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Película – Marte

Marte poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Martian

Basado en el libro The Martian (El Marciano), de Andy Weir

Año: 2015

Director: Ridley Scott (Blade Runner, Alien, Thelma y Louise, Gladiator, El Reino de los cielos, Prometheus, Exodus)

Guión: Drew Goddard

Música: Harry Gregson-Williams

Fotografía: Dariusz Wolski

Reparto

  • Matt Damon
  • Jessica Chastain
  • Jeff Daniels
  • Sean Bean
  • Michael Peña
  • Kristen Wiig

Si hay algo por lo que se caracteriza la filmografía de Ridley Scott es por la irregularidad. Sus películas más flojas, ésas en las que se nota la etiqueta de “por encargo”, no dejan de ser tan malas del todo si provinieran de cualquier otro director. Pero es que Scott rompió tantos los moldes con sus primeros filmes que luego todo lo que ha hecho después no ha estado a la altura. Estoy hablando por supuesto, de “Alien, el 8º pasajero” y “Blade Runner”: dos cintas desarrolladas en los primeros ochenta que cambiaron la ciencia ficción para siempre. La primera, por erigirse en un clásico del cine de terror ambientado en el espacio, donde la claustrofobia de una nave espacial trascendió el género; y la segunda, por tener una profundidad filosófica tal que no fue debidamente comprendida en el momento de su estreno. Todo lo que ha hecho después alterna títulos bastante interesantes y sugerentes, con otros olvidables o mediocres, impropios del nivel inicial que alcanzó en sus comienzos, moviéndose su filmografía entre una incipiente calidad que se queda a las puertas de la grandeza, con la mediocridad y la dejadez del que trabaja por encargo. En la primera categoría entra Black Rain, Thelma y Louise, American Gangster, Red de mentiras y sobre todo Gladiator: grandes películas que se dejan ver pero que no podemos decir que entren en el olimpo de las obras maestras (y es que, sin parecerme mala, considero que Gladiator está algo sobrevalorada). En la segunda categoría tenemos esos proyectos con los que intentó repetir éxitos pasados a base de repetir fórmulas ya usadas (El reino de los cielos, Prometheus, Exodus), o películas de encargo que suponen un declive en su carrera (Haníbal, La teniente O’Neill, Black Hawk Derribado). En cualquier caso, considerando que ya nada de su cine alcanzará el nivel de obras de culto de las citadas películas de los ochenta, sólo queda esperar si sus nuevos estrenos pertenecen al primer grupo (películas que se dejan ver conservando la capacidad de sorpresa) o al segundo (derroche de presupuesto que no pasa de la categoría de bodrio).

Los miembros de la misión espacial Ares III están explorando la superficie del planeta en una misión tripulada a Marte. Tras una tormenta de arena en la que el equipo se ve obligado a abandonar prematuramente el planeta, el astronauta Mark Watney sufre un accidente y es dado por muerto. Tras recobrar el conocimiento y volver a la base, se da cuenta de que está abandonado a su suerte con provisiones para un mes, por lo que debe agudizar el ingenio si quiere sobrevivir unos cuatro años, que es lo que está previsto que tarde la próxima misión espacial en volver al planeta. Con sus conocimientos de botánica desarrollará cultivos contra todo pronóstico en tan hostil territorio, mientras se sobrepone a todo tipo de vicisitudes y utiliza el ingenio, el humor y la ciencia para ganar tiempo. En la tierra, desde el centro de misiones de la NASA, harán todo lo posible para traerle de vuelta sano y salvo.

Heredera de títulos recientes como “Gravity” e “Interstellar”, en algunos momentos “Marte” recuerda bastante al “Naufrágo” de Robert Zemekis. En efecto, durante buena parte de la trama asistimos al espectáculo de ver al protagonista sólo con sus propios recursos, aprendiendo a sobrevivir de la manera más básica que puede permitirse el hombre en un entorno hostil y sin las comodidades a las que estamos acostumbrados, donde la complicación para hacer un fuego sin cachivaches se cambia por la dificultad de establecer comunicación fluida al carecer de los instrumentos para ello. Menos arriesgada que la cinta de Tom Hanks, aquí el recurso narrativo del protagonista de hacer un videodiario facilita las cosas al espectador explicándole el desarrollo de la trama. Se gana en ritmo aunque corriendo el riesgo de darle todo mascado al espectador, sin hueco para el propio razonamiento desde la butaca. De la misma manera que la cinta usa una base científica plausible por momentos (obviando determinadas situaciones que atentan contra la verosimilitud astrofísica), en la que llega a un punto en que decide no aturullar al público con explicaciones demasiado técnicas para que el argumento siga hacia delante.

Porque al final, el ritmo argumental no se resiente en absoluto de un argumento con tantas posibilidades de caer en ridículo. Con una duración que sobrepasa las dos horas, la introducción va al grano y la soledad en Marte del protagonista es descrita en la duración adecuada. A partir de ahí los distintos planes de rescate desde la Tierra le van dando emoción argumental pulida con los adecuados giros (a pesar de que alguno está tan anunciado que provoca cierto sonrojo en el espectador acostumbrado a los artificios cinematográficos), y regando el clímax de una tensión bien dosificada y adecuadamente presentada. Y esto hay que decir que es uno de los grandes méritos de la película.

Más puntos a favor es que es una película tremendamente optimista, sin claroscuros en su trama ni críticas a nadie. El protagonista ni se molesta en culpar a nadie de su situación, ni en ningún momento nos muestra angustia o desesperación; todo es mirar hacia delante con determinación y no tirar la toalla en ningún momento, a diferencia de otros ejemplos cinematográficos de ciencia ficción. Con un humor que salpica momentos puntuales, es digno de mención cómo todo el equipo decide remar en la misma dirección para rescatar al astronauta perdido, en un claro ejemplo de humanidad que traspasa fronteras. Entre los personajes de Matt Damon (un actor con suerte para elegir los papeles de las cintas en los que participa), Jessica Chastain (tras Zero Dark Thirty e Interstellar se afianza como una de las intérpretes con más fuerza del panorama actual), Jeff Daniels (a quien por primera vez le he visto en un papel serio, capaz de mostrar preocupación y gravedad), Sean Bean (alejado por fin de sus papeles de malvado enfadado con el mundo), y demás secundarios  tenemos todo un ramillete de interpretaciones agradables y precisas que contribuyen a que la película avance con paso fuerte y firme, sin demasiadas tonterías argumentales (sólo hay un caso en que se hace una referencia al Señor de los Anillos a modo de guiño con el personaje de Sean Bean, aunque la sombra de “Salvar al soldado Ryan” con Matt Damon es alargada).

La verdad es que pocas debilidades le veo a esta cinta de Scott, a la que no soy capaz de verla como obra de culto capaz de perdurar durante décadas, pero sí que entretiene por encima de otras muestras de su filmografía. Una fotografía deslumbrante en un planeta inhóspito (que a ratos deja momentos visuales de gran belleza), junto con unas interpretaciones que dan lo mejor de unos actores ya vistos en innumerables ocasiones da como resultado una buena película que nos devuelve al mejor Ridley Scott; o, por lo menos, no nos muestra al malo realizador.

Calificación: Muy buena.

Lo Mejor: El optimismo que irradia, la fotografía, las interpretaciones, y el ritmo de la cinta que no se hace pesada en ningún momento.

