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Película – Robocop

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Robocop

Año: 2014

Director: José Padilha

Guión: Joshua Zetumer

Música: Edro Bromfman

Fotografía: Lula Carvalho

Reparto

  • Joel Kinnaman
  • Gary Oldman
  • Michael Keaton
  • Abbie Cornish
  • Jackie Earle Haley
  • Samuel L. Jackson

La verdad es que no sé que hago reseñando esta película con todos los estrenos que hay pendientes en la cartelera, y habiendo mejores clásicos que revisionar antes que este subproducto; pero la verdad es que en 2014 se me había quedado pendiente de ver esta versión del clásico futurista de los 80 de Paul Verhoeven, y ha sido ahora cuando he tenido la ocasión de ver qué han hecho con ella. Partamos de la base de que el Robocop de 1987 se convirtió en un clásico de la década, flirteando entre la ciencia ficción distópica de la época (está ambientada en un hipotético futuro cercano con un mega capitalismo bestial), la serie B con unos efectos especiales previos a la implantación de la digitalización por ordenador, y violencia extrema y explícita que estaba hecha especialmente para sacudir conciencias si se veía con la adecuada distancia irónica. Unos años antes (en 1984) habíamos tenido otra historia futurista e igual de violenta con un robot asesino que venía del futuro para acabar con el líder aún no concebido de la resistencia humana en una guerra contra las máquinas (Terminator), con lo que estábamos en el momento propicio para este tipo de cine. Pero lo cierto es que Verhoeven supo darle otro enfoque a la trama con su particular sentido del humor y ese cinismo violento que luego seguiría explotando en Desafío Total (otra cinta remakeada sin sentido) y Starship Troopers. Pero ha tenido que venir Hollywood y su obsesión por profanar todo tipo de clásicos para volver a explotar una franquicia que se agotó con las sucesivas secuelas sin éxito de este policía robotizado.

Estamos en el año 2028, donde la multinacional Omincorp ha conseguido llevar la tecnogía robótica con aplicaciones militares a todo el planeta. Drones aéreos y robots terrestres de combate son construidos en masa para implantar el orden en países en conflicto, y sólo falta que esta tecnología se comercialice también en Estados Unidos. Pero una ley del senado impide la construcción y desarrollo en territorio USA de este tipo de robots, y es lo que le falta a Omnicorp para tener el monopolio absoluto a nivel mundial. Para sortear esto, y ante la presión mediática de los medios de comunicación más conservadores (como el periodista y líder de opinión Pat Nowak), el presidente de Omnicorp, Raymond Sellars, busca la manera de sortear la ley y hacer cambiar la opinión pública americana acerca de este tipo de tecnología. Es por ello por lo que se pone en contacto con el Dr. Norton (jefe de biomecánica de Omnicorp) para intentar crear un híbrido de humano y robot, un robot con partes humanas y partes mecánicas. Cuando el ejemplar agente de policía Alex Murphy sufra un atentado y esté a punto de perder la vida, se convertirá en el candidato perfecto para el experimento de crear el policía definitivo, imparable ante los criminales, para erradicar el crimen en la ciudad de Detroit.

La verdad es que esta nueva versión hace aguas por todos lados. Defrauda a aquellos que crecimos con la violenta versión de Paul Verhoeven, pues en aquella época no lo sabíamos pero la violencia del realizador holandés tenía su sentido en pantalla, como método de denuncia de los males del capitalismo, mientras que la descafeinada versión que nos presenta Padilha se queda a medio camino entre la denuncia de la política internacional de intromisión de los USA en el resto del mundo, y el corporativismo más descarnado que sólo se guía por la cuenta de pérdida y ganancias. También defrauda a las generaciones actuales, que se puedan acercar a esta versión por los tiros y las persecuciones, pues tampoco funciona como shooter de acción y donde en el cine actual hay mejores opciones y mejor rodadas que esta cinta. Hasta la historia familiar del policía Murphy resulta sonrojante por lo poco apropiada en comparación con la cinta original, donde el protagonista pugnaba por recordar su pasado y que se convertiría en el principal leitmotiv de la película. Todo el drama que estaba contenido en 1987 se ha dinamitado por los aires con la incursión de la nueva trama. Hasta el papel de Gary Oldman, uno de los pocos personajes idealistas del filme, resulta sobreactuado e innecesario ante el malo perverso que interpreta Michael Keaton como presidente de Omnicorp, mil veces visto y sin el adecuado trasfondo moral de su villano por mucho que lo intenten camuflar como víctima de la avaricia capitalista. Y ya no comento nada del reaccionario periodista interpretado por Samuel L. Jackson, cuya interpretación presenta unas intromisiones en la trama poco afortunadas e introducidas con calzador; ahí donde en la versión ochentera los noticiarios estaban fabulosamente intercalados en el argumento, aquí no vienen a cuento en la mayoría de las ocasiones y tratan como estúpido al espectador, desde el  primer momento en que el celebérrimo logo de Metro Goldwyn Mayer se confunde con la voz en off del presentador.

Hasta el desconocido actor que da vida al nuevo Murphy pierde en comparación con el hierático Peter Weller, por aportar bien poco a un personaje cuya falta de expresividad le viene bien al personaje por asuntos de guión, al igual la de Schwarzenegger en Terminator o Keanu Reeves en Matrix. A este Robocop le pasa lo mismo que al remake de Tim Burton de “El planeta de los simios”: el original no es que fuese una perla del cine como séptimo arte, a pesar de que con el paso de los años devinieron en película de culto; pero para hacer una nueva versión no basta con una puesta al día de los efectos especiales ni nuevas vueltas de tuercas en unos argumentos que tenían de por sí su gracia. Y es que hay veces que es mejor dejar en paz a determinados títulos de cine. La verdad es que las comparaciones son odiosas, pero es cierto que si la industria cinematográfica actual se empeña en seguir profanando viejos y nuevos clásicos, aquellas van a ser más necesarias que nunca.

Calificación: Mala

Lo Mejor: Poca cosa se salva.

Lo Peor: Que se intente comparar con la original.

La vería de nuevo: No.

