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El libro de los 3 – Crónicas de Prydain 1 – Lloyd Alexander

Reseñado por Bitterblink

El libro de los tres - Lloyd Alexander

El libro de los tres – Lloyd Alexander

Lloyd Alexander es un escritor estadounidense nacido durante la gran depresión. Pese a la firme oposición de sus padres decidió bien pronto ser escritor y buscó para ello experiencias en el ejercito de los EEUU durante el final de la segunda guerra mundial donde fue sargento de contrainteligencia en la Alemania ocupada.

Es cierto que no es por esto por lo que me interesé por este libro. ¿Qué opinais si os hablo de la princesa Disney perdida? Eilonwy, conocida por el público hispanohablante como Elena, es la coprotagonista del mayor (acaso el único) fracaso comercial en las películas de dibujos de Disney. Al parecer la aparición de no-muertos disgustó mucho al público de la época (si, no-muertos en una peli de Disney).

Probablemente recordéis la película, por mucho que Disney reniega un poco de ella (pese a que la han reeditado en DVD): Taron y el caldero mágico en España o El Caldero Mágico en latinoamérica.

La película me fascinó cuando la vi en 1985, nada de canciones alegres o números

Taron y el Caldero Mágico

Taron y el Caldero Mágico

musicales excesivos o recargados, sino un malvado capaz de crear no muertos a partir de un caldero siniestro, el divertido Gurgi era el único contrapunto cómico de una película que recuerdo como casi de miedo para mi corta edad.

En realidad la película se basa en los dos primeros libros de las crónicas de Prydain en un extraño mix de argumentos donde forzosamente debe hacer desaparecer algunos personajes.

Sinopsis

Taran (si, ese es el nombre original del personaje) es un Huérfano que vive en Caer Dallben bajo la autoridad del anciano hechicero Dallben. Aunque su vida se reduce a cuidar a la cerda oráculo Hen Wen y ayudar a Coll con la herrería, Taran sueña con ser un famoso héroe en todo Prydain y ganar fama y honor por su valor y por su espada. Y sin embargo no deja de ser un Aprendiz de Porquerizo.

Prydain está revuelto puesto que desde la tierra negra de Annuvin el malvado Arawn ha conseguido levantar a un malvado rey guerrero que ha desatado de nuevo la guerra: El Rey Ciervo, un malvado guerrero que viste como Yelmo un cráneo humano con unos cuernos de ciervo acoplados.

Cuando las huestes del Rey Ciervo se acercan a Caer Dallben, Hen Wen, la cerda oráculo entra en pánico y pese a que estaba al cuidado de Taran, escapa al bosque perseguida de cerca por éste. Taran se culpa de su pérdida y se promete no permitir que el Rey Ciervo se haga con Hen Wen iniciando una búsqueda durante la que encuentra a Gwydion, rey de Prydain que le acompaña en la búsqueda junto con el extraño hombre-bestia Gurgi.

Atrapados por la bruja Archen, Taran escapa con la ayuda de Eilonwy, una princesa criada por la bruja y el fanarrón bardo Fflewddur Fflam (he tenido que copiarlo del libro, imposible recordarlo). Juntos formarán un grupo de búsqueda que irá tras la cerda oráculo encontrando tanto monstruos como los hijos del Caldero o los pájaros monstruo Gwythains, con ayuda de nuevos amigos como el taciturno enano Doli.

Opinión Personal

El libro me gustó (y también en su dia me gustó la película). Es en palabras del autor, un libro sobre un chico que sale a ver el mundo y madura y cambia debido a este viaje. Taran empieza siendo sumamente inmaduro, solo sueña con ser un guerrero y resolverlo todo con la espada, y quizá lo que más me gusta es que no suele conseguir nada con ella. El personaje va pasando de creer que él solo puede resolverlo todo a aprender a confiar en un equipo de personas con distintas habilidades que consigue superarse a si mismo con la inteligente guía de Taran que resulta ser un aceptable líder cuando deja de intentar hacerse el héroe.

Me encanta también el personaje de Eilonwy, una chica algo alocada y atolondrada que está aburrida de la vida con la malvada Archen y encuentra en Taran la salida que buscaba. Me encanta porque ella es el sentido común, ella es la que sirve de contrapeso a la audacia insensata del Taran que quiere ser héroe. Me divierte en especial que la actitud machista de Taran (“eso no es para princesas”) le estalla siempre en la cara porque Eilonwy es quizá la más capaz y valiente de las princesas, demonstrando en todo momento que ella puede con todo. Todo un role model para las niñas.

