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Mañana cuando la guerra empiece – John Marsden

Reseñado por Bitterblink

Mañana cuando la guerra empiece

Mañana cuando la guerra empiece

John Marsden es un escritor y maestro Australiano que escribe literatura juvenil, ha escrito más de 40 libros que han sido traducidos a 11 idiomas y ha vendido más de 5 millones de copias. Este libro escrito en 1993 es el primero de la serie de libros conocidos como “Mañana”. Es una serie de libros muy popular en Australia donde incluso se ha llegado a adaptar como película en 2009 con críticas mixtas, así que no creo que la encontréis fácilmente. Independientemente de la fallida adaptación fílmica se considera uno de los libros para adolescentes más interesantes para animarles a la lectura, si bien advierto que no es un libro para niños (15 a 17 años como edad recomendada) puesto que incluye referencias a temas más adultos.

Sinopsis

Ellie es una adolescente que vive en el condado australiano de Wirrawee (ficticio), es la narradora del libro que comienza con ella intentando reflejar “todo lo que ha pasado”.

Así nos va contando como ella y sus amigos preparan una excursión al campo como suelen hacer, una acampada de varios días a un barranco conocido como “el Infierno” de difícil acceso incluso a pie.

Tras preparar todo el grupo de chicos y chicas se lanza a la aventura y pasa varios días en el lugar acampando aprovechando la festividad del día de la conmemoración en el que se celebra la feria local.

Durante la acampada ven pasar cientos de aviones militares y creen oír explosiones que asumen que se deben a la feria o a la festividad pero empiezan a sentirse intranquilos y deciden volver.

A su regreso se encuentran que algo ha cambiado. Todas las granjas están abandonadas, no encuentran a nadie, los animales están desatendidos y medio muertos de sed, no hay línea de teléfono ni electricidad y la radio sólo transmite interferencias.

Intuyendo que algo muy malo ha ocurrido, deciden operar con cautela y exploran el centro del pueblo sigilosamente para encontrarse con que soldados extranjeros armados están reteniendo a la población en el recinto ferial y cuando se quieren dar cuenta están huyendo y siendo perseguidos.

Aunque en un primer momento deciden ocultarse, pronto sienten la necesidad de hacer algo al respecto. Tomarán decisiones que les harán madurar y que les convertirá en una especie de grupo guerrillero arriesgando sus vidas intentando ayudar.

Opinión personal

No puedo evitar que esta novela me recuerde a otras novelas más adultas que he leído y aún así esta no me resulta pueril. Me gusta que ajuste la novela a las capacidades y conocimientos de un grupo de chavales de la Australia rural, principalmente porque ejemplifican lo inútiles que somos los urbanitas en situaciones de emergencia. Son chicos que han tenido que conducir un Land Rover o disparar, que saben cuidar cultivos o tratar animales de granja, con lo que mitiga un poco lo fantasioso del planteamiento.

Es curioso que en esta distopia el escritor no se moja en quién es el enemigo que invade el país. No le pone nombre, no dice más que el responsable es otro país del entorno y que su objetivo es una invasión no sangrienta para evitar intervención de un tercer país. Llegan incluso a la clarividencia los personajes de entender por qué les invaden a ellos, y a ponerse en el lugar de su enemigo. Es decir, no hacen apología de la violencia por que sí, pero si de resistirse ante la injusticia con todas tus fuerzas.

La acción es aceptablemente rápida, así que el libro es entretenido aunque un poco lento al principio.

Me gusta la evolución de los personajes, de la propia Ellie, y sobre todo del travieso Homer que encuentra dentro de él la capacidad de ser un líder. Son personajes complejos (no todos, solo los principales) que tienen sentimientos encontrados y que como buenos adolescentes aún no entienden todo lo que sienten.

Es interesante que siendo un escritor varón consiga que Ellie sea un personaje complejo y no se si acertado, pero más femenino que otros que me he encontrado leyendo.

Hay aspectos que hacen diferente a la novela. Son chicos normales que al enfrentarse a una situación excepcional sienten dudas, se quedan traumatizados por hechos, se paralizan, la fastidian de vez en cuando y son capaces de tomar decisiones difíciles.

Es justo también decir que el escritor se pone en la realidad de unos adolescentes y cuenta algo más cercano a la realidad de un adolescente normal, el tema de beber, de fumar y no sólo tabaco o del sexo… eso son temas que les preocupan y de los que los personajes hablan con normalidad, y ese reconocimiento a la normalidad del tema sorprende sobre todo respecto de autores americanos acostumbrados a hablar de su role-model: virginidad y abstinencia hasta la mayoría de edad. Sin criticar explícitamente esta moral, estos personajes intentan ser “normales” dentro de lo extraordinario de la realidad que describe. Otro punto en favor de la verosimilitud.

Por el lado negativo, pese a que pasa el libro peleando por la verosimilitud, en ocasiones es algo fantasioso respecto a sus posibilidades o a lo que consiguen pero entiendo que es un recurso que busca aportar emoción a la novela.

No entra en una complejidad técnica muy elevada, es decir que no se pone a explicarnos cómo se hace fuego ni intenta pasar por un experto en guerrilla urbana o en supervivencia, quizá por que meterse en cómo consiguen los personajes sobrevivir sería meterse en un “charco”.

En fin es un libro entretenido y fácil de leer tanto en castellano como en inglés. Ideal para adolescentes que quieran leer algo ligero para estudiar inglés. Es curioso el escenario australiano.

Calificación: Entretenido

Lo Mejor: Personajes complejos, intenta ser verosímil, el reflejo de la adolescencia es más realista que en otros libros

Lo Peor: No apto para niños o pre-adolescentes por algunos temas, demasiado fantasioso en ocasiones

Lo Releería: Iría a por el siguiente

Lo recomiendo: Buen libro para adolescentes e incluso para leer en inglés por su lenguaje sencillo

Si quieres comprar el libro

Mañana cuando la guerra empiece (FICCIÓN YA)

Otros libros que te pueden interesar:

Patriotas – James Wesley Rawles Más adulto, escrito por un experto norteamericano en supervivencia y guerrilla, quizá menos ligero pero interesante.

Bitterblink

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Película – Spectre

Spectre poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Spectre

Año: 2015

Director: Sam Mendes (American Beauty, Camino a la perdición, Skyfall)

Guión: Neal Purvis, Robert Wade, John Logan, Jez Butterworth

Música: Thomas Newman

Fotografía: Hoyte van Hoytema

Reparto

  • Daniel Craig
  • Christoph Waltz
  • Léa Seydoux
  • Ralph Fiennes
  • Ben Wishaw
  • Naomi Harris
  • Dave Bautista
  • Monica Bellucci

Definitivamente 2015 ha sido el gran año del espionaje en el cine, de las que he dado buena cuenta en reseñas anteriores. Queda todavía por ver el estreno de Spielberg y Tom Hanks “El puente de los espías”, pero  ya todos los platos fuertes se han servido. Y después del la experiencia de Sam Mendes en la franquicia de Bond con Skyfall, que batió todos los récords posibles de la saga tanto en taquilla como en calidad y críticas, Spectre era larga esperada. No sólo por esperar más atisbos de calidad por parte de Mendes, también por el propio título elegido que evoca a uno de los archienemigos más clásicos del agente secreto y su organización criminal, ausente de la franquicia desde los años setenta por problemas de copyright. Y es que esta etapa de la franquicia protagonizada por Daniel Craig se caracteriza por un reinicio del personaje en toda regla, desde la primera misión que vimos en Casino Royale. Esto ha permitido a la productora explorar más facetas del personaje, tal como sus inicios, el proceso para refinarse desde una brutalidad inicial, detalles del pasado no incluidos expresamente en los libros de Fleming (Skyfall como mansión familiar donde se crió), los amoríos desafortunados que han marcado su personalidad o la presentación de todo tipo de personajes secundarios que le han acompañado desde sus orígenes (si hasta la última escena de Skyfall era un guiño al despacho clásico del jefe en las películas de Connery y Moore, cerrando el círculo de alguna manera con el resto de actores). Todo esto lo ha sabido ver Sam Mendes para quedarse con lo que más le importa de una película (aunque sea de acción), que es la profundidad emocional y las cicatrices no necesariamente físicas de su personaje.

Un mensaje del pasado lleva al agente 007 a México para enfrentarse a un criminal con conexiones con una misteriosa organización. Mientras, en Londres, un cambio en la estructura jerárquica hace que M ya no sea el superior del Servicio Secreto; una fusión del MI5 y del MI6 pone al frente  a un nuevo superior, Denbigh (o “C”, como Bond se empeña en llamarle). Una de las aspiraciones de C es unificar los sistemas de vigilancia de nueve estados miembros, con lo que la sección doble cero dejaría de tener sentido y la podría cerrar. Bond viaja primero a Roma, donde se infiltra en una misteriosa y siniestra reunión; y después a Austria, para sonsacar información a un viejo conocido. Todo para descubrir a Spectre, una sociedad criminal secreta con tentáculos en todo el mundo, y más conexiones con el pasado de Bond de lo que él pensaba.

