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Categoría genérica de puntuación de los libros

El primer hombre de la lente – E. E. «Doc» Smith

Reseñado por Bitterblink

Ya hablamos hace tiempo de Triplanetaria, la precuela de la saga de los Hombres de la Lente, así que tocaba seguir con el segundo tomo, El planeta secreto, publicado originalmente en 1950 bajo el título First Lensman. No entiendo por qué no se tradujo el título como «El primer hombre de la lente» desde el principio, pero teniendo en cuenta la edad de la primera edición del libro entiendo que lo llamaran «El planeta secreto», ya que en ese entonces los editores iban un poco a «tiro hecho».

Como ya comenté en la reseña de Triplanetaria, la ciencia ficción «palomitera» moderna no podría entenderse sin la influencia de Doc Smith. Star Wars, Star Trek, los Jedis y muchos otros tropos de ciencia ficción salen de esta saga.

Un dato curioso: pese a ser el segundo libro en orden de lectura, fue el último que Smith escribió, precisamente para tender un puente entre Triplanetaria y Patrulla Galáctica, que ya llevaban años publicadas por entregas en la revista Astounding. Por eso no tiene la estructura episódica de un serial, sino la de una novela pensada de una sentada para encajar las piezas que faltaban.

Sinopsis

Tras la debacle contra los nevianos que cerraba Triplanetaria, la Liga Triplanetaria consigue por fin la tecnología necesaria para plantar cara a las amenazas que acechan la civilización, pero el verdadero problema no son solo las armas: es la corrupción. El crimen organizado se ha infiltrado en las policías planetarias y ningún cuerpo de seguridad puede considerarse ya del todo incorruptible, así que hace falta un símbolo que no se pueda falsificar ni comprar.

Ahí entra Virgil Samms, alto cargo del Servicio Triplanetario, a quien un misterioso visitante empuja a viajar hasta Arisia, un planeta rodeado por una barrera que hasta entonces había hecho retroceder a toda nave que se acercaba. Samms es el primer ser humano que consigue cruzarla, y regresa con la Lente: un artefacto semivivo que solo puede llevar quien lo recibe, que se apaga si se lo intenta robar o traspasar, y que otorga poderes como la telepatía a quien demuestre ser digno de portarlo. Con ella nace la figura del Lensman y, poco después, la propia Patrulla Galáctica, un cuerpo policial y militar por encima de gobiernos y fronteras.

A partir de aquí la novela se mueve en dos frentes que se entrelazan. Por un lado, Samms recorre el sistema solar y más allá para encontrar a los primeros portadores dignos de la Lente, entre humanos y razas alienígenas tan extravagantes como es habitual en Smith (rigelianos, palainos, el inolvidable velantiano Worsel, un dragón alado con más patas de las que cualquier sastre humano sabría vestir). Por otro, en la Tierra estalla una batalla política: una maquinaria corrupta intenta controlar la presidencia de Norteamérica, y los Lensman se ven arrastrados a una campaña electoral que se libra tanto en los despachos como en los tugurios del planeta Trenco, con secuestros, infiltraciones y una flota enemiga —la llamada Flota Negra— acechando en la sombra. Sin desvelar cómo se resuelve cada hilo, baste decir que la novela sienta aquí, de forma bastante literal, los cimientos de todo lo que vendrá después en la saga: la Lente, la Patrulla, el enfrentamiento de fondo entre Arisia y Eddore que ya conocíamos de Triplanetaria.

Opinión Personal

Si en la reseña de Triplanetaria ya apuntaba lo evidente que resulta el eco de esta saga en la Orden Jedi de Star Wars, aquí la cosa se hace todavía más evidente: la propia Patrulla Galáctica, un cuerpo de agentes incorruptibles elegidos por un criterio casi místico y equipados con un objeto de poder que ellos mismos legitiman como jueces y guardianes de la civilización, es de manual para cualquiera que haya visto un capítulo de Star Trek o un cómic de Green Lantern.

No es casualidad que se cite constantemente a Smith como influencia directa de ambas franquicias: aquí está el germen de la flota estelar que patrulla el espacio en nombre del bien común, con su propio código moral por encima de la política local, y el germen de un anillo (o una lente) que solo puede portar quien es digno de él (los midiclorianos los eligen quizá jajaja). Y seguramente también esté detrás de otras muchas space operas que nunca lo han reconocido tan abiertamente.

Dicho esto, hay que leerlo con la óptica de la época. El libro es tremendamente fantasioso y bastante poco profundo: la moral es blanco sobre negro sin matices, los Lensman son poco menos que superhombres perfectos e incorruptibles, y el papel de la mujer sigue el mismo patrón naif de Triplanetaria, con Virgilia Samms convertida en objeto de rescate más que en agente de la trama. La parte más «policial y política» de la novela, centrada en tramas de corrupción y campañas electorales, se hace además algo más árida que los combates espaciales de la primera entrega. Aun así, se lee con agrado: Smith tiene ese don pulp de encadenar escenas de acción, alienígenas imposibles y tecnología cada vez más disparatada sin dejar que decaiga el ritmo. No pasa de entretenido, y desde luego no es un libro profundo, pero tampoco lo considero un mal libro: es un eslabón necesario y disfrutable antes de que la saga arranque de verdad en Patrulla Galáctica.

Quizá el punto más negativo es que este libro fue concebido como episodios casi «sueltos» por lo que no hay un arco narrativo fuerte que cohesione el libro, casi puede leerse como una serie de «capítulos independientes» aunque de alguna manera siga una linea temporal y de acontecimientos, son casi independientes. Eso es genial para publicar en una revista pero un poco rollo para un libro, lo bueno: que puedes saltarte capítulos sin sufrir, a veces puede ser necesario (antes comenté lo de partes políticas áridas), ahí lo dejo…

Entender este libro es entender buena parte de la ciencia ficción que vino después. Si te gusta el género, tarde o temprano tienes que conocer a los Hombres de la Lente.

Calificación: Entretenido

Lo Mejor: El nacimiento de la Lente y de la Patrulla Galáctica, y el elenco de alienígenas que empieza a formarse alrededor de Samms

Lo Peor: El trasfondo naif, la moral sin matices y el papel decorativo de las mujeres, herencia directa de los años 30-40

Lo Releería: Sí, es una pieza clave para entender el resto de la saga

Lo Recomiendo: A cualquier aficionado a la ciencia ficción clásica y, especialmente, a los fans de Star Wars y Star Trek que quieran ver de dónde viene buena parte de lo que aman

Un apunte sobre el anime

Ya que hablamos de influencias, merece la pena mencionar que la saga tuvo su propia adaptación al anime en los años 80, con un resultado bastante irónico. En 1984, cuatro meses después del estreno de El retorno del Jedi, Madhouse llevó a la pantalla la película Lensman: Secret of the Lens. Lo curioso es que, siendo Smith uno de los autores que alimentó a Lucas cuando este esbozaba los primeros borradores de Star Wars, la película japonesa hace el camino inverso y toma prestadísimo el imaginario visual de la trilogía original hasta el punto de que buena parte de la crítica la ha tachado directamente de refrito. Ironías de la vida, el original copiando a la copia.

El libro está descatalogadísimo, así que si lo ves en una feria del libro viejo hazte con él, si lo quieres leer hay algún ejemplar de segunda mano en amazon dejo el link abajo

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La sombra del loto negro – África Vázquez

Reseñado por Bitterblink

África Vázquez (Zaragoza, 1990) no es precisamente una novata. Publicó su primera novela con diecisiete años gracias al Premio Jordi Sierra i Fabra y desde entonces ha acumulado más de treinta títulos publicados entre España y Latinoamérica, además de premios como el Crear, el Fiction Express, el Inmortales, el Búho o el Kelvin 505. Es licenciada en Historia por la Universidad de Zaragoza y ha trabajado como bibliotecaria, algo que se nota bastante en cuanto uno abre este libro. Con La sombra del loto negro se ha alzado con el XX Premio Minotauro, y no me extraña: esta autora escribe muy bien, eso hay que reconocérselo desde el primer párrafo.

Sinopsis

Imet es, al principio, novicia del culto a Isis en el reino del Ta-Mri, a orillas del Nilo, mientras su hermana mayor se prepara para ser ordenada sacerdotisa de la diosa. Todo se tuerce cuando Imet encuentra el cadáver de una joven envenenada con loto negro, una sustancia prohibida vinculada a los dioses: convencida de que su hermana corre peligro, interrumpe un rito sagrado y por ello es despojada de su rango y expulsada del templo.

Sobrevive gracias a que Mensa, el sumo sacerdote de Osiris, la acoge como aprendiz y la inicia en el oficio de embalsamadora. Años después, ya convertida en embalsamadora hecha y derecha, Imet jura ante los dioses cumplir una venganza y viaja a Waset, la Ciudad de las Cien Puertas y capital del Ta-Mri, decidida a infiltrarse en la corte del faraón Nekht-en-sen.

Pero los secretos que oculta el corazón del Nilo van mucho más allá de la venganza personal: la tierra se pudre, llegan las plagas, el agua alberga horrores innombrables y la clave de todo parece encontrarse más allá de la tierra de los vivos, en las profundidades del Inframundo.

Opinión personal

Lo primero que hay que decir es que el Egipto de Vázquez, pese a ser fantástico, está exquisitamente documentado y resulta verosímil de principio a fin: la dieta, el uso del kohl para proteger los ojos, las casas de cerveza, el ritual de embalsamamiento, el trato a los esclavos, el propio nombre de Ta-Mri, las estaciones del Nilo… Todo transmite la sensación de que detrás hay una investigación muy seria. No estamos ante una reconstrucción histórica del Egipto de Ramsés II, porque Ta-Mri es un mundo fantástico y Vázquez se toma las licencias que necesita, pero buena parte de su vida cotidiana podría encajar perfectamente en el Imperio Nuevo, aunque también haya detalles tomados de otras épocas.