Lo Peor: Pensar que Ridley Scott no es capaz de mantener este nivel en sus próximas cintas.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Si quieres leer la reseña del libro en el que se basa

El Marciano Andy Weir

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt3659388/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Misión Imposible: Nación secreta

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Mission Impossible: Rogue Nation

Año: 2015

Director: Christophe McQuarrie (Jack Reacher)

Guión: Drew Pearce, Will Staples

Música: Joe Kraemer

Fotografía: Robert Elswit

Reparto

  • Tom Cruise
  • Jeremy Renner
  • Simon Pegg
  • Ving Rhames
  • Rebecca Fergusson
  • Sean Harris
  • Alec Baldwin

Prosigue esta incombustible saga que demuestra el gran ojo para los negocios y el sentido del espectáculo que tiene Tom Cruise. En 1996 se convirtió en productor y la estrella principal de un guión que llevaba dando vueltas por Hollywood varios años, el de la adaptación de una de las series icónicas de los 60. Dando la vuelta a todo el cine de espías que se había hecho hasta entonces, la primera entrega de Misión Imposible fue un festival de adrenalina, traiciones, agentes dobles, persecuciones, discos robados, escenarios clásicos de la guerra fría e incursiones al límite en zonas prohibidas. Brian de Palma le dio un sello único e inconfundible a la cinta y fue la semilla para que el género se reinventara con las siguientes películas de Bourne y Bond a lo largo de la década siguiente. La lástima fue que la secuela dirigida por John Woo lo estropeara todo y demostrara lo fácil que es pasar al extremo contrario, y con los mismos ingredientes hacer una película de acción descerebrada y sin sentido, por mucho que las escenas de riesgo fueran extremas (grandes coreografías en moto), que incluyera el toque romántico que da un personaje femenino (en la primera parte no hay romance entre los personajes, salvo una leve referencia con el personaje de la chica), que las incursiones y acrobacias imposibles sean todavía más imposibles, que el villano diera más miedo todavía en esta continuación, y que todo esté impregnado del típico toque poético de Woo en medio de los tiroteos (palomas volando mientras se ralentizan las imágenes). Contra todo pronóstico, todo se arregló en la tercera parte, con ese resucitador de franquicias que es J. J. Abrams y su toque mágico para contar historias dando la vuelta de tuerca que uno nunca se espera, y demostrando por qué Cruise tiene tan buena mano no sólo para elegir los papeles protagonistas, sino también los directores de esta franquicia millonaria. Después de la excelente primera parte, Misión Imposible 3 es la mejor entrega de esta saga, con el mejor villano, un gran argumento, una gran subtrama romántica (la relación con su chica es totalmente creíble y está integrada en el argumento de manera impecable), y una manera de contar la historia a base de flashbacks que quita el aliento. Luego vino la cuarta entrega de la franquicia y supo mantener el tipo, aunque en mi opinión el pico de calidad ya se ha dado repetidamente y, por mucho que Brad Bird, el director elegido, tuviese buena mano, ya resulta cada vez más difícil innovar en esta saga sin caer en los clichés ni que el “más difícil todavía” no sonroje al espectador. Y sin embargo, esta quinta parte que se nos presenta, hace lo imposible y sorprende por darle un nuevo aire a la franquicia a la vez que los guiños a entregas pasadas nos hacen recordar grandes momentos y olvidar las arrugas que le salen a Cruise con cada año que pasa. Asume grandes riesgos y en algún momento asusta por parecer algo repetitiva en relación a todo lo que se ha visto años atrás, pero en general sale airosa y nos aporta grandes escenas para el recuerdo, que ya forman parte de la iconografía de esta franquicia.

Tras su última misión en Ucrania, el agente especial Ethan Hunt descubre que una organización secreta a la que lleva siguiendo la pista desde hace bastante tiempo, el Sindicato, está más infiltrada en los servicios secretos de todo el mundo de lo que había pensado. Mientras en el congreso americano se debate que la IMF a la que pertenece Hunt cese sus operaciones encubiertas y se integre en la CIA, éste es buscado por medio mundo mientras se niega a entregarse al gobierno y exponerse a que el Sindicato le localice. Con todos sus antiguos compañeros localizados, interrogados y neutralizados, unos le buscarán y otros le ayudarán a enfrentarse a esta organización; mientras intenta conocer el papel que desempeña Ilsa, una misteriosa mujer que no sabe si está de su lado o en su contra, para demostrar que la amenaza del Sindicato es real y puede desestabilizar el equilibrio de los servicios de inteligencia de todo el mundo.

El arranque de esta entrega no puede ser más espectacular, y lo es por la tan cacareada escena del avión sin dobles que la resuelve en los primeros cinco minutos de la película. Siendo honestos, uno pensaba que iba a formar parte del clímax en los últimos compases de la cinta, pero la manera de presentarnos la situación, los personajes y el conflicto, sorprende de puro simple que es. En dos minutos ya están todas las cartas repartidas, y sin darnos cuenta la banda sonora épica de Lalo Schifrin está en pantalla con los créditos iniciales recordándonos más que nunca esa primera parte que pensábamos que ya no íbamos a volver a rememorar, salvo tirando de hemeroteca. Pero la vuelta a los escenarios clásicos del género de espionaje (Londres, Viena) ilusiona tanto a los fans de toda la vida como al espectador ocasional, y tras el juego típico de traiciones, persecuciones y desautorizaciones, Christopher McQuarrie nos cuela una noche en la ópera que es puro Hitchcock a la antigua usanza. Usando el clásico Turandot de Puccini, uno ya se espera el que el momento álgido de la aria se use para algo espectacular, y no decepciona. Con semejantes cartas mostradas, la cinta ya nos ha ganado por su vitalidad y ritmo, y solo ha pasado la mitad del metraje. Es por ello que, aunque luego haya algún recital de escenas ya vistas en otras ocasiones (la persecución en moto, la inmersión en la piscina), la cinta ya ha logrado su objetivo, que no es otro que el de desmarcarse del resto de entregas a base de alguna escena diferenciadora.

Con un grupo de personajes que rescatan a todos los viejos aliados de otras entregas, en esta ocasión los junta y los mezcla dejando que interaccionen creando conflicto entre ellos (Ving Rhames y Jeremy Renner colaborando juntos), mientras que el contrapunto cómico que es Simon Pegg está más integrado que nunca. Hasta Rebeca Fergusson recuerda en su físico al mejor personaje femenino de la saga (Michelle Monaghan, hábilmente sacada de los guiones en posteriores entregas), aunque el mayor defecto de la película sea precisamente la poca credibilidad de su personaje con el villano de turno (sin desvelar parte de la trama, decir que a ratos resultan inverosímil los tejemanejes que se traen). Por lo menos cumple su función de personaje misterioso y enigmático. Pero como siempre, Cruise es la verdadera estrella de la función, dejando que todo orbite a su alrededor lo justo, y sembrando de dudas el relevo de Renner como futuro eje de la franquicia (al estilo de Bourne).

Desde luego que a McQuarrie no se le puede negar brío en su cine. Siendo guionista de “Sospechosos Habituales” y “Al filo del mañana”, o director en “Jack Reacher”, se caracteriza por salvar los muebles en un cine que cada vez necesita reinventarse más, so riesgo de caer en el olvido más inmediato, y para ello sabe rodearse de astros consolidados en el sector (léase el propio Cruise). Y desde luego que con esta “Misión Imposible: nación secreta”, no cabe duda de que ha conseguido más de lo que se esperaba de él. Una película que, sobre todo, es entretenida y ágil, que deja a la franquicia en muy buena posición para futuras entregas y más viva que nunca, y que la salva de la quema de los olvidables blockbusters veraniegos que pasan sin pena ni gloria. No es una obra maestra pero hace que el género esté revitalizado.

Calificación: Bastante buena

Lo Mejor: La primera escena es pura adrenalina, y contrasta perfectamente con la escena de Viena que es pura intriga y tensión. Y recuerda mucho a la primera entrega de la franquicia, lo cual también es una gran ventaja.

Lo Peor: Que algunos retazos de la trama y del villano estén cogidos con pinzas.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2381249/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Los Minions

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Minions

Año: 2015

Director: Pierre Coffin, Kyle Balda

Guión: Brian Lynch

Enlace a la reseña de “Gru, mi villano favorito 2”

Reparto (voces en el original)

  • Pierre Coffin
  • Sandra Bullock
  • Jon Hamm

Reconozco que estoy ligeramente condicionado a la hora de dar nota a las películas que reseño. Salvo casos especiales que odio profundamente (Tarantino, 50 Sombras de Grey), la mayoría de cintas se llevan una calificación amigable por mi parte, y a muy pocas califico de manera negativa o por debajo del aprobado. Eso es por el sesgo implícito a la hora de elegir las películas que me llaman la atención, antes que otras menos atrayentes (solo por el mero hecho de elegir ya estamos dando una calificación). Y bueno, una vez vistas, (casi) todas tienen algo por las que merecen salvarse de la quema y recibir mi condescendencia, ya sea por algún actor atrayente, por un planteamiento que me empujó a ir al cine (aunque luego no estuviera a la altura), por un trailer vistoso, o por un argumento misterioso. Y eso es lo que les pasa a Los Minions, esos adorables hombrecitos amarillos que eran los robaescenas de “Gru, mi villano favorito” y su secuela. Con un lenguaje inventado mezcla de varios idiomas conocidos, una voz tremendamente aguda, una ternura y una mala leche a partes iguales, y unas apariciones estelares en pantalla, cada vez que asomaban por el argumento de la historia del villano con corazoncito que adopta a tres niñas huérfanas se llevaban las mayores carcajadas y aplausos del público. El éxito le pilló de sorpresa a la productora responsable de la animación (no era ni la todopoderosa Pixar ni la rival Dreamworks), y el merchandising habitual pronto se centró en estos bichos amarillos (peluches, videojuegos) y era de esperar que tuvieran una película dedicada a ellos a modo de precuela – spinoff. Y eso es lo que está arrastrando al cine a miles de personas, ante la perspectiva de una animación cada vez más dirigida al público adulto sin dejar de pensar en los más pequeños. Y como decía más arriba, mi nota debería ser más baja que la que finalmente es, pero me temo que no puedo resistirme al encanto que destilan estos hombrecitos dedicados a ser esbirros de los villanos más malvados, y encuentro algo que merece que esta cinta sea salvada de la quema.