La Recomiendo: Ni a jóvenes ni a adultos que crecieron con la original.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1234721/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Venganza (revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Taken

Año: 2008

Director: Pierre Morel

Guión: Luc Besson, Robert Mark Kamen

Música: Nathaniel Mechaly

Fotografía: Michel Abramowicz

Reparto

  • Liam Nesson
  • Famke Janssen
  • Maggie Grace

Aprovechando el recorrido comercial de esta saga de serie B, que aparca ahora en las carteleras con la tercera y ¿definitiva? entrega de este ex-agente de la CIA en la piel de un hombre normal obligado a retomar sus antiguas habilidades para defender a su familia, aprovecho para revisitar la primera parte de esta serie que me impresionó en su día por el ritmo y el estilo que se le impregnó a la historia ya varias veces contada de la persona que se toma la justicia por su mano y se enfrenta a criminales profesionales por motivos personales. Ya lo hemos visto en multitud de cintas, cualquier héroe de acción (Harry el Sucio, Arma Letal, Jungla de Cristal) se puede volver un vengador personal en mitad del argumento de una película en el momento en que el tipo malo de la función se guarda un as en la manga y toma represalias contra algún familiar del protagonista. En los 80, Charles Bronson fue el maestro del género en el que entronca este personaje encarnado por Liam Nesson, dado el nivel de violencia sin miramientos que despliega desde el principio. Y también recuerda a la cinta menor de Schwarzenegger, “Comando”, en el que la hija de un antiguo militar de las fuerzas especiales USA es raptada y vemos al protagonista tomar las riendas en una situación que parecía inicialmente en la que estaba atado de pies y manos.

Bryan Mills es un agente de la CIA retirado. Mientras su hija está de vacaciones en Francia, y en mitad de una llamada de teléfono rutinaria para comentarle qué tal ha ido el viaje, es secuestrada por una red albanesa de trata de blancas y él lo oye todo de primera mano. A partir de entonces, y en una carrera contrarreloj en la que las primeras 96 horas son cruciales para no perder la pista antes de que la obliguen a prostituirse en cualquier rincón del mundo, Mills viaja a Paris empezando a usar sus antiguos contactos de espía y sus habilidades de combate personal para abrirse paso en una misión personal para evitar la tragedia en su familia. Los miembros de esta mafia todavía no son conscientes de que se han metido con la persona equivocada…

Lo primero que llamó la atención de Venganza allá en la fecha de su estreno en 2008 fue ver las capacidades de Liam Nesson como héroe de acción ya maduro, sobre todo por no tenernos acostumbrados a este tipo de papeles tan vigorosos. Y esta elección de casting fue el mayor acierto de la cinta, pues la credibilidad de verle como padre de familia que en un momento de la trama se revela como experimentado agente de la CIA experto en artes marciales es total. No cuesta imaginárnoslo algunos años más joven en mitad de operaciones encubiertas repartiendo a diestro y siniestro, de la misma forma que le hemos visto en papeles dramáticos sufrir igual que aquí sufre por su hija al principio de la cinta. Y a partir del planteamiento inicial de la trama, angustioso por lo real que puede ser la trata de blancas en occidente por parte de mafias organizadas (cuya punta del iceberg hemos visto más de una vez en las páginas interiores de los periódicos), tenemos una situación límite en la que cualquiera de nosotros no tendría la menor posibilidad de éxito; y sin embargo es ahí donde comienza una carrera adrenalítica que nos hace simpatizar con los poco ortodoxos métodos del protagonista para que dé caza a los inquietantes malvados (que no presentan un rostro visible al que focalizar las iras del público, más bien son mafias anodinas como sabemos que son en la realidad). La rapidez con la que avance la trama a base de ágiles y breves escenas de lucha y tiroteos será otro punto a favor del filme. Aquí no tendremos espectaculares explosiones ni media ciudad destruida mientras el protagonista sale indemne. Más bien tendremos prostíbulos en pisos y zonas de construcción, con excavadoras y coches europeos implicados en las persecuciones. Es decir, se pretendió hacer una cinta a lo Jason Bourne, sin más aspiraciones que las que la serie B proporcionaba.

Dirigida por un poco prodigado Pierre Morel (de las siguientes entregas se encargará Olivier Megaton), una de las cosas que más llama la atención de “Taken” es que esta cinta lleva el sello de Luc Besson en el guión y la producción, al igual que la también estimulante “Transporter”. Digo que llama la atención porque, a pesar de ser cintas con menos presupuesto y pretensiones, son superiores en calidad a las que le da por dirigir al realizador francés, ya sea la futurista “El quinto elemento”, o la ridícula “Lucy” (que ya reseñé anteriormente, y con un último tercio final que da risa a la vez que sonroja). Es decir, que es éste es un caso en el que el subproducto es de mayor calidad que el producto en el que se basa. Es como para decirle a Monsieur Besson que se olvide de la realización de cintas, que se le dan mejor las tareas de producción, visto el resultado.

En definitiva, y a pesar de que las secuelas es posible que sean efectivas aunque innecesarias, con “Taken” tenemos una excelente muestra de cine de género que le da unas cuantas vueltas de tuerca al espionaje y a la acción frenética. Su mayor virtud es su falta de pretensiones cuidando a la vez el casting (además del peso argumental que lleva Liam Nesson él solito, tenemos a una Famke Janssen vista en Goldeneye o en X-Men) y la credibilidad en la trama. Además, el toque europeo siempre es bienvenido, con lo que hace que esta cinta sea una buena elección para una tarde de lluvia.

Calificación: Buena, sin más.

Lo Mejor: Liam Nesson y el ritmo trepidante que le insufla el ser un ex-agente de la CIA en busca de su hija secuestrada por la mafia albanesa en Francia.

Lo Peor: Sus secuelas probablemente innecesarias.

La vería de nuevo: Con el paso del tiempo.