La parte fantástica, en cambio, es bastante menos visible de lo que uno podría esperar: durante el primer cuarto de la novela apenas aparece y después va entrando con cuentagotas, a través de monstruos puntuales y avatares de los dioses. Llegué al libro atraído por una reseña de @pakozoic —influencer y divulgador que recomiendo— que hablaba de un misterio y una investigación en un Egipto mitológico, y sí, algo de eso hay… pero bastante menos de lo que esperaba.

Aquí es donde el libro empezó a perderme. Más de la mitad de la novela tiene a Imet dedicada a barrer, limpiar orinales, fregar, cocinar, servir, curar enfermos y una infinidad de tareas domésticas. Todo eso contribuye a construir un Egipto cotidiano extraordinariamente verosímil y, además, está escrito con muchísimo oficio. A mí me tocó incluso una fibra muy personal: en mi primer trabajo de juventud, en un asilo, me hicieron la novatada de asignarme el vaciado de los orinales y reconozco que hice exactamente lo mismo que la protagonista, llegué a casa, vomité y me dormí. Que un libro me devuelva un recuerdo tan concreto dice bastante de lo bien conseguida que está esa parte.

El problema es que ese costumbrismo termina devorando al misterio: la investigación y la historia de venganza no arrancan realmente hasta aproximadamente la mitad del libro, y para entonces yo ya había perdido bastante fuelle. Cuando finalmente llega la resolución, además, Imet ni siquiera descubre el misterio mediante su propia investigación o deducción, sino que otro personaje acaba explicándoselo. Después de tanta espera, me pareció una salida especialmente poco satisfactoria.

A partir de esa mitad, Imet empieza además a tomar decisiones que me desesperaron. Sí, ya sé que es impulsiva, hace lo que le pasa por la cabeza y vive bastante al límite; de hecho, si se fija en un hombre normalmente es que se lo va a tirar, creo que solo se salva Sefu y por poco. Hasta ahí puedo comprarlo. El problema llega cuando esa impulsividad empieza a justificar decisiones que tienen demasiado peso en la trama: el colmo, para mí, es cuando decide desprenderse voluntariamente del único poder “mágico” que posee, una elección que además tendrá consecuencias importantes después.

Ahí fue donde perdí definitivamente el respeto por el personaje, no porque una protagonista no pueda equivocarse, sino porque la novela no consiguió convencerme de que Imet tuviera razones suficientes para renunciar a una ventaja tan fundamental. A partir de ese momento dejó de preocuparme lo que pudiera pasarle: yo quería saber cómo terminaba el misterio, pero su destino personal empezó a darme bastante igual.

Seguí leyendo precisamente por eso, porque quería saber en qué acababa todo aquello y pensaba que, después de tantas páginas de preparación, al menos el misterio terminaría compensando la espera, y todavía había tiempo para un revolcón más con un personaje cuya relación se veía venir desde bastante pronto. En fin, terminé el libro, pero lo hice remando cuesta arriba.

El final me pareció precipitado, abrupto y, sobre todo, decepcionante. El problema no está tanto en la revelación sobre la verdadera naturaleza de los dioses como en que esa revelación deja demasiadas preguntas sin respuesta sobre todo lo sobrenatural que hemos visto hasta entonces: momias que caminan solas, muertos que regresan para atacar a los vivos, criaturas ligadas al Inframundo o rituales que parecen tener efectos reales continúan funcionando según unas reglas muy poco claras, y en algunos casos las propias acciones de los dioses resultan difíciles de justificar a la luz de lo que descubrimos al final.

Más que explicar retrospectivamente el mundo de la novela, el desenlace introduce una nueva capa que vuelve algunas escenas anteriores todavía más confusas y hace que la mitología pierda parte de su coherencia interna. Lo curioso es que esa sensación no terminó de asentarse mientras leía las últimas páginas, sino uno o dos días después: empecé a recordar determinadas escenas y a preguntarme qué sentido tenía que pasara esto o aquello teniendo en cuenta la revelación final, y demasiadas veces mi respuesta fue la misma: ninguno. No recuerdo muchas novelas en las que el final haya conseguido estropearme retrospectivamente una parte importante de lo leído. Un buen giro debería hacerte mirar atrás y pensar “ahora todo encaja”; aquí, en mi caso, ocurrió justo lo contrario.

En conjunto, La sombra del loto negro es una novela muy bien documentada, escrita con oficio y con una ambientación cotidiana extraordinariamente convincente, virtudes que pueden pesar muchísimo para un lector especialmente interesado en Egipto. En mi caso no fueron suficientes: el costumbrismo terminó ahogando el misterio, desconecté por completo de Imet y el desenlace, en lugar de cerrar algunas de las dudas que me habían mantenido leyendo, me dejó nuevas preguntas sobre la coherencia del mundo que acababa de recorrer.

No puedo decir con honestidad que sea una novela mal escrita, porque sería injusto hacerlo, pero sí puedo decir que no me gustó y que terminé bastante más interesado en acabarla que en seguir acompañando a sus personajes.

Calificación: Pasable

Lo mejor: La documentación exquisita del Egipto fantástico —dieta, kohl, casas de cerveza, embalsamamiento, Ta-Mri, las crecidas del Nilo— y una prosa que confirma por qué África Vázquez ha ganado tantos premios, una ambientación original y poco frecuente.

Lo peor: Un costumbrismo que termina ahogando el misterio, una protagonista con la que terminé desconectando y una revelación final que abre más problemas de coherencia de los que resuelve.

Lo releería: No.

Lo recomiendo: Solo si eres muy, muy fan de Egipto y disfrutas especialmente de la recreación de la vida cotidiana. Si llegas buscando ante todo el misterio y la investigación en un Egipto mitológico que promete la premisa, prepárate para esperar bastante.

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Bitterblink

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El día de la Trilla – Rebecca Yarros

Reseñado por Malosa

Aquí no vamos a engañar a nadie y a decir que leí esta novela por casualidad o que no me la compré el mismo día de su publicación. No…ni tampoco que estoy contando los días para que Yarros publique la cuarta entrega de la saga Empíreo, que a día de hoy no tiene ni fecha de publicación ni título. Sólo sabemos que la autora está ya escribiéndola y que va a morir un personaje importante. Vamos, que creo está claro soy una fan incondicional de la serie. Pues bien, conocido el contexto, os diré que por mí Yarros podía haberse concentrado en avanzar en la cuarta novela y ahorrarse esta especie de entradilla.

Sinopsis

Bienvenido a la Trilla, la brutal prueba en la que los futuros jinetes del Colegio de Guerra Basgiath pelearán para vincularse con un dragón o morir en el intento. En medio del fuego dracónido, estos trece cadetes deberán luchar por sobrevivir a un sangriento campo de batalla donde despiadados rivales harán lo imposible para superarlos y los dragones decidirán el destino de cada uno de ellos. Cualquier elección puede convertirlos en jinetes… o destruirlos.
Xaden Riorson, el líder poderoso. Rhiannon Matthias, la amiga astuta. Dain Aetos, el fiel seguidor. Liam Mairi, el protector. Ridoc Gamlyn, el bromista. Sawyer Henrick, el desvalido. Garrick Tavis, el aliado confiable. Imogen Cardulo, la guerrera imprudente. Bodhi Durran, el segundo al mando. Mira Sorrengail, la valiente jinete. Brennan Sorrengail, el brillante estratega. Aaric Graycastle, el noble inconforme. Sloane Mairi, la hermana perseverante.
En la Trilla solo hay una regla: no mueras.

Opinión personal

A ver, que no quiero pasarme de crítica porque la realidad es que este compendio de historietas entre jinetes y sus dragones se deja leer y no molesta. Pero es que tampoco aporta mucho. Es una novela para fans del mundo Empíreo y que hayan leído las 3 primeras entregas de la saga, porque además hay algún spoiler. Pero si no eres muy fan o no has leído nada de la serie, no te lo recomiendo.

En general, diría que se me ha quedado muy corto en distintos aspectos. Paso a enumerarlos en detalle porque ya hay varias reseñas super positivas de esta obra por la red, así que yo voy a sacarle punta a lo negativo. Por lo de hacer contraste:

  • Me faltó entretenimiento. El libro me resultó aburrido, prácticamente todos los encuentros con dragones son muy similares. Igual en vez de sólo la Trilla se podía haber incluido alguna otra cosa para refrescar algo la historia, porque se hace muy lineal.
  • Me faltaron muertes y crueldad. Por ejemplo, Yarros podría haber recreado algún encuentro de un candidato a jinete fallido, en el que el desenlace fuera la muerte por un dragón o por otro jinete. No sé, algún ingrediente más distópico tipo a Los juegos del hambre tampoco hubiera venido mal.
  • Me faltó originalidad en los casos. Se me ocurre que la autora podía haber incluido algún encuentro desde la perspectiva de los dragones y no sólo desde el punto de vista de los jinetes.
  • Me sobró algún personaje que me importaba un comino su historieta en la trilla (caso de Bodhi, aunque reconozco que al final fue una de las mejores historias, curiosamente).
  • Me faltó incluir (de nuevo) el episodio de Violet, que aunque está en Alas de sangre se podía haber recreado aquí con más detalle y desde la perspectiva de Andarna o Tairn, por ejemplo. Por cierto que me quedé con tantas ganas de volver a vivirlo que me fui al primero de la saga a leerme otra vez el primer encuentro de Violet con sus dragones.
  • Me faltó más detalle y profundidad entre las relaciones que se entablan entre jinetes y dragones, para entender mejor ese vínculo profundo, que más allá de que el jinete siente que tiene que ir al norte o al sur porque presiente su dragón, no hay mucho más.
  • Me falto alguna diferencia de personalidad entre los dragones, todos son más menos altaneros y crueles, no se distinguen unos de otros. Al final los únicos medio originales parecen Tairn y Andarna, que aquí no aparecen y yo los eché de menos.
  • Me faltó más detalle en el primer encuentro de algunos personajes clave, como Xaden y Sgaeil. Este en concreto se me quedó cortísimo, hubiera preferido menos personajes y más profundidad en las relaciones de los descritos.

