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Película – Spectre

Spectre poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Spectre

Año: 2015

Director: Sam Mendes (American Beauty, Camino a la perdición, Skyfall)

Guión: Neal Purvis, Robert Wade, John Logan, Jez Butterworth

Música: Thomas Newman

Fotografía: Hoyte van Hoytema

Reparto

  • Daniel Craig
  • Christoph Waltz
  • Léa Seydoux
  • Ralph Fiennes
  • Ben Wishaw
  • Naomi Harris
  • Dave Bautista
  • Monica Bellucci

Definitivamente 2015 ha sido el gran año del espionaje en el cine, de las que he dado buena cuenta en reseñas anteriores. Queda todavía por ver el estreno de Spielberg y Tom Hanks “El puente de los espías”, pero  ya todos los platos fuertes se han servido. Y después del la experiencia de Sam Mendes en la franquicia de Bond con Skyfall, que batió todos los récords posibles de la saga tanto en taquilla como en calidad y críticas, Spectre era larga esperada. No sólo por esperar más atisbos de calidad por parte de Mendes, también por el propio título elegido que evoca a uno de los archienemigos más clásicos del agente secreto y su organización criminal, ausente de la franquicia desde los años setenta por problemas de copyright. Y es que esta etapa de la franquicia protagonizada por Daniel Craig se caracteriza por un reinicio del personaje en toda regla, desde la primera misión que vimos en Casino Royale. Esto ha permitido a la productora explorar más facetas del personaje, tal como sus inicios, el proceso para refinarse desde una brutalidad inicial, detalles del pasado no incluidos expresamente en los libros de Fleming (Skyfall como mansión familiar donde se crió), los amoríos desafortunados que han marcado su personalidad o la presentación de todo tipo de personajes secundarios que le han acompañado desde sus orígenes (si hasta la última escena de Skyfall era un guiño al despacho clásico del jefe en las películas de Connery y Moore, cerrando el círculo de alguna manera con el resto de actores). Todo esto lo ha sabido ver Sam Mendes para quedarse con lo que más le importa de una película (aunque sea de acción), que es la profundidad emocional y las cicatrices no necesariamente físicas de su personaje.

Un mensaje del pasado lleva al agente 007 a México para enfrentarse a un criminal con conexiones con una misteriosa organización. Mientras, en Londres, un cambio en la estructura jerárquica hace que M ya no sea el superior del Servicio Secreto; una fusión del MI5 y del MI6 pone al frente  a un nuevo superior, Denbigh (o “C”, como Bond se empeña en llamarle). Una de las aspiraciones de C es unificar los sistemas de vigilancia de nueve estados miembros, con lo que la sección doble cero dejaría de tener sentido y la podría cerrar. Bond viaja primero a Roma, donde se infiltra en una misteriosa y siniestra reunión; y después a Austria, para sonsacar información a un viejo conocido. Todo para descubrir a Spectre, una sociedad criminal secreta con tentáculos en todo el mundo, y más conexiones con el pasado de Bond de lo que él pensaba.

Muy alto estaba el listón de Skyfall, tanto que al final Spectre pierde por comparación con su sucesora. Ya pasó con la trilogía de Batman de Nolan: “El caballero oscuro” fue tan magistral que el cierre de la trilogía con “El caballero oscuro renace” quedó algo descafeinado teniendo en cuenta lo que habíamos visto antes. Es decir, no es que Spectre sea mala (de hecho funcionaría de manera autónoma dando igual cuando se hiciera), pero cae en errores que en Skyfall eran genialidad absoluta (al igual que pasó con “Quantum of Solace” pretendiendo emular las virtudes de su predecesora “Casino Royale” -por ahora la mejor de la era Craig y en el top 5 de la franquicia- pero que se quedó en una torpe y atropellada versión de ésta).

