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Película – Marte

Marte poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Martian

Basado en el libro The Martian (El Marciano), de Andy Weir

Año: 2015

Director: Ridley Scott (Blade Runner, Alien, Thelma y Louise, Gladiator, El Reino de los cielos, Prometheus, Exodus)

Guión: Drew Goddard

Música: Harry Gregson-Williams

Fotografía: Dariusz Wolski

Reparto

  • Matt Damon
  • Jessica Chastain
  • Jeff Daniels
  • Sean Bean
  • Michael Peña
  • Kristen Wiig

Si hay algo por lo que se caracteriza la filmografía de Ridley Scott es por la irregularidad. Sus películas más flojas, ésas en las que se nota la etiqueta de “por encargo”, no dejan de ser tan malas del todo si provinieran de cualquier otro director. Pero es que Scott rompió tantos los moldes con sus primeros filmes que luego todo lo que ha hecho después no ha estado a la altura. Estoy hablando por supuesto, de “Alien, el 8º pasajero” y “Blade Runner”: dos cintas desarrolladas en los primeros ochenta que cambiaron la ciencia ficción para siempre. La primera, por erigirse en un clásico del cine de terror ambientado en el espacio, donde la claustrofobia de una nave espacial trascendió el género; y la segunda, por tener una profundidad filosófica tal que no fue debidamente comprendida en el momento de su estreno. Todo lo que ha hecho después alterna títulos bastante interesantes y sugerentes, con otros olvidables o mediocres, impropios del nivel inicial que alcanzó en sus comienzos, moviéndose su filmografía entre una incipiente calidad que se queda a las puertas de la grandeza, con la mediocridad y la dejadez del que trabaja por encargo. En la primera categoría entra Black Rain, Thelma y Louise, American Gangster, Red de mentiras y sobre todo Gladiator: grandes películas que se dejan ver pero que no podemos decir que entren en el olimpo de las obras maestras (y es que, sin parecerme mala, considero que Gladiator está algo sobrevalorada). En la segunda categoría tenemos esos proyectos con los que intentó repetir éxitos pasados a base de repetir fórmulas ya usadas (El reino de los cielos, Prometheus, Exodus), o películas de encargo que suponen un declive en su carrera (Haníbal, La teniente O’Neill, Black Hawk Derribado). En cualquier caso, considerando que ya nada de su cine alcanzará el nivel de obras de culto de las citadas películas de los ochenta, sólo queda esperar si sus nuevos estrenos pertenecen al primer grupo (películas que se dejan ver conservando la capacidad de sorpresa) o al segundo (derroche de presupuesto que no pasa de la categoría de bodrio).

Los miembros de la misión espacial Ares III están explorando la superficie del planeta en una misión tripulada a Marte. Tras una tormenta de arena en la que el equipo se ve obligado a abandonar prematuramente el planeta, el astronauta Mark Watney sufre un accidente y es dado por muerto. Tras recobrar el conocimiento y volver a la base, se da cuenta de que está abandonado a su suerte con provisiones para un mes, por lo que debe agudizar el ingenio si quiere sobrevivir unos cuatro años, que es lo que está previsto que tarde la próxima misión espacial en volver al planeta. Con sus conocimientos de botánica desarrollará cultivos contra todo pronóstico en tan hostil territorio, mientras se sobrepone a todo tipo de vicisitudes y utiliza el ingenio, el humor y la ciencia para ganar tiempo. En la tierra, desde el centro de misiones de la NASA, harán todo lo posible para traerle de vuelta sano y salvo.

Heredera de títulos recientes como “Gravity” e “Interstellar”, en algunos momentos “Marte” recuerda bastante al “Naufrágo” de Robert Zemekis. En efecto, durante buena parte de la trama asistimos al espectáculo de ver al protagonista sólo con sus propios recursos, aprendiendo a sobrevivir de la manera más básica que puede permitirse el hombre en un entorno hostil y sin las comodidades a las que estamos acostumbrados, donde la complicación para hacer un fuego sin cachivaches se cambia por la dificultad de establecer comunicación fluida al carecer de los instrumentos para ello. Menos arriesgada que la cinta de Tom Hanks, aquí el recurso narrativo del protagonista de hacer un videodiario facilita las cosas al espectador explicándole el desarrollo de la trama. Se gana en ritmo aunque corriendo el riesgo de darle todo mascado al espectador, sin hueco para el propio razonamiento desde la butaca. De la misma manera que la cinta usa una base científica plausible por momentos (obviando determinadas situaciones que atentan contra la verosimilitud astrofísica), en la que llega a un punto en que decide no aturullar al público con explicaciones demasiado técnicas para que el argumento siga hacia delante.

Porque al final, el ritmo argumental no se resiente en absoluto de un argumento con tantas posibilidades de caer en ridículo. Con una duración que sobrepasa las dos horas, la introducción va al grano y la soledad en Marte del protagonista es descrita en la duración adecuada. A partir de ahí los distintos planes de rescate desde la Tierra le van dando emoción argumental pulida con los adecuados giros (a pesar de que alguno está tan anunciado que provoca cierto sonrojo en el espectador acostumbrado a los artificios cinematográficos), y regando el clímax de una tensión bien dosificada y adecuadamente presentada. Y esto hay que decir que es uno de los grandes méritos de la película.

Más puntos a favor es que es una película tremendamente optimista, sin claroscuros en su trama ni críticas a nadie. El protagonista ni se molesta en culpar a nadie de su situación, ni en ningún momento nos muestra angustia o desesperación; todo es mirar hacia delante con determinación y no tirar la toalla en ningún momento, a diferencia de otros ejemplos cinematográficos de ciencia ficción. Con un humor que salpica momentos puntuales, es digno de mención cómo todo el equipo decide remar en la misma dirección para rescatar al astronauta perdido, en un claro ejemplo de humanidad que traspasa fronteras. Entre los personajes de Matt Damon (un actor con suerte para elegir los papeles de las cintas en los que participa), Jessica Chastain (tras Zero Dark Thirty e Interstellar se afianza como una de las intérpretes con más fuerza del panorama actual), Jeff Daniels (a quien por primera vez le he visto en un papel serio, capaz de mostrar preocupación y gravedad), Sean Bean (alejado por fin de sus papeles de malvado enfadado con el mundo), y demás secundarios  tenemos todo un ramillete de interpretaciones agradables y precisas que contribuyen a que la película avance con paso fuerte y firme, sin demasiadas tonterías argumentales (sólo hay un caso en que se hace una referencia al Señor de los Anillos a modo de guiño con el personaje de Sean Bean, aunque la sombra de “Salvar al soldado Ryan” con Matt Damon es alargada).

La verdad es que pocas debilidades le veo a esta cinta de Scott, a la que no soy capaz de verla como obra de culto capaz de perdurar durante décadas, pero sí que entretiene por encima de otras muestras de su filmografía. Una fotografía deslumbrante en un planeta inhóspito (que a ratos deja momentos visuales de gran belleza), junto con unas interpretaciones que dan lo mejor de unos actores ya vistos en innumerables ocasiones da como resultado una buena película que nos devuelve al mejor Ridley Scott; o, por lo menos, no nos muestra al malo realizador.

Calificación: Muy buena.

Lo Mejor: El optimismo que irradia, la fotografía, las interpretaciones, y el ritmo de la cinta que no se hace pesada en ningún momento.

Lo Peor: Pensar que Ridley Scott no es capaz de mantener este nivel en sus próximas cintas.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Si quieres leer la reseña del libro en el que se basa

El Marciano Andy Weir

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt3659388/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Regresión

Resgresion poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Regression

Año: 2015

Director: Alejandro Amenábar (Tesis, Abre los ojos, Los otros, Mar Adentro, Ágora)

Guión: Alejandro Amenábar

Música: Roque Baños

Fotografía: Daniel Aranyó

Reparto

  • Ethan Hawke
  • Emma Watson
  • David Thewlis
  • Devon Bostick

El esperado retorno de uno de los mejores directores del cine patrio se ha hecho esperar. El realizador de origen chileno, que ya hace veinte años desde que deslumbró y asombró a todos en el panorama cinematográfico español con su debut en el largometraje (una estupenda “Tesis” que ha sentado las bases de lo que debería ser este cine), ha tardado unos cinco años en volver a las pantallas desde que nos contó la historia de “Ágora”. Desgraciadamente, parece que este descanso entre proyectos no ha servido para asentar una historia brillante como sus otras cinco restantes, pinchando en esta ocasión con un bajón de calidad en una cinta cuyos mayores defectos son básicamente responsabilidad del realizador, con lo que nos queda resignarnos mientras esperamos que en próximos trabajos haya más aciertos.

Es algo normal que no se puede reprochar, Amenábar siempre ha sido un realizador de diez que nunca ha querido acomodarse a base de renovar los clichés del cine de género. Con “Tesis” dio una lección magistral de intriga, puesta en escena y desarrollo de la trama. Con “Abre los ojos” mezcló el mundo onírico con el de las obsesiones en otro thriller que tocaba la ciencia ficción, mientras que “Los otros” vislumbró un aumento en el presupuesto y la proyección internacional del reparto en una película de terror psicológico decimonónico. El cambio de género fue radical con “Mar adentro”, y “Ágora” era una crónica histórica de uno de los períodos menos conocidos de la humanidad. Poco había que reprochar a un director que siempre ha buscado el riesgo y salirse de lo fácil, si bien es su etapa española en la que más acertado estuvo, básicamente por mostrarnos que hacer cine de género en España no es tan difícil como nos quieren hacer mostrar.  Escenarios españoles, con actores españoles, también pueden ser sinónimo de historias de evasión e intriga, sin caer en el ridículo ni en leivmotivs trasnochados y simplistas. Y abrió la puerta a las producciones internacionales hechas desde casa, con las estrellas del momento en el reparto y conservando la nacionalidad en la firma. Con semejantes credenciales es justo darle un voto de confianza a cada nuevo estreno que presente; y si bien hay que ser imparcial en las críticas cuando la calidad baje (como es este caso), no se puede ser excesivamente duro con ellas esperando que esto sirva de acicate en sus próximos proyectos (y que no sea el mismo caso de M. Night Shyamalan, donde cada película ha ido a peor de manera exponencial).

