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Película: X-Men, Primera Generación (revisión)

X Men primera generación póster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: X-men: First Class

Año: 2011

Director: Matthew Vaughn (Layer Cake; Kick-Ass)

Guión: Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman, Matthew Vaughn

Música: Henry Jackman

Fotografía: John Mathieson

Reparto

  • James McAvoy
  • Michael Fassbender
  • Jennifer Lawrence
  • Kevin Bacon
  • Rose Byrne
  • Nicholas Hoult
  • January Jones

La idea esta semana era reseñar X-Men: Días del futuro pasado, por ser la única película atrayente de la cartelera, pero problemas de agenda me lo han impedido. En su lugar, me pondré en antecedentes con la predecesora X-Men: Primera generación. El problema con esta saga es que entre secuelas, reboots, y spin-offs uno acaba por perder la cuenta no de la línea argumental de cada cinta, sino más bien de los personajes que aparecen y desaparecen de la trama y su relación entre ellos. Y la gracia que tiene un reboot es que se pueden redefinir y explicar estas relaciones desde el inicio, mientras los guiños argumentales al espectador sobre el futuro de la trama son continuos. Uno de los aciertos de esta cinta fue el aire sesentero que desprendía en cada fotograma y su tono a lo cinta de James Bond que consiguió, con una trama que mezclaba los superhéroes mutantes (y los problemas de personalidad, autoconfianza y superación personal que eso generaba) con los espías y los supervillanos en mitad de una crisis nuclear en plena guerra fría.

Antes de que los más importantes mutantes se convirtieran en Magneto y el Profesor Xavier (líder de los X-Men), ellos eran simplemente Erik y Charles. Estamos en 1944, en un campo de concentración para judíos en Polonia durante la segunda guerra mundial. Un joven es sometido a un experimento y para ello su madre es cruelmente asesinada delante de él. El joven en cuestión se llama Erik Lehnsherr y descubre en ese momento que tiene una extraña mutación genética por la que puede mover o manipular el metal a distancia como si de un poder magnético se tratase. El responsable es el doctor Klaus Schmidt e intentará aprovecharse de este don. A la vez, en una lujosa mansión de Nueva York un niño llamado Charles Xavier descubre una intrusa en su casa con la habilidad para transformarse en cualquier persona. Se trata de una niña llamada Raven y su estado natural es con la piel azul. El joven Xavier tiene poderes psíquicos con los que leer las mentes, comunicarse e influir en los pensamientos de la gente. Decide acoger a Raven en su casa al descubrir con alegría alguien más con una extraña mutación genética como la suya. Al pasar los años y adentrarnos en la década de los sesenta, el joven Xavier está a punto de presentar su tesis acerca de la evolución y mutaciones genéticas de la humanidad y graduarse en Oxford, mientras que Erik está obsesionado con la búsqueda del asesino de su madre, el doctor Klaus. Sus caminos se cruzan y deciden aunar fuerzas para colaborar en la creación de la “División X”, una sección ultrasecreta de la CIA formada por individuos que presentan mutaciones genéticas y diversos poderes sobrehumanos, para luchar contra otros mutantes que supongan una amenaza para la humanidad. Gracias a los poderes de Xavier pueden buscar por todo el mundo mutantes que no encajen en su entorno social para ofrecerles un modo de ganarse la vida. Pero Erik seguirá obsesionado con la venganza y no cesará en su empeño de encontrar a Klaus Schmidt, ahora convertido en Sebastian Shaw, quién también tiene su grupo de mutantes para unos fines menos pacíficos. La guerra fría está en su apogeo y las tensiones entre los USA y la URSS alcanzarán su punto álgido con la crisis de los misiles en Cuba. Y estando Shaw y demás mutantes invencibles detrás de la escalada militar, la única salvación será este extraño grupo de superhéroes mutados a los que ni el resto de los humanos verán con buenos ojos por suponerlos una amenaza contra su existencia. La ambigüedad moral acerca del uso de los poderes mutantes para el bien o para el mal estará servida…

El principal punto fuerte de “X-Men: Primera Generación” fue su originalidad al hacer un reinicio de franquicia ambientado en los años 60. El diseño de producción está muy logrado y le da un tono agradable a la cinta, lo cual le permite diferenciarse claramente del resto de secuelas, algunas de las cuales no eran poseedoras de una elevada calidad. Y además, el argumento de espionaje también encaja muy bien en la época retratada. Entre medias, tenemos los orígenes de estos personajes cada uno con entidad y personalidad propia, sus propias motivaciones y su explicación acerca de los caminos que tomarán en un futuro.

Lo que entronca con el segundo punto fuerte de la cinta, las interpretaciones de McAvoy pero sobre todo de Fassbender, quien despuntó levemente en “Malditos Bastardos” pero que aquí se coronó como uno de los actores más prometedores de los últimos años. El tono cínico y cruel que le da a su tempranero Magneto se engarzará perfectamente con el que Ian McKellen ha interpretado previamente con más edad. Sólo que aquí le vemos sufrir y comprenderemos los orígenes de dicho sufrimiento, será más vulnerable y el espectador empatizará más con él, en esa tendencia del cine actual de hacer a los villanos más creíbles y justificables.

Quizás por el nivel demostrado por Fassbender es por lo que McAvoy no brilla tanto en esta cinta. De su papel en Trance maduro y serio pasa a éste rol más infantil y diseñado para caer bien al adolescente hormonalmente revuelto, en la línea de la mamarrachada de Wanted. McAvoy se empeña en presentar la parte jovial y ligona de un Profesor Xavier que después se convertirá en un adulto responsable, reposado y cerebral atado a su silla de ruedas. Es posible que una minusvalía haga que la personalidad de alguien se vuelva más amargada, pero no cuela demasiado para mi gusto. Aunque nadie puede culpar a McAvoy de intentarlo, eso está claro; y el resto de engranajes de la cinta encajan tan bien que se le puede perdonar a su interpretación exagerada.

El resto de actores engalanan esta cinta tal como por ejemplo el villano trasnochado de Kevin Bacon, o la chica de moda que es Jennifer Lawrence y su versión de Mística que nos hace olvidar a Rebeca Romijn. Además, tal como ocurría en la tercera parte de X-Men, la película no está dulcificada y vemos personajes que fallecen justificados por el guión, y la moralina típica del cine USA no empaña las actuaciones de algunos de los personajes, encajando con su perfil perfilado en el argumento.

Película de reparto multicoral y aroma sesentero, las lecturas entre líneas y las referencias a los personajes en que se convertirán en un futuro son continuas. Se trata de una cinta fundamental -y fundacional- para entender los capítulos anteriores de la saga y las motivaciones de los personajes. El juego de referencias funciona e incluso algunas veces no será fácil percibir la fina ironía de determinadas situaciones que luego serán claves para entender la personalidad y la manera de actuar de personajes clave en la saga. Por supuesto que el fan purista detectará algunos fallos de continuidad entre el canon original de los cómics y las películas originales, pero como compensación tenemos un cameo inimitable de Hugh Jackman como Lobezno mandando a paseo a nuestros dos protagonistas, y eso es compensa hasta los fallos de racord*, si los hubiera.

Y lo que verdaderamente importa, para el fan ocasional que no se haya asomado antes a ninguna de las aproximaciones a este mundo, tanto cinematográficas como impresas, su disfrute no se resentirá ni se agobiará por una carencia de conocimientos de esta parte del Universo Marvel. Vamos, que esta entrega funciona de manera autónoma y el desarrollo de la trama no se ve entorpecido por la ausencia o exceso de referencias cruzadas de los personajes, épocas o situaciones. Es por esta razón por la que esta “X-Men: Primera Generación” se lleva una buena nota y merece que preste mi atención a su secuela que lleva más lejos el reparto, expande el universo de estos personajes, y enlaza con las anteriores trilogías.

Calificación: Muy buena.

Lo Mejor: Fassbender y su personaje que nos muestra cómo era Magneto antes de ser Magneto. La ambientación de los 60 está muy conseguida y le da un buen toque a la cinta.

Lo Peor: Algún detalle en la caracterización del personaje de McAvoy hace que se pase un poco de frenada al versionar a Xavier de joven.

La vería de nuevo: Sí, sus más de dos horas no se hacen pesadas y dosifica muy bien la trama e incluso el largo clímax.

La Recomiendo: Sí, es una digna adaptación del cine de superhéroes.

Películas similares: Los Increíbles, saga de X-Men,

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1270798/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El juego de Ender

El juego de Ender poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Ender’s Game

Año: 2013

Director: Gavin Hood (X-Men Orígenes: Lobezno; Tsotsi)

Guión: Gavin Hood

Basado en el libro de Orson Scott Card

Música: Steve Jablonsky

Fotografía: Donald McAlpine

Reparto

  • Asa Butterfield
  • Harrison Ford
  • Hailee Steinfeld
  • Viola Davis
  • Abigail Breslin
  • Ben Kingsley

El Juego de Ender, uno de los mayores éxitos de la narrativa de Ciencia Ficción, ganadora de los premios más influyentes del género, llevaba años buscando ser adaptada al cine. Decir que es la novela favorita de Bitterblink (aquí dejo un enlace a su reseña), es decir mucho y hace que sobren las presentaciones. La verdad es que la película se estrenó hace ya bastantes meses, a finales de 2013, pero pasó con tan poca pena ni gloria, que perdí la ocasión de verla por esperar un par de semanas para ir al cine. Todas las expectativas generadas durante su rodaje y con las prometedoras imágenes que se iban filtrando se desinflaron en el momento que se estrenó y el poco éxito que cosechó en su corta carrera comercial. Y es una pena, porque la cinta tiene cierta calidad y está bastante bien rodada; además, tiene la proporción adecuada entre un reparto poco conocido, joven y prometedor, junto con reconocidas figuras de la interpretación que son garantía de éxito (a pesar de que Harrison Ford lleva años sin un gran taquillazo). Pero el mundo del cine a veces es una incógnita y, quien sabe si por falta de publicidad, las declaraciones homófobas de Scott Card o que, sencillamente no encontró el “feeling” necesario con el público, la crítica o la taquilla, la película no tuvo el éxito esperado a este lado del océano (en la taquilla USA sí que ha llegado a cubrir las expectativas).