Hay cosas que me gustaron, sí, también. Por ejemplo hubo algunos encuentros que me sorprendieron, bien por su crueldad (caso de Mira Sorrengail y Teine), bien por su intensidad (Dain, Sawyer y especialmente Sloane), o bien por lo que sugieren para siguientes libros de la saga (caso de Aaric, que es un personaje que personalmente me fascina). Por otra parte las ilustraciones de los dragones (del artista Joe Requeza) me parecieron muy bonitas. Recomiendo leer la novela en papel para verlas a todo color y en su máximo esplendor. En el libro electrónico se pierden los matices.

En resumen, pues lo dicho. Historieta sólo para fans, en mi opinión desaprovechada en muchos aspectos. Yarros sabe hacerlo muchísimo mejor, quizá no en excelencia literaria, pero desde luego sí en adrenalina y entretenimiento. Por cierto, cero spicy en esta novela. Por si es un dato que os interese.

Calificación: Pasable

Lo mejor: Algunos encuentros concretos. Que me quedé con ganas de volver al mundo Empíreo y volví a abrir Alas de Sangre.

Lo peor: Se queda corto en muchos aspectos. Se hace largo y repetitivo. Falta intensidad y profundidad, en mi opinión.

¿Volvería a leerlo?: No. Y el resto de la saga sí le he releído.

¿Lo recomendaría?: Si eres fan te la vas a leer. Pero reduce expectativas. Y lee poco a poco para que no se te haga bola.

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Malosa

 

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Bajos fondos – Daniel Polansky

Reseñado por Bitterblink

Daniel Polansky es un escritor estadounidense nacido en Baltimore en 1984 y licenciado en Filosofía por el Dickinson College. Antes y durante su carrera literaria ha publicado también artículos de temática política y cultural, aunque es conocido sobre todo por sus novelas de fantasía, casi siempre bastante difíciles de encajar en un único género. Entre sus obras están la trilogía Low Town, la bilogía The Empty Throne, A City Dreaming o la novela corta The Builders, que fue finalista del premio Hugo en 2016. Su debut, precisamente Bajos fondos, ganó además el Prix Imaginales francés en 2012.

Bajos fondos fue publicada originalmente en 2011 y ha sido editada en España por Minotauro con traducción de Miguel Antón. El título original también tiene su pequeña historia: en Estados Unidos apareció como Low Town, mientras que en Reino Unido se publicó como The Straight Razor Cure. En España se optó por esta traducción que hace referencia a la «ciudad baja» y a la vez al protagonista.

Estamos ante el debut de un autor que acabaría construyendo una carrera bastante particular dentro de la fantasía moderna, mezclándola con otros géneros en lugar de limitarse a seguir las convenciones de la fantasía épica tradicional y esa mezcla ya esta completamente presente en esta novela.

Sinopsis

Estamos en Rigus, capital de las Trece Tierras, y más concretamente en Bajos Fondos, el peor barrio de la ciudad y el tipo de lugar que nadie visita de noche si puede evitarlo. Allí vive el Guardián, un traficante de drogas con bastante pasado a sus espaldas. Antes fue agente de la Black House, la policía secreta de la Corona, y antes todavía soldado en la guerra contra los dren, un conflicto del que salió traumatizado como muchos otros.

Ahora se gana la vida vendiendo aliento de hada y vid del sueño, moviéndose entre delincuentes, matones y viejos conocidos mientras procura no llamar demasiado la atención. Ese precario equilibrio se rompe cuando desaparece una niña y poco después aparece asesinada en circunstancias que apuntan a algo bastante peor que un crimen corriente. A casi nadie con poder en la ciudad parece importarle demasiado, pero al Guardián sí, y eso acaba arrastrándolo hacia una investigación que lo obliga a volver a relacionarse con la Black House, con su pasado como agente y con recuerdos de la guerra que preferiría mantener enterrados.

Durante la investigación conoce y se hace cargo de Wren, un ladronzuelo huérfano que sobrevive en las calles exactamente como lo hizo él cuando era niño. El Guardián no parece tener demasiado claro por qué lo ha acogido bajo su ala, pero al lector no le cuesta entenderlo: Wren es, básicamente, un reflejo de lo que él fue veinte años atrás.

El guardián tendrá que hacer lo posible por sobrevivir, ya que su cabeza es la que está en juego si no encuentra al verdadero asesino de los niños y consigue desmontar el plan que está detrás.

Opinión personal

Vale, aquí viene la parte polémica. Sí, el Guardián trapichea con drogas, mata cuando hace falta y no tiene ningún problema en mentir, chantajear o mirar para otro lado si eso le conviene. Sí, Rigus es una ciudad sórdida y corrupta de arriba abajo y, con esos ingredientes, es bastante fácil meter Bajos fondos en el mismo saco que el grimdark. No diría que la etiqueta sea absurda, pero leyendo la novela a mí me parece que su ADN narrativo está mucho más cerca del hard-boiled (vulgarmente una novela de detectives): el protagonista cínico que insiste en que ya no cree en nada mientras se juega el cuello por resolver un crimen que a casi nadie más le importa. No es casualidad que la propia editorial la vendiera como una mezcla de Dashiell Hammett, Tolkien y Tarantino, porque por momentos el Guardián parece un Philip Marlowe con espada de trinchera, drogas mágicas y bastantes menos escrúpulos.

Ese tono se nota también en los diálogos, probablemente uno de los mejores elementos del libro. El Guardián no se calla ni debajo de tortura y muchas conversaciones con personajes como Crispin o Brightfellow funcionan casi como duelos, a base de amenazas, sarcasmo y humor negro. El misterio tampoco pretende ser un juego de pistas al estilo Agatha Christie: el Guardián sospecha bastante pronto hacia dónde apunta el asunto y, desde ahí, la cuestión es demostrarlo y detenerlo antes de que vuelva a actuar (aun así el final tiene alguna sorpresa que igual os pilla con el pie cambiado). En general, funciona más como procedimiento policial que como novela de enigma, y a mí ese enfoque me encaja perfectamente con el resto del libro.

Wren es otro de los grandes aciertos porque sirve para desmontar la imagen que el Guardián tiene de sí mismo. Puede presentarse como un traficante amoral, pero termina haciéndose cargo de un ladronzuelo huérfano que sobrevive en las mismas calles en las que él creció, y resulta bastante evidente que está viendo una versión de sí mismo veinte años atrás. No diría que debajo de todo siga siendo exactamente «el poli honesto» que fue, porque sería pasarse bastante con alguien que vende drogas y mata cuando lo considera necesario, pero sí conserva una brújula moral mucho más clara de lo que él mismo quiere reconocer.

También me gusta cómo está construida Rigus. Hay kirenos, isleños y otros pueblos con sus propios barrios, lenguas, costumbres y prejuicios, y Polansky integra todo eso sin convertirlo en el centro de la historia. El propio Guardián llama «herejes» a los kirenos con bastante naturalidad y la ciudad está llena de clasismo, xenofobia y desconfianza, pero precisamente esos detalles ayudan a que parezca un lugar vivido y no simplemente un decorado genérico de fantasía oscura.

Lo que sí me ha gustado bastante menos es la relación del Guardián con las drogas. Que estén por todas partes tiene sentido porque es traficante y ese negocio forma parte esencial de su vida, pero no me gustan demasiado los libros donde el consumo termina blanqueado o normalizado. Me chirría especialmente que consuma con tanta naturalidad su propia mercancía, porque un camello listo suele procurar no convertirse en cliente de su propio negocio y el Guardián es cualquier cosa menos tonto.

Tampoco me gusta lo desdibujado que está el mundo. Digamos que el worldbuilding es sumamente esquemático y algunos aspectos que eran interesantes se pasan completamente por alto, aunque entiendo que los desarrolla en las siguientes novelas, en esta solo existe Rigus.

En conjunto, Bajos fondos me ha funcionado bien: tiene suficientes elementos grimdark como para que la etiqueta sea defendible, pero su protagonista, sus diálogos y la estructura de la investigación proceden mucho más claramente de la novela negra. Para mí, más que Abercrombie con detectives, esto es Chandler con hechizos. Dicho esto y aunque es una trilogía no me parece mi estilo de libro y es poco probable que me anime a continuar con los siguientes.

Calificación: Bueno

Lo Mejor: El Guardián como narrador y protagonista, el vínculo con Wren y esa mezcla de hard-boiled, investigación policial y fantasía urbana sucia.

Lo Peor: No me gustan demasiado los libros donde se blanquea o normaliza el consumo de drogas. Entiendo que aquí tenga sentido porque el protagonista es traficante, pero me chirría especialmente que consuma con tanta naturalidad su propia mercancía: un camello inteligente normalmente procura no convertirse en cliente, y el Guardián es cualquier cosa menos tonto.

Lo Releería: Sí, pero no creo que continúe con el resto de la trilogía.

Lo Recomiendo: A quien disfrute de la novela negra clásica y del hard-boiled y no tenga ningún problema en encontrárselos mezclados con magia, drogas y una ciudad de fantasía bastante miserable.

Si te ha gustado esto también te gustará

  • La última sonrisa en Sunder City, de Luke Arnold. Está probablemente en el terreno más cercano a Bajos fondos: un detective privado cínico, con un pasado que no le deja en paz, investigando en una ciudad fantástica bastante poco acogedora. Si el Guardián te ha convencido, Fetch Phillips es casi un primo hermano.
  • Ríos de Londres, de Ben Aaronovitch. Aquí el registro es más ligero y tira más hacia el procedimiento policial con sentido del humor que hacia el noir sórdido, pero comparte la idea de introducir una investigación policial bastante tradicional dentro de un mundo donde la magia forma parte del trabajo cotidiano.
  • Tormenta, de Jim Butcher. Uno de los referentes evidentes del género: un detective-mago que malvive de su oficio en una ciudad que no suele ponérselo fácil. Más fantasía urbana moderna y menos noir medieval, pero comparte sarcasmo, investigación y protagonista problemático.