En un pequeño pueblo de Minnesota, en 1990, el detective de la policía local Bruce Kenner investiga un supuesto caso de abusos sexuales de un vecino de la localidad con su hija. Estamos en la América profunda, y las familias con creencias religiosas radicales abundan en esta parte del país. Pero una entrevista con la hija, Ángela, revela que todo puede ser más complicado de lo que parece. Prácticas satánicas y sectas esotéricas se mezclan en una trama en la que el psicólogo Kenneth Raines se une a Kenner para ayudarle a recopilar pistas, mediante una técnica de hipnosis llamada regresión, que ayuda a los testigos a recordar hechos que están en sus subconscientes pero que no quieren salir. Todo el caso se complicará, al adentrarse en un mundo más peligroso de lo que uno se podría imaginar.

Para esta historia de extremismo religioso, hipnosis y rituales satánicos, Amenábar se ha rodeado de un siempre eficiente Ethan Hawke y una mediocre Emma Watson. El primero es especialista en proyectos fuera de la corriente mainstream de las carteleras (no hay más que ver sus colaboraciones con Richar Linklater), mientras que la segunda viene de la saga Harry Potter intentando hacerse un nombre en un cine más maduro. Si bien Hawke hace algún esfuerzo por hacer creíble a este policía obsesionado con el caso y repelente con sus propios compañeros, Watson fracasa totalmente al dar ningún matiz a su personaje. Ni fragilidad, ni desasosiego, la joven actriz es uno de los fallos más clamorosos de una película que se supone se centra en ella. Y lo mismo se puede decir de los secundarios: aunque con los minutos en pantalla del psiquiatra la cinta gana algo de peso por ayudar en la resolución de la trama (y ser el de David Thewlis otro de los rostros reconocibles del reparto internacional), del resto de personajes podemos olvidarnos por completo, ya sea la abuela, el padre, el sacerdote, el jefe de policía o los compañeros del protagonista. Ninguno resalta más que otro, ni aportan gran cosa a la insulsa trama que no hace nada por engancharnos.

Porque ése es el gran defecto de la cinta: el argumento escrito por este genio de las tramas terroríficas no tiene en esta ocasión ni chicha ni limoná, dicho en lenguaje castizo. La garra que ha presentado siempre Amenábar como seña de identidad al inicio de sus otras películas  n0 está presente aquí, lo cual hace muy cuesta arriba seguir esta película desde el principio. Desde los pocos minutos iniciales uno pierde el interés por lo que le están contando. El director no define ni remata en los primeros minutos un argumento que seguirá el resto del metraje sin enganchar. En algún momento se pone interesante, sí, y puede entreverse un atisbo de terror en la trama que hace que recuperemos algo de interés desde nuestras butacas; pero ya es demasiado tarde y además no dura mucho este cambio de ritmo en la intriga que nos van contando, con lo que encaramos el último acto de la película con una desgana impropia en el cine de este director, con un argumento tramposo y poco efectivo. No es que pida a gritos los giros de guión con sorpresa que le han hecho célebre en su filmografía, pero por lo menos que no decaiga el interés en una historia totalmente aburrida en todas sus vertientes.

Como cualidades, poco a destacar. Quizá el diseño de producción de esa anodina ciudad de Minnesota, con una recreación de los años noventa que nos recuerda a los mejores años de “Twin Peaks” y “Expediente X”, en los que en la América rural se presentaban los más variopintos misterios y había que hacer frente a una dispar tipología social a cual más extraña. Una fotografía en tonos oscuros donde la lluvia y los charcos nos da esa sensación de frío y desamparo ante las excentricidades de la gente. Y de nuevo Amenábar atizando a la religión como causa de intolerancia (por lo menos aquí no la demoniza como hizo en “Ágora”).

Como conclusión, solo queda esperar a que este fiasco le sirva de revulsivo a Amenábar para sus próximos títulos, esperemos menos prescindibles que esta “Regresión” que ni arriesga ni engancha, y fracasa en la elección del reparto.

Calificación: Regular

Lo Mejor: El diseño de producción de la cinta

Lo Peor: Una pérdida de tiempo en sus más de 100 minutos de metraje.

La vería de nuevo: No creo.

La Recomiendo: No

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt3319920/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Origen (revisión)

origen poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Inception

Año: 2010

Director: Christopher Nolan (Memento, El truco final (el prestigio), Batman Begins, El caballero oscuro, Interstellar)

Guión: Christopher Nolan

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Wally Pfister

Reparto

  • Leonardo Dicaprio
  • Ellen Page
  • Marion Cotillard
  • Joseph Gordon-Levitt
  • Tom Hardy
  • Cillian Murphy
  • Ken Watanabe
  • Michael Caine
  • Tom Berenger

De todos los realizadores que existen en la actualidad haciendo películas, definitivamente Christopher Nolan es mi favorito. Con un puñado de cintas en su haber (no habrá más de diez), cada vez que prepara un nuevo estreno es todo un acontecimiento por saber de qué manera nos sorprenderá y deleitará con su deslumbrante imaginería visual y sus argumentos seductores, siempre con alguna sorpresa en el guión. Que su primera o segunda película fuera aquel delicioso experimento narrativo llamado “Memento” (nunca he sentido que el director de una película me considerara tan listo a base de retorcer todas las claves de un argumento hasta lo narrativamente imposible) ya es toda una declaración de intenciones, pero es que luego se ha dedicado a reconstruir la figura de Batman como nunca nadie antes había conseguido darle la vuelta a un superhéroe y a una franquicia que estaba prácticamente acabada, para resucitarle en “Batman Begins” y hacer uno de los mejores blockbusters de acción de los últimos veinte años (“El caballero oscuro”). “El truco final (El prestigio)” e “Interstellar” no son sino otras muestras de su grandísimo talento y su gusto por los giros de guión y el entretenimiento puro y duro, dando motivos para pensar en sus películas incluso días después de haber salido de las salas de cine.

He dicho que “El caballero oscuro” es una de las mejores películas de los últimos veinte años, y no exagero en absoluto. Lo que no quita para ver lo inspirado que estaba cuando un par de años después firmó en 2010 esta estupenda “Origen”. Con un recubrimiento de blockbuster de acción y un Leonardo DiCaprio en estado de gracia, Nolan logró otra película absolutamente redonda tanto por su argumento (son 148 minutos de metraje que no dan un respiro al espectador), su ritmo brutal en el que parte por completo la teoría de los tres actos (el clímax final se prolonga a lo largo de la última hora de película, con la estrategia argumental de hacer varios niveles de sueños con su propias dimensiones temporales), sus grandes hallazgos visuales y su reparto lleno de grandes intérpretes (la manera en que Nolan recicla y reubica en sus películas a actores veteranos y noveles es admirable). La sensación que tuve cuando la vi en el cine por primera vez fue la de asistir a un nuevo “Matrix”, con una revolucionaria manera de rodar las escenas de acción y un argumento que te podía permitir mostrar cualquier cosa en la pantalla. Es posible que haya perdido fuelle a lo largo de los últimos años desde que se estrenó, pero yo creo que es más por la manera en que dejó al público perplejo por la ambigüedad de su interpretación, que por falta de cualidades artísticas.

Dom Cobb tiene una profesión muy especial, es un extractor o ladrón de sueños. Mediante una técnica desarrollada por militares, su trabajo consiste en meterse en los sueños de la gente, dentro de su subconsciente, para robar ideas o planes empresariales, lo cual es jugosamente remunerado. Su equipo de colaboradores le ayuda a crear el sueño de la víctima, montando un mundo basado en la realidad pero con sus propias reglas, y buscan sus secretos más recónditos para realizar uno de los espionajes industriales más sofisticados que existen. Pero su último trabajo sale mal, y la víctima (que realmente estaba probando la valía de Cobb) les ofrece otro trabajo como compensación. Se trata de implantar una idea en vez de robarla, realizar lo que se conoce como un “origen” o “inception”, para que el dueño de un grupo empresarial rival cambie de planes corporativos. Cobb ya lo ha realizado otra vez, se trata de una técnica de gran complejidad y requiere de maestría en su ejecución. Pero no hay elección, y si todo sale bien Cobb tendrá la oportunidad de redimirse y poder volver a su casa con sus hijos en los Estados Unidos, que una vez tuvo que abandonar por una tragedia personal, y a los cuales no había vuelto a ver desde entonces. Lo más importante para Cobb será moverse por la delgada línea que separa el mundo onírico del real, y superar sus antiguos miedos y recuerdos que pueden volverse mucho más peligrosos de lo que se puede uno imaginar.