Los Minions son unas criaturas amarillas que han habitado el planeta desde el origen de los tiempos. Desde la era de los dinosaurios, su empeño siempre ha sido seguir a los mayores villanos de la historia y convertirse en sus fieles esbirros. Pero una serie de desgracias a lo largo de los años ha provocado que estos pequeños hombrecitos se queden aislados en la Antártida durante décadas. Con el aburrimiento para ellos que supone no tener un amo malvado a quien servir, uno de estos personajes llamado Kevin decide arriesgarse y salir al mundo exterior a buscar un jefe al que servir. Junto con Stuart y Bob, llegan al Nueva York de 1968, y pronto descubren el sitio perfecto donde encontrar sus objetivos: una convención de villanos en Orlando, donde conocerán a la supervillana Scarlett Overkill, y a quien conseguirán unirse como secuaces para ayudarla a conseguir sus malvados planes. Tras viajar a Londres donde tiene su centro de operaciones, Scarlet les revelará su próximo gran trabajo: apoderarse de las joyas de la corona para demostrar que son capaces de estar a la altura sirviendo a un auténtico cerebro del mal.

El mayor problema que yo le veo a esta película es el cansancio que supone dedicar el protagonismo entero a estas criaturas. Con una trama inconexa y a menudo ridícula, la historia hace aguas la mayor parte del tiempo y los esfuerzos por atraer la atención del espectador recae continuamente en los gags de los Minions. Porque cuando nos olvidamos de las cucamonas que hacen los protagonistas, lo que queda es un vano intento de remontar la trama de villanos que con las anteriores entregas de “Gru” tenía cierta gracia y estaba mejor hilvanada. Aquí se abusa de esa idea conceptual del mundo al revés (donde los malos son los buenos) para llevarnos a la Inglaterra pop de los sesenta, y la verdad, tenía más interés la historia de que un supervillano adoptara a unas huerfanitas carentes de hogar, que la búsqueda de un jefe malvado capaz de dar trabajo a nuestros protagonistas. Y a eso le añadimos el segundo mayor problema de la cinta (y de todas las películas que se estrenan en la actualidad): el trailer que destripa toda la trama en todas sus versiones. Tanto el origen de los Minions, como todos los mejores gags de la cinta y la mayor parte de la trama, ya están desgranados en el primer y segundo anuncio de la película que semanas antes ya podíamos ver. Por lo que el efecto sorpresa está ya más que agotado y una vez entras en el cine hay pocos chistes más que se puedan salvar. Hasta el final es tremendamente predecible y te lo imaginas al minuto cero de que empiece la película. Como elementos a destacar de la trama que puedan tener gracia, está el de la familia que recogen a los protagonistas haciendo auto stop, o la persecución por Londres a ritmo de los Who mientras pelean con la mismísima Reina Isabel (y no, no es “la cucaracha”).

Porque la verdad es que pocas cosas más se pueden salvar de la cinta. Ni los secundarios de la película, la mismísima villana protagonista de la entrega, ni el personaje que hace su insufrible marido (cargante a más no poder cada vez que sale en pantalla). Ya sé que esto no es cine de autor, pero las motivaciones que mueven a estos personajes a tomar las decisiones que toman no tienen ni  pies ni cabeza (el marido de Scarlet no sabemos si es bueno, es malo, o sencillamente está más pirado que su mujer). Y la escena de la tortura en la mazmorra podría haber sido tremendamente graciosa, pero al salir este personaje se queda en otro chiste más de la película, corriendo el riesgo de ser una sucesión de sketches y gags al servicio de las bromas de las criaturitas protagonistas.

Y como decía al principio, sí, con todos estos argumentos, la película merecería un suspenso y la recomendación de no ir al cine a verla. Pero es tal la expectativa que ha levantado esta cinta, y nos han dado tantos buenos ratos estos entrañables personajes, que al final soy más condescendiente y me ablando un poco a la hora de calificar esta primera incursión de los Minions en solitario. La película es entretenida y punto, y esperemos que dejen una posible secuela de lado para cuando tengan un mejor argumento. De momento, la tercera entrega de “Gru, mi villano favorito” ya está en marcha, y supondremos que el dejarles de secundarios otra vez hará que se elabore una mejor trama, más conexa, y mejor hilvanada.

Calificación: Entretenida/Pasable

Lo Mejor: Las clásicas escenas sueltas que no tienen trascendencia en el argumento. La vistosidad y el carisma de estos personajes.

Lo Peor: Que en ningún momento la cinta logra remontar el vuelo para atraer el interés del espectador, más allá de lo que se ve en el trailer

La vería de nuevo: No creo.

La Recomiendo: Sí, perfecta para pasar un buen rato y entretener a adulos y niños.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2293640/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – La conspiración de noviembre

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The November Man

Año: 2014

Director: Roger Donalson (Cocktail, Species, Un pueblo llamado Dante’s Peak, Trece Días, La Prueba)

Guión: Michael Finch, Karl Gajdusek

Basado en el libro de Bill Granger “There Are No Spies

Música: Marco Beltrami

Fotografía: Romain Lacourbas

Reparto

  • Pierce Brosnan
  • Luke Bracey
  • Olga Kurylenko
  • Eliza Taylor

Seguimos con el cine de espionaje en este 2015 que vislumbra grandes aportaciones al género. Si la semana pasada con Kingsman: Servicio Secreto teníamos una nueva vuelta de tuerca resultando un actioner gamberro y alocado, con esta The November Man volvemos a la visión seria y dura del mundo de los espías. Y para ello nada como un viejo especialista del género tirando de canas y experiencia, un Pierce Brosnan al que la sombra de 007 le perseguirá siempre (ya sea como Thomas Crown, como “El sastre de Panamá”, o en “Matador”), pero que en este título nos recuerda más al frío antagonista de “El cuarto Protocolo” más que al jovial espía británico. Y es que esta cinta retoma los oscuros derroteros marcados por la narrativa de Frederick Forsyth o John Lecarré, para hacer un thriller sobrio y sin grandes aspavientos de presupuesto o escenas, centrándose en una trama retorcida e intrincada y con frecuentes giros de guión, más del estilo de la saga Bourne. Con tan pocas aspiraciones nace esta cinta, que de hecho se estrenó en agosto de 2014 y no ha sido hasta marzo de 2015 que en España se han decidido a distribuirla, como si la desgana se hubiera apoderado de los distribuidores.

Peter Deveraux es un veterano operativo de la CIA ya retirado. Con un pequeño negocio en Suiza, no ve la necesidad de retomar su antiguo trabajo cuando su antiguo jefe le hace una visita para pedirle que vuelva. Un asesino a sueldo está eliminando a antiguos compañeros suyos relacionados con el nuevo hombre fuerte de Rusia, Fedorov, un antiguo militar metido a político con fuertes expectativas de ser el próximo presidente del país. Tras saber que puede estar en peligro una antigua compañera suya, la cosa cambia y decide volver una vez más al terreno de juego para intentar sacarla del país y ponerla a salvo. Pero la misión fracasa, y los propios agentes de la CIA intentan matar a Deveraux sin saber que están frente a uno de los hombres más peligrosos que hayan sido entrenados por la agencia. Precisamente a quién ponen en su búsqueda es a David Mason, joven agente que fue el alumno y protegido de Deveraux en el pasado, a quien enseñó todo y que es igual de mortífero o más que su ex-profesor. Entre ellos se pone en marcha un peligroso juego del gato y el ratón, y mientras Mason trata de cazar a Deveraux, éste intenta buscar a una chica llamada Mira Filipova, con conexiones con el pasado de Fedorov, y la clave de toda la operación de la CIA. Traiciones, relaciones rotas y las cloacas del sistema serán las constantes en esta oscura trama, en la que se demuestra que hay profesiones que nunca se pueden dejar atrás.