La Recomiendo: Para amantes de la acción que busquen aires nuevos fuera de los Blockbuster habituales.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0936501/combined

Tráiler en You Tube (español):

 

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Película – Watchmen (revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Watchmen

Año: 2009

Director: Zack Snyder (300, El hombre de acero)

Guión: Alex Tse, David Hayter

Basado en el cómic de Alan Moore y David Gibbons

Música: Tyler Bates

Fotografía: Larry Fong

Reparto

  • Jackie Earle Haley
  • Patrick Wilson
  • Billy Cudrup
  • Jeffrey Dean Morgan
  • Malin Akerman
  • Matthew Goode
  • Carla Gugino

En 2009 se decidió llevar a la gran pantalla una de las novelas gráficas más importantes de todos los tiempos. Se trataba del cómic que cambió la manera de ver el género, con el que perdió la inocencia y pasó a ser para adultos, sin significar eso pornografía o violencia. Se trata de la obra magna de Alan Moore, un cómic editado en 12 números en 1986 que revolucionó el género no sólo por el argumento o temas que trataba, también por el uso estilístico de la imagen y el dibujo o los trucos metalingüísticos insertados en la trama. De esta manera, tenemos cómics dentro del cómic; páginas dibujadas de manera simétrica entre ellas; flashbacks continuos y revolucionarios; narraciones en viñetas que se corresponden a otras escenas pero que cobran dobles significados por el mero hecho de estar descontextualizadas; una historia desmitificadora del superhéroe clásico de toda la vida… Toda una obra maestra compleja que usaba al 120% las capacidades del dibujo impreso para innovar y darle la vuelta a mitos como Superman, Batman, el Capitán América, etc. Es por ello que la trasposición al cine de esta historia no ha estado nunca exenta de problemas y polémicas, tanto por el lado del autor del cómic (quien nunca ha querido que se prostituyese su obra) como por directores que se han visto abrumados por la cantidad de guiños y detalles inadaptables al celuloide.

Y es que, como siempre digo, literatura (o cómic en este caso) y cine son lenguajes artísticos diferentes, y lo que en uno triunfa, en otro no tiene porqué hacerlo; y más cuando hablamos de obras revolucionarias cumbres en un género. Es por ello que hubo mucho recelo y desconfianza cuando este proyecto empezó a cobrar forma después de varios años en dique seco. Pero Zack Snyder ya había demostrado músculo con la adaptación de otra novela gráfica, 300, saliendo muy bien parado del periplo. Y aunque Watchmen como película tiene momentos en que se desinfla, la mayor parte de la trama le hace justicia al cómic y resulta solvente, si tenemos en cuenta de donde proviene la historia original. De hecho, el nivel de detalles y guiños a la novela gráfica es bastante exhaustivo; y, al igual que ésta, se exige volver varias veces a disfrutar de la obra para captar todos los matices. La lástima es que los revisionados de una película no son tan gratificantes como en una novela, pero digamos que la adaptación al cine, sin ser una obra maestra, resultó bastante digna en este caso.

Estamos en un 1985 alternativo y distópico. La historia, tal y como la conocemos, fue alterada por un grupo de superhéroes llamados los Watchmen, que surgieron a imitación de otro grupo de los años cuarenta llamado Minutemen. Estos superhéroes decidieron ponerse máscaras y luchar contra el crimen, y entre ellos tenemos al Dr Manhattan (el único con superpoderes, un físico de partículas que tuvo un accidente de laboratorio y se convirtió en un ser superior capaz de controlar la materia a su antojo), al Búho Nocturno (un aventurero con dinero suficiente para crear artefactos que le ayuden en la lucha contra el crimen), a Espectro de Seda (una atractiva luchadora de armas tomar), a Ozzimandias (otro joven adinerado con un coeficiente intelectual altísimo, apasionado de la cultura clásica y admirador de Alejandro Magno) a Roscharch (un encapuchado idealista y violento que usa una máscara que simula las manchas del test de psicoanálisis del mismo nombre) o al comediante (un psicópata que trabaja para el gobierno y que ve la sociedad americana como una broma). Precisamente la historia empieza con la muerte de este último, y el resto del grupo se pone sobreaviso ante algún tipo de ajuste de cuentas de los otrora héroes enmascarados. Gracias a la aparición de los Watchmen y del Dr. Manhattan principalmente, los EEUU consiguieron ganar la guerra de Vietnam en los setenta y Richard Nixon fue reelegido sucesivamente como presidente del país. La historia, por lo tanto, cambió en ese punto de tal manera que en 1985 la Unión Soviética está al borde del enfrentamiento nuclear con los USA. Todo esto hace degenerar la sociedad americana a un nivel de paranoia nunca visto, y mientras los Watchmen se vuelven a reunir para investigar el asesinato del Comediante, el reloj del juicio final que mide la posibilidad de extinción de la raza humana se sitúa más cerca que nunca de las doce de la noche. ¿En qué acabará todo? Y sobre todo… ¿quién vigila a los vigilantes?

Desde luego que a Watchmen hay que reconocerle una capacidad de detallismo exhaustivo que no desmerece la novela gráfica en la que está basada. Desgraciadamente, esto funciona perfectamente en los primeros compases de la película, pero luego se va desinflando como un globo que pierde aire lentamente. Los brillantes títulos de crédito (precisamente de lo poco que no estaba en el cómic) al ritmo de Dylan, es lo mejor de la cinta, toda una declaración de intenciones. Ya desde ahí vemos el universo alternativo que nos brinda la historia, mediante icónicas imágenes modificadas de los últimos cincuenta años. Sin embargo, durante dos horas y media la trama se presenta poco amigable y confusa para el no iniciado en la novela, que es el mayor de los pecados que una película puede cometer con sus espectadores, entre los que no pueden ni se deben hallar los incondicionales del cómic. Es por ello que al final podamos tener una cierta sensación de atropello y asfixia ante lo que estamos viendo; lo que en papel impreso nos permite reposar siempre que queramos posponer la lectura para otros momentos, en cine nos obliga a tragárnoslo del tirón y a digerirlo en poco tiempo.

Entre medias, aunque la visión del Apocalipsis nuclear y de la guerra fría quede un poco anacrónica en los tiempos que vivimos, la degradación moral que muestra la historia de la película podría tener su equivalencia en el mundo post 11 de septiembre que nos hemos encontrado después (y no nos olvidemos que en un plano Zack Snyder cuela a las torres gemelas). Y la deconstrucción y desmitificación de las historias de superhéroes que plantea Watchmen (ya sea la novela o la película) tampoco es baladí y solo por eso merece la pena asomarse a esta visión del aventurero enmascarado.

Calificación: Entretenida/buena

Lo Mejor: La secuencia inicial con música de Dylan; el nivel de detalle a la hora de trasvasar una novela gráfica “inadaptable”.

