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Película – Licencia para matar (revisión)

Licence to Kill poster1

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Licence to Kill

Año: 1989

Director: John Glen (Sólo para sus ojos, Octopussy, Panorama para matar, Alta Tensión)

Guión: Richard Maibaum, Michael G. Wilson

Basado en el personaje de Ian Fleming (parte de la trama de los libros “The Hildebrand Rarity” y “Vive y deja morir”)

Música: Michael Kamen

Fotografía: Alec Mills

Reparto

  • Timothy Dalton
  • Carey Lowell
  • Robert Davi
  • Talisa Soto
  • Benicio del Toro
  • David Hedison
  • Desmond Lewelyn
  • Robert Brown
  • Caroline Bliss

Como homenaje al 25 aniversario del estreno de 007 : Licencia para matar, he aquí mi acercamiento crítico y reivindicativo del título. Caí en la cuenta el otro día que leí un artículo de online de la revista Squire, que hablaba de “The most underrated Bond movie” como una de las películas más infravaloradas de la franquicia 007, algo en lo que no puedo estar más de acuerdo. Como fan acérrimo del personaje de Fleming, veo en la segunda incursión de la interpretación de Dalton una de las mejores historias jamás rodadas del agente secreto. Irónicamente, la cinta estuvo a punto de acabar con la franquicia más longeva del cine, puesto que a la fría acogida que tuvo en la taquilla se le unieron los postreros problemas legales entre United Artist y Metro Goldwyn Mayer, lo que hizo que expirara la posibilidad de que Dalton consolidase la visión del personaje en una tercera entrega mientras transcurrió el período más largo desde 1962 sin una cinta de 007 (de 1989 a 1995), antes de que Brosnan relanzara la saga con Goldeneye.

En mi línea de defender posturas marginales, he de decir que Dalton es mi 007 favorito de todos los tiempos. No digo que Connery sea malo ni que Craig esté haciendo un mal papel (para nada, no hay más que revisitar mi reseña de Skyfall). Pero esta visión de un 007 duro y vengativo, con problemas sentimentales y humanos detrás de ese frío cinismo que le convierte en la máquina perfecta de matar, ya se abordó con esta cinta mucho antes de Casino Royale (2006) y siguientes. La fina ironía y el humor caricaturesco de las décadas anteriores ya estaba en declive y el cine de acción en los 80 demandaba un cambio de modelo. Dalton quiso volver al Bond de las novelas, más terrenal y menos fantasioso. Su tipología de actor supuso que en Alta Tensión (1987) le tuvieran que readaptar los diálogos que estaban originalmente escritos para el humor autoparódico y socarrón de un Roger Moore que ya estaba en las lonas, muy envejecido para un personaje que exige gran vigor físico. Aún así, dicha primera incursión de Dalton resultó demasiado amable para el lado oscuro que quería resaltar para el oficio de agente secreto, que necesita de cierta tortura psicológica para justificar una profesión tan poco común y políticamente incorrectísima. Sin embargo, aquí en “Licencia para matar” (título que comparte en español con la película de Clint Eastwood de 1975 “The Eiger Sanction”) se hizo un Bond tan oscuro que la película fue clasificada con la clasificación PG-13 en USA por el uso de algunas escenas violentas, lo que seguro lastró su carrera comercial.

De hecho, al igual que otro de los títulos de culto de la franquicia “Al servicio secreto de su majestad”, uno de los puntos fuertes es el argumento que se sale de la clásica estructura del canon, donde no hay villano que quiera dominar el mundo ni una misión al uso. Lo que tenemos es una historia de venganza personal, con un 007 que se enfrenta su jefe y la consecuencia directa de que su licencia para matar es revocada por primera vez. La cinta comienza con Bond dirigiéndose a la boda de su antiguo colega de la CIA y amigo, Félix Leiter, de la que es padrino. En el camino se enteran de que un narcotraficante llamado Franz Sánchez del que llevan mucho tiempo detrás de él, ha cruzado la frontera y es la ocasión perfecta para atraparle, cosa que hacen antes de hacer una entrada triunfal en la iglesia y llegar con un leve retraso. El problema es que Sánchez logra escapar gracias a sobornos y lo primero que hace es tomar represalias contra Leiter y su mujer, a quien dejan gravemente malherido. Ante la pasividad de los compañeros de Leiter, Bond decide tomarse la justicia por su mano y es cuando su jefe le prohíbe ir detrás de Sánchez y le anula la licencia para matar. Perseguido por su propio gobierno, 007 se hará pasar por matón a sueldo en busca de trabajo y se intentará infiltrar en la organización de Sánchez para vengar a su amigo, en una de las misiones más peligrosas a la que se haya enfrentado.

La verdad es que “Licencia para matar” es un Bond serio y adulto, lo que probablemente impactó al espectador de 1989 (recordemos que en la taquilla de ese año teníamos a Indy, Arma Letal y Batman). Pasa algo similar a la escena final de “Al servicio secreto de su majestad” rodada 20 años antes, donde el público de la época no se esperaba un cambio de registro tan brutal. Es paradigmático pensar que precisamente el éxito del Bond actual de Craig tenga sus raíces en el de Dalton, solo que quizás el público de finales de los 90 no estaba todavía preparado. El registro interpretativo de Timothy Dalton, forjado en interpretaciones de personajes de Shakespeare, intentó sin éxito aproximarse al Bond de las novelas originales de Fleming, más terrenal y mundano, que es en lo que ha triunfado Craig. Una de las cosas que más me gustan de Dalton es que algunas veces como 007 da miedo, por la frialdad de su mirada no sabes lo que va a hacer ni lo que está pensando, aunque te puedes temer lo peor. Ejemplos en esta cinta lo tenemos cuando un personaje le da un puñetazo cariñoso en el brazo y le dice “tú debes de ser Bond”, lo cual suponemos que no le gusta; o el diálogo con el villano en el que éste le pregunta a qué se dedica y Bond le contesta que “elimina problemas”. Tampoco se anda con medias tintas en la manera que tiene de ir eliminando a los malos de la función, más directa y cruel que de costumbre. La idea de jugar con el miedo de Sánchez a que le traicionen y su manera de recompensar la lealtad hace novedosa la manera en que Bond menoscaba su organización. Y por primera vez el villano da realmente miedo, porque le crees capaz de las muertes más horribles. Y sobre todo, es un villano real, sacado de la época y de las mismas portadas de la prensa, con su plan de extender su imperio de la droga por todo el continente. Y además, el joven ayudante de Sánchez era un debutante Benicio del Toro, más mortífero si cabe que su propio jefe.

Las escenas de acción son muchas y variadas, y corresponden a la manera de hacer cine del momento, con lo que la franquicia se actualiza y se pone un poco al día frente a los principales competidores de la década (con quienes había perdido terreno, si tenemos en cuenta que Bond fue el padre fundador del género de evasión en los sesenta y setenta). La escena de los camiones cisterna llenos de gasolina nos retrotrae a las persecuciones de “En busca del arca perdida” y tienen su toque de fantasmada propio de Bond, pero totalmente creíble (más o menos…). Al igual que la mezcla de escenas aéreas y acuáticas, en las que la franquicia es especialista, y que están perfectamente insertadas en la trama; como ese momento en el que arponea lleno de furia a un secuaz para acto seguido lanzarse al agua y hacer esquí acuático con un hidroavión en marcha… vamos, Bond en estado puro, sólo que esta vez realmente furioso. Y la banda sonora acompaña magistralmente estas escenas, con una variación del clásico “James Bond Theme” que para muchos no alcanzó el nivel de las suites de John Barry, pero que para mí le dio un toque genial con ese aire hispano que pegaba con la ambientación de la película en una imaginaria república bananera sudamericana.

Otra razón por la que la cinta pasó sin pena ni gloria fue que las chicas Bond escogidas para la ocasión no alcanzaron la notoriedad típica de otras películas, como Ursula Andress o Barbara Bach. Y tremendamente injusto en mi opinión, puesto que Carey Lowell y Talisa Soto están magníficas aquí, alejadas del estereotipo machista de chicas tontas de otros títulos, y anticipando al estilo de chica Bond guerrera y peleona que vendrá años después, sobre todo el papel de piloto de la CIA de Lowell (Talisa Soto hace un papel de novia florero de Sánchez decorativo pero esencial en la trama, con ese toque de latina ardiente y temperamental). Además, las chispas que saltarán entre ellas por llevarse a 007 al huerto serán antológicas…

Pero no todo iba a ser nuevo y extraño en esta entrega, y de hecho tenemos otra vez al familiar personaje de Q interpretado por el incombustible Desmond Llewellyn. En una trama en la que Bond actúa por su cuenta, Q aparece por sorpresa y tendrá un papel un poco más extenso que de costumbre, lo cual siempre es de agradecer y le da un toque novedoso a la franquicia, donde los secundarios siempre han estado relegados al mismo tipo de escenas.

Por todas estas cosas, he de acabar mi reseña señalando a “Licencia para matar” como una de las tres mejores cintas de Bond; no es para los puristas de la saga, desde luego (a ellos les recomiendo mejor “Desde Rusia con amor” o “Goldfinger”), para los que adoran el humor socarrón de Moore (“La espía que me amó” u “Octopussy” son buenos títulos) o para los que prefieren la moderna visión de Craig (“Skyfall” les gustará más), pero desde luego que, junto con la ya mencionada “Al servicio secreto de su majestad” o “Casino Royale”, componen un acercamiento al personaje bastante atípico que merecen la pena por lo arriesgado de su propuesta de salirse de la estructura establecida de la época.