El resto de personajes suelen ser más cómicos que otra cosa como Gurgi, Fflam o Doli. Salvo los personajes “serios” como Gwydión, que recuerda poderosamente a Aragorn o   Dallben, que sería un Gandalf envejecido.

La historia es razonablemente entretenida, siriviendo sobre todo para presentar a los personajes para los siguientes libros.

Me gusta que el resultado en general es que es un Aprendiz de porquerizo el que salva la situación y lo hace por su inteligencia y no por la fuerza de su espada o por su audacia, eso y que lo haga gracias a que consigue inspirar y liderar a un grupo de personas muy distintas.

En fin, una buena historia para un preadolescente. Es un cuento ideal para los 12 – 14 años, quizá le falta profundidad pero es una buena historia, entretenida y diferente por estar basada en la mitología Galesa en parte.

Calificación: Entretenido

Lo Mejor: Taran y su evolución, Eilonwy

Lo Peor: Poca profundidad

Lo Releería: Si, pero además leeré los siguientes

Lo Recomiendo: Sin duda, es original y creo que aporta algo distinto

Si quires comprar el libro

El libro de los tres

Bonustrack: Trailer de Taron y el Caldero mágico

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Película – Frozen

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Frozen

Enlace al DVD en Amazon.es
Enlace al Blue-Ray en Amazon.es
Enlace a las canciones en MP3 de la banda sonora en Amazon.es

Año: 2013

Director: Chris Buck, Jennifer Lee

Guión: Jennifer Lee

Basado en el cuento de Hans Christian Andersen, La Reina de las Nieves (aquí lo tenéis en versión Kindle)

Música: Christophe Beck

Montaje: Jeff Draheim

Reparto (voces en el original)

  • Kristen Bell
  • Idina Menzel
  • Jonathan Groff
  • Josh Gad
  • Alan Tudyk

Estrenada en las navidades de 2013, y con más de un año en las carteleras mundiales, Frozen se ha convertido en la película de animación más taquillera de todos los tiempos, llegando a superar a Toy Story 3 y siendo la segunda película de la factoría Disney de mayor recaudación. Se trata de la quinta película más taquillera de la historia, sólo superada por Avatar, Titanic, Los Vengadores y Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 2. Una idea de su éxito lo da el abultado merchandising que tenemos a nuestra disposición en la red, y  la ristra de premios que ha cosechado durante todo el año 2014 (Globos de Oro, BAFTA, y sendos Óscar a la mejor película de animación y a la mejor canción –Let it Go-). Con la división de animación Pixar centrada en otras épocas del año y proyectos artísticos, el testigo de los cuentos de hadas tradicionales lo recogen este tipo de cintas en los que la esencia de Cenicienta, la Sirenita o la Bella y la Bestia se unen con las técnicas más modernas de animación para ofrecernos un producto al estilo de la anterior Enredados (2010): es decir, personajes estilizados, repasados por CGI (animación digital), y con gran expresividad en los trazos. La historia está basada en uno de los cuentos de hadas de Hans Christian Andersen que todavía quedaban sin adaptar por Disney, La Reina de las Nieves, el cual llevaba varios años esperando para ser llevado a la pantalla. Este material original se nota en el argumento, que nos retrotrae a la época clásica de la compañía de dibujos, con castillos, reinos nórdicos y princesas con hechizos, valientes contrapuntos masculinos y secundarios basados en animales y otras criaturas parlantes que le dan el toque cómico.