Desde luego que la novela es un hito de la ciencia ficción de los 80, y aporta muchas cosas nuevas a un género más que trillado. Es un estudio psicológico sobre el liderazgo y la motivación, y analiza las causas que llevan a los gobiernos a actuar de manera totalitaria por el bien común. Las cuestiones filosóficas que plantea y el dilema moral de si el fin justifica los medios planea sobre todo el libro; y anticipa de manera premonitoria la manipulación mediática y de la opinión pública de las redes sociales… ¡30 años antes de que se creara Twitter! Y sobre todo estaba la duda de cómo se plasmaría en imágenes todas las escenas de la escuela de batalla en gravedad cero, y si tendría la suficiente potencia visual y narrativa para ser trasladado al lenguaje cinematográfico. Y mi respuesta es que se trata de una muy digna adaptación de la novela en la que se basa, a pesar de que no pasará a los anales del género.

Estamos en un futuro en el que la humanidad ha estado al borde de la extinción como consecuencia de la invasión de unos seres alienígenas conocidos como “fórmicos” o “insectores” (por su parecido con insectos de tamaño natural). Aunque años atrás se consiguió evitar la extinción de la raza humana gracias a la pericia de un genio militar conocido como comandante Mazer Rackham, es de suponer que en algún momento del futuro se vuelva a repetir el desastre. Es por ello por lo que los países reclutan a los niños más superdotados del planeta para entrenarlos y convertirlos en líderes militares que sean capaces de impedir una nueva invasión que suponga el final de la raza humana. En este marco es donde encontramos a Ender Wiggin, el menor de tres hermanos brillantes que por una razón u otra fueron rechazados para la academia de la Flota Internacional. El joven Wiggin es un muchacho fuera de serie pero que vive acosado por los matones (tanto en las academias como con su propio hermano mayor, Peter). Sólo su tremendo ingenio y su enorme capacidad de liderazgo le permitirán salir indemne de los conflictos en los que se verá envuelto. El coronel Graff descubre su innato talento para la batalla y la supervivencia y ve en él la última posibilidad de forjar un héroe y líder militar con el que evitar la inminente derrota terráquea ante los insectores. Es por ello por lo que Ender será reclutado para la Academia estelar por Graff, e instruido contrarreloj para aprender tácticas militares y de guerra interestelares. A través de complejas simulaciones y juegos de batalla, se entrenará en una estación orbital junto con más niños con los que aprenderá liderazgo y diplomacia, y tendrá que dar lo mejor de sí mismo para conseguir superar las distintas fases y retos que le irá exigiendo, sin ser consciente de ello, el coronel Graff. Siempre con la perspectiva de que Ender es la única esperanza que le queda a la humanidad para la supervivencia al filo, a lo largo de su periplo nos preguntaremos si todo esto es necesario, y si es realmente un juego de niños.

A pesar de que en la adaptación de la novela al guión se han tenido que sacrificar determinados pasajes por el bien de la narración cinematográfica (la historia de los hermanos de Ender como manipuladores de la opinión pública, las distintas escuadras por las que pasa en la academia estelar), ésta en ningún momento se resiente por la falta o exceso de información. Para el espectador inexperto que no haya leído la obra original, la película avanza rápido y sin atascarse demasiado. La imaginería visual con la que se otorga a este mundo futurista que trata a los niños como herramientas bélicas destinadas a erigirse en los líderes militares del mañana, es bastante acertada y no cae en ningún truco efectista que menosprecie el argumento antes que la acción. Es cierto que hay veces que la información está algo condensada y a los personajes les falta profundidad psicológica por todas las páginas y descripciones que se han tenido que sacrificar. Pero Gavin Hood no ha caído en la trampa de Peter Jackson de hacer una cinta de tres horas de duración a lo El Hobbit para comprimir toda la novela. En su lugar, se centra en hacer que parezcan creíbles unos niños jugando a juegos de guerra y simulaciones militares, y en aportar su granito de arena al mundo de las naves espaciales sin que las imágenes nos recuerden demasiado a Star Wars.

Destacar la interpretación de Asa Buterfield como Ender, quien nos transmite la mezcla de debilidad física y superioridad intelectual sin resultar arrogante, atrapado en conflictos éticos y personales. Cumple con creces su misión de plantar cara al personaje de Harrison Ford y al resto del reparto juvenil por igual.

Como conclusión, decir que este Juego de Ender es una digna adaptación de la novela, mucho mejor que otras grandes obras literarias que pasaron con más éxito por las salas. Quizás en su mensaje no deja medias tintas y se ha optado por la claridad de la moraleja frente al posible oscurantismo que el espectador medio no entendería. Un punto en contra es la manera en que se empeñan en estropear el final sorpresa de la cinta, una de las fortalezas de la novela y que es de lo que más ayuda a dejar un buen sabor de boca al lector. Pero desde luego que el mensaje de la obra queda intacto y hace al espectador replantearse los mecanismos de defensa de nuestras sociedades actuales.

Calificación: Entretenida

Lo Mejor: Digna adaptación visual y argumental de la novela.

Lo Peor: Que se empeñen en estropearnos el final de la cinta.

La vería de nuevo: Puede

La Recomiendo: Totalmente si has leído el libro.

Películas similares: La Chaqueta metálica, 2001 una odisea en el espacio

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1731141/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – The Monuments Men

The Monuments Men Poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

The Monuments Men

Año: 2014

Director: George Clooney (Buenas noches y buena suerte; Los Idus de Marzo)

Guión: George Clooney

Basado en el libro The monuments men: allied heroes, nazi thieves and the greatest treasure hunt in history, de Robert M. Edsel

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Phedon Papamichael

Reparto

  • George Clooney
  • Matt Damon
  • Bill Murray
  • John Goodman
  • Cate Blanchett
  • Jean Dujardin
  • Hugh Boneville

De la segunda guerra mundial se han hecho películas para todos los gustos y sensibilidades. Dejando a un lado el tono lúdico y bélico de las tempranas Doce del Patíbulo, Los Cañones de Navarrone o El desafío de las águilas, los últimos tiempos se han caracterizado por asumir el conflicto que dividió al siglo XX como un terrible drama humano e histórico. De esta manera, entre pianistas, Schindler, soldados Ryan o Benigni, hemos tenido en los últimos tiempos una visión cruda de lo que supuso uno de los peores capítulos en la historia de la humanidad. Con Monuments Men, Clooney adapta una visión más amable del conflicto aunque no por ello menos importante, que es la de salvar no vidas o países, sino las obras de arte del viejo continente, la cuna de la civilización occidental. Los paralelismos con la desgarradora “Salvar al soldado Ryan” serán evidentes, aunque aquí lo realmente diferente será el tono y la vertebración argumental de la trama.

Basada en una historia real, la película nos cuenta cómo en los últimos años de la II guerra mundial, el teniente Fran Strokes convenció al mismísimo presidente de los Estados Unidos para la creación de un batallón específico formado no por soldados, sino por académicos e historiadores del arte. El objetivo era infiltrarse en las zonas conquistadas a los alemanes e ir recopilando todas las obras de arte expoliadas por los nazis para devolverlas a sus legítimos dueños y países. De esta manera, este grupo tan particular y poco prodigado en combate se verá enfrentado a una peligrosa misión en la que tras las líneas enemigas los alemanes han ido escondiendo sus valiosos trofeos, con la orden de destruirlas antes de que caigan en manos enemigas. A la presión de esta carrera contrarreloj se sumará el avance soviético por el frente oriental, quienes también buscarán quedarse el arte robado como compensación por el latrocinio sufrido por el conflicto. Siglos de historia y de arte de civilización occidental se verán abocados al olvido y a la destrucción; lo único que impedirá que esto suceda será la labor de este escuadrón conocido como Monuments Men.

El precedente más claro de esta historia bélica lo tenemos en el cine español con la cinta de Antonio Mercero “La Hora de los Valientes”, donde se respondía a una pregunta: ¿durante la Guerra Civil española, quién se ocupó de salvar las grandes pinturas de la gran pinacoteca que era el Museo del Prado? A través de este planteamiento, se narraba una historia de honor y valentía en mitad del caos de un conflicto. La verdad es que aquí Clooney ha bajado el nivel de la épica para centrarse en una crónica de las actividades de este grupo tan peculiar, en los últimos años del conflicto. La historia se resiente por ser algo inconexa y no tener un objetivo claro a lo largo del argumento, más bien la cinta se dedica a avanzar por la narración deteniéndose por aquí o allá. Otras críticas han hecho hincapié sobre la falta de definición del discurso de Clooney, acerca de los leitmotivs de la cinta y si es más valiosa la vida de un hombre frente a una obra de arte. En el festival de Berlín se ha llevado unos cuantos palos en este sentido.

