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El portal de los dioses ferales – Matt Dinniman

Reseñado por Bitterblink

Cuarta entrega del fenómeno literario más improbable de los últimos años: la saga de Carl el Mazmorrero, escrita por Matt Dinniman, ese autor norteamericano autodidacta que empezó autopublicándose en Amazon, fue acumulando lectores en RoyalRoad y Patreon, y terminó siendo recogido por Penguin tras convertirse en uno de los audiolibros más escuchados de toda la historia de Audible. Si no os suena, ya he reseñado el primer libro en este mismo blog y allí podéis encontrar mi opinión sobre el fenómeno y las claves de por qué la saga funciona. Aquí me voy a centrar en este cuarto tomo en concreto.

Sinopsis

Para los que no conozcáis la saga, intento explicarlo sin destriparla. La Tierra ha sido convertida en una mazmorra interdimensional por unos alienígenas que la usan como espectáculo de telerrealidad transgaláctica. Cada nivel de la mazmorra es un escenario distinto con sus reglas, monstruos, jefes y trampas; sus moradores (los ratreadores, humanos supervivientes del apocalipsis) tienen que avanzar de nivel en nivel matando, recogiendo botín, ganando suscriptores y subiendo de nivel mientras todo se retransmite a millones de espectadores extraterrestres que apuestan, patrocinan y comentan sus hazañas. Carl, ex guardia costera estadounidense en calzoncillos y la gata Princesa Donut, antigua mascota campeona de concursos de belleza de su exnovia Beatrice, son las dos estrellas más improbables de esta cosa.

En El portal de los dioses salvajes llegamos al cuarto nivel y la cosa cambia de tono respecto a los anteriores. Aquí la mazmorra se transforma en un escenario donde los rastreadores están separados en «burbujas» y donde ayudar a otros rastreadores va a estar tremendamente limitado. En la burbuja de Carl hay un castillo aereo, una cripta patrullada por un fantasma letal, un castillo de arena habitado por un mago loco y un submarino pilotado por una cabeza robótica.

Carl y Donut tienen que reclutar y proteger a un grupo de rastreadores supervivientes mientras navegan alianzas, traiciones y misiones que parecen imposibles. Por el camino, a los habituales, Mordecai, Katia, Elle e Imani se unirán nuevos rastreadores como Louis y Firas, dos mejores amigos borrachos y fumetas que son mejores amigos y que no parecen tener una idea buena entre los dos (me encanta su evolución) y otros como un grupo de vendedores de coches convertidos en arqueros.

En esta planta Carl se enfrentará a otros rastreadores, gigantescos monstruos, todopoderosos Dioses y quizás los monstruos más escalofriates de todos: los abogados. En fin, no será sencillo ganar, es más no será sencillo sobrevivir y mucho menos salvar al resto de compañeros pero, ey hay que intentarlo.

Opinión personal

Llegamos a la cuarta entrega de una saga que ya cuenta con siete libros publicados en inglés y los va sacando en castellano a buen ritmo gracias a la editorial que ha apostado por traerla. Y este, lo digo ya sin ambages, es uno de los mejores libros de la serie. Probablemente el mejor hasta el momento en términos de equilibrio entre lo que la saga ya hacía bien (acción descacharrante, humor políticamente incorrecto, golpes inesperados) y lo que la saga estaba prometiendo en los libros anteriores y aquí entrega por fin: profundidad temática real.

Lo primero que destaca es la planificación. Si en las primeras entregas uno tenía la sensación de estar leyendo un autor brillante pero algo improvisado, capaz de dar bandazos de subtrama en subtrama, aquí Dinniman empieza a recoger versos sueltos sembrados en los libros previos y a darles sentido. Aquellas pistas dispersas que parecían chistes o detalles de relleno resultan ser piezas pensadas. Esa coherencia retroactiva, que reorganiza la lectura mental que uno tenía de los libros anteriores, es un placer raro y demuestra una arquitectura narrativa mucho más sólida de lo que la fachada gamberra de la saga sugería. Bien por el autor, que confirma aquí que sabe muy bien adónde quiere llegar y que todo está pensado de antemano.