Elsa y Anna son dos jóvenes princesas del reino nórdico de Arendelle. Elsa posee desde su nacimiento un cada vez más incontrolable hechizo que le proporciona la capacidad de cubrir de hielo todo lo que le rodea con el único poder de sus manos. Siendo niñas, Anna y Elsa se ponen a jugar una noche con los poderes mágicos de ésta y empiezan a inundar de nieve el palacio donde viven. Con el entusiasmo infantil, su poder se descontrola y lanza accidentalmente a Anna un rayo de hielo a la cabeza, quien queda inconsciente en el acto. Los padres, asustados, deciden pedir ayuda a los trolls del bosque quienes logran sanarla al no haber congelado ninguna parte de su corazón, lo que hubiera sido irreversible para ella. El único problema es que, salvo los mejores momentos de su relación con su hermana, Anna no podrá recordar nada de lo sucedido. Para evitar más accidentes, a partir de entonces Elsa pasará a tener una relación más distante y le ocultará sus poderes, dejando de jugar con ella y evitando la convivencia diaria, siendo Anna ignorante de las auténticas razones. Tras pasar unos años y convertirse en la heredera al trono de Arendelle, a Elsa le llega el día de su coronación como reina. La relación sigue tan distante como siempre, pero Anna consigue cruzar unas pocas palabras con su hermana antes de enamorarse perdidamente del príncipe Hans. Tras pedir la bendición para un impulsivo matrimonio, Elsa se niega argumentando que es muy precipitado al no conocerse entre ellos, lo que acaba en una discusión entre las dos hermanas y los poderes de la mayor expuestos a todo el mundo. En vista del descontrol producido, Elsa decide autoexiliarse no para evitar males mayores, pero en su huida cubre al reino de Arendelle de nieves y hielo, sumiéndolo en un invierno eterno. Ante el desconcierto general de todos los súdbitos, Anna decide ir tras su hermana y convencerla de que elimine el hechizo de las nieves sobre el reino; en su camino se encontrará con un vendedor de hielo llamado Kristoff (y su reno Sven). A ellos se unirá un muñeco de nieve viviente llamado Olaf, construido por su hermana cuando eran niñas y revivido de manera inconsciente por Elsa, quien se ha construido un palacio de hielo para vivir sola. La ayuda de su hermana será fundamental para que aprenda la manera de revertir sus poderes, pero ambas se encontrarán con otros oscuros intereses que pondrán en peligro el reino de Arendelle y la propia vida de su hermana, en un viaje donde aprenderán el verdadero significado del amor.

“Frozen, el Reino de Hielo”, está planteada como un musical que recuerda directamente al título también adaptado de Andersen, La Sirenita, (que hizo resurgir de la época oscura a Disney) así como también posee el espíritu de la cinta que siguió a aquélla, La Bella y la Bestia. Aquí tenemos la tradicional fórmula con nuevas variaciones (no en vano ya han pasado más de veinte años) con no una sino dos princesas jóvenes, y dos posibles candidatos a copar el corazón de la protagonista soñadora. Con sorprendentes giros de guión que solucionan esta dicotomía amorosa (y algún planchazo argumental totalmente inesperado), el ritmo de la cinta decae en los números musicales. Y es que es este aspecto lo más difícil de superar en los grandes títulos de las épocas doradas de la animación (sobre todo la de los noventa). Las canciones ya no son lo que eran, a pesar de que cada vez duran menos e interfieren lo menos posible en el ritmo.

Por suerte, hay otros detalles en los que Disney cada vez se supera más, y se trata de los fabulosos secundarios que roban escenas y proporcionan carcajadas y ternura a partes iguales. En este caso, como contrapunto a un reno que no destaca mucho (salvo en su manía de pegar lametones y comer zanahorias), tenemos al muñeco de nieve Olaf, auténtico protagonista de la función. Tierno, locuaz, gracioso y despistado; es uno de los grandes hallazgos y con los que la película avanza a pasos agigantados con su presencia en pantalla. De los protagonistas masculinos, destacar que cada uno tiene su propio carácter y personalidad, tal es el nivel de grandeza con el que están perfilados. Kristoff es valiente y poco sofisticado, con lo que la química con Anna será genial; mientras que Hans será el perfecto contrapunto y príncipe de cuento de hadas de manual. Las princesas de la función, las hermanas Elsa y Anna, son la evolución natural de las heroínas de Disney: una soñadora y alocada, y la otra más gélida y terrenal. El conflicto fraternal sobre el que está construido el argumento servirá perfectamente de hilo conductor en esta puesta al día del clásico cuento de hadas demostrando que, paralelamente a las grandes obras de Pixar, la división tradicional de Disney tiene todavía buen músculo creativo en sus esfuerzos por salir de la época oscurantista en la que se metió en los años 2000, y de la que Lasseter se esforzó por salir.

Calificación: Muy Buena

Lo Mejor: Sin duda, el muñeco de nieve Olaf y la excelente química que muestran todos los personajes.

Lo Peor: Los números musicales, que ya no son lo que eran y no han logrado que encajen del todo bien en el argumento.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Es perfecta para todos los públicos, si bien reconozco que está más orientada al público infantil que otros títulos con más trasfondo para los padres. También he decir que la vi en plenas vacaciones de navidad, en la sesión de las seis de la tarde; con lo que es posible que esté más influenciado por el griterío y alboroto de los niños que se respiraba en la sala.