Dirigida por Roger Donalson, se puede decir que ya tiene cierta experiencia en el género, tras ser el responsable en 2003 de una de las mejores muestras del género, La Prueba (The Recruit), donde teníamos a un Colin Farrell intentando saber qué era real y qué mentira en un proceso de reclutamiento de la CIA. Siguiendo con el juego de referencias, la película de Tony Scott “Spy Game” es también fundamental en la construcción de la trama, con el espía veterano dando lecciones al espía joven e impulsivo. Aunque por momentos esta cinta juega más en la liga de “Tres días para matar” o “La fría luz del día” (grandes repartos en títulos que no consiguieron transcender la gloria), no nos engañemos: la sombra de Jason Bourne es alargada, y el intento de mezclar su brutalidad amnésica con la elegancia bondiana que Brosnan le imprime a todos sus papeles desde que dejó la franquicia da como resultado esta cinta; donde lo mismo se dispara a sangre fría, que se bebe un licor con elegancia. La violencia está justificada por los vínculos emocionales que se le atribuyen al protagonista, dando como resultado un personaje atrayente y poco convencional. Al igual que en otros títulos del género, las cloacas del sistema salen a la luz, y tenemos una trama donde se ven los oscuros tejemanejes de la CIA en la Rusia postsoviética y moderna, y donde resulta difícil saber quien está en contra y quien es aliado. La puesta al día de la profesión es patente en un mundo de móviles, cámaras en cada esquina y drones aéreos.

Al final lo que tenemos es un producto divertido sin complicaciones, aunque la trama se haga enrevesada por momentos. Las sorpresas en el argumento funcionan, y los secundarios que rondan le van a la zaga y hacen bien sus papeles. Olga Kurylenko no sólo aporta una cara bonita, y Luke Bracey es el contrapunto perfecto de juventud frente a la experiencia de Brosnan. El ritmo de la trama es adecuado y la cinta no dura mucho (algo más de hora y media) con lo que no llega a aburrir en ningún momento. Y las escenas de acción y persecuciones no tienen sus dosis de fantasía propias de la industria, cosa que es de agradecer para que no se nos atragante ninguna secuencia. Digamos que esta “The November Man” pasa el examen con buena nota, es correcta para las aspiraciones que traía, y no comete errores de bulto, aunque tampoco arriesga más de lo debido. Para el género en el que se mueve, es una buena muestra del mismo.

Calificación: Buena.

Lo Mejor: Brosnan siempre imprime carácter y buen gusto a sus papeles, aunque tenga tics interpretativos difíciles de quitar ya a su edad.

Lo Peor: Algún momento de vuelta de tuerca en una trama ya de por sí enrevesada.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí, es espionaje en estado puro, y se deja ver.

Películas similares: La Prueba, Spy Game, La fría luz del día, Tres días para matar

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2402157/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Kingsman: Servicio Secreto

Kingsman Servicio Secreto poster

 

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Kingsman: The Secret Service

Año: 2014

Director: Mathew Vaughn (Layer Cake, Crimen Organizado; Kick Ass; X-Men: Primera Generación)

Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn

Basado en el cómic de Dave Gibbons y Mark Millar

Música: Henry Jackman, Matthew Margeson

Fotografía: George Richmond

Reparto

  • Colin Firth
  • Taron Egerton
  • Samuel L. Jackson
  • Mark Strong
  • Michael Caine
  • Mark Hamill

Basada en un cómic de Dave Gibbons y Mark Millar, Kingsman es el último gran estreno basado en grandes fanfarrias de fuegos artificiales y peleas espectaculares que nos brinda la cartelera. Y yo, amante purista del género de espionaje, he de reconocer que al principio me asomé con una mezcla de incredulidad e indiferencia a esta nueva vuelta de tuerca al mundo de las agencias secretas, ya visto en innumerables ocasiones. Mezcla confesa de “La Prueba” (The Recruit”, con Colin Farrell y Al Pacino) con “Los Vengadores” (la serie de los 60 llevada al cine por Ralph Fiennes y Uma Thurman en 1998), tenemos al aprendiz recibiendo lecciones del mentor mientras la elegancia y la flema británica se lleva al extremo. El estilo comiquero de la cinta es patente desde el mismo trailer, donde se puede entrever acción a raudales, junto con la historia iniciática de un aprendiz a espía de origen callejero y look rapero, pugnando por superar distintas pruebas no sólo físicas sino de modales y buen gusto. Como se bromea en el afortunado guiño de una escena, ésta es una versión de Pigmalión adaptada al sofisticado mundo de los espías popularizados por 007. Y es una mezcla de géneros tan disparatada, que podemos definir a Kingsman, Servicio Secreto como una comedia de acción y espionaje con toques de violencia de cómic adulto.

Eggsy es un joven londinense descarriado y macarra, pero de espíritu noble y preocupado por su madre. Su padre perteneció a una agencia ultrasecreta de inteligencia y cuando murió en combate, su compañero y mentor Harry Hart prometió ocuparse de su familia. Harry le dejó un medallón con un número grabado al que llamar cuando estuviese en problemas, y Eggsy decide usarlo tras un altercado con unos matones del barrio y acabar encerrado en los calabozos de la comisaría de policía. Harry ve potencial en el joven delincuente y le sugiere la posibilidad de que se una a la agencia de espías a la que perteneció su padre, llamada Kingsman, y cuya tapadera es una sastrería en Savile Row, el barrio más elegante de Londres. Los Kingsmans son agentes secretos refinados, elegantes y mortíferos, expertos en todo tipo de lucha, tanto con armas como cuerpo a cuerpo. El proceso de entrenamiento y selección será duro, teniendo Eggsy que competir contra otros jóvenes candidatos procedentes de orígenes menos humildes y más adinerados. Mientras recibe su instrucción, Harry investiga a un millonario y falso filántropo llamado Richmond Valentine, que parece estar detrás de la desaparición de grandes personalidades a nivel mundial. Sólo Eggsy y Harry serán capaces de descubrir qué maléficos planes están detrás de las maquinaciones de Valentine, y como siempre, la salvación del mundo estará en manos de nuestros protagonistas.

Con un argumento tan manido y usado, es fácil que un título como Kingsman caiga en la repetición de clichés mil veces vistos. En su lugar, Matthew Vaughn usa el cómic original para hacer una película gamberra y descarada, más cercana al tono burlesco y satírico de Kick-Ass (con sus buenas dosis de violencia incluidas), que al recto e íntegro de X-Men: Primera Generación. Las bromas al agente secreto por antonomasia son inevitables pero necesarias para no tomarse en serio a sí misma, así como las reflexiones acerca de los clichés propios del género (enfrentamiento protagonista – villano) y de las imaginativas e inesperadas soluciones que se dan para no caer en las repeticiones inevitables. Vaughn consigue escapar del tono de parodia por poco, y para eso usa herramientas de Tarantino tales como una violencia controladamente explícita. En algunos momentos a la cinta se le va la olla, literalmente; como con las peleas coreografiadas, que uno se espera herencia de los Wachowski pero que en ocasiones se pasan de frenada (la escena de la iglesia es, sencillamente, brutal). Éstos momentos violentos son en mi opinión, los puntos débiles de la cinta (aunque ya sabéis que yo tolero poco la sangre), pero que tienen su contrapunto irónico en el personaje de Valentine, quien tampoco soporta la sangre a pesar de todas sus contradicciones como villano de la función y sus poco íntegros planes. Y toda esta ironía de puntadas gruesas plaga toda la película, con lo que al final se compensan los desvaríos del realizador al estar todos y cada uno de los minutos del metraje justificados.

Entre medias, tenemos una buena historia de lealtad y nobleza. Un guiño a los tiempos convulsos que traen nuevos cambios y a la regeneración desde dentro de las instituciones. Una reflexión acerca de si la educación, la distinción y los modales nacen o se hacen, con humor británico inundando toda la cinta. Al final Kingsman es tremendamente divertida y dinámica, al mezclar sabiamente varias líneas argumentales ya vistas anteriormente a lo largo del planteamiento, nudo y desenlace, de manera que el tiempo pasa que da gusto sin que apenas uno mire el reloj. Quizás mis gustos en relación al género del espionaje sean más ortodoxos y no tan gamberros, pero hay que reconocer que los hallazgos visuales de la cinta hacen que deseemos que el protagonista se quite la gorra de rapero y se ponga las gafas y el traje marca de la casa de los Kingsman. Esta película tiene variados aciertos y por ello merece ser recomendada antes que otras opciones de la cartelera.