Calificación: Para mí, imprescindible. Una del top 3 de la saga Bond. Es posible que si fuera algo objetivo, hubiera algunas por encima de ésta.

Lo Mejor: Nunca hubo un Bond tan duro como el de Timothy Dalton, ni siquiera Craig. Las escenas de acción intercaladas con la versión musical del tema de 007 de esta película son de las mejores de la saga.

Lo Peor: Algunos momentos de la trama cogidos por los pelos. Que la cinta no tuviera una buena vida comercial y que por los problemas legales de la productora Dalton no hiciera una tercera entrega de 007.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: No es un 007 para todos los gustos, por su dureza y por alejarse de la estructura habitual de la saga. No la recomiendo si eres de los que piensan que Connery sigue siendo el mejor.

Películas similares:

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0097742/combined

Tráiler en You Tube (inglés):

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Película – El fugitivo (revisión)

El fugitivo poster 

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Fugitive

Año: 1993

Director: Andrew Davis (Alerta Máxima, Reacción en cadena, Daño colateral)

Guión: David Twohy, Jeb Stuart

Música: James Newton Howard

Fotografía: Michael Chapman

Reparto

  • Harrison Ford
  • Tommy Lee Jones
  • Sela Ward
  • Jeroen Krabbé
  • Julianne Moore
  • Joe Pantoliano
  • Andreas Katsulas

Cuando todavía Hollywood no tenía esa falta de ideas acuciantes de hoy en día, la técnica de traspasar ideas de series de televisión de probada solvencia y convertirlas en una gran superproducción de cine con grandes actores apenas estaba probada. Fue en 1993 cuando la historia del doctor Richard Kimble (quien capítulo tras capítulo intentaba escapar de la ley por el asesinato de su esposa que nunca cometió, en busca de un hombre manco que era el verdadero culpable) fue la elegida para que Harrison Ford nos hiciera sentir las mismas sensaciones y el mismo tono de una serie mítica de los sesenta, algo que sólo había intentado Star Trek y poco más. Y lo cierto es que, al igual que haría Tom Cruise con Misión Imposible tres años después, y antes de que la maquinaria del cine USA empezara a estropear grandes ideas con proyectos apresurados y mal adaptados (léase El Equipo A, sin ir más lejos), El Fugitivo resultó ser una deliciosa propuesta en la que todo encajaba como un guante, ya fueran los actores, la trama y su desarrollo, el aroma de la serie original, o la música.

El doctor Richard Kimble, cirujano vascular de Chicago, encuentra una noche a su mujer moribunda en su casa. La llamada que hizo a la policía mientras estaba siendo atacada, y el resto de pruebas que había en su casa hacen que le encuentren culpable como principal sospechoso de su asesinato. Kimble no hace más que reclamar su inocencia y proclamar que el verdadero culpable era un hombre manco, a quien encontró en su casa y con quien forcejeó antes de que escapara. Por supuesto nadie le cree en el juicio, y es condenado a pena de muerte por dicho crimen. Una serie de circunstancias mientras es trasladado a la penitenciaría hace que el autobús de los presos tenga un accidente y sea arrollado tras caer a la vía de un tren. Gracias a la suerte consigue librarse de los grilletes y escapar in extremis del desastre, pero la maquinaria de la policía federal se pone en marcha y llegan poco tiempo después los Marshall, investigadores especializados en la persecución de fugitivos huidos de la justicia. Sam Gerard, el mejor de todos ellos, no cree desde el primer momento que Kimble haya fallecido en el accidente y se pone en marcha la maquinaria de persecución a través del condado para darle caza. En un primer momento le encuentran en un hospital de la zona y le persiguen hasta la presa de un embalse, pero consigue escabullirse tras una huída asombrosa y espectacular. Con más tranquilidad y algo de tiempo, el doctor Kimble vuelve a Chicago y decidido a encontrar al asesino de su mujer empieza a urdir un plan para probar su inocencia. La terquedad de Sam Gerard en encontrarle dificultará las cosas y las persecuciones a distintos niveles serán una constante durante la complicada tarea de encontrar al hombre manco.

Lo cierto es que El Fugitivo fue un gran acierto en su día, tanto por la elección de Harrison Ford como Tommy Lee Jones. El primero hacía encajar perfectamente la interpretación de hombre abrumado por las circunstancias que tan bien se le da hacer. En escenas anteriores a la muerte de su mujer tiene su punto de chulería pero tras el terrible drama la preocupación en su rostro será una constante el resto de la película y en su filmografía, ya que Ford se especializará en bordar este tipo de personajes corrientes superados por los acontecimientos. Y el segundo consiguió el Óscar aquel año por su interpretación de policía obcecado en el fugitivo (la cinta tuvo siete nominaciones, incluyendo la de mejor película). Y de hecho años después se hizo una especie de secuela/spin-off con su personaje, “U.S. Marshall”. Sin Harrison Ford porque era obvio que no pegaba mucho volver a traer el personaje de Kimble, lo carismático del personaje de Gerard y resto de su equipo de investigadores intentaron repetir el éxito de la película de Andrew Davis a base de calcar el planteamiento argumental y darle nuevas vueltas de tuerca a cada cual más espectacular e inverosímil (en vez de autobús los presos se fugan tras el accidente de un avión; en vez de médico inocente tenemos un espía algo culpable pero con encerrona; en vez de hospitales en Chicago tenemos Nueva York y el edificio de la ONU; etc). Por supuesto, la calidad fue bastante peor en esta segunda entrega que en la original…

Otro acierto fue el de reproducir el tono de la serie a lo largo de sus 130 minutos de metraje. No en las subtramas que se crearon durante los años de emisión, eso está claro; pero sí en la historia principal de persecución y fijación entre los personajes principales. La película va al grano desde el principio. Tras una introducción que te mete de lleno en la trama, tiene sus momentos álgidos de acción muy al principio y luego se va relajando hasta que llega la famosa escena de la presa que también nos pone taquicárdicos. En ese momento la película vuelve a calmarse durante la mayor parte del metraje para centrarse en la investigación hasta que volvemos a tener una nueva situación de tensión. La manera en que la trama juega con momentos de clímax y tranquilidad es digna de ser estudiada, con montañas rusas que continuamente nos llevan al borde del infarto (además de la presa, también es reseñable la persecución por las calles en medio de los desfiles de Saint Patrick). Y una nota que normalmente no tenemos en consideración: la banda sonora de Newton Howard está compuesta de manera magistral para encajar en la trama, con sus crescendos en las persecuciones y sus momentos de tensa relajación entre escenas (ese regreso a Chicago cuando las aguas parecen que se han calmado algo; la manera en que la música resalta esa languidez del protagonista mientras intenta recuperar su vida normal).

En definitiva, al igual que hago con todas las películas antiguas que reviso en mis reseñas, la recomiendo fervientemente porque no ha envejecido nada mal. Más de veinte años después (sí que pasa el tiempo… ¡todavía recuerdo el día que la vi en el cine!) no ha perdido la frescura original y nos permite recrearnos con la interpretación de estos dos actores que estaban en un gran momento de sus carreras interpretativas. Y la manera en que la trama combina momentos de relax con momentos de clímax hace que merezca la pena verla cada cierto tiempo.

Calificación: Muy buena.

Lo Mejor: La estructuración de los distintos clímax en la trama. Las interpretaciones de Ford y Lee Jones. El personaje de Sam Gerard. La manera en que se salvaguardó la esencia de la serie original.

Lo Peor: Que con esta película empezara el boom del transvase TV-cine, con más malos resultados que otra cosa.

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí

Películas similares: Frenético, U.S. Marshall,

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0106977/combined

Tráiler en You Tube (inglés):

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El amuleto de Samarkanda – Jonathan Stroud

Reseñado por Bitterblink

El Amuleto de Samarkanda - Jonathan Stroud

El Amuleto de Samarkanda – Jonathan Stroud

Ya reseñé el primer libro de Agencia Lockwood que es el que más me ha gustado de Jonathan Stroud (ver reseña aquí). Sin embargo la trilogía que le hizo famoso fue esta, la trilogía de Bartimeo y no he podido evitar coger el primer volumen para ver si era tan genial como la anterior novela. Ya os adelanto que tengo sensaciones encontradas, pero diría que por ahora en mis gustos gana Agencia Lockwood por goleada.

Sinopsis

Nathaniel es un huerfano, hijo de unos «Comunes» en el gran imperio mágico de Inglaterra. Sus padres, incapaces de mantenerle deciden entregar a su hijo como potencial «discípulo» de Mago en un Orfanato. Pronto el pequeño Nathaniel se ve inmerso en una vorágine de clases de distintos tutores que busca conseguir que se convierta en un mago poderoso entrenado por su poco apto tutor el Sr. Underwood. Un mago del ministerio de Interior poco poderoso y muy malo con los niños por cierto.

En el entorno de Underwood, Nathaniel conoce al orgulloso Simon Lovelace, un mago guapo y poderoso que al sentirse humillado por el pequeño le propina una paliza utilizando a sus poderosos genios. Por esto mismo Nathaniel, que en realidad es un hechicero precoz decide vengarse y así convoca y ata al poderoso genio Bartimeo de 5.000 años de edad.