En mi opinión, creo que la mayoría de estas críticas son injustificadas. La película, si bien no alcanza el grado lacrimógeno o tremendista de las aproximaciones de Spielberg al conflicto, tiene ciertamente la cualidad de arrojar otro tono sobre este tema tan manido. Es una película delicada, poética, como las obras de arte que buscan estos hombres. En “Salvar al soldado Ryan”, el macguffin era buscar a un único soldado que arrojaba la cuestión moral de si era necesario arriesgar varias vidas para salvar solo una. Aquí, tal como he comentado arriba, no llega a hacer esa pregunta porque ya la responde de antemano. Estos hombres están en la retaguardia de la guerra, asumiendo riesgos mínimos. La manera en que se resuelven las dos o tres escenas contadas en que hay violencia y muerte es sin ver ni un solo tiro y con un lirismo y sensibilidad que me llegó al alma. Nada que ver con la brutalidad de la cinta citada de Spielberg. Y Bill Murray está cada vez más irreconocible desde que se dedicó a poner cara de palo en “Lost in Traslation”, y no sólo por su creciente envejecimiento. La capacidad dramática de la escena en la que está en la ducha, confundiéndose sus lágrimas con el agua del grifo, nos desvela nuevos registros de un actor al que nos hemos pasado la vida viéndole como un payasete simpático.

Pero que nadie se equivoque, esta cinta es una comedia ligera y alegre. Como en Ocean’s Eleven, Clooney se dedica a reclutar a un equipo, aunque los momentos de gags cómicos no son tan potentes como el lirismo dramático. El resto del reparto funciona perfectamente, hasta el anquilosado Matt Damon que encaja aquí menos que en otras cintas suyas. Y una vez que el argumento encuentra el norte y encaja su recta final, es cuando nos llegan los mejores momentos, como esa escena en la que se interroga al oficial alemán con un paquete de cigarrillos. La verdad, una vez ya conocidos los momentos más amargos de esta guerra vista a través de las grandes películas del género, no está de más ver esta Monuments Men para relajar los sentidos y pasar un buen momento lúdico.

Calificación: Buena

Lo Mejor: Los momentos de lirismo dramático, poéticos y de buen gusto.

Lo Peor: Un argumento que se pierde a mitad de cinta.

La vería de nuevo: Sí

La Recomiendo: Sí

Películas similares: Salvar al Soldado Ryan, La Hora de los Valientes, La Lista de Schindler, Ocean’s Eleven, Doce del Patíbulo, El Desafío de las Águilas, Evasión o Victoria

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2177771/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Los juegos del hambre: en llamas

Los juegos del hambre - en llamas poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

The Hunger Games: Catching Fire

Año: 2013

Director: Francis Lawrence (Constantine, Soy leyenda, Agua para elefantes)

Guión: Simon Beaufoy, Michael Arndt

Basado en el libro En llamas, de Suzanne Collins

Música: James Newton Howard

Fotografía: Jo Willems

Reparto

  • Jennifer Lawrence
  • Josh Hutcherson
  • Liam Hemsworth
  • Woody Harrelson
  • Elizabeth Banks
  • Lenny Kravitz
  • Philip Seymour Hoffman
  • Jeffrey Wright
  • Stanley Tucci
  • Donald Sutherland

Hace pocos días hemos tenido la triste noticia del fallecimiento del actor de 46 años Philip Seymour Hoffman, victima de una sobredosis en su propio apartamento de Nueva York. La casualidad hace que tuviera pensado reseñar esta semana uno de sus últimos trabajos estrenados recientemente, la adaptación de la segunda parte de la trilogía de Suzanne Collins, Los juegos del hambre – En llamas. A pesar de que al fallecido actor le quedan un par de filmes por estrenar este 2014, se tiene pensado desdoblar el último título de esta saga (Sinsajo, o Mockingjay en el original), en dos partes (para 2014 y 2015). Y estaba tan adelantado el proyecto, que Seymour Hoffman tenía rodadas la práctica totalidad de las escenas de la primera parte, y sólo le quedaba una semana de rodaje de la segunda. Esto hace que, a diferencia de otros casos fílmicos en los que la prematura muerte de uno de los actores principales obligaba a los responsables a agudizar el ingenio (el caso de Brandon Lee en “El Cuervo” o Heath Ledger en “El imaginario del doctor Parnasus”), aquí no vaya a haber grandes problemas para continuar esta saga que mezcla circo, reality show y opresión gubernamental a partes iguales.

El malogrado actor interpreta a Plutarch Heavensbee, el relevo de Seneca Crane (el personaje de Wes Bentley en la anterior entrega) como la mano ejecutora del malvado presidente Snow (Donald Sutherland), el organizador de los Juegos del Hambre que se dedica a controlar el desarrollo de los mismos. Ha pasado un año desde que Katniss Everdeen y su compañero del Distrito 12, Peeta Mellark, ganaron contra todo pronóstico la 74ª edición de los Juegos del Hambre, una herramienta del Capitolio (la capital de un país futurista conocido como Panam construido sobre lo que una vez fueron los Estados Unidos) usada para controlar las revueltas de la población del país y recordar a sus habitantes el aplastamiento de una insurrección años atrás. Ahora se dedican a ir de gira por el resto de distritos  mientras ven la realidad de las zonas más pobres del país. La insatisfacción cada vez es mayor en la población, y Katniss es vista como una heroína del pueblo para muchos, lo que irrita al presidente Snow porque crea inestabilidad y descontento social. De hecho, es lo que piensa el amor frustrado de Katniss, Gale, que la revolución cada vez está más cerca, y que ella debería jugar un papel activo en la misma. Para que esto no ocurra, Snow y Heavensbee idean que para conmemorar el 75 aniversario de los Juegos del Hambre, se realizará el Vasallaje de los 25: una edición especial en el que participarán ganadores de ediciones pasadas y en el que nuestros protagonistas del Distrito 12 se enfrentarán a todo tipo de contrincantes y asesinos especializados. El triángulo amoroso en el que se verá envuelta de nuevo Katniss (simulando un amor que no siente por Peeta como medio para sobrevivir), y la delicada situación social en que se encuentran los Distritos contrastará con la brutalidad del Capitolio para aplacar sus problemas. ¿Serán capaces nuestros protagonistas de volver a salir indemnes de esta edición de los Juegos del Hambre?

En esta ocasión se ha cambiado al director de la primera entrega Gary Ross, por Francis Lawrence, ya conocido por la mediocre Soy Leyenda, quien se hará cargo de las siguientes entregas que cierren esta saga, alargada innecesariamente en su tomo final mediante el recurso actual de dividir en dos algo que en libros se contaba de una vez. Veremos si ocurre como siempre en estos casos y resulta un error, de momento la sensación de deja vu en esta cinta es total. Hemos cambiado el estilo caótico de Ross por un mayor presupuesto y una fotografía más oscura (hay escenas rodadas de noche en las que no se aprecia nada de lo que ocurre en pantalla), pero el esquema de la primera parte es el mismo: una parte inicial sobre la vida en las zonas pobres, que intenta recordar en las formas totalitarias de control de la población a la obra maestra de Orwell, 1984; un interludio en el que volvemos a ver al personaje de Woody Harrelson y el resto de aliados mientras les instruyen para el combate y las pasarelas como medio de caer bien a la audiencia y sobrevivir a cualquier medio; y por último, las escenas finales en la Arena, con los combates muerte a muerte entre los protagonistas y las distintas alianzas que se forman. Salvo el final de la película (lo único sorprendente y realmente diferente a la anterior entrega), el resto del metraje es un calco y no aporta nada nuevo, ni siquiera el interés por ver cómo evolucionará el argumento. El exceso de secundarios de lujo son incapaces de darle calidad a la cinta, solo el ya mencionado Seymour Hoffman hace un papel algo reposado y para nada excéntrico, lo que se agradece viendo las tonterías en las que caen Stanley Tucci o hasta un inverosímil Jeffrey Wright. Y por supuesto, Jennifer Lawrence, auténtico descubrimiento y acierto de la saga, que se va haciendo una gran carrera con títulos como “El lado bueno de las cosas” o la reciente “La gran estafa americana”.

Lawrence es, junto con Seymour Hoffman, la única que le da cierto empaque emocional y profundidad a la historia, que repite los problemas de la primera parte. Es decir, la película es un subproducto para adolescentes con el toque Crepúsculo (triángulos amorosos imposibles, en esta ocasión el planteamiento de lo que le ocurre a la protagonista parece existencialista), aderezado con una crítica social estilo orwelliano que no llega ni a la altura de la obra maestra crítica con los totalitarismos. Y el estilismo de los personajes sigue rayando el ridículo. Como resultado, tenemos una película que a mí me resultó tremendamente aburrida y carente de interés, y no dejo de pensar lo que se podría haber hecho si se hubiera destinado el dinero de la producción a otros proyectos. Es lo que tiene que los responsables de esta industria estén buscando continuamente la gallina de los huevos de oro.

Calificación: Mala

Lo Mejor: El final, que nos da esperanzas acerca de un cambio de rumbo en los títulos que cerrarán la saga. Jennifer Lawrence sigue haciendo el buen trabajo con el que sorprendió en la primera entrega.