 Calificación: Buena

Lo Mejor: El ritmo endiablado de la película hará que el tiempo pase volando sin darte cuenta.

Lo Peor: Que a Vaughn se le va la pinza con la violencia.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Películas similares: Los Vengadores, La Prueba.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2802144/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Corazones de acero

corazones de acero poster

 

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Fury

Año: 2014

Director: David Ayer

Guión: David Ayer

Música: Steven Price

Fotografía: Roman Vasyanov, Jay Cassidy

Reparto

  • Brad Pitt
  • Shia LaBeouf
  • Logan Lerman
  • Jon Bernthal
  • Michael Peña

El cine, como cualquier obra de arte, es un testimonio contemporáneo de la época en que se presenta al público el artista. Los gustos de la taquilla, la manera en que evoluciona la sociedad, y la sensibilidad a la hora de tratar determinados dilemas morales van cambiando con el paso de las décadas, y la misma mirada en torno al mismo tema va a ser distinta según sea la época en que se aborda dicha mirada. La segunda guerra mundial, por ejemplo, ha sido tratada infinidad de veces por el cine americano. El triunfo sobre las sombras que se cernían en Europa en aquellos años ha merecido que a lo largo de las décadas se primaran visiones épicas y románticas de un conflicto sangriento como pocos. No fue hasta los años noventa en que Spielberg empezó a traernos la realidad en forma de drama como fue “La lista de Schindler”, y no empezó la sociedad a comprender la verdadera tragedia de los que vivieron aquellos años en el bando y lugar equivocados. En ese sentido, parecía que no podía mostrar más crudeza en sucesivas películas relacionadas con el conflicto, pero entonces llegó “Salvar al soldado Ryan” y su escena inicial nos dejó mudos por la brutalidad de la narración. Este y otros estrenos del momento, como “La delgada línea roja” o “Enemigo a la puertas” nos mostraron que no todo estaba contado en la guerra contra los nazis, que quedaban más visiones del conflicto menos edulcoradas que las de los años clásicos del género, y que no sólo Vietnam iba a tener su visión pesimista por parte de Hollywood. La visión cruda y violenta del conflicto se ha asentado entre nosotros, y es en este entorno de desmitificación en el que se inserta esta “Corazones de acero”, donde se nos enseña el escaso valor de la vida humana cuando se trata de conflictos bélicos. Si bien por el título en español se nos recuerda a aquella descarnada “Corazones de hierro” (Casualties of war, 1989), que también era un brutal alegato antibelicista con Michael J. Fox en pleno Vietnam, en otros momentos parece que estemos ante Platoon con su visión del joven novato horrorizado ante las atrocidades de los soldados. Con todo este cóctel de referencias, llega una nueva aportación de Brad Pitt al género (recordemos que ya interpretó a un sanguinario soldado americano en su lucha contra los nazis en “Malditos Bastardos”).

Estamos en 1945, con la finalización de la Segunda Guerra Mundial en ciernes. Los nazis se repliegan sobre Alemania, y los aliados avanzan sobre el terreno ganando terreno. Es en este escenario en el que el sargento Collier perteneciente a la 2ª división acorazada, comanda un escuadrón de hombres con su tanque Sherman apodado “Fury”. El último artillero ha muerto en combate y su reemplazo es un joven novato llamado Norman, recién salido del instituto y sin experiencia en batalla. Mientras el escuadrón se abre paso por terreno enemigo en las últimas batallas de la guerra, donde las misiones cada vez tienen más importancia, Norman aprenderá de la brutalidad de la guerra y a matar en combate sin contemplaciones, necesario para sobrevivir en un entorno donde la humanidad se ha ido sin dejar rastro. En este terrible viaje iniciático aprenderá el horror pero también el honor y el compañerismo, en una de las mayores situaciones límites a las que se puede enfrentar el ser humano.

Hace pocos meses reseñé Monuments Men, también otra visión de los últimos días de la II Guerra Mundial pero más amable y blanda que la que se nos presenta. La verdad es que uno de los puntos que más me gustó de la cinta de George Clooney era el pensar que se cambiaba de tendencia al dejar de mostrar tanta violencia explícita para caer en una narración más edulcorada. Craso error, y este “Fury” nos lo demuestra. Parece que la consigna ahora es desmitificar la segunda guerra mundial igual que se hizo con la guerra de Vietnam, y para ello David Ayer no duda en mostrar casquería variada en pantalla, muertes desagradables e impactantes (en uno y otro bando), y una actitud más que reprobable y carente de escrúpulos entre los que se suponen que son los protagonistas. Por supuesto que de eso va la historia: la visión novata del recién llegado que asiste impávido a un recital de violencia entre hombres curtidos que, precisamente son supervivientes por actuar así. Este es el lenguaje que habla esta cinta desde los primeros minutos, con lo que no se le puede reprochar nada salvo el que no se avise previamente del tono para evitar que los espíritus sensibles vayan al cine con una idea preconcebida errónea. Y así, a lo largo de más de dos horas vemos desfilar esta historia repleta de crudeza con aciertos esporádicos como el cambio de ritmo en las batallas libradas. Sólo en la escena final, y después del trato dispensado a todos los personajes, se vislumbra cierta epopeya épica y poética (no voy a decir cuál o por qué, so pena de cometer spoiler) que nos chirría bastante después de todo lo visto hasta el momento.

Con unas grandes interpretaciones, Brad Pitt está como siempre en su línea sobresaliendo entre el reparto con un nuevo cambio de registro que, si bien recuerda a su personaje en “Malditos bastardos”, el vehículo de lucimiento que tiene aquí es mayor. El resto de actores están a la altura, si bien Shia LaBeouf hace esfuerzos por salirse del papel de jovenzuelo sin que nos lo acabemos de creer del todo. Al joven actor le quedan todavía unos cuantos años de carrera profesional para imprimir credibilidad a todo lo que interprete. A pesar de esto, “Corazones de acero” es una película recomendable siempre que no se tenga el estómago sensible, pues el nivel de dureza que se muestra en pantalla es cada vez mayor. El alegato antibelicista es manifiesto, y las ocasionales rendiciones a la emoción y la adrenalina son siempre bienvenidas.

Calificación: Buena

Lo Mejor: Brad Pitt elevando el listón.

Lo Peor: El tono del filme.

La vería de nuevo: No.

La Recomiendo: Siempre que se esté inmunizado contra la crudeza y el realismo

Películas similares: Salvar al Soldado Ryan, Platoon, Malditos Bastardos, Monuments Men

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2713180/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – 50 sombras de Grey

50 sombras de Grey poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Fifty Shades of Grey

Año: 2015

Director: Sam Taylor-Wood (Nowhere Boy)

Guión: Kelly Marcel, Patrick Marber y Mark Bomback

Basado en el libro de E.L. James, 50 Sombras de Grey (enlace a la reseña de Malosa)

Música: Danny Elfman

Fotografía: Seamus McGarvey

Reparto

  • Jamie Dornan
  • Dakota Johnson
  • Jennifer Ehle
  • Eloise Mumford

Y como era de esperar, el mayor fenómeno editorial de los últimos años ha tenido su esperada adaptación a la gran pantalla. Las majors de Hollywood, ávidas de ideas para nuevas historias, personajes y conceptos argumentales que den pie a sagas que arrasen taquillas, pronto hacen suyo cualquier fenómeno que se convierta en viral en esta época en la que a los espectadores pocas cosas nos sorprenden en la gran pantalla. Y hay que reconocerlo, el sexo vende, así que una historia picante que confronte romanticismo femenino frente a rudeza masculina era la película perfecta para empaquetarla y venderla en San Valentín. Y aquí tenemos el resultado; de momento, la expectación que ha levantado la película en todo el mundo está batiendo récords de taquilla y de preventa de entradas. Las grandes preguntas que surgen son: ¿está justificado todo este revuelo? ¿Superará el éxito de la versión cinematográfica al del propio libro? ¿Tendremos más películas que continúen la historia del liberal señor Grey y la recatada señorita Steel? ¿Merece la pena la historia que Sam Taylor-Wood ha adaptado de la novela de E.L. James?