Nathaniel encarga a Bartimeo que le robe a Lovelace el amuleto de Samarkanda, aunque realmente ignora cual es su utilidad y para qué quiere Lovelace el amuleto. Solo busca venganza y finalmente Bartimeo consigue robar el amuleto de forma que se mete en un terrible embrollo. La razón es que Lovelace está involucrado en un terrible complot contra el gobierno.

El joven aprendiz deberá ir enfrentándose al dilema de hacer lo correcto o buscar la venganza que persigue esclavizando a Bartimeo para ello.

Opinión Personal

Lo que más me llama la atención es el curioso mundo que ha creado el autor, un mundo oscuro, donde los magos dominan a los «comunes». No es una visión amable de los magos como la de Harry Potter. Son orgullosos, malvados y prepontentes. Son los dueños de la sociedad, tan poderosos e intocables que los comunes no se atreven a tocarlos. Los magos son crueles y obtienen su poder esclavizando diablillos, trasgos, genios, efrits o marids dependiendo de su poder como mago.

El personaje de Bartimeo es divertido y punzante en sus juicios, siendo uno de los mejores detalles sus notas al pie como narrador en primera persona. Es un mago poderoso pero no destaca por ser un guerrero sino por ser astuto y eso lo hace más interesante.

Nathaniel es un personaje que al principio te gusta pero según se va transformando en mago va perdiendo el «norte» moral y se va haciendo más odioso, aun así no resulta tan antipático como en el segundo libro (ya lo adelanto).

Es curioso como el autor abre ya otras subtramas con en el caso de los chicos «comunes» capaces de ver la magia que luego desarrollará en los siguientes libros pero en este no es más que una nota al pie.

Es entretenido el extraño equipo de Nathaniel / Mandrake y Bartimeo, aunque hacia el final del libro empiezas a desear que Bartimeo se «cargue» al personaje principal.

Calificación: Bueno

Lo Mejor: El personaje de Bartimeo, el curioso mundo que crea el autor

Lo Peor: El personaje de Nathaniel para ser prota es un poco insoportable

Lo Releería: No creo, iría a por el siguiente libro

Lo Recomiendo: Es un libro entretenido para jóvenes y no tan jóvenes, una inteligente vuelta de tuerca al mundo de los «magos» mezclado con el mundo de los humanos corrientes, ni tan fuerte como «Los Magos» ni tan infantil como el primer Harry Potter.

Si quieres comprar el libro:

El amuleto de Samarkanda (Bartimeo 1)

Otros libros que podrían gustarte

Agencia Lockwood – Los Visitantes – Jonathan Stroud

Los Magos – Lev Grossman

Harry Potter y la piedra filosofal

El Nombre del viento – Patrick Rothfuss

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Película – Rebeca (revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Rebecca

Año: 1940

Director: Alfred Hitchcock (Encadenados, La Ventana Indiscreta, Con la Muerte en los Talones, Vertigo, Psicosis, Los Pájaros)

Producción: David O. Selznick

Guión: Philip MacDonald, Michael Hogan

Basado en el libro de Daphne Du Maurier

Enlace a la reseña de Malosa

Música: Franz Waxman

Fotografía: George Barnes

Reparto

  • Laurence Olivier
  • Jean Fontaine
  • George Sanders
  • Judith Anderson
  • Gladys Cooper
  • Nigel Bruce
  • Reginald Denny

Ya iba siendo hora de que me atreviera con los clásicos, y nada mejor que un Hitchcock para ir abriendo boca. Aunque “Rebeca” se trata de una de sus obras menores, rezuma clasicismo por los cuatro costados, no en vano es fruto del inicio de la época no dorada, si no más bien sagrada de Hollywood; es decir, la cinta data de 1940 y el productor es David O. Selznick, quien venía de rodar un año antes otro clásico imperecedero “Lo que el viento se llevó” (la escena del logo de precréditos de la productora es el mismo). Y Hitchcock comenzaba su exitosa aventura americana con esta cinta que todavía tiene un poso británico por los actores y ambientación ingleses. El realizador todavía no había empezado a dirigir sus inmortales obras maestras pero ya empezaba a coger velocidad de crucero para rodar grandes historias con unas técnicas magistrales de rodaje y, sobre todo, incorporando ese suspense a cualquier escena que pudiera acelerar el rimo cardíaco del espectador. Pero por encima de sus géneros cinematográficos (espionaje, terror, alguna comedia ocasional,…) tenemos siempre las grandes historias de amor, verdaderos mcguffins de sus tramas en las que la relación tormentosa de los protagonistas se antepone (sin saberlo muchas veces) al desarrollo de un enrevesado argumento con giros de guión durante o al final del metraje. Y ése es el gran legado del realizador británico.

“Anoche soñé con que volvía a Manderley” … y así empieza esta historia en modo de flashback en la que una protagonista sin nombre trabaja como ayudante de una ricachona y algo déspota mujer en la Costa Azul monegasca. Allí conoce a Maximilian de Winter, un desgraciado aristócrata inglés recientemente viudo dueño de una fabulosa mansión en el sur de Inglaterra conocida como Manderley. Pronto se enamoran y, ante la súbita partida hacia Nueva York por parte de la mujer, deciden casarse y dar a nuestra protagonista una nueva oportunidad de ser feliz. Pero cuando llegan a Manderley para que asuma el papel de la nueva señora de Winter, pronto descubrirá la alargada sombra de la fallecida Rebeca en los muros y las estancias de la mansión. Sus iniciales en todos sus objetos, sus vestidos o el recuerdo de su persona en los integrantes del servicio y familiares supondrán una pesada losa para nuestra nueva señora de Winter. Pero sobre todo la odiosa ama de llaves, la señora Danvers, quien con su sola presencia es capaz de aterrorizar y despertar todos los miedos y complejos de inferioridad. Las sombras y misterios que se arrojan sobre la mansión, la ama de llaves y la propia Rebeca irán in crescendo hasta alcanzar un punto álgido en la cadena de acontecimientos en Manderley, y descubriremos el mayor secreto que esconde el lugar…

“Rebeca” es una historia de amor, como casi todas las cintas de Hitchcock, aunque nos dé la impresión de que es una historia de suspense e intriga. Y desde luego que estos ingredientes están presentes en la trama, con ese inicio tenebroso que se asemeja a una historia gótica de fantasmas. No en vano tenemos el espíritu de una persona que no está físicamente entre los protagonistas pero su recuerdo y su presencia perduran continuamente en la trama. La verdad es que no hay una película que trate mejor el tema del recuerdo del misterioso ausente: ese predecesor al que nunca se llegará a estar a la altura, todos mantendrán su recuerdo imborrable y no sabremos cómo era o qué hacía más que a base de retazos y pinceladas sueltas que el protagonista irá encajando para unir las piezas de un puzzle mitificador per se. El blanco y negro irá de perlas a esta cinta que aporta tantas luces y sombras en los decorados y paisajes como en los personajes y la psicología.

Porque de entre tantos puntos fuertes de esta película tenemos sobre todo la fotografía y la realización. Las transparencias, como en tantas cintas de la época, se notan pero no molestan ni interrumpen la trama. Sabemos que están ahí y lo asumimos como parte del juego. Igual que las maquetas que reproducen el decorado de la mansión, las cuales no dejan de fascinarnos por mucho que el cine actual haya superado estos trucos. Ya le gustaría a la inmensa mayoría de títulos tener la calidad artística que destila este cine. Pero cuando pasamos a los interiores y vemos a la iluminación jugar con los intérpretes y los rostros, las estancias y los pasillos, sabemos que nos están contando otra historia por medio de la maestría visual y de las imágenes que sugieren antes de que se diga una sola palabra. ¿Y qué decir de esos primeros planos de objetos, notas, y cartas? A destacar también los movimientos de cámara y planos del bueno de Sir Alfred, donde podemos percibir grandeza simplemente con que la protagonista gire la cabeza hacia la cámara mientras el otro personaje queda en plano pero desenfocado.

¿Más puntos fuertes? La intensidad de la trama que va cogiendo carrerilla conforme avanza el metraje. De unas soleadas escenas al inicio en Montecarlo donde todo parece idílico hasta la atmósfera opresora y agobiante de la mansión en la que los celos, las pasiones y los nuevos personajes soberbiamente introducidos que se van incorporando a la historia hacen que la intriga se convierta en desasosegante e insoportable. No, no es una historia de espías a lo “Con la muerte en los talones” o “Encadenados”, ni tampoco es terror como “Psicosis” o “Los Pájaros”, pero las sorpresas y los giros estarán a la orden del día, para servirnos un final en bandeja digno de sus mejores filmes o de las obras de Agatha Christie.