Películas similares: La Bella Durmiente, La Sirenita, La Bella y la Bestia, Enredados

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2294629/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Wall•E (Revisión)

Wall·E Pixar poster

Reseñado por 0017

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Ficha técnica

Año: 2008

Director: Andrew Stanton (Bichos, Buscando a Nemo)

Guión: Andrew Stanton, Pete Docter, Jim Reardon

Música: Thomas Newman

Sonido: Ben Burtt

Fotografía: Jeremy Lasky, Danielle Feinberg

Reparto (voces)

  • Ben Burtt
  • Elissa Knight
  • Jeff Garlin
  • Fred Willard
  • Sigourney Weaver

Tengo predilección por Pixar/Disney, no hay más que comprobar mi histórico de reseñas publicadas. Sobre todo en el caso de Pixar, que sorprende la velocidad de crucero con la que fabrican obras maestras año tras año. Ocurre con la película que tengo enfrente, que se convirtió en clásico instantáneo. Wall·E (Batallón de Limpieza), estrenada en 2008 , nominada a seis Óscar (y consiguiendo el de Mejor Película de animación), alcanzó unas cotas tales de excelencia que está considerada por muchos la mejor obra de Pixar (con Up, Ratatouille, Toy Story, Monstruos y Nemo rondando cerca). Pero es que cuando catalogo a esta cinta como imprescindible, lo que realmente hace es superar esta calificación para pasar a jugar en otra liga, la de las obras maestras cumbres de una categoría artística, en este caso el cine. No es baladí el compararla con Chaplin, Buster Keaton o 2001, una odisea en el espacio, con una primera parte que es puro cine mudo en un planeta desolado y vacío. Increíblemente arriesgada esta propuesta de cine experimental que, sin embargo, cuenta y emociona más en media hora sin palabras, que en cincuenta años de cine hablado sin parar. Para luego pasar a una segunda parte que no tiene nada que ver con la anterior, rápida y trepidante, rompiendo el ritmo por completo. Al final de su escaso metraje (no llega a los 100 minutos), tenemos la sensación de que ha pasado mucho más tiempo por la gran cantidad de cosas que nos han contado, y no podemos evitar tener una sonrisa de oreja a oreja por el buen sabor que deja.

El planteamiento del argumento tiene ecos del de la última reseña que he hecho, Oblivion, pero es obvio que el género y el público al que va dirigida, así como el resultado, difieren bastante. En esta ocasión estamos en el año 2800, y tenemos al planeta tierra convertido en un gigantesco vertedero de basura como consecuencia de la acción del ser humano siete siglos antes. El último habitante es un robot diseñado para recoger y ordenar toda esta cantidad de desperdicios, que es a su vez el último de un ejército de robots de los que ya no queda ninguno más en activo. Wall·E, que así se llama nuestro protagonista, se pasa el día compactando residuos, categorizando cacharros, y viendo por las noches escenas del musical Hello Dolly!, añorando la compañía de otro ser con el que compartir sus momentos de soledad. Un día, aterriza una nave espacial de la que emerge EVA, otro robot más moderno y resplandeciente que tiene una misión específica para realizar. El rastreo que realiza por todo el planeta hace que ignore a nuestro protagonista, pero es obvio que Wall·E siente desde el principio curiosidad y fascinación por EVA a partes iguales. El enternecedor robot acabará ganándose la amistad de EVA, aunque cuando ésta descubra uno de los objetos más curiosos que Wall·E ha recogido y categorizado, su misión habrá llegado a un punto sin retorno y entrará en una suerte de hibernación en stand-by, para desgracia de la historia de amor que estábamos presenciando. La nave en la que llegó volverá a por ella, y Wall·E no se resignará y la seguirá en su viaje interestelar, comenzando entonces una aventura totalmente distinta en la que averiguaremos la historia de la humanidad en estos setecientos años, y en cuyo devenir de acontecimientos nuestros robóticos protagonistas tendrán un papel esencial.

Con este planteamiento tan simple en un primer momento, Andrew Stanton supera con creces sus anteriores aportaciones en Pixar como director o guionista, para deleitarnos con una historia enternecedora como pocas. Su capacidad para tocar la fibra sensible del espectador no se había visto en años, si buscamos fuera de la empresa de animación creada por John Lasseter. Con Wall·E se trasciende por fin el género infantil (si alguien tenía dudas de ello tras Toy Story), para entrar de lleno en la animación “seria”. Como ya he dicho, tiene una primera parte arriesgada y experimental, sin casi ningún diálogo salvo los sonidos robóticos. Los efectos de sonido, que nos recuerdan a los de los protagonistas mecánicos de la saga Star Wars, son brillantes y ayudan a dar ese toque romántico y gracioso a la historia de amor. Todo un ejemplo de virtuosismo cinéfilo, que nos remite al cine mudo de inicios del siglo XX, a Chaplin y a Búster Keaton. Sólo estos dos maestros eran capaces de conmover y provocar una sonrisa a partes iguales sin emitir una palabra.