Lo Peor: Demasiada condensación en la historia; un maquillaje que acartona demasiado a los personajes para simular su envejecimiento con el paso de los años.

La vería de nuevo: Sí, tiene muchas aristas que entender.

La Recomiendo: Sí, para el entusiasta de los cómics

Películas similares: Kick Ass, El caballero oscuro

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0409459/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El niño

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: El niño

Año: 2014

Director: Daniel Monzón (El corazón del Guerrero, Celda 211)

Guión: Daniel Monzón, Jorge Guerricaechevarría

Música: Roque Baños

Fotografía: Carles Gusi

Reparto

  • Luis Tosar
  • Jesús Castro
  • Eduard Fernández
  • Sergi López
  • Mariam Bachir
  • Bárbara Lenie
  • Ian McShane
  • Luis Motilla
  • Jesús Carroza
  • Mousa Maaskri

Como suele pasar con las películas producidas por determinado grupo audiovisual español, de vez en cuando tenemos una avalancha mediática del último gran bombazo del cine español, siempre carente de grandes taquillazos que destaquen por sí mismos. En esta ocasión, el ex-crítico de cine Daniel Monzón sigue puliendo su estilo y mejorando su obra con este thriller policíaco de sugerente trasfondo. Con una mediocre inicial ópera prima (El Corazón del Guerrero), deslumbró a propios y extraños con la fabulosa “Celda 211” (pura intriga carcelaria con algún altibajo en su ritmo pero que en general rindió a niveles muy altos de calidad). Ahora tenemos esta incursión en el mundo del narcotráfico sureuropeo/norteafricano con persecuciones policíacas al más puro estilo Hollywood (salvando las distancias, no hay que pedir peras al olmo) y con un plantel de actores que aprovecha las mejores interpretaciones de veteranos consolidados (Luis Tosar, Eduard Fernández), recupera algún exiliado del cine francés (Sergi López) y brinda la gran oportunidad a jóvenes noveles y desconocidos (Jesús Castro). Y a mí que no me apasiona demasiado el cine español por su falta de acierto a la hora de combinar el cine de género con temas exclusivamente patrios (ya comenté que solo Amenábar y pocos más consiguen trascender las tramas bizarras y ofrecer entretenimiento que arrastren a la gente al cine), he de decir que en muchos momentos “El Niño” sabe dar en la tecla para cautivar con la mezcla de imágenes, argumento y personajes. Por fin se usa de una vez historias reconocibles sacadas de nuestros periódicos, para envolver una intriga con las dosis de acción justas sin decaer en su atractivo (¡y que no se queda a medio camino como las cintas de Enrique Urbizu y su “No habrá paz para los malvados”!).

El estrecho de Gibraltar, el punto más al sur de la península ibérica es una encrucijada de narcotráfico y contrabando donde se juntan dos continentes y tres países distintos (España, Reino Unido y Marruecos). Desde el punto de vista de un policía y su compañera, vemos la labor de los agentes de aduanas por frenar el trabajo de las bandas organizadas que operan al más alto nivel, así como de los trapicheos iniciáticos de todos aquellos jóvenes que buscan dinero fácil. Es aquí donde tenemos a un ambicioso chaval del sur apodado “El Niño”. Con su moto naútica, le encanta recorrer a diario las aguas del estrecho que separan los dos continentes sólo por diversión. Siendo consciente de su habilidad para moverse por estas zonas extremadamente vigiladas, decide hacer del contrabando su modo de vida y junto con un amigo (“El Compi”) se alía con un joven marroquí (Rachid) que les pone en contacto con las mafias del norte de África que controlan todos los movimientos de hachís. Lanchas rápidas y helicópteros de la policía, contrabando y narcotráfico, traiciones y engaños, doble juego e infiltrados… y sobre todo la joven hermana de Rachid, Amina, que fascina al Niño y le da motivos para que éste piense que, por una vez, quizás las cosas no sean un juego y merezca la pena pensar en un futuro más estable y menos peligroso.

La mayor gracia de esta “El Niño” es su habilidad para coger unos escenarios exóticos pero a la vez cercanos, y usarlos como trasfondo argumental que reviste de romanticismo al conjunto. Son habituales los momentos en los que la cámara se recrea con el paisaje en segundo plano, ya sea con el peñón al fondo, la zona portuaria, las aguas calmadas del estrecho que son el punto de encuentro entre un mar y un océano, o la pintoresca puerta al continente africano que es Marruecos. Todo ello con el oportuno simbolismo que supone la confluencia de dos mundos separados por pocos kilómetros. Ya se abordó este tema con la novela de Fernando Lalana “Morirás en Chafarinas” y su decente adaptación cinematográfica, donde teníamos una intriga cuartelaria en Melilla con los ingredientes exóticos adecuados para cautivar al lector. Ahora Daniel Monzón nos da esto y más, revisado con una puesta al día de la problemática del tráfico de drogas marroquí actual, el contrabando de Gibraltar, las porteadoras de la frontera con Ceuta, el desempleo español…

La verdad es que lo que tenemos delante es una buena muestra de género, aunque el mayor defecto que le veo es que en algún momento del metraje la cinta se va por las ramas y renquea un poco en su desarrollo argumental. De los 130 minutos se podría haber recortado una buena parte mejorando con ello el ritmo. Las persecuciones en lancha se quedan algo diluidas tras la adrenalina inicial y se echa en falta algo más de presupuesto para los fuegos artificiales, aunque Mozón lo suple muy bien con destreza cinematográfica (el derribo del helicóptero y su punto de vista interior en vez de exterior).

En el capítulo actoral, decir que tenemos un festival de interpretaciones. Tenemos a un Tosar totalmente creíble a pesar del (o gracias al) peluquín que le ha crecido, que nos demuestra que es un todoterreno capaz de hacernos creer que es un maltratador, un reo de voz rasgada, un conserje psicópata o un policía curtido. Junto a él, un debutante sin experiencia previa que se lleva la otra parte de los planos de la película: Jesús Castro, quien se revela como un auténtico Paul Newman patrio con pendientes de macarra, mirada glacial y boca torcida incluidos. La única parte negativa que achaco es la del marcado acento andaluz necesario para su personaje pero que le hace al espectador perder comba en los diálogos. Los otros veteranos del cine español, Sergi López y Eduard Fernández, también elevan el nivel de la cinta (ya era hora de recuperar al actor catalán autoexiliado en el cine francés para buenos papeles). Ambos echan chispas en sus duelos cara a cara con Tosar, sobre todo Fernández. Y tanto las chicas (la española y la marroquí) como el resto del reparto están a la altura de la historia que se nos ofrece.