Lo Peor: Que es más de lo mismo

La vería de nuevo: No

La Recomiendo: Sólo si sois fans de la saga literaria.

Películas similares: Los Juegos del Hambre; Battle Royale

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1951264/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – La Vida Secreta de Walter Mitty

The Secret Life of Walter Mitty (2013)

Reseñado por 0017

Ficha técnica

The Secret Life of Walter Mitty

Año: 2013

Director: Ben Stiller (Reality Bites, Zoolander, Tropic Thunder)

Guión: Steve Conrad

Basado en el libro de James Thurber

Música: Theodore Shapiro

Fotografía: Stuart Dryburgh

Reparto

  • Ben Stiller
  • Kristen Wiig
  • Sean Penn
  • Adam Scott
  • Shirley McLaine
  • Patton Oswalt

“La vida secreta de Walter Mitty” es una de las incursiones de Ben Stiller en la dirección, tarea en la que no resulta principiante dado que ya en 1994 nos obsequió con la radiografía de la llamada Generación X en “Bocados de Realidad”; cinta que reflejaba la decepción vitales de aquellos nacidos a finales de los setenta que se encontraron con un jarro de agua fría al pasar a la madurez, y chocarse contra el muro que la sociedad impone para convertirse en adultos responsables. Stiller tenía reservado un papel secundario pero fundamental en la trama, cómico a ratos pero comedido dentro de lo que es su histrionismo. Sus siguientes incursiones en la dirección incluyeron la descerebrada Zoolander (soberana ida de olla pseudo-intelectual que critica la superficialidad de la moda, pero elevada a la categoría de culto por un gran número de seguidores), y Tropic Thunder (otra locura crítica esta vez con el mundo del cine y los grandes egos interpretativos, con algo más de tino a la hora de desarrollar la trama). Si en la primera nos encontramos a un Stiller desbocado y sin control a la hora de actuar y ser crítico con el sistema, en la segunda le vemos más tranquilo y cediendo protagonismo al resto de secundarios, pero con una mala leche igual o peor. Es por ello por lo que uno afronta “La vida secreta de Walter Mitty” con cierto recelo, ya que los que no somos admiradores del cómico nos temíamos un festival de situaciones ostensiblemente diseñadas para hacer reír, mientras se va haciendo poco a poco más detestable. Afortunadamente esto no es así, y si bien la cinta no rinde a un nivel brillante, sí que nos presenta a un protagonista más relajado y no demasiado repelente, con grandes momentos bien rodados y con un planteamiento visual que parece a ratos sacado del mundo de la publicidad, rozando el pasteleo sentimental.

Inicialmente esta historia fue concebida como un relato corto publicado en 1939 por James Thurber, y la esencia de la narración era que un protagonista que tendía a soñar despierto con vidas y aventuras que se escapaban a la realidad de su rutina. De hecho, en su momento dio lugar a la creación de la palabra en inglés “Mittyesque”, para referirse a esas situaciones en las que se presta más atención a la fantasía que a la realidad. En 1947 se realizó una primera adaptación de dicho libro, con Danny Kaye como protagonista de la cinta, y desde hace unos cuantos años Samuel Goldwyn Jr, el sucesor del productor original, venía buscando rodar un remake de la cinta, sonando nombres como Jim Carrey, Owen Wilson, Mike Myers y Sacha Baron Cohen para el papel principal.

Walter Mitty es un anodino trabajador del departamento de fotografía de la revista LIFE. Se ocupa de escoger las mejores fotos que irán en la portada de la revista. Como contrapartida a su gris vida, suele fantasear despierto imaginando que vive aventuras emocionantes que nunca ha tenido, o que cruza unas palabras con la guapa chica nueva de la oficina. Pero el mundo digital llega a la empresa, y una nueva gerencia amenaza con despidos masivos de la plantilla. El fotógrafo estrella de la revista, Sean O’Connell, envía una remesa con las mejores fotografías que haya hecho nunca para el último número en papel de la revista, a la atención de Mitty. Pero la mejor fotografía de todas, el negativo número 25, no está donde debería estar y Mitty deberá buscarla por todas partes dado que su empleo estará en juego. De hecho, emprenderá un repentino e inusual viaje, saliendo de su rutina carente de emociones, y donde la fantasía se mezclará con la realidad para encontrar de una vez el negativo número 25. En este viaje, Walter Mitty descubrirá no solo a personas o lugares extraordinarios, también se descubrirá a sí mismo y comprenderá la esencia de la vida real, que es más importante y ofrece más aventuras que cualquier tipo de ensoñación.

Decía que una de las cosas que se agradecía de esta película es que Ben Stiller no hace demasiado de sí mismo, con lo que tiene la delicadeza de no obsequiarnos con su habitual recital de histrionismo gafe y perdedor. Básicamente se limita a estar en pantalla para ofrecernos un relato de autoayuda sobre la necesidad de no encerrarnos en nosotros mismos y dedicarnos a vivir cada momento de la vida como si fuera el último, enmarcado en una época de crisis empresarial en la que son más importantes las nuevas tecnologías que el capital humano, con lección moralista incluida. Cayendo en ocasiones en un pasteleo propio del lenguaje publicitario, la cinta nos ofrece grandes momentos visuales y poéticos, con el recurso estilístico de mostrar letras sobreimpresas en pantalla que nos va llevando a lo largo de la narración. Es precisamente este exceso de sensiblería lo mejor y lo peor de la cinta, perfecta para la época navideña en la que se ha estrenado, rozando el espíritu de las películas de Fran Capra en ocasiones. Es decir, al principio nos dejamos subyugar por lo correcto e impresionante de algunas escenas rodadas con buen hacer; sin embargo, a lo largo del metraje se va dejando de lado el juego de combinar ficción con realidad, para ofrecernos por momentos escenas inverosímiles a cada cual más increíble. Finalmente, tanto lirismo bien rodado hace que el relato se torne más vacuo y el mensaje pierda efectividad. Al final, sólo nos quedamos con un buen rato sin más, salimos del cine con una dulce sensación de momentos bien rodados que caen con facilidad en el olvido al cabo de las horas. Entre medias, tenemos a Shirley McLane, Sean Penn, y un juego de buscar el fotograma perdido por medio mundo en una historia iniciática de descubrimiento personal. Francamente, no pasa nada por ir a verla, no se hace lenta y deja buen sabor de boca. Pero frente a otras opciones en cartelera, recomiendo no dar prioridad a Walter Mitty ya que poco más nos aportará después de casi dos horas de película.

Calificación: Pasable

Lo Mejor: El espectáculo visual que nos ofrece. Un Ben Stiller más comedido de lo habitual.

Lo Peor: Exceso de sensiblería que poco aporta después del mensaje inicial.

La vería de nuevo: No.

La Recomiendo: Sólo si no tenemos más opciones en cartel.

Películas similares: Forrest Gump, El Show de Truman

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0359950/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El Hobbit, la desolación de Smaug

El Hobbit - La desoalción de Smaug Poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

The Hobbit: The Desolation of Smaug

Año: 2013

Director: Peter Jackson (El Hobbit, El Señor de los Anillos, The Lovely Bones, King Kong, Agárrame esos fantasmas, Criaturas Celestiales)

Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Guillermo del Toro, Peter Jackson

Basado en el libro de J.R.R. Tolkien

Música: Howard Shore

Fotografía: Andrew Lesnie

Reparto

  • Martin Freeman
  • Ian McKellen
  • Richard Armitage
  • Ken Stott
  • Benedict Cumberbatch
  • Evangeline Lilly
  • Orlando Bloom
  • Cate Blanchett
  • Stephen Fry

Nos encontramos ante una nueva aventura en la Tierra Media, la segunda parte de la trilogía que primero iba a dirigir Guillermo del Toro y que luego retomó Peter Jackson, en su afán por devolvernos al fabuloso mundo creado por Tolkien y que arrasó en las taquillas de medio mundo con la trilogía de El Señor de los Anillos. Una segunda parte que inicialmente iba a ser el punto y final de la historia pero que ha acabado alargándose una entrega más, para deleite de fans acérrimos y entusiasmados ejecutivos de cine. Ya veremos con la tercera entrega (Historia de una ida y una vuelta, a estrenar en diciembre de 2014) si esta dilatación argumental ha sido necesaria o solo un truco financiero y de marketing para sacarnos los cuartos, pero de momento la respuesta se vislumbraba con la primera parte y se va perfilando más claramente en esta segunda. De momento, la pereza que le da a uno enfrentarse a las dos horas y media largas de película va aumentando con cada entrega, hartazgo que es también percibido en el público en general.