Bitterblink

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La hipótesis del amor – Ali Hazelwood

 

Actualización, septiembre de 2026: esta reseña se publicó originalmente el 17 de marzo de 2025. Con motivo del estreno en Prime Video de la adaptación cinematográfica de La hipótesis del amor, protagonizada por Lili Reinhart y Tom Bateman, hemos vuelto a ella para comprobar qué tal han sobrevivido Olive, Adam y su peculiar historia de amor al salto a la pantalla. El texto añadido está en cursiva.

Reseñado por Malosa

No os podéis ni imaginar lo que me ha gustado esta novela, con el argumento tan tonto que tiene…es que me da hasta vergüenza reconocerlo. Y aunque no podemos decir, en ningún caso, que fuera la novela revelación del año o que sea un buen libro desde una óptica de alta literatura, sí puedo afirmar que me lo he pasado estupendamente bien leyéndolo, que me he reído, que he vuelto siempre con ganas de más y que hasta he aprendido cosas del mundo académico en Estados Unidos.

Sobre su autora, contaros que Ali Hazelwood es doctora en neurociencia. Italiana de origen, ha vivido en varios países antes de afincarse en Estados Unidos. Ha divulgado numerosas publicaciones científicas hasta que dio el salto al mundo de la novela y decidió contar una historia donde mezclaba el romanticismo, el mundo académico y la novela erótica. Siendo el resultado este libro, La hipótesis del amor, que además ha dado pie a una saga posterior de novelas, todas ellas éxitos de venta mundiales. Y que ha sido una relevación en TikTok, lo que también explica este éxito de ventas.

Sinopsis

Olive Smith es una doctoranda de tercer año que no cree en las relaciones amorosas duraderas, pero su mejor amiga, Ahn, sí, y por eso Olive se ha metido en un lío monumental. A Ahn le gusta el exnovio de Olive, pero jamás daría el primer paso porque es una buena amiga. A Olive no le va a resultar nada fácil convencerla de que ha pasado página, puesto que los científicos necesitan pruebas. Por eso, como cualquier mujer con un mínimo de amor propio, se deja llevar por el pánico y besa al primer hombre con el que se encuentra para que Ahn la vea.

Ese hombre es nada más y nada menos que Adam Carlsen, un joven profesor tan reputado por la calidad de su trabajo como por su imbecilidad. Así que Olive se queda de piedra cuando Carlsen accede a mantener su farsa en secreto y ser su novio falso. Sin embargo, después de que un importante congreso científico se convierta en un desastre y Adam vuelva a sorprenderla con su apoyo inquebrantable (y sus inquebrantables abdominales), su pequeño experimento se acerca peligrosamente al punto de combustión. Olive no tarda en descubrir que la única cosa más complicada que una hipótesis sobre el amor es analizar su propio corazón bajo el microscopio.

Opinión personal

Como decía, me ha gustado mucho la propuesta de Hazelwood. No deja de ser una novela romántica de manual, con todos los clichés del género, pero aún así incluye algunos ingredientes adicionales que le aportan cierta diferenciación. El primero es la atmósfera, ya que nos mete de lleno en el mundo académico y de investigación en EEUU. El mundo de las universidades y los doctorados que yo, personalmente, desconocía totalmente. No sé cómo será esto en España, seguro que similar, pero la autora nos habla de un mundillo repleto de mentiras, egos, manipulaciones y cierto juego de tronos. A la vez que de mucho sacrificio, devoción y entrega. Y en este cocktail explosivo centra el argumento principal y sitúa a nuestros personajes protagonistas.

Y son estos personajes y su historia de amor lo que le da el alma a la novela y lo que nos hace disfrutar de esta atmósfera académica. El femenino, Olive, sobre la que gira esta historia. Es un personaje simpático y algo atolondrado, con muchas inseguridades de base. Inteligente y bondadosa, se meterá en varios líos a lo largo de la novela y sus reacciones serán síntoma de carcajada por un lado y cierta exasperación, por otro. El contrapunto perfecto se lo da Adam, el masculino de la historia. Muy inteligente, poco sociable y ciertamente cuadriculado en su carácter. Y por supuesto un cañón en toda regla. Las interacciones entre ambos son lo mejor de la novela y esta contraposición de caracteres, además, garantiza la atracción inexorable entre ellos. No podemos negar que ambos personajes son un cliché mil veces visto en este tipo de novelas. Pero también podemos afirmar que funciona y que Adam y Olive derrochan química en todas y cada una de las situaciones que viven.

Y además la novela funciona porque independientemente de que sea una historia mil veces contada, y con unos personajes ya vistos, la autora se mueve como pez en el agua entre sus páginas, dota de originalidad a los diálogos, hace muy entretenido el desarrollo y no incluye altibajos. Reconozco haber estado pegada a sus páginas casi desde el inicio, fascinada por una historia de amor que sabía cómo iba a acabar y aún así no quería perderme. Porque sí, que es previsible es un hecho. Sabes cómo va a acabar y casi cada paso que darán ambos protagonistas. Pero es que te da igual y esto tiene mucho valor. Hazelwood conforma una historia adictiva usando los mimbres de siempre, lo que demuestra que, un buen escritor, será capaz de contar lo mismo pero imprimiendo su sello personal.

Y acabo con algo que me sorprendió, y para bien, que es su parte hot (spicy dicen ahora). No me la esperaba para nada, pensaba que esto era una novela romántica sin más pero hacia el final encontramos el esperado episodio sexual entre los protagonistas. Y su autora lo recrea en detalle. Y madre mía, qué bien lo hace. Hacía mucho tiempo que no leía un capítulo de alto voltaje tan bien contado y que consiga elevar la temperatura de esta manera. Un diez para la italiana en este aspecto.

En resumen, que muy bien. He disfrutado mucho de esta lectura, en muchos sentidos además. Recomendable al 100%, especialmente si te gusta el género romántico-erótico.

Y ahora, la película

La adaptación de Prime Video es bastante fiel al espíritu de La hipótesis del amor. Mantiene el falso noviazgo, el ambiente universitario, buena parte del humor y varias de esas escenas que quienes hayan leído la novela reconocerán inmediatamente, aunque simplifica personajes y situaciones para meter la historia en menos de dos horas.

Si hablamos de los protagonistas, creo que Lili Reinhart funciona muy bien, captando el atolondramiento, la determinación y la sensibilidad de Olive, pero sin embargo menos me ha gustado la representación de Adam por parte de Tom Bateman. Me parece que no es sólo responsabilidad del actor, sino que la profundización en el personaje se ve mejor en el libro, especialmente a partir del personaje de Holden, su mejor amigo de la infancia, que en el largometraje no aparece. A través de Holden vemos la personalidad de Adam y aquí esta parte la perdemos. Aparte de que el libro, por el propio formato, tenemos mucho más espacio para ir descubriendo qué hay detrás del hosco Adam.

A pesar de mantener el espíritu del libro hay pequeñas diferencias en la película, como el mayor protagonismo de Anh en detrimento del desaparecido Holden, algunas escenas inventadas que no aparecen en la novela (por ejemplo la fiesta en casa del doctor Fastuca), o la menor profundización en la vida académica y el ambiente universitario en pro de la comedia romántica. 

Pero la principal diferencia radica en cómo se produce el desenlace, cambiando sustancialmente el cómo y a través de quién se desencadenan los acontecimientos. Me gustó mucho más el de la novela, no había necesidad de alterarlo, la verdad.

En resumen, me parece una adaptación bastante respetuosa y entretenida, aunque por supuesto entre una novela y una película, siempre voy a preferir la primera (salvo honrosas excepciones). Si has llegado primero a través de Prime Video, el libro merece la pena porque desarrolla mucho más a los personajes, amplía el mundillo académico y contiene algunas escenas que la película ha tenido que recortar o simplificar. Mi recomendación, por tanto, sigue siendo prácticamente la misma que en 2025: si os gustan las comedias románticas y no os importa saber perfectamente hacia dónde va todo desde casi el principio, La hipótesis del amor sigue siendo una lectura estupendamente entretenida.

Calificación: Bueno. Objetivamente igual merece menos, pero es que me resisto a bajarle la calificación.

¿Por qué decidí leerlo?: Pues vi por ahí que era una de las novelas más leídas del año en cuestión y muchos de mis conocidos la habían leído o la tenían entre sus lecturas pendientes…así que me llamó la atención.

Lo mejor: Que siempre he tenido ganas de seguir leyendo. Lo entretenida y adictiva que es. Su parte erótica. Las interacciones entre sus dos protagonistas.

Lo peor: que es un cliché puro y duro. Que sabes perfectamente todo lo que va a pasar…aunque te dé igual esta previsibilidad.

¿Volvería a leerlo?: Pues es que igual sí…desde luego no descarto hacerme con alguna de sus continuaciones, que ya he visto no se basan en los mismos personajes, aunque la temática y la atmósfera sean similares.

¿Lo recomendaría?: Mogollón. De verdad que me ha encantado. Para leer algo ligero entre lecturas más densas, me parece ideal. Creo que gustará más al público femenino.

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Malosa

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Huestes de Ceniza – Enrique Fouz

Reseñado por Bitterblink

Enrique Fouz es valenciano, tiene 38 años y es técnico veterinario de profesión. Después de perder su trabajo a raíz de la DANA que golpeó Valencia, recuperó cuentos y textos que llevaba años escribiendo por afición y empezó a darles forma hasta convertirlos en Crónicas de Barro y Ceniza. La escritura terminó siendo también una forma de procesar aquella etapa complicada, con Lara, su pareja, como primera lectora y crítica durante todo el proceso.