Cuando parecía que no nos podía sorprender más, llegando a un punto de delicadeza de no retorno, la cinta da un giro inesperado y nos lleva a la ciencia ficción más clásica (sin perder ni un ápice de ternura), para aportarnos una visión crítica de lo que puede ser las últimas consecuencias para la humanidad de un consumismo desaforado y sin límites, con una tecnología que nos separe más que nunca del resto de humanos, aunque estemos sentados codo con codo. Todo ello a golpe de guión, sin sobrar ni un solo minuto del metraje. Una delicia.

Básicamente Wall·E es una declaración de principios de Pixar, una contraposición de opuestos manifestado en los dos robots. La ciencia más vanguardista frente al clasicismo tecnológico, el pasado nostálgico frente al futuro innovador, walkman analógico frente al digital  iPod. El que ambos protagonistas se den la mano hace que todas estas antagonías no sean excluyentes sino complementarias, y que el desarrollo científico no renuncie al placer de la creación artística tradicional. Nuestro robotito protagonista es la salvaguardia de los sentimientos humanos en la tierra, pero a su vez precisa de la ayuda del robot femenino moderno para garantizar la subsistencia del planeta.

Por todo esto y por muchas más razones, esta maravilla se antoja imprescindible como joya cinéfila de los últimos años. Hay que agradecer a Stanton y el resto del equipo creativo de Pixar el haber creado un personaje tan carismático como este protagonista, mezcla de ET y del Número 5 de Cortocircuito, con una capacidad extrema de emocionar únicamente con la mirada. Es una conjugación perfecta de cine y poesía visualmente plasmada de manera magistral en imágenes y sonido. Un punto y aparte fundacional de lo que se puede conseguir si juntamos las últimas técnicas de animación con historias de siempre, lo que ha contado el cine desde sus inicios.

Calificación: Imprescindible

Lo Mejor: Unas cotas cinematográficas difícilmente alcanzables por el resto de competidores.

Lo Peor: Un metraje que hace que nos sepa a poco.

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí, como todo Pixar, para niños y para mayores; todos disfrutarán viéndola.

Enlace al Blue-Ray en Amazon.es

Películas similares: E.T. (El Extraterrestre); 2001, Una Odisea del Espacio; Up; Buscando a Nemo; El Chico (Charles Chaplin);

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0910970/combined

Tráiler en You Tube:

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Película – ¡Rompe Ralph!

Rompe Ralph

Rompe Ralph

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Año: 2012

Director: Rich Moore

Guión: Phil Johnston, Jennifer Lee

Música: Henry Jackman

Reparto

  • John C. Reilly
  • Sarah Silverman
  • Jack McBrayer
  • Jane Lynch

¿Qué es lo que hacen los videojuegos de un salón recreativo cuando se marchan los clientes y se cierran las puertas? Creíamos que ya nos habían respondido a la pregunta no una, sino tres veces en Toy Story y sus secuelas (y de manera sobresaliente), sólo que en vez de videojuegos, aquéllos eran juguetes en la habitación de un niño. Pero visto los buenos  resultados de la saga de animación de Pixar, no podemos menos que dejar que nos vuelvan a contar la historia por la empresa matriz, Disney.

Y hacemos bien en confiar en la fábrica de sueños, puesto que el resultado vuelve a ser fresco y novedoso, una apuesta segura para dejar que los más pequeños disfruten a nivel primario de la historia mientras que los mayores descubren relecturas más profundas y se diviertan aún más, si cabe, que los primeros.

En este caso Disney, otrora entidad dominante en la animación, perdió dicho estatus cuando su filial Pixar acabó fagocitando a sus jefes, y a punto estuvo de desaparecer cuando la animación digital hizo su aparición a finales de los noventa. Fue precisamente gracias a uno de los creadores de Pixar, John Lasseter, quien evitó el hundimiento de la empresa fundada por el tío Walt, ya que se negó en redondo a que desapareciera esa rama de la animación dibujada a mano (Tiana y el Sapo; Enredados).

