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Película – Exodus: Dioses y Reyes

Exodus poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Exodus: God and Kings

Año: 2014

Director: Ridley Scott (Alien, el Octavo pasajero; Blade Runner; Black Rain; Thelma y Louise; Gladiator; El reino de los cielos; Red de mentiras; Robin Hood)

Guión: Adam Cooper, Bill Collage, Jeffrey Caine, Steven Zaillian)

Música: Alberto Iglesias

Fotografía: Dariusz Wolski

Reparto

  • Christian Bale
  • Joel Edgerton
  • Aaron Paul
  • María Valverde
  • Sigourney Weaver
  • Ben Kingsley
  • John Turturro

Viendo la filmografía de Ridley Scott uno podría preguntarse de dónde sacó la inspiración para la creación de obras maestras tan tempranas como “Blade Runner” y “Alien, el octavo pasajero”. Creador de blockbusters poderosos (Black Rain, Thelma y Louise), entre sus películas tenemos algunos fiascos de taquilla (“La teniente O’Neill”, “El reino de los cielos”), el resurgimiento de antiguos géneros (Gladiator) y cintas que pasan sin pena ni gloria (Robin Hood, Prometheus). Pero solo por habernos sembrado de dudas con la historia del cazareplicantes Rick Deckard y asustarnos en el espacio donde nadie puede oír los gritos de Ripley, ya merece la pena el hueco que se le ha abierto en la historia del cine y la atención mínima que hay que prestarle con cada nuevo estreno. Y tras la última película de Darren Aronofsky, que resucita la figura de Noé, parece que resurge el género bíblico con fuerza de la mano de directores como este Ridley Scott. En este caso merece la pena mencionar la producción en la que se ha involucrado con un alto porcentaje de participación española, pues no sólo se ha rodado en tierras almerienses y canarias; también ha contado con la española María Valverde para un papel de relevancia (Séfora, la esposa de Moisés) y con el músico Alberto Iglesias para la confección de la banda sonora.

La historia bíblica de Moisés, el liberador del pueblo de Israel que siglos antes del nacimiento de Jesucristo guió a los judíos a la Tierra Prometida y les libró del yugo de los egipcios que los esclavizaban para la construcción de obras megalómanas. Rescatado de una cesta del río, adoptado por la familia del faraón, y hermanastro de Ramsés, cuando descubre su origen es exiliado y tras una travesía por el desierto descubre una tribu de pastores y conoce a Séfora, la que será su mujer. Pero Dios se le manifiesta indicándole que él es el elegido para rescatar a su pueblo y que debe volver a Egipto para convencer a Ramsés  de que deje marchar a los esclavos. Por supuesto que esta tarea no será tan fácil frente al que fue su amado hermanastro en otros tiempos, y es entonces cuando Dios envía las diez plagas que diezman la población egipcia para que los judíos sean liberados, dando comienzo al Éxodo judío y la búsqueda de la tan ansiada Tierra Prometida, en una huída hacia la libertad en la que la fe pondrá a prueba las creencias del pueblo elegido y de uno de los mayores profetas de la historia.

Lo primero que uno piensa al conocer el rodaje de esta cinta es si resultaba necesario volver a contar una de las historias más conocidas del cine, de la que tenemos dos películas filmadas por el megalomaníaco Cecil B. De Mille (la segunda de ellas celebérrima por la actuación de Charlon Heston y sus fabulosos efectos especiales para la época) y uno de los mejores ejemplos de animación fuera de la factoría Disney (“El príncipe de Egipto”). Después de ver Exodus, no se puede dejar de dar vueltas a esta idea por muy bien resuelta que esté y la puesta al día de la historia. Es decir, se cambian detalles para hacerlos más creíbles en el siglo XXI y mostrar las plagas como algo científico y plausible, y el paso por el Mar Rojo como un efecto de mareas y tsunamis. Las apariciones divinas de Moisés no dejan de recordarnos que tienen algo de psicológico más que de real, y que  está más relacionado con el cambio interior que se produce cuando Dios se nos ha revelado para someternos a un cambio profundo (en este sentido Moisés es al inicio un guerrero valiente alejado de la figura mística que conduciría al pueblo).