Anastasia Steele es una joven universitaria que tiene que hacer una entrevista a Christian Grey, joven magnate dueño de un imperio empresarial que lo tiene todo: es elegante, rico y atractivo. A pesar de su imagen intimidante,  fría y distante está claro desde el primer momento que hay atracción entre ambos y la recatada Anastasia, poco iniciada en las artes amatorias, se irá sintiendo cada vez más atraída por la autoridad y la confianza en sí mismo que emana del enigmático millonario. El contrato de confidencialidad que le hará firmar Grey para tener una relación esconderá grandes secretos consecuencia de los poco convencionales gustos de éste, y Anastasia se irá sumergiendo en un mundo de perversiones sexuales y parafilias propias del bondage y el sadomasoquismo; mientras intenta acceder a los sentimientos del Sr. Grey y conocer la parte oscura de su personalidad.

La reseña a esta película era casi obligada dada la naturaleza de este blog y el análisis de estos últimos años centrado en una buena parte de la narrativa erótica contemporánea, surgida al abrigo de esta saga literaria que tantos tabúes ha roto así como polémicas ha creado. Y tras ver “50 Sombras de Grey”, la película, no puedo menos que sentir que estamos ante el mayor insulto a la inteligencia que hemos tenido en los últimos años, el mayor timo que un fenómeno de masas haya podido crear desde la nada. Puedo entender que el libro haya levantado pasiones entre las lectoras femeninas consecuencia de lo novedoso del argumento que supone explorar el mundo del sadomasoquismo, combinado con un romanticismo propio de novelas para adolescentes con las hormonas en ebullición. Puedo entender que la prosa fácil excite las bajas pasiones femeninas de la misma manera que los estímulos visuales de imágenes sugerentes (hablo de porno) levante el ánimo al sexo masculino, por aquello de que las mujeres responden a otro nivel de estimulación diferente. Pero que un personaje como Christian Grey se convierta en el protohombre de fantasías femeninas de las mujeres actuales me parece retroceder siglos de evolución social en unos pocos meses. Y es que E.L. James ha sabido dar en la diana al crear una fantasía a la imagen y semejanza de lo que su más profundo subconsciente podría nunca imaginar, pero que de darse en la realidad sería algo abominable. Y solo por el mero hecho de convertirlo en protagonista sobre el papel me parece de una irresponsabilidad manifiesta. El personaje encarnado por Jamie Dornan es un trastornado posesivo y celoso que tiene un claro desorden sexual. Por supuesto que este desorden sexual no trascendería más si sólo lo restringiese a su círculo íntimo de practicantes, cada cual es libre de practicar lo que quiera en su cama, el problema viene cuando se encapricha de la virginal protagonista y la intenta introducir en su mundo. E intentar justificar con traumas de infancia no ya desviaciones sexuales, sino una posesividad manifiesta y un control absoluto de tu pareja es lo que te convierte en un monstruo. Lo más flagrante no es que este monstruo se vista con trajes caros, coches deportivos y modales exquisitos, sino que sirva como justificación para que miles de mujeres se autoengañen disfrazándolo de fantasía sexual reprimida. Lo abominable no es que le gusten las pulseras de cuero y las varas de azotar, lo terrible es que le haga firmar un contrato a la protagonista acerca del ginecólogo al que asistirá, las prácticas sexuales a las que se someterá, o le prohíba ser infiel sin que se mencione nada de lo que le ataña a él. O que sea tan posesivo y celoso que aparezca en una noche en la que ella está borracha de fiesta, exigiéndola volver a casa y apartándola de uno de sus mejores amigos que pretendía sobrepasarse (y encima disfrazar la escena de galantería caballeresca a ojos de ella).

Porque lo peor de todo no es que 50 Sombras de Grey haya construido un protagonista masculino atormentado y oscuro, con gustos y lujos que compensen sus desvaríos y con secretos ocultos que justifiquen sus trastornos. Lo peor de todo es haber creado la heroína más estúpida de la historia del cine, que está a años luz de la Scarlett O’hara de “Lo que el viento se llevó”. Una chica que va de virginal y casta (algo perfectamente entendible, de la misma forma que entiendo al que practique el sado aunque no lo comparta) a la vez que presume de carácter y personalidad pero que, llegado el momento, se deja arrastrar por una cara bonita y un mundo de lujos a una relación autodestructiva y sin compensaciones sentimentales. La atracción del hombre malote y dominante, que no hace más que usar el truco del palo y la zanahoria para conseguir el último juguete del que se ha encaprichado (ella), no tendría mayores consecuencias de no ser porque ella decide jugar y caer continuamente en su trampa, a pesar de que se deja claro desde el principio de que será una relación basada en el sexo duro y el BDSM. Y el problema es que esta estupidez se hace patente en todos los guiños premeditados a la novela, como cada vez que se muerde el labio en un gesto tan obvio como descarado y pueril. La chica se hace odiar desde la primera escena hasta la última; y por más que Dakota Johnson intente remontar con su interpretación un personaje tan insulso como insultante, el resultado final es una historia con poca moraleja para llevarse a la boca. Quizás se podría hablar de una historia de amor no correspondido, pero luego uno piensa todas las estupideces que realiza su personaje y resulta difícil sentir empatía por ella. Que Jamie Dornan se pase media película vistiendo trajes caros y la otra media enseñando su torso desnudo, no hace sino confirmar que su personaje apunta directamente a las bajas pasiones del público femenino como manera de justificar los sentimientos desmedidos de ella. Su nivel interpretativo se limita a poner cara de cabreado continuamente, y su registro es tan limitado que ni siquiera es capaz de dar el pego vistiendo de traje con elegancia. Es una lástima que, salvo un par de papeles haya pocas interpretaciones más, y la película se reduzca solo a los dos protagonistas y a sus desvaríos sentimentales y sexuales.

Si a todo esto le unimos una manera de rodar aséptica y neutral, de un estilo “porno chic” que abruma (a pesar de la carga erótica del argumento y de las escenas que muestran la carne de los protagonistas, el nivel de piel mostrada en pantalla está más que estudiado para que la cinta no rebase el nivel de edades recomendado), tenemos una película que no funciona ni siquiera como competidora de las películas clásicas del erotismo (El imperio de los sentidos, El último tango en París, La vida de Ádele, Ninphomaniac). Y lo peor de todo es que, al igual que la saga literaria se alargó innecesariamente para hacer caja por el último bombazo editorial, los resultados en taquilla prevén próximas entregas de esta saga erótica cuya calidad  literaria disminuyó en sus continuaciones.

Calificación: Muy mala.

Lo Mejor: Nada. Hasta la ciudad en que se desarrolla la trama (Seattle) resulta poco cinematográfica.

Lo Peor: Que nos torturen con nuevas entregas.

La vería de nuevo: No.

La Recomiendo: No.

Películas similares: El imperio de los sentidos, El último tango en París, La vida de Ádele, Ninphomaniac

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2322441/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Descifrando Enigma

Descifrando Enigma poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Imitation Game

Año: 2014

Director: Morten Tyldum

Guión: Graham Moore

Basado en el libro de Andrew Hodges “Alan Turing: The Enigma”

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Oscar Faura

Reparto

  • Benedict Cumberbatch
  • Keira Knightley
  • Mathew Goode
  • Mark Strong
  • Rory Kinnear
  • Charles Dance

The Imitation Game es una de esas películas oscarizables desde la base misma de su creación. Partiendo del hecho de que quedan pocas semanas para la ceremonia de 2015, y que esta película lleva unas cuantas nominaciones en el bolsillo (mejor película, actor, director, actriz, guión, banda sonora, etc), no es de extrañar que pueda convertirse en la película del año (que no la mejor). Además, se trata de un biopic histórico sobre un momento heroico de la II Guerra Mundial, es una historia de superación sobre el conflicto interno de un hombre por superar sus hándicaps mientras lidia con el defecto de ser un genio, combina la emoción de una historia de espionaje al más alto nivel con la de una intriga policiaca convencional, para acabar hablando de cómo puede haber totalitarismos en el país teóricamente más civilizado del mundo (mientras su mensaje nos inunda de corrección política por todos lados).

A través de diversos flashbacks, se nos narra los momentos más importantes en la vida de Alan Turing, joven matemático que ingresó en el servicio secreto inglés durante la guerra para ayudar a descifrar las comunicaciones enemigas. Los alemanes llevaban años usando la máquina descodificadora Enigma, con la que diariamente se encriptan las claves que usan en todo tipo de mensajes, desde la posición de la flota o los ejércitos, hasta las órdenes de ataque en los diversos frentes. El MI6 está reclutando a todo tipo de criptógrafos y lingüistas para romper el código en una carrera contrarreloj diaria, pero Turing es más ambicioso en sus planes y sueña con construir la máquina definitiva que se convierta en el antecesor de lo que hoy conocemos como computadora. Su inteligencia desmesurada, combinada con su prepotencia y su evidente incapacidad para la interacción social creará continuos conflictos con sus superiores y sus propios compañeros criptógrafos, y reviviendo su infancia y juventud en la escuela comprenderemos donde puede estar la raíz de todos sus problemas; a la vez que un policía en una investigación años después de la guerra intentará descifrar el enigma con el que este extraordinario personaje se muestra de cara al mundo y a la puritana sociedad británica de mediados del siglo XX.