Continuamos donde había acabado la anterior película del Hobbit, “Un viaje inesperado”: Bilbo Bolsón, Gandalf y el inusual grupo de enanos (a los que se había unido para ayudarles a derrotar al maligno dragón Smaug) se encuentran en las cercanías de la Montaña Solitaria, el antiguo reino enano que guarda en su interior todas las riquezas robadas por el dragón, mientras éste permanece en un estado de hibernación que otorga tranquilidad a los habitantes de la zona. Bilbo se ha conseguido hacer con un anillo mágico adquirido tras un duelo de acertijos con Gollum, y esta joya le permitirá volverse invisible a su antojo, algo muy útil en su papel de saqueador de las riquezas confiscadas por Smaug (y en particular, para ayudarles a recuperar la Piedra del Arca). Para poder entrar en la Montaña Solitaria tendrán que pasar antes por un bosque lleno de arañas gigantes, conocer qué intención tienen los elfos de la zona (con Légolas y Tauriel a la cabeza), y escapar de los ataques de un grupo de orcos especialmente reunidos por una fuerza misteriosa para acabar con la expedición. En su última parada antes de enfrentarse a Smaug, llegarán a la ciudad de Esgaroth y conocerán al humano Bardo, quien les ayudará a pasar inadvertidos y de quien conocerán la historia de su antepasado en su lucha contra el dragón. El joven Bilbo demostrará la curiosa pasta de la que están hechos los hobbits, al aportar valor y decisión en realizar su misión cuando realmente la misión podría ser tildada de suicida para cualquiera que recapacitara acerca del peligro que supone despertar a Smaug.

Esta parte de Hobbit presenta varios problemas graves de estructura. Primero, el empacho de aventuras tolkenianas empieza a hacer mella tras un año de separación con la anterior entrega, cosa que no ocurrió con la otra trilogía. Quizás la primera parte del Hobbit jugaba a su favor con el efecto nostalgia de un universo que llevábamos sin ver bastante tiempo. Pero tras estrenarse, ningún conjunto de escenas de aquélla ha conseguido escapar del pozo del olvido. Para enfrentarse a esta segunda parte e intentar hacer memoria de la primera entrega, no hay ninguna escena que nos haga recordar momentos anteriores más allá de un breve esbozo del argumento. Y sin embargo, la sensación de deja-vu es continua a lo largo de La Desolación de Smaug. Perfectamente puede haber escenas intercambiables entre ambos títulos sin que nos demos cuenta, a pesar de las nuevas incorporaciones en personajes como los elfos (con personajes ya conocidos que tendrán relevancia en la siguiente trilogía, como Légolas y su chiste autorreferencial acerca del hijo de un enano que luego conocerá bien; o nuevos como Tauriel y la necesidad de hacer olvidar a Liv Tyler con una Evangeline Lilly que bien podría ser un trasunto del mismo personaje), el humano Bardo y las similitudes con la figura del personaje de Vigo Mortensen, o el dragón Smaug y la poderosa voz con la Benedict Cumberbatch le obsequia en la versión original. El problema es tan grave, que hay veces que incluso no sabríamos si hay escenas robadas directamente de alguna entrega del Señor de los Anillos que nos hacen pensar si realmente no se ha hecho algún tipo de salto temporal hacia delante en el argumento, tal es la sensación de repetitividad que hay. En este sentido, las escenas de Gandalf enfrentándose a un poder oscuro que nos referencia directamente a Sauron, resultan totalmente innecesarias por ralentizar (aún más) el ritmo de la pesada trama, a pesar de toda la relevancia que pueda tener en películas posteriores. Más acertados resultan los momentos dramáticos en los que el personaje de Bilbo se degrada moralmente como consecuencia de cierta joya que porta consigo mismo.

Otros fallos que le veo a al cinta, aparte del excesivo numero de entregas y la duración desmesurada del metraje, son un empleo exagerado de los travellings del estilo con los que nos obsequiaba -sin abusar- por los paisajes de la anterior trilogía. O la ridiculez del amor imposible que se sugiere, consecuencia de lo forzado que resulta introducir personajes que no están en la novela original pero que aparecen para contentar a una parte del público expectante de aventuras semejantes a las ya vividas diez años antes. También resultan forzados los combates de los elfos con los orcos, auténticos saltimbanquis que nos dejan indiferentes ante nuestra incredulidad por la fantasía aplicada en dichas luchas.

No todo va a ser malo. Hay que reconocer a Peter Jackson el logro de plasmar en imágenes y escenas, páginas de un libro altamente esperado por unas cuantas generaciones de lectores, como el dragón que llevaba latente tantos años sin ser despertado. Y el afán de transcendencia de cada situación hará que se toquen temas que Tolkien bordaba, como el conflicto personal de enfrentarnos al destino individual y ancestral, así como el desarrollo y la maduración de la personalidad de los protagonistas. Por otro lado, Jackson sigue siendo un experto en introducciones de tres minutos a películas de tres horas, con lo que se garantiza el interés inicial del espectador, al menos durante los primeros momentos de la cinta.

A pesar de todos estos aciertos, la sensación de que toda esta historia contada en más de siete horas y tres películas podría haberse hecho en no más de 120 minutos sigue rondando por el metraje; con lo que esta entrega del Hobbit alegrará a los fans acérrimos de Tolkien a la vez que el grupo cada vez más numeroso de espectadores neutrales quedarán más indiferentes ante semejante despliegue de orejas puntiagudas y espadas blandidas.

Calificación: Pasable

Lo Mejor: La introducción a la historia que nos pone en antecedentes, como todas las que hace Jackson. La madurez personal de Martin Freeman como Bilbo mejora en esta parte.

Lo Peor: Como siempre, su excesivo metraje no ayuda a evitar que acabe siendo una cinta olvidable en la mayoría de escenas, confundiéndose con otras cintas de las trilogías de Tolkien. Lo forzado de la aparición de los elfos.

La vería de nuevo: No creo

La Recomiendo: Para fans de Tolkien con ganas de lo mismo.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1170358/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Frozen

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Frozen

Enlace al DVD en Amazon.es
Enlace al Blue-Ray en Amazon.es
Enlace a las canciones en MP3 de la banda sonora en Amazon.es

Año: 2013

Director: Chris Buck, Jennifer Lee

Guión: Jennifer Lee

Basado en el cuento de Hans Christian Andersen, La Reina de las Nieves (aquí lo tenéis en versión Kindle)

Música: Christophe Beck

Montaje: Jeff Draheim

Reparto (voces en el original)

  • Kristen Bell
  • Idina Menzel
  • Jonathan Groff
  • Josh Gad
  • Alan Tudyk

Estrenada en las navidades de 2013, y con más de un año en las carteleras mundiales, Frozen se ha convertido en la película de animación más taquillera de todos los tiempos, llegando a superar a Toy Story 3 y siendo la segunda película de la factoría Disney de mayor recaudación. Se trata de la quinta película más taquillera de la historia, sólo superada por Avatar, Titanic, Los Vengadores y Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 2. Una idea de su éxito lo da el abultado merchandising que tenemos a nuestra disposición en la red, y  la ristra de premios que ha cosechado durante todo el año 2014 (Globos de Oro, BAFTA, y sendos Óscar a la mejor película de animación y a la mejor canción –Let it Go-). Con la división de animación Pixar centrada en otras épocas del año y proyectos artísticos, el testigo de los cuentos de hadas tradicionales lo recogen este tipo de cintas en los que la esencia de Cenicienta, la Sirenita o la Bella y la Bestia se unen con las técnicas más modernas de animación para ofrecernos un producto al estilo de la anterior Enredados (2010): es decir, personajes estilizados, repasados por CGI (animación digital), y con gran expresividad en los trazos. La historia está basada en uno de los cuentos de hadas de Hans Christian Andersen que todavía quedaban sin adaptar por Disney, La Reina de las Nieves, el cual llevaba varios años esperando para ser llevado a la pantalla. Este material original se nota en el argumento, que nos retrotrae a la época clásica de la compañía de dibujos, con castillos, reinos nórdicos y princesas con hechizos, valientes contrapuntos masculinos y secundarios basados en animales y otras criaturas parlantes que le dan el toque cómico.

Elsa y Anna son dos jóvenes princesas del reino nórdico de Arendelle. Elsa posee desde su nacimiento un cada vez más incontrolable hechizo que le proporciona la capacidad de cubrir de hielo todo lo que le rodea con el único poder de sus manos. Siendo niñas, Anna y Elsa se ponen a jugar una noche con los poderes mágicos de ésta y empiezan a inundar de nieve el palacio donde viven. Con el entusiasmo infantil, su poder se descontrola y lanza accidentalmente a Anna un rayo de hielo a la cabeza, quien queda inconsciente en el acto. Los padres, asustados, deciden pedir ayuda a los trolls del bosque quienes logran sanarla al no haber congelado ninguna parte de su corazón, lo que hubiera sido irreversible para ella. El único problema es que, salvo los mejores momentos de su relación con su hermana, Anna no podrá recordar nada de lo sucedido. Para evitar más accidentes, a partir de entonces Elsa pasará a tener una relación más distante y le ocultará sus poderes, dejando de jugar con ella y evitando la convivencia diaria, siendo Anna ignorante de las auténticas razones. Tras pasar unos años y convertirse en la heredera al trono de Arendelle, a Elsa le llega el día de su coronación como reina. La relación sigue tan distante como siempre, pero Anna consigue cruzar unas pocas palabras con su hermana antes de enamorarse perdidamente del príncipe Hans. Tras pedir la bendición para un impulsivo matrimonio, Elsa se niega argumentando que es muy precipitado al no conocerse entre ellos, lo que acaba en una discusión entre las dos hermanas y los poderes de la mayor expuestos a todo el mundo. En vista del descontrol producido, Elsa decide autoexiliarse no para evitar males mayores, pero en su huida cubre al reino de Arendelle de nieves y hielo, sumiéndolo en un invierno eterno. Ante el desconcierto general de todos los súdbitos, Anna decide ir tras su hermana y convencerla de que elimine el hechizo de las nieves sobre el reino; en su camino se encontrará con un vendedor de hielo llamado Kristoff (y su reno Sven). A ellos se unirá un muñeco de nieve viviente llamado Olaf, construido por su hermana cuando eran niñas y revivido de manera inconsciente por Elsa, quien se ha construido un palacio de hielo para vivir sola. La ayuda de su hermana será fundamental para que aprenda la manera de revertir sus poderes, pero ambas se encontrarán con otros oscuros intereses que pondrán en peligro el reino de Arendelle y la propia vida de su hermana, en un viaje donde aprenderán el verdadero significado del amor.

