Odisea – Javier Negete

Reseñado por Bitterblink

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Javier Negrete (Madrid, 1964) es un autor fundamental de la fantasía y la ciencia ficción en España. Licenciado en Filología Clásica, ha compaginado su carrera literaria con la docencia como profesor de griego, ejerciendo durante años en el instituto de Navalmoral de la Mata (Cáceres), lo que explica su profundo vínculo con la cultura clásica en sus obras.

Ha ganado en distintas ocasiones el premio Ignotus otorgado por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Asimismo ha ganado otros premios destacados: 2000 – Premio UPC de novela corta por Buscador de sombras, 2006 – Premio Minotauro por Señores del Olimpo y 2008 – Prix Européen Utopiales en Francia por la misma novela, que le consagró también fuera de nuestras fronteras.

No es casualidad que sea precisamente en el terreno grecorromano donde Negrete se mueve mejor: cuando escribe mitología clásica su prosa gana una soltura y una pasión que no siempre encuentro en sus otras novelas.

Este libro entra de lleno en ese terreno, así que ya sabéis que parto con cierta predisposición favorable, aunque como siempre intento no dejar que eso me nuble el juicio.

Sinopsis

Negrete no se conforma con narrar el regreso a Ítaca. La novela arranca con Odiseo todavía niño, mucho antes de que nadie haya oído hablar de Troya, en el momento en que sin saberlo se convierte en objetivo de los dioses. Es Atenea quien se fija en él, fascinada por una inteligencia que se adivina distinta a la de cualquier otro mortal, y decide convertirlo en su campeón, en la herramienta con la que planea hacerse con el poder del Olimpo. Lo que la diosa no sospecha es que la principal virtud de Odiseo no va a ser la fuerza ni el valor, sino la astucia, y que el arte de la manipulación puede jugarse en las dos direcciones.

De ahí la novela nos traslada a la guerra de Troya, donde recorremos junto a Odiseo los episodios más conocidos del ciclo troyano: el trato con Aquiles y Agamenón, el peso del rapto de Helena y la afrenta a Paris y Príamo, y el ingenio final del caballo que decidirá el conflicto. Negrete mezcla con soltura el relato bélico con la maquinaria divina que opera detrás, dejando claro en todo momento cuánto de lo que ocurre en el campo de batalla responde en realidad a los intereses y caprichos de Zeus, Hera, Poseidón y el resto del panteón.

La última gran parte del libro es el regreso propiamente dicho, con Ítaca como horizonte cada vez más lejano. Aquí desfilan los episodios que cualquier lector de la Odisea reconocerá: el cíclope, los cantos de las sirenas, Circe y su isla, el paso entre Escila y Caribdis, el descenso al Hades para consultar a Tiresias, los años de cautiverio en la isla de Calipso y la llegada a la corte de los feacios de la mano de Nausícaa. Al otro lado de ese periplo esperan Ítaca, Penélope, el hijo Telémaco ya crecido y los pretendientes que se han instalado en el palacio dando por muerto al rey, un desenlace que Negrete no se apresura en absoluto a resolver.

Opinión personal

Es un libro largo, muy largo, y se nota especialmente en el tramo central: ahí el ritmo decae y cuesta bastante más avanzar que en el arranque o en el cierre. Dicho esto, el conjunto me ha convencido, y lo que más me ha interesado es cómo resuelve Negrete algo que Homero da por hecho y que a un lector moderno le puede costar sentir: qué significaba de verdad tener un dios encima.

Para los griegos los dioses no eran figuras lejanas ni alegorías bonitas, eran entidades superpoderosas que vivían en un monte y que, cuando les apetecía, entraban en tu cabeza y te hacían hacer cosas que tú jamás habrías hecho por voluntad propia. El ejemplo de manual es Heracles matando a sus propios hijos, poseído por Hera. Negrete recoge exactamente ese guante y lo convierte en el eje emocional de la relación de Odiseo con Atenea: no es una musa protectora, es algo mucho más parecido a un demonio capaz de tomar posesión de tu cuerpo y cometer atrocidades en tu nombre mientras tú, encerrado dentro, no puedes hacer nada. El resultado es un odio y un resentimiento hacia la diosa que la Odisea original jamás se plantea, porque en Homero Atenea es la aliada, el favor divino que todo héroe querría tener. Aquí es la amenaza permanente.