Huestes de Ceniza es una novela autopublicada y abre este universo, aunque conviene aclarar que los tres libros son autoconclusivos: cada uno cuenta su propia historia, pero comparten mundo y personajes y es al leerlos todos cuando se obtiene la imagen completa. Enrique nos hizo llegar los tres libros sin coste y, además, ha tenido la amabilidad de contestar unas cuantas preguntas que nos han servido para completar esta pequeña biografía y conocer mejor algunas de las influencias detrás de la trilogía. Como siempre en esta casa, nada de eso condiciona la reseña, sin embargo, si la publicamos es porque esta primera entrega ha sido una de las lecturas que más he disfrutado este verano.

Sinopsis

Nuestro protagonista muere como Turtanu bajo el estandarte del rey asirio Senaquerib, y lo primero que descubre al otro lado es que la paz eterna prometida por los sacerdotes era poco más que publicidad engañosa. En lugar de encontrarse con un paraíso de coros, arpas y calles de oro, Gabriel lo recluta para una Hueste celestial que funciona como una gigantesca guarnición militar en guerra permanente contra un Sheol que se desborda de demonios.

Convertido en un ángel de plumaje gris ceniza —muy lejos del brillo ebúrneo de la leyenda— y presentado ante Azrael, el Señor de la Ira, descubre además que el Trono no permite a los reclutas conservar siquiera su nombre. El antiguo asirio pasa así a ser una pieza más dentro de una maquinaria que lleva milenios funcionando sin él y tendrá que encontrar su sitio entre unas filas celestiales bastante menos virtuosas de lo esperado, un enemigo al que quizá no comprende tanto como cree y unas alianzas que pueden acabar costándole mucho más de lo que imagina.

Opinión personal

Lo que me enganchó al principio fue el protagonista, y no por casualidad. No tiene nombre propio y todo el mundo tira de apodos (Asirio, Turtanu, Silencio…), algo que refuerza muy bien la idea de que no deja de ser una pieza sustituible dentro de una maquinaria inmensa; también me recuerda un poco al arquetipo del Hombre sin Nombre de la Trilogía del Dólar de Sergio Leone: al personaje de Clint Eastwood no le dan nombre como tal, pero a veces le llaman «Rubio». Ya de paso, me gusta que este libro me haya regalado un par de palabras nuevas: ebúrneo y turtanu (título del general en jefe del ejército asirio, para quien no lo supiera, como yo hace una semana). Se agradece una novela que te manda al diccionario sin convertirlo en un ejercicio de postureo.

Pero lo que de verdad me ha conquistado, sin embargo, es el arco del personaje. Pensándolo bien, no es tanto que no culpe al Baali Loky de su caída en desgracia (ya sospechaba yo de que un demonio no era de fiar) como que la venganza, sencillamente, no le interesa. Lo que le mueve es recuperar lo perdido y construir en lugar de destruir, aunque eso no significa que vaya a dedicarse precisamente a repartir abrazos: por el camino va a repartir hostias como panes mientras persigue la ayuda del “lucero del alba” para llegar a la Fuente. En un género que recurre constantemente a la venganza como motor narrativo, me ha gustado mucho que el protagonista quiera avanzar en otra dirección.

Entre los secundarios, Discordia me ha ganado por completo. Es de esos personajes que en cuanto aparecen sabes que te van a caer bien sí o sí y, salvando muchísimo las distancias, me resulta una especie de versión tierna de Harley Quinn: caótica, imprevisible y con ese punto de locura que hace que cada escena gane energía cuando entra ella… y a la vez tan feroz y brutal que llega a dar miedo. El autor sabe aprovechar especialmente bien su presencia en el tramo final.

Donde creo que inicialmente me había quedado corto es al hablar del mundo que ha construido el autor, porque tiene mucha más profundidad de la que inicialmente deja ver. El Cielo de Huestes de Ceniza no es una institución moralmente superior por definición, sino una estructura militar, rígida y jerárquica donde los ángeles pueden ser tan clasistas, envidiosos o esnobs como cualquiera de los seres que habitan abajo (quizá más). Al mismo tiempo, algunos habitantes del Sheol resultan bastante más humanos de lo esperado, así que la novela se aparta pronto de la típica división entre ángeles buenos y demonios malos.

Esta mezcla de ángeles, demonios, jerarquías celestiales y zonas grises morales me ha recordado bastante a La Biblia de los Caídos, de Fernando Trujillo. Y lo digo como un elogio, porque Trujillo es uno de los autores que mejor ha sabido explotar en castellano ese tipo de imaginería religiosa oscura sin convertirla en una copia literal de la tradición judeocristiana. Por estética y por esa mezcla de imaginería religiosa, monstruos, espadones y seres celestiales bastante cabrones, el conjunto me ha recordado también inevitablemente a uno de mis videojuegos favoritos, Darksiders, aunque aquí hay un poso más oscuro, sucio y desencantado. Espero que estas referencias os sirvan para haceros una idea.

Después de terminar la novela pregunté a Enrique por sus influencias y algunas ayudan a entender bastante bien el tono y la estética del libro. Quería alejarse de la fantasía épica medieval de siempre y para ello recurrió a la mitología antigua y a textos apócrifos, mezclándolos con referentes que van desde Neil Gaiman hasta la novela negra y el grimdark anglosajón y español. También hay bastante cultura japonesa detrás: cita expresamente Evangelion, Berserk y Vinland Saga, además de su interés por la filosofía y la artesanía japonesas. También menciona el cine de Blade Runner como una influencia que se deja notar especialmente en el segundo libro (que ya reseñaremos). Sabiendo todo esto, algunas decisiones visuales y temáticas de Huestes de Ceniza se entienden todavía mejor.

Hay además ideas que me han gustado mucho, como los Bienaventurados, almas que han alcanzado una supuesta felicidad eterna después de haber sido vaciadas de buena parte de aquello que las hacía personas, o las Larvas y otras criaturas del Sheol, que hacen que ese mundo tenga bastante más sustancia que un simple escenario para una guerra entre Luz y Oscuridad.

A esto se suman detalles visuales que se te quedan en la cabeza. Lailah, por ejemplo, es una querubín con aspecto de una bella mujer que se desplaza levitando y vive prácticamente entre libros, mientras por su piel corren textos dorados como si fueran tatuajes vivos. El protagonista luce unas alas color ceniza, las Custodias llevan máscaras de porcelana y los Jardines de los Bienaventurados resultan demasiado perfectos para ser tranquilizadores. Son imágenes que terminan dando personalidad al escenario y varias de ellas se me han quedado grabadas después de terminar el libro.

Precisamente porque el mundo tiene ideas tan buenas, me habría gustado pasar algo más de tiempo en algunos de sus rincones, sobre todo en el cuartel y entre los compañeros de la Hueste. La Ciudadela tiene conceptos muy buenos, pero en determinados momentos el espacio inmediato del protagonista parece habitado por tres o cuatro ángeles y poco más. Me faltó algo de esa vida corriente que hace que una ciudad fantástica parezca realmente una ciudad: soldados entrando y saliendo, conversaciones absurdas, rutinas, rivalidades pequeñas o gente ocupándose de cosas que no tienen ninguna importancia para la trama. No porque necesite más explicación del universo, sino porque habría disfrutado viendo más de él.

La novela se divide en tres tramos bastante diferenciados. El arranque engancha de inmediato poniéndote en situación en la Ciudadela y la última parte, donde entra Discordia, es con diferencia la mejor: ahí todo va más rápido, las escenas de acción tienen más fuerza y la historia vuelve a tirar de ti. En cambio, el tramo central se vuelve demasiado onírico para mi gusto y pierde parte de la tracción que tenía al principio, pero es breve, así que no llegó a resultarme pesado.

Ese tramo aporta además una idea que me gusta mucho, aunque mientras lo leía no terminé de entender bien hacia dónde iba: el protagonista va saltando por algunos de los peores episodios de la historia —Verdún, el Holodomor, la Unidad 731 japonesa o Auschwitz— porque esas concentraciones de miedo, dolor y desesperación debilitan el Velo y atraen a las Larvas. El concepto me parece buenísimo, sobre todo porque cada forma de horror parece generar criaturas distintas, pero durante buena parte de ese recorrido no tuve claro qué ocurriría realmente si el protagonista no las eliminaba. Sabemos que se alimentan de la agonía y de las almas, que pueden crecer y evolucionar, pero la dimensión real del peligro tarda bastante en explicarse. Más adelante el libro da respuestas, aunque durante esos capítulos eché en falta entender mejor qué estaba tratando de evitar exactamente nuestro ángel de ceniza.

También hay alguna decisión de caracterización que me chirría un poco. Un alma procedente de la Antigüedad afronta en ocasiones su nueva existencia con una mentalidad sorprendentemente moderna y hubo momentos en los que esa voz me sacó ligeramente de la ambientación. Tampoco me voy a poner tiquismiquis con la psicología de los ángeles de ceniza, porque cosas más raras se han leído en el género, pero sí es un detalle que noté mientras leía.

En el terreno estilístico hay un par de recursos que me han funcionado menos. El autor utiliza con frecuencia onomatopeyas encadenadas, palabras aisladas en cursiva o párrafos de una sola línea destinados a remarcar un instante dramático. De forma puntual tienen fuerza, pero al repetirse tantas veces acabé acostumbrándome a ellos y hacia el final algunos perdieron parte del efecto que tenían al principio. Algo parecido me ocurrió con ciertas escenas de combate: hay peleas en las que tuve que releer algún párrafo para tener claro quién estaba haciendo qué y dónde se encontraba cada personaje, y en una novela con tanta acción habría agradecido algo más de claridad en esas coreografías.

En conjunto, los puntos que menos me han funcionado están bastante claros, pero ninguno pesa lo suficiente como para estropearme la novela. El protagonista funciona y tiene un arco que me interesa, Discordia se roba la última parte, personajes como Lailah tienen diseños estupendos y el mundo está lleno de detalles que me han dejado con ganas de seguir descubriéndolo.