“Frozen, el Reino de Hielo”, está planteada como un musical que recuerda directamente al título también adaptado de Andersen, La Sirenita, (que hizo resurgir de la época oscura a Disney) así como también posee el espíritu de la cinta que siguió a aquélla, La Bella y la Bestia. Aquí tenemos la tradicional fórmula con nuevas variaciones (no en vano ya han pasado más de veinte años) con no una sino dos princesas jóvenes, y dos posibles candidatos a copar el corazón de la protagonista soñadora. Con sorprendentes giros de guión que solucionan esta dicotomía amorosa (y algún planchazo argumental totalmente inesperado), el ritmo de la cinta decae en los números musicales. Y es que es este aspecto lo más difícil de superar en los grandes títulos de las épocas doradas de la animación (sobre todo la de los noventa). Las canciones ya no son lo que eran, a pesar de que cada vez duran menos e interfieren lo menos posible en el ritmo.

Por suerte, hay otros detalles en los que Disney cada vez se supera más, y se trata de los fabulosos secundarios que roban escenas y proporcionan carcajadas y ternura a partes iguales. En este caso, como contrapunto a un reno que no destaca mucho (salvo en su manía de pegar lametones y comer zanahorias), tenemos al muñeco de nieve Olaf, auténtico protagonista de la función. Tierno, locuaz, gracioso y despistado; es uno de los grandes hallazgos y con los que la película avanza a pasos agigantados con su presencia en pantalla. De los protagonistas masculinos, destacar que cada uno tiene su propio carácter y personalidad, tal es el nivel de grandeza con el que están perfilados. Kristoff es valiente y poco sofisticado, con lo que la química con Anna será genial; mientras que Hans será el perfecto contrapunto y príncipe de cuento de hadas de manual. Las princesas de la función, las hermanas Elsa y Anna, son la evolución natural de las heroínas de Disney: una soñadora y alocada, y la otra más gélida y terrenal. El conflicto fraternal sobre el que está construido el argumento servirá perfectamente de hilo conductor en esta puesta al día del clásico cuento de hadas demostrando que, paralelamente a las grandes obras de Pixar, la división tradicional de Disney tiene todavía buen músculo creativo en sus esfuerzos por salir de la época oscurantista en la que se metió en los años 2000, y de la que Lasseter se esforzó por salir.

Calificación: Muy Buena

Lo Mejor: Sin duda, el muñeco de nieve Olaf y la excelente química que muestran todos los personajes.

Lo Peor: Los números musicales, que ya no son lo que eran y no han logrado que encajen del todo bien en el argumento.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Es perfecta para todos los públicos, si bien reconozco que está más orientada al público infantil que otros títulos con más trasfondo para los padres. También he decir que la vi en plenas vacaciones de navidad, en la sesión de las seis de la tarde; con lo que es posible que esté más influenciado por el griterío y alboroto de los niños que se respiraba en la sala.

Películas similares: La Bella Durmiente, La Sirenita, La Bella y la Bestia, Enredados

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2294629/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Los Juegos del Hambre

Los Juegos del Hambre - Poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

The Hunger Games

Año: 2012

Director: Gary Ross (Pleasantville, Seabiscuit)

Guión: Gary Ross, Suzanne Collins, Billy Ray

Basado en el libro de Suzanne Collins (enlace a la reseña)

Música: James Newton Howard

Fotografía: Tom Stern

Reparto

  • Jennifer Lawrence
  • Joss Hutcherson
  • Liam Hemsworth
  • Woody Harrelson
  • Donald Sutherland
  • Elisabeth Banks
  • Stanley Tucci
  • Lenny Kravitz

No suelo aficionarme a las franquicias cinematográficas creadas desde las sagas literarias (refiriéndome siempre al boom del género que ha estallado en los últimos años), por tratarse de obras prefabricadas con el único objetivo de dar con la gallina de los huevos de oro y explotar la misma fórmula una y otra vez. La franquicia de J.K. Rowling supo dar en el clavo al crear a Harry Potter sin tener idea del éxito que éste iba a tener en la gran pantalla entre el público infantil y adolescente (y la evolución de los mismos durante el paso de los años, paralela a la de los personajes y los actores que los interpretaron). Sin embargo, toda la procesión de Narnias y Crepúsculos que han venido luego han resultado películas nefastas, rodadas de manera atropellada y muchas veces sin la coherencia argumental que una trilogía o saga exige tanto por separado y como en conjunto global.

Es lo que yo llamo el síndrome Matrix: la primera película de los Wachowski fue genial por funcionar perfectamente por separado al rodarse sin expectativas de posteriores secuelas. Tenía un final lo suficientemente abierto para dar pie a interpretaciones varias, pero a la vez todo lo planteado en el metraje encajaba perfectamente como un mecanismo de relojería y se cerraba en su momento. Pero la pifiaron al hacer las continuaciones como dos obras complementarias entre sí, donde el tempo narrativo se alargaba de manera considerable con la consiguiente pérdida de interés del espectador. Algo parecido a lo que hizo Peter Jackson -de manera exitosa con la primera, más pesado y repetitivo con la segunda- en sus trilogías de la Tierra Media (El Señor de los Anillos y El Hobbit, respectivamente).

Por este motivo es por lo que, animado por una compañera de trabajo, me acerco con cierto recelo a estos Los Juegos del Hambre, poseedor de una etiqueta teen que le otorga un parecido sospechoso a las tramas sentimentales de Crepúsculo que tantas histerias han desatado entre el público adolescente. Decidido a darle una oportunidad, y con curiosidad acerca del argumento (¿una especie de Battle Royale para adolescentes?), esta primera entrega tiene algún acierto aislado pero su calificación final no pasa del aprobado raspado.

La protagonista es Katniss Everdeen, una joven que vive en el Distrito 12 con su madre y su hermana pequeña. El Distrito 12 es uno de los distintos territorios en que se divide Panem, un futuro país resultante de lo que queda de unos EEUU post-apocalípticos. En el pasado, uno de los Distritos suburbiales que dependen de la capital del país, El Capitolio, provocó una insurrección que fue aplacada y, para recordar este acontecimiento y mantener el orden preestablecido en el país, cada año se realiza La Cosecha, para participar en Los Juegos del Hambre. Se trata de seleccionar a una pareja de jóvenes de cada distrito y ofrecerlos a modo de sacrificio para que peleen entre sí en una competición que está a medio camino del reality show y el control gubernamental de la población (sobre todo la parte más deprimida y paupérrima de ella, como son los distritos más alejados, de mayoría obrera). La vida de Katniss se ve truncada cuando su hermana pequeña es elegida como tributo, y en ese momento se ofrece ella misma voluntaria para salvarla de una muerte segura. Katniss es elegida junto a otro joven, Peeta Mellark, y ambos son llevados al Capitolio para recibir entrenamiento y participar en una nueva edición de los juegos. Allí conocerán a personajes cada cual más extravagante, como su mentor y entrenador particular, Haymitch Abernathy, único ganador de los juegos de su distrito en los últimos años, y con graves problemas de alcoholismo y motivación de funciones. Haymitch se ocupará de darles valiosas lecciones de supervivencia y explicarles la mecánica de los juegos, así como del valor reputacional de caer bien a la audiencia para obtener patrocinadores (gente con elevado poder adquisitivo que pueden financiar ayudas para los jugadores en medio del espectáculo). Otros colaboradores serán los estilistas Cinna y Portia, que tratarán de darles una imagen sofisticada para atraer patrocinadores. La tarea para Katniss de sobrevivir a los juegos se antojará difícil, teniendo en cuenta que los jóvenes rivales de otros distritos están preparados desde su infancia para luchar a muerte en esta competición; y también se enfrentará a la estrategia de Peeta por sobrevivir, que es la de confesar su amor en público por Katniss y ganarse así prestigio frente a los patrocinadores. El drama humano y sentimental está servido… ¿quién ganará la 74ª edición de los Juegos del Hambre de este año?

Ante este planteamiento que a todo el mundo le recuerda a Battle Royale (película que Suzanne Collins prometió no tener constancia de ella, pero sin la crueldad y su mala leche), mezclado con las dosis de telerealidad extrema de películas como El Show de Truman (la gente pegada a la pantalla maravillándose por la vida real ajena), Perseguido (el bueno de Schwarzenegger obligado a pelear por su vida con las cámaras pegadas a la espalda) y Rollerball (un futuro de deportes extremos y sangrientos); se le une el toque de quebraderos de cabeza sentimentales y triángulos amorosos adolescentes de Crepúsculo; y se le corona con la crítica orwelliana de 1984 y Farenheit, para describir el control y la manipulación de las altas esferas del poder frente a una mayoría oprimida y con carencias materiales.