Desde luego que la escena inicial en México es un prodigio de plano secuencia (no la considero como la mejor de la saga como afirman muchos por ahí, pero sí que es de un grandísimo nivel). Y la interacción de los secundarios en la trama aporta dinamismo a la fórmula clásica de Bond. La primera hora de película es brillante, sobre todo la reunión en Roma y posterior persecución en coches, donde los esfuerzos de Mendes por no caer en los clichés típicos de la saga le aporta un humor brillante (007 afanándose por pulsar botones a ver cuál de todos le ayuda en la persecución) mientras mezcla un tono sombrío en la presentación de los villanos. El problema es que a partir de aquí la trama se ralentiza y a la cinta le cuesta ir al grano. Más de dos horas y media resulta excesiva para esta película, un fallo que no cometió Casino Royale por la propia estructura de la cinta (basada en un gran material literario, la primera novela del espía). Las sorpresas argumentales del último tercio le daban ritmo a la trama, algo que por desgracia no tiene Spectre. A partir de las escenas en Austria y, sobre todo en Marruecos, se va perdiendo paulatinamente el interés (recobrado súbitamente en la escena del tren). Y sobre todo, uno de los mayores defectos es la manera en que se dibujan las motivaciones del villano principal, interpretado por Christopher Waltz. Usando un remedo del pasado de Bond sobre un personaje de una historia corta de Fleming (Octopussy), se hilvana torpemente un nexo de unión con los villanos de las películas precedentes, intentando cerrar así un círculo que no necesitaba cerrarse. Waltz, en comparación con el malo que interpretó Bardem en Skyfall, languidece, y las persecuciones finales no mejoran la credibilidad ni el ritmo de una trama que debería haberse acortado media hora. La relación de Craig con Léa Seadoux aporta poco, dicho sea de paso, a pesar de los esfuerzos de ésta por estar a la altura en un papel que exige demasiado de ella. Es como si todo lo que supuso Eva Green en Casino Royale no hubiera valido para nada. Por el contrario, la excelente Monica Belucci está algo desperdiciada por el poco tiempo que sale en pantalla, pudiendo haber sido una gran aportación a la historia por la significancia que supone ser la chica Bond de mayor edad en la franquicia. La elegancia que imprime casa perfectamente con el Bond que ha desarrollado Craig todos estos años, menos preocupado en jovencitas y más en femme fatales.

Para colmo de males, los grandes aciertos de Mendes en Skyfall no aparecen aquí, tal como la labor de fotografía que desempeñó (no hay esa paleta cromática que enfatizaba escenas claves, como el incendio de la mansión en Skyfall o los neones en la lucha en el rascacielos). La canción de Sam Smith y sus falsetes no están a la altura de la potente voz de Adéle, (igual que Alicia Keys no estuvo a la altura de Chris Cornell) por el mismo defecto de toda la película, que es el de copiar los grandes aciertos de la cinta precedente y careciendo de personalidad propia. Por lo menos, la banda sonora de Thomas Newman ha mejorado algo respecto a la anterior entrega, teniendo más protagonismo el “James Bond Theme” en el metraje.

Todo esto no hace de Spectre un Bond superior, pero nos devuelve la esencia del personaje en cada plano y se sitúa en los lugares medios del ránking de películas de la franquicia. Todo esto hace esperar una nueva entrega de una de las sagas más longevas y exitosas de la historia del cine.

Calificación: Buena

Lo Mejor: La primera mitad de la cinta, con las escenas de México, Roma  y el tren de Marruecos entre lo mejor.

Lo Peor: Que la segunda mitad de la cinta es algo lenta e incapaz de rematar la trama.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2379713/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Licencia para matar (revisión)

Licence to Kill poster1

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Licence to Kill

Año: 1989

Director: John Glen (Sólo para sus ojos, Octopussy, Panorama para matar, Alta Tensión)

Guión: Richard Maibaum, Michael G. Wilson

Basado en el personaje de Ian Fleming (parte de la trama de los libros “The Hildebrand Rarity” y “Vive y deja morir”)

Música: Michael Kamen

Fotografía: Alec Mills

Reparto

  • Timothy Dalton
  • Carey Lowell
  • Robert Davi
  • Talisa Soto
  • Benicio del Toro
  • David Hedison
  • Desmond Lewelyn
  • Robert Brown
  • Caroline Bliss