Muy alto estaba el listón de Skyfall, tanto que al final Spectre pierde por comparación con su sucesora. Ya pasó con la trilogía de Batman de Nolan: “El caballero oscuro” fue tan magistral que el cierre de la trilogía con “El caballero oscuro renace” quedó algo descafeinado teniendo en cuenta lo que habíamos visto antes. Es decir, no es que Spectre sea mala (de hecho funcionaría de manera autónoma dando igual cuando se hiciera), pero cae en errores que en Skyfall eran genialidad absoluta (al igual que pasó con “Quantum of Solace” pretendiendo emular las virtudes de su predecesora “Casino Royale” -por ahora la mejor de la era Craig y en el top 5 de la franquicia- pero que se quedó en una torpe y atropellada versión de ésta).

Desde luego que la escena inicial en México es un prodigio de plano secuencia (no la considero como la mejor de la saga como afirman muchos por ahí, pero sí que es de un grandísimo nivel). Y la interacción de los secundarios en la trama aporta dinamismo a la fórmula clásica de Bond. La primera hora de película es brillante, sobre todo la reunión en Roma y posterior persecución en coches, donde los esfuerzos de Mendes por no caer en los clichés típicos de la saga le aporta un humor brillante (007 afanándose por pulsar botones a ver cuál de todos le ayuda en la persecución) mientras mezcla un tono sombrío en la presentación de los villanos. El problema es que a partir de aquí la trama se ralentiza y a la cinta le cuesta ir al grano. Más de dos horas y media resulta excesiva para esta película, un fallo que no cometió Casino Royale por la propia estructura de la cinta (basada en un gran material literario, la primera novela del espía). Las sorpresas argumentales del último tercio le daban ritmo a la trama, algo que por desgracia no tiene Spectre. A partir de las escenas en Austria y, sobre todo en Marruecos, se va perdiendo paulatinamente el interés (recobrado súbitamente en la escena del tren). Y sobre todo, uno de los mayores defectos es la manera en que se dibujan las motivaciones del villano principal, interpretado por Christopher Waltz. Usando un remedo del pasado de Bond sobre un personaje de una historia corta de Fleming (Octopussy), se hilvana torpemente un nexo de unión con los villanos de las películas precedentes, intentando cerrar así un círculo que no necesitaba cerrarse. Waltz, en comparación con el malo que interpretó Bardem en Skyfall, languidece, y las persecuciones finales no mejoran la credibilidad ni el ritmo de una trama que debería haberse acortado media hora. La relación de Craig con Léa Seadoux aporta poco, dicho sea de paso, a pesar de los esfuerzos de ésta por estar a la altura en un papel que exige demasiado de ella. Es como si todo lo que supuso Eva Green en Casino Royale no hubiera valido para nada. Por el contrario, la excelente Monica Belucci está algo desperdiciada por el poco tiempo que sale en pantalla, pudiendo haber sido una gran aportación a la historia por la significancia que supone ser la chica Bond de mayor edad en la franquicia. La elegancia que imprime casa perfectamente con el Bond que ha desarrollado Craig todos estos años, menos preocupado en jovencitas y más en femme fatales.

Para colmo de males, los grandes aciertos de Mendes en Skyfall no aparecen aquí, tal como la labor de fotografía que desempeñó (no hay esa paleta cromática que enfatizaba escenas claves, como el incendio de la mansión en Skyfall o los neones en la lucha en el rascacielos). La canción de Sam Smith y sus falsetes no están a la altura de la potente voz de Adéle, (igual que Alicia Keys no estuvo a la altura de Chris Cornell) por el mismo defecto de toda la película, que es el de copiar los grandes aciertos de la cinta precedente y careciendo de personalidad propia. Por lo menos, la banda sonora de Thomas Newman ha mejorado algo respecto a la anterior entrega, teniendo más protagonismo el “James Bond Theme” en el metraje.

Todo esto no hace de Spectre un Bond superior, pero nos devuelve la esencia del personaje en cada plano y se sitúa en los lugares medios del ránking de películas de la franquicia. Todo esto hace esperar una nueva entrega de una de las sagas más longevas y exitosas de la historia del cine.

Calificación: Buena

Lo Mejor: La primera mitad de la cinta, con las escenas de México, Roma  y el tren de Marruecos entre lo mejor.

Lo Peor: Que la segunda mitad de la cinta es algo lenta e incapaz de rematar la trama.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2379713/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Hotel Transilvania 2

Hotel Transilvania 2 poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Hotel Transylvania 2

Año: 2015

Director: Gendy Tartakovsky (Hotel Transilvania)

Guión: Robert Smigel, Adam Sandler

Música: Mark Mothersbaugh

Fotografía: David Lazenberg

Reparto (voces en el original)

  • Adam Sandler
  • Andy Samberg
  • Selena Gomez
  • Kevin James
  • Steve Buscemi
  • David Spade
  • Mel Brooks

La noche de Halloween se está convirtiendo en todo un filón para todo lo que suponga heredar tradiciones de índole anglosajón, y todo lo que dé miedo (incluido los monstruitos clásicos de películas de toda la vida) es perfecto en una noche donde divertirse con un toque macabro es la clave. Y es como surgió hace tres años “Hotel Transilvania”, una cinta de animación orientada al público infantil, donde se explotaban los personajes clásicos del cine de terror (Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo, la Momia, el Hombre Invisible, Zombies) como los personajes perfectos para una noche divertida, y donde el terror da paso a la diversión a base de hacer entrañables a estos personajes que en su día se crearon para aterrorizar a los más mayores. Sin ser una maravilla del séptimo arte, parece que esta primera entrega tuvo su público, y es por ello que se decide exprimir la gallina de los huevos de oro y hacer una secuela con el mismo espíritu de entretener de manera siniestra, algo perfecto para estrenar en una noche en que se parece que el mundo de lo sobrenatural está más cerca que nunca y en la que los niños cada vez tienen cada vez más protagonismo.

Tras los sucesos ocurridos en la primera parte, el Hotel Transilvania está ahora abierto al público para que humanos se relacionen con monstruos de todo tipo y condición. El conde Drácula ha aceptado que su hija se haya enamorado de un humano y esta segunda parte empieza con una boda, la de su hija Mavis, su ojito derecho (a la que tanto sobreprotegía en la entrega anterior) y Johnny, el humano mochilero que era un poco entrometido y descubrió el Hotel por casualidad. Y la vida sigue su curso, tanto que al poco tiempo hacen abuelo a Drácula y nace Dennis, un encantador niño con una mata de pelo roojo y rizado que hereda toda la parte humana de su padre y sin ningún gen vampiro transmitido por parte de su abuelo. Precisamente esto será lo que traiga por la calle de la amargura a Drácula, quien hará todo lo posible para que sus genes sobrenaturales afloren antes de que Mavis decida mudarse a California, donde piensa que Dennis será más feliz y no será tan difícil criarle, rodeado de tanta criatura sobrenatural y en un entorno tan hostil como son los bosques de Transilvania.

Como ya he dicho, ésta es una cinta orientada totalmente al público infantil. Obviando todas las posibilidades de la animación como género de cine que cada vez llega a más adultos, la película directamente da por supuesto que los niños van a disfrutar de unos personajes de películas de miedo infantilizados, mientras que los gags y bromas varias se quedan a medio camino de la edad de su público objetivo; es decir, demasiado infantiles para que los más mayores se rían con ellas, demasiado maduras para que los niños las entiendan. Valga como ejemplo la ridiculización de hacerse selfies a todas horas, o las bromas del Hombre Lobo en relación a su numerosa prole con su acento andaluz, cosas que podrían haber llegado más lejos pero que se quedan en tonterías pasajeras encadenadas unas detrás de otras. Eso sí, un punto a favor suyo es haber creado uno de los personajes más entrañables de la franquicia. Me refiero a Dennis, el nieto con el que el abuelo Drácula se le cae la baba y que es puro derroche visual, una de las cualidades de la cinta: la imaginería creada gracias a la tecnología informática propia de este cine.

Otro punto ambivalente de esta película es, sobre todo en su versión española, el doblaje característico de estas producciones. Si en la versión original tenemos a Adam Sander, Selena Gomez, Steve Buscemi e incluso Mel Brooks, aquí nos estamos acostumbrando a coger a famosos (que no talentos) españoles y darles alas en un doblaje en el que ponen su (más que excesivo) granito de arena. No me refiero a que Santiago Segura doble a Drácula con un acertado acento de Europa del Este, pero que el hombre lobo tenga un marcado acento andaluz chirría más que un tren de mercancías descarrilando. O que veamos al padre de Drácula, el abuelo Vlad, doblado por un Arturo Fernández que no deja de decir el “chatín” que tan famoso le ha hecho. Clara Lago y Daniel Martín completan el reparto en español, y este doblaje acaba deviniendo en la raíz de uno de los mayores éxitos de la cinta pero también de su fracaso, por tener tantos puntos graciosos como detestables. Y lo que para algunos espectadores es motivo para arrancar sonrisas, para otros bien pueden ser gags sonrojantes sin gracia.

