Reseñado por Bitterblink
Rachel Gillig nació y creció en la costa de California. Además de escritora es profesora y se licenció en Teoría y Crítica Literarias por la UC Davis. Una ventana a la oscuridad (One Dark Window, 2022) es su debut y el primer volumen de una duología, publicado en castellano bajo el sello habitual de romantasy que tan de moda está estos días. No es un nombre que yo conociera antes de que me cayera este libro entre manos, así que vamos a ver qué tal se le da eso de construir un mundo.
Sinopsis
Elspeth Bonetero tiene nueve años cuando la fiebre de la neblina le oscurece las venas, síntoma inequívoco de que ha quedado expuesta a la magia salvaje que impregna el reino de Blunder. Su padre, capitán de los destreros —la guardia de élite encargada precisamente de dar caza a los infectados—, decide no entregarla y la envía a vivir con su tía, lejos de la corte y de las miradas indiscretas. Lo que nadie sabe, ni siquiera la familia que la ha protegido durante once años, es que Elspeth guarda un secreto bastante más gordo que una simple fiebre: de niña tocó por accidente la carta del Tormento, una de las dos únicas cartas de su clase en todo el reino, y desde entonces convive con una voz antigua alojada en su cabeza. Una criatura que la protege, la aconseja, y le pide a cambio una lealtad cuyo precio Elspeth no ha terminado de comprender ni tras más de una década de convivencia.
El reino en el que transcurre la novela lleva generaciones aislado del resto del mundo por una neblina mágica y vengativa, un ánima del bosque despechada que cobra tributo constante a quien se atreve a cruzarla sin protección. La monarquía de turno, los Serbal, ha convertido la persecución de los infectados en política de estado en nombre de un objetivo mayor: reunir las doce cartas de la Providencia —cada una con un poder específico y un precio que pagar por usarlo— para algún día levantar la niebla de una vez por todas.
La trama arranca de verdad cuando Elspeth se topa en el bosque con un misterioso salteador de caminos que resulta ser, ni más ni menos, Ravyn Tejo, capitán de los destreros del rey y sobrino del monarca. A partir de ahí, secretos, traiciones cruzadas y una misión compartida para reunir las cartas antes del solsticio van tejiendo la trama del libro.
Opinión personal
El sistema de «magia» es de largo, lo mejor de la novela: con reglas, consecuencias y una lógica interna que se sostiene sin fisuras, cosa que se agradece en un género donde el «porque sí» campa a sus anchas.
Por lo demás el «mundo» (un país) es un ente desdibujado, ni nos lo describen ni nos lo enseñan, ni nos explican que hay más allá de la neblina (ni interesa quizá). Tampoco nos explican como el rey con 13 destreros es capaz de controlar y amedrentar a todo un país, siempre recurriendo a que al manejar las cartas de la Guadaña pueden «controlar limitadamente la voluntad de la gente» a costa de sentir grandes dolores (no es la forma que yo elegiría para «dominar» al pueblo si fuera un tirano, suelen ser «alérgicos al dolor»). Pero dicho esto tampoco nos pesa mucho no saber nada del mundo ni del pais, ya que no lo podemos identificar con ningún pais del mundo porque la autora mezcla nombres típicos de un montón de regiones / idiomas, es algo que busqué porque se me hacía raro: Elspeth es escocés, Mía y Dimia son nombres rusos, Hauth y Emory son nombres ingleses, Ione es griego, Jespyr es Holandés… un batiburrillo desde luego.
Sin embargo, tiene un agujero central que la novela jamás se molesta en rellenar: un rey desaparece —o más bien es asesinado y usurpado— y el reino entero decide, colectivamente y durante quinientos años, que quemar todos sus archivos es lo normal, que no hay absolutamente nada raro en ese silencio. Ni una crónica, ni una balada, ni un cronista curioso que se pregunte por qué no queda ni rastro de un monarca entero.
Para que ese vacío funcione hace falta sentir el peso de una maquinaria de poder aplastando la memoria colectiva desde arriba con cuidado y método; aquí simplemente se nos pide que lo demos por bueno. La conspiración existe, evidentemente, y tiene que operar al más alto nivel, pero la novela no se curra demasiado convencernos de que sus arquitectos son lo bastante espabilados como para haberla sostenido tanto tiempo sin que nadie ose preguntar. Pero bueno como esto hay un montón de elementos en la novela que no se explican y tira para adelante…
El problema mayor (para mi), sin embargo, es Elspeth. No por mentirosa (con el secreto que carga a la espalda, sería absurdo que no lo fuera) sino por la gestión, sistemáticamente torpe, de esa mentira. Hay un momento avanzado en el libro en el que su interés romántico ha puesto ya su vida, su cargo y la seguridad de toda su familia en las manos de ella. Y en ese momento, con todo servido en bandeja, Elspeth sigue escogiendo el silencio antes que una conversación de cinco minutos, generando exactamente el desastre evitable que cualquier lector ve venir con varios capítulos de antelación. No es tensión dramática bien administrada, es una protagonista boba durante un porcentaje demasiado alto del libro. A eso hay que sumarle el giro de manual: la muchacha insegura que duda de sí misma sale al mundo y descubre, convenientemente que es asombrosamente poderosa y asombrosamente atractiva a ojos de todo el que la rodea (todo el que la conoce lo comenta y a ella parece sorprenderle). El cliché no está en que gane poder, está en que el despertar llega envuelto en el paquete completo de la autoafirmación adolescente sin que el texto se moleste en ganárselo con algo más fino que la sorpresa ajena.