Con una trama que deja cierta sensación de dejá-vu (en 2001 Michael Apted ya trató el tema de la maquinita de códigos en “Enigma”), hay que decir que “The Imitation Game” es deudora sobre todo de la cinta de Ron Howard “Una mente maravillosa” (por no resaltar las más que también evidentes similitudes de la recién estrenada “La Teoría del todo”, sobre la vida de Stephen Hawkings y que reseñaré en breve). En efecto, tenemos puntos en común con el biopic del Nobel de Economía, y se tocan tangencialmente temas similares en ambos filmes. No es de extrañar teniendo en cuenta que la cinta de Howard triunfó en los Óscar de 2001, lo que justifica el repetir los ingredientes de la receta para conseguir similares resultados. La vida tortuosa y torturada de un genio de las matemáticas; una época caracterizada por el romanticismo propio de la guerra; la enfermedad que acecha a un genio ensimismado en su propio caparazón antisocial; el daño a los más cercanos que provoca su anormalidad; la posibilidad de hacer grandes cosas con la mente allá donde las armas no tienen efecto (es decir, descifrando códigos, ya saben, “la pluma es más fuerte que la espada”); un espíritu de superación encomiable ante la adversidad,… En ambas cintas tenemos papelones de sus protagonistas, y si bien Rusell Crowe tenía que luchar contra su propia imagen para dar el pego como matemático esquizofrénico, aquí tenemos a un Benedict Cumberbatch que se sale desde el principio, demostrando por qué es el actor de moda. Su papel hereda matices de su Sherlock televisivo, sobre todo en lo que a carácter antisocial se refiere, para ir derivando conforme avanza la trama hacia un personaje más torturado de lo que parecía en un principio, y logrando conmover al final de la cinta. Los inteligentes flashbacks pueden despistar en algún momento, pero no cabe duda de que pocas veces son tan clarificadores como para justificar la extravagante personalidad del protagonista en cuestión. Sobre todo la película gana enteros con el juego metáforico y dramático del enigma que supone descifrar la personalidad de Turing, aunque en algún momento se nos dé la respuesta. Y un consejo: para disfrutar al 100% de la experiencia de este joven actor, hay que escucharle en versión original con su propia voz, uno de sus puntos fuertes actorales (como hacía en “Los pingüinos de Madagascar” o como dragón Smaug en las dos últimas entregas de “El Hobbit”).

Más desafortunada resulta una Keira Knitghley que no la acabo de ver en todos los papeles que aborda, más allá que como presencia femenina en la saga de Piratas del Caribe. Le ocurre lo que ya comenté en la reseña de “Jack Ryan: Operación Sombra”: demasiado estática y falta de pasión en sus personajes. Para ser el único personaje femenino de la trama no está a la altura y no es creíble en su papel de cara bonita con una gran inteligencia. Hacen un mejor papel sus otros compañeros secundarios, como el siempre excelente Mathew Goode (desde Watchmen y sobre Stoker, el chico llena la pantalla con su sola presencia mejor que muchos actores protagonistas) o Mark Strong. Y un reparto tan británico siempre es de agradecer en una cinta que combina las nacionalidades americanas e inglesas en su firma. La verdad es que la recreación de la campiña inglesa de los años 40 y 50 es bastante evocador, con lo cual tenemos otro punto a favor.

Es por todas estas cosas por las que The Imitation Game deja un sabor agridulce. La película plantea un amplio espectro dramático de temas y dilemas que van saliendo poco a poco. Lo hace tan sutilmente al principio que corre el riesgo de que pase inadvertido al espectador, para hacernos descubrir ante nuestra sorpresa, que en el último tercio la cinta ha derivado hacia otros temas sin darnos cuenta. Y éste puede que sea su mayor punto débil, el no conseguir enganchar al espectador desde el principio, quien en su ingenuidad puede pensar que va a presenciar una película de espionaje convencional aderezada con tonos dramáticos propios en el género. Lo que no quita que sea una de las favoritas para los próximos Óscar, veremos que pasa a finales de febrero. Sin ánimo de menospreciarla, es una gran cinta y merecedora de fama y fortuna, aunque en mi opinión se queda a un par de pasos de ser una gran obra.

Calificación: Buena/Muy buena

Lo Mejor: Sin duda, Benedict Cumberbatch, el actor del momento.

Lo Peor: El poco peso específico que le da Keira Knightley, cada vez más sosa en sus papeles. Una deriva dramática que no esperábamos en ningún momento.

La vería de nuevo: Sí, está plagada de guiños en todo el metraje y de vuelcos argumentales.

La Recomiendo: Sí.

Películas similares: Una mente maravillosa

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2084970/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Robocop

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Robocop

Año: 2014

Director: José Padilha

Guión: Joshua Zetumer

Música: Edro Bromfman

Fotografía: Lula Carvalho

Reparto

  • Joel Kinnaman
  • Gary Oldman
  • Michael Keaton
  • Abbie Cornish
  • Jackie Earle Haley
  • Samuel L. Jackson

La verdad es que no sé que hago reseñando esta película con todos los estrenos que hay pendientes en la cartelera, y habiendo mejores clásicos que revisionar antes que este subproducto; pero la verdad es que en 2014 se me había quedado pendiente de ver esta versión del clásico futurista de los 80 de Paul Verhoeven, y ha sido ahora cuando he tenido la ocasión de ver qué han hecho con ella. Partamos de la base de que el Robocop de 1987 se convirtió en un clásico de la década, flirteando entre la ciencia ficción distópica de la época (está ambientada en un hipotético futuro cercano con un mega capitalismo bestial), la serie B con unos efectos especiales previos a la implantación de la digitalización por ordenador, y violencia extrema y explícita que estaba hecha especialmente para sacudir conciencias si se veía con la adecuada distancia irónica. Unos años antes (en 1984) habíamos tenido otra historia futurista e igual de violenta con un robot asesino que venía del futuro para acabar con el líder aún no concebido de la resistencia humana en una guerra contra las máquinas (Terminator), con lo que estábamos en el momento propicio para este tipo de cine. Pero lo cierto es que Verhoeven supo darle otro enfoque a la trama con su particular sentido del humor y ese cinismo violento que luego seguiría explotando en Desafío Total (otra cinta remakeada sin sentido) y Starship Troopers. Pero ha tenido que venir Hollywood y su obsesión por profanar todo tipo de clásicos para volver a explotar una franquicia que se agotó con las sucesivas secuelas sin éxito de este policía robotizado.

Estamos en el año 2028, donde la multinacional Omincorp ha conseguido llevar la tecnogía robótica con aplicaciones militares a todo el planeta. Drones aéreos y robots terrestres de combate son construidos en masa para implantar el orden en países en conflicto, y sólo falta que esta tecnología se comercialice también en Estados Unidos. Pero una ley del senado impide la construcción y desarrollo en territorio USA de este tipo de robots, y es lo que le falta a Omnicorp para tener el monopolio absoluto a nivel mundial. Para sortear esto, y ante la presión mediática de los medios de comunicación más conservadores (como el periodista y líder de opinión Pat Nowak), el presidente de Omnicorp, Raymond Sellars, busca la manera de sortear la ley y hacer cambiar la opinión pública americana acerca de este tipo de tecnología. Es por ello por lo que se pone en contacto con el Dr. Norton (jefe de biomecánica de Omnicorp) para intentar crear un híbrido de humano y robot, un robot con partes humanas y partes mecánicas. Cuando el ejemplar agente de policía Alex Murphy sufra un atentado y esté a punto de perder la vida, se convertirá en el candidato perfecto para el experimento de crear el policía definitivo, imparable ante los criminales, para erradicar el crimen en la ciudad de Detroit.