En definitiva, buena muestra de por dónde deben ir los tiros en los thriller españoles, aunque habría que ir puliendo la manera de resolver las tramas: el planteamiento y nudo están más o menos bien, y el desenlace debería ir más al grano. Los personajes son lo suficientemente profundos como para que en momentos nos identifiquemos con ese ratero buscavidas al margen de la ley, pero que busca redimirse; o el policía que se debate entre el idealismo y la amistad. Bastante recomendable, a pesar de la publicidad incesante que tendremos en semanas venideras.

Calificación: Buena.

Lo Mejor: El inteligente uso de la trama para crear un thriller inusual en nuestro país, combinado con paisajes bien fotografiados y el trasfondo exótico que se le da al conjunto. Actores bien aprovechados, tanto los consolidados como los nuevos fichajes.

Lo Peor: En algún momento el metraje y la duración se van de las manos. El exagerado acento andaluz que impide seguir algunos diálogos.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Películas similares: Morirás en Chafarinas, Celda 211, No habrá paz para los malvados, Grupo 7

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2093990/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Lucy

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Lucy

Año: 2014

Director: Luc Besson (Nikita, El quinto elemento, Arthur y los Minimoys)

Guión: Luc Besson

Música: Éric Serra

Fotografía: Thierry Arbogast

Reparto

  • Scarlett Johansson
  • Morgan Freeman
  • Amr Waked
  • Choi Min-sik

Suele ser habitual que la mayoría de mis reseñas tengan una alta puntuación. Esto se debe al sesgo que supone ir al cine eligiendo de antemano las películas que más me llaman la atención, junto con las revisiones de cintas que me gustaron en su día y que creo que merecen la pena recordar. Quizá en eso me diferencio de mis compañeros de blog, quienes leen con avidez todo tipo de géneros (aunque tengan sus preferencias, eso está claro) y son totalmente críticos y objetivos con las obras que se atreven. Por eso, resulta fuera de lo común que una cinta que me atrajera desde el trailer me acabe decepcionando de esta manera, y eso es lo que me ha pasado con Lucy. Luc Besson nunca me ha llamado la atención a pesar de que Nikita o “León, el profesional” sean buenos ejemplos de cintas con mujeres de armas tomar como protagonistas, lo que siempre se agradece. Y en esta ocasión ha contado con una sobreestimulada Scarlett Johansson, que lo mismo se atreve con papeles dramáticos de chica corriente (estaba fabulosa en “Lost in traslation”) o que demuestra que no tiene complejos con el género de acción (“Los Vengadores”, “Capitán América”). Pero ver el desastre en que va derivando “Lucy” desde los primeros momentos hace pensar que a Besson se le da mejor su papel de guionista en sus incursiones en el género (Taxi, Transporter, Venganza) que el de realizador.

Lucy es una joven estudiante occidental en Taiwan a la que una organización mafiosa la obliga a transportar una nueva droga dentro de su estómago. Pero la bolsa se abre y su organismo empieza a absorber la sustancia. El sorprendente efecto que causa esta situación es que su cerebro sufre una transformación y Lucy empieza a desarrollarlo por encima del 10% al que la humanidad está acostumbrada a usarlo normalmente. Aprendizaje exponencial, agudización de los sentidos y control de la materia son algunas de las nuevas capacidades que adquirirá Lucy. El profesor Samuel Norman lleva años investigando la teoría de lo que sucedería si el ser humano aprendiese a usar su cerebro por encima del nivel normal del 10%, y cuando Lucy se ponga en contacto con él para explicarle lo que la ha pasado, tendrán la oportunidad de estudiar los efectos prácticos de algo que hasta ahora solo era la formulación de una teoría. Al efecto contrarreloj de que no se sabe lo que ocurrirá cuando Lucy alcance el 100% de su capacidad cerebral, se une el hecho de que la organización criminal que colocó la sustancia en el interior de la protagonista buscará recuperar su mercancía sin importar lo que la pase a Lucy.

Con el pretexto de que la ciencia lleva años sugiriendo la posibilidad de que la capacidad del cerebro humano esté siendo infrautilizada, Luc Besson nos propone una incursión en el thriller de acción y ciencia ficción que nos prometía a una superheroína como protagonista absoluta, y a Scarlett Johansson como excelente elección. Tiros, persecuciones y desafíos a las leyes de la física parecían las cartas de presentación del filme. Sin embargo, ni siquiera la actriz es capaz de remontar una cinta que es decepcionante desde el principio, con los trucos baratos de narración que nos presenta Besson. Esa técnica de intercalar imágenes de documentales de ciencia y naturaleza mientras la protagonista está a punto de caer en la trampa de los mafiosos taiwaneses, o mientras Morgan Freeman imparte sus conferencias sobre la capacidad cerebral humana me parecieron artificiosas y falsas. Como si considerara que el espectador usa un nivel ínfimo de su capacidad mental, y por ello refuerza su narración con imágenes accesorias e innecesarias. Ya comenté en mi anterior reseña cómo me gusta la manera en que Christopher Nolan apela a la inteligencia de sus espectadores, obligándoles a pensar; pues bien, parece que aquí Besson hace lo contrario al considerar que necesitamos ayuda adicional para entender el planteamiento de la película. Y las referencias a la primera homínido que evolucionó la raza humana y que los científicos llamaron como a la protagonista de la película son tantas y tan toscas como el resto de la trama; algo que hubiera funcionado como metáfora sutil acerca de la evolución humana que propone la cinta, pero que resulta cansino verle dar vueltas una y otra vez sobre el mismo detalle.