Porque no se puede negar el esfuerzo de Scott en que la cinta tenga buena presencia. Renunciando a los efectos digitales actuales (la famosa pantalla verde con la que se pueden recrear escenarios y pirotecnia variada), el diseño de producción es más real que nunca. Al igual que en Gladiator, tenemos un inicio legendario, con batallas que nos introducen en la historia, para ir luego mostrándonos la historia épica de un hombre que fue guiado por la mano de Dios para ser pastor de su pueblo. En este sentido, un siempre formidable Christian Bale está más que correcto. Hace olvidarnos en algunos momentos que ha sido un superhéroe y un psicokiller, de la misma que la barba postiza de Charlton Heston no impedía que viéramos al vaquero o policía de los años cincuenta y aún así no nos importaba. Y aunque su actuación puntúa en niveles elevados, en ocasiones es superado por su réplica en pantalla de Ramses, el australiano Joel Edgerton (que éste sí que nos hace olvidarnos de Yul Brinner), transmitiéndonos todos los matices posibles para que no caigamos en la trampa de culparle como villano de la función; hasta el propio Dios se muestra más cruel y sanguinario que él.

Sin embargo, y a pesar de todos los esfuerzos, se nota alguna carencia en Exodus, precisamente por ser una historia mil veces contada. La sensación de que aporta poco y que faltan pasajes que hemos visto en otras cintas es latente en toda la cinta. La acción de las batallas no pega mucho para un personaje religioso como Moisés, a pesar del cambio moral que sufre durante el metraje y que no nos acabamos de creer. Los secundarios están igual de desaprovechados, y se echan en falta más minutos de Sigourney Weaver o John Turturro, por ejemplo. Quizás sea porque a mí Gladiator nunca me llegó a entusiasmar (aunque reconozco su grandeza), y todo lo que sea repetir ese éxito a base de copiar sus fórmulas no me acaba de convencer. Con todo, recomiendo ver este Exodus que llega al notable raspado (por ser el director y el protagonista quienes son), siendo una buena opción para estas fiestas navideñas que se acercan ahora, y por la sequía de títulos que lleva asolando la cartelera los últimos meses. Pero que no quita la sensación de añoranza de los grandes clásicos de Ridley Scott y su aportación tempranera a la ciencia ficción.

Calificación: Buena

Lo Mejor: El diseño de producción, y el personaje de Joel Edgerton que no desentona ante un Christian Bale siempre correcto.

Lo Peor: La sensación de una historia que tiene poco que aportar al género.

La vería de nuevo: Puede.

La Recomiendo: Sí, a pesar de todo no está mal.

Películas similares: Los Diez Mandamientos, El príncipe de Egipto, La pasión de Cristo, Noé, El reino de los cielos, Gladiator.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1528100/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Wall•E (Revisión)

Wall·E Pixar poster

Reseñado por 0017

Enlace al Blue-Ray en Amazon.es

Ficha técnica

Año: 2008

Director: Andrew Stanton (Bichos, Buscando a Nemo)

Guión: Andrew Stanton, Pete Docter, Jim Reardon

Música: Thomas Newman

Sonido: Ben Burtt

Fotografía: Jeremy Lasky, Danielle Feinberg

Reparto (voces)

  • Ben Burtt
  • Elissa Knight
  • Jeff Garlin
  • Fred Willard
  • Sigourney Weaver

Tengo predilección por Pixar/Disney, no hay más que comprobar mi histórico de reseñas publicadas. Sobre todo en el caso de Pixar, que sorprende la velocidad de crucero con la que fabrican obras maestras año tras año. Ocurre con la película que tengo enfrente, que se convirtió en clásico instantáneo. Wall·E (Batallón de Limpieza), estrenada en 2008 , nominada a seis Óscar (y consiguiendo el de Mejor Película de animación), alcanzó unas cotas tales de excelencia que está considerada por muchos la mejor obra de Pixar (con Up, Ratatouille, Toy Story, Monstruos y Nemo rondando cerca). Pero es que cuando catalogo a esta cinta como imprescindible, lo que realmente hace es superar esta calificación para pasar a jugar en otra liga, la de las obras maestras cumbres de una categoría artística, en este caso el cine. No es baladí el compararla con Chaplin, Buster Keaton o 2001, una odisea en el espacio, con una primera parte que es puro cine mudo en un planeta desolado y vacío. Increíblemente arriesgada esta propuesta de cine experimental que, sin embargo, cuenta y emociona más en media hora sin palabras, que en cincuenta años de cine hablado sin parar. Para luego pasar a una segunda parte que no tiene nada que ver con la anterior, rápida y trepidante, rompiendo el ritmo por completo. Al final de su escaso metraje (no llega a los 100 minutos), tenemos la sensación de que ha pasado mucho más tiempo por la gran cantidad de cosas que nos han contado, y no podemos evitar tener una sonrisa de oreja a oreja por el buen sabor que deja.