Película perfecta en todos los sentidos, pocas veces se puede asistir a una sala de cine y tener la sensación de que todo le ha salido redondo al director. La sensación de sorpresa y fascinación es total, y uno puede estar dándole vueltas a la cinta durante varios días. Como en “El truco final”, Nolan nos vuelve a hacer un truco de magia, y nos hace creer que nos ha robado la cartera cuando en realidad la seguimos teniendo en nuestro bolsillo. Menos tramposo que muchos de los directores actuales que se afanan por autodenominarse los nuevos reyes del suspense, Nolan nunca ha subestimado la inteligencia del espectador, y nos muestra siempre todas las cartas de la baraja antes de hacernos creer que nos está engañando. En esta ocasión se nos superpone varios niveles de realidad y lo confronta al mundo onírico, usándolo como excusa para dinamitar una estructura argumental que pocas veces veremos tan bien expuesta como aquí. Si tradicionalmente una película tiene una introducción, un planteamiento de la trama donde se nos explican los dilemas de los protagonistas, un nudo donde esos dilemas se ponen de manifiesto, y el desenlace que resuelve esos dilemas, en “Origen” los desenlaces son varios y se van superponiendo mientras se juega con el concepto de dilatación temporal para insertar varios clímax cada cual más adrenalítico. Es uno de los mejores usos del ritmo y del tempo argumental que he visto nunca en la gran pantalla, que hace que sus más de dos horas de duración pasen como si nada, y que en ningún momento decaiga la atención por lo que estamos viendo. Nolan dedica el tiempo justo a presentar los dilemas y explicar las reglas del juego, da las explicaciones neceserias para entender el argumento al que nos enfrentamos, sabedor de que importa poco la verosimilitud del relato puesto que esto no es ciencia ficción pura.

Otro gran acierto que tuvo la cinta fue la imaginería visual que planteó. De un París cuyas calles y edificios se replegaban sobre sí mismos desde el cielo o cuyas cafeterías y tiendas implosionaban, a una pelea en gravedad cero en el pasillo de la planta de un hotel, todas las escenas presentan hallazgos visuales que la hacen fácilmente reconocible, y por la que se convirtió en clásico instantáneo en el momento de su estreno. La puesta en escena y los escenarios mezclan lo onírico con el manga japonés y lo tecnológico, dando lugar a una especie de “ciber-realidad” que pega mucho con el planteamiento que sugiere la cinta, acreedora del estilo que una década antes impregnó Matrix a todo el cine de acción desde entonces. A ratos película de atracos y grandes robos de guante blanco, con escenas sacadas de películas de James Bond y de Indiana Jones, hay que decir que el tono general supera todos los referentes de los que bebe para adquirir entidad propia y trascender el género. Y a todo esto ayuda otro de los grandes aciertos del filme, su esplendoroso reparto que incluye a grandes estrellas algo olvidadas (un Michael Caine fetiche para el director y al que le ha dado una gran carrera profesional en su madurez profesional, un Tom Berenger al que creíamos imposible en otros papeles que no fuera el de curtido soldado) junto con habituales de su cine (Cillian Murphy demostrando amplitud de registros, Marion Cotillard totalmente desasosegante en cada aparición que hace) y estrellas rutilantes en ciernes demostrando su valía (un Joseph Gordon-Levitt que junto con “Looper” sorprendió a todos en su faceta de cine de acción, un Tom Hardy al que a partir de aquí empezó a despuntar en todo tipo de papeles, una  Ellen Page perfecta en su papel de joven aprendiz del negocio). Y sobre todo un DiCaprio estrella de la función que demostró que está en su madurez interpretativa, dejando de ser el ídolo de jovencitas de antaño. Todo esto dio como resultado una de las mejores muestras del género de los últimos años, sólo un escalón por debajo de “El caballero oscuro” (la cual es, para mi gusto, una de las obras maestras más indudables de los últimos), y merecedora de varios visionados para todos los aficionados al género.

Calificación: Imprescindible

Lo Mejor: El ritmo argumental, los distintos planteamientos superpuestos del clímax, los hallazgos visuales, el grupo de intérpretes en su conjunto, un DiCaprio en su momento de gracia, las incógnitas que plantea su trama.

Lo Peor: Nada

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1375666/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Anacleto: Agente Secreto

Anacleto poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Año: 2015

Director: Javier Ruiz Caldera (Tres bodas de más, Promoción fantasma, Spanish Movie)

Guión: Pablo Alén, Breixo Corral, Fernando Navarro

Música: Marc Blanes, Pablo Uroz

Fotografía: Gemma Fauria

Reparto

  • Imanol Arias
  • Quim Gutiérrez
  • Alexandra Jiménez
  • Berto Romero
  • Carlos Areces
  • Emilio Gutiérrez Caba
  • Rossy de Palma

Y con todo este año plagado de tantos estrenos de espionaje y agentes secretos, no podía faltar la aportación española al género, de la mano de uno de los mayores iconos del cómic de la segunda mitad del siglo pasado. Reconozco que yo era más de Mortadelo y Filemón o Superlópez; pero pese a ser más minoritario, Anacleto tenía un encanto especial en lo referente a ser copia de James Bond. Ya fuera por ir siempre de negro y con pajarita (un referente más cercano al smóking que la levita de Mortadelo), porque su nivel de payasadas no llegaba ni de lejos al de los personajes de Ibáñez, o porque el sempiterno cigarrillo en la boca le daba un aire más duro sin dejar de ser entrañable, Anacleto parecía tener cierto estilo que le hacía salir más airoso de las situaciones que otros personajes. Y, al igual que está pasando con todas las adaptaciones al cine de los tebeos clásicos (emulando al cine USA como no podía ser de otra manera), se corre el riesgo de coger un buen material de partida (digna muestra de la idiosincrasia nacional de épocas cercanas como era el tebeo español de los setenta), y naufragar con él a base de hacer películas olvidables, aburridas o toscas. Ejemplos son las tres entregas de Mortadelo y Filemón (a cada cual peor) o Zipi y Zape, en las que se superó en un primer momento la barrera visual para conectar con el público plasmando en pantalla lo que durante décadas nos entusiasmó en papel impreso; pero que luego, por guiones absurdos y poco coherentes, se convirtieron en películas aburridas y poco atrayentes. Y en esas, estamos, intentando ver si la incursión de Javier Ruiz Caldera en la comedia de acción adaptada de las viñetas supera a sus predecesoras en la difícil tarea de estar a la altura del cómic original.

Adolfo es un treintañero desganado y sin futuro que trabaja como vigilante de seguridad. La relación con su novia pasa por un momento de crisis y su vida está abocada a la apatía y la mediocridad. Y tampoco se lleva bien con su padre Anacleto, hasta que una serie de acontecimientos extraordinarios le revelan la verdad: su padre es un agente secreto desde hace décadas, que trabaja para una organización de inteligencia nacional salvando al mundo y todas esas cosas. Pero el archienemigo de Anacleto, el malvado Vázquez, se ha fugado de la prisión donde llevaba años recluido, y ahora Adolfo deberá aunar fuerzas con su padre para evitar que su venganza acabe con ellos, mientras pone en práctica todas las artes de supervivencia que Anacleto le ha ido transmitiendo con el tiempo, e intenta recuperar una relación padre e hijo anquilosada tras el paso de los años. Y, de paso, volver con su novia mientras salvan al mundo y acaban con Vázquez.

Tras varias incursiones en todas las clases de comedias que se pueden encontrar en el cine patrio, a Javier Ruiz Caldera le quedaba ya solo el género de acción al que siempre se le resiste el cine español. En la misma línea que vimos en “Kinsgman: servicio secreto”, donde los espías protagonistas combinaban humor y acción salvaje, con bromas autoreferenciales y un tono lúdico que ayudaba a diluir la violencia que impregnaba la película, aquí tenemos una vuelta de tuerca del agente secreto que leímos en las viñetas hace más de treinta años. Se trata más bien de una puesta al día, a base de hacer coprotagonista a su hijo que es quien da el contrapunto cómico y realista. Con este truco de guión es más creíble todo, a base de hacer que un personaje se cuestione toda la inverisimilitud que plantea la cinta y el tebeo, en la época actual. Y hay que decir que funciona, gracias a la gran labor de Imanol Arias que se mete en la piel del personaje, desde el flequillo hasta los zapatos. La idea de meterle treinta años al Anacleto que conocimos de joven hace que el inefable actor aporte su carisma y triunfe la película ahí donde otros fallaron (léase Mortadelo y Filemón). El mundo de las viñetas está presente (las travesías por el desierto, los cacharros tecnológicos pasados de moda, las contraseñas secretas made in Spain) pero ahora lo comparamos con la España de 2015 y la mezcla de costumbrismos pasados y presentes supone uno de los aciertos de la película.

También la trama supone otro acierto. La vuelta de tuerca a los espías y los supervillanos sorprende por lo novedoso en nuestro cine, mientras se mete acción, peleas, tiros y persecuciones de una manera que pocas veces hemos visto, integrados en el argumento. Si a esto le añadimos alguna dosis de suspense e intriga, giros argumentales impropios de nuestra cinematografía, y todo ello sin abandonar el humor cachondo y descacharrante. Para ello, Imanol Arias ha sabido ceder protagonismo a los jóvenes astros y Berto Romero se convierte en pieza fundamental en el alivio cómico de la cinta. Ayudado por Alexandra Jiménez y Carlos Areces, la película introduce comicidad a raudales que no hace más que aligerar las escenas más bestias y no dejar que la seriedad tome el mando de la cinta, y es en parte por la labor de estos secundarios. Como defecto principal incluyo a Quim Gutiérrez, el cual no está a la altura del papel y al que no le acabo de ver las grandes cualidades cómicas que se le esperan de él. Elemento crucial en la trama, sobre el que pivota la transición entre la seriedad y la comicidad del filme, carece de las dotes interpretativas necesarias para estar a la altura tanto de Imanol Arias en la vertiente seria, como de Berto Romero en la cómica. Puede ser por esa manera de hablar tan poco clara que tiene, y que le falle la dicción a la hora de interpretar, pero lo cierto es que su presencia es el mayor defecto en una cinta que por lo demás, cumple a la perfección su cometido, teniendo en cuenta los estándares del género en el cine español: entretiene, está bien rodada y no deja en mal lugar a su referente de tebeo. Por la parte de comedia sabíamos que no iba a defraudar, y es en la parte de acción en la que sorprende por presentar una calidad inusitada.