Como homenaje al 25 aniversario del estreno de 007 : Licencia para matar, he aquí mi acercamiento crítico y reivindicativo del título. Caí en la cuenta el otro día que leí un artículo de online de la revista Squire, que hablaba de “The most underrated Bond movie” como una de las películas más infravaloradas de la franquicia 007, algo en lo que no puedo estar más de acuerdo. Como fan acérrimo del personaje de Fleming, veo en la segunda incursión de la interpretación de Dalton una de las mejores historias jamás rodadas del agente secreto. Irónicamente, la cinta estuvo a punto de acabar con la franquicia más longeva del cine, puesto que a la fría acogida que tuvo en la taquilla se le unieron los postreros problemas legales entre United Artist y Metro Goldwyn Mayer, lo que hizo que expirara la posibilidad de que Dalton consolidase la visión del personaje en una tercera entrega mientras transcurrió el período más largo desde 1962 sin una cinta de 007 (de 1989 a 1995), antes de que Brosnan relanzara la saga con Goldeneye.

En mi línea de defender posturas marginales, he de decir que Dalton es mi 007 favorito de todos los tiempos. No digo que Connery sea malo ni que Craig esté haciendo un mal papel (para nada, no hay más que revisitar mi reseña de Skyfall). Pero esta visión de un 007 duro y vengativo, con problemas sentimentales y humanos detrás de ese frío cinismo que le convierte en la máquina perfecta de matar, ya se abordó con esta cinta mucho antes de Casino Royale (2006) y siguientes. La fina ironía y el humor caricaturesco de las décadas anteriores ya estaba en declive y el cine de acción en los 80 demandaba un cambio de modelo. Dalton quiso volver al Bond de las novelas, más terrenal y menos fantasioso. Su tipología de actor supuso que en Alta Tensión (1987) le tuvieran que readaptar los diálogos que estaban originalmente escritos para el humor autoparódico y socarrón de un Roger Moore que ya estaba en las lonas, muy envejecido para un personaje que exige gran vigor físico. Aún así, dicha primera incursión de Dalton resultó demasiado amable para el lado oscuro que quería resaltar para el oficio de agente secreto, que necesita de cierta tortura psicológica para justificar una profesión tan poco común y políticamente incorrectísima. Sin embargo, aquí en “Licencia para matar” (título que comparte en español con la película de Clint Eastwood de 1975 “The Eiger Sanction”) se hizo un Bond tan oscuro que la película fue clasificada con la clasificación PG-13 en USA por el uso de algunas escenas violentas, lo que seguro lastró su carrera comercial.

De hecho, al igual que otro de los títulos de culto de la franquicia “Al servicio secreto de su majestad”, uno de los puntos fuertes es el argumento que se sale de la clásica estructura del canon, donde no hay villano que quiera dominar el mundo ni una misión al uso. Lo que tenemos es una historia de venganza personal, con un 007 que se enfrenta su jefe y la consecuencia directa de que su licencia para matar es revocada por primera vez. La cinta comienza con Bond dirigiéndose a la boda de su antiguo colega de la CIA y amigo, Félix Leiter, de la que es padrino. En el camino se enteran de que un narcotraficante llamado Franz Sánchez del que llevan mucho tiempo detrás de él, ha cruzado la frontera y es la ocasión perfecta para atraparle, cosa que hacen antes de hacer una entrada triunfal en la iglesia y llegar con un leve retraso. El problema es que Sánchez logra escapar gracias a sobornos y lo primero que hace es tomar represalias contra Leiter y su mujer, a quien dejan gravemente malherido. Ante la pasividad de los compañeros de Leiter, Bond decide tomarse la justicia por su mano y es cuando su jefe le prohíbe ir detrás de Sánchez y le anula la licencia para matar. Perseguido por su propio gobierno, 007 se hará pasar por matón a sueldo en busca de trabajo y se intentará infiltrar en la organización de Sánchez para vengar a su amigo, en una de las misiones más peligrosas a la que se haya enfrentado.