El planteamiento del argumento tiene ecos del de la última reseña que he hecho, Oblivion, pero es obvio que el género y el público al que va dirigida, así como el resultado, difieren bastante. En esta ocasión estamos en el año 2800, y tenemos al planeta tierra convertido en un gigantesco vertedero de basura como consecuencia de la acción del ser humano siete siglos antes. El último habitante es un robot diseñado para recoger y ordenar toda esta cantidad de desperdicios, que es a su vez el último de un ejército de robots de los que ya no queda ninguno más en activo. Wall·E, que así se llama nuestro protagonista, se pasa el día compactando residuos, categorizando cacharros, y viendo por las noches escenas del musical Hello Dolly!, añorando la compañía de otro ser con el que compartir sus momentos de soledad. Un día, aterriza una nave espacial de la que emerge EVA, otro robot más moderno y resplandeciente que tiene una misión específica para realizar. El rastreo que realiza por todo el planeta hace que ignore a nuestro protagonista, pero es obvio que Wall·E siente desde el principio curiosidad y fascinación por EVA a partes iguales. El enternecedor robot acabará ganándose la amistad de EVA, aunque cuando ésta descubra uno de los objetos más curiosos que Wall·E ha recogido y categorizado, su misión habrá llegado a un punto sin retorno y entrará en una suerte de hibernación en stand-by, para desgracia de la historia de amor que estábamos presenciando. La nave en la que llegó volverá a por ella, y Wall·E no se resignará y la seguirá en su viaje interestelar, comenzando entonces una aventura totalmente distinta en la que averiguaremos la historia de la humanidad en estos setecientos años, y en cuyo devenir de acontecimientos nuestros robóticos protagonistas tendrán un papel esencial.

Con este planteamiento tan simple en un primer momento, Andrew Stanton supera con creces sus anteriores aportaciones en Pixar como director o guionista, para deleitarnos con una historia enternecedora como pocas. Su capacidad para tocar la fibra sensible del espectador no se había visto en años, si buscamos fuera de la empresa de animación creada por John Lasseter. Con Wall·E se trasciende por fin el género infantil (si alguien tenía dudas de ello tras Toy Story), para entrar de lleno en la animación “seria”. Como ya he dicho, tiene una primera parte arriesgada y experimental, sin casi ningún diálogo salvo los sonidos robóticos. Los efectos de sonido, que nos recuerdan a los de los protagonistas mecánicos de la saga Star Wars, son brillantes y ayudan a dar ese toque romántico y gracioso a la historia de amor. Todo un ejemplo de virtuosismo cinéfilo, que nos remite al cine mudo de inicios del siglo XX, a Chaplin y a Búster Keaton. Sólo estos dos maestros eran capaces de conmover y provocar una sonrisa a partes iguales sin emitir una palabra.

Cuando parecía que no nos podía sorprender más, llegando a un punto de delicadeza de no retorno, la cinta da un giro inesperado y nos lleva a la ciencia ficción más clásica (sin perder ni un ápice de ternura), para aportarnos una visión crítica de lo que puede ser las últimas consecuencias para la humanidad de un consumismo desaforado y sin límites, con una tecnología que nos separe más que nunca del resto de humanos, aunque estemos sentados codo con codo. Todo ello a golpe de guión, sin sobrar ni un solo minuto del metraje. Una delicia.

Básicamente Wall·E es una declaración de principios de Pixar, una contraposición de opuestos manifestado en los dos robots. La ciencia más vanguardista frente al clasicismo tecnológico, el pasado nostálgico frente al futuro innovador, walkman analógico frente al digital  iPod. El que ambos protagonistas se den la mano hace que todas estas antagonías no sean excluyentes sino complementarias, y que el desarrollo científico no renuncie al placer de la creación artística tradicional. Nuestro robotito protagonista es la salvaguardia de los sentimientos humanos en la tierra, pero a su vez precisa de la ayuda del robot femenino moderno para garantizar la subsistencia del planeta.

Por todo esto y por muchas más razones, esta maravilla se antoja imprescindible como joya cinéfila de los últimos años. Hay que agradecer a Stanton y el resto del equipo creativo de Pixar el haber creado un personaje tan carismático como este protagonista, mezcla de ET y del Número 5 de Cortocircuito, con una capacidad extrema de emocionar únicamente con la mirada. Es una conjugación perfecta de cine y poesía visualmente plasmada de manera magistral en imágenes y sonido. Un punto y aparte fundacional de lo que se puede conseguir si juntamos las últimas técnicas de animación con historias de siempre, lo que ha contado el cine desde sus inicios.

Calificación: Imprescindible

Lo Mejor: Unas cotas cinematográficas difícilmente alcanzables por el resto de competidores.

Lo Peor: Un metraje que hace que nos sepa a poco.

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí, como todo Pixar, para niños y para mayores; todos disfrutarán viéndola.

Enlace al Blue-Ray en Amazon.es

Películas similares: E.T. (El Extraterrestre); 2001, Una Odisea del Espacio; Up; Buscando a Nemo; El Chico (Charles Chaplin);

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0910970/combined

Tráiler en You Tube:

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