En el caso en concreto de ¡Rompe Ralph!, puede parecer que la técnica digital ha ganado definitivamente la batalla y que Disney está empezando a recuperar el terreno perdido frente a Pixar en su propia especialidad, pero si investigamos un poco respecto a las técnicas usadas en la creación de la película vemos cómo el repaso del dibujo a mano todavía ha ocupado una parte importante del proceso creativo.  Para que no quede ninguna duda, el corto que precede a la película –Paperman– es una joya en blanco y negro de animación tradicional con algún toque en 3D, que nos remite directamente a la época de Aladdin, y nos viene a decir que todavía puede haber lugar para la ternura y la poesía en la animación tradicional si se realiza con alma y buen hacer.

El protagonista de la historia es Ralph, un grandullón que trabaja como el malo de la historia rompiendo todo a su paso en el videojuego ¡Rompe Ralph!, un trasunto del popular Donkey Kong y los juegos de Mario. Aquí el álter-ego bonachón es Félix-arregla-todo, quien día tras día se dedica a derrotar al villano y a ganar medallas y la simpatía del resto de habitantes del videojuego. Pero Ralph no está contento con su vida y las antipatías que su trabajo genera, con lo que decide cambiar de videojuego con el trastorno (y el peligro de desenchufar la máquina) que ello conlleva. Tras su paso por un videojuego de guerra llamado Hero’s Duty, acaba en un empalagoso juego de carreras de golosinas llamado Sugar Rush, donde conocerá a la impertinente Vanellope von Schweetz, una marginada participante del juego con la que tendrá más cosas en común de las que él se pensaba…

Como ya he dicho antes, las películas infantiles se hacen pensando cada vez más en la doble lectura de los potenciales espectadores;  decir, los padres y los niños, con lo que se garantiza que los mayores no vayan a ver esta clase de títulos como un mero trámite. En este caso es más que evidente que el mundo de los videojuegos de las recreativas de los últimos treinta años toca directamente la fibra de los padres de nueva generación, que son los que han crecido con este tipo de ocio. Aquí la película gana su primer tanto con la cantidad de guiños a la historia de los videojuegos que podemos ver. Están personajes de videojuegos reales como Street Fighter, Pacman, Sonic, …

Por otro lado, el atractivo fílmico que para los más pequeños pueda suponer las texturas y decorados de la película llega a su punto culminante en la parte que transcurre en el mundo de carreras de coches de gominolas que supone Sugar Rush; toda una delicia visual que, por muy empalagosa que pueda parecerle a los espectadores, le quita de manera subliminal oscuridad a la trama, aportando una personalidad y vida propia a la película. No olvidemos que es eso de lo que se trata, puesto que el primer objetivo de una buena película es que la misma perdure en nuestro imaginario individual después de salir de la sala.

Como segundo objetivo podemos considerar el conseguir una trama consistente y entretenida, hacer que la película avance rápidamente y sin darnos cuenta. Esto también lo logra, puesto que, como en toda buena película de Disney, cuando parece que el argumento se ha encallado con el conflicto inicial del protagonista, es cuando aparecen nuevos personajes y situaciones que le dan un empujón a la trama que la llevan a nuevos niveles temáticos, y es cuando cobra sentido detalles iniciales que habíamos pasado por alto. Puede que ocurra en muchas otras películas de cualquier otro género, pero hay que reconocer la maestría de Disney en manejar este tipo de situaciones a golpe de guión. Entre medias, la dosis habitual de buenrollismo temático que nos hace salir de la sala pensando en ser un poquito mejores. En este caso, ¡Rompe Ralph! nos enseña a aceptar nuestras limitaciones y a usarlas para hacer cosas positivas, y a aprender a ver lo bueno que hay en los demás, por muy diferente que sean las etiquetas que les hayan colgado.

Todo esto se logra gracias a la cantidad de secundarios que tiene la cinta, muy al estilo de Toy Story, donde cada uno tiene su momento/s de gloria y su propia personalidad. Ninguno desentona, todos están en su línea, interpretando el papel que los programadores de cada videojuego les han asignado (genial la agresiva soldado de Hero’s Duty), emocionándonos de una manera que ya quisieran muchos actores reales. Incluso la repelente niña de Sugar Rush, Vanellope, que muchos podrán encontrar cargante, a mí me pareció graciosísima y con un punto de ternura, a pesar de que en algún momento rozaba la escatología impertinente (quizá una de las situaciones menos afortunadas y apropiadas para el público infantil, junto con alguna otra situación como la del zombie en la terapia de villanos con el personaje de Mortal Kombat; en mi opinión, es en estos momentos en los que se aleja de Pixar y se acerca a Dreamworks, en los que sale perdiendo Disney).