El recurso de la entidad que habita su mente es, conceptualmente, de lo más interesante del libro: una voz antigua con su propia historia y sus propias motivaciones, que negocia constantemente el precio de su ayuda, es el mejor personaje de la novela de largo, los mejores diálogos son entre Elspeth y el Tormento. La ejecución sensorial, sin embargo, falla: la criatura tiene pelaje que se puede «sentir» mentalmente, garras cuyo chasquido se percibe casi como sonido físico. El resultado es una imagen difícil de sostener, a medio camino entre la metáfora psicológica y el habitante literal con cuerpo dentro del cráneo, y la novela nunca decide cuál de las dos cosas quiere ser.
No hay más personajes como tales. Hay sombras como Ione o malos absurdamente malos como Hauth o el Jefe de los Galenos cuyas motivaciones son cuanto menos extrañas. Y luego está el «misterioso» por callado y «austero» (no se cuantísimas veces repite el mismo puñetero adjetivo) Ravyn Tejo. Guapo y más simple que un ajo, se le ve venir a kilómetros y babea por la protagonista desde el minuto uno y la única que «no se da cuenta» es ella (le pongo otro negativo a la protagonista por boba en lo sentimental también).
En cuanto a la prosa, es correcta y funcional, pero con tics que cansan mucho antes de llegar al final: manos ásperas y encallecidas a cada pocas páginas, comisuras de labios que se curvan hacia arriba con una frecuencia que roza el chiste involuntario. Supongo que son fetiches particulares de la autora y no dudo de que a cierto público le resulten reconfortantes por repetitivas, pero desde el punto de vista estilístico pesan. Hay, eso sí, un capítulo (el del polvo, si es romantasy tiene que haber un capítulo así) que se resiste con elegancia a la tentación de la metáfora florida y opta por la sencillez, dejando el resto a la imaginación del lector; es, uno de los «spicy» más elegantes que he leído en este género.
El final, curiosamente, es donde la novela se redime: un giro que relega a Elspeth a un segundo plano narrativo consigue, liberado de su criterio (o de la falta de él), un cierre genuinamente más interesante y ambicioso que todo lo anterior. Es el único momento del libro en que sentí verdadera curiosidad por lo que vendría después y me dió ciertas ganas de leer el siguiente al librarme de la plasta de Elspeth, pero está claro y meridiano que volverá al protagonismo de alguna manera, así que me tendré que abstener de leer el segundo.
Ah, y por supuesto comentar que si buscáis cualquier otra reseña de este libro y como viene siendo habitual en la romantasy, todos los libros son: un 10/ 10, es el mejor libro leído, lo único malo es no haberlo comprado antes y blah blah blah. A mi no me ha gustado, lo he terminado así que es evidente que no es horroroso y que según gustos puede entretenerte si eres aficionado al género, pero seamos justos y coherentes, hay libros que están escrito en forma cutre, no hay forma de no darse cuenta como lector y me parece abominable justificarlo para justificar mi mal gusto. Es un libro enganchón que seguro que te sirve para un rato.
Calificación: Pasable y soy generoso, me parece que se ha ganado esta nota por salvar con elegancia la escena erótica.
Lo mejor: El espanto, el único personaje decente de la novela, un setting original pero algo difuso y un sistema de magia con reglas claras y consecuencias por su uso.
Lo peor: una protagonista que se comporta como una adolescente boba durante gran parte del libro, el «misterio» del desparecido Rey Pastor, y lo de «descubro que soy poderosa y atractiva» que llega envuelto en cliché sobre cliché, que no haya más personajes desarrollados en la novela, ni siquiera los malos.
Lo releería: No, por Dios.
Lo recomiendo: si te gusta la romantasy, no es de las peores opciones del género, y hay que reconocerle que el capítulo «spicy» está mejor escrito que en otras novelas del nicho.
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Otros libros que podrían gustarte
- Una corte de rosas y espinas – Sarah J. Maas. Es la referencia obligada del género: protagonista atrapada entre dos mundos, romance con un ser de poder ambiguo, y la misma mezcla de fantasía gótica y tensión romántica que dominan Una ventana a la oscuridad.
- De sangre y cenizas – Jennifer L. Armentrout. Otro fenómeno de BookTok con la misma fórmula: protagonista con un secreto peligroso, un interés romántico de la élite/guardia real, y un sistema de poder/sangre con normas propias.
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