Pero lo peor de “Lucy” es que sus defectos no se limitan sólo a eso. A pesar de su escasa hora y media de metraje, el ritmo se resiente continuamente por lo poco efectivas que son las escenas de acción (la persecución en el coche de policía es bastante sosa); lo poco verosímil de algunas situaciones, que apelan al sentimentalismo barato (el momento de la llamada a su familia en mitad de un quirófano); y, sobre todo, la deriva filosófica de su tercio final que supone una de las peores conclusiones de una película que haya visto nunca. Una especie de acercamiento al final sorprendente e inexplicable de “2001: una odisea en el espacio”, pero que resulta un insulto que ambas cintas se intenten equiparar. Si la inmortal película de Kubrick ya se estableció como la obra definitiva acerca de los niveles de la evolución humana, ¿para qué se empeña Besson en hacerle un plagio en una cinta de acción?

Como ya he dicho, ni la siempre adecuada Johansson (y de hecho aquí está más que correcta) hace remontar una película tan fallida como ésta, que no funciona como cinta de acción, ni como cinta de ciencia ficción, ni de filosofía evolutiva. Tampoco consigue nada Morgan Freeman, más anodino aquí que en otras muestras de su filmografía. Sólo tiene algo de gracia al principio el toque oriental de los villanos taiwaneses, que nos retrotrae al violento cine coreano actual y de otros países del entorno. Pero en el momento en que se obcecan con la persecución a toda costa de la persecución de la protagonista, se pierde el interés y la -poca- credibilidad que daba la cinta a estas mafias taiwanesas, para caer en la misma espiral de absurdez que inunda el final de la película.

Calificación: Mala

Lo Mejor: Scarlett Johansson siempre será Scarlett Johansson. Merecería algún papel más protagonista de acción para seguir demostrando sus dotes actorales todo terreno.

Lo Peor: Casi todo, pero me quedo con las irritantes imágenes accesorias para reforzar determinados momentos de la narración, y con la manía de explicar el origen del nombre de la protagonista.

La vería de nuevo: No

La Recomiendo: No

Películas similares: El quinto elemento, Wanted

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2872732/combined

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Película – Minority Report (Revisión)

Minority Report Poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Minority Report

Año: 2002

Director: Steven Spielberg (La Lista de Schindler, Atrápame si puedes, Lincoln)

Guión: Scott Frank, Jon Cohen

Basado en un relato corto de Philip K. Dick (The Minority Report)

Música: John Williams

Fotografía: Janusz Kaminski

Reparto

  • Tom Cruise
  • Colin Farrell
  • Max Von Sydow
  • Samantha Morton
  • Steve Harris
  • Neal McDonough

En el año 2054 se han erradicado todos los crímenes en la ciudad de Washington. Una unidad especial del departamento de policía llamada Precrimen es capaz de previsualizar los asesinatos antes de que ocurran, gracias a una tecnología formada por una especie de videntes llamados “precog”. Estos seres son mutantes que tienen visiones de los delitos y Precrimen los visualiza en sus pantallas para analizar la situación de la escena del crimen y evitar que ocurra. El agente John Anderton es el jefe de policía y el mejor en su trabajo de capturar al potencial asesino antes de que cometa el delito. Pero la pérdida de su hijo hace años y su adicción a las nuevas drogas futuristas puede hacer peligrar su empleo si el representante del Departamento de Justicia, Danny Witwer, descubre algún fallo en el sistema. La iniciativa de Precrimen se va a implantar a nivel nacional y no puede haber el más mínimo fallo a la hora de ajusticiar a alguien que por un delito que no ha cometido – aún. Pero los problemas no tardarán en llegar cuando, en un análisis rutinario, Anderton descubre un nuevo intento futuro de asesinato en el que… el asesino es él mismo. Sin conocer de nada a la víctima, con sus propios compañeros persiguiéndole como a un criminal, y sobre todo con un Witwer deseoso demostrar la falibilidad del sistema, Anderton tendrá que abrirse paso en un futuro en el que las maneras de controlar a la población coparán todos los estamentos sociales y probar su propia inocencia por un crimen que -todavía- está por ocurrir.

Con este argumento tan sugerente Steven Spielberg se pasó al thriller urbano-futurista, en la línea de -la insuperable- Blade Runner y reinaugurando un género al que en los últimos años se han intentado subir otros títulos como “Yo, Robot”, “Paycheck” o el remake de “Desafio Total”. Todas con mucha menor calidad, a pesar de beber de los clásicos de la literatura de ciencia ficción como Asimov o Philip K. Dick. Precisamente adaptar obras de este autor suele ser garantía de éxito por lo animoso de sus historias, que dan pie a tramas en las que cabe filosofía existencial, reflexiones acerca del fin último de las sociedades modernas, el uso de la tecnología y los avances técnicos frente a los conflictos éticos y morales, mezclado con intrigas policíacas y acción trepidante,… Si bien “Minority Report no llega al nivel de complejidad filosófica y argumental de “Blade Runner”, sí que plantea unos cuantos dilemas humanos. Y aderezado con unas escenas de acción francamente estupendas y una trama que maneja el suspense a base de persecuciones a lo “Misión Imposible” o del mismísimo Hitchcock, con un falso culpable que debe demostrar su inocencia por algo que aún no ha hecho, mientras huye a través de coches futuristas y scanners visuales que tienen fichada a la población.

Desde luego, mientras que Blade Runner no tiene acción tan trepidante (su trama va por otros derroteros, y el personaje de Harrison Ford parece en algunos momentos dejado llevar por el transcurso de la historia), sí que es una reflexión profunda acerca de la naturaleza humana de hombre, en una época en la que la tecnología es capaz de todo, y en mitad de una mega ciudad gris y sucia. En Minority Report no tenemos esa visión tan oscura de las futuras urbes, y el tono de la fotografía y del diseño de producción se mueve en tonos azules claros. Spielberg es tan inteligente como para hacernos un retrato futurista de la sociedad actual, reconocible en todo momento en las casas y los callejones. A su vez, los dilemas morales sobre el control gubernamental que plantea son escalofriantes a la vez que necesarios. ¿Seríamos capaces de otorgar nuestro libre albedrío a los poderes públicos, a cambio de erradicar el crimen? ¿Hasta qué punto se puede ser culpable por algo que no se ha cometido aún (pero sabemos que ocurrirá)? ¿Podemos cambiar el futuro, si éste ya está escrito? Mención aparte merece la tecnología mostrada en la cinta, donde pequeños robots son capaces de escanear la retina de la gente para conocer la identidad de los sospechosos, a pesar de que invadan la intimidad de las personas. O el uso de esta tecnología para técnicas de marketing personalizado, con una protección de datos personales bastante escasa. Las armas aturdidoras o las escopetas de plasma, los coches automatizados o las pantallas táctiles… todo el diseño de producción es francamente acertado y genial. Da igual que sean cosas que no vayamos a ver nunca (hace años que renunciamos a ver los coches voladores de Blade Runner, y no por ello se puede decir que la obra maestra de Ridley Scott ha envejecido mal).