Si a eso le añadimos un tercer acto predecible a más no poder (por mucho que le den vueltas, ya sabemos de antemano cómo va a acabar el leitmotiv del eje argumental), y un clímax bastante precipitado e incongruente (esa batalla con los vampiros malos del abuelo Vlad), tenemos un sabor agridulce que acaba haciendo que el conjunto final se resienta. Y todo aliñado con una moralina importada de la Disney pero que suena más vacía que nunca en otras manos: es bueno que todos seamos diferentes, la aceptación tal como somos, la tolerancia y la igualdad… en fin. Todo ello nos lleva a la conclusión de porqué Pixar es el amo y señor de la animación actual, mientras el resto de productoras se limitan a hacer subproductos infantiles para llevarse el gato al agua en la época que toque del año (aquí Halloween). Y es que no basta con un dominio de la técnica visual ni contratar a los mejores diseñadores e informáticos (ya he dicho que estéticamente es una delicia), ni a los actores de moda que quieran prestar su voz. Hace falta (y esto es extendible a cualquier género cinematográfico) guión, ritmo, ideas, originalidad,… Que Adam Sandler sea coguionista de esta cinta ya lo dice todo…

Calificación: Regular

Lo Mejor: El diseño de Dennis, el nieto, junto con gags sueltos de la cinta.

Lo Peor: El tercer acto: previsible, caótico, incongruente, y con unas lecciones de moralidad algo acartonadas.

La vería de nuevo: No creo

La Recomiendo: Es perfecta para llevar a los niños en Halloween.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2510894/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Mi gran noche

mi gran noche poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Mi gran noche

Año: 2015

Director: Álex de la Iglesia (El día de la bestia, Muertos de risa, La comunidad, 800 balas, Crimen Perfecto, Los crímenes de Oxford, Las brujas de Zugarramundi)

Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Gerricaechevarría

Música: Joan Valent

Fotografía: Ángel Amorós

Reparto

  • Raphael
  • Pepón Nieto
  • Mario Casas
  • Blanca Suárez
  • Carlos Areces
  • Carmen Machi
  • Luis Callejo
  • Jaime Ordóñez
  • Santiago Segura
  • Hugo Silva
  • Carolina Bang
  • Enrique Villén
  • Terele Pávez

Álex de la Iglesia es uno de esos directores de cine español que se esfuerza porque este cine se salga de los cánones habituales de la industria y no cometa los mismos errores del resto de realizadores. Bien es cierto que sus películas se caracterizan por un toque bizarro que hace que nos sintamos perplejos ante lo que vemos en pantalla, pero ha sido lo suficientemente listo como para pulir este defecto a lo largo de los años y convertirlo en una seña de identidad que le ha permitido desarrollar una crítica social alejada de los clichés de siempre. Además, su manera de rodar es rápida y sin dilaciones innecesarias en el metraje, habiéndose atrevido a rodar escenas de acción en una época en la que nadie en este país se atrevía a ello. Pero siempre merece darle una oportunidad, viendo la multitud de comedias que ha rodado y su esfuerzo por salirse de los estereotipos del cine español. En este caso, se mete con el mundo del show Business patrio, en su vertiente más casposa que es la de la televisión, y todo lo que rodea a este particular mundo del espectáculo, incluyendo toda la tontería que rodea a las grandes estrellas de la canción. Y para ello no ha dudado un pelo en darle a Raphael un caramelo de interpretación que sirve tanto de homenaje como para recuperarle en el cine, siendo el mayor atractivo de esta cinta de reparto coral donde (casi) todos están en su sitio, resultando una cinta bastante agradable de ver en la mayor parte del metraje.

Durante la grabación del programa especial de nochevieja para una cadena de televisión, que se rueda semanas antes de las navidades, y en mitad de unas turbulentas reivindicaciones en lo exteriores del estudio (por causa de un expediente de regulación de empleo), un grupo de historias entrecruzadas tendrán lugar dado lo variado de la tipología de personajes que se dan cita allí. El plató se encuentra cerrado a cal y canto, con el ánimo de no salir hasta el que el programa esté grabado, y la grabación se demora varios días más de lo previsto. Uno de los figurantes ha sufrido un percance y José será enviado por la ETT a suplirle, obligado a sentarse en una mesa con el resto de falsos invitados a una fingida celebración que nunca acaba, en la que deben simular que se divierten y festejan la llegada del Año Nuevo una y otra vez. Mientras se siente atraído por su compañera de mesa con un oscuro secreto, los presentadores se llevan a matar y se intentan boicotear entre ellos; una veterana y vanidosa estrella de la canción con aires de divo hará todo lo posible por que su actuación sea la más triunfante de la noche; el último cantante latino de éxito pugnará por que sus fans no le chantajeen; el productor luchará por salvar a la compañía caiga quien caiga; la regidora se peleará por sacar el programa adelante a pesar de la locura de la grabación,… En medio de este caos en el que lo peor de la condición humana sale a relucir, nadie se espera que uno de los figurantes planea cometer una tragedia en mitad de una gala interminable…

La verdad es que por momentos “Mi gran noche” resulta desternillante. Con esa crítica que hace siempre Álex de la Iglesia a cualquier situación, descerrajando la realidad española de arriba a abajo, consigue siempre radiografiar nuestro ADN para crear un esperpento al más puro estilo de Valle-Inclán. En este caso, algo tan clásico como las galas de nochevieja se nos muestra desde dentro, con diálogos ágiles y enseñando la parte menos glamorosa de la situación. El regidor que marca los momentos de risas y aplausos hace que quede todo tan descontextualizado al grabarse varias veces que ahí es donde tenemos el espejo cóncavo que deforma nuestra realidad. Todos los estratos de la sociedad quedan analizados y caricaturizados, desde el productor corrupto, hasta las figurantes chonis más preocupadas en el dinero fácil. Y entre todos ellos, el personaje de José (un espléndido Pepón Nieto) es el que más humanidad exhala, perdedor al que le viene todo tan grande que es en el que nos reflejamos todos. Junto con el momento de lucidez del personaje de su madre (Terele Pávez), tenemos lo mejor de la cinta; si exceptuamos a Raphael dando vida a un reverso tenebroso de sí mismo, autoritario, hipócrita y vanidoso. Simpático de puertas afuera con su público, está meridianamente claro todo lo que ha disfrutado el veterano actor con esta interpretación que le ha salido la mar de natural, pero que supone grandes dosis de valentía haber aceptado el papel, para dejarse embarcar en esta locura (como todas las que son de Álex de la Iglesia). Con una banda sonora compuesta por canciones propias del cantante, que incluso da título a la película, Es una delicia verle en pantalla pasándoselo en grande y sacando rédito de todo este caos, mientras el resto del reparto tiene mejor o peor suerte en sus papeles: es el caso de Carlos Areces, bastante sobreactuado conociendo su trayectoria, o Mario Casas parodiando al ídolo de masas joven y latino. Si bien este último nos muestra todas sus carencias interpretativas, una lanza hay que romper a su favor cuando nos muestra su numerito musical descacharrante. O Carmen Machi, más pasada de vueltas que en anteriores papeles suyos.

A pesar de los altibajos del reparto, en los que unos están mejores que otros, sobresale la labor de guión conjunta del director con Guericaechevarría, plasmada brillantemente en imágenes por el primero, con una puesta en escena a la altura de las circunstancias (coreografías, bailes), y donde el ritmo argumental no da un descanso hasta el momento en el que todos salen por la puerta como si salieran de un alter, agotados por los acontecimientos vitales ocurridos dentro, y donde hemos asistido a una maestra lección crítica con la mayoría de males que azuzan nuestra sociedad, y donde determinado grupo mediático con sus infames cadenas especializadas en telebasura sale bastante malparado. No es una mala elección dada la escasez de grandes estrenos en cartelera.

Calificación: Buena

Lo Mejor: Entre Pepón Nieto y Raphael, es difícil quedarse con uno. Y la maestra labor de crítica a determinadas clases sociales adicta a la TV

Lo Peor: Algún que otro personaje desdibujado.

La vería de nuevo: Puede.

La Recomiendo: Sí, a pesar de que no suelo recomendar cine español

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt4412362/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Marte

Marte poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Martian

Basado en el libro The Martian (El Marciano), de Andy Weir

Año: 2015

Director: Ridley Scott (Blade Runner, Alien, Thelma y Louise, Gladiator, El Reino de los cielos, Prometheus, Exodus)

Guión: Drew Goddard

Música: Harry Gregson-Williams

Fotografía: Dariusz Wolski

Reparto

  • Matt Damon
  • Jessica Chastain
  • Jeff Daniels
  • Sean Bean
  • Michael Peña
  • Kristen Wiig

Si hay algo por lo que se caracteriza la filmografía de Ridley Scott es por la irregularidad. Sus películas más flojas, ésas en las que se nota la etiqueta de “por encargo”, no dejan de ser tan malas del todo si provinieran de cualquier otro director. Pero es que Scott rompió tantos los moldes con sus primeros filmes que luego todo lo que ha hecho después no ha estado a la altura. Estoy hablando por supuesto, de “Alien, el 8º pasajero” y “Blade Runner”: dos cintas desarrolladas en los primeros ochenta que cambiaron la ciencia ficción para siempre. La primera, por erigirse en un clásico del cine de terror ambientado en el espacio, donde la claustrofobia de una nave espacial trascendió el género; y la segunda, por tener una profundidad filosófica tal que no fue debidamente comprendida en el momento de su estreno. Todo lo que ha hecho después alterna títulos bastante interesantes y sugerentes, con otros olvidables o mediocres, impropios del nivel inicial que alcanzó en sus comienzos, moviéndose su filmografía entre una incipiente calidad que se queda a las puertas de la grandeza, con la mediocridad y la dejadez del que trabaja por encargo. En la primera categoría entra Black Rain, Thelma y Louise, American Gangster, Red de mentiras y sobre todo Gladiator: grandes películas que se dejan ver pero que no podemos decir que entren en el olimpo de las obras maestras (y es que, sin parecerme mala, considero que Gladiator está algo sobrevalorada). En la segunda categoría tenemos esos proyectos con los que intentó repetir éxitos pasados a base de repetir fórmulas ya usadas (El reino de los cielos, Prometheus, Exodus), o películas de encargo que suponen un declive en su carrera (Haníbal, La teniente O’Neill, Black Hawk Derribado). En cualquier caso, considerando que ya nada de su cine alcanzará el nivel de obras de culto de las citadas películas de los ochenta, sólo queda esperar si sus nuevos estrenos pertenecen al primer grupo (películas que se dejan ver conservando la capacidad de sorpresa) o al segundo (derroche de presupuesto que no pasa de la categoría de bodrio).