Ese giro cambia el motor de toda la novela. El poema de Homero es, en el fondo, un canto al anhelo de volver a casa, con la hospitalidad hacia el extraño como una de sus grandes lecciones morales de fondo. Negrete conserva ese anhelo pero le añade una condición que Homero nunca pone sobre la mesa: Odiseo no solo quiere volver a Ítaca, no quiere volver a cualquier precio. Quiere volver libre, sin deberle nada a la diosa que lleva media vida usándolo como marioneta. Es un matiz pequeño sobre el papel y enorme en la lectura, porque convierte cada intervención divina, cada golpe de suerte que en el original celebraríamos sin más, en una victoria envenenada. Y os aseguro que Ulíses / Odiseo, tiene un plan y como Annibal Smith, le encanta que los planes salgan bien.

Los dioses en general pese a no ser protagonistas per se de la novela merecen un comentario aparte. Negrete no solo los introduce en la narración: Los reinventa. Me encanta la personificación de Hefesto más como un creador de tecnología super avanzada en vez de un herrero.

Repasando otras reseñas del libro he visto que no soy el único al que le chirría algo el reparto de personajes: varios lectores coinciden en que quedan un poco planos, sobre todo los secundarios, que funcionan más como piezas necesarias para el avance de la trama que como personas con las que uno llegue a encariñarse de verdad. A eso se suma un problema de foco que también he visto señalado en otro sitio y que comparto: Negrete se detiene con muchísimo detalle en pasajes que uno esperaría más breves, como el encuentro con Nausícaa, al que dedica un tiempo que no me esperaba en absoluto, y en cambio despacha con prisa otros que sí son claves para cualquier lector de la Odisea, como la ejecución del caballo de Troya, que queda casi en fuera de campo tras haberle dedicado bastante espacio a su preparación. Es una novela que deja a medias justo donde uno querría que se recreara más.

Por último, una manía personal que ya le noto a Negrete de un libro a otro: su insistencia en las Moiras y las Parcas como recurso narrativo. Entiendo el porqué, encaja con esa idea de un destino que pesa sobre los mortales, pero a mí el efecto que me produce es justo el contrario al que busca, porque cada vez que aparecen terminan haciéndome spoiler de la propia novela que estoy leyendo.

Es un libro acertado, fácil de leer y que sostiene la tensión a lo largo de sus (demasiadas) páginas. Que sí que ahora estoy en una época de mi vida que los libros muy largos se me atoran un poco en la garganta, seré yo. Dicho esto el libro como suele suceder cuando Negrete saca a relucir su oficio con la mitología, me ha gustado mucho, me ha sorprendido siendo una historia mega trillada, y como otras veces felicito al autor por su logro.

Calificación: Bueno

Lo Mejor: el tratamiento de Atenea como una presencia opresiva y no como una simple aliada, el tema de la libertad frente al de solo volver a casa, el plan de Odiseo

Lo Peor: la extensión, especialmente en la parte central, donde el ritmo decae

Lo Releería: probablemente no de una sentada, pero sí volvería a los pasajes de la relación con Atenea

Lo Recomiendo: sí, sobre todo si buscáis una lectura de la mitología griega que se tome en serio lo aterrador de convivir con un dios, y tenéis paciencia para un libro extenso

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Esta novela es una reedición que hemos podido leer gracias a la editorial HarperCollins, que nos la ha hecho llegar sin coste en formato físico, y que como el resto de libros que las editoriales nos hagan llegar vamos a donar a la «biblioteca de pacientes» del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Esta muy meritoria iniciativa que una de las enfermeras ha puesto en marcha por su cuenta, se ha traducido en una pequeña estantería llena de libros en la planta tercera del hospital a la que estamos encantados de poder contribuir. Gracias de nuevo a HarperCollins por su generosidad y a Begoña (nuestro contacto en el Marañón) por su estupenda iniciativa.

Bitterblink


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