La protagonista, Jean Fontaine, hermana de Olivia de Havilland y enemistada durante décadas con ella, ganó un Óscar en 1941 por la siguiente cinta de Hitchcock, “Sospecha”. Aquí, e igual que en la novela, está insoportable y abofeteable, una de las peores heroínas de la historia del cine. Su indolencia ante los acontecimientos que la superan y la anulan pone de los nervios al espectador actual, quienes nos sentimos indignados por las injusticias a las que se ve sometido semejante personaje ante las circunstancias que se le presentan. Fruto del machismo de la época y de la supeditación femenina al marido, encontró su réplica en el misógino Hitchcock y las jugarretas a las que sometía a sus protagonistas femeninas. El propio director ayudó a crear el rumor del odio que destilaba el equipo de rodaje hacia Fontaine, lo que vino de perlas para bordar la interpretación desvalida del personaje. Como resultado, tenemos justamente lo que se necesita de la historia: una chica que no hace más que dar pasos en falso y equivocarse en todas las acciones que comete, con una actitud tímida y reservada fruto de la actitud del resto de personajes hacia ella.

Laurence Olivier está a la altura del papel que se le presenta aquí, ganándose la fama de uno de los mejores intérpretes de la historia. Su personaje tiene tantos matices y está tan atormentado, que lo fácil hubiera sido caer en algún cliché. A ratos duro, a ratos tierno, se comporta como el gran galán que era; y su interpretación está barnizada de un gran desdén que impregna toda la cinta y hace que estemos deseosos de conocer los profundos secretos que esconde su personaje. Al igual que el papel de la señora Danvers, Judith Anderson, que desde su primera irrupción en pantalla (su aparición no puede llevarse otro nombre) nos inquieta y hace que sintamos escalofríos por los tejemanejes que se destilan en esa mansión. Y por supuesto, no quiero desvelar nada, pero el papel que desempeñará en la trama será esencial…

Poco más que decir de este gran clásico del que se han escrito ríos de tinta, salvo que espero haber despertado un poco la curiosidad para acercarse a esta cinta y añorar la época clásica de un cine que ya no volverá.

 

Calificación: Imprescindible obra maestra, no encuadrada en el top cinco del cineasta pero sí un gran clásico de todas maneras.

Lo Mejor: La trama, el final, Laurence Olivier, Judith Anderson, Manderley, la fotografía, los planos, las luces, las sombras…

Lo Peor: El personaje (que no la interpretación) de Joan Fontaine.

La vería de nuevo: Por supuesto.

La Recomiendo: Por supuesto

Películas similares: Sospecha, Encadenados, Recuerda, Stoker.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0032976/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película: X-Men, días del futuro pasado

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: X-Men: Days of future past

Año: 2014

Director: Bryan Singer

Guión: Simon Kinberg, Matthew Vaughn, Jane Goldman, Bryan Singer

Música: John Ottman

Fotografía: Newton Thomas Sigel

Reparto

  • Hugh Jackman
  • James McAvoy
  • Michael Fassbender
  • Jennifer Lawrence
  • Peter Dinklage
  • Ian McKellen
  • Patrick Stewart
  • Halle Berry
  • Ellen Page
  • Nicholas Hoult
  • Famke Janssen
  • James Mardsen

Si la anterior semana hice la reseña del reboot de esta franquicia con superhéroes mutantes, esta toca la continuación del reinicio en la que además se entronca con los mismos personajes interpretados por los actores de la anterior saga, con lo que da como resultado una película que, por lo menos cabe señalar como fascinante sólo por el reparto que reúne. Y lo malo es que la noticia más destacable de esta entrega ha sido la acusación de abusos sexuales del director Bryan Singer, quien tuvo que retirarse de la promoción de la película para no empañar la carrera comercial de la misma. La verdad es que, lejos de la polémica creada por este asunto, Singer no lo hizo mal con las dos primeras entregas de la saga X-Men, las cuales supusieron el inicio del boom de las películas de superhéroes adaptadas de la Marvel allá por el año 2000. Sin X-Men no hubiera habido Spiderman, Hulk, Vengadores, Capitán América,… Ni tampoco se hubieran aventurado la casa de cómics rival, la DC, a realizar nuevas versiones de Batman y Superman. Por desgracia, Singer no acertó cuando declinó rodar la tercera entrega de X-Men para retomar el personaje de Superman en Superman Returns. Ambas cintas no estuvieron a la altura de lo que se esperaba y ha costado lo suyo hacer borrón y cuenta nueva con unos personajes que han llegado a dar peligrosos síntomas de agotamiento. Tampoco hay que olvidar que el director que sorprendió con Sospechosos Habituales pero no entusiasmó con Valkiria, hizo los primeros capítulos piloto de la serie de TV House, la cual ha llegado a convertirse en serie de culto gracias a un personaje carismático y odioso a partes iguales. Todo esto hace preguntarse qué tipo de cinta será esta entrega de X-Men, en la que ha podido tanto errar el tiro y realizar un producto del montón, como acertar de pleno y hacer una película sobresaliente. Y la verdad es que parece que se trata más bien de los segundo.

En un futuro apocalíptico los mutantes y gran parte de resto de la población humana han sido aniquilados por los Centinelas, un ejército de máquinas diseñadas específicamente para detectar y destruir esta anomalía de la raza humana. Los pocos que quedan intentarán sobrevivir y entre ellos están el Profesor Xavier, Magneto y Lobezno. Al borde de la extinción, consiguen trazar un plan por el que envían a Lobezno al pasado para encontrar a sus versiones jóvenes y evitar que el científico Bolivar Trask sea asesinado por la versión joven de Mística. Trask es el responsable directo de la creación de los Centinelas, y la intervención de Mística supondrá además que su ADN mutante sea clonado e incorporado a las armas de aquéllos. El joven Charles está muy lejos de ser el brillante Profesor que unirá, guiará y hará ver a los mutantes el lado positivo de su poderes, ya que en los años 70 (once años después de los sucesos narrados en la cinta X-Men: Primera Generación) luchará por superar la decepción vital que supuso que Magneto y Mística le abandonaran y siguieran sus propios y criminales caminos. La escuela de adiestramiento para jóvenes mutantes de los X-Men estará clausurada y Lobezno deberá intentar convencer al descarriado Xavier de que le ayude a evitar el asesinato de Trask y a la vez, la creación de los Centinelas. En una carrera contrarreloj, sin tener mucha idea de cómo manejar los jóvenes e impulsivos espíritus de los mutantes que se convertirán en los más poderosos, Lobezno intentará salvar el destino de la humanidad en una época en la que prevalecerá la ambigüedad moral acerca de la naturaleza del bien y del mal.

El mayor cambio respecto a la anterior entrega ha sido la ambientación setentera de la cinta, época más estridente que los elegantes 60 en la que se ambientaba la anterior. Además, tenemos una trama paralela ambientada en el futuro en el que nuestros protagonistas están ciertamente abrumados por las circunstancias. Si bien estas escenas con las versiones adultas de los protagonistas no suponen más que una pequeña parte del metraje, su importancia en la trama es capital. Lo verdaderamente importante de esta entrega es la evolución del inicio de unos personajes definidos claramente en la anterior cinta pero con una evolución en sus personalidades que continua aquí. Fassbender sigue igual de estupendo y además se enfrenta ahora al duro de la función, Lobezno (en la anterior entrega solo había un cameo fugaz y genial de Hugh Jackman, el único que ha salido en todas las entregas), y saltarán chispas de las interpretaciones de estos antagónicos personajes. Pero es que lo que yo consideraba el mayor defecto en la anterior película, aquí se transmuta en otro de sus puntos fuertes. Me refiero a la interpretación de McAvoy y su versión joven de Xavier, quien vemos como pasa de ser un jovial idealista con la vida resuelta, a un amargado cínico desilusionado y de vuelta de todo. Aquí sí que es más creíble que el personaje entronque con el paciente y filosófico profesor interpretado por Patrick Stewart, todo gracias a la evolución moral que presenciaremos en esta entrega. E incluso Hugh Jackman está más reposado y menos peléon de lo habitual (sus escenas de acción no son tantas como cabría esperar del papel protagonista). Lo que destaca en esta cinta es la ambigüedad moral de los personajes y los diferentes estadios que atraviesan durante el metraje. Con la excusa de viajar al pasado para salvar el futuro, los dilemas morales que suponen los viajes en el tiempo y los cambios que ocurren si se realizan determinadas acciones nos harán replantearnos continuamente si el fin justificaría los medios o no. Y el personaje del joven Magneto oscila continuamente entre la maldad y la bondad, de tal manera que corremos el riesgo de sufrir trastorno bipolar a base de identificarnos o no con él en determinados momentos.

La verdad es que la cinta intenta corregir los errores argumentales que cerraban X-Men 3, con la técnica ya usada en las nuevas películas de Star Trek de la excusa del viaje en el tiempo para modificar eventos que sucedían en las anteriores entregas clásicas. De esta manera se abre un nuevo esquema argumental que permite usar personajes como Cíclope o Jean Grey para próximas películas. Las similitudes con la saga de la nave Enterprise también afloran no solo con Patrick Stewart recordándonos su papel icónico como Capitán Pickard; además tenemos momentos en el que el mismo personaje se enfrenta a sus versiones en distintas épocas para darnos una idea de por dónde evolucionará a nivel moral.

Salvo algunas incoherencias argumentales (esa escena espectacular de Magneto levantando el estadio que no tiene sentido para atacar a algunos personajes), la cinta está a la altura de su predecesora. Nos ofrece acción y buen ritmo las más de dos horas de metraje, y en algunos momentos nos recuerda incluso a la desigual Watchmen, otra película de superhéroes más adulta y profunda si cabe. Con lo que la recomiendo para todos aquellos que disfrutaron con la anterior entrega. ¡Ah! Y un aviso para los impacientes: después de los títulos de crédito del final, tenemos escena sorpresa que nos da un jugoso avance sobre futuras entregas de la saga…

Calificación: Muy buena

Lo Mejor: Que McAvoy mejora su anterior interpretación mientras que Fassbender continua con su alto nivel.

