Es uno de esos libros que suponen un regalazo para aquellos fans de los Mitos de Cthulhu que quieran ver una visión distinta de las criaturas que intenta describir el autor en toda su obra.

Calificación: Bueno

Lo Mejor: Muy completo pese a ser corto

Lo Peor: Los fragmentos en los que se basa son muy cortos, así que tiene poco que leer y mucho que admirar los lápices de Alcatena.

Lo Releería: Lo tendré en mi estantería

Lo Recomiendo: Para fans de los Mitos

Si quieres comprar el libro y contribuir a la página sin coste adicional:

Bestiario (SERIE ILLUSTRATA/ FICCIÓN FANTÁSTICA)

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Carter & Lovecraft – Jonathan L. Howard

Reseñado por Bitterblink

image.jpegJonathan L. Howard es un nombre que no esperaba ver en una novela en castellano. Principalmente porque su nombre me suena de la sección de Videojuegos, pues es el guionísta de la famosa aventura gráfica «Broken Sword», uno de esos juegos míticos de los 90 que marcaron mi juventud y en parte fue por su impresionante historia. Desde entonces ha escrito diversas sagas que por desgracia no han llegado traducidas al Castellano, destacando una suerte de Suicide Squad (Goon Squad), una saga humorística sobre un necromante (Johannes Cabal) y una saga de ciencia ficción bélica submarina. Esta es su última novela de 2015 recién traducida.

Sinopsis

Carter es un policía que persigue a un misterioso asesino de niños del que no tienen ninguna pista. Cuando al dar con él, descubren que pretendía suicidarse y su compañero termina pegándose un tiro, Carter deja la policía y se convierte en investigador privado.

Su trabajo como investigador de divorcios e infidelidades no le hace nada feliz, así que es sorprendido por un abogado diciendole que un hombre que no conoce le ha dejado toda su herencia. Al llegar descubre que se trata de una librería en Providence, nada menos que una librería que regenta una joven afroamericana, nada menos que la última descendiente de Lovecraft (si, es un extraño chiste, Lovecraft era MUY racista, quizá se lo tiene merecido jeje).

Carter bastante sorprendido decide convertir a la joven (y atractiva) Lovecraft en su socia en la librería. Quiza para fastidiar a su novio pijo de una familia de políticos de toda la vida.

El misterio de por qué el tio de Lovecraft le ha dejado toda su herencia a Carter se ve incrementado cuando a Carter le involucran en una serie de misteriosos asesinatos. Pronto tanto Carter como su nueva socia se verán envueltos en el caso de un misterioso asesino paranormal.

Algo que no sorprende a Lovecraft pues en el fondo ella sabe que tanto su tatara tatara tatara abuelo Lovecraft como su misterioso socio Randolph Carter sabían algo que el resto de los mortales no saben…

Opinión personal

La verdad es que me ha hecho gracia volver a encontrarme con la pluma de este fantástico escritor, más teniendo en cuenta que vuelve haciendo referencia a uno de mis escritores clásicos preferidos (Lovecraft). También es cierto que esto me recuerda poderosamente a una aventura del juego de Rol «Call of Cthulhu Now», juego al que jugaba con mis amigos cuendo era adolescente.

Al margen de la nostalgia se nota que este libro es fundacional de una saga puesto que los protagonistas son personajes muy completos (tanto Carter como Lovecraft), con un humor muy particular especialmente irónico y palabrotero.

Eso también implica que el resto de personajes están simplemente esbozados, incluso el malvado no deja de ser una simple sombra.

Abusa también de los deus ex machina inexplicables salvo por el hecho de que parece que es parte de un plan más grande (cuando inexplicablemente Carter se salva en una situación insoluble para el personaje).

El libro hace referencia a algunas critaturas lovercraftianas típicas que no voy a desvelar y en algunos fragmentos copia el estilo del maestro. Al margen de esto no intenta conservar la esencia de este maestro, lo cual quizá sea lo mejor, así sus héroes palabroteros no intentan entender nada de lo que ocurre, son más de sacar las armas y liarse a tiros.

Es cierto que no es muy profundo este libro, ni pretende ser un libro que rompa esquemas, más bien el autor pretende divertirse y reconozco que lo consigue y aun así cuenta una historia suficientemente entretenida para que no dejara el libro.

Calificación: Entretenido

Lo Mejor: La ironía de Lovecraft y de Carter

Lo Peor: Deus Ex Machina injustificados

Lo Recomiendo: Si habéis jugado a Broken Sword o a Call of Cthulhu Now o simplemente os gustaría leer algo parecido a Lovecraft con algo de acción quizá este sea un libro entretenido para vosotros

Si quieres comprar el libro

Carter y Lovecraft

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Los Mitos de Cthulhu – H.P. Lovecraft y otros

Los Mitos de Cthulhu - HP Lovecraft y otros

Los Mitos de Cthulhu – HP Lovecraft y otros

La verdad es que hacer la crítica de este libro es un poco difícil, principalmente porque se merecería un monográfico entero.