Supongo que será efecto de la crisis de los últimos años y esa lucha de clases subyacente en el cine reciente (me vienen a la cabeza la ya reseñada aquí Un amor entre dos mundos, y Elysium, con esa dicotomía totalmente diferenciada entre sociedades de ricos y pobres), pero aquí viene el primer punto débil de esta cinta: ya no cuela. No sé la novela, pero que se manipule así a la audiencia (y más si entendemos que el público target al que está dirigida es el de los más jóvenes) es bastante irresponsable. Manipuladoramente irresponsable, porque la narración se centra en los protagonistas pobres en todo momento, les vemos sufrir en su mundo gris con esa ambientación sacada de Gran Depresión americana (y a pesar de ello felices en su pobreza). Mientras que la única visión que tenemos de los estamentos privilegiados es la de los maléficos responsables de la estructura social (Sutherland y Bentley), la del estrambótico presentador de los juegos (un Stanley Tucci totalmente pasado de vueltas, y centrado en el morbo fácil), y la de las masas enfervorecidas preocupadas únicamente en el ámbito recreacional de los personajes y del espectáculo, sin ninguna motivación aparente (¿a qué se dedica la gente del Capitolio? ¿Cómo son sus vidas?). Se nos presenta una sociedad estrafalaria, excéntrica y extravagante, y aquí viene el segundo punto débil de la película: el futuro distópico que propone Suzanne Collins sobre el papel y plasma en imágenes Gary Ross no tiene ningún hallazgo visual aparte de las horteradas estéticas de sus personajes, que caen en el ridículo también a nivel moral.

A pesar de contar con un reparto de secundarios conocidos para que salven el nivel medio de la cinta (y que no consiguen, aparte de los citados Sutherland, Tucci y Bentley, un Woody Harrelson con un personaje totalmente desaprovechado del que ganaríamos más si nos explican algo del pasado que se deja entrever) hay alguna sorpresa más que no sé si es buena o mala (me refiero a Lenny Kravitz con ese papel de estilista amanerado a más no poder). Los chicos protagonistas están al mediocre nivel de hormonas masculinas adolescentes que necesita la cinta, pero la sorpresa grata de Los Juegos del Hambre fue ver la consagración de Jenifer Lawrence llevando todo el peso ella sola de la trama, y que confirma que su Óscar de 2013 por El lado bueno de las cosas fue un merecido premio que mostró la confianza del sector por un tímido relevo generacional que de vez en cuando gusta de producirse. La película gana enteros cuando se muestran los conflictos humanos por los que atraviesa (la incertidumbre que muestra acerca de quién será sus aliados; su rabia por la muerte de una compañera; el momento en qué está desorientada por la picadura de las avispas; la química -o ausencia de ella- con su compañero de distrito) aunque los pierde cuando volvemos al lado recreacional de la cinta y el guión/novela nos ofrece soluciones para que avance la trama (no me acaba de convencer los ítems que se van dejando como ayuda para los concursantes).

Si a ello le añadimos una pobre labor por parte del director con las imágenes rodadas con estilo cámara en mano, el resultado final es una película que pretende ser la inauguración de una trilogía con más sombras que luces, con un éxito de taquilla que tuvo el año pasado que le otorga licencia para tener más secuelas (como la que se acaba de estrenar hace poco). Le reconozco lo positivo que supone el toque de originalidad referido a su planteamiento conceptual, así como un ritmo que hace funcionar correctamente el metraje. Pero la cinta no aporta mucho más, aparte de ver por donde van a intentar que la secuela avance. Veremos.

Calificación: Pasable

Lo Mejor: La facilidad con la que Jenifer Lawrence se hace con los planos cada vez que aparece en pantalla.

Lo Peor: El estilismo hortero-futurista de las clases pudientes; la lectura social que hace.

La vería de nuevo: No.

La Recomiendo: Para los jovencitos huérfanos de vampiros y hombres-lobo, hasta que llegue la nueva franquicia palomitera.

Películas similares: Battle Royale, El Show de Truman, Crepúsculo, Rollerball, The Running Man, Death Race, La Isla, 1984

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1392170/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Guerra Mundial Z

Guerra Mundial Z Poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

World War Z

Año: 2013

Director: Marc Forster (Quantum of Solace, Descubriendo Nunca Jamás, Monster Ball)

Guión: Matthew Michael Carnahan, J. Michael Straczynski, Damon Lindelof y Drew Goddard

Basado en el libro de Max Brooks

Música: Marco Beltrami

Fotografía: Ben Seresin

Reparto

  • Brad Pitt
  • Mireille Enos
  • Daniella Kertesz
  • James Badge Dale
  • Fana Mokoena
  • Mathew Fox

 Aunque llego con algo de retraso (esta cinta se estrenó en el verano pasad0) no podía dejar de reseñar una de las más esperadas cintas del género favorito por excelencia de Bitterblink, adaptación de uno de los libros que más se han esforzado por aportar nuevos ángulos novedosos a un subgénero que nació hace algunas décadas como una deriva del de terror clásico. En este caso, Guerra Mundial Z se esfuerza por apartarse de la serie B que fundacionalmente construyó Romero por los sesenta, para dar un recubrimiento de Blockbuster palomitero y alejarse lo más posible del gore. Toma la estética y los zombies hipervitaminados y furiosos de 28 Días Después, sí; pero el concepto fílmico está más cerca de las grandes destrucciones a nivel global del cine de catástrofes de Roland Emmerich. Yo la he visto más bien como una cinta de aventuras y acción, que se mantiene en movimiento continuamente para no perder el interés (y que irónicamente señala Pitt a un personaje que, el que se mueve, sobrevive). Salvo, eso sí, el tenso clímax final en un laboratorio plagado de muertos vivientes (del que he de reconocer su capacidad para angustiar).

Es lógico, dado el auge de este tipo de cine en los últimos tiempos, del que otros géneros ya se están adueñando, como la comedia, ya sea gamberra (Zombies Party) o sentimental (Memorias de un Zombie Adolescente). Y la accidentada producción de la cinta, con continuos retrasos, cambio de productores y reescrituras de guión varias, no iba a privarnos de ver a Brad Pitt haciendo levantar el destino comercial y artístico de esta película, como solo estos pocos actores tan continuistas y omnipresentes son capaces de hacer con su mera presencia en cualquier guión.

El protagonista interpretado por Brad Pitt es Gerry Lane, un antiguo corresponsal de guerra de la ONU, especializado en la investigación de las zonas más conflictivas del planeta. Gerry ya está retirado para disfrutar de la vida en familia con su mujer y sus dos hijas. Una mañana, en un atasco en la ciudad de Filadelfia, un camión arrolla cuantos vehículos se cruzan en su camino y empieza el caos: la gente empieza a correr sin saber qué pasa mientras unos persiguen a los otros, y Gerry es testigo del brutal comportamiento de algunas personas que se dedican a morder a otras. La infección se propaga y los afectados se convierten en zombies, que con su agresivo y rápido comportamiento hace sumir en el caos el centro de la ciudad. Gerry llama a un amigo de su antiguo trabajo en la ONU, actual secretario adjunto. Gracias a sus contactos, les ofrece una vía de escape de la ciudad a uno de los buques de guerra que se han desplegado en el Atlántico para repeler y combatir la infección desde una zona segura. Pronto Gerry es avisado de la situación: deberá colaborar con un joven científico biólogo que busca una solución para el virus, y cree que en una base militar de Corea se podrán hallar vestigios de los primeros síntomas de la infección. A pesar de que está retirado y solo desea estar junto a su familia, Gerry comprobará que no tiene muchas opciones y se verá obligado a coger un avión y viajar a través del mundo para ir recopilando información para combatir la plaga, que ya tiene visos de ser pandemia a nivel mundial, y amenaza con extinguir al ser humano.

Las diferencias de la cinta con el libro de Max Brooks son obvias, y más si tenemos en cuenta que la novela está vertebrada en forma de recopilación de entrevistas y artículos periodísticos. Para el propio bien de la adaptación cinematográfica, (aunque hubiera sido un ejercicio de estilo original y novedoso) esto resultaba ciertamente inviable, y más si lo que se quiere es llegar al mayor número de público posible (claramente el deseo de los realizadores, patente en el hecho de que se ha reducido el nivel de gore a cero). En su lugar, tenemos a un valeroso corresponsal de guerra, que solo quiere estar con su familia, y un viaje por todo el mundo mientras investiga las distintas respuestas a la plaga que dan los diferentes países. Al querer alejarse de la visión clásica del género, donde muchas veces el terror que provoca la situación desemboca en momentos intimistas y las relaciones de amor-odio con distintos supervivientes, aquí tenemos al protagonista escapando continuamente de situaciones al límite, y es el punto más débil que le veo a la cinta. La verosimilitud de que alguien, entre tantos millones de personas a la vez, se consiga salvar con su familia intacta de una situación inicial de pánico, caos y confusión sin saber qué es lo que pasa, suele ser bastante nula. Pero bueno, es el protagonista y esto es cine de evasión. Y lo más interesante del género (y lo que absolutamente TODAS las películas y libros del mismo tienen en común) es la manera de escapar a los ataques iniciales y cómo se las ingenian los supervivientes protagonistas en los primeros y confusos compases (otra cosa es cómo se resuelva el nudo y el desenlace). Sin embargo, llega un momento en el que estas situaciones se repiten varias veces, y en las que el personaje de Pitt parece bendecido con una divina providencia que ya roza lo improbable (esa escapada de Israel está cogida muy por los pelos). Dado que la mayor parte del metraje se centra en este tipo de escenas, este punto débil que es para mí, resulta la mayor apuesta de la cinta, con lo que el que busque acción y aventuras con un toque de intriga y tensión lo tendrá aquí a raudales.