El resultado se lee con gusto de principio a fin. Hay decisiones que me han funcionado mejor que otras, pero también mucha personalidad y una forma bastante propia de jugar con una mitología que hemos visto utilizada cientos de veces. He terminado esta primera entrega con ganas de seguir la trilogía para ver hasta dónde lleva Enrique a su ángel de ceniza, si bien este libro se puede considerar autoconclusivo, cosa que también se agradece de vez en cuando.

Calificación: Bueno

Lo mejor: el protagonista y su arco de construir en lugar de destruir, Discordia y un worldbuilding muy imaginativo, con ideas como los Bienaventurados, Lailah o las criaturas del Sheol.

Lo peor: un tramo central demasiado onírico, una Ciudadela a la que le falta algo de vida cotidiana y algunas peleas cuya coreografía obliga a releer.

¿Lo releería?: No de inmediato, pero sí leeré los otros libros ambientados en el mismo universo.

¿Lo recomiendo?: Sí. No es perfecto, pero tiene un protagonista muy fácil de seguir, un mundo con imágenes que se quedan contigo y suficientes ideas como para que apetezca continuar la trilogía si eres aficionado a la fantasía.

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Las madres – Carmen Mola

Reseñado por Malosa

Tengo que reconocer que leí esta novela por pura casualidad. Estaba buscando libros en papel para llevarme a la playa y quería algo que no fuera muy grande (plan bolsillo), pero que a la vez tuviera la letra grande (la edad se va notando ya). Y justo encontré esta edición de Las madres que cumplía perfectamente ambas características. Es verdad que hace unos años había leído los tres primeros libros de esta saga y aunque me habían gustado, no seguí con la serie. Sobre todo porque el tercero, La nena, me había dejado muy mal cuerpo con su final. Pero bueno, decidí darle una nueva oportunidad. Y debo decir que este libro es el que más me ha gustado de toda la saga. Serán las expectativas…

Sinopsis

La inspectora Elena Blanco atraviesa el depósito de la Grúa Municipal Mediodía II de Madrid hasta llegar a una vieja furgoneta que expele un olor putrefacto. Dentro está el cadáver de un hombre atado a una silla, con un burdo costurón que asciende del pubis al abdomen. Los primeros resultados de la autopsia aclaran que a este toxicómano reincidente le arrancaron algunos órganos y le colocaron en el vientre un feto de casi siete meses. Los análisis de ADN revelan que se trata de su hijo biológico. A los pocos días, la Brigada de Análisis de Casos se desplaza a la zona portuaria de A Coruña, donde el cuerpo de un asesor fiscal de sesenta y cuatro años ha sido asesinado con el mismo modus operandi. ¿Qué relación existe entre las dos víctimas? ¿Y dónde están las madres de los bebés?

Se abre así la investigación del nuevo y perturbador caso de la BAC. Mientras la relación entre Elena y Zárate se hace cada vez más complicada por los tormentos de él sobre la muerte de Chesca y la obsesión de ella por adoptar a la Nena, todos los indicios los acercarán a una misteriosa organización cuyos hilos manejan los poderosos e intocables del país y a la que nadie parece poderse acercar sin morir.

Opinión personal

Si habéis llegado hasta aquí con esta saga ya sabéis lo que os vais a encontrar: violencia explícita, giros despiadados, un Madrid muy oscuro que hace que te den escalofríos, muertes de personajes importantes y un ritmo álgido que te lleva a leer de forma compulsiva. Ya os digo que la fórmula sigue funcionando en esta cuarta parte y de qué manera.

Por supuesto existen similitudes con las anteriores novelas, principalmente destacaría las siguientes:

  • Elena Blanco como eje central, sobre la que orbitan el resto de personajes y subtramas. La inspectora sigue mostrando tendencias destructivas y adición a la grappa, mientras mantiene intacto el espíritu de la BACC y la fidelidad de sus colaboradores, que son casi ya como de la familia (Zárate, Orduño, Mariajo, Buendía, Reyes…).
  • El Madrid sangriento y los crímenes espeluznantes: El hallazgo de un cadáver con un feto en el estómago abre un caso desgarrador que no da tregua.
  • La crítica social implícita, más marcada aún en esta entrega. Tras el gore se esconde el cuestionamiento del sistema, la corrupción institucional y los aspectos más sórdidos de la sociedad actual.

Pero también hay elementos nuevos, os hablo también de tres:

  • La temática escogida, centrada en la gestación subrogada y la trata de mujeres. Los autores denuncian la explotación del cuerpo femenino, la maternidad robada y los vientres de alquiler en sus estratos más oscuros.
  • La corrupción a nivel institucional. En esta novela no se trata de un grupo de mafiosos o asesinos marginales, la BACC se enfrenta a un sistema judicial y policial podrido desde dentro y que opera desde las altas instancias.
  • La humanización de la BACC. Hay más cansancio y drama entre los personajes, mucho trauma acumulado especialmente tras el impacto de la muerte de Chesca y la forma en que se produjo. Nuestro equipo está roto por las secuelas y esto añade una capa de melancolía más acusada e imprime humanidad a nuestros personajes.

En general, me ha gustado mucho esta nueva entrega de la saga. Tanto los elementos similares a novelas previas como los nuevos están muy bien tratados y conforman una historia trepidante que se lee en un suspiro. Como puntos negativos podríamos decir que Carmen Mola estira la fórmula, presentando esta novela una estructura y resolución similar a sus entregas previas, con lo que la sorpresa se reduce. O también que puede ser efectista en el uso del gore y la violencia, aunque la verdad no me pareció que esta parte fuera peor que las anteriores, diría que incluso me resultó menos sádica. Pero vamos, en general he disfrutado mucho de nueva entrega de la inspectora Blanco, para mí ha sido casi la mejor de la saga.

Aviso para navegantes: la resolución de Las madres se emplaza a la siguiente novela, El clan, que no tienes más remedio que tener a mano, porque la leerás de seguido. Pero de esta hablaremos en otra reseña.

Calificación: Bueno, no lo valoro más porque es una cuarta parte y sigue un poco la estela de los anteriores.

Lo mejor: Los crímenes espeluznantes, el ritmo frenético, la humanización de los personajes.

Lo peor: Quizá el más de lo mismo y el uso gratuito del gore, pero por destacar algo.

¿Volvería a leerlo?: No creo, hay muy buenos thrillers por descubrir en el mercado y no veo necesidad de repetir este.

¿Lo recomendaría?: Sí, totalmente. Se podría incluso leer como novela independiente, pero te pierdes las relaciones previas entre los personajes, que son fundamentales para entender ciertas reacciones, así que te diría que si llega a tus manos esta novela te vayas a por La novia gitana.

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El Corazón de la mazmorra – La puerta infernal – David Sánchez-Pontón

Reseñado por Bitterblink

Tercera entrega de la saga y tercera reseña en este blog, así que me ahorro repetir toda la biografía del autor (podéis leerla en las reseñas de La Montaña que Canta y Los Pasillos de Piedra) para contaros algo que me hace especial ilusión: David Sánchez-Pontón tuvo la amabilidad de responder a nuestras preguntas directamente y confirmarnos algunos datos que en las anteriores reseñas habíamos recogido a medias. Efectivamente es hidrogeólogo, trabaja en Phoenix, Arizona, tiene doble nacionalidad canadiense-estadounidense y su familia es de origen colombiano, razón por la cual es bilingüe en español e inglés. Pero lo que más despertaba nuestra curiosidad era la traducción, y aquí viene el dato: la estupenda traducción al castellano se debe a la colaboración de su tío Gabriel Pontón, que ha tenido un trabajo enorme, porque en los libros de fantasía como este hay cosas que son tremendamente difíciles de trasladar a otro idioma. Los nombres de las criaturas, por ejemplo: Hind-Bear lo tradujeron como Oso Bípedo, o Dragonewt como Dragomandro, que me parece absolutamente genial. Desde aquí nuestro agradecimiento, D. Gabriel.

Y otro dato importante: David nos confirmó que esta tercera entrega, a diferencia de las dos primeras, no nació como una serie de relatos publicados en una plataforma tipo Wattpad. Aquí hay un libro planificado de principio a fin, y eso se nota para bien.

Sinopsis

Si en el segundo libro veíamos cómo Smit construía nuevos pisos para su mazmorra y se enfrentaba a las maquinaciones políticas de los nobles por el control de su territorio, en La Puerta Infernal la amenaza cambia radicalmente de escala. Una señora demoníaca de los abismos más profundos del inframundo ha puesto sus ojos en el núcleo de Smit y está dispuesta a lanzar contra él todo lo que tiene a su disposición.

El asalto llega en dos oleadas: primero, una horda de no muertos que sitia el pueblo de Nam, la aldea junto a la mazmorra. Después, cuando eso no basta, se abre literalmente una puerta infernal y son los propios demonios los que asaltan tanto el pueblo como la mazmorra. Smit se ve forzado a una alianza con el Rey Vas para hacer frente a una amenaza que ninguno de los dos puede afrontar solo, y serán sus «hijos» (las criaturas que ha forjado para proteger su hogar), a los que se une Zigur, quienes ganarán protagonismo en unas batallas que son más campales que los enfrentamientos uno contra uno que habíamos visto hasta ahora.

Opinión personal

Empiezo por lo que más me ha sorprendido: este es un libro mejor construido que los dos anteriores, y la diferencia es evidente desde las primeras páginas. Las dos primeras entregas nacieron como relatos sueltos publicados en línea, y eso se notaba en cierta falta de continuidad, en «melones» que se abrían y no se cerraban, en repeticiones por si te unías a la lectura a mitad de la historia, fallos de continuidad derivados de hiatos en la escritura, en una sensación de que el autor iba descubriendo el camino según lo andaba. Aquí no. Aquí hay planificación, hay una estructura narrativa con un arco que se sostiene, hay decisiones de principio que pagan al final. Es donde aflora el verdadero potencial de David Sánchez-Pontón cuando trabaja sobre una historia concebida de principio a fin en lugar de construida por entregas: planificando lo que va a escribir en lugar de improvisar escenas y dejar que la historia se dirija sola.