La verdad es que “Licencia para matar” es un Bond serio y adulto, lo que probablemente impactó al espectador de 1989 (recordemos que en la taquilla de ese año teníamos a Indy, Arma Letal y Batman). Pasa algo similar a la escena final de “Al servicio secreto de su majestad” rodada 20 años antes, donde el público de la época no se esperaba un cambio de registro tan brutal. Es paradigmático pensar que precisamente el éxito del Bond actual de Craig tenga sus raíces en el de Dalton, solo que quizás el público de finales de los 90 no estaba todavía preparado. El registro interpretativo de Timothy Dalton, forjado en interpretaciones de personajes de Shakespeare, intentó sin éxito aproximarse al Bond de las novelas originales de Fleming, más terrenal y mundano, que es en lo que ha triunfado Craig. Una de las cosas que más me gustan de Dalton es que algunas veces como 007 da miedo, por la frialdad de su mirada no sabes lo que va a hacer ni lo que está pensando, aunque te puedes temer lo peor. Ejemplos en esta cinta lo tenemos cuando un personaje le da un puñetazo cariñoso en el brazo y le dice “tú debes de ser Bond”, lo cual suponemos que no le gusta; o el diálogo con el villano en el que éste le pregunta a qué se dedica y Bond le contesta que “elimina problemas”. Tampoco se anda con medias tintas en la manera que tiene de ir eliminando a los malos de la función, más directa y cruel que de costumbre. La idea de jugar con el miedo de Sánchez a que le traicionen y su manera de recompensar la lealtad hace novedosa la manera en que Bond menoscaba su organización. Y por primera vez el villano da realmente miedo, porque le crees capaz de las muertes más horribles. Y sobre todo, es un villano real, sacado de la época y de las mismas portadas de la prensa, con su plan de extender su imperio de la droga por todo el continente. Y además, el joven ayudante de Sánchez era un debutante Benicio del Toro, más mortífero si cabe que su propio jefe.

Las escenas de acción son muchas y variadas, y corresponden a la manera de hacer cine del momento, con lo que la franquicia se actualiza y se pone un poco al día frente a los principales competidores de la década (con quienes había perdido terreno, si tenemos en cuenta que Bond fue el padre fundador del género de evasión en los sesenta y setenta). La escena de los camiones cisterna llenos de gasolina nos retrotrae a las persecuciones de “En busca del arca perdida” y tienen su toque de fantasmada propio de Bond, pero totalmente creíble (más o menos…). Al igual que la mezcla de escenas aéreas y acuáticas, en las que la franquicia es especialista, y que están perfectamente insertadas en la trama; como ese momento en el que arponea lleno de furia a un secuaz para acto seguido lanzarse al agua y hacer esquí acuático con un hidroavión en marcha… vamos, Bond en estado puro, sólo que esta vez realmente furioso. Y la banda sonora acompaña magistralmente estas escenas, con una variación del clásico “James Bond Theme” que para muchos no alcanzó el nivel de las suites de John Barry, pero que para mí le dio un toque genial con ese aire hispano que pegaba con la ambientación de la película en una imaginaria república bananera sudamericana.

Otra razón por la que la cinta pasó sin pena ni gloria fue que las chicas Bond escogidas para la ocasión no alcanzaron la notoriedad típica de otras películas, como Ursula Andress o Barbara Bach. Y tremendamente injusto en mi opinión, puesto que Carey Lowell y Talisa Soto están magníficas aquí, alejadas del estereotipo machista de chicas tontas de otros títulos, y anticipando al estilo de chica Bond guerrera y peleona que vendrá años después, sobre todo el papel de piloto de la CIA de Lowell (Talisa Soto hace un papel de novia florero de Sánchez decorativo pero esencial en la trama, con ese toque de latina ardiente y temperamental). Además, las chispas que saltarán entre ellas por llevarse a 007 al huerto serán antológicas…

Pero no todo iba a ser nuevo y extraño en esta entrega, y de hecho tenemos otra vez al familiar personaje de Q interpretado por el incombustible Desmond Llewellyn. En una trama en la que Bond actúa por su cuenta, Q aparece por sorpresa y tendrá un papel un poco más extenso que de costumbre, lo cual siempre es de agradecer y le da un toque novedoso a la franquicia, donde los secundarios siempre han estado relegados al mismo tipo de escenas.