Con esta cinta, Spielberg volvió a la senda del cine comercial y blockbuster de éxito. No sólo demostró que no había perdido la buena mano para hacer películas entretenidas capaces de llevar a la gente al cine. Además entró en una fase de madurez demostrando que su cine no sólo era acción superficial, sino que rascando algo más en la superficie podíamos encontrar interesantes lecturas. Siempre digo que cuando no se pone serio y trascendental, es cuando hace los mejores largometrajes (independientemente de que luego cuele mensajes serios y trascendentales). Y la maestría a la hora de llevar la trama hace que sus dos horas y media pasen volando. El planteamiento de la historia está bien descrito (primero vemos al equipo de policías en acción, para después ver al personaje de Colin Farrell entrar en el argumento y esbozar el conflicto), el nudo está inteligentemente desarrollado, y el desenlace es sorprendente e inesperado. Y cuando en una película el tiempo pasa sin darte cuenta, el primer objetivo está cumplido con creces. Y si luego te hace pensar, y con cada nuevo visionado percibes nuevos matices y no se te hace pesada, ya tenemos conseguido otro objetivo que debe cumplir toda obra cinematográfica.

Calificación: Muy buena

Lo Mejor: El desarrollo genial de la acción y la trama, los conflictos que plantea y el diseño de producción futurista.

Lo Peor: Que sus sucesoras no hayan alcanzado el mismo nivel de calidad.

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí

Películas similares: Blade Runner, Desafío Total, La Isla, Paycheck, Yo robot

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0181689/combined

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Película – Licencia para matar (revisión)

Licence to Kill poster1

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Licence to Kill

Año: 1989

Director: John Glen (Sólo para sus ojos, Octopussy, Panorama para matar, Alta Tensión)

Guión: Richard Maibaum, Michael G. Wilson

Basado en el personaje de Ian Fleming (parte de la trama de los libros “The Hildebrand Rarity” y “Vive y deja morir”)

Música: Michael Kamen

Fotografía: Alec Mills

Reparto

  • Timothy Dalton
  • Carey Lowell
  • Robert Davi
  • Talisa Soto
  • Benicio del Toro
  • David Hedison
  • Desmond Lewelyn
  • Robert Brown
  • Caroline Bliss

Como homenaje al 25 aniversario del estreno de 007 : Licencia para matar, he aquí mi acercamiento crítico y reivindicativo del título. Caí en la cuenta el otro día que leí un artículo de online de la revista Squire, que hablaba de “The most underrated Bond movie” como una de las películas más infravaloradas de la franquicia 007, algo en lo que no puedo estar más de acuerdo. Como fan acérrimo del personaje de Fleming, veo en la segunda incursión de la interpretación de Dalton una de las mejores historias jamás rodadas del agente secreto. Irónicamente, la cinta estuvo a punto de acabar con la franquicia más longeva del cine, puesto que a la fría acogida que tuvo en la taquilla se le unieron los postreros problemas legales entre United Artist y Metro Goldwyn Mayer, lo que hizo que expirara la posibilidad de que Dalton consolidase la visión del personaje en una tercera entrega mientras transcurrió el período más largo desde 1962 sin una cinta de 007 (de 1989 a 1995), antes de que Brosnan relanzara la saga con Goldeneye.

En mi línea de defender posturas marginales, he de decir que Dalton es mi 007 favorito de todos los tiempos. No digo que Connery sea malo ni que Craig esté haciendo un mal papel (para nada, no hay más que revisitar mi reseña de Skyfall). Pero esta visión de un 007 duro y vengativo, con problemas sentimentales y humanos detrás de ese frío cinismo que le convierte en la máquina perfecta de matar, ya se abordó con esta cinta mucho antes de Casino Royale (2006) y siguientes. La fina ironía y el humor caricaturesco de las décadas anteriores ya estaba en declive y el cine de acción en los 80 demandaba un cambio de modelo. Dalton quiso volver al Bond de las novelas, más terrenal y menos fantasioso. Su tipología de actor supuso que en Alta Tensión (1987) le tuvieran que readaptar los diálogos que estaban originalmente escritos para el humor autoparódico y socarrón de un Roger Moore que ya estaba en las lonas, muy envejecido para un personaje que exige gran vigor físico. Aún así, dicha primera incursión de Dalton resultó demasiado amable para el lado oscuro que quería resaltar para el oficio de agente secreto, que necesita de cierta tortura psicológica para justificar una profesión tan poco común y políticamente incorrectísima. Sin embargo, aquí en “Licencia para matar” (título que comparte en español con la película de Clint Eastwood de 1975 “The Eiger Sanction”) se hizo un Bond tan oscuro que la película fue clasificada con la clasificación PG-13 en USA por el uso de algunas escenas violentas, lo que seguro lastró su carrera comercial.

De hecho, al igual que otro de los títulos de culto de la franquicia “Al servicio secreto de su majestad”, uno de los puntos fuertes es el argumento que se sale de la clásica estructura del canon, donde no hay villano que quiera dominar el mundo ni una misión al uso. Lo que tenemos es una historia de venganza personal, con un 007 que se enfrenta su jefe y la consecuencia directa de que su licencia para matar es revocada por primera vez. La cinta comienza con Bond dirigiéndose a la boda de su antiguo colega de la CIA y amigo, Félix Leiter, de la que es padrino. En el camino se enteran de que un narcotraficante llamado Franz Sánchez del que llevan mucho tiempo detrás de él, ha cruzado la frontera y es la ocasión perfecta para atraparle, cosa que hacen antes de hacer una entrada triunfal en la iglesia y llegar con un leve retraso. El problema es que Sánchez logra escapar gracias a sobornos y lo primero que hace es tomar represalias contra Leiter y su mujer, a quien dejan gravemente malherido. Ante la pasividad de los compañeros de Leiter, Bond decide tomarse la justicia por su mano y es cuando su jefe le prohíbe ir detrás de Sánchez y le anula la licencia para matar. Perseguido por su propio gobierno, 007 se hará pasar por matón a sueldo en busca de trabajo y se intentará infiltrar en la organización de Sánchez para vengar a su amigo, en una de las misiones más peligrosas a la que se haya enfrentado.