Es cierto que ya no vamos a seguir a un grupo de aventureros recorriendo la mazmorra e intentando someterla, que es lo que a muchos fans del dungeon core les enganchó en el primer libro. Pero la parte de «construcción» sigue presente con unas estupendas descripciones de la última planta de la mazmorra que conservan ese perfeccionismo artesanal que define a Smit. Lo que cambia es el peso narrativo: aquí manda la guerra. Las batallas campales contra la horda de no muertos primero y contra los demonios después son el corazón del libro, y a través del resto de personajes: el Rey Vas, los aventureros, los espías, los propios hijos de Smit… vamos entendiendo cómo se forja el asalto, cómo se tejen las alianzas y cómo se resiste cuando lo que está en juego no es ya la independencia de una mazmorra sino la supervivencia de todo un reino.

¿Es perfecto? No. Quizá le falte explorar más los temas políticos, puede que haya secundarios que son instrumentales y solo sirven para trasladar un mensaje en un momento determinado. Pero sí hay el suficiente desarrollo emocional para que sientas el dolor de Smit y el apego por sus criaturas, que al fin y al cabo es el motor emocional de toda la historia. Una vez que empieza «la acción» de verdad no pude soltar el libro (la magnífica pelea entre Pala y la Diablesa), y eso no me había pasado con las anteriores entregas, al menos no con la misma intensidad. Es un salto cualitativo real.

Y la traducción sigue siendo de lo mejor que puedes encontrar en este género en castellano. Hay algunos errores menores, inevitables en cualquier primera edición, pero comparado con las apestosas traducciones automáticas que infestan Amazon en el mundo de la litRPG y el game-lit, esto es un oasis. Solo encontré un punto donde la traducción tropieza: el término Demoness. En inglés funciona perfectamente, pero en castellano no existe un equivalente natural y «Diablesa» que sería quizá lo más adecuado, se traduce por «Demoníaca» que acaba generando cierta confusión en algunos pasajes. Es un detalle menor dentro de un trabajo de traducción sobresaliente. Ojalá la editorial se anime con las tres novelas restantes de la saga, porque a este ritmo ascendente no quiero ni imaginarme lo que viene después y lo leeré aunque tenga que hacerlo en inglés.

Calificación: Bueno, un salto cualitativo respecto a las anteriores

Lo mejor: la planificación se nota en cada página, las batallas campales son trepidantes y la construcción de la última planta de la mazmorra mantiene el sello artesano de Smit; mención especial para la traducción de D. Gabriel Pontón

Lo peor: los personajes secundarios siguen sin ganar demasiada profundidad y los fans del dungeon diving clásico echarán de menos las exploraciones de aventureros

Lo releería: sí, es la mejor entrega de la saga hasta la fecha

Lo recomiendo: si has leído las dos primeras, esta es donde la saga despega de verdad; si no las has leído, empieza por La Montaña que Canta y no te saltes ninguna

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Dune – Frank Herbert

Reseñado por Bitterblink

Frank Herbert no era un escritor de ciencia ficción que un día decidió inventar un desierto. Antes que nada era un periodista con una curiosidad casi obsesiva por los ecosistemas: pasó años documentándose sobre dunas costeras y proyectos contra la erosión en Oregón, y de ahí nació Arrakis. Herbert construyó primero el planeta —su clima, su ecología, los gusanos de arena y la especia— y después dejó que la política, la religión y la genética se desarrollaran sobre esa base. Esa mirada de ecólogo es una de las claves que distingue a Dune de la space opera de su época: Arrakis no es un decorado, sino un personaje con reglas propias que condiciona todo lo demás.

El resultado fueron siete años de trabajo y un manuscrito rechazado por más de veinte editoriales por su extensión y por lo poco convencional de una space opera construida sobre ecología, religión y política. Finalmente, Chilton Books —conocida sobre todo por sus manuales de automóviles— la publicó en 1965, después de su serialización en Analog. La apuesta salió redonda: Dune ganó el Nebula a la mejor novela en 1965 y compartió el Hugo en 1966, convirtiéndose con el tiempo en una de las obras más vendidas de la ciencia ficción.

Herbert continuó desarrollando ese universo hasta completar, antes de su muerte en 1986, una hexalogía que se aleja progresivamente de la aventura de la primera novela para profundizar en el poder, el mesianismo y la evolución humana a lo largo de milenios. Una saga que —como comento más abajo— he tenido la suerte, y la paciencia, de leer completa.

Sinopsis

El duque Leto Atreides recibe del Emperador el control del planeta Arrakis, el único lugar del universo donde se produce la melange, la especia que hace posible los viajes interestelares y que prolonga la vida y expande la mente de quien la consume. Es un regalo envenenado: los Atreides sustituyen en el feudo a sus enemigos jurados, los Harkonnen, que no piensan renunciar a Arrakis sin pelear. Junto al duque viajan su concubina, la Bene Gesserit Lady Jessica, y su hijo Paul, un adolescente entrenado desde la cuna en el combate, la política y unas disciplinas mentales que lo acercan, sin que él mismo lo sepa del todo, a algo más que humano.

Cuando la traición golpea a los Atreides, Paul y Jessica se ven obligados a huir al desierto y a refugiarse entre los Fremen, el pueblo nativo de Arrakis, curtido por siglos de vivir con el agua racionada y la muerte acechando entre las dunas en forma de pavoroso y gigantesco gusano de arena. Ahí, entre profecías sembradas siglos atrás por la propia Bene Gesserit, la explotación descarnada de la especia y las maniobras del Emperador y sus temidos Sardaukar, Paul empieza una transformación que ya no depende solo de su voluntad, sino de fuerzas históricas, genéticas y religiosas que lo superan.

Opinión personal

Dune es uno de mis libros preferidos, y lo digo siendo consciente de que no es una lectura rápida ni fácil. Lo he leído seis veces —la hexalogía original completa, de hecho, no solo esta primera entrega— y esa insistencia es la que me hace acercarme a escribir esta reseña casi con respeto, con la sensación de que cualquier cosa que diga se queda corta frente a lo que el libro es. Le tengo especial cariño porque llegué a él después de ver la película original, aquella versión «psicodélica» que no es nada fiel a la novela pero que en su momento me pareció lo más molón que había visto en pantalla. Leer el libro después fue descubrir que la fuente era mucho más rica, más árida y más exigente que cualquier imagen que el cine pudiera darme.

Lo que me gusta

Lo que más me fascina de Dune es que enseña y no explica. Herbert deja caer terminología, política, religión y ecología sin manual de instrucciones, y eso hace que casi cada pequeño detalle se convierta en materia de reflexión —o, hoy, en excusa para pararse a consultar internet, algo que antes no existía y que nos obligaba a leer artículos y ensayos sobre el libro solo para terminar de entenderlo—. Ese «dejar cosas sin explicar» es deliberado: la información llega muy poco a poco, casi a regañadientes, y hay pistas del universo Fremen y Sardaukar que solo cobran sentido páginas o capítulos después. Es un libro que confía en que el lector va a sostener la incertidumbre, y esa confianza es rara de encontrar.

Y si hay algo que se beneficia especialmente de ese «enseñar sin explicar» es la ecología de Arrakis. No es un decorado árido más: es una ecología única, distinta, casi alienígena, construida con un rigor que no había visto antes en ninguna otra space opera. En el centro de todo, literal y simbólicamente, está el gusano de arena: no es un monstruo decorativo, sino el eje sobre el que gira absolutamente todo lo demás —la especia, el ciclo del agua, la cultura Fremen, la economía del Imperio—. Cuanto más entiendes cómo encaja cada pieza de ese ecosistema, más se disfruta el libro, y esa es probablemente la mayor demostración de que Herbert hizo primero al planeta y luego a la historia.

Los personajes son otro de sus grandes aciertos, y aquí quiero matizar algo que suelo repetir: para mí, el personaje icónico de la saga, al que Herbert parece tener un cariño especial, es Duncan Idaho: aunque su peso varía, siempre acaba reapareciendo libro tras libro. Tiene hasta nombre de héroe galáctico. Pero no es, sin embargo, el personaje sobre el que resulta más interesante escribir (ese papel evidentemente se lo queda Paul, con toda su ambigüedad). Dama Jessica es otro acierto enorme: una protagonista femenina fuerte y valiente, con una agencia real dentro de la trama, aunque hacia el final del libro pierda algo de ese protagonismo a medida que el foco se cierra sobre Paul. Y luego están personajes consumidos por la devoción como Stilgar, que cumplen una función narrativa preciosa: es precisamente a través de su devoción ciega como el lector mide hasta qué punto Paul se ha transfigurado ya en Paul Muad’Dib.

Los Fremen me parecen maravillosamente misteriosos, y los Sardaukar todavía más: ambos pueblos se definen tanto por lo que Herbert cuenta como por lo que calla. Compro por completo la originalidad de ese universo, la importancia real y tangible de la especia, y el asco que terminan generando los Tleilaxu según se los conoce mejor a medida que avanza la saga (no aparecen en el primer libro). Tardé en entender el libro por completo, y aun así lo considero un imprescindible del género. Es de esos libros que vas a sufrir mientras los lees, pero que cuando por fin encajan las piezas te hacen sentir lo grande que es la obra que tienes entre manos.

Lo que me gusta menos

Hay que asumir que algunos diálogos son tediosos de leer, porque a veces dos palabras intercambiadas llevan detrás media página de descripción de micromovimientos corporales que, en realidad, ya han dejado clara toda la conversación. El ritmo general también es exigente, y hay que superar un inicio especialmente árido antes de que la novela empiece a devolverte el esfuerzo.