Por todas estas cosas, he de acabar mi reseña señalando a “Licencia para matar” como una de las tres mejores cintas de Bond; no es para los puristas de la saga, desde luego (a ellos les recomiendo mejor “Desde Rusia con amor” o “Goldfinger”), para los que adoran el humor socarrón de Moore (“La espía que me amó” u “Octopussy” son buenos títulos) o para los que prefieren la moderna visión de Craig (“Skyfall” les gustará más), pero desde luego que, junto con la ya mencionada “Al servicio secreto de su majestad” o “Casino Royale”, componen un acercamiento al personaje bastante atípico que merecen la pena por lo arriesgado de su propuesta de salirse de la estructura establecida de la época.

Calificación: Para mí, imprescindible. Una del top 3 de la saga Bond. Es posible que si fuera algo objetivo, hubiera algunas por encima de ésta.

Lo Mejor: Nunca hubo un Bond tan duro como el de Timothy Dalton, ni siquiera Craig. Las escenas de acción intercaladas con la versión musical del tema de 007 de esta película son de las mejores de la saga.

Lo Peor: Algunos momentos de la trama cogidos por los pelos. Que la cinta no tuviera una buena vida comercial y que por los problemas legales de la productora Dalton no hiciera una tercera entrega de 007.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: No es un 007 para todos los gustos, por su dureza y por alejarse de la estructura habitual de la saga. No la recomiendo si eres de los que piensan que Connery sigue siendo el mejor.

Películas similares:

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0097742/combined

Tráiler en You Tube (inglés):

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Película – 007: Skyfall

Reseñado por 0017

Afiche Skyfall

Ficha Técnica

Año: 2012

Director: Sam Mendes (American Beauty, Camino a la Perdición, Revolutionary Road)

Guión: Neal Purvis, Robert Wade y John Logan

Música: Thomas Newman

Reparto

  • Daniel Craig (James Bond)
  • Javier Bardem (Silva)
  • Judi Dench (M)
  • Ralph Fiennes (Mallory)
  • Naomi Harris (Eve)
  • Bérénice Marlohe (Sévérine)
  • Ben Whishaw (Q)

Bueno, antes que nada agradecer a los autores del blog por dejarme un rinconcillo en esta página para escribir con carácter habitual unos parrafitos dedicados al séptimo arte. Sí, ya sé que esto es básicamente un blog de libros y que hacer críticas de cine pervertiría la esencia misma de la página… ¿o tal vez no?

Hay que tener en cuenta el trasvase cine-literatura que siempre ha existido; más que ser productos de disfrute del ocio sustitutivos entre sí, son complementarios. Los mejores libros suelen llevarse a la gran pantalla de forma frecuente (y desde el inicio de los tiempos). Por otro lado, la novelización de películas que por lo que sea han dado en la diana de la crítica o de la taquilla tampoco nos resulta extraña. Ambos lenguajes artísticos son muy distintos y a la vez muy parecidos; se complementan y retroalimentan mutuamente.

Mi idea consistiría en reseñar películas de diversa índole, con cierta atención a la actualidad en la cartelera; y sin perder el espíritu de humildad teniendo en cuenta que, de seguro, ya se habrán comentado un millón de veces antes que yo. No pretendo descubrir la rueda al comentar películas en Internet, sólo enriquecer este blog.

Y por tratarse de mi primera crítica, no puedo menos que dedicarla al último taquillazo del agente 007: Skyfall, película que está arrasando en taquilla como ninguna otra de la franquicia había hecho antes, y que nos remonta a los éxitos de los primeros clásicos sesenteros de la saga. Hay que recordar que las películas de Bond supusieron un cambio para siempre en la concepción del cine, adelantándose al concepto de blockbuster masivo introducido por Spielberg y Lucas en los 70, y cambiando de raíz el concepto de cine de acción-evasión (del que como precedente, se puede citar a Hitchcock y poco más).