Calificación: Buena.

Lo Mejor: Imanol Arias

Lo Peor: Quim Gutiérrez

La vería de nuevo: Puede

La Recomiendo: Para lo que suele ser el cine español de acción, sí.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt3510480/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Operación U.N.C.L.E.

OPERACION UNCLE poster 2

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The man from U.N.C.L.E.

Año: 2015

Director: Guy Ritchie (Lock & Stock, Snatch: cerdos y diamantes, RocknRolla, Sherlock Holmes)

Guión: Lionel Wigram, Guy Ritchie

Música: Daniel Pemberton

Fotografía: John Mathieson

Reparto

  • Henry Cavill
  • Armie Hammer
  • Hugh Grant
  • Alicia Vikander
  • Elizabeth Debicki

Definitivamente 2015 está siendo un gran año para el cine de espionaje, mi género favorito. De momento llevamos una buena muestra con títulos a lo largo del año como “The November Man” (Pierce Brosnan demostrando su buen hacer en el género, más serio y menos socarrón); “Kingsman: Servicio Secreto”, (Colin Firth en una comedia de acción descerebrada y gamberra, mezclando una historia callejera de enseñanzas personales a lo Pigmalión con los espías más elegantes de todo el imperio británico); “Espías” (donde Jude Law y Jason Statham ponían su granito de arena en la deconstrucción cómica del género); “Misión Imposible: Nación secreta” (Tom Cruise y su inefable personaje Ethan Hunt ya se han convertido en merecedores de un puesto especial en el cine de espionaje, dinamitando este verano las taquillas que han dejado en muy buen lugar a la franquicia);…  y sin dejar un momento para que recuperáramos el aliento y asimiláramos las nuevas proezas de Cruise, nos viene esta excelente “Operación U.N.C.L.E.”, que no es sino la incursión de Guy Ritchie en el género, y una manera de sacarse el británico una espinita clavada por no haber rodado nunca un Bond. Y todavía quedan grandes títulos para este año, como la versión patria del género gracias a “Anacleto, agente secreto” en septiembre; la aproximación de Steven Spielberg a la guerra fría con Tom Hanks en “El puente de los espías” en octubre; o el plato fuerte que supone el estreno de “Spectre” en noviembre, el regreso de Daniel Craig al espía más longevo del cine, en la 23ª entrega de 007. Definitivamente, un buen año, y esta “Operación UNCLE” es una deliciosa recreación de la época clásica del espionaje, los sesenta, donde los rusos luchaban en la sombra contra los americanos, la amenaza nuclear estaba a la orden del día y la gente vivía despreocupada en Occidente ajena a los tejemanejes de los gobiernos. Y por supuesto, tras la irrupción del personaje de 007 en esta época, no tardaron en salir imitadores en todos los medios, incluida la TV. Uno de estos casos fue la serie “The man from U.N.C.L.E” (o en español “El Agente de C.I.P.O.L.”), en la que el propio Ian Fleming colaboró en su creación en 1964, y donde Robert Vaughn salvaba al mundo en la pequeña pantalla de manera análoga a cómo lo hacía Sean Connery en la pantalla grande. Es decir, con estilo, maestría y una pizca de chulería.

Y como no podía ser de otra manera, un gran material televisivo para ser adaptado al cine no podía quedarse sin su versión peliculera, y de esta forma Guy Ritchie ha podido dar rienda suelta a su visión de los espías internacionales con ese peculiar estilo londinense de la acción y la desventura (más suavizado, eso sí, para conservar cierta esencia norteamericana en el protagonista). Y Henry Cavill, uno de los rechazados en interpretar a James Bond cuando se eligió a Daniel Craig en 2005 (era demasiado joven en la época), se desvela como uno de los posiblemente mejores candidatos a heredar el papel en un futuro, por dar el tipo en cuanto a físico, elegancia, porte y savoir faire. Desde luego que ocasiones para demostrarlo no le faltan, desde la manera en que lleva los trajes, su particular resolución de las escenas de acción (imperturbable hasta decir basta, como en la escena del asiento de atrás del coche o la de la lancha y la camioneta), su desparpajo en llevar delantal, o incluso la forma en la que apunta con la pistola. Pero lo más importante de “Operación UNCLE” es la historia de iniciática de dos espías inicialmente rivales entre ellos, uno americano y otro soviético, junto a un jefe británico, que se unen a una agencia secreta de inteligencia, heredada directamente de la serie de televisión, con todo lo bueno que semejante argumento nos puede dar.

Napoleón Solo es un agente de la CIA con un pasado turbio como ladrón de guante blanco, obligado a trabajar para su gobierno como compensación por sus delitos. Estamos en plena guerra fría, en 1963. El mundo está dividido en dos bloques políticos y la tensión mundial se vislumbra en todos los titulares. En una de sus misiones en Berlín Oriental tiene que sacar a Gaby Teller, la hija de un científico nuclear secuestrado para que ayude en su búsqueda. Lo que no esperaba era encontrarse con el persistente y sobrehumano agente de la KGB Illya Kuryakin en su huída. Sus jefes de la CIA y la KGB deciden que aúnen sus fuerzas para buscar al científico desaparecido, junto con la ayuda de su hija, e investiguen a los empresarios Vinciguerra, un matrimonio italiano sospechosos de colaboración con los nazis en la guerra. La posibilidad de que se esté construyendo una bomba nuclear para que la use una organización criminal hace que los dos agentes secretos dejen sus diferencias a un lado para utilizar todas sus armas (y encanto personal, todo hay que decirlo) en la búsqueda del padre de Gaby.

Como si fuera consciente de la oportunidad que tiene Ritchie de demostrar su valía como director de una cinta de 007, todo en “Operación UNCLE” es ejercicio de estilo y desparpajo. La cinta derrocha elegancia por todos lados, y el haberla dejado ambientada en los 60 es toda una declaración de intenciones. La manera en la que transita por la oscura Alemania de la época y en la alegre Italia de la Dolce Vita es todo un festival para los sentidos. La película es un remedo de “La espía que me amó”, donde lo más grandioso del guión es el enfrentamiento continuo entre los dos protagonistas entre sí, ambos a la altura de las circunstancias y dándose la réplica en cada escena. Sin menospreciar a las protagonistas femeninas, que están a la altura de las circunstancias (negándose a ser el típico adorno que estos personajes hubieran sido en el cine de otra época), sobre todo Alicia Vikander que tiene momentos que se sale del papel (bailando y sacando de quicio al personaje de Armie Hammer). Pero es que entre Hammer y Cavill hacen suya la totalidad de la película, y ahí ha sido muy inteligente Ritchie en saber aprovechar esa química protagonista. La manera en que la película sigue el guión tradicional en este tipo de cine mientras que, sin que nos demos cuenta, desplaza el eje argumental a las chispas continuas que saltan entre los dos espías, es magistral. Da igual que peleen a brazo partido en unos baños públicos o que se enfrasquen en una lucha dialéctica acerca de la conjunción de los colores y los complementos con la moda femenina (hilarante), ambos actores saben sacar lo mejor de sus personajes en beneficio de la película. Y a pesar de lo manido del argumento a cinta no se hace repetitiva en ningún momento gracias a la nueva visión del espía aportado por Henry Cavill. Ya he comentado la escena de la camioneta, pero es que la chulería que demuestra tomándose un aperitivo en mitad de una persecución, para luego anteponer una incipiente amistad sobre otras cosas, es una de las mejores maneras de definir a un personaje de acción que he visto nunca en la pantalla. Y una manera de hacer orbitar la película sobre unas escenas de acción más reposadas y menos grandilocuentes (ya nos avisan al inicio con la huída reposada y pensada a Berlín Occidental).

Si tuviera que señalar algún defectillo a la cinta, le daría un tirón de orejas a Ritchie por su manía de abusar de los flashbacks explicativos del argumento; algunos de ellos de pocos segundos atrás en el tiempo, en escenas que no hacía falta volver hacia atrás para explicarlas si se hubieran rodado mejor. Si bien la intención es dar mayor ritmo a la cinta (la explicación del perfil de los protagonistas en pocos segundos), en algunos momentos juega en su contra por pretender un despiste que ocasiona más confusión que otra cosa en el espectador. Quizás a “Snatch” o Sherlock Holmes les venía bien este recurso argumental, pero aquí ya sobra y entorpece más que adorna. Pero por lo demás, todo es miel sobre hojuelas en una cinta donde la banda sonora brilla en su misión de sumergirnos en la década de los sesenta y en la dolce vita italo europea, la fotografía es animada y colorista, el vestuario acompaña y el diseño de producción crea el ambiente perfecto de la época. Todo un acierto esta adaptación de Guy Ritchie, que no aburre en su trama gracias a los recursos argumentales de que dispone, y que abre la puerta a continuaciones a las que no tenemos reticencia en esperar mientras siga la innovación campando a sus anchas por este mundo del espionaje.

Calificación: Muy buena

Lo Mejor: El duelo Cavill – Hammer le da una nueva dimensión al argumento. La ambientación está muy lograda, y capta el espíritu de la serie orginal.