Los miembros de la misión espacial Ares III están explorando la superficie del planeta en una misión tripulada a Marte. Tras una tormenta de arena en la que el equipo se ve obligado a abandonar prematuramente el planeta, el astronauta Mark Watney sufre un accidente y es dado por muerto. Tras recobrar el conocimiento y volver a la base, se da cuenta de que está abandonado a su suerte con provisiones para un mes, por lo que debe agudizar el ingenio si quiere sobrevivir unos cuatro años, que es lo que está previsto que tarde la próxima misión espacial en volver al planeta. Con sus conocimientos de botánica desarrollará cultivos contra todo pronóstico en tan hostil territorio, mientras se sobrepone a todo tipo de vicisitudes y utiliza el ingenio, el humor y la ciencia para ganar tiempo. En la tierra, desde el centro de misiones de la NASA, harán todo lo posible para traerle de vuelta sano y salvo.

Heredera de títulos recientes como “Gravity” e “Interstellar”, en algunos momentos “Marte” recuerda bastante al “Naufrágo” de Robert Zemekis. En efecto, durante buena parte de la trama asistimos al espectáculo de ver al protagonista sólo con sus propios recursos, aprendiendo a sobrevivir de la manera más básica que puede permitirse el hombre en un entorno hostil y sin las comodidades a las que estamos acostumbrados, donde la complicación para hacer un fuego sin cachivaches se cambia por la dificultad de establecer comunicación fluida al carecer de los instrumentos para ello. Menos arriesgada que la cinta de Tom Hanks, aquí el recurso narrativo del protagonista de hacer un videodiario facilita las cosas al espectador explicándole el desarrollo de la trama. Se gana en ritmo aunque corriendo el riesgo de darle todo mascado al espectador, sin hueco para el propio razonamiento desde la butaca. De la misma manera que la cinta usa una base científica plausible por momentos (obviando determinadas situaciones que atentan contra la verosimilitud astrofísica), en la que llega a un punto en que decide no aturullar al público con explicaciones demasiado técnicas para que el argumento siga hacia delante.

Porque al final, el ritmo argumental no se resiente en absoluto de un argumento con tantas posibilidades de caer en ridículo. Con una duración que sobrepasa las dos horas, la introducción va al grano y la soledad en Marte del protagonista es descrita en la duración adecuada. A partir de ahí los distintos planes de rescate desde la Tierra le van dando emoción argumental pulida con los adecuados giros (a pesar de que alguno está tan anunciado que provoca cierto sonrojo en el espectador acostumbrado a los artificios cinematográficos), y regando el clímax de una tensión bien dosificada y adecuadamente presentada. Y esto hay que decir que es uno de los grandes méritos de la película.

Más puntos a favor es que es una película tremendamente optimista, sin claroscuros en su trama ni críticas a nadie. El protagonista ni se molesta en culpar a nadie de su situación, ni en ningún momento nos muestra angustia o desesperación; todo es mirar hacia delante con determinación y no tirar la toalla en ningún momento, a diferencia de otros ejemplos cinematográficos de ciencia ficción. Con un humor que salpica momentos puntuales, es digno de mención cómo todo el equipo decide remar en la misma dirección para rescatar al astronauta perdido, en un claro ejemplo de humanidad que traspasa fronteras. Entre los personajes de Matt Damon (un actor con suerte para elegir los papeles de las cintas en los que participa), Jessica Chastain (tras Zero Dark Thirty e Interstellar se afianza como una de las intérpretes con más fuerza del panorama actual), Jeff Daniels (a quien por primera vez le he visto en un papel serio, capaz de mostrar preocupación y gravedad), Sean Bean (alejado por fin de sus papeles de malvado enfadado con el mundo), y demás secundarios  tenemos todo un ramillete de interpretaciones agradables y precisas que contribuyen a que la película avance con paso fuerte y firme, sin demasiadas tonterías argumentales (sólo hay un caso en que se hace una referencia al Señor de los Anillos a modo de guiño con el personaje de Sean Bean, aunque la sombra de “Salvar al soldado Ryan” con Matt Damon es alargada).

La verdad es que pocas debilidades le veo a esta cinta de Scott, a la que no soy capaz de verla como obra de culto capaz de perdurar durante décadas, pero sí que entretiene por encima de otras muestras de su filmografía. Una fotografía deslumbrante en un planeta inhóspito (que a ratos deja momentos visuales de gran belleza), junto con unas interpretaciones que dan lo mejor de unos actores ya vistos en innumerables ocasiones da como resultado una buena película que nos devuelve al mejor Ridley Scott; o, por lo menos, no nos muestra al malo realizador.

Calificación: Muy buena.

Lo Mejor: El optimismo que irradia, la fotografía, las interpretaciones, y el ritmo de la cinta que no se hace pesada en ningún momento.

Lo Peor: Pensar que Ridley Scott no es capaz de mantener este nivel en sus próximas cintas.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Si quieres leer la reseña del libro en el que se basa

El Marciano Andy Weir

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt3659388/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Operación U.N.C.L.E.

OPERACION UNCLE poster 2

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The man from U.N.C.L.E.

Año: 2015

Director: Guy Ritchie (Lock & Stock, Snatch: cerdos y diamantes, RocknRolla, Sherlock Holmes)

Guión: Lionel Wigram, Guy Ritchie

Música: Daniel Pemberton

Fotografía: John Mathieson

Reparto

  • Henry Cavill
  • Armie Hammer
  • Hugh Grant
  • Alicia Vikander
  • Elizabeth Debicki

Definitivamente 2015 está siendo un gran año para el cine de espionaje, mi género favorito. De momento llevamos una buena muestra con títulos a lo largo del año como “The November Man” (Pierce Brosnan demostrando su buen hacer en el género, más serio y menos socarrón); “Kingsman: Servicio Secreto”, (Colin Firth en una comedia de acción descerebrada y gamberra, mezclando una historia callejera de enseñanzas personales a lo Pigmalión con los espías más elegantes de todo el imperio británico); “Espías” (donde Jude Law y Jason Statham ponían su granito de arena en la deconstrucción cómica del género); “Misión Imposible: Nación secreta” (Tom Cruise y su inefable personaje Ethan Hunt ya se han convertido en merecedores de un puesto especial en el cine de espionaje, dinamitando este verano las taquillas que han dejado en muy buen lugar a la franquicia);…  y sin dejar un momento para que recuperáramos el aliento y asimiláramos las nuevas proezas de Cruise, nos viene esta excelente “Operación U.N.C.L.E.”, que no es sino la incursión de Guy Ritchie en el género, y una manera de sacarse el británico una espinita clavada por no haber rodado nunca un Bond. Y todavía quedan grandes títulos para este año, como la versión patria del género gracias a “Anacleto, agente secreto” en septiembre; la aproximación de Steven Spielberg a la guerra fría con Tom Hanks en “El puente de los espías” en octubre; o el plato fuerte que supone el estreno de “Spectre” en noviembre, el regreso de Daniel Craig al espía más longevo del cine, en la 23ª entrega de 007. Definitivamente, un buen año, y esta “Operación UNCLE” es una deliciosa recreación de la época clásica del espionaje, los sesenta, donde los rusos luchaban en la sombra contra los americanos, la amenaza nuclear estaba a la orden del día y la gente vivía despreocupada en Occidente ajena a los tejemanejes de los gobiernos. Y por supuesto, tras la irrupción del personaje de 007 en esta época, no tardaron en salir imitadores en todos los medios, incluida la TV. Uno de estos casos fue la serie “The man from U.N.C.L.E” (o en español “El Agente de C.I.P.O.L.”), en la que el propio Ian Fleming colaboró en su creación en 1964, y donde Robert Vaughn salvaba al mundo en la pequeña pantalla de manera análoga a cómo lo hacía Sean Connery en la pantalla grande. Es decir, con estilo, maestría y una pizca de chulería.