Hay lectores que no lo conocen y la verdad, aunque sea por su impacto en la cultura popular, deberían.

Los mitos normalmente se publican en forma de colección de relatos incluyendo al autor HP Lovecraft, a algunos de sus colaboradores habituales como Clark Ashton Smith o August Derleth y a otros autores más modernos como por ejemplo Robert Bloch.

Empecemos por el autor, Howard Phillip Lovecraft nació en Providence, Rhode Island, Nueva Inglaterra (EEUU). Desde luego no tuvo una vida fácil. Perdió a su padre a los 3 años y fue escolarizado en casa con su madre (que le culpaba de la muerte y le decía constantemente que era feo y que nunca triunfaría) y sus dos tias que terminarían también su vida en un manicomio. Con semejantes influencias se nota que iba a salir un autor de terror más que decente.

Respecto a su obra, lo que destaca es principalmente que no es en absoluto antropocéntrica. No es un terror diabólico, no es algo con lo que se pueda luchar. El hombre en sus relatos es una nota al pie en la historia del universo poblado de razas alienígenas, dioses malvados y terribles de las profundidades y seres extraños que amenazan constantemente la existencia del hombre sobre la tierra.

Su forma de escribir es muy compleja, gustando de utilizar adjetivos poco corrientes, quizá por eso no recomiendo leerlo en inglés, porque no se entiende na de na sin un buen diccionario.

Los relatos, sorprendentemente no son demasiado buenos. Están «mal acabados» habitualmente terminan con el personaje loco, muerto o aun peor… La fuerza de sus relatos siempre es llegar a un determinado punto, a una imagen enloquecedora que transmite mucho más que el relato en si. Una de las teorías sobre la falta de aptitud del escritor dice que realmente lo que hacía era escribir acerca de una pesadilla y ponerle contexto. De ahí la fuerza de sus imágenes y lo impreciso de sus descripciones. De ahí tal vez lo plano o inexistente de sus personajes.

Y pese a no ser relatos buenos, son impactantes. Tanto que sus escritos son influencia de muchos escritores contemporáneos, de músicos, de directores de cine…

Stephen King admite su influencia, Metallica dedica una canción a uno de sus relatos, en muchas películas aparece un terrible grimorio llamado «El Necronomicom» (Ver «Posesión infernal» o «El ejercito de las tinieblas»), actores como Paco Rabal aceptaron participar en películas sobre su obra (La última película del fallecido Paco Rabal es «Dagón, la secta del Mar» una versión libre y bastante mala de uno de sus relatos). Podemos ver referencias a los mitos en muchos otros escritores modernos de terror como Brian Lumley, o incluso en comics de todo tipo (Rober E. Howard, autor de los libros de Conan era uno de su círculo de admiradores y eso se refleja en los comics posteriores), y sagas enteras de películas sobre Herbert West «El reanimador» uno de sus mejores relatos.

Incluso autores no relacionados como Houllebecq le rinden homenaje, en el caso de este último con una biografía de Lovecraft que aún no se ha publicado en castellano.

¿Qué tiene el libro de especial? pues principalmente el ser radicalmente distinto. Es un terror más psicológico que otra cosa, siempre orientado a decirte «nosotros no importamos nada» «estamos a punto de desaparecer» «ahí fuera hay cosas que conspiran para destruirnos» siempre desde el punto de vista de lo insignificante del hombre. Ninguna de sus fuerzas arcanas quiere esclavizar al hombre o destruirlo específicamente… simplemente ocurrirá…

Creo que es necesario por cultura general conocer al autor y su obra, así como creo que una vez conocida veremos su impronta en absolutamente todas partes, puesto que son demasiadas las referencias que podría sacar de libros, discos, películas, juegos, comics… simplemente por eso creo que es recomendable leerlo.

Calificación: Muy bueno

Lo Mejor: Su radical originalidad, su capacidad de contagio a toda la cultura popular

Lo peor: Realmente los relatos no son una maravilla, enganchan de una manera extraña…

Lo releería: Yo si lo he hecho pero no lo considero imprescindible

Lo recomiendo: A los aficionados al terror si, al resto de la gente por cultura general

Link al libro en Amazon.es

Los mitos de Cthulhu: Narraciones de horror cósmico (El Libro De Bolsillo – Bibliotecas De Autor – Biblioteca Lovecraft)

Bitterblink

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