La verdad es que esta nueva versión hace aguas por todos lados. Defrauda a aquellos que crecimos con la violenta versión de Paul Verhoeven, pues en aquella época no lo sabíamos pero la violencia del realizador holandés tenía su sentido en pantalla, como método de denuncia de los males del capitalismo, mientras que la descafeinada versión que nos presenta Padilha se queda a medio camino entre la denuncia de la política internacional de intromisión de los USA en el resto del mundo, y el corporativismo más descarnado que sólo se guía por la cuenta de pérdida y ganancias. También defrauda a las generaciones actuales, que se puedan acercar a esta versión por los tiros y las persecuciones, pues tampoco funciona como shooter de acción y donde en el cine actual hay mejores opciones y mejor rodadas que esta cinta. Hasta la historia familiar del policía Murphy resulta sonrojante por lo poco apropiada en comparación con la cinta original, donde el protagonista pugnaba por recordar su pasado y que se convertiría en el principal leitmotiv de la película. Todo el drama que estaba contenido en 1987 se ha dinamitado por los aires con la incursión de la nueva trama. Hasta el papel de Gary Oldman, uno de los pocos personajes idealistas del filme, resulta sobreactuado e innecesario ante el malo perverso que interpreta Michael Keaton como presidente de Omnicorp, mil veces visto y sin el adecuado trasfondo moral de su villano por mucho que lo intenten camuflar como víctima de la avaricia capitalista. Y ya no comento nada del reaccionario periodista interpretado por Samuel L. Jackson, cuya interpretación presenta unas intromisiones en la trama poco afortunadas e introducidas con calzador; ahí donde en la versión ochentera los noticiarios estaban fabulosamente intercalados en el argumento, aquí no vienen a cuento en la mayoría de las ocasiones y tratan como estúpido al espectador, desde el  primer momento en que el celebérrimo logo de Metro Goldwyn Mayer se confunde con la voz en off del presentador.

Hasta el desconocido actor que da vida al nuevo Murphy pierde en comparación con el hierático Peter Weller, por aportar bien poco a un personaje cuya falta de expresividad le viene bien al personaje por asuntos de guión, al igual la de Schwarzenegger en Terminator o Keanu Reeves en Matrix. A este Robocop le pasa lo mismo que al remake de Tim Burton de “El planeta de los simios”: el original no es que fuese una perla del cine como séptimo arte, a pesar de que con el paso de los años devinieron en película de culto; pero para hacer una nueva versión no basta con una puesta al día de los efectos especiales ni nuevas vueltas de tuercas en unos argumentos que tenían de por sí su gracia. Y es que hay veces que es mejor dejar en paz a determinados títulos de cine. La verdad es que las comparaciones son odiosas, pero es cierto que si la industria cinematográfica actual se empeña en seguir profanando viejos y nuevos clásicos, aquellas van a ser más necesarias que nunca.

Calificación: Mala

Lo Mejor: Poca cosa se salva.

Lo Peor: Que se intente comparar con la original.

La vería de nuevo: No.

La Recomiendo: Ni a jóvenes ni a adultos que crecieron con la original.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1234721/combined

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Venganza (revisión)

Venganza poster2

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Taken

Año: 2008

Director: Pierre Morel

Guión: Luc Besson, Robert Mark Kamen

Música: Nathaniel Mechaly

Fotografía: Michel Abramowicz

Reparto

  • Liam Nesson
  • Famke Janssen
  • Maggie Grace

Aprovechando el recorrido comercial de esta saga de serie B, que aparca ahora en las carteleras con la tercera y ¿definitiva? entrega de este ex-agente de la CIA en la piel de un hombre normal obligado a retomar sus antiguas habilidades para defender a su familia, aprovecho para revisitar la primera parte de esta serie que me impresionó en su día por el ritmo y el estilo que se le impregnó a la historia ya varias veces contada de la persona que se toma la justicia por su mano y se enfrenta a criminales profesionales por motivos personales. Ya lo hemos visto en multitud de cintas, cualquier héroe de acción (Harry el Sucio, Arma Letal, Jungla de Cristal) se puede volver un vengador personal en mitad del argumento de una película en el momento en que el tipo malo de la función se guarda un as en la manga y toma represalias contra algún familiar del protagonista. En los 80, Charles Bronson fue el maestro del género en el que entronca este personaje encarnado por Liam Nesson, dado el nivel de violencia sin miramientos que despliega desde el principio. Y también recuerda a la cinta menor de Schwarzenegger, “Comando”, en el que la hija de un antiguo militar de las fuerzas especiales USA es raptada y vemos al protagonista tomar las riendas en una situación que parecía inicialmente en la que estaba atado de pies y manos.

Bryan Mills es un agente de la CIA retirado. Mientras su hija está de vacaciones en Francia, y en mitad de una llamada de teléfono rutinaria para comentarle qué tal ha ido el viaje, es secuestrada por una red albanesa de trata de blancas y él lo oye todo de primera mano. A partir de entonces, y en una carrera contrarreloj en la que las primeras 96 horas son cruciales para no perder la pista antes de que la obliguen a prostituirse en cualquier rincón del mundo, Mills viaja a Paris empezando a usar sus antiguos contactos de espía y sus habilidades de combate personal para abrirse paso en una misión personal para evitar la tragedia en su familia. Los miembros de esta mafia todavía no son conscientes de que se han metido con la persona equivocada…

Lo primero que llamó la atención de Venganza allá en la fecha de su estreno en 2008 fue ver las capacidades de Liam Nesson como héroe de acción ya maduro, sobre todo por no tenernos acostumbrados a este tipo de papeles tan vigorosos. Y esta elección de casting fue el mayor acierto de la cinta, pues la credibilidad de verle como padre de familia que en un momento de la trama se revela como experimentado agente de la CIA experto en artes marciales es total. No cuesta imaginárnoslo algunos años más joven en mitad de operaciones encubiertas repartiendo a diestro y siniestro, de la misma forma que le hemos visto en papeles dramáticos sufrir igual que aquí sufre por su hija al principio de la cinta. Y a partir del planteamiento inicial de la trama, angustioso por lo real que puede ser la trata de blancas en occidente por parte de mafias organizadas (cuya punta del iceberg hemos visto más de una vez en las páginas interiores de los periódicos), tenemos una situación límite en la que cualquiera de nosotros no tendría la menor posibilidad de éxito; y sin embargo es ahí donde comienza una carrera adrenalítica que nos hace simpatizar con los poco ortodoxos métodos del protagonista para que dé caza a los inquietantes malvados (que no presentan un rostro visible al que focalizar las iras del público, más bien son mafias anodinas como sabemos que son en la realidad). La rapidez con la que avance la trama a base de ágiles y breves escenas de lucha y tiroteos será otro punto a favor del filme. Aquí no tendremos espectaculares explosiones ni media ciudad destruida mientras el protagonista sale indemne. Más bien tendremos prostíbulos en pisos y zonas de construcción, con excavadoras y coches europeos implicados en las persecuciones. Es decir, se pretendió hacer una cinta a lo Jason Bourne, sin más aspiraciones que las que la serie B proporcionaba.

Dirigida por un poco prodigado Pierre Morel (de las siguientes entregas se encargará Olivier Megaton), una de las cosas que más llama la atención de “Taken” es que esta cinta lleva el sello de Luc Besson en el guión y la producción, al igual que la también estimulante “Transporter”. Digo que llama la atención porque, a pesar de ser cintas con menos presupuesto y pretensiones, son superiores en calidad a las que le da por dirigir al realizador francés, ya sea la futurista “El quinto elemento”, o la ridícula “Lucy” (que ya reseñé anteriormente, y con un último tercio final que da risa a la vez que sonroja). Es decir, que es éste es un caso en el que el subproducto es de mayor calidad que el producto en el que se basa. Es como para decirle a Monsieur Besson que se olvide de la realización de cintas, que se le dan mejor las tareas de producción, visto el resultado.

En definitiva, y a pesar de que las secuelas es posible que sean efectivas aunque innecesarias, con “Taken” tenemos una excelente muestra de cine de género que le da unas cuantas vueltas de tuerca al espionaje y a la acción frenética. Su mayor virtud es su falta de pretensiones cuidando a la vez el casting (además del peso argumental que lleva Liam Nesson él solito, tenemos a una Famke Janssen vista en Goldeneye o en X-Men) y la credibilidad en la trama. Además, el toque europeo siempre es bienvenido, con lo que hace que esta cinta sea una buena elección para una tarde de lluvia.

Calificación: Buena, sin más.

Lo Mejor: Liam Nesson y el ritmo trepidante que le insufla el ser un ex-agente de la CIA en busca de su hija secuestrada por la mafia albanesa en Francia.

Lo Peor: Sus secuelas probablemente innecesarias.

La vería de nuevo: Con el paso del tiempo.

La Recomiendo: Para amantes de la acción que busquen aires nuevos fuera de los Blockbuster habituales.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0936501/combined

Tráiler en You Tube (español):

 

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