Y como no podía ser de otra manera, un gran material televisivo para ser adaptado al cine no podía quedarse sin su versión peliculera, y de esta forma Guy Ritchie ha podido dar rienda suelta a su visión de los espías internacionales con ese peculiar estilo londinense de la acción y la desventura (más suavizado, eso sí, para conservar cierta esencia norteamericana en el protagonista). Y Henry Cavill, uno de los rechazados en interpretar a James Bond cuando se eligió a Daniel Craig en 2005 (era demasiado joven en la época), se desvela como uno de los posiblemente mejores candidatos a heredar el papel en un futuro, por dar el tipo en cuanto a físico, elegancia, porte y savoir faire. Desde luego que ocasiones para demostrarlo no le faltan, desde la manera en que lleva los trajes, su particular resolución de las escenas de acción (imperturbable hasta decir basta, como en la escena del asiento de atrás del coche o la de la lancha y la camioneta), su desparpajo en llevar delantal, o incluso la forma en la que apunta con la pistola. Pero lo más importante de “Operación UNCLE” es la historia de iniciática de dos espías inicialmente rivales entre ellos, uno americano y otro soviético, junto a un jefe británico, que se unen a una agencia secreta de inteligencia, heredada directamente de la serie de televisión, con todo lo bueno que semejante argumento nos puede dar.

Napoleón Solo es un agente de la CIA con un pasado turbio como ladrón de guante blanco, obligado a trabajar para su gobierno como compensación por sus delitos. Estamos en plena guerra fría, en 1963. El mundo está dividido en dos bloques políticos y la tensión mundial se vislumbra en todos los titulares. En una de sus misiones en Berlín Oriental tiene que sacar a Gaby Teller, la hija de un científico nuclear secuestrado para que ayude en su búsqueda. Lo que no esperaba era encontrarse con el persistente y sobrehumano agente de la KGB Illya Kuryakin en su huída. Sus jefes de la CIA y la KGB deciden que aúnen sus fuerzas para buscar al científico desaparecido, junto con la ayuda de su hija, e investiguen a los empresarios Vinciguerra, un matrimonio italiano sospechosos de colaboración con los nazis en la guerra. La posibilidad de que se esté construyendo una bomba nuclear para que la use una organización criminal hace que los dos agentes secretos dejen sus diferencias a un lado para utilizar todas sus armas (y encanto personal, todo hay que decirlo) en la búsqueda del padre de Gaby.

Como si fuera consciente de la oportunidad que tiene Ritchie de demostrar su valía como director de una cinta de 007, todo en “Operación UNCLE” es ejercicio de estilo y desparpajo. La cinta derrocha elegancia por todos lados, y el haberla dejado ambientada en los 60 es toda una declaración de intenciones. La manera en la que transita por la oscura Alemania de la época y en la alegre Italia de la Dolce Vita es todo un festival para los sentidos. La película es un remedo de “La espía que me amó”, donde lo más grandioso del guión es el enfrentamiento continuo entre los dos protagonistas entre sí, ambos a la altura de las circunstancias y dándose la réplica en cada escena. Sin menospreciar a las protagonistas femeninas, que están a la altura de las circunstancias (negándose a ser el típico adorno que estos personajes hubieran sido en el cine de otra época), sobre todo Alicia Vikander que tiene momentos que se sale del papel (bailando y sacando de quicio al personaje de Armie Hammer). Pero es que entre Hammer y Cavill hacen suya la totalidad de la película, y ahí ha sido muy inteligente Ritchie en saber aprovechar esa química protagonista. La manera en que la película sigue el guión tradicional en este tipo de cine mientras que, sin que nos demos cuenta, desplaza el eje argumental a las chispas continuas que saltan entre los dos espías, es magistral. Da igual que peleen a brazo partido en unos baños públicos o que se enfrasquen en una lucha dialéctica acerca de la conjunción de los colores y los complementos con la moda femenina (hilarante), ambos actores saben sacar lo mejor de sus personajes en beneficio de la película. Y a pesar de lo manido del argumento a cinta no se hace repetitiva en ningún momento gracias a la nueva visión del espía aportado por Henry Cavill. Ya he comentado la escena de la camioneta, pero es que la chulería que demuestra tomándose un aperitivo en mitad de una persecución, para luego anteponer una incipiente amistad sobre otras cosas, es una de las mejores maneras de definir a un personaje de acción que he visto nunca en la pantalla. Y una manera de hacer orbitar la película sobre unas escenas de acción más reposadas y menos grandilocuentes (ya nos avisan al inicio con la huída reposada y pensada a Berlín Occidental).

Si tuviera que señalar algún defectillo a la cinta, le daría un tirón de orejas a Ritchie por su manía de abusar de los flashbacks explicativos del argumento; algunos de ellos de pocos segundos atrás en el tiempo, en escenas que no hacía falta volver hacia atrás para explicarlas si se hubieran rodado mejor. Si bien la intención es dar mayor ritmo a la cinta (la explicación del perfil de los protagonistas en pocos segundos), en algunos momentos juega en su contra por pretender un despiste que ocasiona más confusión que otra cosa en el espectador. Quizás a “Snatch” o Sherlock Holmes les venía bien este recurso argumental, pero aquí ya sobra y entorpece más que adorna. Pero por lo demás, todo es miel sobre hojuelas en una cinta donde la banda sonora brilla en su misión de sumergirnos en la década de los sesenta y en la dolce vita italo europea, la fotografía es animada y colorista, el vestuario acompaña y el diseño de producción crea el ambiente perfecto de la época. Todo un acierto esta adaptación de Guy Ritchie, que no aburre en su trama gracias a los recursos argumentales de que dispone, y que abre la puerta a continuaciones a las que no tenemos reticencia en esperar mientras siga la innovación campando a sus anchas por este mundo del espionaje.

Calificación: Muy buena

Lo Mejor: El duelo Cavill – Hammer le da una nueva dimensión al argumento. La ambientación está muy lograda, y capta el espíritu de la serie orginal.

Lo Peor: La manía de los mini flashblacks de Guy Ritchie

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí, es una gran muestra del género.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1638355/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Misión Imposible: Nación secreta

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Mission Impossible: Rogue Nation

Año: 2015

Director: Christophe McQuarrie (Jack Reacher)

Guión: Drew Pearce, Will Staples

Música: Joe Kraemer

Fotografía: Robert Elswit

Reparto

  • Tom Cruise
  • Jeremy Renner
  • Simon Pegg
  • Ving Rhames
  • Rebecca Fergusson
  • Sean Harris
  • Alec Baldwin

Prosigue esta incombustible saga que demuestra el gran ojo para los negocios y el sentido del espectáculo que tiene Tom Cruise. En 1996 se convirtió en productor y la estrella principal de un guión que llevaba dando vueltas por Hollywood varios años, el de la adaptación de una de las series icónicas de los 60. Dando la vuelta a todo el cine de espías que se había hecho hasta entonces, la primera entrega de Misión Imposible fue un festival de adrenalina, traiciones, agentes dobles, persecuciones, discos robados, escenarios clásicos de la guerra fría e incursiones al límite en zonas prohibidas. Brian de Palma le dio un sello único e inconfundible a la cinta y fue la semilla para que el género se reinventara con las siguientes películas de Bourne y Bond a lo largo de la década siguiente. La lástima fue que la secuela dirigida por John Woo lo estropeara todo y demostrara lo fácil que es pasar al extremo contrario, y con los mismos ingredientes hacer una película de acción descerebrada y sin sentido, por mucho que las escenas de riesgo fueran extremas (grandes coreografías en moto), que incluyera el toque romántico que da un personaje femenino (en la primera parte no hay romance entre los personajes, salvo una leve referencia con el personaje de la chica), que las incursiones y acrobacias imposibles sean todavía más imposibles, que el villano diera más miedo todavía en esta continuación, y que todo esté impregnado del típico toque poético de Woo en medio de los tiroteos (palomas volando mientras se ralentizan las imágenes). Contra todo pronóstico, todo se arregló en la tercera parte, con ese resucitador de franquicias que es J. J. Abrams y su toque mágico para contar historias dando la vuelta de tuerca que uno nunca se espera, y demostrando por qué Cruise tiene tan buena mano no sólo para elegir los papeles protagonistas, sino también los directores de esta franquicia millonaria. Después de la excelente primera parte, Misión Imposible 3 es la mejor entrega de esta saga, con el mejor villano, un gran argumento, una gran subtrama romántica (la relación con su chica es totalmente creíble y está integrada en el argumento de manera impecable), y una manera de contar la historia a base de flashbacks que quita el aliento. Luego vino la cuarta entrega de la franquicia y supo mantener el tipo, aunque en mi opinión el pico de calidad ya se ha dado repetidamente y, por mucho que Brad Bird, el director elegido, tuviese buena mano, ya resulta cada vez más difícil innovar en esta saga sin caer en los clichés ni que el “más difícil todavía” no sonroje al espectador. Y sin embargo, esta quinta parte que se nos presenta, hace lo imposible y sorprende por darle un nuevo aire a la franquicia a la vez que los guiños a entregas pasadas nos hacen recordar grandes momentos y olvidar las arrugas que le salen a Cruise con cada año que pasa. Asume grandes riesgos y en algún momento asusta por parecer algo repetitiva en relación a todo lo que se ha visto años atrás, pero en general sale airosa y nos aporta grandes escenas para el recuerdo, que ya forman parte de la iconografía de esta franquicia.