Lo Peor: Algunas vueltas de tuerca argumentales.

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí, si te gustó X-Men: Primera Generación

Películas similares: Watchmen, saga X-Men

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1877832/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película: X-Men, Primera Generación (revisión)

X Men primera generación póster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: X-men: First Class

Año: 2011

Director: Matthew Vaughn (Layer Cake; Kick-Ass)

Guión: Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman, Matthew Vaughn

Música: Henry Jackman

Fotografía: John Mathieson

Reparto

  • James McAvoy
  • Michael Fassbender
  • Jennifer Lawrence
  • Kevin Bacon
  • Rose Byrne
  • Nicholas Hoult
  • January Jones

La idea esta semana era reseñar X-Men: Días del futuro pasado, por ser la única película atrayente de la cartelera, pero problemas de agenda me lo han impedido. En su lugar, me pondré en antecedentes con la predecesora X-Men: Primera generación. El problema con esta saga es que entre secuelas, reboots, y spin-offs uno acaba por perder la cuenta no de la línea argumental de cada cinta, sino más bien de los personajes que aparecen y desaparecen de la trama y su relación entre ellos. Y la gracia que tiene un reboot es que se pueden redefinir y explicar estas relaciones desde el inicio, mientras los guiños argumentales al espectador sobre el futuro de la trama son continuos. Uno de los aciertos de esta cinta fue el aire sesentero que desprendía en cada fotograma y su tono a lo cinta de James Bond que consiguió, con una trama que mezclaba los superhéroes mutantes (y los problemas de personalidad, autoconfianza y superación personal que eso generaba) con los espías y los supervillanos en mitad de una crisis nuclear en plena guerra fría.

Antes de que los más importantes mutantes se convirtieran en Magneto y el Profesor Xavier (líder de los X-Men), ellos eran simplemente Erik y Charles. Estamos en 1944, en un campo de concentración para judíos en Polonia durante la segunda guerra mundial. Un joven es sometido a un experimento y para ello su madre es cruelmente asesinada delante de él. El joven en cuestión se llama Erik Lehnsherr y descubre en ese momento que tiene una extraña mutación genética por la que puede mover o manipular el metal a distancia como si de un poder magnético se tratase. El responsable es el doctor Klaus Schmidt e intentará aprovecharse de este don. A la vez, en una lujosa mansión de Nueva York un niño llamado Charles Xavier descubre una intrusa en su casa con la habilidad para transformarse en cualquier persona. Se trata de una niña llamada Raven y su estado natural es con la piel azul. El joven Xavier tiene poderes psíquicos con los que leer las mentes, comunicarse e influir en los pensamientos de la gente. Decide acoger a Raven en su casa al descubrir con alegría alguien más con una extraña mutación genética como la suya. Al pasar los años y adentrarnos en la década de los sesenta, el joven Xavier está a punto de presentar su tesis acerca de la evolución y mutaciones genéticas de la humanidad y graduarse en Oxford, mientras que Erik está obsesionado con la búsqueda del asesino de su madre, el doctor Klaus. Sus caminos se cruzan y deciden aunar fuerzas para colaborar en la creación de la “División X”, una sección ultrasecreta de la CIA formada por individuos que presentan mutaciones genéticas y diversos poderes sobrehumanos, para luchar contra otros mutantes que supongan una amenaza para la humanidad. Gracias a los poderes de Xavier pueden buscar por todo el mundo mutantes que no encajen en su entorno social para ofrecerles un modo de ganarse la vida. Pero Erik seguirá obsesionado con la venganza y no cesará en su empeño de encontrar a Klaus Schmidt, ahora convertido en Sebastian Shaw, quién también tiene su grupo de mutantes para unos fines menos pacíficos. La guerra fría está en su apogeo y las tensiones entre los USA y la URSS alcanzarán su punto álgido con la crisis de los misiles en Cuba. Y estando Shaw y demás mutantes invencibles detrás de la escalada militar, la única salvación será este extraño grupo de superhéroes mutados a los que ni el resto de los humanos verán con buenos ojos por suponerlos una amenaza contra su existencia. La ambigüedad moral acerca del uso de los poderes mutantes para el bien o para el mal estará servida…

El principal punto fuerte de “X-Men: Primera Generación” fue su originalidad al hacer un reinicio de franquicia ambientado en los años 60. El diseño de producción está muy logrado y le da un tono agradable a la cinta, lo cual le permite diferenciarse claramente del resto de secuelas, algunas de las cuales no eran poseedoras de una elevada calidad. Y además, el argumento de espionaje también encaja muy bien en la época retratada. Entre medias, tenemos los orígenes de estos personajes cada uno con entidad y personalidad propia, sus propias motivaciones y su explicación acerca de los caminos que tomarán en un futuro.

Lo que entronca con el segundo punto fuerte de la cinta, las interpretaciones de McAvoy pero sobre todo de Fassbender, quien despuntó levemente en “Malditos Bastardos” pero que aquí se coronó como uno de los actores más prometedores de los últimos años. El tono cínico y cruel que le da a su tempranero Magneto se engarzará perfectamente con el que Ian McKellen ha interpretado previamente con más edad. Sólo que aquí le vemos sufrir y comprenderemos los orígenes de dicho sufrimiento, será más vulnerable y el espectador empatizará más con él, en esa tendencia del cine actual de hacer a los villanos más creíbles y justificables.

Quizás por el nivel demostrado por Fassbender es por lo que McAvoy no brilla tanto en esta cinta. De su papel en Trance maduro y serio pasa a éste rol más infantil y diseñado para caer bien al adolescente hormonalmente revuelto, en la línea de la mamarrachada de Wanted. McAvoy se empeña en presentar la parte jovial y ligona de un Profesor Xavier que después se convertirá en un adulto responsable, reposado y cerebral atado a su silla de ruedas. Es posible que una minusvalía haga que la personalidad de alguien se vuelva más amargada, pero no cuela demasiado para mi gusto. Aunque nadie puede culpar a McAvoy de intentarlo, eso está claro; y el resto de engranajes de la cinta encajan tan bien que se le puede perdonar a su interpretación exagerada.

El resto de actores engalanan esta cinta tal como por ejemplo el villano trasnochado de Kevin Bacon, o la chica de moda que es Jennifer Lawrence y su versión de Mística que nos hace olvidar a Rebeca Romijn. Además, tal como ocurría en la tercera parte de X-Men, la película no está dulcificada y vemos personajes que fallecen justificados por el guión, y la moralina típica del cine USA no empaña las actuaciones de algunos de los personajes, encajando con su perfil perfilado en el argumento.

Película de reparto multicoral y aroma sesentero, las lecturas entre líneas y las referencias a los personajes en que se convertirán en un futuro son continuas. Se trata de una cinta fundamental -y fundacional- para entender los capítulos anteriores de la saga y las motivaciones de los personajes. El juego de referencias funciona e incluso algunas veces no será fácil percibir la fina ironía de determinadas situaciones que luego serán claves para entender la personalidad y la manera de actuar de personajes clave en la saga. Por supuesto que el fan purista detectará algunos fallos de continuidad entre el canon original de los cómics y las películas originales, pero como compensación tenemos un cameo inimitable de Hugh Jackman como Lobezno mandando a paseo a nuestros dos protagonistas, y eso es compensa hasta los fallos de racord*, si los hubiera.

Y lo que verdaderamente importa, para el fan ocasional que no se haya asomado antes a ninguna de las aproximaciones a este mundo, tanto cinematográficas como impresas, su disfrute no se resentirá ni se agobiará por una carencia de conocimientos de esta parte del Universo Marvel. Vamos, que esta entrega funciona de manera autónoma y el desarrollo de la trama no se ve entorpecido por la ausencia o exceso de referencias cruzadas de los personajes, épocas o situaciones. Es por esta razón por la que esta “X-Men: Primera Generación” se lleva una buena nota y merece que preste mi atención a su secuela que lleva más lejos el reparto, expande el universo de estos personajes, y enlaza con las anteriores trilogías.

Calificación: Muy buena.

Lo Mejor: Fassbender y su personaje que nos muestra cómo era Magneto antes de ser Magneto. La ambientación de los 60 está muy conseguida y le da un buen toque a la cinta.

Lo Peor: Algún detalle en la caracterización del personaje de McAvoy hace que se pase un poco de frenada al versionar a Xavier de joven.

La vería de nuevo: Sí, sus más de dos horas no se hacen pesadas y dosifica muy bien la trama e incluso el largo clímax.

La Recomiendo: Sí, es una digna adaptación del cine de superhéroes.