Lo Peor: La manía de los mini flashblacks de Guy Ritchie

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí, es una gran muestra del género.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1638355/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Misión Imposible: Nación secreta

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Mission Impossible: Rogue Nation

Año: 2015

Director: Christophe McQuarrie (Jack Reacher)

Guión: Drew Pearce, Will Staples

Música: Joe Kraemer

Fotografía: Robert Elswit

Reparto

  • Tom Cruise
  • Jeremy Renner
  • Simon Pegg
  • Ving Rhames
  • Rebecca Fergusson
  • Sean Harris
  • Alec Baldwin

Prosigue esta incombustible saga que demuestra el gran ojo para los negocios y el sentido del espectáculo que tiene Tom Cruise. En 1996 se convirtió en productor y la estrella principal de un guión que llevaba dando vueltas por Hollywood varios años, el de la adaptación de una de las series icónicas de los 60. Dando la vuelta a todo el cine de espías que se había hecho hasta entonces, la primera entrega de Misión Imposible fue un festival de adrenalina, traiciones, agentes dobles, persecuciones, discos robados, escenarios clásicos de la guerra fría e incursiones al límite en zonas prohibidas. Brian de Palma le dio un sello único e inconfundible a la cinta y fue la semilla para que el género se reinventara con las siguientes películas de Bourne y Bond a lo largo de la década siguiente. La lástima fue que la secuela dirigida por John Woo lo estropeara todo y demostrara lo fácil que es pasar al extremo contrario, y con los mismos ingredientes hacer una película de acción descerebrada y sin sentido, por mucho que las escenas de riesgo fueran extremas (grandes coreografías en moto), que incluyera el toque romántico que da un personaje femenino (en la primera parte no hay romance entre los personajes, salvo una leve referencia con el personaje de la chica), que las incursiones y acrobacias imposibles sean todavía más imposibles, que el villano diera más miedo todavía en esta continuación, y que todo esté impregnado del típico toque poético de Woo en medio de los tiroteos (palomas volando mientras se ralentizan las imágenes). Contra todo pronóstico, todo se arregló en la tercera parte, con ese resucitador de franquicias que es J. J. Abrams y su toque mágico para contar historias dando la vuelta de tuerca que uno nunca se espera, y demostrando por qué Cruise tiene tan buena mano no sólo para elegir los papeles protagonistas, sino también los directores de esta franquicia millonaria. Después de la excelente primera parte, Misión Imposible 3 es la mejor entrega de esta saga, con el mejor villano, un gran argumento, una gran subtrama romántica (la relación con su chica es totalmente creíble y está integrada en el argumento de manera impecable), y una manera de contar la historia a base de flashbacks que quita el aliento. Luego vino la cuarta entrega de la franquicia y supo mantener el tipo, aunque en mi opinión el pico de calidad ya se ha dado repetidamente y, por mucho que Brad Bird, el director elegido, tuviese buena mano, ya resulta cada vez más difícil innovar en esta saga sin caer en los clichés ni que el “más difícil todavía” no sonroje al espectador. Y sin embargo, esta quinta parte que se nos presenta, hace lo imposible y sorprende por darle un nuevo aire a la franquicia a la vez que los guiños a entregas pasadas nos hacen recordar grandes momentos y olvidar las arrugas que le salen a Cruise con cada año que pasa. Asume grandes riesgos y en algún momento asusta por parecer algo repetitiva en relación a todo lo que se ha visto años atrás, pero en general sale airosa y nos aporta grandes escenas para el recuerdo, que ya forman parte de la iconografía de esta franquicia.

Tras su última misión en Ucrania, el agente especial Ethan Hunt descubre que una organización secreta a la que lleva siguiendo la pista desde hace bastante tiempo, el Sindicato, está más infiltrada en los servicios secretos de todo el mundo de lo que había pensado. Mientras en el congreso americano se debate que la IMF a la que pertenece Hunt cese sus operaciones encubiertas y se integre en la CIA, éste es buscado por medio mundo mientras se niega a entregarse al gobierno y exponerse a que el Sindicato le localice. Con todos sus antiguos compañeros localizados, interrogados y neutralizados, unos le buscarán y otros le ayudarán a enfrentarse a esta organización; mientras intenta conocer el papel que desempeña Ilsa, una misteriosa mujer que no sabe si está de su lado o en su contra, para demostrar que la amenaza del Sindicato es real y puede desestabilizar el equilibrio de los servicios de inteligencia de todo el mundo.

El arranque de esta entrega no puede ser más espectacular, y lo es por la tan cacareada escena del avión sin dobles que la resuelve en los primeros cinco minutos de la película. Siendo honestos, uno pensaba que iba a formar parte del clímax en los últimos compases de la cinta, pero la manera de presentarnos la situación, los personajes y el conflicto, sorprende de puro simple que es. En dos minutos ya están todas las cartas repartidas, y sin darnos cuenta la banda sonora épica de Lalo Schifrin está en pantalla con los créditos iniciales recordándonos más que nunca esa primera parte que pensábamos que ya no íbamos a volver a rememorar, salvo tirando de hemeroteca. Pero la vuelta a los escenarios clásicos del género de espionaje (Londres, Viena) ilusiona tanto a los fans de toda la vida como al espectador ocasional, y tras el juego típico de traiciones, persecuciones y desautorizaciones, Christopher McQuarrie nos cuela una noche en la ópera que es puro Hitchcock a la antigua usanza. Usando el clásico Turandot de Puccini, uno ya se espera el que el momento álgido de la aria se use para algo espectacular, y no decepciona. Con semejantes cartas mostradas, la cinta ya nos ha ganado por su vitalidad y ritmo, y solo ha pasado la mitad del metraje. Es por ello que, aunque luego haya algún recital de escenas ya vistas en otras ocasiones (la persecución en moto, la inmersión en la piscina), la cinta ya ha logrado su objetivo, que no es otro que el de desmarcarse del resto de entregas a base de alguna escena diferenciadora.

Con un grupo de personajes que rescatan a todos los viejos aliados de otras entregas, en esta ocasión los junta y los mezcla dejando que interaccionen creando conflicto entre ellos (Ving Rhames y Jeremy Renner colaborando juntos), mientras que el contrapunto cómico que es Simon Pegg está más integrado que nunca. Hasta Rebeca Fergusson recuerda en su físico al mejor personaje femenino de la saga (Michelle Monaghan, hábilmente sacada de los guiones en posteriores entregas), aunque el mayor defecto de la película sea precisamente la poca credibilidad de su personaje con el villano de turno (sin desvelar parte de la trama, decir que a ratos resultan inverosímil los tejemanejes que se traen). Por lo menos cumple su función de personaje misterioso y enigmático. Pero como siempre, Cruise es la verdadera estrella de la función, dejando que todo orbite a su alrededor lo justo, y sembrando de dudas el relevo de Renner como futuro eje de la franquicia (al estilo de Bourne).

Desde luego que a McQuarrie no se le puede negar brío en su cine. Siendo guionista de “Sospechosos Habituales” y “Al filo del mañana”, o director en “Jack Reacher”, se caracteriza por salvar los muebles en un cine que cada vez necesita reinventarse más, so riesgo de caer en el olvido más inmediato, y para ello sabe rodearse de astros consolidados en el sector (léase el propio Cruise). Y desde luego que con esta “Misión Imposible: nación secreta”, no cabe duda de que ha conseguido más de lo que se esperaba de él. Una película que, sobre todo, es entretenida y ágil, que deja a la franquicia en muy buena posición para futuras entregas y más viva que nunca, y que la salva de la quema de los olvidables blockbusters veraniegos que pasan sin pena ni gloria. No es una obra maestra pero hace que el género esté revitalizado.

Calificación: Bastante buena

Lo Mejor: La primera escena es pura adrenalina, y contrasta perfectamente con la escena de Viena que es pura intriga y tensión. Y recuerda mucho a la primera entrega de la franquicia, lo cual también es una gran ventaja.

Lo Peor: Que algunos retazos de la trama y del villano estén cogidos con pinzas.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2381249/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Del Revés

Del reves poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Inside Out

Año: 2015

Director: Pete Docter (Monstruos S.A., Up)

Guión: Pete Docter, Michael Amdt

Música: Michael Giacchino

Reparto (voces en el original)

  • Amy Poehler
  • Phyllis Smith
  • Richard Kind
  • Bill Hader
  • Lewis Black
  • Diane Lane

Pixar lo ha vuelto a hacer. Una productora de cine de animación digital, en sus orígenes filial de Disney que llegó a hacerse con las riendas de la compañía, ha vuelto a obrar el milagro. El estudio que nos trajo “Wall·E”, “Up”, “Toy Story 3”, “Los Increíbles”, “Ratatouille” y “Buscando a Nemo”, sigue creando obras de arte con mayúsculas. Igual que cuando parecía que era imposible superar Toy Story, que las sucesivas secuelas elevaron el listón de manera insospechada, llegando a tocar fibras sensibles en el espectador a las que nunca se imaginó que llegaría una peli de dibujos. Bien es cierto que entre medias hay alguna cinta más floja (esto, comparando con el resto de peliculones, no significa nada malo), y por ejemplo “Brave” o “Cars” y su secuela bajaron algo el listón, siendo la continuación de ésta un producto más destinado al merchandising infantil que otra cosa. Pero el ritmo de obras maestras al que salen año tras año desde hace veinte es espectacular, y viendo la originalidad e imaginería visual de las que hacen gala con cada nueva cinta, uno no puede menos que esperar cada nueva entrega con ilusión y emoción.