En definitiva, un título con el que Disney eleva el listón de los títulos de sus últimos años, llegando casi a la altura de los clásicos instantáneos de Pixar, y estableciéndose como otra referencia a batir por el resto de compañías de animación.

Calificación: Muy buena

Lo Mejor: El personaje de Vanellope; el mundo visual que nos ha creado Disney para nuestro regocijo. La manera de encajar las piezas del puzzle del guión.

Lo Peor: Algún momento de humor burdo con el que intenta hacerse cómplices de los más pequeños.

La vería de nuevo: No (de momento)

La Recomiendo: Lo mejor de animación infantil que puede haber en la cartelera, hasta que Pixar traiga este 2013 la precuela de Monstruos, S.A. Para niños y padres, y sobre todo esos adultos que pasamos de veintimuchos y que hemos crecido con toda clase de generación de videojuegos.

0017

Link a la BSO en Amazon.es

Rompe Ralph (Wreck It Ralph)

Ficha en IMDB: http://www.imdb.es/title/tt1772341/

Tráiler en You Tube (español):

Películas similares: Toy Story, Shrek, Alicia en el País de las Maravillas, Tron

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Película – Mary Poppins (revisión)

mary poppins poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Año: 1964

Director: Robert Stevenson (Los hijos del capitán Grant, Ahí va ese Bólido, La Bruja Novata)

Guión: Bill Walsh, Don Da Gradi

Música: Richard y Robert Sherman

Basada en los libros de P.L. Travers

Reparto

  • Julie Andrews
  • Dick Van Dyke
  • Karen Dotrice
  • Matthew Garber
  • David Tomlinson

Llevaba tiempo dando vueltas sobre qué película clásica reseñar fuera del mundo de la cartelera actual. Probablemente sea más difícil reseñar una película clásica que una contemporánea, puesto que con las primeras normalmente ya se hayan escrito ríos de tinta. La respuesta me la ha dado la programación navideña de la TV en estas fiestas, puesto que Mary Poppins  es una película que hemos visto en reposiciones catódicas miles de veces, se ha alzado a la categoría de clásico instantáneo, pero nunca nos vendría a la mente como ejemplo en una lista de las mejores películas de la Disney. Y sin embargo, ha envejecido maravillosamente y se ha convertido en una película deliciosa; genial cuando la vimos de niños, perfecta para que nuestros hijos la vuelvan a ver sin preocuparnos de la carga temática, espléndida para revisitarla de adultos.

Pertenece a la etapa álgida de la Disney en los 60. Tras consolidarse con clásicos animados como Blancanieves o Cenicienta, y antes del resurgimiento de los 90 con La Sirenita o El Rey León, el declive del siglo XXI con Hércules y Mulan, y el renacimiento de Pixar en los últimos tiempos. Era una época en la que se atrevieron con películas de actores reales, teniendo mayor o menor fortuna, siendo ésta la joya de la corona. Además, impresionó en la época por mezclar dibujos animados en determinadas secuencias, y los efectos especiales no resultan demasiado sonrojantes para lo que estamos acostumbrados hoy en día (esas transparencias cuando se ordena la habitación con un chasquido de dedos). E incluso, los decorados parecen en algunos momentos sacados de una escenografía teatral.

Pero todo eso da igual. Jamás hemos visto Londres de una manera tan hermosa y poética. No es Dickens, dado que no nos muestra pobreza ni niños esclavizados en una triste ciudad decimonónica, ni falta que hace.  Nos enseña la clase más acomodada de la época, con sus manías y extravagancias, y con una mirada ligeramente irónica sobre el siglo que acababa de comenzar en aquella época (la mujer entusiasmada con su grupo feminista pero sometida al marido; la cuasi-quiebra del Banco de Inglaterra por culpa del malentendido de los dos chiquillos; el vecino retirado de la marina de guerra que no puede adaptarse a la vida civil).

Éstos y algún otro son detalles que los adultos no suelen pasar por alto pero los niños sí, con lo cual la doble mirada típica del cine de Disney que nunca deja de ser entrañable pero también divierte a padres convierte a la factoría de sueños en una marca registrada que garantiza siempre el mejor divertimento y a la vez la mejor educación. Quizás algunas veces la carga de moralina esté excesivamente edulcorada, o se base en el mensaje buenrrollista que cae en el tópico más manido; pero francamente, viendo el mundillo del entretenimiento infantil actual, se agradece este tipo de películas hechas año tras otro y que conserven su vigencia desde 1964, que es el caso que nos ocupa.