Películas similares: Los Increíbles, saga de X-Men,

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1270798/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El caso Bourne (Revisión)

El caso Bourne Poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Bourne Identity

Año: 2002

Director: Doug Liman (Sr .y Sra. Smith, Al filo del mañana)

Guión: Tony Gilroy, William Blake

Basado en el libro de Robert Ludlum

Música: John Powell

Fotografía: Oliver Wood

Reparto

  • Matt Damon
  • Franka Potente
  • Chris Cooper
  • Clive Owen
  • Brian Cox
  • Julia Stiles

Con el estreno la pasada semana de “Al filo del mañana”, he aprovechado para revisitar uno de los primeros éxitos de Doug Liman que fue El Caso Bourne. La cinta de 2002 supuso un punto y aparte en el género de espionaje por combinar lo mejor del género heredado de los años 60 y 70 con una puesta al día de las escenas de acción basadas en artes marciales y persecuciones adrenalíticas. El buen hacer de Liman y su solvencia a la hora de presentarnos la trama y rodar las grandes escenas tiene su contrapunto en las dos secuelas que dirigió Paul Greengrass (El Mito de Bourne y el Ultimátum de Bourne); también de igual o mayor éxito que esta primera aunque para mí peores por intentar ofrecernos más de lo mismo y cambiarnos a un estilo de rodaje y fotografía más agresivo y movido. Greengrass tiene un estilo de rodar “cámara en mano” nervioso e inquieto que personalmente no me ha acabado nunca de gustar. Hay una cuarta secuela de Bourne ya sin Damon, Liman ni Greengrass (El Legado de Bourne) que intentaba seguir la trama de manera paralela con nuevos agentes secretos y que Jeremy Renner se encargó de capitanear en el papel principal pero la buena es la primera, por el soplo de aire fresco que supuso en el género y lo bien rodada que resultó.

La historia está basada en los libros de Robert Ludlum, quien murió un año antes de que estrenara la película y, por lo tanto, no llegó a presenciar el éxito de su personaje. También hay una película anterior protagonizada por Richard Chamberlain pero que, evidentemente, no llegó a cuajar ni a tener la acogida que supuso la recreación de Damon del personaje.

Un barco pesquero marsellés rescata en mitad de una tormenta en el Mediterráneo a un hombre joven inconsciente y con varias heridas de bala. El médico del barco después de curarle descubre que tiene implantado un microchip con un número de cuenta de un banco suizo. Tras recuperar la consciencia el hombre no recuerda nada de su vida ni de su pasado, ni tan siquiera su nombre. Sin embargo, sabe hablar varios idiomas y domina la lucha cuerpo a cuerpo. Después de varios días a bordo desembarca en tierra firme y decide dirigirse a la sede suiza del banco donde tiene la cuenta para descubrir que tiene una caja de seguridad a su nombre. Dentro de la misma hay dinero, una pistola, pasaportes con su foto y distintas identidades. Una de ellas, la del pasaporte americano, está a nombre de Jason Bourne, y también descubre que tiene su domicilio en París. Decide visitar la embajada americana al día siguiente, pero antes se enfrenta a dos policías urbanos a los que deja fuera de combate sin pretenderlo, dándose cuenta de que es más letal de lo que había pensado en un momento. Al día siguiente, en la embajada, es detectado por los servicios de inteligencia y se da orden a todos los operativos del edificio de detenerle e impedir que escape. De nuevo deja fuera de combate a varios guardias y en su huida conoce a una chica alemana llamada Marie, a quien la ofrece dinero a cambio de que le ayude a llegar a París en su modesto Mini rojo. Durante el camino decide confiar plenamente en la chica y le cuenta toda su historia, y Marie ayudará a Bourne en su empeño para conocer su identidad y la de quien le persigue; y a partir de este momento se verán envueltos en un peligroso juego a través del continente donde asesinos profesionales intentarán darles caza y evitar que conozcan la verdad.

La verdad es que “El Caso Bourne” es una delicia para los amantes del género de espías, heredado directamente de la fundacional “Con la muerte en los talones” de Hitchcock y su continua huida hacia adelante argumental. Es decir, la historia es el punto fuerte de una trama que nos presenta un misterio que resolver acerca de la enigmática identidad de un hombre que no tiene más que interrogantes a los que responder, y que en un determinado momento activa todas las alertas del Servicio Secreto para comenzar una persecución a través de los escenarios clásicos del género. Suiza, Marsella, Francia, estaciones de tren, consignas de un banco, pisos francos,…

En un momento del rodaje, a Damon le preocupó el intentar enfocar de manera realista y científico el tema de la amnesia parcial (no saber nada de tu pasado pero recordar idiomas y destrezas varias relacionadas con la peligrosa profesión anterior) pero rápidamente Liman le sugirió que no se preocupase de ello, puesto que no se trataba de realizar un tratado médico sobre la enfermedad sino de usar un recurso narrativo para que la trama avanzase como una mera excusa argumental. Y en eso consiste esta cinta, en no dar un minuto de respiro al espectador y sorprender en sus giros narrativos. Además, el personaje resulta atractivo desde el punto de vista físico (es igual de bueno que el resto de asesinos entrenados para capturarle, verdaderas máquinas de matar en las que la gente de a pie no tienen ninguna opción contra ellos) y moral (tiene remordimientos y conciencia, y aunque era uno de los mejores en su antiguo trabajo, al perder los recuerdos decide resetear de nuevo y llevar una vida normal). Matt Damon resultó ideal para el papel, dando ese aspecto de americano perdido por Europa, desvalido al principio pero de armas tomar al final, conforme va experimentando una transformación moral durante la trama y conforme nuevas piezas de información se van desvelando. Y el contrapunto perfecto lo aporta Franka Potente, ya que no es una belleza al uso como podríamos esperar en una cinta similar de gran presupuesto y actrices despampanantes. La actriz alemana, famosa por la experimental “Corre, Lola, Corre”, aporta ese toque de normalidad que podríamos encontrar en cualquier chica europea que viaje de Interrail, y la relación que mantendrán ambos personajes es totalmente definitoria sobre la clase de persona en la que el personaje de Damon se convierte y desea llegar a ser.

Pero actores semidesconocidos europeos (también tenemos a un excelente Clive Owen que ya empezaba a despuntar por la época) no significa que sea una cinta barata. De hecho parece que el presupuesto no se lo gastaron en grandes deportivos que luego destrozan en persecuciones, sino en las persecuciones en sí mismas. Me refiero, está claro, a la icónica escena del Mini rojo por las calles de París, conduciendo por escaleras peatonales y avenidas en dirección prohibida, mientras la gendarmería francesa y la Interpol tiene a todas las patrullas detrás de los huidizos personajes. Gracias a “El Caso Bourne” y su gran éxito, se cambió en parte la manera de rodar este tipo de cine en Hollywood. De hecho, las peleas y escenas de lucha cuerpo a cuerpo incorporaron un novedoso arte marcial rápido y coreografiado que luego personajes como 007 y Batman no dudaron en usar para sus propias franquicias.

En definitiva, todo un clásico instantáneo del género que lo actualizó y lo puso al día. Se agradece que la trama se desarrollara por Europa dándole ese aire de clasicismo y vieja decadencia, pero con el toque del mejor cine de evasión actual. Totalmente recomendable.

Calificación: Imprescindible, fue un clásico instantáneo del género en su día y vuelta a ver no pierde ni un ápice de su frescura.

Lo Mejor: La factura con la que está rodada y la manera con la que se integra la acción con la trama de espionaje. Revisita los clichés clásicos del género de manera afortunada.

Lo Peor: Que Liman no continuara con posteriores películas de la saga y se encargara Paul Greengrass

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Como película de espionaje es una de las mejores que he visto.

Películas similares: Ronin, Los últimos días del cóndor, Con la muerte en los talones

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0258463/combined

Tráiler en You Tube (inglés):

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Película – Ocho apellidos vascos

Ocho apellidos vascos - poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Año: 2014

Director: Emilio Martínez Lázaro (El otro lado de la cama; Las 13 rosas)

Guión: Borja Cobeaga y Diego San José

Música: Fernando Velázquez

Fotografía: Gonzalo F. Berridi, Juan Molina

Reparto

  • Dani Rovira
  • Clara Lago
  • Karra Elejalde
  • Carmen Machi

No tengo preferencia por el cine español, he de reconocerlo. Me parece un cine sin talento, politizado, y alejado de los intereses del público. No se trata de comparar con el cine USA y evidenciar las carencias a nivel técnico que se logra con un presupuesto elevado y derroches de efectos especiales. Tampoco es la típica postura que critica todo lo que sea patrio por moda o peor, por ese deporte nacional que tenemos en la península ibérica de denostar todo lo denostable que le dé por asomar la cabeza del resto, basado en la envidia.

En este sentido, el paradigma de mis excepciones favoritas es Amenábar y ese cine de género tan fabuloso que hace, usando (en sus orígenes) escaso presupuesto pero exprimiendo cada céntimo del mismo sin malgastarlo en derroches innecesarios. Nos ha demostrado que con un guión potente se puede mantener el interés y la tensión desde el principio hasta el final, mientras vemos situaciones cinematográficas más propias de otras cinematografías (persecuciones, etc.) pero aplicadas en entornos más reconocibles. Y en su ópera prima “Tesis”, es totalmente proverbial la declaración de intenciones que hace en boca del discurso de un personaje, de doble lectura en el desarrollo de la trama: que el cine es una industria que gasta dinero para ganar dinero, que el cine USA es el competidor directo en taquilla, y que para no dejarse comer el terreno hay que darle al público lo que quiere.