En concreto, con “Del revés” se han vuelto a salir. Hacer una película sobre los problemas familiares más o menos cotidianos de una niña de 11 años podía entrar dentro de lo normal y de lo visto en innumerables ocasiones en la pantalla. Pero usarlo como planteamiento para explicar de forma colorida y simbólica el proceso interno por el que las emociones y los recuerdos configuran nuestra personalidad ya es harina de otro costal. Puede que lo de mostrar lo que ocurre dentro de la cabeza de alguien no sea totalmente nuevo, pero una vez más Pixar desarrolla un mundo conceptual y unos personajes marca de la casa que se han convertido en mitos instantáneos, gracias sobre todo a un guión imaginativo que parte de razonamientos científicos reales (se consultaron durante la creación de la película a asesores científicos expertos en neurología y psicología), y por el que se ha desarrollado una lógica argumental aplastante que instruye y divierte a partes iguales. Y como siempre en una película de Disney – Pixar, hay un triple estrato de público objetivo al que va dirigida que hace que nadie se aburra y sea de obligada visión para todos: los más pequeños se entusiasmarán en un primer nivel con los coloridos personajes básicos que encarnan las emociones, los jóvenes disfrutarán con la historia alejada de las ñoñeces habituales de su edad, y los adultos encontrarán dobles interpretaciones en las bromas y un argumento  más serio de lo que los más reacios a este cine puedan pensar. Y es que hace años que el cine de animación ya no es exclusivo de los más pequeños, gracias en exclusiva a Pixar y a las historias dirigidas a todos los públicos, sin menospreciar a los mayores, pero cuyo punto de partida siempre está adornado con un gran atractivo visual y colorista que encanta a los niños (y no tan niños): lo que ocurre en un cuarto con los juguetes cuando los dueños no están, los monstruos que se esconden en los armarios de nuestra habitación, la búsqueda de un pez por la inmensidad del océano, una casa que echa a volar con la ayuda de  miles de globos de colores, … El cine de Pixar siempre se caracteriza por un punto de partida en un principio ingenuo y colorista, y con una historia buenrollista e inocente, de disfrazar grandes dilemas vitales con planteamientos aparentemente infantiles, pero que siempre acaban sorprendiendo a todo espectador adulto que decida dar una oportunidad acercándose a las salas. Y siempre a años luz de sus competidores, incapaces de dar profundidad moral a las cintas con las que intentan arrebatar el trono a estos reyes absolutos de la animación.

Riley es una niña de unos doce años que vive en Minnesota y a la que le encanta el hockey sobre hielo. Dentro de su cabeza, las cinco emociones básicas que tiene todo el mundo se dedican a configurar su personalidad a diario y a establecer los recuerdos de todo aquello que ocurre en su vida en la memoria a largo plazo. Empezando por Alegría, su emoción predominante, siempre contenta y optimista, dispuesta a que Riley disfrute con cada momento del día. Alegría está continuamente intentando que Tristeza, por definición llorosa y triste, no impregne de pesimismo los mejores momentos. También tenemos a Ira, que hace que de vez en cuando el enfado domine la situación. O Asco, que rechaza todo aquello que no sea lo suficientemente atractivo, y Miedo, que se ocupa de la seguridad de Riley a base de temer todo aquello que pueda ser una amenaza. Cuando los padres de Riley se muden a San Francisco por asuntos laborales, todo el sistema de control de emociones se trastocará, Alegría y Tristeza sufrirán un percance que les alejará del centro de mando de las emociones, haciendo que Riley experimente una nueva situación que le hará pasar por estados de ánimo impredecibles y desconocidos hasta el momento. De Alegría y Tristeza dependerá entonces que la cabecita y todo el sistema de recuerdos de Riley sean capaces de superar estos malos momentos.

Menos infantil y más madura que el último taquillazo de Disney, Frozen, con “Del Revés” tenemos todo un ensayo psicológico y hasta neurológico, disfrazado de película colorida y divertida. Todo encaja en ella, con un argumento ideado de manera genial desde el primer minuto hasta el último, como piezas de relojería que funcionan con la precisión de un reloj suizo. Los personajes dentro de la cabeza de nuestra protagonista están tan bien integrados en la trama que uno pensaría que existen en la realidad, incluyendo el amigo imaginario hecho de piezas de varios sueños. Y el cambio de plano dramático que supone el pasar del mundo real al mundo de los pensamientos es un ejemplo de virtuosismo argumental, sirviendo de alivio cómico para los momentos más tensos y viceversa; al intercalarse ambos planos en los momentos más adecuados se otorga un ritmo a la historia que hace que el tiempo pase sin que nos demos cuenta y nos quedemos con ganas de más.

Mientras vemos el paso de la infancia a la madurez (y nos imaginamos la que se liará cuando lleguemos a la pubertad en una de las mejores escenas del filme), “Del Revés” nos explica porque hay personas esencialmente alegres y personas esencialmente tristes, miedosas, cabreadas o permanentemente pasotas. Como la emoción predominante de Riley, la película es alegre, optimista y motivadora. El buen ánimo con el que sales del cine no lo consigue la mayoría de la cartelera  actual. Y como todo el cine de Pixar, también resulta imposible no ponernos melancólicos en alguna parte de la trama, sabedores de lo fundamental de la Tristeza, tan necesaria como la Alegría para que avancemos en determinadas fases de nuestra vida. Obra maestra de manera instantánea (no lo digo yo, también el festival de Cannes ha sucumbido a su perfección), solo cabe decir que Pixar lo ha vuelto a lograr.

Calificación: Imprescindible

Lo Mejor: Todo: los personajes, el argumento, el poder visual, el buen rollo que transmite, la base real que subyace detrás…

Lo Peor: Nada: sabemos que Pixar nos puede sorprender con cada nuevo bombazo. Si hasta la posibilidad de una secuela tiene gran potencial…

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2096673/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Terminator Génesis

Terminator genesis poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Terminator Genisys

Año: 2015

Director: Alan Taylor

Guión: Laeta Kalogridis, Patrick Lussier

Música: Christophe Beck

Fotografía: Kramer Morgenthau

Reparto

  • Arnold Schwarzenegger
  • Emilia Clarke
  • Jason Clarke
  • Jay Courtney
  • K. Simmons
  • Matt Smith

Tras revisitar la mítica Mad Max hace pocas semanas, siendo el artífice original de la saga capaz de dar la vuelta a su franquicia y personaje estrella para convertirse nuevamente en un referente de la complicada cartelera actual, con Terminator Génesis tenemos el caso contrario: un intento de revitalizar una saga fundamental para conocer el género de acción actual, pero que con cada nueva entrega se ha ido deshinchándose inexorablemente, para crear subproductos carente de la chispa inicial de las dos primeras entregas. Con la inicial Terminator (1984), esta cinta de serie B realizó una fundacional aportación en la ciencia ficción adulta (con permiso de Blade Runner). Una película violenta como pocas (las muertes de los personajes tenían toda la razón de ser para entender el embrollo en el que nos metía la trama) y que nos dejaba sin aliento por el ritmo asfixiante al que nos sometía James Cameron con un argumento sin fisuras. Entre medias, reflexiones filosóficas acerca del destino último de la humanidad y del exceso de tecnificación al que nos dirigimos; paradojas temporales excelentemente resueltas que dejaban lugar a una historia de amor sin ñoñerías; efectos especiales que suplían la falta de presupuesto con ingenio sin renunciar a la espectacularidad; y sobre todo un aroma ochentero que justifica la genialidad de aquella década. No fue hasta 1991 que su dignísima secuela superó el original, haciendo volver a Schwarzenegger con un elaborado guión, y dando el toque justo de sentimentalismo a la historia; la cual seguía teniendo el toque serio y violento que la caracterizaba, mientras se metía en mayores jardines filosóficos hablando de la predestinación y superaba el presupuesto para ofrecernos mayores cotas de acción y espectacularidad. Que se convirtió en otro referente del género tampoco nadie lo duda, pero a partir de aquí el afán por exprimir la franquicia empezó a reducir la calidad de las continuaciones, afanándose inútilmente éstas por actualizar el argumento al mundo interconectado de las telecomunicaciones en que vivimos, y reemplazando imaginación y frescura con presupuesto y cansancio argumental. De hecho, hubiera sido más interesante centrarse en el arco argumental de la cuarta entrega (“Terminator Salvation”, que en 2009 no superó las expectativas creadas) que lo que hizo la tercera en 2003. Es decir, explorar nuevos derroteros en el mundo futurista post apocalíptico de la guerra contra las máquinas, en vez de continuos viajes temporales que crean paradojas solucionadas torpemente con el concepto de reinicio que ya usó Star Trek de manera más sabia.

El argumento, si has tenido la suerte de que ninguno de los spoilers en los trailers o carteles promocionales te lo haya destripado, es el siguiente: estamos en 2029. Los humanos llevan años en guerra contra las máquinas, que en su día se tomaron conciencia de sí mismas y se rebelaron contra la humanidad, lideradas por una supercomputadora llamada Skynet, y aniquilando con armas nucleares a la mayoría de la población mundial en lo que se conoció como el Día del Juicio. Pero los humanos supervivientes han conseguido agruparse en torno a una resistencia liderada por John Connor, genio militar y táctico que ha logrado doblegar al enemigo y revertir la situación de desventaja frente a las máquinas. La clarividencia de Connor en sus operaciones es legendaria, y en su última misión  descubren el arma definitiva de Skynet: una máquina del tiempo que ha enviado al pasado a un Terminator, un robot recubierto de tejido vivo que simula ser un humano especialista en infiltrar y exterminar humanos, con el objetivo de matar a la madre de John Connor en 1984, antes de que éste naciera. Pero Connor decide mandar a Kyle Reese, uno de sus mejores hombres, al mismo año para evitar que esto suceda, sin saber éste las implicaciones emocionales que supondrá la misión, y sobre todo sin conocer la nueva línea temporal paralela que se ha abierto tras unos sucesos inesperados, haciendo que ese 1984 no sea el mismo que conocemos todos.