He de reconocer previamente que soy un fan total del personaje de 007 hasta niveles enfermizos (por mi nick os habréis dado cuenta). Gracias a él me gusta el cine y me ha hecho ser crítico con el séptimo arte. Me explico: aunque soy fan, he de reconocer que muy pocas películas de la franquicia, o ninguna, pasarán a la historia de las grandes obras maestras del cine (vamos, que ninguna es “Acorazado Potemkin” o “Centauros del desierto”). Pero intentar indagar de qué manera podrían serlo, o qué películas del mismo o distinto género alcanzan dicho rango, me hace especialmente crítico con el resto de obras cinematográficas.

Pero vayamos con el argumento, sin desvelar demasiado: en esta ocasión, vemos al personaje con licencia para matar interpretado por Craig como un agente doble cero ya establecido. Es decir, se obvia la continuidad en el argumento de las dos películas anteriores para centrarse en una misión nueva: desde la secuencia precréditos clásica, esta vez en Estambul, vemos como hay disco duro de ordenador robado que contiene un listado de agentes de la OTAN infiltrados en organizaciones terroristas (sí, una reminiscencia al argumento de la primera entrega de Misión: Imposible). Que la secuencia sea tan adrenalítica como las dos anteriores de Craig (y de la saga Jason Bourne, no olvidemos tampoco sus influencias) no impide que el agente no logre su objetivo y acabe cayendo dicho disco duro en malas manos. Esto pondrá en un aprieto a M, la sempiterna jefa de Bond, que verá como cierta parte de su pasado vuelve a la luz mientras se convierte al Mi6 en el objetivo de acciones terroristas. Bond, que tras dicha misión había sido dado por muerto (guiños a otras películas de la saga, como “Sólo se vive dos veces”, y en cuya novela M llega a escribir el obituario de Bond), decide volver al servicio activo, aunque no esté al 100%. Después de un periplo por distintas zonas geográficas, trajes de etiqueta con cócteles exóticos y mujeres hermosas, acabará enfrentándose al villano de la función, Silva, personaje interpretado por Bardem.

Que Bardem no es santo de mi devoción no tiene relevancia en esta reseña. Toda la crítica internacional está aplaudiendo su interpretación, como ya aplaudieron la de “No es país para viejos”. Está claro que hace un muy buen papel de villano, que bebe de otros de la serie Bond como el Max Zorin de “Panorama para matar”, Alec Trevelyan de “Goldeneye”,… e incluso se remonta al propio Jocker de “El caballero oscuro”. Su histrionismo contenido que estalla en algunos momentos, su pulsión sexual que roza lo almodovariano (en una escena en concreto; lo siento, no puedo decir de qué se trata, so pena de cometer spoiler, pero he de decir que en ese momento hubo amago de aplausos en la sala), la presentación del personaje andando desde la lejanía de la estancia, su voz en V.O. (en este caso el doblaje español no le hace justicia),… Un villano de una buena peli de Bond debe meter miedo, y está claro que éste lo provoca. Es un villano creíble, digno de la era Wikileaks, con sus motivaciones terribles detrás, que pone la guinda a una buena película.

Porque sí, 007: Skyfall me parece una muy buena película. Desde el punto de vista del fan, pero también desde el punto de vista del espectador de a pie. Sus influencias también abarcan mucho del Batman de Christopher Nolan. Se trata de una culminación de la particular trilogía bondiana de Daniel Craig, porque aunque no sigue la continuidad en el argumento, continua con el espíritu de reboot o reinicio de la franquicia y del personaje. Si en Casino Royale veíamos como el personaje daba tumbos (física y sentimentalmente) usando las fuentes literarias de la primera novela, mientras trata de encontrar su propia esencia personal y cinematográfica (la que le ha hecho un personaje fundamental en el cine de acción moderno, lo cual ocurre en la escena final al pronunciar su nombre completo después de su apellido, el célebre “Bond, James Bond”), en Quantum of Solace se retoma a un personaje torturado y atormentado en busca de venganza, para llegar a esta Skyfall en la que se repite una parecida falibilidad del personaje de Bond. Al principio le vemos retirado, tembloroso, agotado, con ojeras… pero el personaje ya está consolidado. Es un Bond físico e impetuoso (a lo Jasón Bourne, sí) pero también es más reflexivo.