Pero a pesar de esto, se sigue insistiendo en presentar situaciones bizarras, desdeñar un buen guión y pensar que a los espectadores nos gusta más el cine intimista (o peor, revanchista con la historia) en vez de una buena película de evasión. Y a partir de ahí, le puedes contar al público las subtramas que quieras y hacer pensar al que quiera pensar, pero antes dale algo con lo que le diviertas y le enganches.

Por esto suelo bastante reticente cuando surge de vez en cuando el típico taquillazo actual fruto de una mezcla de carambola de bombardeo publicitario sin descanso y un boca-oreja que dé en el clavo en la oportuna semana de su estreno. En estos momentos tenemos el último bombazo del cine español: “Ocho apellidos vascos”, una comedia de Emilio Martínez Lázaro cuyo principal reclamo es la carcajada continua del espectador provocada por un humor basado a más no poder en los tópicos y estereotipos regionales españoles. Es decir, que todo aquel que no esté familiarizado con relación a los distintos acentos y maneras de vivir de sur al norte de España, perderá muchos detalles y la mayoría de las gracias de la cinta. Lo que no quita que Hollywood ya le haya echado el ojo a la que es ya la cinta más taquillera de nuestro cine, y esté preparando un remake con el sugerente título de “Spanish Affairs”. Tampoco se escapa de la continuación que también está en ciernes, en un intento de aprovechar el tirón taquillero de la cinta.

Amaia está de despedida de soltera en Sevilla. Es vasca de pura cepa y por eso no acaba de estar demasiado cómoda con la celebración. Además, su boda no se va a celebrar por lo que tiene motivos para no estar alegre. Tras ser echada de un local por montar una escena con uno de los empleados, acaba en la cama con él, a pesar de quedarse dormida al instante. Al día siguiente Rafa, que así se llama el chico, ya no la encuentra en su casa pero se da cuenta que se ha dejado su bolso. Tan prendado ha quedado de ella que decide emprender un largo viaje hasta la otra punta del país para aparecer en su casa y convencerla de que es el hombre de su vida, a pesar de todos los prejuicios y miedos que puede tener un señorito andaluz para adentrarse en lo más profundo del independentista País Vasco. Tras ser confundido por un abertzale radical, la inesperada visita del padre de Amaia y con la perspectiva de una reconciliación paternal, ésta le pide a Rafa que se haga pasar por su novio y prometido por unos días para que siga la farsa y su padre se quede tranquilo. Como el padre no comulga mucho con la idea de que Amaia tenga una relación con alguien que no tenga profundas raíces euskeras, Rafa se hará pasar por Antxon e intentará convencer, acento incluido, que tiene auténtica sangre vasca por sus venas, y sus ocho apellidos son vascos. Las situaciones graciosas y los malentendidos estarán a la orden del día, y Rafa se planteará si realmente merece la pena pasar tantas dificultades por una chica que vive en la otra punta del país, en un sitio ajeno a su tierra y con unas costumbres tan diferentes… ¿o realmente no somos tan diferentes?

Con “El otro lado de la cama”, Emilio Martínez-Lázaro supo demostrar buena mano con el género de la comedia española. Sin caer en clichés y con capacidad para hacer reír a pesar de guiones endebles, en aquel caso fue capaz de mezclar humor y musical para dar con la tecla del espectador y hacer que éste se olvidara de la nacionalidad de la cinta que estaba viendo. Con “Ocho apellidos vascos” hace tres tantos de lo mismo. Solo que esta vez precisamente incide en la españolidad de la cinta. Recoge los clichés y estereotipos más habituales de las dos regiones más extremas de nuestra geografía y hace de los gags y chistes gamberros la piedra angular de la película. No tiene miedo de tocar temas políticos que son tabú en el país, para hacer bromas a cada cual más exagerada. Aunque no se moja ni se posiciona de ningún lado del conflicto vasco (ni lo esperaba, la verdad, dado el momento de corrección política que atravesamos), a nivel de estereotipos desde luego que no deja títere con cabeza. Y esto es lo que hace que las carcajadas sean continuas entre el público. Todas las bromas que podemos hacer entre amigos pero que no se nos ocurriría hacerlas públicas para no ofender al personal, están en el metraje. El público lo sabe y desde los primeros minutos está predispuesto a la risa floja, lo que es el gran acierto de la cinta. Al igual que sus otras comedias, el guión es flojo y hace aguas por muchos sitios, pero otro acierto de Martínez-Lázaro es hacer que al espectador no le importe y la trama avance sin mucho sentido. Es decir, que de la comedia gamberra va pasando sin darnos cuenta a la comedia de enredo, con situaciones absurdas pero que funcionan sin más. El éxito lo logra con la complicidad del espectador, que a cambio de grandes carcajadas no exige demasiada coherencia argumental. Y al final, tenemos una deriva hacia la comedia romántica, ésa que hemos visto mil veces en las pantallas USA (estilo Mathew McConaughey, Tom Hanks o Meg Ryan).

En definitiva, tenemos a los actores de siempre haciendo de sí mismos (Karra Elejalde, Carmen Machi), junto con jóvenes promesas de la TV del momento (Clara Lago) y la revelación del andaluz Dani Rovira en su debut derrochando vis cómica. En vez de una comedia típica de cine español que acaba siendo insulsa y descafeinada, “Ocho apellidos vascos” vuelve a hacer lo mismo que con “El otro lado de la cama” y prima el género por encima de lecturas trascendentales. Si bien no se le puede exigir mucho a una cinta que basa su punto fuerte en el tono gamberro y el gag regional, sí que se puede decir que está por encima de sus competidoras nacionales. Su capacidad para reventar las taquillas españolas está justificada y, sólo a veces, se podría decir que trata de tú a determinadas cintas made in Hollywood pero dándole un marcado carácter Spain is Different.

 Calificación: Entretenida

Lo Mejor: Dani Rovira y su capacidad para cambiar de acento. Los gags descerebrados que se suceden uno detrás de otro.

Lo Peor: Falta de coherencia argumental, demasiada incluso para una comedia de enredo.

La vería de nuevo: No

La Recomiendo: Sí, aunque sólo sea por acercarnos a ver qué tiene el último gran éxito español.

Películas similares: El otro lado de la cama, Tres bodas de más.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2955316/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El juego de Ender

El juego de Ender poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Ender’s Game

Año: 2013

Director: Gavin Hood (X-Men Orígenes: Lobezno; Tsotsi)

Guión: Gavin Hood

Basado en el libro de Orson Scott Card

Música: Steve Jablonsky

Fotografía: Donald McAlpine

Reparto

  • Asa Butterfield
  • Harrison Ford
  • Hailee Steinfeld
  • Viola Davis
  • Abigail Breslin
  • Ben Kingsley

El Juego de Ender, uno de los mayores éxitos de la narrativa de Ciencia Ficción, ganadora de los premios más influyentes del género, llevaba años buscando ser adaptada al cine. Decir que es la novela favorita de Bitterblink (aquí dejo un enlace a su reseña), es decir mucho y hace que sobren las presentaciones. La verdad es que la película se estrenó hace ya bastantes meses, a finales de 2013, pero pasó con tan poca pena ni gloria, que perdí la ocasión de verla por esperar un par de semanas para ir al cine. Todas las expectativas generadas durante su rodaje y con las prometedoras imágenes que se iban filtrando se desinflaron en el momento que se estrenó y el poco éxito que cosechó en su corta carrera comercial. Y es una pena, porque la cinta tiene cierta calidad y está bastante bien rodada; además, tiene la proporción adecuada entre un reparto poco conocido, joven y prometedor, junto con reconocidas figuras de la interpretación que son garantía de éxito (a pesar de que Harrison Ford lleva años sin un gran taquillazo). Pero el mundo del cine a veces es una incógnita y, quien sabe si por falta de publicidad, las declaraciones homófobas de Scott Card o que, sencillamente no encontró el “feeling” necesario con el público, la crítica o la taquilla, la película no tuvo el éxito esperado a este lado del océano (en la taquilla USA sí que ha llegado a cubrir las expectativas).

Desde luego que la novela es un hito de la ciencia ficción de los 80, y aporta muchas cosas nuevas a un género más que trillado. Es un estudio psicológico sobre el liderazgo y la motivación, y analiza las causas que llevan a los gobiernos a actuar de manera totalitaria por el bien común. Las cuestiones filosóficas que plantea y el dilema moral de si el fin justifica los medios planea sobre todo el libro; y anticipa de manera premonitoria la manipulación mediática y de la opinión pública de las redes sociales… ¡30 años antes de que se creara Twitter! Y sobre todo estaba la duda de cómo se plasmaría en imágenes todas las escenas de la escuela de batalla en gravedad cero, y si tendría la suficiente potencia visual y narrativa para ser trasladado al lenguaje cinematográfico. Y mi respuesta es que se trata de una muy digna adaptación de la novela en la que se basa, a pesar de que no pasará a los anales del género.