Como ya he venido comentando en anteriores reseñas (Jurassic World, Los Minions), parece que se ha puesto de moda entre las grandes productoras dar toda la información posible de la película, incluyendo sus grandes giros argumentales, en el trailer. Esto es extremadamente grave en el caso de esta “Terminator Génesis”, donde las sorpresas de la trama deberían haber sido la gran baza del estreno, pero que inexplicablemente han decidido contarlas en los escasos tres minutos que dura uno de los avances. Los responsables de estas producciones sabrán, pero desde luego que todos estos fallos de producción suman a la hora de calificar negativamente la película, y este intento de reflotar la franquicia con nuevas tramas basadas en líneas temporales alternativas pone de manifiesto el cansancio cada vez más patente de la saga. Está clara la incapacidad de seguir desarrollando de manera coherente y digna una idea basada en personajes y argumentos que en su día fue novedosa pero que ahora ya no tiene nada más que aportar al género. Tras un primer acto algo esperanzador que juega con la nostalgia de revisitar la primera parte (calcando escenas y situaciones rodadas de nuevo, como la llegada de los antagonistas del futuro a 1984), y de mostrarnos la escena clave de toda la franquicia como es la de la máquina del tiempo, la cinta se va desinflando poco a poco sin ser capaz de remontar el vuelo ni atraer nuestro interés. A pesar de todas las explicaciones narrativas del desdoblamiento en la línea temporal, acaba desarrollando una trama que hace aguas por todos lados sin consistencia alguna, y con más interrogantes abiertos que cerrados. Y para enmascarar estas carencias narrativas, en algunos momentos tenemos sorpresas argumentales más que extrañas, mientras que en otros la cinta se limita a la huida hacia adelante, con persecuciones que ya son cansinas y disparos a Terminators que relativizan todo lo que ha pasado en anteriores entregas. En efecto, las máquinas letales que en la primera y segunda parte daban miedo por lo incansables de su persecución, y lo invulnerables que resultaban a las armas convencionales, aquí ya pierden su razón de ser ante tanta escena de acción sin sentido.

Y de hecho la saga en esta entrega intenta no tomarse tan en serio y ser algo más paródica. Si en la tercera entrega tuvimos un destello de este tipo de humor cuando Schwarzenegger se pone unas gafas totalmente ridículas, aquí está la trama más plagada de este tipo de guiños. Sirvan como ejemplo los esfuerzos para que el Terminator protagonista esboce muecas en vez de sonrisas, escenas heredadas directamente del metraje cortado de la segunda entrega donde se intenta humanizar al robot. O las continuas referencias a la máquina protagonista como “abuelo” (que en la versión original era el “Guardián”), que le da un toque familiar a la película del que adolecían las anteriores, esquivando en aquéllas la ñoñez en la que aquí ya es inevitable caer. Si hasta en una escena tenemos al padre, a la madre, al hijo y al abuelo…

Los actores hacen su trabajo lo mejor que pueden para no hacer de éste un producto mediocre. El John Connor de esta parte es más creíble que el infumable actor que le interpretó en la tercera (pero sin llegar al excelente nivel de Christian Bale en la cuarta, la más injustamente vilipendiada de todas las entregas), un Jason Clarke más que correcto. Jay Courtney y Emilia Clarke hacen un esfuerzo elogiable por recordarnos levemente a los actores que interpretaron sus papeles en entregas anteriores, por mucho que el primero se esté especializando en franquicias que más vale la pena no resucitar. Como punto a favor es el intento de mostrarnos una relación que es más tensa que la que había en la primera película, consecuencia lógica de la línea temporal alternativa en la que estamos. Y Schwazenegger está, por primera vez en su carrera, mostrando unas cualidades interpretativas de las que nunca ha destacado en el resto de su filmografía. Al menos en el citado tono paródico que le imprime a su personaje, al modo de Stallone en “Los mercenarios”, que le permite usar sus canas y sus arrugas sin necesidad de disimulos innecesarios.

 Como conclusión, decir que esta película entretiene, sin más. Pero que si se trata de enfrentarse con las primeras partes de la saga, suspende estrepitosamente en la comparación. No da ningún motivo por el que se deba seguir estirando innecesariamente la franquicia, agotada la vía de “Terminator Salvation”, y su único interés reside en ver como los guionistas lidian con una trama más que explotada y agotada, sin caer en el ridículo más estrepitoso. Una pena ver en qué se están convirtiendo tantos clásicos de los legendarios videoclubs, en vez de explorar nuevas vías en el cien de acción actual.

Calificación: Pasable.

Lo Mejor: El primer acto que nos introduce a la película, rememorando la primera parte

Lo Peor: Que se empeñen en exprimir las franquicias de este modo tan cruel

La vería de nuevo: No creo

La Recomiendo: Sólo si tienes curiosidad del argumento.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1340138/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Los Minions

minions poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Minions

Año: 2015

Director: Pierre Coffin, Kyle Balda

Guión: Brian Lynch

Enlace a la reseña de “Gru, mi villano favorito 2”

Reparto (voces en el original)

  • Pierre Coffin
  • Sandra Bullock
  • Jon Hamm

Reconozco que estoy ligeramente condicionado a la hora de dar nota a las películas que reseño. Salvo casos especiales que odio profundamente (Tarantino, 50 Sombras de Grey), la mayoría de cintas se llevan una calificación amigable por mi parte, y a muy pocas califico de manera negativa o por debajo del aprobado. Eso es por el sesgo implícito a la hora de elegir las películas que me llaman la atención, antes que otras menos atrayentes (solo por el mero hecho de elegir ya estamos dando una calificación). Y bueno, una vez vistas, (casi) todas tienen algo por las que merecen salvarse de la quema y recibir mi condescendencia, ya sea por algún actor atrayente, por un planteamiento que me empujó a ir al cine (aunque luego no estuviera a la altura), por un trailer vistoso, o por un argumento misterioso. Y eso es lo que les pasa a Los Minions, esos adorables hombrecitos amarillos que eran los robaescenas de “Gru, mi villano favorito” y su secuela. Con un lenguaje inventado mezcla de varios idiomas conocidos, una voz tremendamente aguda, una ternura y una mala leche a partes iguales, y unas apariciones estelares en pantalla, cada vez que asomaban por el argumento de la historia del villano con corazoncito que adopta a tres niñas huérfanas se llevaban las mayores carcajadas y aplausos del público. El éxito le pilló de sorpresa a la productora responsable de la animación (no era ni la todopoderosa Pixar ni la rival Dreamworks), y el merchandising habitual pronto se centró en estos bichos amarillos (peluches, videojuegos) y era de esperar que tuvieran una película dedicada a ellos a modo de precuela – spinoff. Y eso es lo que está arrastrando al cine a miles de personas, ante la perspectiva de una animación cada vez más dirigida al público adulto sin dejar de pensar en los más pequeños. Y como decía más arriba, mi nota debería ser más baja que la que finalmente es, pero me temo que no puedo resistirme al encanto que destilan estos hombrecitos dedicados a ser esbirros de los villanos más malvados, y encuentro algo que merece que esta cinta sea salvada de la quema.

Los Minions son unas criaturas amarillas que han habitado el planeta desde el origen de los tiempos. Desde la era de los dinosaurios, su empeño siempre ha sido seguir a los mayores villanos de la historia y convertirse en sus fieles esbirros. Pero una serie de desgracias a lo largo de los años ha provocado que estos pequeños hombrecitos se queden aislados en la Antártida durante décadas. Con el aburrimiento para ellos que supone no tener un amo malvado a quien servir, uno de estos personajes llamado Kevin decide arriesgarse y salir al mundo exterior a buscar un jefe al que servir. Junto con Stuart y Bob, llegan al Nueva York de 1968, y pronto descubren el sitio perfecto donde encontrar sus objetivos: una convención de villanos en Orlando, donde conocerán a la supervillana Scarlett Overkill, y a quien conseguirán unirse como secuaces para ayudarla a conseguir sus malvados planes. Tras viajar a Londres donde tiene su centro de operaciones, Scarlet les revelará su próximo gran trabajo: apoderarse de las joyas de la corona para demostrar que son capaces de estar a la altura sirviendo a un auténtico cerebro del mal.

El mayor problema que yo le veo a esta película es el cansancio que supone dedicar el protagonismo entero a estas criaturas. Con una trama inconexa y a menudo ridícula, la historia hace aguas la mayor parte del tiempo y los esfuerzos por atraer la atención del espectador recae continuamente en los gags de los Minions. Porque cuando nos olvidamos de las cucamonas que hacen los protagonistas, lo que queda es un vano intento de remontar la trama de villanos que con las anteriores entregas de “Gru” tenía cierta gracia y estaba mejor hilvanada. Aquí se abusa de esa idea conceptual del mundo al revés (donde los malos son los buenos) para llevarnos a la Inglaterra pop de los sesenta, y la verdad, tenía más interés la historia de que un supervillano adoptara a unas huerfanitas carentes de hogar, que la búsqueda de un jefe malvado capaz de dar trabajo a nuestros protagonistas. Y a eso le añadimos el segundo mayor problema de la cinta (y de todas las películas que se estrenan en la actualidad): el trailer que destripa toda la trama en todas sus versiones. Tanto el origen de los Minions, como todos los mejores gags de la cinta y la mayor parte de la trama, ya están desgranados en el primer y segundo anuncio de la película que semanas antes ya podíamos ver. Por lo que el efecto sorpresa está ya más que agotado y una vez entras en el cine hay pocos chistes más que se puedan salvar. Hasta el final es tremendamente predecible y te lo imaginas al minuto cero de que empiece la película. Como elementos a destacar de la trama que puedan tener gracia, está el de la familia que recogen a los protagonistas haciendo auto stop, o la persecución por Londres a ritmo de los Who mientras pelean con la mismísima Reina Isabel (y no, no es “la cucaracha”).