Hay algo en la evolución de Paul que siempre me descuadra: su progresiva deshumanización rompe parcialmente la imagen que el lector había construido del personaje y es normal que, de alguna manera, «duela». Se nota en esta primera novela y no solo en las secuelas, aunque sea de forma más sutil. (Aviso de spoiler menor, sin relevancia para la trama principal: hay un momento en que Paul recibe la noticia de la muerte de un hijo con una frialdad absoluta, casi administrativa. Es un detalle que no mueve la historia un ápice, pero que dice mucho de en quién se está convirtiendo el personaje; de hecho, en la película de Villeneuve ese episodio directamente no sucede, es una de las diferencias respecto a la novela.)

Identificarse con el protagonista es más difícil, porque eres muy consciente de cómo va perdiendo su humanidad por el camino. No es un defecto de escritura —está buscado y es parte del propósito de Herbert—, pero sí cambia la experiencia de lectura: empiezas acompañando a un chico que parece un héroe y terminas observando, con una distancia incómoda, a alguien que ya no lo es del todo.

La otra cara de esa misma virtud de «enseñar y no explicar» es que ese estilo deja un worldbuilding con muchos aspectos deliberadamente incompletos, cuestiones que Herbert nunca llegó a desarrollar o cerrar del todo. Las novelas posteriores ambientadas en este universo —sobre todo las de su hijo Brian Herbert— han ido intentando rellenar esos huecos con resultados desiguales, más o menos afortunados según el lector. Es el precio de un libro que prefiere sugerir a explicar: ganas misterio, pero también dejas puertas entreabiertas que otros, con más o menos acierto, acabarán intentando cerrar por ti.

Calificación: Imprescindible

  • Lo mejor: La ecología de Arrakis: única, alienígena y con el gusano de arena como epicentro absoluto de todo lo demás. Un universo político, religioso y ecológico completamente original, sin equivalente real en la ciencia ficción de su tiempo. Personajes como Dama Jessica y Stilgar, que sostienen el libro tanto como el propio Paul.
  • Lo peor: Ritmo exigente. Paul evoluciona pero no tiene por qué gustarte en qué dirección lo hace. Un worldbuilding que deja deliberadamente partes sin desarrollar.
  • ¿Lo releería?: Sin duda, de hecho ya lo he hecho seis veces, hexalogía completa incluida, y no descarto una séptima.
  • ¿Lo recomiendo?: Totalmente, aunque con un aviso: no es una lectura rápida ni cómoda, y hay que llegar dispuesto a sufrir un poco antes de que el libro empiece a dar sus frutos.

Otros libros que podrían gustarte

  • Hellhole, de Kevin J. Anderson y Brian Herbert, hijo de Frank Herbert, si quieres ver cómo otro autor intenta seguir explorando ese mismo tipo de ecología política a gran escala.
  • Justicia auxiliar, de Ann Leckie, por otra space opera que construye un imperio político igual de denso y original.
  • El juego de Ender, de Orson Scott Card, si lo que te atrapó fue ver a un protagonista adolescente cargar con un peso que lo supera.

Nota al pie: Libro vs. películas modernas (Denis Villeneuve)

La adaptación de Villeneuve es fiel en tono y estructura, pero recorta y suaviza algunas cosas: personajes como Piter de Vries o Rabban Harkonnen quedan mucho menos desarrollados que en la novela, el ecólogo Liet-Kynes pasa de hombre a mujer, la escena de la cena en Arrakis pierde buena parte de su tensión cultural, y —como ya comentaba antes— el momento en el que se aprecia la frialdad de Paul ante la muerte de un hijo directamente no aparece en pantalla.

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Elantris – Brandon Sanderson

Reseñado por Malosa

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de leer algo de Brandon Sanderson, el casi re-inventor de la fantasía actual. Aparte de tener un estilo propio muy característico, presenta una legión de fans kilométrica que veneran la obra del americano hasta el nivel del paroxismo.

Nacido en Nebraska y muy vinculado a temas religiosos (criado como miembro de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, o sea, de los Mormones), se licenció finalmente en artes (tras pasar por bioquímica y literatura inglesa) y actualmente es profesor de literatura creativa, además de escritor. Ha publicado más de 40 libros entre novelas, colecciones de cuentos y complementos a sus sagas. Elantris es su primera novela publicada allá por 2005, si bien fue el sexto libro que escribió, pero el primero aceptado en una editorial.

A mí Elantris me ha encantado, tengo que reconocerlo. Este año no he leído tanto como otras veces, pero diría que por el momento es mi mejor lectura de este 2026. Y dicen por ahí que este libro es el peor que tiene…no puedo esperar entonces a leerme el resto de su bibiografía.

Sinopsis

Bienvenidos a la ciudad de Elantris, la poderosa y bella capital de Arelon llamada la «ciudad de los dioses». Antaño famosa sede de inmortales, lugar repleto de poderosa magia, Elantris ha caído en desgracia. Ahora solo acoge a los nuevos «muertos en vida», postrados en una insufrible «no-vida» tras una misteriosa y terrible transformación. Un matrimonio de Estado destinado a unir los reinos de Arelon y Teod se frustra, ya que el novio, Raoden, el príncipe de Arelon, sufre inesperadamente la Transformación y se convierte en un «muerto en vida» obligado a refugiarse en Elantris. Su reciente esposa, la princesa Sarene de Teod, creyéndolo muerto, se ve obligada a incorporarse a la vida de Arelon y su nueva capital, Kae. Mientras, el embajador y alto sacerdote de otro reino vecino, Hrathen, usará su habilidad política para intentar dominar Arelod y Teod con el propósito de someterlos a su emperador y su dios.

Opinión personal

Como os decía, me ha gustado mucho la propuesta de Sanderson, me ha parecido una novela muy entretenida, con una atmósfera peculiar y atrayente, que presenta unos personajes muy bien caracterizados (y nada maniqueos, especialmente Hrathen) y con una estructura innovadora en su época. Las principales características de esta novela son:

– Estructura en tríada, dedicando cada capítulo a un personaje de manera alternativa (Raoden, Sarene y Hrathen, en este orden) y representando cada personaje una línea argumental que explota una temática (superación, política y religión). Al principio las 3 tramas tendrán relación pero serán independientes, no habiendo interacción directa entre los personajes hasta más allá de la mitad del libro.

– Autoconclusivo (esto personalmente me encanta), no forma parte de una saga en un momento en el que cualquier novela de fantasía que se considerara como tal debía tener continuaciones.

– Revoluciona el concepto de la fantasía tal y como se conocía hasta entonces:

  • Elantris se centra en temáticas relacionadas con la política y la religión, alejándose de conceptos más centrados en la épica y las grandes batallas de tipo medieval (se os vendrán a la mente El señor de los anillos o Juego de tronos, por mencionar los más conocidos).
  • El concepto de la magia es distinto, ya que esta novela parte de un sistema en el que la magia se ha roto y no se puede utilizar como recurso milagroso. El objetivo es volver a arreglar el sistema, Raoden actúa más como un programador informático que como un héroe típico.
  • No hay un viaje del héroe como tal. Las novelas típicas del género se basan en un tipo corriente que abandona su mundo cotidiano, enfrenta desafíos y adquiere conocimiento (normalmente ayudado por un mentor) y regresa a su mundo tras restaurar el equilibrio. Esto no existe en esta novela, no hay mentor y Raoden no sigue esta estructura aunque cierto crecimiento personal del personaje sí se aprecia.
  • El malo no es un villano descarnado y casi sin personalidad, Hrathen es un tipo práctico pero no vil.

Lo mejor del libro, aparte de las diferencias con el resto de novelas de fantasía descritas arriba, son en mi opinión los personajes. Sanderson se vuelca en ellos por completo y nos cuenta todos sus pensamientos, describiéndolos a la perfección y con mucha profundidad. Además no hay maniqueísmo en su descriptiva, especialmente en el caso de Hrathen, el mejor personaje sin discusión. Se le presenta como el villano de la historia, pero no es una persona cruel ni injusta. Experimenta además una crisis de fe que será clave en el desenlace de la novela.

Mi favorito en cualquier caso ha sido Raoden, me encanta su capacidad de superación y toda su trama, que es la más centrada por otra parte en la magia con todo el rollo de la Shaod y el uso de los Aones. Me pareció la más entretenida sin discusión.

En negativo, diría que probablemente le sobran páginas (la novela tiene alrededor de 800), si bien hay que destacar que en su primera edición en inglés no superó las 500. Y a mí personalmente el personaje de Sarene se me atragantó un poco, me resultó algo cansina y su trama argumental es la que más páginas tiene. Los capítulos muy centrados en las maquinaciones políticas para derrocar al rey, me acabaron cansando.

Pero lo anterior no le resta mérito a una obra muy bien escrita, madura y completa. Una recomendación en toda regla.

Acabo comentando que en mi edición hay extras, incluyéndose una guía detallada de los Aones y también algunos capítulos no incluidos en la edición original y en los que aparecía un personaje que acabó eliminando Sanderson, el hermano loco de Raoden (creo que lo ha utilizado en otra novela). Me resultó muy curioso, fue como leer las tomas falsas de una película.

Calificación: Muy bueno

Por qué decidí leerlo: le tenía ganas a Sanderson hace tiempo. Vi por ahí esta edición especial limitada con los cantos pintados de azul y no me pude resistir…

Lo mejor: su estructura innovadora. Su concepto distinto de la fantasía. El desarrollo de los personajes. La línea argumental de Raoden y la Shaod.

Lo peor: El personaje de Sarene y su trama se me hicieron algo pesadas en algún pasaje. Es posible que le sobren páginas, me resultó demasiado largo.

¿Volvería a leerlo?: Probablemente no, pero seguro que leo algo más del autor. La saga de Nacidos de la bruma tiene muchas papeletas…

¿Lo recomendaría?: Al 100%, tanto a los que les guste la fantasía como a los que no. Aunque haya magia en la novela, diría que no molesta para nada y se explotan otros temas que nada tienen que ver con la fantasía típica.

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Malosa

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