Esto se nota en la película, más reposada que las predecesoras. No es una sucesión de escenas de acción enlazadas. Se nota que el parón de cuatro años ha servido para perfilar bien el guión: está cuidado y desarrolla a los característicos personajes secundarios más de lo habitual, pero sin decaer en el ritmo. Mención especial hay que hacer de la fotografía, con grandes hallazgos visuales que dan pie a momentos muy oníricos y simbólicos. Por citar dos ejemplos, la iluminación de las escenas finales en los páramos escoceses; o la pelea en una planta abandonada de un rascacielos en Shangai, con el trasluz de los neones del edificio de enfrente y los combatientes en penumbra: llega un momento en el que no distingues quién de los dos es 007 hasta que uno doblega al otro, pero ya da igual, los dos son asesinos profesionales y la rectitud moral de ambos brilla por su ausencia.

De lo que se trata ahora es de ahondar en el pasado de 007, en sus ancestros, en su Escocia natal, en sus temores (muchos críticos hablan de paralelismos entre el “Rosebud” de “Ciudadano Kane” y el “Skyfall” de Bond). Se habla de la vida y de la muerte; de resucitar y del miedo. Sin embargo, el final de Skyfall cierra el círculo. No lo desvelaré, pero a mí me dejó sin palabras; creía que lo había visto todo y que no tenía mucha capacidad de sorpresa, pero hay algún giro argumental que no te esperas y que entronca con los elementos más clásicos de Bond. De la misma manera que sale el viejo Aston Martin, se presenta al nuevo (y joven) Q, y la inefable melodía de 007 suena en momentos clave. En definitiva, cambiar todo para que nada cambie. El personaje está consolidado y puesto al día. Ya pueden pasar otros 50 años.

Calificación: Muy buena, casi imprescindible, al mismo nivel de Casino Royale (y son palabras mayores).

Lo Mejor: Que es Bond. Es como los diamantes: para la eternidad. No decae en su ritmo y tiene puntazos sueltos y escenas especialmente memorables (los hallazgos visuales ya citados).

Lo Peor: Que es muy fácil que las próximas no estén al mismo nivel. También me disgusta que se estén acostumbrando a que la tradicional escena del Gunbarrel (Bond disparando a la pantalla y cayendo la sangre) la pongan al finalizar la película, y no al principio.

La vería de nuevo: Sí, de hecho la he visto por segunda vez.

La Recomiendo: Tanto para fan acérrimos (por supuesto) como el espectador ocasional, el cual se divertirá sin necesidad de grandes conocimientos previos del personaje (aunque hay guiños para los más freaks).
0017

Ficha en IMDB

Tráiler en You Tube (español):

Si te gustó te gustará:

Peliculas:
– Casino Royale
– la saga de Bourne
– la saga de Batman

Libros:
– Al servicio secreto de su majestad – Ian Fleming

– Sólo se vive dos veces – Ian Fleming

– Silverfin – Charlie Higson. Ésta es la primera entrega de una serie de cinco libros  (the Young Bond series) orientados al público juvenil sobre las aventuras de un joven James Bond en los años 30. Como competencia a Harry Potter está bien, y además tiene muchos guiños a los orígenes del Bond literario. La idea de la vuelta a los orígenes escoceses en Skyfall sale de aquí.

– El espía que surgió del frío – John LeCarré. Digamos que fue la primera de las novelas en las antípodas de lo que el personaje de Fleming ofrecía al género del espionaje, mitificado por escenarios deslumbrantes y exóticos o personajes lujosos y sofisticados. Aquí LeCarré ofrece una visión más prosaica de la figura del espía, cayendo en declive en medio de escenarios grises y anodinos.

– El cuarto protocolo – Frederick Forsyth

– El caso Bourne – Robert Ludlum

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