Tras su última misión en Ucrania, el agente especial Ethan Hunt descubre que una organización secreta a la que lleva siguiendo la pista desde hace bastante tiempo, el Sindicato, está más infiltrada en los servicios secretos de todo el mundo de lo que había pensado. Mientras en el congreso americano se debate que la IMF a la que pertenece Hunt cese sus operaciones encubiertas y se integre en la CIA, éste es buscado por medio mundo mientras se niega a entregarse al gobierno y exponerse a que el Sindicato le localice. Con todos sus antiguos compañeros localizados, interrogados y neutralizados, unos le buscarán y otros le ayudarán a enfrentarse a esta organización; mientras intenta conocer el papel que desempeña Ilsa, una misteriosa mujer que no sabe si está de su lado o en su contra, para demostrar que la amenaza del Sindicato es real y puede desestabilizar el equilibrio de los servicios de inteligencia de todo el mundo.

El arranque de esta entrega no puede ser más espectacular, y lo es por la tan cacareada escena del avión sin dobles que la resuelve en los primeros cinco minutos de la película. Siendo honestos, uno pensaba que iba a formar parte del clímax en los últimos compases de la cinta, pero la manera de presentarnos la situación, los personajes y el conflicto, sorprende de puro simple que es. En dos minutos ya están todas las cartas repartidas, y sin darnos cuenta la banda sonora épica de Lalo Schifrin está en pantalla con los créditos iniciales recordándonos más que nunca esa primera parte que pensábamos que ya no íbamos a volver a rememorar, salvo tirando de hemeroteca. Pero la vuelta a los escenarios clásicos del género de espionaje (Londres, Viena) ilusiona tanto a los fans de toda la vida como al espectador ocasional, y tras el juego típico de traiciones, persecuciones y desautorizaciones, Christopher McQuarrie nos cuela una noche en la ópera que es puro Hitchcock a la antigua usanza. Usando el clásico Turandot de Puccini, uno ya se espera el que el momento álgido de la aria se use para algo espectacular, y no decepciona. Con semejantes cartas mostradas, la cinta ya nos ha ganado por su vitalidad y ritmo, y solo ha pasado la mitad del metraje. Es por ello que, aunque luego haya algún recital de escenas ya vistas en otras ocasiones (la persecución en moto, la inmersión en la piscina), la cinta ya ha logrado su objetivo, que no es otro que el de desmarcarse del resto de entregas a base de alguna escena diferenciadora.

Con un grupo de personajes que rescatan a todos los viejos aliados de otras entregas, en esta ocasión los junta y los mezcla dejando que interaccionen creando conflicto entre ellos (Ving Rhames y Jeremy Renner colaborando juntos), mientras que el contrapunto cómico que es Simon Pegg está más integrado que nunca. Hasta Rebeca Fergusson recuerda en su físico al mejor personaje femenino de la saga (Michelle Monaghan, hábilmente sacada de los guiones en posteriores entregas), aunque el mayor defecto de la película sea precisamente la poca credibilidad de su personaje con el villano de turno (sin desvelar parte de la trama, decir que a ratos resultan inverosímil los tejemanejes que se traen). Por lo menos cumple su función de personaje misterioso y enigmático. Pero como siempre, Cruise es la verdadera estrella de la función, dejando que todo orbite a su alrededor lo justo, y sembrando de dudas el relevo de Renner como futuro eje de la franquicia (al estilo de Bourne).

Desde luego que a McQuarrie no se le puede negar brío en su cine. Siendo guionista de “Sospechosos Habituales” y “Al filo del mañana”, o director en “Jack Reacher”, se caracteriza por salvar los muebles en un cine que cada vez necesita reinventarse más, so riesgo de caer en el olvido más inmediato, y para ello sabe rodearse de astros consolidados en el sector (léase el propio Cruise). Y desde luego que con esta “Misión Imposible: nación secreta”, no cabe duda de que ha conseguido más de lo que se esperaba de él. Una película que, sobre todo, es entretenida y ágil, que deja a la franquicia en muy buena posición para futuras entregas y más viva que nunca, y que la salva de la quema de los olvidables blockbusters veraniegos que pasan sin pena ni gloria. No es una obra maestra pero hace que el género esté revitalizado.

Calificación: Bastante buena

Lo Mejor: La primera escena es pura adrenalina, y contrasta perfectamente con la escena de Viena que es pura intriga y tensión. Y recuerda mucho a la primera entrega de la franquicia, lo cual también es una gran ventaja.

Lo Peor: Que algunos retazos de la trama y del villano estén cogidos con pinzas.

La vería de nuevo: Sí.

La Recomiendo: Sí.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2381249/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Terminator Génesis

Terminator genesis poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: Terminator Genisys

Año: 2015

Director: Alan Taylor

Guión: Laeta Kalogridis, Patrick Lussier

Música: Christophe Beck

Fotografía: Kramer Morgenthau

Reparto

  • Arnold Schwarzenegger
  • Emilia Clarke
  • Jason Clarke
  • Jay Courtney
  • K. Simmons
  • Matt Smith

Tras revisitar la mítica Mad Max hace pocas semanas, siendo el artífice original de la saga capaz de dar la vuelta a su franquicia y personaje estrella para convertirse nuevamente en un referente de la complicada cartelera actual, con Terminator Génesis tenemos el caso contrario: un intento de revitalizar una saga fundamental para conocer el género de acción actual, pero que con cada nueva entrega se ha ido deshinchándose inexorablemente, para crear subproductos carente de la chispa inicial de las dos primeras entregas. Con la inicial Terminator (1984), esta cinta de serie B realizó una fundacional aportación en la ciencia ficción adulta (con permiso de Blade Runner). Una película violenta como pocas (las muertes de los personajes tenían toda la razón de ser para entender el embrollo en el que nos metía la trama) y que nos dejaba sin aliento por el ritmo asfixiante al que nos sometía James Cameron con un argumento sin fisuras. Entre medias, reflexiones filosóficas acerca del destino último de la humanidad y del exceso de tecnificación al que nos dirigimos; paradojas temporales excelentemente resueltas que dejaban lugar a una historia de amor sin ñoñerías; efectos especiales que suplían la falta de presupuesto con ingenio sin renunciar a la espectacularidad; y sobre todo un aroma ochentero que justifica la genialidad de aquella década. No fue hasta 1991 que su dignísima secuela superó el original, haciendo volver a Schwarzenegger con un elaborado guión, y dando el toque justo de sentimentalismo a la historia; la cual seguía teniendo el toque serio y violento que la caracterizaba, mientras se metía en mayores jardines filosóficos hablando de la predestinación y superaba el presupuesto para ofrecernos mayores cotas de acción y espectacularidad. Que se convirtió en otro referente del género tampoco nadie lo duda, pero a partir de aquí el afán por exprimir la franquicia empezó a reducir la calidad de las continuaciones, afanándose inútilmente éstas por actualizar el argumento al mundo interconectado de las telecomunicaciones en que vivimos, y reemplazando imaginación y frescura con presupuesto y cansancio argumental. De hecho, hubiera sido más interesante centrarse en el arco argumental de la cuarta entrega (“Terminator Salvation”, que en 2009 no superó las expectativas creadas) que lo que hizo la tercera en 2003. Es decir, explorar nuevos derroteros en el mundo futurista post apocalíptico de la guerra contra las máquinas, en vez de continuos viajes temporales que crean paradojas solucionadas torpemente con el concepto de reinicio que ya usó Star Trek de manera más sabia.

El argumento, si has tenido la suerte de que ninguno de los spoilers en los trailers o carteles promocionales te lo haya destripado, es el siguiente: estamos en 2029. Los humanos llevan años en guerra contra las máquinas, que en su día se tomaron conciencia de sí mismas y se rebelaron contra la humanidad, lideradas por una supercomputadora llamada Skynet, y aniquilando con armas nucleares a la mayoría de la población mundial en lo que se conoció como el Día del Juicio. Pero los humanos supervivientes han conseguido agruparse en torno a una resistencia liderada por John Connor, genio militar y táctico que ha logrado doblegar al enemigo y revertir la situación de desventaja frente a las máquinas. La clarividencia de Connor en sus operaciones es legendaria, y en su última misión  descubren el arma definitiva de Skynet: una máquina del tiempo que ha enviado al pasado a un Terminator, un robot recubierto de tejido vivo que simula ser un humano especialista en infiltrar y exterminar humanos, con el objetivo de matar a la madre de John Connor en 1984, antes de que éste naciera. Pero Connor decide mandar a Kyle Reese, uno de sus mejores hombres, al mismo año para evitar que esto suceda, sin saber éste las implicaciones emocionales que supondrá la misión, y sobre todo sin conocer la nueva línea temporal paralela que se ha abierto tras unos sucesos inesperados, haciendo que ese 1984 no sea el mismo que conocemos todos.