Estamos en un futuro en el que la humanidad ha estado al borde de la extinción como consecuencia de la invasión de unos seres alienígenas conocidos como “fórmicos” o “insectores” (por su parecido con insectos de tamaño natural). Aunque años atrás se consiguió evitar la extinción de la raza humana gracias a la pericia de un genio militar conocido como comandante Mazer Rackham, es de suponer que en algún momento del futuro se vuelva a repetir el desastre. Es por ello por lo que los países reclutan a los niños más superdotados del planeta para entrenarlos y convertirlos en líderes militares que sean capaces de impedir una nueva invasión que suponga el final de la raza humana. En este marco es donde encontramos a Ender Wiggin, el menor de tres hermanos brillantes que por una razón u otra fueron rechazados para la academia de la Flota Internacional. El joven Wiggin es un muchacho fuera de serie pero que vive acosado por los matones (tanto en las academias como con su propio hermano mayor, Peter). Sólo su tremendo ingenio y su enorme capacidad de liderazgo le permitirán salir indemne de los conflictos en los que se verá envuelto. El coronel Graff descubre su innato talento para la batalla y la supervivencia y ve en él la última posibilidad de forjar un héroe y líder militar con el que evitar la inminente derrota terráquea ante los insectores. Es por ello por lo que Ender será reclutado para la Academia estelar por Graff, e instruido contrarreloj para aprender tácticas militares y de guerra interestelares. A través de complejas simulaciones y juegos de batalla, se entrenará en una estación orbital junto con más niños con los que aprenderá liderazgo y diplomacia, y tendrá que dar lo mejor de sí mismo para conseguir superar las distintas fases y retos que le irá exigiendo, sin ser consciente de ello, el coronel Graff. Siempre con la perspectiva de que Ender es la única esperanza que le queda a la humanidad para la supervivencia al filo, a lo largo de su periplo nos preguntaremos si todo esto es necesario, y si es realmente un juego de niños.

A pesar de que en la adaptación de la novela al guión se han tenido que sacrificar determinados pasajes por el bien de la narración cinematográfica (la historia de los hermanos de Ender como manipuladores de la opinión pública, las distintas escuadras por las que pasa en la academia estelar), ésta en ningún momento se resiente por la falta o exceso de información. Para el espectador inexperto que no haya leído la obra original, la película avanza rápido y sin atascarse demasiado. La imaginería visual con la que se otorga a este mundo futurista que trata a los niños como herramientas bélicas destinadas a erigirse en los líderes militares del mañana, es bastante acertada y no cae en ningún truco efectista que menosprecie el argumento antes que la acción. Es cierto que hay veces que la información está algo condensada y a los personajes les falta profundidad psicológica por todas las páginas y descripciones que se han tenido que sacrificar. Pero Gavin Hood no ha caído en la trampa de Peter Jackson de hacer una cinta de tres horas de duración a lo El Hobbit para comprimir toda la novela. En su lugar, se centra en hacer que parezcan creíbles unos niños jugando a juegos de guerra y simulaciones militares, y en aportar su granito de arena al mundo de las naves espaciales sin que las imágenes nos recuerden demasiado a Star Wars.

Destacar la interpretación de Asa Buterfield como Ender, quien nos transmite la mezcla de debilidad física y superioridad intelectual sin resultar arrogante, atrapado en conflictos éticos y personales. Cumple con creces su misión de plantar cara al personaje de Harrison Ford y al resto del reparto juvenil por igual.

Como conclusión, decir que este Juego de Ender es una digna adaptación de la novela, mucho mejor que otras grandes obras literarias que pasaron con más éxito por las salas. Quizás en su mensaje no deja medias tintas y se ha optado por la claridad de la moraleja frente al posible oscurantismo que el espectador medio no entendería. Un punto en contra es la manera en que se empeñan en estropear el final sorpresa de la cinta, una de las fortalezas de la novela y que es de lo que más ayuda a dejar un buen sabor de boca al lector. Pero desde luego que el mensaje de la obra queda intacto y hace al espectador replantearse los mecanismos de defensa de nuestras sociedades actuales.

Calificación: Entretenida

Lo Mejor: Digna adaptación visual y argumental de la novela.

Lo Peor: Que se empeñen en estropearnos el final de la cinta.

La vería de nuevo: Puede

La Recomiendo: Totalmente si has leído el libro.

Películas similares: La Chaqueta metálica, 2001 una odisea en el espacio

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1731141/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Los Caminantes. Orígenes – Carlos Sisí

OrígenesReseñado por Malosa.

Precuela sobre la saga de zombies que ha llevado a la fama a nuestro autor madrileño, Carlos Sisí. Con los 3 libros de Los caminantes nos metió de lleno en un mundo postapocalíptico repleto de muertos que vuelven a la vida. Un relato sobre la supervivencia humana en primera instancia aunque con los zombies como desencadenante. Esta precuela trata de retrotraernos al origen de la pandemia y se centra en aportar más información sobre algunas situaciones y personajes muy queridos por los lectores. Lo hace además con un cambio de formato, ya que esta vez Sisí nos regala un cómic gracias a la inestimable ayuda de Enric Rebollo, lo que indudablemente pretende dotar de mayor acción, realismo y ritmo a esta saga de novelas.
Más información, más originalidad y mucha acción, sí …pero precuela innecesaria en esta historia de zombies que ya se repite demasiado.

Sinopsis

La televisión fue nuestro primer contacto con lo que estaba pasando. Ocurrió de repente y ocurrió en todo el mundo, como si alguien, en alguna parte, hubiera pulsado un interruptor. Realmente nunca pensamos que esto llegaría donde llegó. Pero … joder, cuando la gente muere y no se queda muerta, todo cambia y para siempre …

Opinión personal

En general aprecio mucho a Sisí, de una forma a veces subjetiva, porque ha sido capaz de proporcionarme muchos ratos de evasión en momentos en los que mi mente lo necesitaba. Por esto siempre suelo valorarlo bastante bien, aunque a veces creo que merecería algo menos. Este cómic es uno de estos casos.

Sisí continúa haciendo su Agosto gracias a Los caminantes y sus secuelas/precuelas varias. La historia es la misma y la temática no ha cambiado: relato sobre la supervivencia humana con la excusa de los zombies por detrás. Esto no es nuevo en el panorama literario ni en su bibliografía. Sisí lo hace bien, no hay duda. Pero como lectora suya empiezo a sentir que se repite demasiado.

Las novedades que encontramos en estos Orígenes se basan en el cambio de formato: el cómic. Esto sí me ha parecido acertado por la alteración en la rutina y porque la novela gráfica es mucho más rápida, directa y concisa. Esto casa perfectamente con una historia de zombies.

No he leído mucho de este género así que mi opinión es válida a medias, pero el dibujo en sí no me ha parecido tampoco la octava maravilla. Enric Rebollo debe de ser un maestro en el género por lo que lo mío debe de ser criticar por criticar pero a mí desde luego con su trazo no me ha transmitido nada. Los zombies deberían provocar repulsa, velocidad, terror, angustia…no sé, algo. A mí me han resultado totalmente planos.
Por otro lado la propuesta de Rebollo es un poco vintage, de retorno a los clásicos. Tanto por la forma en que está hecho el dibujo como por no utilizar el color y presentar un cómic en blanco y negro. Aquí no entro, pero es cierto que la ausencia de color también ha contribuido a esta sensación casi gris que os comentaba antes.

Sobre la historia y personajes, pues ni fu ni fa tampoco. Sisí recupera un momento inicial en la epidemia y nos traslada a algunos de los protagonistas de los siguientes libros a la toma de posesión del polideportivo de Carranque. Me parece bien el planteamiento, pero podía haber construido un episodio algo más frenético, con más desesperación, más terror hacia el zombie y la incertidumbre que trae consigo. ¡¡Es el punto 0 de la epidemia!! Ni los diálogos ni los dibujos transmiten nada de esto, los personajes pasan como si nada por las páginas. El único que me parece mejor retratado y con una personalidad algo más atrayente es Dozer.
Además y esto ya es imperdonable, ni siquiera me pareció demasiado entretenido. Es cortito y se lee fácilmente pero para lo que es y en el formato que es, debería haber estado pegada a sus páginas y mordiéndome las uñas. Para nada.

En resumen y aunque me fastidie, bastante mal en general. No me aporta nada este cómic, ya teníamos 3 novelas sobre esta historia, era más que suficiente. Creo que Sisí debería ya dejar a Los caminantes y su entorno, porque corre el peligro de saturar. Que continúe con otros libros distintos, tipo La hora del mar. Me parece que va a ir en su beneficio.

Por qué decidí leerlo: Me lo regalaron Bitterblink y su novia, conocedores de mi debilidad por el madrileño.

Lo mejor: Es una precuela en vez de una secuela (en general, me parecen más acertadas). El formato de novela gráfica le aporta originalidad, frescura y dinamismo a una saga de novelas ya estancada. La visualización del personaje de Dozer.

Lo peor: Era innecesaria, todo el pescado creo que ya estaba vendido en la historia de Carranque. No tiene gancho ninguno, ni siquiera el capítulo que se recrea en este cómic es demasiado adrenalítico.

¿Volvería a leerlo?: No y eso que se tarda poco.

¿Lo recomendaría?: La verdad es que tampoco. Si te va la historia mejor coge las novelas posteriores u otras del género que hay en el mercado. Si te gustan los cómics, seguro (y desde mi total ignorancia) que los hay mucho mejores.

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Los Caminantes: Orígenes (Cómics Españoles)

Otros libros del estilo que podrían gustarte:

The Zombie: Simon Garth (Kyle Hotz y Mike Raitch)
28 días después (Michael Alan Nelson)
Los caminantes (Carlos Sisí)

Malosa

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