La verdad es que “Licencia para matar” es un Bond serio y adulto, lo que probablemente impactó al espectador de 1989 (recordemos que en la taquilla de ese año teníamos a Indy, Arma Letal y Batman). Pasa algo similar a la escena final de “Al servicio secreto de su majestad” rodada 20 años antes, donde el público de la época no se esperaba un cambio de registro tan brutal. Es paradigmático pensar que precisamente el éxito del Bond actual de Craig tenga sus raíces en el de Dalton, solo que quizás el público de finales de los 90 no estaba todavía preparado. El registro interpretativo de Timothy Dalton, forjado en interpretaciones de personajes de Shakespeare, intentó sin éxito aproximarse al Bond de las novelas originales de Fleming, más terrenal y mundano, que es en lo que ha triunfado Craig. Una de las cosas que más me gustan de Dalton es que algunas veces como 007 da miedo, por la frialdad de su mirada no sabes lo que va a hacer ni lo que está pensando, aunque te puedes temer lo peor. Ejemplos en esta cinta lo tenemos cuando un personaje le da un puñetazo cariñoso en el brazo y le dice “tú debes de ser Bond”, lo cual suponemos que no le gusta; o el diálogo con el villano en el que éste le pregunta a qué se dedica y Bond le contesta que “elimina problemas”. Tampoco se anda con medias tintas en la manera que tiene de ir eliminando a los malos de la función, más directa y cruel que de costumbre. La idea de jugar con el miedo de Sánchez a que le traicionen y su manera de recompensar la lealtad hace novedosa la manera en que Bond menoscaba su organización. Y por primera vez el villano da realmente miedo, porque le crees capaz de las muertes más horribles. Y sobre todo, es un villano real, sacado de la época y de las mismas portadas de la prensa, con su plan de extender su imperio de la droga por todo el continente. Y además, el joven ayudante de Sánchez era un debutante Benicio del Toro, más mortífero si cabe que su propio jefe.

Las escenas de acción son muchas y variadas, y corresponden a la manera de hacer cine del momento, con lo que la franquicia se actualiza y se pone un poco al día frente a los principales competidores de la década (con quienes había perdido terreno, si tenemos en cuenta que Bond fue el padre fundador del género de evasión en los sesenta y setenta). La escena de los camiones cisterna llenos de gasolina nos retrotrae a las persecuciones de “En busca del arca perdida” y tienen su toque de fantasmada propio de Bond, pero totalmente creíble (más o menos…). Al igual que la mezcla de escenas aéreas y acuáticas, en las que la franquicia es especialista, y que están perfectamente insertadas en la trama; como ese momento en el que arponea lleno de furia a un secuaz para acto seguido lanzarse al agua y hacer esquí acuático con un hidroavión en marcha… vamos, Bond en estado puro, sólo que esta vez realmente furioso. Y la banda sonora acompaña magistralmente estas escenas, con una variación del clásico “James Bond Theme” que para muchos no alcanzó el nivel de las suites de John Barry, pero que para mí le dio un toque genial con ese aire hispano que pegaba con la ambientación de la película en una imaginaria república bananera sudamericana.

Otra razón por la que la cinta pasó sin pena ni gloria fue que las chicas Bond escogidas para la ocasión no alcanzaron la notoriedad típica de otras películas, como Ursula Andress o Barbara Bach. Y tremendamente injusto en mi opinión, puesto que Carey Lowell y Talisa Soto están magníficas aquí, alejadas del estereotipo machista de chicas tontas de otros títulos, y anticipando al estilo de chica Bond guerrera y peleona que vendrá años después, sobre todo el papel de piloto de la CIA de Lowell (Talisa Soto hace un papel de novia florero de Sánchez decorativo pero esencial en la trama, con ese toque de latina ardiente y temperamental). Además, las chispas que saltarán entre ellas por llevarse a 007 al huerto serán antológicas…

Pero no todo iba a ser nuevo y extraño en esta entrega, y de hecho tenemos otra vez al familiar personaje de Q interpretado por el incombustible Desmond Llewellyn. En una trama en la que Bond actúa por su cuenta, Q aparece por sorpresa y tendrá un papel un poco más extenso que de costumbre, lo cual siempre es de agradecer y le da un toque novedoso a la franquicia, donde los secundarios siempre han estado relegados al mismo tipo de escenas.

Por todas estas cosas, he de acabar mi reseña señalando a “Licencia para matar” como una de las tres mejores cintas de Bond; no es para los puristas de la saga, desde luego (a ellos les recomiendo mejor “Desde Rusia con amor” o “Goldfinger”), para los que adoran el humor socarrón de Moore (“La espía que me amó” u “Octopussy” son buenos títulos) o para los que prefieren la moderna visión de Craig (“Skyfall” les gustará más), pero desde luego que, junto con la ya mencionada “Al servicio secreto de su majestad” o “Casino Royale”, componen un acercamiento al personaje bastante atípico que merecen la pena por lo arriesgado de su propuesta de salirse de la estructura establecida de la época.

Calificación: Para mí, imprescindible. Una del top 3 de la saga Bond. Es posible que si fuera algo objetivo, hubiera algunas por encima de ésta.

Lo Mejor: Nunca hubo un Bond tan duro como el de Timothy Dalton, ni siquiera Craig. Las escenas de acción intercaladas con la versión musical del tema de 007 de esta película son de las mejores de la saga.

Lo Peor: Algunos momentos de la trama cogidos por los pelos. Que la cinta no tuviera una buena vida comercial y que por los problemas legales de la productora Dalton no hiciera una tercera entrega de 007.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: No es un 007 para todos los gustos, por su dureza y por alejarse de la estructura habitual de la saga. No la recomiendo si eres de los que piensan que Connery sigue siendo el mejor.

Películas similares:

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0097742/combined

Tráiler en You Tube (inglés):

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