De esta manera, Marc Forster se redime de su incursión en la saga 007 con la nefasta Quantum of Solace, cinta atropellada y confusa en la que le resultó imposible quitar la etiqueta de hecha por encargo. Aquí el toque personal y la posproducción en la película están mucho más cuidados, y finalmente no ha resultado el estrepitoso fracaso que muchos querían ver tras la odisea en la que se convirtió su adaptación a la pantalla (aunque el guión se haya reescrito varias veces y el personaje de Mathew Fox haya sido reducido a su mínima expresión). Y Brad Pitt sigue siendo el ídolo de jovencitas y féminas en general, demostrando que con pelo corto o largo, ojeras o unas arrugas incipientes que denotan que los años no pasan en balde, evoluciona como intérprete y madura en su buen hacer; aunque a veces, los papeles que le sirvan en bandeja estén diseñados para ser de manera extrema muy políticamente correctos y el culmen de bondades buenrollistas (reconozcámoslo, el personaje que nos presenta aquí no solo es un perfecto padre de familia, sino también un excelente profesional capaz de hacerlo todo -y bien- por sus hijas, con un trasfondo de pacifismo aunque el mensaje se centre en hacer la guerra contra un nuevo tipo de amenaza).

En definitiva, entretenimiento bien rodado y con presupuesto abundante, que abre nuevas vías al género zombi por el camino de la acción bélica y que no decae en su ritmo (gracias a un cambio de tono en la citada escena del tercio final); no defraudará si no somos exigentes en nuestras expectativas, puesto que al final logra que en dos horas de metraje estemos pegados al asiento viendo el devenir de nuestro rubio protagonista.

Calificación: Entretenida

Lo Mejor: Como en toda película de zombies, el tratamiento de los primeros compases de la plaga. Y las investigaciones acerca de la enfermedad que va descubriendo Pitt.

Lo Peor: Escenas en las que Pitt se salva por los pelos, demasiadas y no muy verosímiles.

La vería de nuevo: No creo; no hay mucho del que sacar con nuevos visionados.

La Recomiendo: Sí, siempre que no seamos muy exigentes con el producto final, ni busquemos una adaptación fiel al libro. Para aquellos que piensen que van a ver criaturas manchadas en hemoglobina y muertes espeluznantes, me temo que os habéis equivocado de género.

Películas similares: 28 Días Después, 28 Semanas Después, Contagio, Estallido, El Día de Mañana,

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0816711/combined

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Tráiler en You Tube (español):

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Película – Ahora me ves

Ahora me ves poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Now you see me

Año: 2013

Director: Louis Leterrier (Transporter 2, El increíble Hulk)

Guión: Ed Solomon, Boraz Yakin y Edward Ricourt

Música: David Sardy

Fotografía: Larry Fong

Reparto

  • Jesse Eisenberg
  • Mark Ruffalo
  • Woody Harrelson
  • Mélanie Laurent
  • Isla Fischer
  • Dave Franco
  • Morgan Freeman
  • Michael Caine

Con “Ahora me ves”, tenemos ante nosotros una de esas películas que son perfectas para el período estival: un buen puñado de actores famosos que sirven de reclamo para la taquilla (principales con gancho y secundarios de lujo); una historia que promete emoción y misterio desde el tráiler; una puesta en escena que destila puro sentido del espectáculo; y el mundo de la magia como trasfondo de una historia de pilluelos y agentes del orden. La mayoría de opiniones coinciden en que es un divertimento ligero que te hace pasar un buen rato; pero me temo que yo no he sido capaz de ver tantas bondades en una cinta que se empeña en timarnos una y otra vez con la excusa de la magia, del “cuánto más cerca, menos verás”,  y de la predisposición de todo espectador de dejarse engañar cuando asiste a un truco de magia.

El argumento se caracteriza por presentar bastantes giros y vueltas de tuerca, con unos primeros minutos que son de lo mejor de la cinta, en los que se ocupa de presentarnos con unas pocas pinceladas rápidas y fugaces a los cuatro personajes principales. Cuatro magos callejeros de distintas especialidades, como el que se dedica a hacer trucos de cartas para ligar, el hipnotizador sin escrúpulos que saca tajada de aquellos que se lo merecen, la chica escapista a lo Houdini, o el carterista de dedos ágiles. Todos ellos reciben un día una invitación para presentarse en una determinada dirección y, sin saber en ningún momento quién es el misterioso personaje que mueve los hilos en la sombra, reciben instrucciones para realizar un proyecto totalmente novedoso. Un año después, nos encontramos en Las Vegas, y vemos a nuestros protagonistas presentando un grandioso espctáculo de magia y haciéndose llamar “los cuatro jinetes”. En la representación, y delante de cientos de espectadores, aparentemente roban un banco en el centro de Paris en tiempo real y, como colofón del truco, dispersan desde arriba todo el dinero resultante del robo entre los espectadores. Evidentemente el FBI tomará cartas en el asunto, el agente encargado de la investigación estará más que perdido y sin saber qué hacer para acusar a los presuntos magos ladrones con tan buena coartada, y para empeorar las cosas, tendrá que colaborar con una inexperta agente de la Interpol que viene directamente desde Francia para esclarecer los hechos. A partir de aquí todo se complicará aún más con las siguientes representaciones por todo el país, y otros personajes se unirán a la trama para ayudar o perseguir a los descarados ladrones.

“Ahora me ves…” es una película que habla de magia, de la percepción que tenemos del número que se materializa ante nuestras narices sin que tengamos idea alguna del truco subyacente. Se mueve entre las notables “El ilusionista” y “El Truco Final”, aliñada con toques del género de robos de guante blanco a lo Ocean’s Eleven o El Secreto de Thomas Crown y, como éstas, los giros de guión están a la orden del día. El gran defecto principal de la cinta es que abusa mucho de estos giros, vueltas de tuerca narrativas y sorpresas finales o intermedias. Mira que nos avisan continuamente del engaño al que vamos a estar sujetos, como si nos hicieran un truco de prestidigitación medio decente. Pero es que uno al final acaba harto de tanto engaño y situaciones que no son lo que parecen, el guión hace aguas por todos lados y al final nos pretenden tomar por tontos. Que una cosa es que el final esté pensado de antemano y toda la trama se haya desarrollado en función de éste (estilo novelas de Agatha Christie), pero otra muy distinta es que no encaje nada y luego nos expliquen con flashbacks una resolución irreal y estúpida de las distintas tramas que se han ido creando, mientras hay otras que jamás se molestan en resolver (tremendamente desaprovechadísimo el personaje de Michael Caine).

Es decir, que tenemos un inicio prometedor y trepidante; un planteamiento que se va desinflando conforme pasan los minutos y los giros de guión; y un final decepcionante y cansino donde ya te da igual el desenlace y la identidad del misterioso personaje en la sombra. Por no hablar de un epílogo absurdo e innecesario que intenta justificar aún más todas las carencias de guión que hemos ido sufriendo. Aún teniendo otro tono y siendo más agria que esta dulcificada cinta, me quedo con el sorprendente giro final en el argumento y en la moralidad de la ya reseñada Trance (que demuestra que la agotada capacidad de sorpresa del espectador actual debe ir encaminada por otros derroteros).

Todos estos defectos difuminan los pocos aciertos que puede haber presentes en la cinta, como un sugestivo Jesse Eisenberg que con su cambio de tercio en la interpretación nos hace olvidar al prepotente fundador de Facebook de La Red Social; o un Woody Harrelson más cargante de lo habitual pero que hace que sus duelos interpretativos echen chispas con según qué personajes. Salvo estos casos, el resto de personajes me inspiraron pocas simpatías. En unos casos, por interpretar a estos Robin Hood modernos que intentan ganarse al público con su laxa moralidad justificada por la redistribución social; en otros, porque la cinta intenta pasar demasiadas veces del cambio de registro del resto de protagonistas, haciéndolos héroes y villanos en diferentes momentos del metraje (el agente del FBI interpretado por Mark Ruffalo, sin ir más lejos).

Por todo lo anterior, “Ahora me ves” me parece una propuesta terriblemente fallida. No recuerdo nunca haber salido del cine tan cabreado por la sensación de tomadura de pelo continua, por una labor de guión tan desaprovechada y pueril. Todo ello porque los finales sorpresa deben ser algo meditado y encajar con el resto del guión, y no la primera payasada que se le ocurra al guionista. También recuerdo que a la mayoría de la crítica y público le ha gustado, con lo que es probable que no os decepcione tanto como a mí si os acercáis a verla. En cuestión de gustos, todo tiene cabida.

 Calificación: Mala

Lo Mejor: El prometedor arranque; algunas interpretaciones sueltas (Eisenberg)

Lo Peor: Que los guionistas nos tomen por tontos continuamente.

La vería de nuevo: No

La Recomiendo: Aunque no la recomiendo en absoluto, no está recibiendo críticas excesivamente malas, con lo que es probable que si la veáis no os decepcione.

Películas similares: El ilusionista; El Truco Final (El Prestigio); Ocean’s Eleven

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1670345/combined

Tráiler en You Tube (español):

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