Lo segundo es la estructura clásica de Dinniman: empiezas viniendo por los porrazos y te quedas por las reflexiones. Os explico. La primera capa del libro es lo de siempre: humor absurdo, sátira de la cultura de los influencers y de la telebasura, situaciones que ponen los pelos de punta, criaturas grotescas, peleas brutales, equipo absurdo, frases ingeniosas y momentos que harían las delicias de cualquier amante de los videojuegos con la dosis justa de Borderlands en vena. Pero por debajo, y cada libro más, Dinniman está hablando de cosas muy serias. La responsabilidad individual cuando todos los sistemas te incitan a la pasividad. El capitalismo salvaje y cómo el espectáculo se devora a sí mismo y a quienes lo alimentan. La trampa moral de los pequeños héroes y de los grandes monstruos. La empatía como recurso escaso. La capacidad de mantener la dignidad y la decencia cuando todo a tu alrededor está diseñado para empujarte al cinismo y la crueldad. Suena pretencioso si lo cuento así, pero el milagro es que el autor lo cuela todo entre escenas de criaturas que vomitan y duendes que negocian. Es una saga que funciona en dos niveles y os aseguro que el segundo nivel cada vez pesa más.

Lo tercero son las pequeñas victorias de Carl. Carl no es un héroe canónico, no es un protagonista «brillante» en el sentido tradicional. Es un tipo cabreado, tozudo, con un código moral propio y arruinado por la situación, que va resolviendo cada problema con lo que tiene a mano y va acumulando pequeños triunfos en una cadena imparable. No hay un golpe maestro que cierra el libro. Hay decenas de pequeños momentos que se van encadenando con una lógica casi de cosecha. Y el lector va saboreando cada uno, porque Carl se los ha ganado a pulso. Cuando aprietas en el último tercio del libro y empiezan a caer las fichas, uno tiene la sensación de que cada decisión que has visto tomar a Carl 200 páginas atrás está pagando dividendos ahora. Eso es escritura buena.

Y lo cuarto es el final. Los libros de Dinniman siempre terminan con una explosión, en sentido literal y figurado. Hay un crescendo en las últimas páginas que es marca de la casa y aquí está particularmente bien resuelto. El final sorpresa de este cuarto libro me ha pillado a contrapié y me ha dejado con una incomodidad muy productiva: necesito el siguiente. Ya. No me hagas esperar (por si os lo preguntáis acaba de salir y ya lo estoy leyendo)

Si alguien llega aquí sin haber leído los tres anteriores, no va a entender nada y va a pensar que esto es una locura ininteligible. Es una saga, hay que leerla en orden y comprometerse con ella. Tampoco es para gente que no soporte el humor escatológico, las situaciones políticamente incorrectas o la violencia. El propio formato LitRPG (con sus estadísticas, niveles, inventarios y descripciones de habilidades) sigue siendo un obstáculo para algunos lectores tradicionales, aunque Dinniman lo dosifica con criterio y nunca deja que las mecánicas se traguen el ritmo narrativo. Aviso también para los más sensibles: la saga sigue siendo «adulta» en el peor sentido del término (no hablo solamente de palabrotas), hay cosas que se cuentan que duelen y que se quedan contigo.

Calificación: Muy bueno

Lo Mejor: la planificación a largo plazo del autor que aquí queda en evidencia, el final, las reflexiones sobre responsabilidad individual y capitalismo salvaje, las pequeñas victorias acumuladas de Carl, los versos sueltos de los libros anteriores que aquí se resuelven

Lo Peor: necesitas haberte leído los tres anteriores sí o sí, y aún así te quedarás con ganas inmediatas del quinto

Lo releería: probablemente, sobre todo cuando termine la saga entera para releerla con nueva información

Lo recomiendo: rotundamente, a quien ya esté enganchado a Carl. Y a quien no lo esté, le recomiendo que empiece por el primero porque esto solo se disfruta en orden

Si os ha picado la curiosidad, echadle un ojo a mi reseña del primer libro y ya me contáis si conseguís quedaros solo en uno.

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Bitterblink

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