Porque la verdad es que pocas cosas más se pueden salvar de la cinta. Ni los secundarios de la película, la mismísima villana protagonista de la entrega, ni el personaje que hace su insufrible marido (cargante a más no poder cada vez que sale en pantalla). Ya sé que esto no es cine de autor, pero las motivaciones que mueven a estos personajes a tomar las decisiones que toman no tienen ni  pies ni cabeza (el marido de Scarlet no sabemos si es bueno, es malo, o sencillamente está más pirado que su mujer). Y la escena de la tortura en la mazmorra podría haber sido tremendamente graciosa, pero al salir este personaje se queda en otro chiste más de la película, corriendo el riesgo de ser una sucesión de sketches y gags al servicio de las bromas de las criaturitas protagonistas.

Y como decía al principio, sí, con todos estos argumentos, la película merecería un suspenso y la recomendación de no ir al cine a verla. Pero es tal la expectativa que ha levantado esta cinta, y nos han dado tantos buenos ratos estos entrañables personajes, que al final soy más condescendiente y me ablando un poco a la hora de calificar esta primera incursión de los Minions en solitario. La película es entretenida y punto, y esperemos que dejen una posible secuela de lado para cuando tengan un mejor argumento. De momento, la tercera entrega de “Gru, mi villano favorito” ya está en marcha, y supondremos que el dejarles de secundarios otra vez hará que se elabore una mejor trama, más conexa, y mejor hilvanada.

Calificación: Entretenida/Pasable

Lo Mejor: Las clásicas escenas sueltas que no tienen trascendencia en el argumento. La vistosidad y el carisma de estos personajes.

Lo Peor: Que en ningún momento la cinta logra remontar el vuelo para atraer el interés del espectador, más allá de lo que se ve en el trailer

La vería de nuevo: No creo.

La Recomiendo: Sí, perfecta para pasar un buen rato y entretener a adulos y niños.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2293640/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El apartamento (revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Apartment

Año: 1960

Director: Billy Wilder (El crepúsculo de los dioses, Sabrina, La tentación vive arriba, Con faldas y a lo loco, Irma la dulce, En bandeja de plata, Primera plana)

Guión: Billy Wilder, I. A. L. Diamond, Doane Harrison

Música: Adloph Deutsch

Fotografía: Joseph LaShelle

Reparto

  • Jack Lemmon
  • Shirley MacLaine
  • Fred MacMurray
  • Ray Walston
  • Jack Kruschen

Hace poco tuve ocasión de ver en pantalla grande una reposición de esta obra maestra del cine llamada “El Apartamento”. Una ocasión única para sentir la emoción en una sala de cine de ver una de las mejores comedias de la historia, rodada en la plenitud creativa de un genio llamado Billy Wilder, y durante la era dorada de un Hollywood en su madurez creativa como corriente artística, siendo a partes iguales capaz de emocionarnos, y de ser fiel testimonio de su época. Y es que en esta etapa las obras maestras se creaban a velocidad de crucero, y (si obviamos sus grandes dramas como “El crepúcusculo de los dioses”) así es como este maestro llamado Billy Wilder se coronó como rey absoluto de la comedia ligera, con títulos tan famosos como “Con faldas y a lo loco”, “La tentación vive arriba”, o “En bandeja de plata”. Películas que tenían a unos intérpretes en estado de gracia, desarrollaban un guión perfecto sin fisuras que hacía avanzar él solito la trama, y provocaban carcajadas entre el público como pocos realizadores podían lograr; aparte de tener siempre un puntito de ternura que dejaban un regusto dulce en el espectador (sin necesidad de tirar de humor grueso o chabacano como ocurre con el humor actual), pero sobre todo, sin resultar películas ñoñas o demasiado inocentonas. Todos recordamos las vicisitudes de Lemmon travistiéndose mientras a su pareja masculina no le importaba que fuera hombre en “Con faldas y a lo loco”, la profesión de Shirley McClane en “Irma, la dulce”, o la subtrama de esta “El apartamento” con la infidelidad machista típica en los cincuenta, donde era normal que los hombres tuvieran sus queridas para divertirse después del trabajo. Desde luego que las comedias de Wilder son atemporales y han marcado un camino a seguir en el género. Y la relevancia de esta película y ase hizo patente en el momento de su estreno. Ganó cinco Oscar, al mejor director, al mejor montaje, a la mejor película, a la mejor dirección de arte y al mejor guión original. De hecho, su importancia es tal, que la cinta está preservada en el archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

C.C. Baxter es un humilde trabajador de una gran compañía de seguros con sede en el centro de Nueva York. Por las mañanas miles de personas entran y salen de unas oficinas superpobladas con el ánimo de prosperar en su trabajo y conseguir un ascenso. Ése es el propósito de Baxter, y para ello se vale de su reclamado apartamento en el centro de Manhattan. Un preciado pisito de alquiler ni demasiado grande ni demasiado pequeño, del que hacen uso de manera abusiva sus superiores para tener un lugar donde dar rienda suelta a sus prohibidos escarceos amorosos. En efecto, la llave de su piso va de mano en mano por la planta de los ejecutivos y las molestias que esto le causa al pobre Baxter son a menudo tragicómicas, desde tenga que pasar la noche en un parque por no tener acceso a su propia vivienda, hasta que sus vecinos le confundan con un vividor rompecorazones sin escrúpulos. Pero la suerte de C.C. Baxter está a punto de cambiar, y el hecho de que uno de los principales ejecutivos del área de Recursos Humanos se entere de las prácticas poco honrosas de sus empleados puede dar un vuelco a esta situación; y para complicarlo todo, a la vez conoce a una de las jóvenes ascensoristas del edificio. Una chica guapa, agradable y simpática, por la que todas las miserias de la vida se compensan y hace que todo sea más llevadero.

“El apartamento” es una película deliciosa, con grandes momentos para hacer reír al espectador y también con su puntito de drama. En efecto, las situaciones por las que pasa el personaje de Lemmon son en ocasiones para echarse a llorar, puesto que encarna al clásico pobrecillo envuelto en problemas sin merecerlo. Pero todo ello queda tamizado por su interpretación, una de las mejores de su carrera, donde su repertorio cómico es inacabable y que lleva el guión (también co-escrito por el propio Wilder), a límites del género nunca vistos, y que merece situarse a la misma altura de los grandes del cine (Charlot, Buster Keaton). Su cabeza moviéndose a la vez que la máquina de escribir, las infinitas llamadas para cambiar la cita de uno de los usuarios del piso, el baile de Nochevieja en el bar con un ligue, la raqueta de tenis usada como improvisado escurridor de espaguetis,… Hay tantos momentos mágicos en esta película que es difícil quedarse con uno solo. Su contrapunto perfecto es una agradable Shirley MacLaine, nunca tan guapa como aquí y su personaje perfectamente perfilado, con sus preocupaciones y sus motivaciones. La trama da tantas vueltas y hay tantos giros de guión, que cada situación es una pirueta interpretativa más de los protagonistas, diseñadas para tocar en el momento adecuado la fibra en el espectador.

De hecho, la película funciona perfectamente como radiografía de la sociedad del momento, con ese machismo heredado de décadas anteriores donde los hombres tenían vidas paralelas en función de la familia o de las amantes del trabajo. Igual que lo mostrado en la serie Mad Men, pero sin la distancia crítica de la mirada actual (lo cual es más difícil y meritorio). Ya se encarga Wilder de atizar ese reprobable comportamiento infiel mediante las odiosas decisiones del personaje de Fred MacMurray, por ejemplo. Y el retrato costumbrista de la sociedad neoyorkina de los sesenta es certero y punzante, y de hecho vemos sus fiestas, su trabajo, sus casas… La ciudad (y no digamos ya el propio apartamento) es un protagonista más, y es de esas películas (junto con Desayuno con Diamantes, por ejemplo) en las que Nueva York nunca estuvo tan bien dibujada (antes de la era Woody Allen).

Pero si me tengo que quedar con algo, es el final. Rápido, precipitado, con una sombra de drama dibujado segundos antes, para alegrarnos acto seguido el alma con un final feliz nada previsible, con esa partida de cartas inacabada. Unos minutos antes, (por si en algún momento pensábamos que era un trepa sólo interesado en el ascenso), el personaje de Lemmon ya se ha dignificado de manera absoluta con el juego de llaves de su apartamento, jugando con el espectador, y dejando que por un breve leve instante malinterprete la situación. Toda una jugada que muestra una labor de guión perfecta, y el digno final a una película que durante todo el argumento ha captado la atención del espectador, marcando el ritmo sin que le dé tiempo a aburrirse. Una película perfecta de principio a fin por sus actores, su guión, su fotografía en blanco y negro, su música, su mezcla de drama y comedia, su trama y temática subyacente (la del intento de prosperar a toda costa en una sociedad ultra competitiva), su crítica social, los decorados donde está rodada, y la ciudad que sirve de escenario. Una obra maestra de un genio que difícilmente veremos repetir.

Calificación: Obra maestra.

Lo Mejor: Todo, es la confluencia perfecta de circunstancias en una época que daba grandes películas cada poco tiempo.

Lo Peor: Que ya no se hagan películas así.

La vería de nuevo: Siempre

La Recomiendo: Por supuesto.

Películas similares: Cualquiera de las grandes comedias de Billy Wilder.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0053604/

Tráiler en You Tube (español):

 

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