Por si hay alguien que no sepa su argumento (lo dudo), lo expongo a continuación. Mary Poppins es la historia de dos niños revoltosos en el seno de una familia acomodada del Londres de principios de siglo. Tras su última travesura -perderse detrás de su cometa y alarmar a su familia- la niñera abandona y proceden a buscar una nueva. El padre, un respetable banquero con todos los tópicos del lord inglés, hace caso omiso de los deseos de los niños sobre su próxima niñera, sin saber que éstos serán oídos punto por punto. La nueva nanny, que responde al nombre que da título a la película, les enseñará a los niños responsabilidad sin perder su esencia soñadora. Con ayuda del divertido Bert, un buscavidas urbano que lo mismo limpia chimeneas que se convierte en hombre orquesta, las aventuras se sucederán en mundos increíbles que van desde la (no) caza del zorro en caballitos de feria, hasta un paseo por los tejados de la ciudad. Un malentendido en una visita al trabajo de su padre, hará que los niños provoquen involuntariamente un caos y el consiguiente despido de su padre.

Todo esto lo que hace es que tanto los niños como su aburrido padre acaben viendo la belleza en la mujer que alimenta las palomas cerca de la catedral (comprendiendo el valor de sólo dos peniques), riéndose del chiste más tonto pero que es capaz de hacernos volar de risa contagiosa, aprendiendo la palabra más larga y difícil que nunca nadie haya inventado (pero que cambiará nuestra forma de visionar los problemas), y disfrutando haciendo volar una cometa en compañía de la familia.

Julie Andrews nunca estuvo tan magnífica interpretando a esta institutriz, ni siquiera con las posteriores Sonrisas y Lágrimas y Cortina Rasgada. Una profesión (niñera británica decimonónica) que normalmente evoca desagrado (incluso pienso en la dentuda Emma Thomson de la reciente La Niñera Mágica) hace Andrews que se eleve a la categoría de mito. No hay más que ver la parte de la ceremonia de apertura de los últimos Juegos Olímpicos de Londres 2012 que homenajeaba a la literatura infantil inglesa con una lluvia de mujeres volando con sus paraguas. Y de hecho, todo aquello que se parodie en Los Simpsons supone que forma parte importante de la cultura popular (y tenemos un episodio enterito dedicado a “Shelly Bobbins”). A la actriz la rechazaron para el papel protagonista de My Fair Lady, que ella bordaba al haber protagonizado el musical, en detrimento de Audrey Herpburn (quien fue doblada en los números musicales). Como compensación Andrews ganó el Óscar ese año mientras que la versión de Pigmalion no fue ni siquiera nominada.

Y nunca he visto una película en la que los números musicales estén tan bien encajados en la trama (que incluso algunas veces podría pecar de inconexa), dándole a ésta consistencia y continuidad. La banda sonora es preciosa sin desdeñar ninguna de las piezas, y la verdad es que Dick Van Dyke ayuda mucho a hacer inolvidables el resto de melodías en las que no participa Julie Andrews. Otro actor que también estaba en el apogeo de su carrera.

El resultado de todo esto es una fábula sobre la esencia de la felicidad, y una crítica hacia la rigidez de la educación severa. Un clásico que todos los niños deberían ver varias veces en su vida, y pasar de generación en generación como si de una receta mágica se tratase.

Calificación: Musical imprescindible

Lo Mejor: El Londres que se ve en esta película no se volverá a ver nunca. Las canciones imperecederas, que aúnan la química de los actores. Es un clásico infantil.

Lo Peor: Nada

La vería de nuevo: Por lo menos una vez al año.

La Recomiendo: Sí. Tenerla cerca para aquellos padres que, de vez en cuando, se harten de los programas infantiles de la televisión.

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Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0058331/

Tráiler en You Tube:

Películas similares: Peter Pan, La Bruja Novata, Sonrisas y Lágrimas, La Niñera Mágica, Matilda

Libros similares: Este carácter está basado en la obra de P.L. Travers, en concreto: Mary Poppins, Mary Poppins Comes Back, Mary Poppins Opens the Door, Mary Poppins in the Park, Mary Poppins from A-Z.

También: El Jardín Secreto (Frances Hodgson Burnett), Peter Pan (James Matthew Barrie), la serie de libros en los que se basa “La Niñera Mágica”, Nurse Matilda (Christianna Brands)

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