Como ya he venido comentando en anteriores reseñas (Jurassic World, Los Minions), parece que se ha puesto de moda entre las grandes productoras dar toda la información posible de la película, incluyendo sus grandes giros argumentales, en el trailer. Esto es extremadamente grave en el caso de esta “Terminator Génesis”, donde las sorpresas de la trama deberían haber sido la gran baza del estreno, pero que inexplicablemente han decidido contarlas en los escasos tres minutos que dura uno de los avances. Los responsables de estas producciones sabrán, pero desde luego que todos estos fallos de producción suman a la hora de calificar negativamente la película, y este intento de reflotar la franquicia con nuevas tramas basadas en líneas temporales alternativas pone de manifiesto el cansancio cada vez más patente de la saga. Está clara la incapacidad de seguir desarrollando de manera coherente y digna una idea basada en personajes y argumentos que en su día fue novedosa pero que ahora ya no tiene nada más que aportar al género. Tras un primer acto algo esperanzador que juega con la nostalgia de revisitar la primera parte (calcando escenas y situaciones rodadas de nuevo, como la llegada de los antagonistas del futuro a 1984), y de mostrarnos la escena clave de toda la franquicia como es la de la máquina del tiempo, la cinta se va desinflando poco a poco sin ser capaz de remontar el vuelo ni atraer nuestro interés. A pesar de todas las explicaciones narrativas del desdoblamiento en la línea temporal, acaba desarrollando una trama que hace aguas por todos lados sin consistencia alguna, y con más interrogantes abiertos que cerrados. Y para enmascarar estas carencias narrativas, en algunos momentos tenemos sorpresas argumentales más que extrañas, mientras que en otros la cinta se limita a la huida hacia adelante, con persecuciones que ya son cansinas y disparos a Terminators que relativizan todo lo que ha pasado en anteriores entregas. En efecto, las máquinas letales que en la primera y segunda parte daban miedo por lo incansables de su persecución, y lo invulnerables que resultaban a las armas convencionales, aquí ya pierden su razón de ser ante tanta escena de acción sin sentido.

Y de hecho la saga en esta entrega intenta no tomarse tan en serio y ser algo más paródica. Si en la tercera entrega tuvimos un destello de este tipo de humor cuando Schwarzenegger se pone unas gafas totalmente ridículas, aquí está la trama más plagada de este tipo de guiños. Sirvan como ejemplo los esfuerzos para que el Terminator protagonista esboce muecas en vez de sonrisas, escenas heredadas directamente del metraje cortado de la segunda entrega donde se intenta humanizar al robot. O las continuas referencias a la máquina protagonista como “abuelo” (que en la versión original era el “Guardián”), que le da un toque familiar a la película del que adolecían las anteriores, esquivando en aquéllas la ñoñez en la que aquí ya es inevitable caer. Si hasta en una escena tenemos al padre, a la madre, al hijo y al abuelo…

Los actores hacen su trabajo lo mejor que pueden para no hacer de éste un producto mediocre. El John Connor de esta parte es más creíble que el infumable actor que le interpretó en la tercera (pero sin llegar al excelente nivel de Christian Bale en la cuarta, la más injustamente vilipendiada de todas las entregas), un Jason Clarke más que correcto. Jay Courtney y Emilia Clarke hacen un esfuerzo elogiable por recordarnos levemente a los actores que interpretaron sus papeles en entregas anteriores, por mucho que el primero se esté especializando en franquicias que más vale la pena no resucitar. Como punto a favor es el intento de mostrarnos una relación que es más tensa que la que había en la primera película, consecuencia lógica de la línea temporal alternativa en la que estamos. Y Schwazenegger está, por primera vez en su carrera, mostrando unas cualidades interpretativas de las que nunca ha destacado en el resto de su filmografía. Al menos en el citado tono paródico que le imprime a su personaje, al modo de Stallone en “Los mercenarios”, que le permite usar sus canas y sus arrugas sin necesidad de disimulos innecesarios.

 Como conclusión, decir que esta película entretiene, sin más. Pero que si se trata de enfrentarse con las primeras partes de la saga, suspende estrepitosamente en la comparación. No da ningún motivo por el que se deba seguir estirando innecesariamente la franquicia, agotada la vía de “Terminator Salvation”, y su único interés reside en ver como los guionistas lidian con una trama más que explotada y agotada, sin caer en el ridículo más estrepitoso. Una pena ver en qué se están convirtiendo tantos clásicos de los legendarios videoclubs, en vez de explorar nuevas vías en el cien de acción actual.

Calificación: Pasable.

Lo Mejor: El primer acto que nos introduce a la película, rememorando la primera parte

Lo Peor: Que se empeñen en exprimir las franquicias de este modo tan cruel

La vería de nuevo: No creo

La Recomiendo: Sólo si tienes curiosidad del argumento.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1340138/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – Los Minions

minions poster

Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Minions

Año: 2015

Director: Pierre Coffin, Kyle Balda

Guión: Brian Lynch

Enlace a la reseña de “Gru, mi villano favorito 2”

Reparto (voces en el original)

  • Pierre Coffin
  • Sandra Bullock
  • Jon Hamm

Reconozco que estoy ligeramente condicionado a la hora de dar nota a las películas que reseño. Salvo casos especiales que odio profundamente (Tarantino, 50 Sombras de Grey), la mayoría de cintas se llevan una calificación amigable por mi parte, y a muy pocas califico de manera negativa o por debajo del aprobado. Eso es por el sesgo implícito a la hora de elegir las películas que me llaman la atención, antes que otras menos atrayentes (solo por el mero hecho de elegir ya estamos dando una calificación). Y bueno, una vez vistas, (casi) todas tienen algo por las que merecen salvarse de la quema y recibir mi condescendencia, ya sea por algún actor atrayente, por un planteamiento que me empujó a ir al cine (aunque luego no estuviera a la altura), por un trailer vistoso, o por un argumento misterioso. Y eso es lo que les pasa a Los Minions, esos adorables hombrecitos amarillos que eran los robaescenas de “Gru, mi villano favorito” y su secuela. Con un lenguaje inventado mezcla de varios idiomas conocidos, una voz tremendamente aguda, una ternura y una mala leche a partes iguales, y unas apariciones estelares en pantalla, cada vez que asomaban por el argumento de la historia del villano con corazoncito que adopta a tres niñas huérfanas se llevaban las mayores carcajadas y aplausos del público. El éxito le pilló de sorpresa a la productora responsable de la animación (no era ni la todopoderosa Pixar ni la rival Dreamworks), y el merchandising habitual pronto se centró en estos bichos amarillos (peluches, videojuegos) y era de esperar que tuvieran una película dedicada a ellos a modo de precuela – spinoff. Y eso es lo que está arrastrando al cine a miles de personas, ante la perspectiva de una animación cada vez más dirigida al público adulto sin dejar de pensar en los más pequeños. Y como decía más arriba, mi nota debería ser más baja que la que finalmente es, pero me temo que no puedo resistirme al encanto que destilan estos hombrecitos dedicados a ser esbirros de los villanos más malvados, y encuentro algo que merece que esta cinta sea salvada de la quema.

Los Minions son unas criaturas amarillas que han habitado el planeta desde el origen de los tiempos. Desde la era de los dinosaurios, su empeño siempre ha sido seguir a los mayores villanos de la historia y convertirse en sus fieles esbirros. Pero una serie de desgracias a lo largo de los años ha provocado que estos pequeños hombrecitos se queden aislados en la Antártida durante décadas. Con el aburrimiento para ellos que supone no tener un amo malvado a quien servir, uno de estos personajes llamado Kevin decide arriesgarse y salir al mundo exterior a buscar un jefe al que servir. Junto con Stuart y Bob, llegan al Nueva York de 1968, y pronto descubren el sitio perfecto donde encontrar sus objetivos: una convención de villanos en Orlando, donde conocerán a la supervillana Scarlett Overkill, y a quien conseguirán unirse como secuaces para ayudarla a conseguir sus malvados planes. Tras viajar a Londres donde tiene su centro de operaciones, Scarlet les revelará su próximo gran trabajo: apoderarse de las joyas de la corona para demostrar que son capaces de estar a la altura sirviendo a un auténtico cerebro del mal.

El mayor problema que yo le veo a esta película es el cansancio que supone dedicar el protagonismo entero a estas criaturas. Con una trama inconexa y a menudo ridícula, la historia hace aguas la mayor parte del tiempo y los esfuerzos por atraer la atención del espectador recae continuamente en los gags de los Minions. Porque cuando nos olvidamos de las cucamonas que hacen los protagonistas, lo que queda es un vano intento de remontar la trama de villanos que con las anteriores entregas de “Gru” tenía cierta gracia y estaba mejor hilvanada. Aquí se abusa de esa idea conceptual del mundo al revés (donde los malos son los buenos) para llevarnos a la Inglaterra pop de los sesenta, y la verdad, tenía más interés la historia de que un supervillano adoptara a unas huerfanitas carentes de hogar, que la búsqueda de un jefe malvado capaz de dar trabajo a nuestros protagonistas. Y a eso le añadimos el segundo mayor problema de la cinta (y de todas las películas que se estrenan en la actualidad): el trailer que destripa toda la trama en todas sus versiones. Tanto el origen de los Minions, como todos los mejores gags de la cinta y la mayor parte de la trama, ya están desgranados en el primer y segundo anuncio de la película que semanas antes ya podíamos ver. Por lo que el efecto sorpresa está ya más que agotado y una vez entras en el cine hay pocos chistes más que se puedan salvar. Hasta el final es tremendamente predecible y te lo imaginas al minuto cero de que empiece la película. Como elementos a destacar de la trama que puedan tener gracia, está el de la familia que recogen a los protagonistas haciendo auto stop, o la persecución por Londres a ritmo de los Who mientras pelean con la mismísima Reina Isabel (y no, no es “la cucaracha”).

Porque la verdad es que pocas cosas más se pueden salvar de la cinta. Ni los secundarios de la película, la mismísima villana protagonista de la entrega, ni el personaje que hace su insufrible marido (cargante a más no poder cada vez que sale en pantalla). Ya sé que esto no es cine de autor, pero las motivaciones que mueven a estos personajes a tomar las decisiones que toman no tienen ni  pies ni cabeza (el marido de Scarlet no sabemos si es bueno, es malo, o sencillamente está más pirado que su mujer). Y la escena de la tortura en la mazmorra podría haber sido tremendamente graciosa, pero al salir este personaje se queda en otro chiste más de la película, corriendo el riesgo de ser una sucesión de sketches y gags al servicio de las bromas de las criaturitas protagonistas.

Y como decía al principio, sí, con todos estos argumentos, la película merecería un suspenso y la recomendación de no ir al cine a verla. Pero es tal la expectativa que ha levantado esta cinta, y nos han dado tantos buenos ratos estos entrañables personajes, que al final soy más condescendiente y me ablando un poco a la hora de calificar esta primera incursión de los Minions en solitario. La película es entretenida y punto, y esperemos que dejen una posible secuela de lado para cuando tengan un mejor argumento. De momento, la tercera entrega de “Gru, mi villano favorito” ya está en marcha, y supondremos que el dejarles de secundarios otra vez hará que se elabore una mejor trama, más conexa, y mejor hilvanada.

Calificación: Entretenida/Pasable

Lo Mejor: Las clásicas escenas sueltas que no tienen trascendencia en el argumento. La vistosidad y el carisma de estos personajes.

Lo Peor: Que en ningún momento la cinta logra remontar el vuelo para atraer el interés del espectador, más allá de lo que se ve en el trailer

La vería de nuevo: No creo.

La Recomiendo: Sí, perfecta para pasar un buen rato y entretener a adulos y niños.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2293640/

Tráiler en You Tube (español):

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Película – El apartamento (revisión)

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Reseñado por 0017

Ficha técnica

Título original: The Apartment

Año: 1960

Director: Billy Wilder (El crepúsculo de los dioses, Sabrina, La tentación vive arriba, Con faldas y a lo loco, Irma la dulce, En bandeja de plata, Primera plana)

Guión: Billy Wilder, I. A. L. Diamond, Doane Harrison

Música: Adloph Deutsch

Fotografía: Joseph LaShelle

Reparto

  • Jack Lemmon
  • Shirley MacLaine
  • Fred MacMurray
  • Ray Walston
  • Jack Kruschen

Hace poco tuve ocasión de ver en pantalla grande una reposición de esta obra maestra del cine llamada “El Apartamento”. Una ocasión única para sentir la emoción en una sala de cine de ver una de las mejores comedias de la historia, rodada en la plenitud creativa de un genio llamado Billy Wilder, y durante la era dorada de un Hollywood en su madurez creativa como corriente artística, siendo a partes iguales capaz de emocionarnos, y de ser fiel testimonio de su época. Y es que en esta etapa las obras maestras se creaban a velocidad de crucero, y (si obviamos sus grandes dramas como “El crepúcusculo de los dioses”) así es como este maestro llamado Billy Wilder se coronó como rey absoluto de la comedia ligera, con títulos tan famosos como “Con faldas y a lo loco”, “La tentación vive arriba”, o “En bandeja de plata”. Películas que tenían a unos intérpretes en estado de gracia, desarrollaban un guión perfecto sin fisuras que hacía avanzar él solito la trama, y provocaban carcajadas entre el público como pocos realizadores podían lograr; aparte de tener siempre un puntito de ternura que dejaban un regusto dulce en el espectador (sin necesidad de tirar de humor grueso o chabacano como ocurre con el humor actual), pero sobre todo, sin resultar películas ñoñas o demasiado inocentonas. Todos recordamos las vicisitudes de Lemmon travistiéndose mientras a su pareja masculina no le importaba que fuera hombre en “Con faldas y a lo loco”, la profesión de Shirley McClane en “Irma, la dulce”, o la subtrama de esta “El apartamento” con la infidelidad machista típica en los cincuenta, donde era normal que los hombres tuvieran sus queridas para divertirse después del trabajo. Desde luego que las comedias de Wilder son atemporales y han marcado un camino a seguir en el género. Y la relevancia de esta película y ase hizo patente en el momento de su estreno. Ganó cinco Oscar, al mejor director, al mejor montaje, a la mejor película, a la mejor dirección de arte y al mejor guión original. De hecho, su importancia es tal, que la cinta está preservada en el archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

C.C. Baxter es un humilde trabajador de una gran compañía de seguros con sede en el centro de Nueva York. Por las mañanas miles de personas entran y salen de unas oficinas superpobladas con el ánimo de prosperar en su trabajo y conseguir un ascenso. Ése es el propósito de Baxter, y para ello se vale de su reclamado apartamento en el centro de Manhattan. Un preciado pisito de alquiler ni demasiado grande ni demasiado pequeño, del que hacen uso de manera abusiva sus superiores para tener un lugar donde dar rienda suelta a sus prohibidos escarceos amorosos. En efecto, la llave de su piso va de mano en mano por la planta de los ejecutivos y las molestias que esto le causa al pobre Baxter son a menudo tragicómicas, desde tenga que pasar la noche en un parque por no tener acceso a su propia vivienda, hasta que sus vecinos le confundan con un vividor rompecorazones sin escrúpulos. Pero la suerte de C.C. Baxter está a punto de cambiar, y el hecho de que uno de los principales ejecutivos del área de Recursos Humanos se entere de las prácticas poco honrosas de sus empleados puede dar un vuelco a esta situación; y para complicarlo todo, a la vez conoce a una de las jóvenes ascensoristas del edificio. Una chica guapa, agradable y simpática, por la que todas las miserias de la vida se compensan y hace que todo sea más llevadero.

“El apartamento” es una película deliciosa, con grandes momentos para hacer reír al espectador y también con su puntito de drama. En efecto, las situaciones por las que pasa el personaje de Lemmon son en ocasiones para echarse a llorar, puesto que encarna al clásico pobrecillo envuelto en problemas sin merecerlo. Pero todo ello queda tamizado por su interpretación, una de las mejores de su carrera, donde su repertorio cómico es inacabable y que lleva el guión (también co-escrito por el propio Wilder), a límites del género nunca vistos, y que merece situarse a la misma altura de los grandes del cine (Charlot, Buster Keaton). Su cabeza moviéndose a la vez que la máquina de escribir, las infinitas llamadas para cambiar la cita de uno de los usuarios del piso, el baile de Nochevieja en el bar con un ligue, la raqueta de tenis usada como improvisado escurridor de espaguetis,… Hay tantos momentos mágicos en esta película que es difícil quedarse con uno solo. Su contrapunto perfecto es una agradable Shirley MacLaine, nunca tan guapa como aquí y su personaje perfectamente perfilado, con sus preocupaciones y sus motivaciones. La trama da tantas vueltas y hay tantos giros de guión, que cada situación es una pirueta interpretativa más de los protagonistas, diseñadas para tocar en el momento adecuado la fibra en el espectador.

De hecho, la película funciona perfectamente como radiografía de la sociedad del momento, con ese machismo heredado de décadas anteriores donde los hombres tenían vidas paralelas en función de la familia o de las amantes del trabajo. Igual que lo mostrado en la serie Mad Men, pero sin la distancia crítica de la mirada actual (lo cual es más difícil y meritorio). Ya se encarga Wilder de atizar ese reprobable comportamiento infiel mediante las odiosas decisiones del personaje de Fred MacMurray, por ejemplo. Y el retrato costumbrista de la sociedad neoyorkina de los sesenta es certero y punzante, y de hecho vemos sus fiestas, su trabajo, sus casas… La ciudad (y no digamos ya el propio apartamento) es un protagonista más, y es de esas películas (junto con Desayuno con Diamantes, por ejemplo) en las que Nueva York nunca estuvo tan bien dibujada (antes de la era Woody Allen).

Pero si me tengo que quedar con algo, es el final. Rápido, precipitado, con una sombra de drama dibujado segundos antes, para alegrarnos acto seguido el alma con un final feliz nada previsible, con esa partida de cartas inacabada. Unos minutos antes, (por si en algún momento pensábamos que era un trepa sólo interesado en el ascenso), el personaje de Lemmon ya se ha dignificado de manera absoluta con el juego de llaves de su apartamento, jugando con el espectador, y dejando que por un breve leve instante malinterprete la situación. Toda una jugada que muestra una labor de guión perfecta, y el digno final a una película que durante todo el argumento ha captado la atención del espectador, marcando el ritmo sin que le dé tiempo a aburrirse. Una película perfecta de principio a fin por sus actores, su guión, su fotografía en blanco y negro, su música, su mezcla de drama y comedia, su trama y temática subyacente (la del intento de prosperar a toda costa en una sociedad ultra competitiva), su crítica social, los decorados donde está rodada, y la ciudad que sirve de escenario. Una obra maestra de un genio que difícilmente veremos repetir.

Calificación: Obra maestra.

Lo Mejor: Todo, es la confluencia perfecta de circunstancias en una época que daba grandes películas cada poco tiempo.

Lo Peor: Que ya no se hagan películas así.

La vería de nuevo: Siempre

La Recomiendo: Por supuesto.

Películas similares: Cualquiera de las grandes comedias de Billy Wilder.

Ficha en IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0053604/

Tráiler en You Tube (español):

 

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